¿Valdrá la pena hacer un análisis del tipo “X no puede jugar más en la selección” o “qué mal que anduvo Y”? ¿O las virtudes y los males de este equipo pasarán por no saber aplicar los nombres -sobre los que más o menos todos estamos de acuerdo- a un esquema de juego definido?
La profecía de peluca se cumplió con delay y un cuerpo técnico diferente: este equipo argentino no tiene identidad, no sabe a qué juega; menos que menos cuando le quitan la pelota. El punto más alto de esta conducta errática se vio en el primer tiempo, cuando: a) no supo mantener una ventaja que ostentaba desde los 90 segundos de juego; b) dejó que un equipo como Argelia (!) le maneje la pelota y el partido, lo superara en velocidad, toque, profundidad y llegadas; c) eligió centralizar todo el juego de ataque o partir desde el fondo con largos pelotazos a ningún lado cuando tenía la pelota.
En el complemento se dio la lógica, y el que falló tácticamente fue Argelia. No supo pronosticar la previsible andanada ofensiva de un equipo argentino herido en su orgullo, que rápidamente y casi sin esfuerzo dio vuelta el partido en menos de 15 minutos. El posterior golazo de Messi que puso el 4-2 hubiera traido tranquilidad si no fuera porque… al par de minutos, con otro centro cruzado desde un tiro libre, el partido se puso 4-3 y la incertidumbre por el resultado se mantuvo hasta el final.
¿Será sensato decir algo del estilo de “el equipo tiene que ponerse a trabajar cómo defender pelotas paradas”? No creo que Argentina vaya a recibir tres goles iguales (o casi) nunca más, del mismo modo que Palermo muy poco probablemente vuelva a marrar tres penales en el mismo partido. El trabajo que necesita el equipo es defensivo pero en general, arrancando de cero como si fueran jugadores que recién entran a una novena división. Así de grave es el asunto.
Hoy lo que falló fue claramente -y una vez más en el ciclo Basile- la contención en el medio, y esa debacle arrastró a la defensa. Como el mediocampo era zona de tránsito liviano, los defensores tenían que salir al descubierto y perdían mucho, aunque con pelota en movimiento dentro del área supieron contrarrestar -no sin esfuerzo- los intentos de los delanteros argelinos. Con pelota detenida, como ya dijimos, otro fue el cantar.
El complemento al menos confirmó que la categoría de algunos jugadores sigue intacta, y con eso alcanza para revertir situaciones complicadas ante rivales como Argelia, pero no mucho más. Que los cuatro goles no sean árboles que tapen el bosque de la discreta, tirando a decididamente mala, labor de Argentina como conjunto. Si en cada partido vamos a depender de que nos cobren dos penales o de que Aimar y Messi entren tocando por el medio de la defensa rival, el futuro pinta oscuro.


