El pequeño y extraño planeta enano Haumea tiene su propio sistema de anillos.
La órbita de Neptuno no marca el final del Sistema Solar, sino que casi puede decirse que indica el momento en que esta se expande en un reino inimaginable vasto lleno de pequeños mundos extraordinarios. Más allá de este punto casi parece que todo es posible, desde planetas enanos de todas las formas y tamaños hasta la posible presencia de un planeta propiamente dicho, el famoso "9º" que los astrónomos estás buscando actualmente con la casi convicción de su existencia. Para un escritor de ciencia ficción deseoso de dar a sus protagonistas un escenario cósmica extraño y desconocido no sería necesario irse a otras estrellas. Lo tiene al lado de casa. Se llama Cinturón de Kuiper y no deja de sorprendernos.
Representación del cinturón de Kuiper.
Y la última de ellas llega de uno de sus habitantes más extraños, Haumea, un planeta enano con una forma sorprendente (2300×1500×1000 km según las últimas estimaciones) para ser tan grande, un balón de rugby planetario que además es el cuerpo celeste del Sistema Solar con la rotación más rápida, algo menos de 4 horas, algo que en parte podría explicar su forma. Para complementar todo este cúmulo de rarezas, tiene dos pequeñas lunas, Namaka y Hiʻiaka, la primera de las cuales tiene una órbita excéntrica y elíptica que deberían haber sido suavizada hace tiempo por las mareas gravitatorias de su planeta madre, cosa que no es el caso. Quizá se formó recientemente, fruto de una colisión.
Imagen del planeta enano en cuestión con sus lunas Namaka y H'iaka.
¿Que más podría tener que la hiciera (aún más) especial? Anillos. Así lo desveló una amplia campaña de observación desde La Tierra encabezada por José Luis Ortiz, del Instituto de Astrofísica de Andalucía, que aprovecharon una ocultación estelar protagonizada por Haumea el pasado 24 de Enero para intentar aprender más de este extraño mundo. Permitió determinar que era más grande de lo estimado (2320 Kilómetros de su axis mayor en lugar de los 2000 que se creía antes), menos reflectante y mucho menos denso que los cálculos previos, lo que explicaría porque su acelerada rotación lo deforma hasta este punto. Pero hubo una sorpresa inesperada, la presencia de un anillo de partículas a su alrededor. Sabíamos que los grandes planetas los tenía, se habían descubierto también en un asteroide, y ahora un planeta enano se suma a la lista.
No sólo privativos de planetas gigantes y asteroides, ahora también de los planetas enanos. ¿Para cuando en los planetas terrestres? Ah, verdad, para dentro de unos 70 millones de años (en Marte).
La gran cantidad de telescopios implicados en esta campaña (doce de diez observatorios europeos diferentes) permitió sacar a la luz alguna de sus características, como que se encuentra en el plano ecuatorial del planeta enano, al igual que su satélite más grande, Hi'iaka, y que muestran una resonancia 3:1 con respecto a la rotación de Haumea. Eso significa que las partículas heladas que lo conforman dan una vuelta alrededor del planeta en el tiempo que este gira 3 veces sobre si misma. Su origen se desconoce, aunque se barajan dos opciones, que sean fruto de un impacto o que la misma rotación acelerada provocara el desprendimiento de material.
Otra representación de Haumea y sus anillos, con un dstante Sol en el fondo (aunque se me antoja demasiado brillante a esa distancia).
El Sistema Solar, nuestro pequeño hogar estelar, sigue guardando muchas sorpresas y enigmas. En realidad posiblemente sabemos menos de lo que no sabemos, y eso es tan decepcionante como emocionante. Lo primero porque muestra hasta que con todo el esfuerzo que llevamos realizado apenas hemos rascado la superficie. Y lo segundo porque permite soñar con nuevas maravillas que descubrir. Y esa es la energía que nos empuja a la exploración.
La inclinada órbita de Haumea, algo que comparte con Plutón y la mayoría de habitantes de Kuiper. Actualmente se encuentra a 50 veces la distancia que separa La Tierra del Sol.
Poco sabemos de su aspecto, más allá de tener una superficie muy brillante pero tachonada con una misteriosa mancha rojiza, quizás un impacto que sacó al exterior material interno.
Los anillos de Haumea.
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