Segunda parte del post de los grandes enigmas de la humanidad. Iré posteándolos por partes ya que son muchos y son algo extensos por lo que un solo post de muchos enigmas seria muy incomodo de leer y hacer. En esta ocasión serán nuevamente 5 enigmas que elegí al azar y en poco tiempo posteare la tercera parte. Espero que lo disfruten taringueros amantes de lo enigmático.
Taringueros, a mi personalmente no me gustan los posts donde las imágenes no aparecen y en su lugar esta esa fea X roja, así que cuando vean eso en mis posts no duden en escribirme un MP diciéndome donde esta la susodicha X para hacer la corrección necesaria o simplemente haciéndome cualquier sugerencia, algunas imágenes corresponden a antiguos grabados o pinturas que merecen ser vistos.
En este post veremos:
*La monja negra de Moret
*Las combustiones espontaneas
*La bestia de Gevaudan
*Las diez tribus perdidas
*La fortuna mas grande del mundo
La monja negra de Moret
Una monja negra ordenada con gran fasto
En el otoño del año 1695, toda la corte asiste a una extraña ceremonia: una joven negra
pronuncia sus votos e ingresa al convento de las benedictinas de Moret. Luis XIV le hace
entrega de una generosa pensión. ¿A qué se debe tanta consideración? ¿Será ella de sangre
real?
Hija del rey Felipe IV de España, María Teresa de Austria se casa con Luis XIV en 1660, la
infanta se sabe predestinada a un matrimonio real. En su primer encuentro, se enamora
profundamente de su futuro marido. Luis XIV, por su parte, sigile el consejo del sutil
Mazarino; desposa a la alianza con España al mismo tiempo que una madre para sus futuros
hijos. Madame de Motteville cuenta que, al salir de su primera entrevista con la que sería su
esposa, el rey declaró “al señor príncipe de Conti y al señor de Turenne que, en un principio,
la fealdad del peinado y del vestido de la infanta lo habían sorprendido, pero que al mirarla
con más atención había visto que poseía mucha belleza y entendió que le sería fácil amarla”.
Dicho de otra manera, el rey se resigna frente a esta niña gordita y con los dientes dañados
a la que sabe que tendrá que desposar.
Testimonios sobre la mora
En sus Memorias, Mademoiselle de Montpensier relata el difícil parto de la reina
y describe al recién nacido:
“Monsieur me contó lo difícil de la enfermedad de la reina, de toda la gente que
había cuando se trajo a Nuestro Señor, de cómo su primer capellán se había
desmayado de aflicción y el príncipe había reído y toda la gente junto con él de
la cara que puso la reina cuando vio que la hija que había dado a luz se parecía a un pequeño moro que el señor de Beaufort había traído, que era muy bonito
y que siempre estaba con la reina, y cuando se dieron cuenta que su hijo se le
podía parecer se lo llevaron, pero ya era demasiado tarde, que la niñita era
horrible, que no viviría y que no se lo dijera a la reina porque se moriría por
ello.” Voltaire, quien fue a ver a la mora al convento de Moret, privilegia la
tesis de una hija bastarda del rey. Escribe en su Siglo de Luis XIV: Ella era muy
morena y por lo demás se parecía a él. El rey le regaló veinte mil escudos de
dote al ponerla en un convento. La opinión que tenía de su nacimiento era
motivo de orgullo para ella, orgullo que molestaba a sus superioras. En un
viaje a Fontainebleau, Madame de Maintenon fue al convento de Moret y quiso
inspirar más modestia a la religiosa. Ella hizo lo que pudo para sacarle esa idea
que alimentaba su orgullo. Señora -le dijo la religiosa-, la molestia que se toma
una dama de su rango en venir a decirme que no soy la hija del rey, sólo me lo
confirma.
La reina abandonada
Durante los primeros meses del matrimonio, Luis XIV demuestra ser un marido atento. Pero
rápidamente su gusto por las mujeres bonitas comienza a pesar más, El no es hombre de
pasiones clandestinas toda la corte está al corriente de cada una de sus ruidosas relaciones.
Pero Maria Teresa quiere sinceramente al rey y sufre. "A veces perecía que su corazón
estallaba de tanta agitación, demostrando con esta emoción, que su corazón estaba
contento sólo cuando estaba junto al del hombre del que se quejaba”, cuenta la misma
Madame de Motteville. La reina llora frecuentemente, se siente abandonada y humillada.
Tiene algunas damas de honor para acompañarla, aun así permanece malhumorada y no le
gustan las intrigas de la corte. Un día, el turbulento duque de Beaufort, convertido en
almirante, trae consigo de uno de sus viajes un joven esclavo negro, un negrillo, como se
decía entonces, que ofrece a la reina para su distracción. El niño, bautizado como Nabo, se
revela impetuoso y de mente despierta. Seduce rápidamente y divierte el círculo íntimo de la
reina. Nace una moda, ya que se observa que los pintores representan negritos en el
decorado de sus grandes retratos. Pero un día de 1664, durante el embarazo de la reina,
llega la noticia que Nabo ha muerto súbitamente.
Luisa Maria Teresa, pintura anónima (Paris, Biblioteca de Santa Genoveva). ¿Era la
religiosa negra hija de la reina María Teresa?
Un recién nacido inesperado
La reina tiene un embarazo difícil, parece inquieta y está frecuentemente enferma. La
mañana del 16 de noviembre del año 1664, siente los primeros dolores. El parto es largo y
difícil, se teme por la vida de la madre como por la del hijo. Después de varias horas, María
Teresa da a luz; es una pequeña niña negra. Ella da a luz a una pequeña niña mora (o sea,
negra), de lo que cree morir, dice Madame de Motteville.
La emoción es grande y la medicina del siglo XVII intenta encontrar explicaciones; el color
de la piel proviene de lo que comió la reina durante su embarazo, del clima demasiado frío o
demasiado caluroso y que a la niña le faltó aire durante el parto... No es fácil engañar a la
gente, pues nadie se ha olvidado de Nabo. Se dice que la niña es frágil de salud y cuarenta y
ocho días más tarde, un 26 de diciembre, muere.
Patín, médico y decano de la facultad, señala en su correspondencia: “la pequeña señora
tuvo convulsiones y murió esta mañana, ella era débil y delicada, jamás tuvo salud”. Este
hecho es recogido por varios cronistas: sin embargo, no se han encontrado relatos de
testigos directos de la muerte de la niña.
La religiosa de Moret
Treinta años más tarde, en 1695 (María Teresa murió en 1683), Madame de Maintenon
presenta al convento de las benedictinas de Moret a una joven mujer negra -una mora- para
que pronuncie sus votos solemnes y tome el hábito. Todo la corte está convidada a la
ceremonia, y el 15 de octubre el rey concede a la mora una pensión de 300 libras. Estas
disposiciones parecen en sí excepcionales, pero la atención que la familia real presta a esta
religiosa no hace más que acrecentar la sorpresa. Madame de Maintenon, antigua
gobernanta de los bastardos reales y desde ahora esposa secreta de Luis, va
frecuentemente a Moret para visitar a la mora. El Gran Delfín Luis, hijo del rey, y sus hijos
Luis y Felipe, también la visitan. ¿Quién es esta joven mujer que suscita tanta atención? Ella
no parece tener ninguna duda sobre su identidad. Saint-Simon cuenta que “le oyó decir
descuidadamente una vez, al oír que Monseñor (el Gran Delfín) cazaba en el bosque: es mi
hermano quien está cazando”.
Seria entonces la hermana, o media hermana, del Gran Delfín. Manifiestamente ella no
puede ser hija del rey y de la reina, pues ¿por qué milagro sería ella negra? Pero podría ser
hija de Luis XIV y de una mora. La hipótesis seduce al escritor Voltaire, el mismo que ideó
que la Máscara de Hierro fuese el hermano gemelo del rey. Sin embargo, esto es difícil de
imaginar. Las amantes de Luis XIV son conocidas, sus hijos registrados y las mujeres negras
escasean en la Francia del siglo XVII. Entonces la mora puede ser hija de María Teresa. En
ese caso, cómo olvidar a la niña nacida en 1664 y al negrito que creció rápidamente y que
tanto gustaba a la reina...
