Siempre tuve esa extraña sensación de que alguien o algo me observaba mientras trataba de dormir. Quizá también me miraba cuando lo lograba, pero simplemente no me daba cuenta ya que no percibía nada de mí alrededor.
Esa sensación que sentía, yo siempre la describí como una sombra, ya que nunca la logré ver bien realmente. Pero algo en mí sentía que tenía la figura de un ser humano. De un fantasma.
La sufrí durante muchos años de mi juventud, y me parecía que ya era hora que solucionara el problema de raíz. Contacté y consulté a muchos psicólogos, les comentaba mi situación, y les preguntaba si aceptaban tratarme y combatir a este espectro que me acechaba. Por alguna razón, solamente uno me dijo que sí.
Llegué a su consultorio a la hora que me asignó, y al comentarle el problema que sufría me dijo de hacer un experimento que nunca se me había ocurrido. Me indicó que me durmiera en el diván, y él me observaría desde un rincón. Me aclaró que anotaría todo, y que intentaría dibujar lo que sea que apareciese en el lugar.
Así fue como me recosté sobre el diván, me di vuelta para un lado, y cerré mis ojos.
Me desperté varias horas después, no recuerdo absolutamente nada de lo que pasó mientras dormía, y no recuerdo si tuve la sensación del espectro que siempre me acechaba.
Lo más curioso de todo fue que el psicólogo no estaba en la habitación. Me levanté del diván, y recorrí lentamente las habitaciones de su consultorio, no había nadie.
Al volver al diván, encontré en el suelo, cerca de la silla donde había estado sentado horas antes el doctor un trozo de papel, con un dibujo en él.
Lo tomé y lo observé detenidamente. Era un dibujo hecho de forma apurada, se notaba por el tipo de trazo utilizado y por el tipo de relleno que tenían las figuras en la hoja.
Nunca volví a contactar al psicólogo, y nunca lo volví a ver.
También, por suerte, nunca más volví a sufrir esa sombra tenebrosa.
Luego de un tiempo, pasé en limpio el dibujo que había hecho el psicólogo antes de desaparecer, esto es lo que logré dibujar. Esto había visto el doctor mientras yo dormía.
Esa sensación que sentía, yo siempre la describí como una sombra, ya que nunca la logré ver bien realmente. Pero algo en mí sentía que tenía la figura de un ser humano. De un fantasma.
La sufrí durante muchos años de mi juventud, y me parecía que ya era hora que solucionara el problema de raíz. Contacté y consulté a muchos psicólogos, les comentaba mi situación, y les preguntaba si aceptaban tratarme y combatir a este espectro que me acechaba. Por alguna razón, solamente uno me dijo que sí.
Llegué a su consultorio a la hora que me asignó, y al comentarle el problema que sufría me dijo de hacer un experimento que nunca se me había ocurrido. Me indicó que me durmiera en el diván, y él me observaría desde un rincón. Me aclaró que anotaría todo, y que intentaría dibujar lo que sea que apareciese en el lugar.
Así fue como me recosté sobre el diván, me di vuelta para un lado, y cerré mis ojos.
Me desperté varias horas después, no recuerdo absolutamente nada de lo que pasó mientras dormía, y no recuerdo si tuve la sensación del espectro que siempre me acechaba.
Lo más curioso de todo fue que el psicólogo no estaba en la habitación. Me levanté del diván, y recorrí lentamente las habitaciones de su consultorio, no había nadie.
Al volver al diván, encontré en el suelo, cerca de la silla donde había estado sentado horas antes el doctor un trozo de papel, con un dibujo en él.
Lo tomé y lo observé detenidamente. Era un dibujo hecho de forma apurada, se notaba por el tipo de trazo utilizado y por el tipo de relleno que tenían las figuras en la hoja.
Nunca volví a contactar al psicólogo, y nunca lo volví a ver.
También, por suerte, nunca más volví a sufrir esa sombra tenebrosa.
Luego de un tiempo, pasé en limpio el dibujo que había hecho el psicólogo antes de desaparecer, esto es lo que logré dibujar. Esto había visto el doctor mientras yo dormía.