Existe un grado de entropía en el “instante” que decidimos si evolucionar o involucionar, depende de uno mismo que el camino que escojamos, te lleve a la meta y no a la partida, siendo el tiempo un factor crucial.
¡Vaya que por fin me llegó la hora! Viajes en el Tiempo; a decir verdad, es algo que siempre me atrajo [¿…será posible?], como de seguro a muchos, quizá gente como usted, estimado lector, suponiendo que su vista, aparte de las ideas y creencias que albergan en lo profundo de su mente, siga corriendo en la lectura de estas líneas que, debo confesarlo, me están dando demasiado trabajo escribirlas, pese a que recién estoy subiendo abordo de este ajetreado dilema -¿o inestable máquina?- Y no me cabe la menor duda de que al consumarlas, sea uno más en la lista del viaje hacia lo misterioso. De cualquier forma, desearía que se demuelan las barreras para expresar lo que a uno se le antoje, con la completa libertad de manifestar, sin tapujos, lo descubierto e investigado.
Se podría decir que estamos atrapados en el presente, el pasado quedó atrás y el futuro está por venir, o dicho de otra manera, el presente lo estamos viviendo, el pasado ya lo vivimos y el futuro lo viviremos. Sin embargo, quién no ha anhelado volver al pasado para impedir cometer algunas metidas de pata o adelantarse al futuro para enterarse de su destino; estaría bueno preguntárselo a una persona de mediana edad, la mayoría te respondería que sí, porque hay una mínima cantidad de seres humanos que viven en total satisfacción e imperturbabilidad con su hoy; puntualmente, no pertenezco a esa minoría. Acabo de recordar que me siento en la obligación –puede porque pretendo algo sencillo y nada más- de dar referencia acerca de mi edad: 24 años. Tal y como ven, soy aún joven, uno, por cierto, apasionado por lo extraordinario, que busca explorar dentro y fuera de ese fantástico órgano al que llamamos cerebro. Ojalá me hayan entendido. Qué cosas digo. Es obvio que comprendieron, ya que bastantes compartirán mis formas de pasar el rato, o mejor dicho, mis formas de pasar el tiempo: aquí, ahora y desde siempre. No me sorprendería que algunos varios me tachen de loco, no los culpo, y sé muy bien porqué (¿por lo descabellado que piensan?).
Atisbo que en todo este entramado, la Ciencia Ficción ha ascendido el inicio de los peldaños… qué “loco” no se muere por ella.
Una trilogía de películas de Ciencia Ficción de la década de los 80 que sigue divirtiendo a muchos –me incluyo-, es la colección de Back to the Future, subtitulada con el nombre de Volver al Futuro. ¡Excelente imaginación la de Steven Spielberg! En los films de este cineasta, Marty McFly y su amigo, el científico excéntrico, los protagonistas principales, viajan en el tiempo en un Delorean, una insólita máquina del tiempo, en tres ocasiones atravesando una serie de inverosímiles aventuras no aptas para cardíacos. En la primera, Marty viaja treinta años al pasado y conoce a sus padres en su etapa de adolescentes. Una de las escenas graciosas es cuando pesca a su padre espiando a su madre mientras ésta se mudaba de ropa, pero la situación se torna crítica al salvarlo de ser arrollado por un vehículo, quedándose herido y llevado al domicilio de su madre, en donde ella se enamora de él, envés que lo haga de su padre, y que, por supuesto, hace peligrar su existencia si no soluciona el problema cuanto antes. En las siguientes dos películas suceden situaciones similares o peores, pero daré paso a las paradojas después.
Otro conjunto de taquilleras películas que involucra viajes en el tiempo, es la de Terminator, protagonizada por el nervudo actor Arnold Schwarzenegger, el que encarna a un cyborg asesino del futuro, con la misión, en el primer film, de exterminar a la guerrera Sarah Connor, antes de que procree a su hijo John en 1984, el que sería el salvador de la humanidad del dominio de las máquinas. En la segunda entrega, el robot con apariencia humana es ahora enviado a proteger a John de otra máquina aniquiladora; algo semejante ocurre en la tercera, desencadenando en un final inesperado. Y creo que ya no tarda en estrenarse la cuarta. Viendo estas películas, posiblemente se preguntarán qué sería del destino si no depende de nosotros forjarlo, sino de las decisiones u órdenes de extraños.