Las extravagancias de Luis XIV
Desde su adolescencia, el joven Luis no esconde su atracción por las mujeres.
Sus comienzos amorosos son más propios de un bulímico que de un gourmet,
según explica la princesa palatina: “Todo lo que fuese mujer estaba bien para
él, las campesinas, las hijas de jardinero, las sirvientas, las damas de calidad;
ellas sólo tenían que hacerse las enamoradas”.
De 1661 a 1683, sus conquistas ya no se contabilizan. Entre las más célebres
se puede destacar el nombre de Madame (Enriqueta Ana de Inglaterra, que
recién habia desposado al hermano del rey), también Mademoiselle de la
Valière, joven dama de compañía de Madame. El rey concibe ocho hijos con su
principal amante, Madame de Montespan, quien cayó finalmente en desgracia
por haber comprado afrodisíacos para usarlos con el rey y porque su nombre
apareció implicado en el caso de los venenos. Finalmente se enamora de la
viuda que crió a sus hijos ilegítimos: Madame de Maintenon. Es el crepúsculo
de su vida amorosa. Luis XIV, envejecido, aspira por fin a la calma. Madame de
Maintenon se hace desposar y rodea al rey de un ambiente devoto.
Las combustiones espontáneas
Cuando cae el fuego del cielo
Siempre se han contado historias sobre hombres y mujeres alcanzados brutalmente por un
"fuego” invisible que los reduce a cenizas mientras todo lo que los rodea queda intacto.
Los casos de combustiones espontáneas de seres humanos son numerosos en todos los
países. La mayoría de ellos ha causado la muerte de sus víctimas, por lo que la policía los ha
investigado. Por esta razón, existen numerosos documentos fotográficos sobre los sucesos
más recientes, así como excelentes informes de los expertos, aunque ninguno proporciona
una explicación de los hechos, de todos estos ataques del "fuego del cielo" como lo llamaban
los antiguos, el más espectacular es, sin duda, el que padeció una norteamericana de 67
años, la señora Maria Reeser.
Una linda tarde para morir
En ese atardecer del 1 de julio de 1951, el tiempo está muy bueno en Florida y en el puerto
de San Petersburgo donde vive la señora Reeser, aun cuando se siente que se aproxima una
tormenta subtropical. Hacia las nueve de la noche la señora Carpenter, propietaria de la
casa en la que vive la señora Reeser, pasa a saludarla y encuentra a la anciana señora en
bata, sentada en un sillón y fumando un cigarrillo. Ella es la última persona que la vio con
vida.
A las ocho de la mañana siguiente, la señora Carpenter, quien había sentido olor a quemado
cerca de las cinco, descubre que la manilla de la puerta del departamento de la señora
Reeser está tan caliente que quema.
Pide ayuda a dos obreros y, cuando logran abrirla con un trapo, un viento caliente escapa
del interior. En el departamento vacío, en medio de un círculo ennegrecido de cerca de un
metro veinte de diámetro, quedan algunos resortes del sillón, las cenizas de un velador y las
partes metálicas de una lámpara y lo que resta de la arrendataria: un hígado carbonizado
unido a un ligamento de columna vertebral, un cráneo encogido al tamaño de una pelota de
béisbol, un pie calzado con una pantufla de raso negro, quemado hasta el tobillo, y un
montoncito de cenizas ennegrecidas. Nunca una combustión espontánea había sido tan
completa ni tan impresionante.
Combustiones literarias
El tema de la combustión espontánea ha sido abordado pocas veces en la literatura. A pesar de todo, existen por lo menos nueve obras que entre los siglos XVIII y XIX, trataron al menos brevemente este fenómeno. Cuatro son los autores norteamericanos: Wieland , la famosa novela gótica de Carlos Bockden Brown, escrita en 1798, la Historia de Knickerbocker de Nueva York , de Washington Irving (1809), Redburn de Herman Melville (1849), y Por el río , de Mark Twain (1883). Tres fueron obras de escritores ingleses: Jacob Faithful, de Federico Marryat (1833), La casa Bleak , de Charles Dickens (1853) y Confesiones de un comedor de opio (1821 y retomada en 1856), de Tomás De Quincey. Finalmente, dos fueron escritas por franceses: El primo Pons , de Honorato de Balzac (1847 y El Doctor Pascal , de Emilio Zolá (1893). Estos autores no hablan explícitamente de combustiones espontáneas, sino que ligan a menudo este fenómeno con una absorción inmoderada de alcohol y moralizan sobre ello. Las dos mejores descripciones, una de Dickens y otra de Marryat, profundamente inspiradas en un articulo aparecido en el Times en 1832 emplean el término apropiado. Todas dan testimonio del interés que han provocado desde hace mucho tiempo en la opinión pública estos extraños "braseros humanos".
Autopsia de un siniestro
El calor, extrañamente selectivo, deformó la instalación eléctrica, fundió las velas sin afectar las mechas, un vaso plástico pero no las escobillas de dientes que estaban muy cerca en el baño y trizó los espejos colgados en los muros. La superficie de los espejos estaba cubierta de un hollín grasoso por debajo de una línea situada a un metro veinte del suelo. Por encima de este límite, el departamento estaba intacto, con excepción de la víctima, su sillón, el velador y la lámpara. Así, el muro detrás del sillón y un montón de diarios viejos que estaban a 20 centímetros del círculo ennegrecido no fueron tocados. Parecería como si la explosión de calor se produjo en un espacio restringido de un metro veinte de diámetro y el pie que quedó indemne en su pantufla estaba fuera de este círculo fatal.
La destrucción casi total del cuerpo de la señora Reeser, es típico de los casos de combustión espontánea, lo mismo que la ausencia de gritos por parte de la víctima o de olor a carne quemada. Lo que es menos común es la inexplicable reducción de su cráneo.
Una investigación que se estanca
La investigación que siguió a los hechos reunió a expertos del FBI, a médicos, a especialistas en incendios criminales e incluso a meteorólogos. Los fabricantes del sillón fueron citados para que trataran de probar que éste no pudo incendiarse por si mismo o explotar. Todo para llegar a ninguna conclusión y terminar con un informe policíaco poco probatorio de que la señora Reeser se quedó dormida con un cigarrillo en la mano, prendiendo fuego a su vestimenta. El fuego se habría propagado enseguida al sillón, el que produjo el calor que destruyó el cuerpo, el velador y la lámpara.
Estas conclusiones fueron contradichas por los hechos. En efecto, para poder reducir los huesos a cenizas, se habría necesitado una temperatura de, por lo menos, 1.650 grados, la que el simple incendio de un sillón o de la ropa sería incapaz de producir. Por otra parte, una temperatura como ésa habría provocado el incendio de la casa entera. A titulo comparativo, el calor producido por un automóvil no sobrepasa los 700 grados de temperatura... Finalmente, la cantidad de hollín producido muestra que el fuego que consumió a la señora Reeser lo hizo lentamente.
Restos de la señora Reeser
Las expresiones categóricas del informe chocan con las declaraciones del detective Cass Burgess, un año más tarde: "El asunto sigue abierto. Seguimos tan incapaces de determinar cuál fue la causa lógica de esta muerte como cuando entramos al departamento de la señora Reeser".
Esta misma reflexión se han hecho todos los policías que han investigado casos de combustiones espontáneas.
La señora Mary Reeser, fallecida el 1 de julio de 1951, víctima quizás de una combustión espontánea.
Características e hipótesis
Las combustiones espontáneas presentan algunas constantes: la víctima parece no tener conciencia de lo que le sucede, el calor producido es muy intenso, el fuego no se extiende, hasta el punto que algunas victimas han quedado carbonizadas mientras que su vestimenta ha quedado casi intacta. Además, ningún lugar parece ofrecer protección, ni siquiera los espacios abiertos, los barcos, los vehículos e incluso los ataúdes... Numerosas hipótesis se han elaborado sin que ninguna de ellas sea realmente satisfactoria. En el siglo XIX, una teoría plantea que sólo los borrachos transidos de alcohol la han sufrido, y otra cuestiona los fuegos de la chimenea... Más tarde se habla de misteriosas bolas de fuego, de los efectos del aumento de la curva geomagnética de la Tierra, de suicidio psíquico e incluso de ataques de espíritus. En cuanto a los médicos que niegan la realidad de este fenómeno que no logran comprender, olvidan que un cierto número de sus colegas figuran entre las victimas de una larga lista de combustiones espontáneas.
