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No des lo que te sobra - Por Max Delupi

Offtopic1/17/2017
No des lo que te sobra

Por Max Delupi

Recuerdo por esta época a un compañero que iba con nosotros a todos lados; que luchaba por lo que él consideraba que era "un país mejor"; la igualdad de derechos, justicia social y demás banderas. Estaba trabajando; iba intentando abrirse camino, hasta que un día se cansó y se puso una pizzería. Una noche fuimos a comer a su pizzería. Cuando entramos a la cocina a saludarlo, nuestro compañero estaba a las puteadas. Le preguntamos qué le pasaba: le habían faltado dos empleados del delivery, dos tipos de la motito... Gritaba: "estos negros de mierda no vienen a laburar. Claro, les pagué el viernes, y hoy ya no vinieron a laburar".

Nosotros estamos todos atravesados lógicamente por una cultura que nos ganó, y que hay que reconocer que nos ganó; porque si uno no reconoce las derrotas, difícilmente pueda conducir algo a una victoria. No se trata solamente de la mística de pintar un trapo, de asistir a una reunión. Se trata de tener determinada capacidad de análisis para saber que la cultura de los 90´ nos impregnó a todos. No sólo a los que militan para el PRO, para Macri, o a los que andan diciendo en un taxi "con los militares estábamos mejor"; no solo a aquellos que dicen "bien, bien Laura Alonso. Mirá que opinión bien formada que tiene esta mina": Nos atravesó a todos; y en ese atravesarnos a todos, entra en juego el entender la batalla cultural, que en Argentina es un poco como la saliva: Todo el mundo la tiene en la boca y muy pocos saben para qué sirve.

Cuando los políticos no salen del movimiento obrero; cuando los políticos no salen de las luchas en las universidades; cuando no salen de los barrios, se produce una disociación en el hacer cotidiano de la gente (esto que parece un eufemismo en los noticieros, en los programas de debate político: "la gente dice; la gente está harta; la gente no quiere; la gente siente la inseguridad", con esto que parece ser una elite de periodistas; una elite de políticos que hace años que no militan en ningún lado. No van al barrio, no laburan en ningún lugar; y si tienen un laburo, no están organizados con sus compañeros. Esto es lo que realmente molesta.

He visto muchísima gente llamada "progresista", o que se proclama de izquierda, que cuando va a puestos de dirección en algunas empresas o en algunos lugares del estado, le molesta lo mismo que le molesta a la denominada "oligarquía argentina": el movimiento obrero organizado. Esto de lo que nos hablaba tanta gente, y en lo que hacía foco Germán Abdala y tantos otros compañeros. Lo que molesta en general no es la posición que tenga una determinada asamblea, o hacia donde van los miles de trabajadores: lo que molesta es el trabajador organizado con otro trabajador… Eso les hace mucho ruido: que un tipo con los mismos intereses que otro, entienda con conciencia crítica quien carajo los está explotando; quien los está segregando; quien los está dejando de lado. Y esto le da miedo a cualquier individuo que esté en la dirección de cualquier cosa, salvo que ese tipo venga de ese lugar organizado, y con plena conciencia y memoria de ello. Como decía Eva Perón: "Le tengo más miedo al frío de los corazones de los compañeros que se olvidaron de dónde vienen, que al de los oligarcas". Si estos tipos no se olvidan, es porque estamos ganando la batalla cultural. La batalla cultural es exactamente eso: que cada persona entienda la igualdad a partir de la organización.

Digo esto porque ya está pasando en todas las provincias, no sólo en ese microclima que genera la Capital Federal, con sus periodistas ilustrados que están viendo "futbolísticamente" como se la ponen al otro: cómo soy más inteligente que el otro; cómo participo en una discusión diciendo algo que sea más inteligente que lo que ha dicho el interlocutor previo; cómo yo puedo mostrar a través de mi conocimiento, mi viveza, que estoy "poniéndosela" de alguna manera al que habló antes… Pero eso no es la batalla cultural: esa es la disputa de determinados periodistas, que por un cachet salen a defender una cosa u otra. La batalla cultural es cuando esos periodistas realmente ponen foco donde hay que poner el foco para que el otro mire. La función del periodista es poner la luz sobre el problema de la organización del país; cómo se organiza un país. Un país no se organiza solamente de arriba hacia abajo diciendo "estas son las políticas del Estado"; porque si fuera así, los presidentes hubieran hecho mucho antes las cosas que después nosotros salimos a pedir a la plaza. En realidad los presidentes, el poder ejecutivo, y tambien el congreso (también) hacen lo que el pueblo es capaz de pedir y exigir organizadamente. Y esto es a lo que le teme todo el arco político y los medios. Fundamentalmente para esto en Latinoamérica se han puesto dictaduras violentas, y luego el neoliberalismo: primero te mataban sin ningún derecho, dejando al Estado de derecho de lado con un terrorismo de Estado; y después durante mucho tiempo los medios de comunicación junto a la oligarquía organizada, le dijeron a los presidentes latinoamericanos que hacer para evitar la organización del movimiento obrero, para evitar que vos militaras en una facultad; para evitar que los barrios se pusieran de pie.

