Lyndon Baty no puede salir de casa sin riesgo de enfermar del riñón, del que padece desde que nació. Pero la tecnología le ha buscado una solución: la llamada "telepresencia" a través de un androide que él mismo dirige, y que hace su vida en su lugar: ir a clase, a misa, bromear con los amigos...
El pequeño Lyndon Baty controla el robot desde su casa, mediante una web especial. En esta imagen lo dirige mientras “camina” por el pasillo de la escuela hasta el aula. La cámara y los micrófonos envían por ondas de radio lo que ven y oyen a una antena, donde se convierte en pulsos eléctricos que viajan por hilo de cobre a un nodo telefónico. Se “traduce” a láser y, por fibra óptica, se envían los datos a la central del robot, al otro lado del país.
La telepresencia siempre es chocante para cualquiera que se cruza por primera vez con VGo. Pero lo fue más la primera vez que el chico envió a su “amigo” a la iglesia Baptista de Knox City, la localidad tejana donde vive. Y por si hay averías, Lyndon tiene otro modelo más pequeño que sustituye a su sustituto.
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