La bestia de Gévaudan
Un monstruo aterroriza los campos
Bajo el reinado de Luis XV, decenas de personas son víctimas de una bestia salvaje en el Gévaudan, antiguo nombre del actual departamento francés de Lozère. Sin embargo, pronto, otras regiones vecinas también sufren los estragos del misterioso animal.
En la primavera de 1764, una mujer es atacada cerca de Langogne por una bestia que es ahuyentada por sus bueyes. Poco después, se descubre el cadáver de una joven de catorce años. Esta víctima es la primera de una larga lista.
Tres años de terror
Según los testigos, el animal responsable de la agresión a la pastora y de la muerte de la joven no es un lobo, sino una enorme bestia con una gran cabeza, flancos rojizos, una raya negra sobre el lomo y una cola tupida. Los sangrientos ataques se suceden y especialmente muchos niños son asesinados. Un muchacho que guía su rebaño por el campo ve de pronto que la bestia se deja caer sobre él. Tiene el bajo vientre destrozado y muere a los pocos minutos. Una niña, que se dirige sola a las dehesas bajo la mirada de su madre, es atacada por el animal. Su madre y sus dos hermanos corren en su ayuda, pero cuando llegan al lugar, el cadáver es casi irreconocible: el vientre hurgado, la piel del cráneo arrancada y, en parte, dada vuelta sobre el rostro. Una verdadera psicosis se apodera de los habitantes de la región, que sólo salen armados con cuchillos y horquillas. Se llevan a cabo algunas batidas, pero sin éxito. Los escasos diarios de la época publican estos ataques, y la preocupación es tan grande que un regimiento real de dragones es enviado al lugar. Como si lo hubiera presentido, después de haber sembrado el terror en el Gévaudan y el Vivarais, la bestia llega al Aubrac y a la Margeride, donde continúa asesinando, y en el lugar deja numerosos cadáveres decapitados y despedazados.
Las batidas organizadas por los soldados secundados por los lugareños no tienen ningún resultado. Dos cazadores de lobos venidos de Normandía, Denneval y su hijo, se lanzan a su vez en persecución de la bestia, pero en vano, Sin embargo, el 1 de mayo de 1765, dos habitantes de la región, los hermanos Martel de la Chaumette, le infieren heridas mortales a un gran lobo. ¿Está muerta la bestia de Gévaudan? De hecho, la matanza se reanuda poco después.
Ante la importancia que toman los hechos, el rey Luis XV envía a su teniente de cacerías, François Antoine, llamado Antoine de Beauterne, famoso por ser el mejor fusil del reino, para acorralar al animal. Luego de tres meses de cacería, Beauterne mata, en septiembre de 1765, cerca de Sainte-Marie-des-Chazes, a un lobo enorme, cuyo cuerpo es disecado y luego llevado a la Corte, donde causa sensación, La piel parece haber sido conservada durante algún tiempo en el Museo de París, luego se pierde su pista y actualmente nadie sabe qué pasó con ella.
La celebración fue demasiado pronto: poco después la masacre recomienza. Un joven noble, el marqués de Apcher, organiza entonces nuevas batidas. En el transcurso de éstas, el 19 de junio de 1757, un tal Jean Chastel derriba a otro lobo de extraño comportamiento, en el momento en que el cazador le apuntó, el animal se detuvo, y, al parecer, no intentó huir. Esta vez la hecatombe se detiene definitivamente. Según las cifras oficiales, la bestia mató a 100 personas (en su mayoría mujeres y niños) e hirió a otras 30 durante los tres años que causó estragos.
La mitología del lobo
Teológicamente, el lobo (Canis lupus) pertenece a la familia de los cánidos y sus características principales son un apego a un coto de caza, la estabilidad de las parejas y cierta organización colectiva. Aunque sobrevive actualmente en Canadá, Rusia, Siberia y Escandinavia, el lobo prácticamente desapareció de Europa occidental. Sin embargo, durante la Edad Media siembra el pánico en los campos, cuando ataca, raras veces, es cierto, y siempre en manada, durante los largos inviernos de hambruna.
Por mucho tiempo el animal provoca fascinación y terror. Generalmente representa el símbolo del mal, en oposición al perro, fiel amigo del hombre por excelencia. Gran cantidad de leyendas dan fe incluso al mito del hombre lobo, hombre que se transforma en lobo.
Canis lupus
¿Una bestia humana?
Los demás contemporáneos piensan que los crímenes de la famosa bestia fueron perpetrados por uno o varios lobos gigantes, es decir, el que fue abatido por Antoine de Beauterne, el que mató Jean Chastel y el que fue herido por los hermanos Martel. Sin embargo, algunos hicieron notar que, por lo general, los lobos solitarios no suelen atacar al hombre y menos aún decapitar a los cadáveres.
Ni las batidas oficiales ni las expediciones de los lugareños impidieron que siguiera la masacre. Una verdadera psicosis se apoderó Gévaudan (grabado de la época)
Se llegaron a proponer algunas hipótesis muy fantasiosas para explicar la naturaleza del animal. Se trataría de un mono o de un hombre-leopardo venido; de África o incluso de una hiena que habría escapado de un zoológico, y hasta de un extraterrestre que habría llegado en un OVNI, como el de la película "Depredador".
El monstruo parece haber tenido preferencia por víctimas infantiles y mujeres, en su mayoría atacadas en las mismas partes del cuerpo
Nuestros enemigos las bestias
Todo ataque animal que no tenga explicación racional, es decir, que no provenga del comportamiento habitual del animal involucrado, provoca rápidamente rumores, luego verdaderas psicosis. Hasta hoy, existen numerosos testimonios al respecto.
Casos similares en Francia. La bestia del Gévaudan no es el único animal que sembró el terror en Francia, y podemos citar a la bestia de Evreux (1633-1634), la bestia de Brive (1783), la bestia del Cézailler (1946-1951). Sin embargo, las más feroces parecen haber sido le bestia del Auxerrois y la del Vivarais. La primera surgió en 1731 y el número de victimas se elevó a 28. Se la describe como un tigre o, más bien, un lobo. En cuanto a la bestia del Vivarais, causa estragos entre 1809 y 1816 en el Gard. También se la describe como un lobo, pero tendría el tamaño de un asno, con un pelaje pardo, una crin negra, largas orejas y grandes ubres. Es tan audaz que ingresa, incluso, a las casas. Ninguna de estas bestias ha sido muerta o capturada.
Los destripadores de ganado americanos . En 1973, en el Medio Oeste norteamericano, se descubren los cadáveres de decenas de bovinos. El elemento más chocante es la naturaleza de las mutilaciones. A las bestias les fueron cortadas las orejas, los labios, las ubres y la cola, y los ojos les fueron sacados en la mayoría de los casos con una precisión quirúrgica. A algunas incluso se les extirparon los órganos internos, y a los cuerpos de ciertas bestias se les extrajo toda su sangre. Finalmente, lo más increíble es el descubrimiento de los intestinos de una vaca, retirados por un agujero hecho en el flanco del animal y colocados al lado de la cabeza. Sin embargo, nadie puede dar una explicación racional a estos fenómenos. Algunos mencionan la intervención de OVNIS, otros hablan de crímenes rituales perpetrados por sectas satánicas. Y la masacre continúa hasta hoy: 12.000 bovinos han sido muertos sin que la policía haya podido detener a ningún sospechoso, y tampoco se ha encontrado ninguna huella en el suelo al lado de los animales mutilados.
Las diez tribus perdidas
¿Qué fue de los hijos de Israel?