Entonces, el tema es: la batalla cultural tiene una arista; tiene un lugar por el que están viniendo. Yo creo que nosotros no nos estamos dando cuenta o hay muchos compañeros que se están haciendo los boludos. Durante mucho tiempo supimos que venían por el lado de Billiken; por el lado de las revistas del grupo Atlántida; sabíamos que venían con Clarín; sabíamos que éstos eran los lugares donde operaba el enemigo. Ahora, ojo, porque también están viniendo en forma de políticos que no viven en un barrio; que nunca militaron en ningún lado (por que no laburan hace años; hace años que laburan de políticos), y porque creen que laburar de político es la legitimidad que te dan los aparatos. Pero eso se cae; eso se cae, a la larga se cae. Hay tipos que han tenido muchísima legitimidad en muchísimas provincias porque se produce un bache; o porque determinado medio de comunicación los pondera; y salimos todos a avivarlos de un lado y del otro. Y ahí aparecen figurones que después se caen, y que nadie entiende por qué se cayeron. Después están los otros, que sin tanto bombo, pasan a la historia (y por eso me acordaba de Germán Abdala) por haber trabajado en esto que es fundamental para la batalla cultural: la organización; el saber por qué nos estamos organizando; saber por qué yo voy a buscar a otro.
A veces me dicen "en definitiva hoy hay una batalla mediática y en las redes". ¡Pero por supuesto! ¡Claro que quieren que esa batalla se dé en las redes sociales! ¡Claro que quieren que todo el mundo putee de un lado y de otro en Facebook! ¿Qué organiza el Facebook? ¿La voluntad de qué? ¿De una marcha pedorra de la que después nadie se va acordar, ni siquiera el que fue? "Che, yo fui el primer cacerolazo..." ¡No importa! ¡El tema es que no pienses!: el tema es que te pueden aislar; el tema es que te puedan poner en un partido de fútbol, y que la foto sea esa… Vos estás con un equipo o estás con el otro…
También existe esto de: “Ok… Yo tengo necesidad de estar junto a este tipo; pero ¿qué somos capaces de hacer?". La batalla cultural, cuando está del lado de ellos (como en los 90´), cuando gana en algunos lugares gracias a los medios, haciéndote creer que puede haber gente honesta de derecha que no robo tanto; ahí es nos están la están ganando. Pero cuando nos ganan la batalla cultural, no lo reconocemos. Nosotros no reconocemos que en Capital Federal nos han ganado esa batalla cultural. ¿Que tenemos que ganarla?: estoy totalmente de acuerdo. Pero también se demuestra saliendo a laburar; no sólo discutiendo y dejando mal parado a un conservador de derecha; no sólo saliendo a laburar para ganar elecciones: salir a laburar para ganar la batalla cultural.
¿Cuándo uno gana la batalla cultural? Hay miles de ejemplos de que se ha ganado una batalla cultural. Esto lo explicaba el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera: “no se trata de que la gente vote a Evo, se trata de que la gente entienda lo que está haciendo”. Este proyecto lo tiene que entender hasta el último de la fila, no el más vivo de todos. A mí no me sirve de nada que Ricardo Forster entienda este proyecto mejor que nadie; a mí me sirve que lo entienda el último chico que está militando en una facultad; o el pibe que entran su primer trabajo. Y que esos pibes no le tengan miedo a la autocrítica; no le tengan miedo a caminar organizadamente con el otro. Porque lo peor que nos puede pasar es creer que estamos dando una batalla cultural que no estamos dando, juntándonos en Facebook para repetir como loros que "la patria del otro". ¿Y qué hago yo para que realmente la patria sea del otro? ¿Qué hago yo para que el que me esté mirando, aun pensando distinto a mí, se quiera sumar a ese proceso de construcción colectiva porque tiene intereses parecidos, o porque entiende que sólo no va a poder derribar esa pared?
