Preso en mi ciudad
(Beilinson-Solari)
El título alude a que el rock está por esa época (los años 80s) como “aprisionado en su ciudad”. Hubo un súbito avance del pop sobre el rock a partir de la reinstauración de la democracia en nuestro país en el año 1983. El rock en nuestro país (como cultura, en todos sus géneros y variantes) era un poco el refugio (refugio cultural y espiritualmente hablando, se entiende) de todos contra la dictadura militar feroz e implacable que asolaba a la Argentina, el último bastión de libertad que había en nuestro país digamos...
De pronto viene la democracia en los 80s, y el rock, acostumbrado a "pelear", a resistir, se queda de golpe sin tener contra quién “pelear”. Para colmo de males, el gobierno de Alfonsín empieza con la costumbre de patrocinar "festivales de rock", o sea "oficializa" el rock (de manera hipócrita claro, para usarlo en su beneficio). Por eso el Indio escribe que el rock está "preso en mi ciudad, atrapado en libertad", se da cuenta de la trampa que el sistema le está tendiendo al rock: al oficializarlo, el sistema pretende quitarle su rebeldía, motor de todo.
Tan genialmente perceptivo es el Indio (¿tendrá el “Tercer Ojo” de Ouspensky?), que él se da cuenta de todo eso que se venía mucho antes de que pase efectivamente; no es que se dió cuenta de golpe y por eso escribió esta letra...
Si uno se pone a pensar, aquel dogma redondo de "solos y de noche" no era simplemente un capricho del Indio obedeciendo a una estrategia marketinera o a un impulso de superego o vedettismo como se lo quiere hacer aparecer en algunos ámbitos; al contrario, era su forma de defensa, era como decir "Los Redondos no vamos a entrar en lo que seguramente van a entrar dentro de poco todas las demás bandas, esa de asociarse y convivir con el orden sistémico que se viene).
Particularmente, creo que el Indio se dió cuenta de la situación que se venía en breve, en aquel famoso recital de Excursionistas en el 82, que fué la única excepción que el Indio hizo a la regla de "solos y de noche" y de la cual aún hoy se arrepiente ( cuando después Poli firma el contrato para actuar en el Miniestadio de Gimnasia y Esgrima La Plata, el Indio dice "no" y no transa, no va a cantar; y por eso ese día actúa Luca Prodan como cantante en Los Redondos).
Una vez le hice el amor a un
drácula con tacones:
era un "pop" violento que guió
el gran estilo siniestro.
Recurre a una figura metafórica: la de un “drácula con tacones”, porque asimila al pop con un vampiro que le “chupa la sangre” al rock, es decir, lo despoja en cierto modo de su esencia. Está calzado “con tacones” porque en ese momento el pop está “alto”, está en “la cima” (el orden sistémico lo puso ahí); y tiene un “estilo siniestro” porque su vida y su perdurabilidad se basan en el debilitamiento de la cultura rock, en su momentáneo “desconcierto”, en la caída de sus banderas e ideales.
Ahora ya no llora...
¡Preso en mi ciudad!
Casi ya no llora,
¡atrapado en libertad!.
El rock “ya no llora”, es decir, ha dejado de ser contestatario, rebelde, está desorientado e inerme frente a ese avance del pop que parece arrollador. En esas circunstancias coyunturales, está el rock “preso en su ciudad”; por eso, paradójicamente –aunque parezca un contrasentido- está “atrapado en libertad”.
Practicamos tiro al pichón
y un test para ir al espacio
con mi delicioso campeón
y el rock como todo llanto
El pop “practica tiro al pichón”, es decir se presenta como si fuera letal, mortal; pero en realidad no mata a nadie, es música “pour la gallerie” y nada más, solamente se limita a tirarle a un blanco (“tiro al pichón”); y la tremenda difusión que el orden sistémico le da, lo sitúa en la cúspide en la venta de discos, en audiencia en las radios, en la tele, en todo (“test para ir al espacio”, es decir, a lo más alto, allá “arriba”).
Frente a esa situación, sólo queda como contestario del sistema; el rock, el único que –aunque “adormecido”, como “atontado”, desorientado, medio “groggy”- sigue dándole “pelea” al orden sistémico; por más que tenga que convivir con el “ganador” supuesto (“mi delicioso campeón”): el pop
Ahora ya no llora...
¡Preso en mi ciudad!
Casi ya no llora,
¡atrapado en libertad!
