En Libia lagente no quiere que vayan tropas extranjeras. Es consciente de lospeligros y desconfían sabiamente de las potencias occidentales” Stephen R. Shalom Znet ¿Quién forma la oposición libia? Algunos han señalado la presencia de la antigua bandera de la monarquía en las filas rebeldes. Estabandera no se utiliza como símbolo de la monarquía, sino como labandera que adoptó el Estado libio cuando se independizó de Italia. Lautilizan los insurrectos para manifestar su rechazo de la bandera verdeimpuesta por Gadafi paralelamente a su Libro Verde, cuando imitó a MaoZedong y su Pequeño Libro Rojo. La bandera tricolor no expresa en modoalguno un sentimiento de nostalgia por la monarquía. Según lainterpretación al uso, simboliza las tres regiones históricas de Libia,y la media luna y la estrella son los mismos símbolos que aparecen enlas banderas de las repúblicas de Argelia, Túnez y Turquía, no sonsímbolos monárquicos. ¿Quién constituye la oposición? Sucomposición, al igual que en todas las demás revueltas que sacuden laregión, es muy heterogénea. Lo que une a todas las fuerzas dispares esel rechazo de la dictadura y el ansia de democracia y derechos humanos.Más allá de esto hay muchos puntos de vista diferentes. En Libia,particularmente, hay una mezcla de defensores de los derechos humanos,demócratas, intelectuales, elementos tribales y fuerzas islámicas, ensuma: un abanico muy amplio. La fuerza política más destacada en larevuelta libia es la Juventud de la Revolución del 17 de Febrero, quedefiende una plataforma democrática y reivindica el Estado de derecho,libertades políticas y elecciones libres. El movimiento libio incluyeademás a sectores de las fuerzas armadas y gubernamentales que handesertado y se han unido a la oposición, cosa que no ocurrió en Túnezni en Egipto. Por tanto, la oposición libia está formada porun conjunto variopinto de fuerzas y la conclusión es que no hay motivopara mantener una actitud distinta ante ellas que ante todas las demásrevueltas de masas en la región. ¿Es o ha sido Gadafi una figura progresista? CuandoGadafi llegó al poder en 1969 representó una manifestación tardía de laola nacionalista árabe que siguió a la segunda guerra mundial y lanakba de 1948. Trató de imitar al líder egipcio Gamal Abdel Nasser, aquien consideraba su modelo y fuente de inspiración. Así, cambió lamonarquía por la república, abanderó la unidad árabe, forzó el cierrede la base aérea estadounidense de Wheelus en territorio libio y pusoen marcha un programa de cambio social. Después, el régimensiguió su propia dinámica en la senda de la radicalización,inspirándose en una especie de "maoísmo islamizado". A finales de losaños setenta hubo amplias nacionalizaciones, que abarcaron casi todoslos sectores. Gadafi se ufanó de haber instituido la democracia directay cambió formalmente el nombre de la república, que pasó a denominarseEstado de las Masas ( Yamahiriya ). Pretendió haber realizado en elpaís la utopia socialista con democracia directa, pero fueron pocos losque se dejaron engañar. Los “comités revolucionarios” actuaban enrealidad como un aparato gubernamental dedicado, junto con losservicios de seguridad, al control del país. Al mismo tiempo, Gadafitambién desempeñó un papel especialmente reaccionario en larevitalización del tribalismo, para utilizarlo en beneficio de supropio poder. Su política exterior se tornó cada vez más temeraria y lamayoría de árabes acabaron tomándolo por loco. Con la UniónSoviética en crisis, Gadafi abandonó sus pretensiones socialistas yvolvió a abrir la economía del país a las empresas occidentales. Afirmóque la liberalización económica vendría acompañada de unaliberalización política, imitando ahora la perestroika de Gorbachovdespués de haber imitado la “revolución cultural” de Mao Zedong, perofue una promesa vacía. Cuando EE UU invadió Irak en 2003 so pretexto debuscar las “armas de destrucción masiva”, Gadafi, preocupado por laposibilidad de que él fuera el siguiente en la lista, operó un cambiosúbito y sorprendente de su política exterior, ganándoseespectacularmente la categoría de estrecho colaborador de los paísesoccidentales, cuando hasta poco antes era calificado de “Estadocanalla”. Colaboró especialmente con EE UU, prestándole ayuda en lallamada guerra contra el terrorismo, e Italia, llevando a cabo eltrabajo sucio de repatriar a los inmigrantes potenciales que tratabande pasar de África a Europa. A lo largo de todas estasmetamorfosis, el régimen de Gadafi siempre ha sido una dictadura.Aunque Gadafi hubiera aplicado al comienzo algunas medidasprogresistas, en la última fase no quedaba ni un soplo progresista oantiimperialista en su régimen. Su carácter dictatorial quedódemostrado por