
http://www.danielschavelzon.com.ar/?p=37

https://docs.google.com/viewer?a=v&pid=explorer&chrome=true&srcid=0B94K_VGTFmtzOGJmNDgyNTItMmVmYi00OGZhLWI2MzktNjMwNzA3ZGIyMTE0&hl=es
para leerlo de google docs

Hace unos dias atras , cayo en mis manos un libro llamado BUENOS AIRES NEGRA , de DANIEL SCHAVELZON , quien realizo trabajos de campo en un area muy interesante llamada ARQUEOLOGIA URBANA
Poco a poco me fui metiendo , por medio de la lectura del mundo del hombre de color , de su introduccion en los territorios del virreinato, de la confederacion y ya de la nación argentina
Me encontre con hechos muy interesantes, los negros mas alla de la historia de que formaron parte de la guerra de Independencia argentina , llegaron a formar parte de un porcentaje fundamental de las fuerzas armadas argentina por 1880, de su importancia dentro de nuestra historia, de como sus pobladores fueron esclavos , como eran tratados ( propiedades no personas) y como fueron casi diezmados de los censos argentinos ....

Hubo otros motivos como
Su uso como soldadesca en las luchas entre caudillos del interior argentino
Supuestamente al ser decretada la libertad de los esclavos en 1813 , no convenia importarlos pero la realidad fue distinta
Todavia en 1864 se habla de negros introducidos como esclavos
Las malas condiciones fitosanitarias pero creo que las mas importantes fueron
UNA MUY BAJA TASA DE CASAMIENTOS , DE NACIMIENTOS DE BEBES Y A SU VEZ UNA ALTISIMA TASA DE MORTALIDAD INFANTIL


Bernardino Rivadavia , era de raza negra pero en las pinturas se l ve blanqueado ....
Photoshop de la antiguedad
Pero tambien es cierto que dos millones de argentinos son (tal vez me incluya) descendientes de la raza negra , se fueron licuando , blanqueando, pero tambien es cierro que dejamos de verlos, el entrenado ojo argentino no ve lo que no quiere , cartoneros, villas de emergencia, corrupcion , negros .....
La historia y la lista siguen .
Sin intento de hacer propias palabras que no lo son voy a citar estas del autor ...

UN PUEBLO TRANSPARENTE: OLVIDO, MEMORIA E IDENTIDAD
Cuando niños, todos hemos cantado en nuestro colegio la Marcha de San Lorenzo mirando subir la bandera en actos patrios, pero nadie nos dijo que fue escrita por un músico afroargentino, hijo de esclavos, llamado Cayetano Silva; tampoco, cuando jugábamos a la ronda, me dijeron que no se trataba de un juego, sino de un baile ritual africano. Al menos a mí nadie me dijo que a Silva, que fue empleado policial pero que además enseñaba italiano en más de catorce dialectos y fundó una academia de música, en 1920 la Policía le negó sepultura en el Panteón Policial por ser negro. Hoy yace en una tumba sin nombre en Rosario. Quizás estos ejemplos sirvan empezar a imaginar –mejor dicho, intentar reconstruir con la imaginación- una Buenos Aires de cultura africana que se olvidaron de contarnos, pero que existió alguna vez, aunque reconocerlo nos resulte un ejercicio casi imposible para el intelecto; pensar que una buena parte de su población –bastante más del 30%- era de otro color de piel, que hablaba extrañas lenguas, que tenía su música, sus barrios, sus templos, sus edificios de reunión con grandes plazas a sus lados para los bailes; que tenían sus propias capillas, sacerdotes, cementerios, médicos, días de fiesta, autoridades electas y ceremonias públicas; que tenían sus alimentos, gastronomía, formas de cocinar, de hacer y usar platos y ollas, su arquitectura doméstica, sus juegos y hasta un idioma común que permitía comunicarse entre sí a los provenientes de diferentes culturas de Africa –la llamada lengua bozal-, es algo que por cierto rebasa nuestra capacidad de imaginar. Más tarde tuvieron sus diarios, periodistas, literatura, poesía, hasta escribanos y dos diputados en el Congreso. Pero así fue Buenos Aires, aunque nos hayan contado otra historia. Tucumán tenía a finales del siglo XVIII la friolera del 64% de pobladores afro; Santiago del Estero, 54%; Catamarca, 52%; Salta, 46%; Córdoba, 44%