Estas producciones cinematográficas, tanto como muchas otras, -sólo por nombrar, The Time Machine (basada en el libro de H.G. Wells), 12 Monkeys (protagonizada por Brad Pit), Star Trek (IV: Voyage Home y First Contact), The Navigator (de Vincent War), Freejack, Time Cop- y algunas series de televisión como The Tunnel y Quantum Leap, hicieron volar la imaginación de millones de personas alrededor del mundo. Pero quizás lo que más causó revuelo, y que no dejaron de prender el foco de ciertos científicos, han sido los libros de una legión de escritores visionarios desde el nacimiento del género Sci-Fi, destacando entre ellos, la saga de los Caballos de Troya, del periodista español J.J. Benítez. Si todavía no leíste estas maravillosas historias, pues te invito a que lo hagas, y considerando que sería mejor que lo descubrieras por ti mismo de que trata, evitaré de contarles el argumento, no obstante –recalcando que me refiero evidentemente a los que desconocen-, les daré una pista: Jordán. ¡Descúbranlo y enfrásquense en estas aventuras!
Ahora sí, antes de pasar a la ciencia y la aplicación “real” –que tal vez hayan aguardado desde el comienzo-, me reseñaré a las paradojas que tanta intriga, e incluso, pánico nos traen. Una de las más conocidas de dilatación del tiempo, es la Paradoja de los Gemelos: Uno de ellos viaja durante 5 años en una nave a velocidades cercanas a la de la luz (300,000 km/seg) y cuando vuelve a casa, encuentra a su hermano anciano; esto explica, que mientras más veloz te muevas, más lento sentirás que transcurre el tiempo, teoría altamente comprobada (viaje al futuro). Otra paradoja, es la de la abuela: Alguien de nosotros va al pasado y, por accidente, mata a su abuela, ¿qué acaecería entonces? Ese individuo jamás hubiera podido nacer y, ¿cómo retrocedió en el tiempo si ya no existiera? Esto surge porque los estados actuales del planeta están determinados por sus estados anteriores, de modo que cambiar uno de tales estados propagará sin control efectos hacia los estados actuales, por lo que el “cronoviajero” debería conformarse solamente con ser parte de esa época, sin hacer intentos de cambiarlos.
La Paradoja de la Abuela es únicamente una muestra de un vinculado de problemas asociados a viajar en el tiempo, no sólo al pasado. Pensemos que te adelantas al futuro y te toparas con un grupo de científicos que descubrieron la vacuna para la cura del SIDA, luego regresas al presente y entregas la información a los médicos de hoy, que al final logran el desarrollo de la vacuna. La cuestión planteada es: La información para dicho descubrimiento, ¿de dónde provino? De ti, no, que simplemente la encontraste en tu viaje, ni de los quienes hallaste en el futuro. Al parecer, no procedió de ninguna parte… Una viejecita –en Pide al Tiempo que Vuelva- le entrega un misterioso reloj a un joven en 1979. Él, averiguando que fue una famosa actriz en 1912, viaja a ese tiempo, se enamoran y el tipo le da el mismo reloj. ¿De dónde rayos salió el reloj? ¿Quién lo hizo?… Pero esperen ver a continuación, la siguiente y última paradoja les hará jalarse de los pelos.
En un cuento de Ciencia Ficción de Robert Heinlein, una recién nacida, Jane, en 1945 es abandonada en un orfanato. Dieciocho años después, en 1963, se enamora de un vagabundo y queda embarazada de él, que no demoraría en abandonarla. Tras un complicado parto, los doctores se dan cuenta que Jane tiene ambos sexos (hermafrodita) y se ven forzados, para salvarle la vida, convertirla en hombre. Raptan a su bebé y se vuelve alcohólica, cayendo en el vagabundeo. En 1970 conoce a un anciano amable en un bar, al que relata la miseria de su vida. El viejo le brinda la posibilidad de retroceder en el tiempo para cobrar venganza del vagabundo que la dejó. Jane retorna a 1963 y tiene una relación con una joven huérfana, que luego la deja encinta. El anciano, que también había ido al pasado, viaja al futuro nueve meses, rapta a la niñita y en 1945 la deposita en un orfanato. Lleva a Jane a 1985 y con los años madura, dedicándose a viajar en el tiempo. A edad avanzada, Jane conoce en un bar de 1970 a un vagabundo… Date un minuto de leerlo de nuevo y me dices el número de personas que hay en el cuento. ¡Escalofriante!
