César Isella, ex PC pide un aplauso para Hernán Lombardi, ex PC, y recibe una silbatina en Cosquin.
Moraleja 1: el PRO ha sido una anomalía, un producto tardío en un mundo que vive una dramática transición, del neoliberalismo progresista con indigenistas, ecologistas y feministas que lo cosmetizaron, a otra cosa que no sabemos aún qué será.
Las bicisendas, las bolsas reciclables y las estaciones saludables, son parte del inmediato pasado. Lo vemos, lo vivimos como una novedad, parece hegemónico, pero es como un fenómeno parapsicológico: la imagen de algo que pasó y que ya no está pero que alguno, o muchos, recuperan y sintonizan como si fuera una antena.
El PRO es nuestro museo de grandes novedades.
Desde hace 2 días, Trump volvió ese pasado definitivamente lejano. Su estilo termina con la corrección política que es hipocresía, cárcel de barrotes blandos y guardias sonrientes.
Ojo: la estética de Trump tal vez sea su verdadero aporte. Sus modos.
Nota: Trump es un guarango. Recuperar lo que es etimológica y políticamente un guarango en la historia argentina. Ya lo desarrollaremos un día.
Moraleja 2) Una de las bases culturales para que ese estilo se desarrollara, perviviera y fuera funcional al poder de turno en Argentina fue la cultura de izquierda liberal. En la cultura popular, el papá de Libertad, la amiguita de Mafalda, que era socialista "pero un león jugando a las cartas" pasea con un super sport, Susana Brunetti le dice a Porcel "en casa todos somos socialistas, la mucama come lo mismo que nosotros... las sobras" y Capusotto se convierte en el latín american psycho.
En política, un socialista romántico como Palacios, es embajador de una dictadura, y Américo Ghioldi dice frente a un mar de sangre "se acabó la leche de la clemencia".
Cultura de la simulación, equivalente y paralela a una burguesía que nunca quiso serlo y que oculta su holganza en frases como "hay que poner el hombro" y "acá nadie quiere trabajar".
Cultura per-versa, porque invierte las cosas. Cultura que le hace creer a la gente que las cosas son como no son y que ellos son algo bien distinto de lo que creen ser.
Cultura de la forma, que vuelve esclavos de un pensamiento burgués hasta a los más lúcidos (Quino diciendo que Mafalda le diría a "la Cristina" que no sea tan soberbia y prepotente. Mudo ahora, frente a una barbarie que sus personajes denunciaron y anunciaron hace 50 años).
Cultura de la levedad, ésta, la de la izquierda liberal, oculta bajo lo rotundo: la facundia de Pinti para no decir nada o fingir afirmaciones rotundas que dan vueltas sobre lugares comunes.
Cultura que es, por su simulación e inversiones, campo fértil para el chanta: Fidel Pintos y Avivato (cita de Wikipedia: " En 1978, con motivo de la realización en Argentina del Mundial de Fútbol, la dictadura militar en ese momento en el poder sugirió al director de La Razón la suspensión de la tira con este personaje por considerar que podía afectar la imagen de los argentinos frente a los visitantes que se esperaban. Lino Palacio acató la sugerencia y decidió no dibujar más la tira." Nótese qué significativo e ilustrativo este dato para todo lo que estamos diciendo: no queremos que el "afuera" vea lo que nosotros no somos).
Cultura que en definitiva nos vuelve inconsecuentes, tramposos, enrollados, pasto para que florezca y se hipertrofie el psicoanálisis.
Moraleja 3: ese producto tardío que es el PRO derrotó a la mejor versión del peronismo. Lo hizo sobre la base cultural precedentemente descripta: la simulación, el "país burgués", la cosmetización de su neoliberalismo por el ecologismo que ya enunciamos, el indigenismo (la insistencia en la Pachamama como deidad ahistórica y turística, y en sentido inverso, el aplastamiento de Milagro, la coya real y metida en la historia), el feminismo reaccionario, light y estereotipadamente amable y sereno (Juliana, Gabriela y Mariu), cierta ortopedia de izquierda y personajes descontracturados: Rozitchner, Fernando Iglesias, Stolbizer.