¿Qué nos contaron? Que había negritos que llevaban el farol cuando los amos salían de noche, que había negritas que cebaban mate a las señoras o las acompañaban a la iglesia llevándoles la alfombra –no había bancos- para sentarse en el piso sin sentir frío, que las viejas negras, ¿inútiles para otra cosa?, vendían “empanadas calientes para las viejas sin dientes” en la Plaza de Mayo. Y sí, es posible que algunos hicieran eso, aunque también esos niños crecían y se transformaban en la servidumbre que asoma en el fondo de los cuadros de Carlos Pellegrini, nuestro gran pintor, que parece olvidarse que aprendió a pintar de un esclavo de su padre llamado Fermín Gayoso. Ponerlos en los cuadros estaba bien, pero hasta ahí nomás; Bartolomé Mitre escribió que “entraban a formar parte de la familia con la que se identificaban, siendo tratados con suavidad y soportando un trabajo fácil, no más penoso que el de sus amos, en medio de una abundancia relativa que hacía grata la vida”, y Vicente Quesada llegó a cerrar el siglo XIX diciendo que “estas relaciones eran casi afectuosas”. Pero ya en su tiempo estas frases tenían sus respuestas, no todos callaban: a Mitre le contestó duramente Paul Groussac en 1897, al escribir el la biografía de Liniers que “Los negros y mulatos urbanos (...) pertenecían a la casa del amo o patrón, no ‘como miembros de la familia’ (...) sino como parte de su fortuna: something better than a dog, a little dearer than a horse”.

El negro falucho ,
http://www.saber.golwen.com.ar/elnegro.htm
Es aquí cuando nos surgen varias preguntas: la primera es ¿por qué las evidencias arqueológicas y los documentos históricos que se están descubriendo en Buenos Aires cada día, muestran un panorama diferente del imperante en la literatura de la época? La segunda pregunta surge de una concepción profundamente inmersa en el imaginario histórico de los porteños: ¿por qué nada ha quedado de esa población –y de su cultura material- evaporadas como sortilegio misterioso e inexplicable? Y lo que casi nadie se pregunta es por qué nuestro lenguaje –hoy, en el siglo XXI- está plagado de términos africanos: la mujer es una mina (grupo étnico africano), la música popular urbana es el tango (de tangó: bailar en Congo), los zapatos aún par algunos son los tamangos, nuestro servicio doméstico es la mucama (por otro grupo étnico africano), comemos puré de zapallo (ya Mansilla decía que era comida de esclavos), el estómago dela vaca es el mondongo (grupo étnico africano Kunbundu; se les daba de comer a los esclavos), comemos sandía (traída de Africa para los esclavos en el siglo XVIII) y achuras (se les daba a los perros y las aprovechaban los esclavos), a los niños se les canta arroró en la cuna, el quilombo es la palabra que en toda América indica los asentamientos de cimarrones (afros huidos al monte) y de allí su asociación con ruido y pérdida de ataduras sociales, nos comemos una banana cuyo nombre proviene de un pueblo en Mali,, nos golpean el marote, comemos maní, tenemos el pelo mota, los ladrones van en cafúa de donde los saca mongo, en la cancha de fútbol usan una bengala, y hay mucho más: palabras del lunfardo como tongo, o habituales como ganga, bochinche, milonga, zamba y mandinga son también del mismo origen.

El sargento d Facundo Cabral muere en defensa de San Martin en la Batalla de San Lorenzo

(se cree que debio ser mulato o de raza negra)
Este tema del lunfardo es muy interesante, y muchos historiadores de ese lenguaje han hecho esfuerzos por demostrar que las palabras vienen del italiano, o de remotos lugares del universo, pero no de Africa: términos como bobo (aplicado a la tontera, no al corazón) son claramente afro, y en este caso es el de un pueblo del norte de Costa de Marfil, de donde llegaron muchos esclavos; pero para una cultura blanca es mejor pensar en Italia que en Costa de Marfil. Y lo mismo podríamos decir de bamba, conyengue, conga, matungo, ganga, yapa, bingo, bomba y bombo, mambo, baba y para los abuelos, yeye y yaya.
marcas de carimbado
a los negros se los podia marcar como animales con un hierro al rojo...
Al fin de cuentas quienes hablaban estos idiomas eran más de un tercio de la población de esta ciudad, al menos en algún momento. Sí, increíble. Es evidente que la cultura de la negritud está en nuestra memoria colectiva claramente inserta y profundamente enraizada, pero es transparente y no la podemos ver. Cuando leemos nuestra literatura gauchesca vemos que la payada era todo un símbolo del gauchaje: pocos notan que siempre, y digo siempre, son africanos que mantenían una antigua tradición de origen; hasta Gabino Ezeiza -último de ellos que murió en 1916- era negro y descendiente directo de esclavos, o quién payaba contra Martín Fierro?