Cediendo el paso a la ciencia, de acuerdo a la Teoría Especial de la Relatividad, concebida por el más conocido físico de la historia, Albert Einstein, en 1905, el espacio y el tiempo no son entidades separadas, sino dos aspectos de la misma cosa, y expone que el tiempo va fluyendo de una forma distinta según la velocidad con la que uno se mueve en el espacio. Por lo tanto, los intervalos de tiempo medidos por un reloj, dependen del estado de movimiento, este efecto es denominado “dilatación del tiempo”, teniendo como ejemplo la Paradoja de los Gemelos.
Ronal Mallett, de la Universidad de Connecticut, ha basado su propuesta de máquina del tiempo en la “popular” ecuación de Einstein (E=mc²) que funda la equivalencia entre la masa y la energía. Para hacer una curvatura del tiempo, envés de objetos masivos, su dispositivo usa energía luminosa, como rayos láser. Mallett diseñó un experimento para establecer la existencia de los lazos temporales en el cual, a través de una colocación de espejos e instrumentos de óptica, se genera un haz circulante de luz, cuya energía deberá de curvar el espacio en derredor, afectando igualmente al tiempo, de modo que se dilataría en los alrededores del haz luminoso, observando partículas inestables con un reloj interno: se descomponen en un tiempo de vida brevísimo, dilatado por la curvatura del espacio-tiempo, que no se viera en regiones alejadas del haz. Las dilataciones del tiempo medio de vida constituyen que las partículas avanzaron hacia el futuro por un lazo temporal.
Quién no ha oído hablar del CERN, el gigantesco laboratorio europeo de física de partículas, en Ginebra (Suiza), y de su proyecto del acelerador de partículas, LHC. Intuyo que Dan Brown, autor del Código DaVinci, lo ha hecho más famoso. Sobre este gran colisionador de hadrones –creador de microscópicos “agujeros de gusano” que permitirían viajar en el tiempo-, en estas fechas, han surgido voces que advierten acerca del peligro de una catástrofe de magnitudes siderales, a raíz de la creación de agujeros negros. Al principio aquello fue desestimado por los mismos científicos, pero cuando lo volvieron a examinar, los resultados pusieron a más de uno la piel de gallina. Personalmente, a pesar de los montones de informes divulgados y no temiendo refutaciones, dudo que el fin del mundo se dé por la explosión de una “máquina del tiempo”, ¿el Fin de los Tiempos por una máquina del tiempo? Esto es una realidad que debemos esperar a que se concrete para bien, ya que la esperanza yace en auxilio de nuestros sentidos y en la conciencia de nuestros actos. Ante todo esto, no niego que la ciencia sea un peligro, pero pensemos que desde la creación del universo ha habido infinidad de riesgos.
Algunos, de antemano, sabrán que los viajes al futuro son más realizables que los de al pasado. Según el doctor Brian Cox del CERN, no es probable, pero sí posible. Tras esta aseveración, tal vez ya exista una máquina del tiempo capaz de trasladar a seres humanos sin ninguna alteración en la estructura atómica y muchos se habrán tragado el supuesto cuento que aún está en proceso de construcción, de casi inicio y a punto de fracasar. Puede que en el interior de un laboratorio oculto, en algún lugar de la Tierra, haya científicos y gente osada que constantemente manipularán esta grandiosa máquina. Ya se habrán hecho muchísimas exploraciones al pasado y al futuro que se mantienen en absoluto secreto. Sin embargo, hagamos el caso que recién dentro de unas décadas o siglos se podrá viajar en el tiempo, ¿dónde está la gente del futuro? No pocos se lo han preguntado. Yo diría que se esconden muy bien, debido a que se les prohibirá no manifestarse para conservar intacto nuestro presente y no afectar el orden de los acontecimientos, haciéndoles antes un exhaustivo examen para llegar a tener aptitudes y actitudes de “cronoviajero”. Otra razón por la que quizás no hayamos coincidido con esas personas, es porque estarán atrapados en universos paralelos sin opción de regresar a su hoy. Puede que estemos ciegos y no nos fijemos que estamos rodeados de ellos. Pero todo son meras suposiciones, nada es seguro. No lo afirmo ni lo niego.
