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Los eternos mitos del programa espacial soviético.

Ciencia Educacion4/30/2018



Las pertinaces mentiras sobre el programa espacial soviético






No. Ni Vladímir Komarov murió mientras maldecía a los diseñadores de su nave justo antes de impactar con el suelo a gran velocidad en 1967, ni Serguéi Krikaliov fue abandonado en la Mir en 1991 por falta de dinero. Y, por supuesto, tampoco es verdad que Gagarin muriera asesinado o que hubiera algún cosmonauta que alcanzase el espacio antes que él. Pero no falla. Con la idéntica regularidad de los memes absurdos del tipo «este verano Marte se verá más grande que la Luna» nos encontramos con los mismos mitos de la cosmonáutica o, directamente, falsedades, repetidas una y otra vez en todo tipo de medios. Por supuesto, quienes perpetúan estas historias no lo hacen de mala fe, muchas veces todo lo contrario, pero el efecto acumulado es tan apabullante que cuesta encontrar fuentes relativas a la historia del programa espacial soviético que no contengan las sempiternas fake news de la cosmonáutica.


Los restos de la Soyuz 1 todavía en llamas.


Sin duda el éxito de estas historias radica en que son atractivas y, sobre todo, en que la historia detallada del programa espacial soviético sigue siendo una gran desconocida para el gran público. Algunos de estos mitos tienen su origen en Occidente durante la Guerra Fría, donde el secretismo sobre todo lo relacionado con el programa espacial de la URSS provocaba que muchas veces la falta de información se supliese con ayuda de la imaginación. Otros mitos hunden sus raíces en los últimos años de la Unión Soviética, cuando mucha información clasificada del programa espacial comenzó a ver la luz, pero a cuentagotas, y muchas veces de forma contradictoria. De todos estos bulos mis favoritos son, por cansinos y tozudos, los siguientes:



La trágica muerte de Komarov


El 24 de abril de 1967 el cosmonauta Vladímir Mijaílovich Komarov murió al estrellarse su cápsula Soyuz 1 ( 7K-OK(A) Nº 4) contra el suelo después de que el paracaídas principal no se desplegase correctamente. Este trágico final fue el colofón de una misión repleta de problemas que comenzaron nada más alcanzar la órbita: el panel solar izquierdo permaneció plegado, uno de los sistemas de propulsores de maniobra experimentó una presión más baja de lo prevista y fallaron una antena de telemetría y el sistema de comunicaciones de onda corta, aunque lo peor fue el mal funcionamiento del sensor solar 45K, clave para orientar la nave correctamente. Prácticamente desde el mismo momento del accidente surgieron rumores sobre las circunstancias que rodearon la muerte de Komarov. Estos bulos siguen vivos a día de hoy, pero son absolutamente falsos. No existe ninguna grabación de Komarov maldiciendo a los diseñadores de la nave —la oficina de diseño TsKBEM, antigua OKB-1 de Serguéi Koroliov— y, por supuesto, tampoco hay ningún vídeo del incidente filmado dentro de la cápsula (en la Soyuz 1 no se llegó a transmitir ninguna señal de vídeo). También es totalmente falso que Komarov y su suplente, Gagarin, firmasen un informe declarando que quienes pilotasen la Soyuz 1 y la Soyuz 2 —la nave que debía acoplarse con la Soyuz 1— morirían, o que la mujer de Komarov se despidiese de su marido desde el control de la misión. Si Komarov gritó o maldijo a alguien antes de morir nunca lo sabremos.


Komarov (derecha) junto a Nikolái Kamanin en el momento de ser elegido como tripulante de la Soyuz 1.


Si se encuentran con algún relato de la misión que incluya estos puntos, ya saben, son directamente mentira. Estos bulos se vieron reforzados hace siete años con la aparición de un artículo firmado por Kulwrich Wonders sobre el tema —comprenderán que no ponga enlaces— sin pies ni cabeza que fue difundido por las redes sociales de forma inusitada. El artículo, al igual que otros anteriores de corte similar, incluía referencias a grabaciones supuestamente captadas por el espionaje estadounidense desde Turquía. Este relato se derrumbó con la caída de la URSS y el acceso a los archivos del programa espacial soviético, pero, contra todo pronóstico, se ha mantenido en el tiempo. De hecho, en las últimas décadas han aparecido documentos falsos de vídeo y audio que son muy populares en Youtube, y otras plataformas similares, y que han conseguido perpetuar el bulo. Para complicar las cosas, muchos de estos montajes están elaborados a partir de comunicaciones con la Soyuz 1, aunque en realidad se llevaron a cabo desde la órbita, no en los momentos finales de la vida del cosmonauta.