es dificil encontrar iconografia de soldados negros en nuestro ejercito
pero formaron una gran porcentaje de las tropas de frontera hacia 1878
Podemos seguir haciéndonos preguntas: acaso es siquiera posible imaginar que en el ejército hasta cerca del año 1900 no sólo la mayoría de las tropas, sino gran parte de los suboficiales e incluso oficiales -hasta el grado de coronel- eran afroargentinos? Hubo literatura negra, diarios y periodistas afros, poesía en lengua bozal, publicidad para el consumo de objetos por esos grupos sociales, los políticos buscaron sus alianzas y les dirigieron sus campañas, y hubo historietas en las revistas como El Hogar que durante los años de la Primera Guerra Mundial deleitaban a la población negra con su Negro Raúl, predecesor de tantos personajes porteños. Han quedado registrados los veinte periódicos y diarios para la población afro que había en la ciudad hacia 1880?; en 1857 el 15% de los alumnos de los colegios primarios de Buenos Aires eran de color; quién recuerda la lucha abolicionista en la Argentina y sus epopeyas? Seguro que sabemos mucho sobre Abraham Lincoln y la Guerra de Secesión en los Estados Unidos: aquí también hubo una larga lucha por los derechos humanos de los afroargentinos, cruentas polémicas para prohibir los colegios de castas, y fueron estos sufridos pobladores quienes, recordemos, fundaron las primeras asociaciones sindicales del país, más de medio siglo antes que los anarquistas y los socialistas.

el contrincante del Martin Fierro, un negro payador
Cuándo hubo que pelear para que se levantara la prohibición para que los no blancos pudieran entrar a los teatros, al Jardín Florida, a los salones de baile, al teatro Opera o al Variedades? Y para que ya no volviese a pasar lo que en la iglesia del Socorro, donde en 1882 se obligó a hacer un casamiento afro en la sacristía porque consideraban que "los perros" no podían estar frente al altar. Alguien recuerda que un afro como José M. Morales (1818-1894), activo coronel mitrista, fue diputado provincial, Constituyente y luego senador provincial en 1880?; y que otro afroporteño, el teniente coronel Domingo Sosa, fue diputado en dos oportunidades y Constituyente en 1853. La Marcha fúnebre ejecutada en honor a San Martín al retornar sus restos al país en 1882 fue escrita por otro afro: Zenón Rolón.
Leer ahora lo que se escribía en los finales del siglo XIX nos llena de estupor; parecería que había una guerra de la que nunca se dijo nada: el poeta afroporteño Casildo Thomson escribía en 1878:
Ah maldito, maldito mil veces / Seas blanco sin fe, tu cruel memoria / Es eterno baldón para tu historia.
Buenos Aires tuvo esclavos desde su primera fundación, ya que los traía Pedro Mendoza consigo. Don Alvar Cabeza de Vaca tuvo un par de las poco frecuentes esclavas blancas españolas; también le cupo en 1544, y desde esta región del mundo, el escalofriante honor de dictar el primer bando para establecer el carimbado de los esclavos. Para quien no lo recuerde, esta palabra -que causó horror durante siglos el solo nombrarla- se aplicaba al herrado a fuego de seres humanos con las marcas del importador y del propietario. En Buenos Aires tenemos el "orgullo" de haberlo hecho hasta con docenas diarias de esclavos durante dos siglos continuos. Recién a fines del siglo XVIII se prohibiría en España por los escándalos suscitados por el marcado en el rostro de las mujeres, pero luego veremos que aquí la costumbre no se terminó. A nuestro país entraron al menos doscientos mil africanos, murieron en los barracones de los mercados (llamados sutilmente "asientos"