Nosotros convivimos con una de las oligarquías más fuertes de Latinoamérica, y le estamos echando la culpa a la clase media; esa clase media que muchas veces es víctima de todo este proceso. Te ponen a discutir superficialidades que no tienen ningún sentido, y vos como un gil las discutis; y los periodistas que teóricamente tienen que defender ese proceso de batalla cultural, también se ponen a discutir esas coyunturas insípidas en los canales, que después se distribuyen en cadenas nacionales por todo el país… Así termina uno viendo y discutiendo en la sobremesa el problema que tiene la Capital Federal, que es el lugar que menos problemas tiene a nivel de distribución de riqueza: un lugar absolutamente subsidiado, donde una persona que vive al lado del café Tortoni paga mucho menos gas que un tipo que vive en Neuquén. ¡Y vos no te preguntas eso! ¡Vos no te preguntas por qué la gente vota así! ¡Vos no te preguntas por qué los tipos que más han obtenido, son los que están en contra! ¿Y por qué pasa eso? Porque te están ganando la batalla, que es la más importante de todas: la batalla cultural. Aquello por lo cual lucharon muchísimos, desde la concepción del trabajo.
A veces cuando decimos "batalla cultural" parece que eso fuera que Ignacio Copani cante una canción; decimos batalla cultural, y parece que va a venir Víctor Heredia con una manifestación atrás de 800 tipos a tocar el bombo y tocar la guitarra; decimos batalla cultural y pensamos en los intelectuales, o en alguien que venga a decir algo. La batalla cultural es otra cosa. Hemos perdido la cultura del laburo, hemos perdido la cultura de agremiarnos con otro. ¿Saben la cantidad de gente que tengo alrededor, que se llenan la boca hablando de la batalla cultural y no está afiliada a su gremio, que no participa en ninguna organización? Entonces creo que acá hay un punto interesante: tratar de decirle a los propios "no me hables más de la batalla cultural si vos no militas en un gremio… Si me seguís diciendo "son todos burócratas". ¿Dónde crees que militaba Agustín Tosco? ¿Dónde crees que militaba René Salamanca? ¿Cómo crees que hizo lo que hizo Atilio López o Elpidio Torres? ¿Cómo creés que se hizo el Cordobazo? ¿Creés que el movimiento obrero hizo lo que hizo con todos tipos que decían "son todos unos burócratas bárbaros, vámonos todos a casa"? O sea, como hay burocracia, vos no militás… Entrás a la facultad, y como no te gusta determinado signo político te fuiste a tu casa y no participaste ni como estudiante, ni en tu barrio.
Hay gente que se vanagloria de no conocer sus vecinos… ¿¡Sos tarado flaco!? ¿Cómo que te vanaglorias de no conocer a tus vecinos? ¿Naciste en los 90´? ¿Te comiste a un Macri? ¿Vivís en un country?. "No tengo ni idea quién vive acá lado… Yo a mi vecino no le doy bola”. ¿Vos me venís a hablar de batalla cultural? ¿Vos, que ni siquiera te interesan los hijos de tu vecino? Ese doble discurso nos está matando: ahí es donde no están ganando la guerra. Hay que salir uno a uno, y dar esa batalla para que la victoria sea finalmente nuestra; para no volver atrás. No volver atrás con el voto femenino, por ejemplo; para no volver atrás del matrimonio igualitario. ¿A quién se le ocurriría hoy decir "Che, a ver, hagamos que las mujeres no voten más"? ¿Quién podría llevar adelante esta propuesta? ¿Quién podría llevar la propuesta hoy de "Mirá, sabés que, no nos podemos divorciar más"?: nadie.
La batalla cultural se gana entendiendo el discurso de la gente. Hace años, cuando una persona adoptaba un chico, a veces a la mujer hasta la sacaban a Europa o a otra provincia para que no se viera el embarazo, y poder decir que el bebé era de ella. Ser un niño adoptado en este país era una vergüenza. A veces se escuchaba "es adoptada, pero ella no lo sabe"; o lo loco era: "Uh… ¡Es adoptado ya se lo dijeron, ahora sabe!". Una persona va, adopta un niño, y muchísima gente en este país hoy en día le parece lo más normal del mundo; y le parece absolutamente igual a tenerlo biológico. Matrimonios que tienen uno o dos hijos biológicos, y dos o tres adoptados: eso ya no se discute. Ahí es donde vos ganaste la batalla cultural; eso es la batalla cultural, no ganarle a Miguel Del Sel.
Empecemos a entender cómo damos esa batalla cultural todos los días. Aún hay tipos que vienen y me dicen "bueno, ¿pero qué vamos a poder modificar?". Para el que salvás, no sabes cuánto modificás; modificás muchísimo. Para él significa muchísimo…. Y eso no es lo mismo que el voluntarismo: el voluntarismo, la dádiva, Cáritas y todo eso, es lo que te sobra. ¡No! Demos lo que no tenemos. Militemos: no demos lo que nos sobra.
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