No es casual que su as de espadas fuera el icono de la impostura: un tipo que pasó de la izquierda decontracté a la derecha con un formato de show y un discurso periodístico sin el menor rigor en el contenido pero con la teatralidad necesaria para montar la impostura.
El kirchnerismo colaboró en su derrota con muchos de esos aspectos que en el PRO son una mentira consentida y que de este lado son una traición a su mejor historia: no es lo mismo el exhibicionismo de Otavis que el del mago sin dientes. No es lo mismo ir al living de Susana que reunirse y brindar espacios a figuras mediáticas, con cholulos que favorecen jetones.
De esta manera, también el kirchnerismo albergó su cultura de izquierda, y si bien los hubo benéficos (Rivas), hubo otros que resultaron un lastre (complete con el nombre que desee o piense en los aspectos más fallidos de ese peronismo hippie: "el amor vence al odio", "Argentina, un país con buena gente"
Porque el PRO es la perversión argentina, la mala conciencia, la impostura, solo tiene que estilizar esos rasgos y potenciarlos (el timbreo como happening cívico) mientras que el peronismo tiene que intentar la versión más genuina del espíritu nacional, esa presencia de gigante que Scalabrini definía en "El hombre que está solo y espera"
Ahora Trump nos obliga a barajar y dar de nuevo. Pero no es él, sino el cambio que representa. Es posible que las boutades de un D'elía o un Moreno ya no caigan tan mal (pero no fueron antes necesarias y.tampoco lo serán ahora, porque además el país de las buenas formas burguesas del que habló Cooke, sigue vivo) porque la corrección política se bate en retirada, porque, como se vio está noche, Isella y Lombardi, dos ex PC, dos tipos que son un oximoron político, pueden encontrarse con el chiflido de la gente; un ligero símbolo, casi nada, un eco del aleteo de Trump en el Norte que promete volverse terremoto en el Sur.
Como sea, el viento sopla...
Moraleja 1: el PRO ha sido una anomalía, un producto tardío en un mundo que vive una dramática transición, del neoliberalismo progresista con indigenistas, ecologistas y feministas que lo cosmetizaron, a otra cosa que no sabemos aún qué será.
Las bicisendas, las bolsas reciclables y las estaciones saludables, son parte del inmediato pasado. Lo vemos, lo vivimos como una novedad, parece hegemónico, pero es como un fenómeno parapsicológico: la imagen de algo que pasó y que ya no está pero que alguno, o muchos, recuperan y sintonizan como si fuera una antena.
El PRO es nuestro museo de grandes novedades.
Desde hace 2 días, Trump volvió ese pasado definitivamente lejano. Su estilo termina con la corrección política que es hipocresía, cárcel de barrotes blandos y guardias sonrientes.
Ojo: la estética de Trump tal vez sea su verdadero aporte. Sus modos.
Nota: Trump es un guarango. Recuperar lo que es etimológica y políticamente un guarango en la historia argentina. Ya lo desarrollaremos un día.
Moraleja 2) Una de las bases culturales para que ese estilo se desarrollara, perviviera y fuera funcional al poder de turno en Argentina fue la cultura de izquierda liberal. En la cultura popular, el papá de Libertad, la amiguita de Mafalda, que era socialista "pero un león jugando a las cartas" pasea con un super sport, Susana Brunetti le dice a Porcel "en casa todos somos socialistas, la mucama come lo mismo que nosotros... las sobras" y Capusotto se convierte en el latín american psycho.
En política, un socialista romántico como Palacios, es embajador de una dictadura, y Américo Ghioldi dice frente a un mar de sangre "se acabó la leche de la clemencia".
Cultura de la simulación, equivalente y paralela a una burguesía que nunca quiso serlo y que oculta su holganza en frases como "hay que poner el hombro" y "acá nadie quiere trabajar".