unos diez mil de ellos a la espera de curarse y sobrevivir a las penurias del viaje, en el que murieron quizás otros veinte mil. De aquí salían enormes caravanas de gente encadenada que viajaba para ser vendida en Potosí, Córdoba, Tucumán o Santiago de Chile. Nadie los vio partir, nadie los oyó pasar; Hernandarias informó al rey que entre 1602 y 1615 -sólo tres años de esos tempranos tiempos- salieron desde la aldea que era Buenos Aires 4,515 esclavos hacia el interior; eran más que caravanas, eran hileras de terror y muerte.Los edificios más grandes de toda la ciudad colonial eran las Compañías, eufemismo para designar los asientos, es decir que los mercados negreros; nadie los recuerda, y eso que no estaban lejos; el más cerca del centro era lo que después se llamó la Aduana Vieja -la esquina de Belgrano y Balcarce-, los mercados y los grandes barracones estaban en Retiro y Lezama, lugares que quedaron como espacios abiertos para siempre en la traza urbana, estigma permanente en la memoria de una historia trágica ocultada; hasta el siglo XVIII los esclavos eran vendidos en los arcos del Cabildo en plena Plaza de Mayo. Es válido preguntarse entonces por qué la literatura y el arte están plagados de imágenes vívidas del herrado de vacunos y no de gente, o de recuas de mulas y no de esclavos, no existían o no los quisieron ver? Todo esto no pasaba lejos, en la montaña o en la selva, sino aquí cerca, en plena ciudad: los mercados negreros estaban en los alrededores de lo que era el antiguo centro y la ranchería de los esclavos de los jesuítas estaba en plena Plaza de Mayo, la de los dominicos a cuatro cuadras, unos metros más y seguían los franciscanos y las demás órdenes religiosas, y en Balcarce y Belgrano estaban los esclavos a la venta en los grandes patios de la casa de los Azcuénaga-Basavilbaso. En 1803, cuando las ideas liberales ya avanzaban incluso aquí, el síndico procurador del Cabildo una presentación en la que se quejaba de las empresas negreras por "no darles entierro a los que mueren, arrojándolos en los huecos [plazas] que tiene la ciudad ", y cuando tenían que llevarlos a enterrar lo hacían "arrastrándolos públicamente por las calles con escándalo del vecindario" atados a la cola de los caballos. Por eso es habitual encontrar frases como la del esclavo del convento de los betlemitas que al tramitar la compra de su propia libertad dijo que no quería "morir sin respirar el aire inapreciable de la libertad"; tenía 70 años y había servido a los religiosos más de 50 de ellos. Cuando un afro que vendía pasteles en la calle le dijo a una señora blanca una relación que le resultó ofensiva, en alcalde del barrio de Montserrat le dio como pena ni más ni menos que ocho años de servicio en un regimiento de frontera; ya era 1822, es decir que las ideas de igualdad estaban presentes en la comunidad de un gobierno republicano.
El buen trato en la ciudad no existía más que en algunos casos excepcionales -que sí lo había por cierto- y en la imaginación de quienes más tarde escribirían la historia: la versión de los ganadores; hoy sabemos que entre 1776 y 1810 el 60% del total de esclavos libertos lo fueron por su propia compra de libertad; el resto incluye los liberados por edad, por enfermedades crónicas, por bondad de sus dueños en sus testamentos, por simple abandono de los ya inservibles o por terceros interesados de alguna otra manera. El gran afroporteño Horacio Mendizábal, quien publicó desde los 19 años y falleció a los 24, escribía en 1869 un desgarrador poema que incluía estas estrofas:
En medio de mi pueblo estoy aislado / porque donde mi cuna se meció / con ímpetu arrojado de su lado / una raza de parias ha quedado / y a aquella raza pertenezco yo / Y ni patria tenemos, si existe / de su seno nos supo conscribir / las cargas sean para un hombre triste / y si un solo derecho nos asiste / ha de ser el derecho de morir.
Entre los muchos problemas que el desdibujo de la memoria ha traído es el no recordar que lo que se llamaba genéricamente "los negros" no era un gurpo humano homogéneo, ya que provenían desde diferentes regiones de Africa, incluso desde Asia, y allí en especial desde la India. Había entre ellos muchos musulmanes, hindúes y érabes -aunque la Corona había prohibido que entraran musulmanes-, y gente proveniente de Madagascar, Camboya o Thailandia; pero a los ojos del blanco todo era igual, todos eran negros, como los indígenas todos eran indios; luego veremos que la legislación acerca de de la provenienica de los esclavos no era respetada, ya que había "indios" y hasta "mexicanos". Sólo con el tiempo comenzarían a destacarse las diferencias entre pardos, mulatos, cuarterones, morenos y, finalmente, morochos o trigueños, todos términos ahora difíciles de entender con la sutil exactitud que antes tenían pero que hablaban de lo mismo: color de la piel del otro; mulato no es una palabra cualquiera: viene de mula. Pero así como un irlandés no es un siciliano, un habitante del Congo no era uno de Guinea o un zulú; tenían idiomas, religiones, artes y costumbres diferentes. Esto incluso era reconocido en su tiempo por los comerciantes que ofrecían la mercadería según ciertos imaginarios atributos que caracterizaban cada grupo: unos eran mejores para el servicio doméstico, otros para arar la tierra, otros para trabajar en las minas bajo tierra y así sucesivamente. Entender esto es comprender la variedad y riqueza cultural de las que eran portadores, las que, pese a todo, sobrevivieron hasta hoy.