Reitera esa estrofa ya interpretada
Fue un esclavo sensible y chillón
y fácil para el gatillo
atrapó un beso bienhechor
con ojos al rojo vivo.
Ahora ya no llora
(casi ya no llora...)
Durante muchísimo tiempo, en los años 60s, 70s y principios de los 80s; el rock en nuestro país tuvo que desenvolverse en un ámbito regido por dictaduras militares, eran años de tiranía. Durante esos años, el rock no fue un “esclavo pasivo” frente a esa situación de fuerza; sino un “esclavo sensible y chillón”, es decir, se opuso a ese orden tiránico y despótico imperante. Y a su modo –y con distintos matices y modalidades- algunos de sus cultores integraron o alentaron distintas corrientes guerrilleras combativas en los hechosmás allá de las palabras (“fácil para el gatillo”).
No obstante ello, al advenir –felizmente- la democracia, al rock en cierto modo le costó identificar al “nuevo orden sistémico” contra el cual debía luchar. En esa “batalla” la posta se la tomó el pop, que enseguida supo con quién debía identificarse en beneficio propio (“un beso bienhechor con ojos al rojo vivo” refiriéndose irónicamente a la erupción de la onda “reviente” acompañando al pop, con drogas nuevas; ya no era el pito de un porro o tomarse una pepa, como una experiencia no ordinaria de vida, no; era el darse con crack o éxtasis hasta quedar con los “ojos al rojo vivo”).
Entonces en ese contexto de cosas, “ahora” –es decir en los 80s ya con la democracia instalada- el rock “ya no llora”, ya no combate, ya no se queja, ya no se opone a un orden sistémico porque no acierta a identificarlo a ese orden sistémico. Pero es al mismo tiempo una estrofa que termina esperanzadora, porque trascartón a “ahora ya no llora” dice “(casi ya no llora)”; como diciendo “guarda, no es que ya no llora del todo, aún hay alguien que llora”, como dando a entender que aún en ese contexto desfavorable, no todo “está podrido en Dinamarca”, no todo está perdido para el rock; hay aún alguien que sí “llora”, que sigue luchando, como por ejemplo ellos, Los Redondos.
Por juank_quemero para los foros de http://mundoredondo1.com.ar/
(Beilinson-Solari)
El título alude a que el rock está por esa época (los años 80s) como “aprisionado en su ciudad”. Hubo un súbito avance del pop sobre el rock a partir de la reinstauración de la democracia en nuestro país en el año 1983. El rock en nuestro país (como cultura, en todos sus géneros y variantes) era un poco el refugio (refugio cultural y espiritualmente hablando, se entiende) de todos contra la dictadura militar feroz e implacable que asolaba a la Argentina, el último bastión de libertad que había en nuestro país digamos...
De pronto viene la democracia en los 80s, y el rock, acostumbrado a "pelear", a resistir, se queda de golpe sin tener contra quién “pelear”. Para colmo de males, el gobierno de Alfonsín empieza con la costumbre de patrocinar "festivales de rock", o sea "oficializa" el rock (de manera hipócrita claro, para usarlo en su beneficio). Por eso el Indio escribe que el rock está "preso en mi ciudad, atrapado en libertad", se da cuenta de la trampa que el sistema le está tendiendo al rock: al oficializarlo, el sistema pretende quitarle su rebeldía, motor de todo.
Tan genialmente perceptivo es el Indio (¿tendrá el “Tercer Ojo” de Ouspensky?), que él se da cuenta de todo eso que se venía mucho antes de que pase efectivamente; no es que se dió cuenta de golpe y por eso escribió esta letra...
Si uno se pone a pensar, aquel dogma redondo de "solos y de noche" no era simplemente un capricho del Indio obedeciendo a una estrategia marketinera o a un impulso de superego o vedettismo como se lo quiere hacer aparecer en algunos ámbitos; al contrario, era su forma de defensa, era como decir "Los Redondos no vamos a entrar en lo que seguramente van a entrar dentro de poco todas las demás bandas, esa de asociarse y convivir con el orden sistémico que se viene).
Particularmente, creo que el Indio se dió cuenta de la situación que se venía en breve, en aquel famoso recital de Excursionistas en el 82, que fué la única excepción que el Indio hizo a la regla de "solos y de noche" y de la cual aún hoy se arrepiente ( cuando después Poli firma el contrato para actuar en el Miniestadio de Gimnasia y Esgrima La Plata, el Indio dice "no" y no transa, no va a cantar; y por eso ese día actúa Luca Prodan como cantante en Los Redondos).
