LOS VASCOS EN EL RIO DE LA PLATA La inmigración vasca en el Siglo XIX y asimilación y asentamiento de la colonia vasca a principios del Siglo XX Desde la época de la conquista, los vascos fueron partícipes de la constitución y de la población de los incipientes núcleos urbanos del sur de América: los fundadores de las ciudades de Buenos Aires, Montevideo, Santiago del Estero y de otras ciudades (Pedro de Mendoza, Juan de Garay, Bruno Mauricio de Zabala, Francisco de Aguirre, etc.) eran de origen éuskaro, como también lo fueron los primeros gobernadores, virreyes y sacerdotes y habitantes de diversas ocupaciones. Un significativo porcentaje de vascos aparece en el Cabildo del 25 de mayo de 1810 y en el Congreso Constituyente de Tucumán lo que, una vez pasada la etapa de la conquista, sugiere una marcada inclinación por la independencia y la libertad y un rechazo a la dominación española. Luego se plasmaron en la Constitución Argentina de 1853 las instituciones del derecho vasco basadas en la libertad, la democracia y el respeto por las garantías y derechos humanos. Cada época tuvo una razón diferente para que los vascos, ya sean corsarios, soldados, conquistadores o pastores, quisieran venir a estas tierras. Hubo distintos factores de atracción que intervinieron: la colonización, el despoblamiento de los países receptores, el ansia de aventuras y el interés comercial. Influyeron además, diversos factores de expulsión: la abolición de los fueros, la ley del mayorazgo y la necesidad de escapar de guerras, de persecuciones políticas, del servicio militar obligatorio o de diversas carestías y privaciones. También tuvo importancia la activa propaganda de las compañías de colonización que especulaban cobrando una prima por cada individuo embarcado. La constante inmigración vasca en el Río de la Plata, de mayor caudal a partir de principios del siglo XIX, determinó que este grupo étnico adquiriera gran magnitud sobre todo en Buenos Aires y en Montevideo, constituyéndose en el colectivo más numeroso fuera de las fronteras de Euskadi. Prueba de ello es la cantidad de nombres vascos que se pueden encontrar en personas, objetos y lugares. Los vascos eligieron el Río de la Plata no sólo por razones geográficas, sino por la afinidad con su sistema republicano, mientras que una gran parte de la emigración española en el siglo XIX se dirigió principalmente a los últimos bastiones del imperio: las islas Filipinas y Cuba. A principios del Siglo XIX, la clase más acomodada en el Río de la Plata, estaba formada por extranjeros, pero a partir de 1830, coincidiendo aproximadamente con la finalización de la guerra con Brasil, al iniciarse una fluida corriente migratoria desde los países europeos, este orden social y económico no perduró. Los numerosos y heterogéneos grupos de inmigrantes que llegaban se dedicaban a arduas tareas. El aprovisionamiento de las ciudades estaba a cargo de los extranjeros y los vascos se centraron en los saladeros y en la ganadería vacuna y ovina. Posteriormente manufacturaron los derivados de la leche, como manteca y queso y comenzaron a formar una incipiente industria láctea. Una gran parte de vascos y navarros que se dirigió a Uruguay, al finalizar la dictadura de Juan Manuel de Rosas, pasaron a Argentina. En ambos países se desperdigaron estableciendo en cada pueblo fondas y hoteles con su correspondiente cancha de pelota vasca. La soledad y aislamiento de sus caseríos se conservó en las estancias ya que, al contrario de otros inmigrantes europeos que cuando llegaban a estas tierras preferían permanecer en las grandes urbes, la mayoría de los vascos seguían camino adentrándose en el campo. El éxito y prestigio obtenido por los estos inmigrantes y sus descendientes, que luego se transformaron en estancieros, prósperos comerciantes, industriales, empresarios o políticos de primer rango, estuvo dado por las inquietudes y habilidades que afloraron en el transplante y que tal vez no habrían demostrado de haber permanecido en su lugar de origen, abarcando una variedad de actividades urbanas y rurales que contribuyeron a la modernización de la economía. Así se fue produciendo una inmigración en cadena, en la que familiares y amigos seguían el camino de los primeros que llegaron, sumándose a la pujante colectividad que ya existía. A pesar de ser una de las colonias con un alto índice de asimilación y bajísimo porcentaje de retorno a su lugar de origen, la necesidad de los inmigrantes éuskaros a agruparse en torno a sus referentes ancestrales los llevó tempranamente a la formación de clubes y asociaciones que rápidamente cobraron protagonismo en el medio político y social criollo y a la edición de periódicos y revistas que fueron referente de su cultura, manteniendo sus costumbres a la vez que se adaptaban a su nueva patria. Hacia fines del Siglo XIX y principios del Siglo XX aparecieron varias publicaciones, principalmente sobre temas vascos, en las que se podían leer algunos artículos en euskera: “La Baskonia” (o La Vasconia), “Laurak Bat”, “Aritza” y “Esne” (órgano difusor de los tamberos que aún se edita), entre otras. En 1850 se editó un libro de gramática castellana destinado a los inmigrantes vascos. El 13 de Marzo de 1877, siendo Avellaneda Presidente de la República y Alsina ministro de guerra, se fundó el primer centro vasco en Argentina, “Laurak Bat” cuyo nombre (las cuatro, una) se refiere a la unidad de las cuatro provincias del sur de los Pirineos: Alava, Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra. Sus objetivos, además de crear lazos y fomentar el amor por el País Vasco y sus Fueros, eran crear una biblioteca y organizar una orquesta y un coro. Con posterioridad fueron naciendo numerosos centros vascos a lo largo y a lo ancho de Argentina y Uruguay. El 1º de Noviembre de 1882 se fundó la Plaza Euskara en Buenos Aires, plantándose un retoño del Roble de Guernica, árbol simbólico de la libertad de los vascos. Allí se efectuaban importantes campeonatos de pelota. Este deporte se popularizó hasta el punto en que tanto en Buenos Aires como en Montevideo, los políticos y las altas clases sociales concurrían asiduamente a presenciar los partidos. El 25 de Mayo de 1904 se fundó la Asociación Cultural y de Beneficencia Euskal-Etxea (Casa Vasca), con representantes de las siete provincias vascas del sur y del norte de los Pirineos, que puso en funcionamiento el Colegio para varones dirigido por los padres capuchinos en Lavallol, Provincia de Buenos Aires y el Colegio de niñas dirigido por monjas vascas en la Capital. Ya en 1858 había sido creado en Buenos Aires el Colegio San José de los padres bayoneses. A partir de entonces y hasta la actualidad se han seguido fundando centros vascos con sus correspondientes coros, grupos de dantzaris (bailarines), conjuntos instrumentales, bibliotecas, cursos para el aprendizaje del euskera, etc., sin olvidar sus actividades deportivas y gastronómicas, que contribuyen a enriquecer la vida social y cultural de las ciudades que los cobijan. Fuente: UNIVERSIDAD NACIONAL DE CUYO - FACULTAD DE ARTES Y DISEÑO - MAESTRIA EN INTERPRETACION DE MUSICA LATINOAMERICANA DEL SIGLO XX - Seminario: Historia Social de la Música I - Ana Inés AGUIRRE: DOS MÚSICOS EN EL CONTEXTO DE LA INMIGRACIÓN VASCA EN EL RIO DE LA PLATA DURANTE LOS SIGLOS XIX Y XX Saludos! Blanconegro
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