¡Vaya que por fin me llegó la hora! Viajes en el Tiempo; a decir verdad, es algo que siempre me atrajo [¿…será posible?], como de seguro a muchos, quizá gente como usted, estimado lector, suponiendo que su vista, aparte de las ideas y creencias que albergan en lo profundo de su mente, siga corriendo en la lectura de estas líneas que, debo confesarlo, me están dando demasiado trabajo escribirlas, pese a que recién estoy subiendo abordo de este ajetreado dilema -¿o inestable máquina?- Y no me cabe la menor duda de que al consumarlas, sea uno más en la lista del viaje hacia lo misterioso. De cualquier forma, desearía que se demuelan las barreras para expresar lo que a uno se le antoje, con la completa libertad de manifestar, sin tapujos, lo descubierto e investigado.
Se podría decir que estamos atrapados en el presente, el pasado quedó atrás y el futuro está por venir, o dicho de otra manera, el presente lo estamos viviendo, el pasado ya lo vivimos y el futuro lo viviremos. Sin embargo, quién no ha anhelado volver al pasado para impedir cometer algunas metidas de pata o adelantarse al futuro para enterarse de su destino; estaría bueno preguntárselo a una persona de mediana edad, la mayoría te respondería que sí, porque hay una mínima cantidad de seres humanos que viven en total satisfacción e imperturbabilidad con su hoy; puntualmente, no pertenezco a esa minoría. Acabo de recordar que me siento en la obligación –puede porque pretendo algo sencillo y nada más- de dar referencia acerca de mi edad: 24 años. Tal y como ven, soy aún joven, uno, por cierto, apasionado por lo extraordinario, que busca explorar dentro y fuera de ese fantástico órgano al que llamamos cerebro. Ojalá me hayan entendido. Qué cosas digo. Es obvio que comprendieron, ya que bastantes compartirán mis formas de pasar el rato, o mejor dicho, mis formas de pasar el tiempo: aquí, ahora y desde siempre. No me sorprendería que algunos varios me tachen de loco, no los culpo, y sé muy bien porqué (¿por lo descabellado que piensan?).
Atisbo que en todo este entramado, la Ciencia Ficción ha ascendido el inicio de los peldaños… qué “loco” no se muere por ella.
Una trilogía de películas de Ciencia Ficción de la década de los 80 que sigue divirtiendo a muchos –me incluyo-, es la colección de Back to the Future, subtitulada con el nombre de Volver al Futuro. ¡Excelente imaginación la de Steven Spielberg! En los films de este cineasta, Marty McFly y su amigo, el científico excéntrico, los protagonistas principales, viajan en el tiempo en un Delorean, una insólita máquina del tiempo, en tres ocasiones atravesando una serie de inverosímiles aventuras no aptas para cardíacos. En la primera, Marty viaja treinta años al pasado y conoce a sus padres en su etapa de adolescentes. Una de las escenas graciosas es cuando pesca a su padre espiando a su madre mientras ésta se mudaba de ropa, pero la situación se torna crítica al salvarlo de ser arrollado por un vehículo, quedándose herido y llevado al domicilio de su madre, en donde ella se enamora de él, envés que lo haga de su padre, y que, por supuesto, hace peligrar su existencia si no soluciona el problema cuanto antes. En las siguientes dos películas suceden situaciones similares o peores, pero daré paso a las paradojas después.
Otro conjunto de taquilleras películas que involucra viajes en el tiempo, es la de Terminator, protagonizada por el nervudo actor Arnold Schwarzenegger, el que encarna a un cyborg asesino del futuro, con la misión, en el primer film, de exterminar a la guerrera Sarah Connor, antes de que procree a su hijo John en 1984, el que sería el salvador de la humanidad del dominio de las máquinas. En la segunda entrega, el robot con apariencia humana es ahora enviado a proteger a John de otra máquina aniquiladora; algo semejante ocurre en la tercera, desencadenando en un final inesperado. Y creo que ya no tarda en estrenarse la cuarta. Viendo estas películas, posiblemente se preguntarán qué sería del destino si no depende de nosotros forjarlo, sino de las decisiones u órdenes de extraños.