Cultura per-versa, porque invierte las cosas. Cultura que le hace creer a la gente que las cosas son como no son y que ellos son algo bien distinto de lo que creen ser.
Cultura de la forma, que vuelve esclavos de un pensamiento burgués hasta a los más lúcidos (Quino diciendo que Mafalda le diría a "la Cristina" que no sea tan soberbia y prepotente. Mudo ahora, frente a una barbarie que sus personajes denunciaron y anunciaron hace 50 años).
Cultura de la levedad, ésta, la de la izquierda liberal, oculta bajo lo rotundo: la facundia de Pinti para no decir nada o fingir afirmaciones rotundas que dan vueltas sobre lugares comunes.
Cultura que es, por su simulación e inversiones, campo fértil para el chanta: Fidel Pintos y Avivato (cita de Wikipedia: " En 1978, con motivo de la realización en Argentina del Mundial de Fútbol, la dictadura militar en ese momento en el poder sugirió al director de La Razón la suspensión de la tira con este personaje por considerar que podía afectar la imagen de los argentinos frente a los visitantes que se esperaban. Lino Palacio acató la sugerencia y decidió no dibujar más la tira." Nótese qué significativo e ilustrativo este dato para todo lo que estamos diciendo: no queremos que el "afuera" vea lo que nosotros no somos).
Cultura que en definitiva nos vuelve inconsecuentes, tramposos, enrollados, pasto para que florezca y se hipertrofie el psicoanálisis.
Moraleja 3: ese producto tardío que es el PRO derrotó a la mejor versión del peronismo. Lo hizo sobre la base cultural precedentemente descripta: la simulación, el "país burgués", la cosmetización de su neoliberalismo por el ecologismo que ya enunciamos, el indigenismo (la insistencia en la Pachamama como deidad ahistórica y turística, y en sentido inverso, el aplastamiento de Milagro, la coya real y metida en la historia), el feminismo reaccionario, light y estereotipadamente amable y sereno (Juliana, Gabriela y Mariu), cierta ortopedia de izquierda y personajes descontracturados: Rozitchner, Fernando Iglesias, Stolbizer.
No es casual que su as de espadas fuera el icono de la impostura: un tipo que pasó de la izquierda decontracté a la derecha con un formato de show y un discurso periodístico sin el menor rigor en el contenido pero con la teatralidad necesaria para montar la impostura.
El kirchnerismo colaboró en su derrota con muchos de esos aspectos que en el PRO son una mentira consentida y que de este lado son una traición a su mejor historia: no es lo mismo el exhibicionismo de Otavis que el del mago sin dientes. No es lo mismo ir al living de Susana que reunirse y brindar espacios a figuras mediáticas, con cholulos que favorecen jetones.
De esta manera, también el kirchnerismo albergó su cultura de izquierda, y si bien los hubo benéficos (Rivas), hubo otros que resultaron un lastre (complete con el nombre que desee o piense en los aspectos más fallidos de ese peronismo hippie: "el amor vence al odio", "Argentina, un país con buena gente"

Porque el PRO es la perversión argentina, la mala conciencia, la impostura, solo tiene que estilizar esos rasgos y potenciarlos (el timbreo como happening cívico) mientras que el peronismo tiene que intentar la versión más genuina del espíritu nacional, esa presencia de gigante que Scalabrini definía en "El hombre que está solo y espera"
Ahora Trump nos obliga a barajar y dar de nuevo. Pero no es él, sino el cambio que representa. Es posible que las boutades de un D'elía o un Moreno ya no caigan tan mal (pero no fueron antes necesarias y.tampoco lo serán ahora, porque además el país de las buenas formas burguesas del que habló Cooke, sigue vivo) porque la corrección política se bate en retirada, porque, como se vio está noche, Isella y Lombardi, dos ex PC, dos tipos que son un oximoron político, pueden encontrarse con el chiflido de la gente; un ligero símbolo, casi nada, un eco del aleteo de Trump en el Norte que promete volverse terremoto en el Sur.
Como sea, el viento sopla...