La arquelogía, al trabajar con la cultura material para explicar los procesos del pasado, maneja evidencias diferentes de las de la historia puramente documentada; y la arqueología histórica utiliza ambas fuentes para penetrar en el pasado. Y aquí está lo fascinante, ya que al complementarse o al contradecirse, permiten ver con mayor profundidad aspectos de otra forma casi invisible. No sabemos nada de de la comida de los esclavos urbanos, por citar un ejemplo, y el encontrar ollas para cocinar hechas de cerámica y que repiten en su forma o decoración modelos africanos -no blancos ni indígenas- nos abre nuevas puertas que hay que seguir investigando; y dentro de poco tendremos análisis de los restos óseos y semillas de su comida ya excavadas. Esa es la base de este libro, el trabajar con la evidencia material de lo ya excavado en la ciudad y, sumando y cruzando documentos históricos, tratar de penetrar hacia algununas hipótesis que consideramos de significación para la historia africana de Buenos Aires.
Una de las hipótesis que intentaremos demostras en esta libro es que, desde la visión arqueológica, los africanos primero y los afroargentinos después no sólo existieron y ayudaron a construir con su trabajo este país, sino que, a diferencia de la opinión generalizada, mantuvieron una actitud de resistencia ante el amo, e incluso siendo libertos la presentaron ante la sociedad blanca. Esa resistencia puede no haber sido, como en otras regiones, con enfrentamientos armados o quema de campos, es cierto; fue muy diferente: encontrar pipas, o platos, u ollas a los que se les talló sutilmente símbolos religiosos fundamentales de las religiones africanas es hablar de una resistencia cultural silenciosa; hallar evidencias de vudú y magia adivinatoria en ese Buenos Aires antiguo supuestamente homogéneo en su religión, saber que hubo barrios y áreas en las que el blanco no podía entrar -la costa del río, el barrio del Tambor-, es penetrar en una dimensión desconocida en la historia de la ciudad. El abandono masivo de las cofradías y hermandades religiosas católicas para volcarse, a inicios del siglo XIX, a la militancia en las naciones es prueba de que la conversión obligatoria fue para muchos de ellos sólo una fantochada. Un exesclavo afrouruguayo que escribió sus memorias -caso excepcional- dijo al respecto que su "temor a Dios estaba por encima de todas las cosas, lo que no es de extrañarse dado que fue uno de los medios que mejor se había utilizado para imponer [nos] temor y sumisión". Es por eso que en los pozos de basura y en los rellenos bajo los pisos en que excavamos se encuentran conjuntos de amuletos hechos de hueso, piedras de colores y otros pequeños objetos que servían para adivinar o hacer ritos religiosos; esto sucedía en el interior de casas de familia, en las habitaciones del fondo donde la servidumbre debía reunirse alrededor de sus propias creencias. ...
Aunque a veces no resulte demasiado evidente, hay muchos y muy diversos restos de la cultura negra que impregnan la vida de los habitantes de la Argentina.
Existen, por ejemplo, muchas palabras de origen africano, como ?mondongo? o ?conga?, que son parte integral del castellano que se habla en nuestro país. Costumbres muy arraigadas como el carnaval o incluso el tango tienen fuertes raíces en la cultura africana que llegó y se transformó en nuestras tierras. En esta actividad los invitamos a investigar con sus alumnos cuáles son estas huellas de la cultura negra o africana y de qué manera forman parte de nuestra vida actual.
Generalmente los esclavos eran sometidos a largas y agotadoras jornadas de trabajo y recibían a cambio muy mala alimentación y asistencia. Debido a este maltrato su salud solía ser muy débil y muchos morían siendo muy jóvenes e incluso niños.
Los esclavos gozaban de algunos derechos, por ejemplo: podían comprar su libertad, tener propiedades, acudir a la justicia y exigir que sus amos los vendieran en caso de maltratos. Pero, frecuentemente, estos derechos no eran respetados.
La vida y la suerte de cada esclavo dependía de diversos factores: si vivía en la ciudad y si sabía hablar castellano y había aprendido un oficio, su situación seguramente era mucho mejor que la de aquel que vivía en el campo haciendo trabajos pesados. Además, no todos los amos trataban a sus esclavos de la misma manera, y algunas personas de color fueron peor tratadas que otras. Por otro lado, la posibilidad de ahorrar dinero era la llave para acceder a la libertad.