Nave Soyuz 7K-OK activa (A), como la Soyuz 1.


Las imágenes de los restos de la nave en llama grabados en el lugar del accidente sí son verdaderas. No obstante, al ver la cápsula completamente destruida muchos piensan que el impacto tuvo que ser más violento de lo que en realidad fue. La cápsula (SA) de Komarov chocó contra el suelo a unos 150 km/h, una velocidad lo suficientemente alta como para matar al cosmonauta, pero no como para destrozarla por completo y provocar un incendio. Lo que ocurrió es que, debido a la alta velocidad de descenso, el escudo térmico no se separó a los tres kilómetros de altura como estaba previsto y los cohetes de combustible sólido de la cápsula se activaron para frenar la caída a pocos metros del suelo, una labor inútil en esta ocasión. Pero, al estar el escudo térmico aún en su lugar, los cohetes provocaron una explosión dentro del vehículo que sería avivada por los cerca de 30 kg de peróxido de hidrógeno del sistema de maniobra de la nave. Si quieres leer una reconstrucción más detallada sobre el vuelo de la Soyuz 1, te remito a este artículo (no puedo garantizar que esté libre de errores menores después de tantos años, pero sí es seguro que no hay bulos).


Komarov durante un entrenamiento.




El último cosmonauta de la URSS abandonado en el espacio


Otra falsedad persistente tiene que ver con el cosmonauta Serguéi Krikaliov. Dice la leyenda —esto es, el bulo— que el “pobre Krikaliov” fue abandonado por el gobierno soviético en órbita porque no tenían dinero para enviar a una tripulación de reemplazo. Krikaliov se convirtió así en el último cosmonauta soviético porque a la vuelta el país que lo había puesto en el espacio ya había desaparecido. Sin duda es una historia muy atractiva que ha quedado marcada a fuego en el subconsciente colectivo y que ha dado lugar al mito del “cosmonauta abandonado”, cuyo ejemplo más famoso en la ficción ha sido el ruso borracho de la película Armageddon (sí, el mismo que sobrevivía en solitario en una estación Mir decrépita a base de vodka). El problema de esta historia es que, como no, es falsa. Es cierto que Serguéi Krikaliov tuvo que prolongar su estancia en órbita, pero no fue por falta de dinero ni en ningún momento fue abandonado a su suerte. En 1991 Krikaliov estaba en la Mir junto con Anatoli Artsebarski esperando que los relevase la tripulación de la Soyuz TM-13, formada por Alexánder Vólkov, Alexánder Kaleri y el austriaco Franz Viehböck. Sin embargo, el gobierno de Kazajistán, presionó al Kremlin para tener una mayor presencia en el programa espacial soviético. No en vano, el principal cosmódromo de la Unión Soviética, Baikonur, estaba en territorio kazajo.


Serguéi Krikaliov.


Para aplacar las demandas de Kazajistán se decidió a última hora incluir un cosmonauta de esta nacionalidad, el piloto de pruebas Toktar Aubakírov, por lo que Kaleri se quedó fuera de la misión. Aubakírov no tenía experiencia para sustituir a Vólkov, el comandante de la Soyuz, y la URSS ya se había comprometido con Austria para lanzar a Viehböck en ese vuelo (era imposible sustituir a Viehböck por Aubakírov y lanzar al austriaco en una misión posterior porque los siguientes vuelos de la Soyuz ya estaban reservados para otros cosmonautas extranjeros). Así, Vólkov relevaría a Artsebarski y se quedaría con Krikaliov en la Mir, mientras que Viehböck y Aubakírov regresaron a la Tierra en la Soyuz TM-12 junto con Artsebarski. Como vemos, fueron motivos políticos, no económicos, los que obligaron a prolongar la misión de Krikaliov, quien en ningún momento ni fue “abandonado” a su suerte ni se quedó solo en el espacio. Del mismo modo, el último cosmonauta que despegó con bandera soviética no fue Krikaliov, sino Alexánder Vólkov. Cierto es que Aubakírov también llevaba la enseña de la hoz y el martillo, pero era evidente que representaba a Kazajistán (no obstante, oficialmente la Unión Soviética seguía existiendo y Aubakírov consta formalmente como el 72º y último cosmonauta soviético).