la manera en que respondió a las protestas populares:tratando de aplastarlas por la fuerza desde el principio. No huboningún intento de ofrecer alguna salida democrática a la población.Amenazó a los manifestantes con un discurso tragicómico que se ha hechofamoso: “Avanzaremos centímetro a centímetro, casa a casa, calle acalle… Os encontraremos en vuestras madrigueras. No tendremos piedad nicompasión.” No debe extrañar, si se recuerda que Gadafi fue elúnico gobernante árabe que criticó públicamente al pueblo tunecino porhaber derrocado a su dictador Ben Alí, de quien dijo que era el mejorgobernante que podían encontrar los tunecinos. Gadafi recurrióa las amenazas y a la represión violenta, afirmando que losmanifestantes se habían vuelto drogadictos por obra de Al Qaeda, queles introducía sustancias alucinógenas en el café. Atribuir ellevantamiento popular a Al Qaeda fue su manera de intentar ganarse elapoyo de Occidente. Si hubiera habido cualquier ofrecimiento de ayudapor parte de Washington o Roma, no cabe duda de que Gadafi la habríaaceptado con los brazos abiertos. De hecho, expresó su amarga decepciónante la actitud de su compinche Silvio Berlusconi, el primer ministroitaliano, con quien compartía fiestas, y se quejó de que sus otros“amigos” europeos también le hubieran traicionado. En los últimos años,Gadafi se había hecho amigo, en efecto, de varios gobernantesoccidentales y otras figuras del sistema que, por un puñado de dólares,se habían prestado a hacer el ridículo intercambiando abrazos con él.El propio Anthony Giddens, distinguido teórico de la “tercera vía”de Tony Blair, siguió los pasos de su discípulo y visitó a Gadafi en2007; luego describió en el Guardian cómo Libia estaba aplicando lasreformas e iba camino de convertirse en "la Noruega de OrientePróximo". ¿Cómo valoras la resolución nº 1972 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas del pasado 17 de marzo? Laresolución como tal está redactada de manera que hace suya yaparentemente responde a la petición de establecer una zona deexclusión aérea. En efecto, la oposición libia ha solicitadoexplícitamente esta medida, con la condición de que no se desplieguentropas extranjeras en territorio libio. Gadafi cuenta con el grueso delas fuerzas armadas de élite, con aviones y tanques, y la exclusiónaérea neutralizaría efectivamente su principal ventaja militar. Estapetición de los rebeldes está reflejada en el texto de la resolución,que autoriza a los Estados miembros de la ONU a “tomar todas lasmedidas necesarias… para proteger a los civiles y las zonas pobladaspor civiles frente a la amenaza de ataque en la Yamahiriya Árabe Libia,incluida Bengasi, descartando toda fuerza de ocupación extranjera bajocualquier forma y en cualquier parte del territorio libio.” La resolución declara la “prohibición de todos los vuelos en el espacio aéreo de la Yamahiriya Árabe Libia para ayudar a proteger a los civiles.” Ahora bien, en el texto de la resolución no hay suficientes garantíasque impidan su uso con fines imperialistas. Aunque el objetivo de todaacción es supuestamente la protección de la población civil, y no un“cambio de régimen”, la determinación de si una acción cumple esteobjetivo o no queda en manos de las potencias que intervienen y no enlas de los insurrectos, ni siquiera en las del Consejo de Seguridad. Laresolución es asombrosamente confusa, pero dada la urgencia de impedirla masacre que se habría producido si las fuerzas de Gadafi tomaranBengasi y ante la ausencia de cualquier medio alternativo paraconseguir el objetivo de protección de los civiles, nadie puedeoponerse razonablemente a ella. Podemos entender las abstenciones;algunos de los cinco países que se han abstenido en la votación delConsejo de Seguridad de las Naciones Unidas querían expresar sudesconfianza y/o incomodidad ante la falta de una supervisión adecuada,pero sin asumir la responsabilidad de permitir una masacre inminente. Larespuesta occidental, desde luego, tiene sabor a petróleo. Occidenteteme un conflicto prolongado. Si se produjera una masacre importante,tendría que imponer un embargo sobre el petróleo libio, con lo que elprecio se mantendría en un nivel alto, y esto, tal como estáactualmente la economía mundial, tendría importantes consecuenciasadversas. Algunos países, inclusive Estado Unidos, han actuado condesgana. Únicamente Francia se ha mostrado decididamente a favor de unaacción contundente, lo que puede tener mucho que ver con el hecho deque este país –a diferencia de Alemania (que se ha abstenido en lavotación del Consejo de Seguridad), Gran Bretaña y, sobre todo, Italia–no tiene una participación significativa en el negocio del petróleolibio y sin duda espera conseguir