Los libros históricos de la Biblia relatan que los asirlos deportaron a diez de las doce tribus que formaban el pueblo hebreo cuando invadieron el reino de Israel, entre 724 y 721 antes de Cristo. Nadie sabe qué se hicieron esas diez tribus y, desde la Antigüedad hasta el siglo XIX, numerosos viajeros declararon haberlas encontrado.
En 930 antes de Cristo, el reino de David y de Salomón se dividió en dos estados: el reino de Israel, al norte, constituido por diez tribus, y el reino de Judá, al sur, donde se reunieron las otras dos tribus. Israel cayó en 721 antes de Cristo bajo el dominio asirio y sus habitantes fueron exiliados en Jalaj, en el Jabor, río de Gozán, y en las ciudades de los medos (II Reyes, 17).
Entonces desaparecieron de la historia. El pasaje de Crónicas (I, 5, 26) precisa que las diez tribus "permanecieron en Asiria hasta el día de hoy". Las profecías de Isaías (11, 11), Jeremías (31, 8) y Ezequiel (37, 19), un siglo después de los hechos, son claras sobre este punto: se pensaba entonces que las tribus vivían lejos, esperando el día en que los hijos de Israel fueran nuevamente reunidos.
La ruta del exilio para los habitantes de Israel, expulsados por los ejércitos asirios, bajo relieve asirio (Londres, British Museum)
Israel cautivo
En el año doce de Ajaz, rey de Judá, comenzó a reinar Oseas, hijo de Elá, en Samaria sobre Israel. Reinó nueve años. Hizo mal a tus ojos de Yahvé aunque no como los reyes de Israel que le precedieron. Salmanasar, rey de Asiria, subió contra Oseas: Oseas se le sometió y le pagó tributo. Pero el rey de Asiria descubrió que Oseas conspiraba, pues había enviado mensajeros a So, rey de Egipto, y nos había dejado de pagar tributo al rey de Asiria, como lo venía haciendo cada año: el rey de Asiria lo detuvo y lo encadenó en la cárcel. El rey de Asiria subió por toda la tierra, llegó a Samaria y la asedio durante tres años. Fue en el noveno año de Oseas, el rey de Asiria tomó Samaria y deportó a los israelitas a Asiria: los estableció en Jalaj, en el Jabor, río de Gozán, y en las ciudades de los medas (...) Deportó Israel de su sierra a Asiria, hasta el día de hoy. El rey de Asiria hizo venir gentes de Babilonia, de Kutá, de Avvá, de Jumat y de Sefarváyim y los estableció en las ciudades de Samaria en lugar de los israelitas, ellos ocuparon Samaria y se establecieron en sus ciudades. Sucedió que cuando comenzaron a establecerse allí no veneraban a Yahvé y Yahvé envió contra ellos, leones que mataron a muchos. Entonces dijeron al rey de Asirla:"Las gentes que has hecho deportar para establecerlas en las ciudades de Samaria no conocen el culto del dios del país (...) El rey de Asiria dio esta orden: "Haced partir allá a uno de los sacerdotes que deporté de allí que vaya y habite allí y les enseñe el culto del dios del país. El Libro de los Reyes, II 17.
Un regreso anunciado
Durante la Antigüedad y en el período del segundo Templo de Jerusalén, nadie dudaba de la existencia de las diez tribus. El testamento de los doce patriarcas consideró su existencia como un hecho y en el siglo IV antes de Cristo, en su quinta visión, Esdras (IV, 13, 34) describió: "una multitud pacífica son las diez tribus que fueron llevadas prisioneras lejos de su país". Algunos textos dan por hecho que las diez tribus están ahora más allá del Eufrates. La tradición atribuye su imposibilidad de reunirse con sus hermanos al hecho que las dos tribus del reino de Judá fueron dispersadas a través del mundo. Las diez tribus fueron exiliadas más allá del misterioso río Sambation, cuya travesía sólo es posible el día del sabat. Además, según el Talmud de Jerusalén, los exiliados fueron divididos en tres grupos iguales y cada uno tomó una dirección diferente.
Desde la Edad Media hasta nuestros días, varios viajeros y exploradores declararon haber encontrado a las diez tribus perdidas. En el siglo IX después de Cristo apareció un hombre, Eldad ha-Dani, que aseguró ser miembro de la tribu de Dan y conocer cuatro de las diez tribus. Otro aventurero, David Reuveni, pretendió ser el hermano de José, rey de las tribus de Rubén, de Gad y de la semi-tribu de Manasés, que se habían instalado en Khaybar en esa época, en Arabia.
El nombre de Khaybar está sin duda inspirado en Jabor, ciudad evocada en la Biblia. Finalmente, en 1173, el viajero Benjamín de Tudela describió largamente a las tribus perdidas. Según él, cuatro de ellas, las de Dan, Aser, Zabulón y Neftalí, se habrían instalado en la ciudad de Nishapur, en Asia, donde habrían sido gobernadas por su propio príncipe José Amarkala el Levita.
De Etiopía a América
En Etiopía viven los falashas, población negra de religión judaica. La primera mención conocida de su existencia está en dos Cartas de Jerusalén de Obadiah de Bertinoro, en 1488 y 1489. En 1528, el cabalista Abraham Levi el Viejo vio en ellos a los descendientes de las tribus perdidas. ¿Tenía razón? Es poco probable: Etiopia y Egipto tuvieron siempre estrechas relaciones, y los hebreos son desde hace mucho tiempo, numerosos en Egipto: posiblemente algunos de ellos convirtieron a un grupo de etíopes al judaísmo. La hipótesis más fantástica fue emitida en el siglo XVII por el viajero originado de Amsterdam. Aaron Levi de Monteamos. De regreso de un viaje a Sudamérica, relató que, en la cordillera de los Andes, unos indios lo recibieron recitando el Shema oración compuesta por tres versículos de la Torá.
Manasés ben Israel, rabino de Amsterdam, fue conquistado por el relato de Montezinos. En 1652 publicó una obra, Esperanza de Israel en la que escribió «Las Indias del oeste están habitadas desde hace mucho tiempo por una parte de las diez tribus que pasaron del otro lado de Tartarie por el estrecho de Anian, (actual estrecho de Bering).
Manasés ben Israel (siglo XVII)
Las tribus encontradas
Evidentemente, ninguna exploración posterior confirmó este sueño. En su Viaje a Jerusalén, publicado en Glasgow en 1786, el inglés Richard Burton (Nathaniel Crouch) vio en los indios de Norteamérica a las diez tribus perdidas.
Los arqueólogos del siglo XX y el estudio de los textos asirios permiten restablecer hoy la verdad. En 721 antes de Cristo, Samaria fue conquistada por el rey asirio Sargón, sucesor de Salmanasar V, evocado en la Biblia. Deportó efectivamente una parte de la población a Asiria y la reemplazó por gente de Mesopotamia. Sin embargo, contrariamente a los relatos de la tradición hebraica, las diez tribus no desaparecieron en el exilio. Por otra parte, la Biblia evoca recurrentemente las numerosas poblaciones que permanecieron en Israel. Sólo una pequeña parte de los hebreos fue obligada a partir a Asiria; 27.280 personas en cuatro años, según los archivos de Sargón. Sin embargo, se trataba de las clases dominantes: sacerdotes, funcionarios, intelectuales, aunque eran minoría, inspiraban la cultura y la política.
Por esta razón fueron reemplazados por la administración asiria. Por lo tanto, no hubo una deportación física masiva ni la desaparición de las tribus, pero las clases dominantes desplazadas se fundieron rápidamente con la población de las grandes ciudades asirias. Esta técnica de dominación mediante el desplazamiento de las elites en los países conquistados y su asimilación es un procedimiento utilizado en varias ocasiones por el imperio asirio.
La visión de Ezequiel, el sueño de la reunión de las diez tribus de Israel, un siglo después de su dispersión. Fresco del siglo III d.C. (Siria. Sinagoga de Doura-Europos.