muchas veces no los vemos, pero estan , son , existen ....
No todos los negros llegaban de la misma región de África. Y, si bien cada región tenía sus propios dialectos, creencias y costumbres, todos los africanos pertenecían a una misma cultura y sentían que tenían muchísimas cosas en común. Es por eso que organizaron reuniones y otras diversas formas de encuentro y de celebración de su origen y su pasado. Las cofradías, por ejemplo, eran reuniones que se realizaban de una a dos veces por semana. Allí se organizaban funerales, misas y se asistía a los enfermos. Como las cofradías funcionaban en iglesias y conventos, los ricos y las autoridades coloniales apoyaban estos encuentros porque pensaban que ésa era una buena forma de mantener a los esclavos controlados. También se organizaban candombes y bailes para los carnavales, lo que mantenía viva la cultura africana. Los candombes, que al principio fueron practicados a espaldas de las autoridades, en determinado momento se convirtieron en una actividadpública, incluso incorporada a las fiestas de la Iglesia.
Aunque la mayoría de los esclavos eran negros, también había esclavos mulatos, es decir, hijos de negra y blanco. Y aunque la gran mayoría de los negros eran esclavos, también había negros que eran libres. Uno de los mecanismos para alcanzar la libertad fue su compra en metálico. Sin embargo, el precio a pagar era muy alto y no fueron muchos los que pudieron juntar la cantidad de dinero suficiente. Los que llegaron a reunirlo, muchas veces lo hicieron con la ayuda del dinero recibido de las cofradías. También podía ocurrir que varones negros se casaran con mulatas libres o con indias y, entonces, sus hijos nacían libres porque la condición de esclavo se he redaba por vía materna.
La vida de los negros libres no necesariamente era mejor que la de los esclavos. Como muchas veces los amos estaban interesados en conservar a sus esclavos por mucho tiempo, se cuidaban de alimentarlos razonablemente bien. En cambio, la vida de un negro o mulato libre podía ser muy dura, ya que conseguir trabajo era difícil y mucho más complicado conseguir un trabajo que brindara alguna posibilidad de prosperar.....
Pero realmente te aconsejo lo leas, vale la pena alejar la vista de la X box.....

fuentes
http://www.quedelibros.com/libro/62429/Buenos-Aires-Negra.html
http://resenas de libros.blog spot.com/2006/06/buenos-aires-negra-daniel-schvelzon.html
http://www.encuentro.gov.ar/Content.aspx?Id=539
http://edant.clarin.com/diario/2002/08/04/s-03801.htm
http://www.educar-argentina.com.ar/CORIA/coria.htm
http://www.danielschavelzon.com.ar/?p=37
http://yenirafael.blogspot.com/2010/01/negros-en-el-virreynato.html
http://gotitasdehistoria.blogspot.com/2007/09/cabral-soldado-heorico.html
http://hablemosdehistoria.com/la-marca-de-la-esclavitud/


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