Estas producciones cinematográficas, tanto como muchas otras, -sólo por nombrar, The Time Machine (basada en el libro de H.G. Wells), 12 Monkeys (protagonizada por Brad Pit), Star Trek (IV: Voyage Home y First Contact), The Navigator (de Vincent War), Freejack, Time Cop- y algunas series de televisión como The Tunnel y Quantum Leap, hicieron volar la imaginación de millones de personas alrededor del mundo. Pero quizás lo que más causó revuelo, y que no dejaron de prender el foco de ciertos científicos, han sido los libros de una legión de escritores visionarios desde el nacimiento del género Sci-Fi, destacando entre ellos, la saga de los Caballos de Troya, del periodista español J.J. Benítez. Si todavía no leíste estas maravillosas historias, pues te invito a que lo hagas, y considerando que sería mejor que lo descubrieras por ti mismo de que trata, evitaré de contarles el argumento, no obstante –recalcando que me refiero evidentemente a los que desconocen-, les daré una pista: Jordán. ¡Descúbranlo y enfrásquense en estas aventuras!
Ahora sí, antes de pasar a la ciencia y la aplicación “real” –que tal vez hayan aguardado desde el comienzo-, me reseñaré a las paradojas que tanta intriga, e incluso, pánico nos traen. Una de las más conocidas de dilatación del tiempo, es la Paradoja de los Gemelos: Uno de ellos viaja durante 5 años en una nave a velocidades cercanas a la de la luz (300,000 km/seg) y cuando vuelve a casa, encuentra a su hermano anciano; esto explica, que mientras más veloz te muevas, más lento sentirás que transcurre el tiempo, teoría altamente comprobada (viaje al futuro). Otra paradoja, es la de la abuela: Alguien de nosotros va al pasado y, por accidente, mata a su abuela, ¿qué acaecería entonces? Ese individuo jamás hubiera podido nacer y, ¿cómo retrocedió en el tiempo si ya no existiera? Esto surge porque los estados actuales del planeta están determinados por sus estados anteriores, de modo que cambiar uno de tales estados propagará sin control efectos hacia los estados actuales, por lo que el “cronoviajero” debería conformarse solamente con ser parte de esa época, sin hacer intentos de cambiarlos.
La Paradoja de la Abuela es únicamente una muestra de un vinculado de problemas asociados a viajar en el tiempo, no sólo al pasado. Pensemos que te adelantas al futuro y te toparas con un grupo de científicos que descubrieron la vacuna para la cura del SIDA, luego regresas al presente y entregas la información a los médicos de hoy, que al final logran el desarrollo de la vacuna. La cuestión planteada es: La información para dicho descubrimiento, ¿de dónde provino? De ti, no, que simplemente la encontraste en tu viaje, ni de los quienes hallaste en el futuro. Al parecer, no procedió de ninguna parte… Una viejecita –en Pide al Tiempo que Vuelva- le entrega un misterioso reloj a un joven en 1979. Él, averiguando que fue una famosa actriz en 1912, viaja a ese tiempo, se enamoran y el tipo le da el mismo reloj. ¿De dónde rayos salió el reloj? ¿Quién lo hizo?… Pero esperen ver a continuación, la siguiente y última paradoja les hará jalarse de los pelos.
En un cuento de Ciencia Ficción de Robert Heinlein, una recién nacida, Jane, en 1945 es abandonada en un orfanato. Dieciocho años después, en 1963, se enamora de un vagabundo y queda embarazada de él, que no demoraría en abandonarla. Tras un complicado parto, los doctores se dan cuenta que Jane tiene ambos sexos (hermafrodita) y se ven forzados, para salvarle la vida, convertirla en hombre. Raptan a su bebé y se vuelve alcohólica, cayendo en el vagabundeo. En 1970 conoce a un anciano amable en un bar, al que relata la miseria de su vida. El viejo le brinda la posibilidad de retroceder en el tiempo para cobrar venganza del vagabundo que la dejó. Jane retorna a 1963 y tiene una relación con una joven huérfana, que luego la deja encinta. El anciano, que también había ido al pasado, viaja al futuro nueve meses, rapta a la niñita y en 1945 la deposita en un orfanato. Lleva a Jane a 1985 y con los años madura, dedicándose a viajar en el tiempo. A edad avanzada, Jane conoce en un bar de 1970 a un vagabundo… Date un minuto de leerlo de nuevo y me dices el número de personas que hay en el cuento. ¡Escalofriante!