Los primeros tiempos de los hebreos
La historia de los hebreos comienza con Abraham, un sumerio que deja la ciudad de Ur con su clan hacia 1700 antes de Cristo. Se instala en Cana, con el paso de los siglos, el clan se convierte en una poderosa tribu seminómada que mantiene buenas relaciones con Egipto. Sin embargo, hacia 1675 antes de Cristo, los faraones fueron derrocados por la invasión de los hicsos. Los hebreos se unen a los invasores y se instalan en Egipto. Cuando los hicsos son repelidos, en 1580 antes de Cristo, los hebreos, culpables de traición a los ojos de los egipcios, son mantenidos en cautiverio. Alrededor de dos siglos más tarde, probablemente durante el reinado de Akenatón, dejan Egipto bajo el mando del noble egipcio de origen judío, Moisés, quien fue el primero en codificar verdaderamente la religión hebrea. Conquistaron y colonizaron Cana, de donde expulsaron a las tribus semitas autóctonas. Instalaron una democracia tribal, reemplazada en 1020 antes de Cristo por una monarquía. Después del reinado de Salomón (970-930 a.C.), el reino se dividió en dos: Israel y sus diez tribus al norte, Judá y sus dos tribus al sur. Los dos estados fueron sacudidos por graves crisis políticas; en el norte, estas crisis facilitaron la invasión asiria, que sucedió después del 724 antes de Cristo.
La fortuna más grande del mundo
Rico como Creso el lidio
"Rico como Creso": la expresión parece tan antigua como el mundo... Sin embargo, corresponde a una realidad indiscutible, la increíble e incomparable riqueza de Creso, rey de lidio, que fue un personaje histórico. Pero el destino de este hombre célebre recuerda además la moraleja de una fábula: el dinero no hace la felicidad...
Casi todo lo que sabemos acerca de Creso es gracias a las Historias de Heródoto. Este historiador vivió en la época en que se disputaban las últimas guerras médicas (490 al 479 antes de Cristo); testigo esencial del conflicto entre los griegos y el imperio persa de Jerjes, su objetivo es rastrear la génesis de este enfrentamiento. Remontando el tiempo a través de leyendas y testimonios recogidos durante sus viajes, evoca la vida de Creso, primer rey de Asia Menor que trató de someter a los pueblos griegos. Según el "Padre de la Historia", el origen de las guerras médicas reside, efectivamente, en la pretensión por parte de los persas de controlar Jonia, es decir, la costa (con las ciudades como Éfeso o Mileto) y las islas (Quío, Samos) al sur de Asia Menor.
Ahora bien, el reino de Creso, ubicado en Lidia, es vecino de esa región. Y por supuesto, el rey Creso desea extender su poder. Por ello es considerado por Heródoto como "el primer bárbaro en haber atacado injustamente a los griegos, en haber obligado a algunos a pagarle tributo y en haber convertido a otros en sus vasallos..."
Creso el hombre de la formidable fortuna; detalle de una pintura de Claude Vignon (Tours, Museo de Bellas Artes).
La caída de Creso
"De este modo los persas se apoderaron de Sardes y tomaron a Creso vivo luego de un reinado de 14 años; de acuerdo a lo predicho por el oráculo, había puesto fin a un gran imperio: el suyo. Los persas que lo capturaron lo llevaron donde Ciro, quien hizo encender una gran hoguera sobre la cual ordenó colocar a Creso cargado de cadenas y a 14 jóvenes lidios junto a él. Probablemente quería sacrificados en honor a algún dios en reconocimiento por la victoria, o cumplir con algún voto, por lo menos eso hizo, según cuentan, y Creso estaba de pie sobre la hoguera cuando le vino a la mente, a pesar de la horrorosa situación, que un dios le había dictado a Solón estas palabras: "Ningún ser vivo es feliz". Con este pensamiento y con un profundo suspiro y en un gemido, rompió su largo silencio y gritó tres veces: "Solón". Ciro lo escuchó y mandó a preguntar por medio de sus intérpretes a qué ser invocaba. Los intérpretes se acercaron para interrogado: apurado por responder, Creso les dijo: "Es el hombre con quien yo habría querido ver conversar a los reyes, al precio de una enorme fortuna". Heródoto, Historias (I,86)
El pecado del antepasado
A estos hechos objetivos se agrega el relato de una leyenda. Si Creso se convierte en rey de Lidia en 561, se debe a que su tataratatarabuelo Gyges, guardia del rey Candaulo, asesinó a su amo y usurpó el poder desposando a la reina.
Pero el oráculo de Delfos reveló que los descendientes de Candaulo se vengarían en la quinta generación: esta generación es la de Creso. Este parece no temer a la predicción, que no puede ignorar. Su ambición devoradora sólo es comparable a sus capacidades: emprende una serie de expediciones exitosas contra las ciudades griegas jónicas e insulares. De este modo, logra anexar inmensos territorios a su reino. Pillajes, tesoros, tributos, impuestos, venta de ciudadanos como esclavos: así comienza la fortuna de Creso. Su capital, Sardes, se convierte en una ciudad prestigiosa. Ordena construir palacios suntuosos y distribuye a destajo subsidios y prebendas para atraer a gran cantidad de artistas, filósofos y poetas. Las riquezas lidias parecen inagotables; en materia financiera, Creso impone su ley en toda la cuenca mediterránea. Acuñar moneda en el mundo antiguo es una prerrogativa especialmente política, que manifiesta la soberanía de cada estado. Ahora bien, las finanzas de Creso son tan superiores a las del resto de las potencias, que su padrón monetario se impone en todas partes. De este modo, se consagra su reputación de hombre poderoso y especialmente como el más rico de su época.
Creso y Solón, pintura de F. Francken (Viena, Kunsthistorisches Museum)
Una advertencia premonitoria
¿Le hace perder la cabeza su fortuna ilimitada? Creso se considera el más grande y el más feliz de los hombres y lo proclama...
Recibe su primera advertencia cuando se presenta en Sardes un personaje atraído por las fiestas de la corte: el famoso legislador Solón, considerado el padre fundador de la democracia ateniense. Creso, no sin ingenuidad, lo invita a conocer su palacio y le muestra sus tesoros y sus riquezas. Luego le pregunta: "¿Conoces al hombre más feliz del mundo?", el sabio ateniense le responde: "Puedo ver que eres sumamente rico y ejerces tu reinado sobre numerosos soberanos; pero no puedo responderte sin haber sabido antes que tu muerte fue bella. Ya que el hombre rico no es más feliz que el hombre que vive el momento, si el destino no lo acompaña para que termine su carrera en plena prosperidad. En todas las cosas es necesario considerar el fin, ya que a gran cantidad de hombres el cielo les mostró la felicidad, para luego aniquilarlos completamente...
El ambiguo oráculo de la sacerdotisa
Luego de este episodio, efectivamente el destino parece ensañarse con Creso. Primero, un sueño le advierte que su hijo Atys, comandante de su ejército, morirá de un golpe de espada; a pesar de haber tomado todas las precauciones, la predicción se cumple: efectivamente Atys muere en un accidente de cacería.
Creso se ve obligado a tomar una decisión esencial. Frente al auge del Imperio persa de Ciro, duda entre la negociación y la lucha. Finalmente consulta al oráculo de Delfos, no sin haber cubierto antes el santuario con ofrendas: vasos y copas de oro, vestimentas y túnicas de púrpura, jarras y cráteras de plata e incluso 117 ladrillos de oro puro... Con esta ostentación de regalos, piensa que debe recibir la gracia del dios Apolo. Sin embargo, el oráculo es extremadamente ambiguo, ya que anuncia solamente que un poderoso imperio será vencido. ¿Cuál de ellos será? Creso se imagina de inmediato que se trata del imperio persa y lo ataca. Le va mal ya que poco después de los primeros combates en Timbrea, los persas toman sorpresivamente Sardes y Creso es hecho prisionero. Condenado a la hoguera, asistiendo al saqueo de su capital, puede meditar acerca de la advertencia del sabio Solón con respecto a la fragilidad de las fortunas humanas. Sin embargo, Ciro, intrigado al ver a su víctima murmurar el nombre de Solón mientras las llamas suben hacia él, ordena apagar el fuego para que le cuente la historia. Impresionado por este relato, Ciro salva a Creso por piedad, luego por amistad. Por supuesto que no le devuelve su trono, pero lo convierte en su consejero. El hombre más rico del mundo tuvo que pagar muy caro por la usurpación cometida por su antepasado...