Oficialmente Alexánder Vólkov (centro) y Toktar Aubakírov (derecha) fueron los últimos cosmonautas en despegar con la bandera de la URSS.


En cualquier caso, el 31 de diciembre de 1991 la URSS se disolvió y el 1 de enero de 1992 Vólkov y Krikaliov se convirtieron automáticamente en los primeros cosmonautas de la Federación Rusa mientras estaban en órbita a bordo de la Mir, pero nadie menciona a Vólkov cuando se habla de este episodio. En cuanto al “pobre Krikaliov”, tras su regreso realizó cuatro vuelos espaciales adicionales, incluyendo misiones en el shuttle de la NASA y la primera misión a la ISS, y acumulando un total de 803 días en el espacio. Poseedor de las medallas de Héroe de la Unión Soviética y Héroe de Rusia, posteriormente se convertiría en el jefe del Centro de Entrenamiento de Cosmonautas (TsPK) Yuri Gagarin y actualmente es vicepresidente de RKK Energía, la empresa fabricante de las naves Soyuz.


Vólkov y Krikaliov vuelven a la Tierra con la bandera soviética en sus escafandras.




El Burán abandonado


Aproximadamente cada pocos meses las redes se llenan de vídeos virales en los que se puede ver el transbordador Burán abandonado en un hangar en ruinas. Pues bien, no es el Burán. El transbordador Burán, que viajó al espacio en 1988, resultó destruido el 12 de mayo de 2002 al colapsarse el techo del hangar MIK 112 de Baikonur por el peso de la nieve. Los transbordadores que se ven en estos vídeos también están en Baikonur, pero en el edificio MZK. Uno de ellos es el segundo ejemplar de vuelo del programa Burán, la lanzadera 2K o 1.02, mientras que el otro es el modelo OK-MT, también denominado 4M o 0.04. En este artículo tienes más información sobre el tema.


La lanzadera 2K (1.02) almacenada en el edificio MZK de Baikonur.




La sonda Luna 15 y el Apolo 11


No, la tripulación del Apolo 11 no vio ni grabó la sonda Luna 15 (Ye-8-5 nº 401) antes de que esta se estrellase contra la superficie de la Luna. La Luna 15 fue lanzada el 13 de julio de 1969, tres días antes que el Apolo 11, para traer a la Tierra muestras de nuestro satélite. De esta forma la URSS pretendía mitigar la colosal derrota que supondría el éxito del Apolo 11. En su momento corrió el rumor de que esta sonda de muestras de la oficina de diseño de Lávochkin podía suponer alguna amenaza para el Apolo 11, pero finalmente se estrelló en el Mare Crisium el 21 de julio por culpa de una diferencia de tres kilómetros de altura entre la trayectoria calculada y la real. Ninguno de los tres astronautas del Apolo pudo ver la nave soviética y esta no interfirió de ninguna manera en las comunicaciones o procedimientos de la nave de la NASA.


Maquetas de las sondas Ye-8-5 de retorno de muestras lunares y Ye-6M de aterrizaje suave.



Por supuesto hay muchos otros bulos, la mayoría de ellos disparatados, que nos cuentan supuestas conspiraciones para matar a Gagarin o que existieron cosmonautas en órbitas antes de Yuri, pero que murieron en órbita. Sinceramente, no tengo ánimo para rebatir tales despropósitos, pero supongo que cualquier persona con un mínimo de cultura o acceso a la Wikipedia podrá salir de dudas fácilmente. Y tú, ¿conoces algún mito persistente sobre el programa espacial soviético?


Bueno, también tenemos este: Vladimir Ilyushin, hijo del destacado diseñador aeronáutico, y el supuesto primer hombre en órbita, que habría caído en China porque su nave habría fallado, y habría sido hospitalizado en un hospital chino, antes de ser repatriado. Con tantos habría, es obvio que la historia es falsa (por otro lado, los chinos no habrían dejado pasar una oportunidad como esa para humillar a los rusos, con quienes no se llevaban bien en esa época).





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