NUESTRA CIVILIZACION
Podemos definir la civilización como la reacción de la humanidad respecto al propósito y a las actividades de un determinado período mundial y su modo de pensar. En cada época actúa una idea y se expresa en idealismo racial y nacional. Su tendencia fundamental ha producido, en el transcurso de los siglos, nuestro
mundo
moderno, el cual ha sido materialista. Ha tenido por objetivo la comodidad física; las ciencias y las artes fueron degradadas, a fin de darle al hombre un ambiente confortable y si es posible bello; los productos de la naturaleza han sido empleados para dar cosas a la humanidad. La educación ha tenido como objetivo, hablando en forma general, el entrenamiento del niño para competir con sus conciudadanos en “la lucha por la vida”, acumular posesiones, vivir cómodamente y alcanzar el mayor éxito posible.
Nuestra civilización presente quedará en la historia como la civilización más burdamente materialista. Ha habido muchas épocas materialistas en la historia, pero ninguna tan ampliamente difundida como la actual, y que haya implicado incontables millones de personas. Se repite constantemente que la causa de la guerra es económica; ciertamente lo es, pero la verdadera razón se debe a que hemos exigido tantas comodidades y “cosas” para vivir razonablemente bien. Necesitamos mucho más de lo que necesitaron nuestros antepasados; preferimos una vida confortable y relativamente fácil; el espíritu precursor –base de todas las naciones— se ha convertido, en la mayoría de los casos, en una civilización indolente. Esto es particularmente verdad en el hemisferio occidental.
Nuestro nivel de vida civilizada es demasiado elevado desde el punto de vista de las posesiones, y demasiado bajo desde el ángulo de los valores espirituales. Hoy se considera que una nación es civilizada cuando da demasiado valor al desarrollo mental, cuando premia el sentido analítico y crítico y dirige todos sus recursos para satisfacer los deseos físicos, producir cosas materiales, desarrollar propósitos materialistas y predominar competitivamente en el
mundo
, acumular riquezas, adquirir propiedades, alcanzar un alto nivel de vida materialista y acaparar los productos de la tierra –mayormente en beneficio de ciertos grupos de hombres ambiciosos y acaudalados.
Ni las iglesias ni nuestros sistemas educativos han sido suficientemente sanos para presentar la verdad que pudiera contrarrestar tal tendencia materialista. La tragedia consiste en que los niños de todo el
mundo
han pagado y están pagando el precio de nuestra actuación errónea. Las guerras tienen sus raíces en la codicia; la ambición material ha sido el único móvil de todas las naciones sin excepción; todos nuestros planes tuvieron por objeto la organización de la vida nacional con el único fin de que predominaran las posesiones materiales, el espíritu de competencia y los intereses egoístas individuales y nacionales.
La humanidad tiene por hábito el egoísmo y un amor innato por las posesiones materiales. El factor cultural de toda civilización reside en la conservación y consideración de lo mejor que el pasado haya producido y la valorización y el estudio de las artes, la literatura, la música y la vida creadora de todas las naciones, en el pasado y en el presente. El conocimiento y la comprensión así obtenidos permiten al hombre culto relacionar el
mundo
de significados (heredado del pasado) con el
mundo
de las apariencias en que vive, y considerarlos como un solo
mundo
que existe principalmente para su propio beneficio individual. Cuando a la valorización de nuestra herencia planetaria y racial, tanto creadora como histórica, se agregue la comprensión de los valores morales y espirituales, sabremos más o menos lo que el hombre verdaderamente espiritual está destinado a ser. En relación con la población del planeta tales hombres son pocos y están muy diseminados, pero constituyen para el resto de la humanidad la garantía de una genuina posibilidad.
¿Se darán cuenta de esta oportunidad las personas cultas? ¿Nuestros civilizados ciudadanos aprovecharán la oportunidad de construir esta vez no una civilización material, sino un
mundo
de belleza y de correctas relaciones humanas,
mundo
en el cual los hombres podrán volver a la sencillez de los valores espirituales, de la belleza, de la verdad y la bondad?
Esperemos que si..! 

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