Creso sobre su hoguera, vaso ático del siglo VI (Paris, Museo del Louvre). El rey destituido fue salvado en el último momento por el persa Ciro.
Fortunas célebres y escandalosas Durante la república romana.
En el siglo I antes de Cristo, Verres, propretor, es decir gobernador de Sicilia, practica el pillaje sistemático de los recursos de la provincia de la cual está encargado. Ayudado por legionarios, exige a los particulares enormes sumas de dinero, bajo pretexto de recaudar los impuestos del estado. Sus poderes judiciales le permiten hacer ejecutar a los recalcitrantes. Verres es también responsable de la expoliación de los edilicios religiosos y de los templos de la isla, los que despoja de sus estatuas y de sus obras de arte. Finalmente es condenado a devolver a los sicilianos el producto de una parte de sus robos.
En Francia, en el siglo XVII. El cardenal Mazarino acumula una fortuna fabulosa durante los 18 años que se mantiene a la cabeza del estado (1643- 1661). A su muerte, esta fortuna se eleva a 35 millones de libras, más de la mitad del presupuesto fiscal anual y mucho mayor que la de Richelieu, que sólo había dejado 22 millones de libras. Bajo pretexto de servir al rey, todo es bueno para hacer negocios: suministros para el ejército, inversiones en las colonias, préstamos muy lucrativos al estado (del cual es por otro lado el único dueño), tierras y cargos entregados por él mismo y revendidos posteriormente...
Entre las fortunas contemporáneas. La más célebre es, sin duda, la de John Rockefeller, quien murió en 1937 a la edad de casi cien años. Aprovecha el boom del último tercio del siglo XIX en la extracción y comercialización del petróleo. Su Standard Oil of New Jersey (y su brazo financiero, el Chase Manhattan Bank) se convierte en un imperio tan poderoso que la legislación americana antitrust lo fuerza a una división parcial en 1911; desde ese momento Rockefeller consagra parte de su fortuna a la filantropía y a la investigación médica, distribuyendo así antes de su muerte, más de 350 millones de dólares por intermedio de sus distintas fundaciones.
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Taringueros, a mi personalmente no me gustan los posts donde las imágenes no aparecen y en su lugar esta esa fea X roja, así que cuando vean eso en mis posts no duden en escribirme un MP diciéndome donde esta la susodicha X para hacer la corrección necesaria o simplemente haciéndome cualquier sugerencia, algunas imágenes corresponden a antiguos grabados o pinturas que merecen ser vistos.
En este post veremos:
*La monja negra de Moret
*Las combustiones espontaneas
*La bestia de Gevaudan
*Las diez tribus perdidas
*La fortuna mas grande del mundo
Grandes Enigmas de la Humanidad
Parte 2
Parte 2
La monja negra de Moret
Una monja negra ordenada con gran fasto
En el otoño del año 1695, toda la corte asiste a una extraña ceremonia: una joven negra
pronuncia sus votos e ingresa al convento de las benedictinas de Moret. Luis XIV le hace
entrega de una generosa pensión. ¿A qué se debe tanta consideración? ¿Será ella de sangre
real?
Hija del rey Felipe IV de España, María Teresa de Austria se casa con Luis XIV en 1660, la
infanta se sabe predestinada a un matrimonio real. En su primer encuentro, se enamora
profundamente de su futuro marido. Luis XIV, por su parte, sigile el consejo del sutil
Mazarino; desposa a la alianza con España al mismo tiempo que una madre para sus futuros
hijos. Madame de Motteville cuenta que, al salir de su primera entrevista con la que sería su
esposa, el rey declaró “al señor príncipe de Conti y al señor de Turenne que, en un principio,
la fealdad del peinado y del vestido de la infanta lo habían sorprendido, pero que al mirarla
con más atención había visto que poseía mucha belleza y entendió que le sería fácil amarla”.
Dicho de otra manera, el rey se resigna frente a esta niña gordita y con los dientes dañados
a la que sabe que tendrá que desposar.
Testimonios sobre la mora
En sus Memorias, Mademoiselle de Montpensier relata el difícil parto de la reina
y describe al recién nacido:
“Monsieur me contó lo difícil de la enfermedad de la reina, de toda la gente que
había cuando se trajo a Nuestro Señor, de cómo su primer capellán se había
desmayado de aflicción y el príncipe había reído y toda la gente junto con él de
la cara que puso la reina cuando vio que la hija que había dado a luz se parecía a un pequeño moro que el señor de Beaufort había traído, que era muy bonito
y que siempre estaba con la reina, y cuando se dieron cuenta que su hijo se le
podía parecer se lo llevaron, pero ya era demasiado tarde, que la niñita era
horrible, que no viviría y que no se lo dijera a la reina porque se moriría por
ello.” Voltaire, quien fue a ver a la mora al convento de Moret, privilegia la
tesis de una hija bastarda del rey. Escribe en su Siglo de Luis XIV: Ella era muy
morena y por lo demás se parecía a él. El rey le regaló veinte mil escudos de
dote al ponerla en un convento. La opinión que tenía de su nacimiento era
motivo de orgullo para ella, orgullo que molestaba a sus superioras. En un
viaje a Fontainebleau, Madame de Maintenon fue al convento de Moret y quiso
inspirar más modestia a la religiosa. Ella hizo lo que pudo para sacarle esa idea
que alimentaba su orgullo. Señora -le dijo la religiosa-, la molestia que se toma
una dama de su rango en venir a decirme que no soy la hija del rey, sólo me lo
confirma.
La reina abandonada
Durante los primeros meses del matrimonio, Luis XIV demuestra ser un marido atento. Pero
rápidamente su gusto por las mujeres bonitas comienza a pesar más, El no es hombre de
pasiones clandestinas toda la corte está al corriente de cada una de sus ruidosas relaciones.
Pero Maria Teresa quiere sinceramente al rey y sufre. "A veces perecía que su corazón
estallaba de tanta agitación, demostrando con esta emoción, que su corazón estaba
contento sólo cuando estaba junto al del hombre del que se quejaba”, cuenta la misma
Madame de Motteville. La reina llora frecuentemente, se siente abandonada y humillada.
Tiene algunas damas de honor para acompañarla, aun así permanece malhumorada y no le
gustan las intrigas de la corte. Un día, el turbulento duque de Beaufort, convertido en
almirante, trae consigo de uno de sus viajes un joven esclavo negro, un negrillo, como se
decía entonces, que ofrece a la reina para su distracción. El niño, bautizado como Nabo, se
revela impetuoso y de mente despierta. Seduce rápidamente y divierte el círculo íntimo de la
reina. Nace una moda, ya que se observa que los pintores representan negritos en el
decorado de sus grandes retratos. Pero un día de 1664, durante el embarazo de la reina,
llega la noticia que Nabo ha muerto súbitamente.
Luisa Maria Teresa, pintura anónima (Paris, Biblioteca de Santa Genoveva). ¿Era la
religiosa negra hija de la reina María Teresa?
Un recién nacido inesperado
La reina tiene un embarazo difícil, parece inquieta y está frecuentemente enferma. La
mañana del 16 de noviembre del año 1664, siente los primeros dolores. El parto es largo y
difícil, se teme por la vida de la madre como por la del hijo. Después de varias horas, María
Teresa da a luz; es una pequeña niña negra. Ella da a luz a una pequeña niña mora (o sea,
negra), de lo que cree morir, dice Madame de Motteville.
La emoción es grande y la medicina del siglo XVII intenta encontrar explicaciones; el color
de la piel proviene de lo que comió la reina durante su embarazo, del clima demasiado frío o
demasiado caluroso y que a la niña le faltó aire durante el parto... No es fácil engañar a la
gente, pues nadie se ha olvidado de Nabo. Se dice que la niña es frágil de salud y cuarenta y
ocho días más tarde, un 26 de diciembre, muere.
