NO SUPIERON SER FANTÁSTICOS.
TERMINARON LOST
TERMINARON LOST
“Miren muchachos, nos tenemos que poner las pilas; tenemos que dar cuenta de muchas cosas que fuimos agregando en la serie para poder alargarla; ahora hay que hacerse cargo de esto.” De otra manera no pudo haber empezado la conversación de directores y escritores y demás lacayos de la ciencia televisiva.
La manosearon por todos lados, la lamieron hasta gastarla, se la tomaron toda, la prostituyeron. Y yo pagué y financié esa violación de una historia que debo confesar que comenzó genial. Todos dijimos: ¡al fin!
Basta de la chica pobre que se enamora del chico rico; de médicos sobrenaturales que te salvan siempre; de bomberos que se quieren prender fuego; de amigos estupidizados por el sistema que se juntan a tomar café; familias mostrando la mentira de la familia americana.
Confiamos demasiado. Compramos la entrada para un show de magia y nos encontramos con un contador de chistes infradotado.
“Maestro, en los primeros capítulos te puse el humo ese negro y no te quejaste”, dirá alguno de los escritores de la serie poniendo las manos en la zona púbica como esperando un tiro libre. Entonces te vas a poner a recordar y todo cierra, ¡era maravillosa, no fantástica!
La manosearon por todos lados, la lamieron hasta gastarla, se la tomaron toda, la prostituyeron. Y yo pagué y financié esa violación de una historia que debo confesar que comenzó genial. Todos dijimos: ¡al fin!
Basta de la chica pobre que se enamora del chico rico; de médicos sobrenaturales que te salvan siempre; de bomberos que se quieren prender fuego; de amigos estupidizados por el sistema que se juntan a tomar café; familias mostrando la mentira de la familia americana.
Confiamos demasiado. Compramos la entrada para un show de magia y nos encontramos con un contador de chistes infradotado.
“Maestro, en los primeros capítulos te puse el humo ese negro y no te quejaste”, dirá alguno de los escritores de la serie poniendo las manos en la zona púbica como esperando un tiro libre. Entonces te vas a poner a recordar y todo cierra, ¡era maravillosa, no fantástica!
Tzvetan Todorov, en su “Introducción a la literatura fantástica” define al género fantástico como un género siempre evanescente. Teoriza acerca de un género que se desarrolla en un momento de la obra, incluso un género que ocupa el lugar de ese momento: el de la vacilación, el de la duda. Momentos que han sido los mejores de la serie. Entonces, plantea Todorov, un hecho extraño entra en nuestro mundo conocido, regido por las leyes naturales que no se rompen y son universales. Por ejemplo, un oso polar pasa corriendo por una isla tropical. ¿Qué hacía ese oso deambulando por la selva? La duda, la incertidumbre. Lo fantástico.
Pero el búlgaro Todorov no solo nos define ese momento, sino que también nos dice que pasa después de ese momento. El género fantástico es un límite del cual una narración (generalmente) una vez que alcanza su cenit, ese momento de la vacilación, cae hacia un lado o el otro. A un lado del género fantástico se encuentra el mundo del género extraño; un género en el cual, bajo las reglas naturales que nos rodean, se puede explicar de manera rebuscada el hecho en sí. Por ejemplo, ese oso polar apareció y generó la duda, un momento de vacilación que todos disfrutamos: ¿qué corno hace ese oso? Y ese hecho que fue fantástico se transformó en extraño: una especie de grupo o sociedad científica de la década del ‘70 encuentra una isla misteriosa en la cual se instala para hacer investigaciones de todo tipo; y dentro de esas investigaciones, estudiaban el comportamiento de unos osos polares que se terminaron por escapar, y en fin… extraño, pero justificado dentro de los límites de nuestra naturaleza, el oso no salió de un coco mágico, vino de donde vienen los osos y vivió como oso común.
Pero el búlgaro Todorov no solo nos define ese momento, sino que también nos dice que pasa después de ese momento. El género fantástico es un límite del cual una narración (generalmente) una vez que alcanza su cenit, ese momento de la vacilación, cae hacia un lado o el otro. A un lado del género fantástico se encuentra el mundo del género extraño; un género en el cual, bajo las reglas naturales que nos rodean, se puede explicar de manera rebuscada el hecho en sí. Por ejemplo, ese oso polar apareció y generó la duda, un momento de vacilación que todos disfrutamos: ¿qué corno hace ese oso? Y ese hecho que fue fantástico se transformó en extraño: una especie de grupo o sociedad científica de la década del ‘70 encuentra una isla misteriosa en la cual se instala para hacer investigaciones de todo tipo; y dentro de esas investigaciones, estudiaban el comportamiento de unos osos polares que se terminaron por escapar, y en fin… extraño, pero justificado dentro de los límites de nuestra naturaleza, el oso no salió de un coco mágico, vino de donde vienen los osos y vivió como oso común.
El otro lado del género fantástico es un precipicio más cortito. Es un piso un poco más bajito; más fácil de alcanzar: el género maravilloso.
Un hecho que causa vacilación y duda: un tipo de blanco y uno de negro en un remoto pasado, hablando con templanza y esperando la llegada de un galeón inglés del siglo XIX; un galeón histórico del cual nosotros ya sabíamos que estaba varado en el medio de la isla en ese presente en el que viven (¿viven?) nuestros protagonistas:
¿Quiénes son esos dos?, ¿ese es el barco que nosotros ya conocemos? Entonces el género maravilloso y su explicación: son una especie de fantasmas que se odian pero no se pueden matar, que están uno en la búsqueda y el otro en la protección de una especie de fuente de la vida que se representa con una luz muy fuerte en el centro de la isla. Y nuestros protagonistas, los del accidente, ahora son unas figuras místicas que fueron convocadas por el fantasmita bueno, y ese mundo paralelo en el que vivían es ahora una especie de limbo mentecato en el cual se tocan y se “recuerdan” en el más absurdo de los modos y por el más zonzo de los motivos: ir al cielo.
Un hecho que causa vacilación y duda: un tipo de blanco y uno de negro en un remoto pasado, hablando con templanza y esperando la llegada de un galeón inglés del siglo XIX; un galeón histórico del cual nosotros ya sabíamos que estaba varado en el medio de la isla en ese presente en el que viven (¿viven?) nuestros protagonistas:
¿Quiénes son esos dos?, ¿ese es el barco que nosotros ya conocemos? Entonces el género maravilloso y su explicación: son una especie de fantasmas que se odian pero no se pueden matar, que están uno en la búsqueda y el otro en la protección de una especie de fuente de la vida que se representa con una luz muy fuerte en el centro de la isla. Y nuestros protagonistas, los del accidente, ahora son unas figuras místicas que fueron convocadas por el fantasmita bueno, y ese mundo paralelo en el que vivían es ahora una especie de limbo mentecato en el cual se tocan y se “recuerdan” en el más absurdo de los modos y por el más zonzo de los motivos: ir al cielo.
Yo entiendo que hacer un final de serie para complacer a millones de personas era muy difícil; pero no haber complacido a ninguno les salió genial.
“Che, muchachos: ¿no nos olvidamos de Michael?”
Sin embargo, gracias. Gracias por abrir una puerta. La puerta de un género hermoso. La duda, la incertidumbre.
“Che, muchachos: ¿no nos olvidamos de Michael?”
Sin embargo, gracias. Gracias por abrir una puerta. La puerta de un género hermoso. La duda, la incertidumbre.
FACUNDO STAZI ----