Cediendo el paso a la ciencia, de acuerdo a la Teoría Especial de la Relatividad, concebida por el más conocido físico de la historia, Albert Einstein, en 1905, el espacio y el tiempo no son entidades separadas, sino dos aspectos de la misma cosa, y expone que el tiempo va fluyendo de una forma distinta según la velocidad con la que uno se mueve en el espacio. Por lo tanto, los intervalos de tiempo medidos por un reloj, dependen del estado de movimiento, este efecto es denominado “dilatación del tiempo”, teniendo como ejemplo la Paradoja de los Gemelos.
Ronal Mallett, de la Universidad de Connecticut, ha basado su propuesta de máquina del tiempo en la “popular” ecuación de Einstein (E=mc²) que funda la equivalencia entre la masa y la energía. Para hacer una curvatura del tiempo, envés de objetos masivos, su dispositivo usa energía luminosa, como rayos láser. Mallett diseñó un experimento para establecer la existencia de los lazos temporales en el cual, a través de una colocación de espejos e instrumentos de óptica, se genera un haz circulante de luz, cuya energía deberá de curvar el espacio en derredor, afectando igualmente al tiempo, de modo que se dilataría en los alrededores del haz luminoso, observando partículas inestables con un reloj interno: se descomponen en un tiempo de vida brevísimo, dilatado por la curvatura del espacio-tiempo, que no se viera en regiones alejadas del haz. Las dilataciones del tiempo medio de vida constituyen que las partículas avanzaron hacia el futuro por un lazo temporal.
Quién no ha oído hablar del CERN, el gigantesco laboratorio europeo de física de partículas, en Ginebra (Suiza), y de su proyecto del acelerador de partículas, LHC. Intuyo que Dan Brown, autor del Código DaVinci, lo ha hecho más famoso. Sobre este gran colisionador de hadrones –creador de microscópicos “agujeros de gusano” que permitirían viajar en el tiempo-, en estas fechas, han surgido voces que advierten acerca del peligro de una catástrofe de magnitudes siderales, a raíz de la creación de agujeros negros. Al principio aquello fue desestimado por los mismos científicos, pero cuando lo volvieron a examinar, los resultados pusieron a más de uno la piel de gallina. Personalmente, a pesar de los montones de informes divulgados y no temiendo refutaciones, dudo que el fin del mundo se dé por la explosión de una “máquina del tiempo”, ¿el Fin de los Tiempos por una máquina del tiempo? Esto es una realidad que debemos esperar a que se concrete para bien, ya que la esperanza yace en auxilio de nuestros sentidos y en la conciencia de nuestros actos. Ante todo esto, no niego que la ciencia sea un peligro, pero pensemos que desde la creación del universo ha habido infinidad de riesgos.
Algunos, de antemano, sabrán que los viajes al futuro son más realizables que los de al pasado. Según el doctor Brian Cox del CERN, no es probable, pero sí posible. Tras esta aseveración, tal vez ya exista una máquina del tiempo capaz de trasladar a seres humanos sin ninguna alteración en la estructura atómica y muchos se habrán tragado el supuesto cuento que aún está en proceso de construcción, de casi inicio y a punto de fracasar. Puede que en el interior de un laboratorio oculto, en algún lugar de la Tierra, haya científicos y gente osada que constantemente manipularán esta grandiosa máquina. Ya se habrán hecho muchísimas exploraciones al pasado y al futuro que se mantienen en absoluto secreto. Sin embargo, hagamos el caso que recién dentro de unas décadas o siglos se podrá viajar en el tiempo, ¿dónde está la gente del futuro? No pocos se lo han preguntado. Yo diría que se esconden muy bien, debido a que se les prohibirá no manifestarse para conservar intacto nuestro presente y no afectar el orden de los acontecimientos, haciéndoles antes un exhaustivo examen para llegar a tener aptitudes y actitudes de “cronoviajero”. Otra razón por la que quizás no hayamos coincidido con esas personas, es porque estarán atrapados en universos paralelos sin opción de regresar a su hoy. Puede que estemos ciegos y no nos fijemos que estamos rodeados de ellos. Pero todo son meras suposiciones, nada es seguro. No lo afirmo ni lo niego.