Patín, médico y decano de la facultad, señala en su correspondencia: “la pequeña señora
tuvo convulsiones y murió esta mañana, ella era débil y delicada, jamás tuvo salud”. Este
hecho es recogido por varios cronistas: sin embargo, no se han encontrado relatos de
testigos directos de la muerte de la niña.
La religiosa de Moret
Treinta años más tarde, en 1695 (María Teresa murió en 1683), Madame de Maintenon
presenta al convento de las benedictinas de Moret a una joven mujer negra -una mora- para
que pronuncie sus votos solemnes y tome el hábito. Todo la corte está convidada a la
ceremonia, y el 15 de octubre el rey concede a la mora una pensión de 300 libras. Estas
disposiciones parecen en sí excepcionales, pero la atención que la familia real presta a esta
religiosa no hace más que acrecentar la sorpresa. Madame de Maintenon, antigua
gobernanta de los bastardos reales y desde ahora esposa secreta de Luis, va
frecuentemente a Moret para visitar a la mora. El Gran Delfín Luis, hijo del rey, y sus hijos
Luis y Felipe, también la visitan. ¿Quién es esta joven mujer que suscita tanta atención? Ella
no parece tener ninguna duda sobre su identidad. Saint-Simon cuenta que “le oyó decir
descuidadamente una vez, al oír que Monseñor (el Gran Delfín) cazaba en el bosque: es mi
hermano quien está cazando”.
Seria entonces la hermana, o media hermana, del Gran Delfín. Manifiestamente ella no
puede ser hija del rey y de la reina, pues ¿por qué milagro sería ella negra? Pero podría ser
hija de Luis XIV y de una mora. La hipótesis seduce al escritor Voltaire, el mismo que ideó
que la Máscara de Hierro fuese el hermano gemelo del rey. Sin embargo, esto es difícil de
imaginar. Las amantes de Luis XIV son conocidas, sus hijos registrados y las mujeres negras
escasean en la Francia del siglo XVII. Entonces la mora puede ser hija de María Teresa. En
ese caso, cómo olvidar a la niña nacida en 1664 y al negrito que creció rápidamente y que
tanto gustaba a la reina...
Las extravagancias de Luis XIV
Desde su adolescencia, el joven Luis no esconde su atracción por las mujeres.
Sus comienzos amorosos son más propios de un bulímico que de un gourmet,
según explica la princesa palatina: “Todo lo que fuese mujer estaba bien para
él, las campesinas, las hijas de jardinero, las sirvientas, las damas de calidad;
ellas sólo tenían que hacerse las enamoradas”.
De 1661 a 1683, sus conquistas ya no se contabilizan. Entre las más célebres
se puede destacar el nombre de Madame (Enriqueta Ana de Inglaterra, que
recién habia desposado al hermano del rey), también Mademoiselle de la
Valière, joven dama de compañía de Madame. El rey concibe ocho hijos con su
principal amante, Madame de Montespan, quien cayó finalmente en desgracia
por haber comprado afrodisíacos para usarlos con el rey y porque su nombre
apareció implicado en el caso de los venenos. Finalmente se enamora de la
viuda que crió a sus hijos ilegítimos: Madame de Maintenon. Es el crepúsculo
de su vida amorosa. Luis XIV, envejecido, aspira por fin a la calma. Madame de
Maintenon se hace desposar y rodea al rey de un ambiente devoto.
Las combustiones espontáneas
Cuando cae el fuego del cielo
Siempre se han contado historias sobre hombres y mujeres alcanzados brutalmente por un
"fuego” invisible que los reduce a cenizas mientras todo lo que los rodea queda intacto.
Los casos de combustiones espontáneas de seres humanos son numerosos en todos los
países. La mayoría de ellos ha causado la muerte de sus víctimas, por lo que la policía los ha
investigado. Por esta razón, existen numerosos documentos fotográficos sobre los sucesos
más recientes, así como excelentes informes de los expertos, aunque ninguno proporciona
una explicación de los hechos, de todos estos ataques del "fuego del cielo" como lo llamaban
los antiguos, el más espectacular es, sin duda, el que padeció una norteamericana de 67
años, la señora Maria Reeser.
Una linda tarde para morir
En ese atardecer del 1 de julio de 1951, el tiempo está muy bueno en Florida y en el puerto
de San Petersburgo donde vive la señora Reeser, aun cuando se siente que se aproxima una
tormenta subtropical. Hacia las nueve de la noche la señora Carpenter, propietaria de la
casa en la que vive la señora Reeser, pasa a saludarla y encuentra a la anciana señora en
bata, sentada en un sillón y fumando un cigarrillo. Ella es la última persona que la vio con
vida.
A las ocho de la mañana siguiente, la señora Carpenter, quien había sentido olor a quemado
cerca de las cinco, descubre que la manilla de la puerta del departamento de la señora
Reeser está tan caliente que quema.
Pide ayuda a dos obreros y, cuando logran abrirla con un trapo, un viento caliente escapa
del interior. En el departamento vacío, en medio de un círculo ennegrecido de cerca de un
metro veinte de diámetro, quedan algunos resortes del sillón, las cenizas de un velador y las
partes metálicas de una lámpara y lo que resta de la arrendataria: un hígado carbonizado
unido a un ligamento de columna vertebral, un cráneo encogido al tamaño de una pelota de
béisbol, un pie calzado con una pantufla de raso negro, quemado hasta el tobillo, y un
montoncito de cenizas ennegrecidas. Nunca una combustión espontánea había sido tan
completa ni tan impresionante.
Combustiones literarias
El tema de la combustión espontánea ha sido abordado pocas veces en la literatura. A pesar de todo, existen por lo menos nueve obras que entre los siglos XVIII y XIX, trataron al menos brevemente este fenómeno. Cuatro son los autores norteamericanos: Wieland , la famosa novela gótica de Carlos Bockden Brown, escrita en 1798, la Historia de Knickerbocker de Nueva York , de Washington Irving (1809), Redburn de Herman Melville (1849), y Por el río , de Mark Twain (1883). Tres fueron obras de escritores ingleses: Jacob Faithful, de Federico Marryat (1833), La casa Bleak , de Charles Dickens (1853) y Confesiones de un comedor de opio (1821 y retomada en 1856), de Tomás De Quincey. Finalmente, dos fueron escritas por franceses: El primo Pons , de Honorato de Balzac (1847 y El Doctor Pascal , de Emilio Zolá (1893). Estos autores no hablan explícitamente de combustiones espontáneas, sino que ligan a menudo este fenómeno con una absorción inmoderada de alcohol y moralizan sobre ello. Las dos mejores descripciones, una de Dickens y otra de Marryat, profundamente inspiradas en un articulo aparecido en el Times en 1832 emplean el término apropiado. Todas dan testimonio del interés que han provocado desde hace mucho tiempo en la opinión pública estos extraños "braseros humanos".
Autopsia de un siniestro
El calor, extrañamente selectivo, deformó la instalación eléctrica, fundió las velas sin afectar las mechas, un vaso plástico pero no las escobillas de dientes que estaban muy cerca en el baño y trizó los espejos colgados en los muros. La superficie de los espejos estaba cubierta de un hollín grasoso por debajo de una línea situada a un metro veinte del suelo. Por encima de este límite, el departamento estaba intacto, con excepción de la víctima, su sillón, el velador y la lámpara. Así, el muro detrás del sillón y un montón de diarios viejos que estaban a 20 centímetros del círculo ennegrecido no fueron tocados. Parecería como si la explosión de calor se produjo en un espacio restringido de un metro veinte de diámetro y el pie que quedó indemne en su pantufla estaba fuera de este círculo fatal.
La destrucción casi total del cuerpo de la señora Reeser, es típico de los casos de combustión espontánea, lo mismo que la ausencia de gritos por parte de la víctima o de olor a carne quemada. Lo que es menos común es la inexplicable reducción de su cráneo.