Una vez le hice el amor a un
drácula con tacones:
era un "pop" violento que guió
el gran estilo siniestro.
Recurre a una figura metafórica: la de un “drácula con tacones”, porque asimila al pop con un vampiro que le “chupa la sangre” al rock, es decir, lo despoja en cierto modo de su esencia. Está calzado “con tacones” porque en ese momento el pop está “alto”, está en “la cima” (el orden sistémico lo puso ahí); y tiene un “estilo siniestro” porque su vida y su perdurabilidad se basan en el debilitamiento de la cultura rock, en su momentáneo “desconcierto”, en la caída de sus banderas e ideales.
Ahora ya no llora...
¡Preso en mi ciudad!
Casi ya no llora,
¡atrapado en libertad!.
El rock “ya no llora”, es decir, ha dejado de ser contestatario, rebelde, está desorientado e inerme frente a ese avance del pop que parece arrollador. En esas circunstancias coyunturales, está el rock “preso en su ciudad”; por eso, paradójicamente –aunque parezca un contrasentido- está “atrapado en libertad”.
Practicamos tiro al pichón
y un test para ir al espacio
con mi delicioso campeón
y el rock como todo llanto
El pop “practica tiro al pichón”, es decir se presenta como si fuera letal, mortal; pero en realidad no mata a nadie, es música “pour la gallerie” y nada más, solamente se limita a tirarle a un blanco (“tiro al pichón”); y la tremenda difusión que el orden sistémico le da, lo sitúa en la cúspide en la venta de discos, en audiencia en las radios, en la tele, en todo (“test para ir al espacio”, es decir, a lo más alto, allá “arriba”).
Frente a esa situación, sólo queda como contestario del sistema; el rock, el único que –aunque “adormecido”, como “atontado”, desorientado, medio “groggy”- sigue dándole “pelea” al orden sistémico; por más que tenga que convivir con el “ganador” supuesto (“mi delicioso campeón”): el pop
Ahora ya no llora...
¡Preso en mi ciudad!
Casi ya no llora,
¡atrapado en libertad!
Reitera esa estrofa ya interpretada
Fue un esclavo sensible y chillón
y fácil para el gatillo
atrapó un beso bienhechor
con ojos al rojo vivo.
Ahora ya no llora
(casi ya no llora...)
Durante muchísimo tiempo, en los años 60s, 70s y principios de los 80s; el rock en nuestro país tuvo que desenvolverse en un ámbito regido por dictaduras militares, eran años de tiranía. Durante esos años, el rock no fue un “esclavo pasivo” frente a esa situación de fuerza; sino un “esclavo sensible y chillón”, es decir, se opuso a ese orden tiránico y despótico imperante. Y a su modo –y con distintos matices y modalidades- algunos de sus cultores integraron o alentaron distintas corrientes guerrilleras combativas en los hechosmás allá de las palabras (“fácil para el gatillo”).
No obstante ello, al advenir –felizmente- la democracia, al rock en cierto modo le costó identificar al “nuevo orden sistémico” contra el cual debía luchar. En esa “batalla” la posta se la tomó el pop, que enseguida supo con quién debía identificarse en beneficio propio (“un beso bienhechor con ojos al rojo vivo” refiriéndose irónicamente a la erupción de la onda “reviente” acompañando al pop, con drogas nuevas; ya no era el pito de un porro o tomarse una pepa, como una experiencia no ordinaria de vida, no; era el darse con crack o éxtasis hasta quedar con los “ojos al rojo vivo”).
Entonces en ese contexto de cosas, “ahora” –es decir en los 80s ya con la democracia instalada- el rock “ya no llora”, ya no combate, ya no se queja, ya no se opone a un orden sistémico porque no acierta a identificarlo a ese orden sistémico. Pero es al mismo tiempo una estrofa que termina esperanzadora, porque trascartón a “ahora ya no llora” dice “(casi ya no llora)”; como diciendo “guarda, no es que ya no llora del todo, aún hay alguien que llora”, como dando a entender que aún en ese contexto desfavorable, no todo “está podrido en Dinamarca”, no todo está perdido para el rock; hay aún alguien que sí “llora”, que sigue luchando, como por ejemplo ellos, Los Redondos.
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