aumentarla en la Libia de después deGadafi. Todos sabemos qué hay detrás de los pretextos de laspotencias occidentales y del doble rasero que aplica. Por ejemplo, susupuesta preocupación por los civiles bombardeados desde el aire nopareció aplicarse a la población de Gaza en 2008-2009, cuandocentenares de no combatientes murieron bajo el fuego de los avionesisraelíes. O el hecho de que EE UU permita que el régimen de Bahrein,donde hay una importante base naval norteamericana, reprimaviolentamente la revuelta local con ayuda de otros vasallos regionalesde Washington. El caso es que si se deja que Gadafi prosiga consu ofensiva militar y tome Bengasi, habrá una importante masacre.Estamos en una situación en que la población corre realmente peligro yno existe ninguna alternativa plausible para protegerla. El ataque delas fuerzas de Gadafi se habría producido en cuestión de horas o a losumo de un par de días. Uno no puede oponerse, en nombre de losprincipios antiimperialistas, a una acción que evitará la masacre deciviles. De modo parecido, aunque conozcamos muy bien la naturaleza yel doble rasero de la policía en el Estado burgués, uno no puedeoponerse, en nombre de los principios anticapitalistas, a que alguienla llame cuando está a punto de ser violada y no hay otra alternativapara impedirlo. Dicho esto, y sin estar en contra de la zona deexclusión aérea, debemos expresar nuestra desconfianza y defender lanecesidad de vigilar muy de cerca las acciones de los países queintervengan, a fin de asegurar que no vayan más allá de la protecciónde los civiles con arreglo al mandato de la resolución del Consejo deSeguridad. Al ver en la televisión a la muchedumbre en Bengasiaplaudiendo la aprobación de la resolución, vi un gran cartel que decíaen árabe “No a la intervención extranjera”. Allí la gente distingue entre “intervención extranjera”–entendiendo por ello la presencia de tropas sobre el terreno– y lazona de exclusión aérea con fines de protección. No quiere que vayantropas extranjeras. Es consciente de los peligros y desconfíansabiamente de las potencias occidentales. Así, para resumir,creo que desde una perspectiva antiimperialista uno no puede ni debeoponerse a la zona de exclusión aérea, dado que no existe ningunaalternativa plausible para proteger a la población amenazada. Dicen quelos egipcios están suministrando armas a la oposición libia, cosa queestá muy bien, pero solamente esta ayuda no podía haber salvado Bengasia tiempo. No obstante, una vez más, hay que mantener una actitud muycrítica ante lo que puedan hacer las potencias occidentales. ¿Qué ocurrirá ahora? Esdifícil saber qué va a ocurrir ahora. La resolución del Consejo deSeguridad no preconiza un cambio de régimen, sino la protección de losciviles. El futuro del régimen de Gadafi está en la cuerda floja. Laclave está en si asistiremos a la reanudación de la revuelta en laparte occidental de Libia, incluida Trípoli, provocando así ladesintegración de las fuerzas armadas del régimen. Si esto ocurre, talvez Gadafi tenga las horas contadas. Pero si el régimen logra mantenerel control en la parte occidental, entonces se producirá, de hecho, ladivisión del país, por mucho que la resolución afirme la integridadterritorial y la unidad nacional de Libia. Tal vez sea esto lo que hayadecidido el régimen, que acaba de anunciar su acatamiento de laresolución de las Naciones Unidas y proclamado un alto el fuego.Entonces habrá seguramente una prolongada situación de empate, en laque Gadafi controlará la parte occidental y la oposición, la parteoriental. Está claro que la oposición necesitará tiempo para sacarprovecho de los suministros de armas que recibe de Egipto y a través deEgipto hasta el punto de ser capaz de derrotar militarmente a lasfuerzas de Gadafi. Dada la naturaleza del territorio libio, ésto solopodrá ser una guerra regular, una guerra de movimiento sobre vastasfranjas de territorio, más que una guerra popular,. De ahí que seadifícil predecir el resultado. La conclusión, en todo caso, es quedeberíamos apoyar la victoria de la revuelta democrática libia. Suderrota a manos de Gadafi supondría un grave revés que afectaríanegativamente a la ola revolucionaria que recorre actualmente OrientePróximo y el norte de África. Gilbert Achcar es profesor enel School of Oriental and African Studies, University of London, yautor de Les Arabes et la Shoah: la guerre israélo-arabe des récits(Actes Sud, coll. Sindbad). Fuente: http://www.zcommunications.org/libyan-developments-by-gilbert-achcar Traducción: VIENTO SUR: http://www.vientosur.info/articulosweb/noticia/?x=3729
Gilbert Achcar tras la resolución de la ONU sobre Libia
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