Una investigación que se estanca
La investigación que siguió a los hechos reunió a expertos del FBI, a médicos, a especialistas en incendios criminales e incluso a meteorólogos. Los fabricantes del sillón fueron citados para que trataran de probar que éste no pudo incendiarse por si mismo o explotar. Todo para llegar a ninguna conclusión y terminar con un informe policíaco poco probatorio de que la señora Reeser se quedó dormida con un cigarrillo en la mano, prendiendo fuego a su vestimenta. El fuego se habría propagado enseguida al sillón, el que produjo el calor que destruyó el cuerpo, el velador y la lámpara.
Estas conclusiones fueron contradichas por los hechos. En efecto, para poder reducir los huesos a cenizas, se habría necesitado una temperatura de, por lo menos, 1.650 grados, la que el simple incendio de un sillón o de la ropa sería incapaz de producir. Por otra parte, una temperatura como ésa habría provocado el incendio de la casa entera. A titulo comparativo, el calor producido por un automóvil no sobrepasa los 700 grados de temperatura... Finalmente, la cantidad de hollín producido muestra que el fuego que consumió a la señora Reeser lo hizo lentamente.
Restos de la señora Reeser
Las expresiones categóricas del informe chocan con las declaraciones del detective Cass Burgess, un año más tarde: "El asunto sigue abierto. Seguimos tan incapaces de determinar cuál fue la causa lógica de esta muerte como cuando entramos al departamento de la señora Reeser".
Esta misma reflexión se han hecho todos los policías que han investigado casos de combustiones espontáneas.
La señora Mary Reeser, fallecida el 1 de julio de 1951, víctima quizás de una combustión espontánea.
Características e hipótesis
Las combustiones espontáneas presentan algunas constantes: la víctima parece no tener conciencia de lo que le sucede, el calor producido es muy intenso, el fuego no se extiende, hasta el punto que algunas victimas han quedado carbonizadas mientras que su vestimenta ha quedado casi intacta. Además, ningún lugar parece ofrecer protección, ni siquiera los espacios abiertos, los barcos, los vehículos e incluso los ataúdes... Numerosas hipótesis se han elaborado sin que ninguna de ellas sea realmente satisfactoria. En el siglo XIX, una teoría plantea que sólo los borrachos transidos de alcohol la han sufrido, y otra cuestiona los fuegos de la chimenea... Más tarde se habla de misteriosas bolas de fuego, de los efectos del aumento de la curva geomagnética de la Tierra, de suicidio psíquico e incluso de ataques de espíritus. En cuanto a los médicos que niegan la realidad de este fenómeno que no logran comprender, olvidan que un cierto número de sus colegas figuran entre las victimas de una larga lista de combustiones espontáneas.
La bestia de Gévaudan
Un monstruo aterroriza los campos
Bajo el reinado de Luis XV, decenas de personas son víctimas de una bestia salvaje en el Gévaudan, antiguo nombre del actual departamento francés de Lozère. Sin embargo, pronto, otras regiones vecinas también sufren los estragos del misterioso animal.
En la primavera de 1764, una mujer es atacada cerca de Langogne por una bestia que es ahuyentada por sus bueyes. Poco después, se descubre el cadáver de una joven de catorce años. Esta víctima es la primera de una larga lista.
Tres años de terror
Según los testigos, el animal responsable de la agresión a la pastora y de la muerte de la joven no es un lobo, sino una enorme bestia con una gran cabeza, flancos rojizos, una raya negra sobre el lomo y una cola tupida. Los sangrientos ataques se suceden y especialmente muchos niños son asesinados. Un muchacho que guía su rebaño por el campo ve de pronto que la bestia se deja caer sobre él. Tiene el bajo vientre destrozado y muere a los pocos minutos. Una niña, que se dirige sola a las dehesas bajo la mirada de su madre, es atacada por el animal. Su madre y sus dos hermanos corren en su ayuda, pero cuando llegan al lugar, el cadáver es casi irreconocible: el vientre hurgado, la piel del cráneo arrancada y, en parte, dada vuelta sobre el rostro. Una verdadera psicosis se apodera de los habitantes de la región, que sólo salen armados con cuchillos y horquillas. Se llevan a cabo algunas batidas, pero sin éxito. Los escasos diarios de la época publican estos ataques, y la preocupación es tan grande que un regimiento real de dragones es enviado al lugar. Como si lo hubiera presentido, después de haber sembrado el terror en el Gévaudan y el Vivarais, la bestia llega al Aubrac y a la Margeride, donde continúa asesinando, y en el lugar deja numerosos cadáveres decapitados y despedazados.
Las batidas organizadas por los soldados secundados por los lugareños no tienen ningún resultado. Dos cazadores de lobos venidos de Normandía, Denneval y su hijo, se lanzan a su vez en persecución de la bestia, pero en vano, Sin embargo, el 1 de mayo de 1765, dos habitantes de la región, los hermanos Martel de la Chaumette, le infieren heridas mortales a un gran lobo. ¿Está muerta la bestia de Gévaudan? De hecho, la matanza se reanuda poco después.
Ante la importancia que toman los hechos, el rey Luis XV envía a su teniente de cacerías, François Antoine, llamado Antoine de Beauterne, famoso por ser el mejor fusil del reino, para acorralar al animal. Luego de tres meses de cacería, Beauterne mata, en septiembre de 1765, cerca de Sainte-Marie-des-Chazes, a un lobo enorme, cuyo cuerpo es disecado y luego llevado a la Corte, donde causa sensación, La piel parece haber sido conservada durante algún tiempo en el Museo de París, luego se pierde su pista y actualmente nadie sabe qué pasó con ella.
La celebración fue demasiado pronto: poco después la masacre recomienza. Un joven noble, el marqués de Apcher, organiza entonces nuevas batidas. En el transcurso de éstas, el 19 de junio de 1757, un tal Jean Chastel derriba a otro lobo de extraño comportamiento, en el momento en que el cazador le apuntó, el animal se detuvo, y, al parecer, no intentó huir. Esta vez la hecatombe se detiene definitivamente. Según las cifras oficiales, la bestia mató a 100 personas (en su mayoría mujeres y niños) e hirió a otras 30 durante los tres años que causó estragos.
La mitología del lobo
Teológicamente, el lobo (Canis lupus) pertenece a la familia de los cánidos y sus características principales son un apego a un coto de caza, la estabilidad de las parejas y cierta organización colectiva. Aunque sobrevive actualmente en Canadá, Rusia, Siberia y Escandinavia, el lobo prácticamente desapareció de Europa occidental. Sin embargo, durante la Edad Media siembra el pánico en los campos, cuando ataca, raras veces, es cierto, y siempre en manada, durante los largos inviernos de hambruna.
Por mucho tiempo el animal provoca fascinación y terror. Generalmente representa el símbolo del mal, en oposición al perro, fiel amigo del hombre por excelencia. Gran cantidad de leyendas dan fe incluso al mito del hombre lobo, hombre que se transforma en lobo.
Canis lupus
¿Una bestia humana?
Los demás contemporáneos piensan que los crímenes de la famosa bestia fueron perpetrados por uno o varios lobos gigantes, es decir, el que fue abatido por Antoine de Beauterne, el que mató Jean Chastel y el que fue herido por los hermanos Martel. Sin embargo, algunos hicieron notar que, por lo general, los lobos solitarios no suelen atacar al hombre y menos aún decapitar a los cadáveres.
Ni las batidas oficiales ni las expediciones de los lugareños impidieron que siguiera la masacre. Una verdadera psicosis se apoderó Gévaudan (grabado de la época)
Se llegaron a proponer algunas hipótesis muy fantasiosas para explicar la naturaleza del animal. Se trataría de un mono o de un hombre-leopardo venido; de África o incluso de una hiena que habría escapado de un zoológico, y hasta de un extraterrestre que habría llegado en un OVNI, como el de la película "Depredador".
El monstruo parece haber tenido preferencia por víctimas infantiles y mujeres, en su mayoría atacadas en las mismas partes del cuerpo
Nuestros enemigos las bestias
Todo ataque animal que no tenga explicación racional, es decir, que no provenga del comportamiento habitual del animal involucrado, provoca rápidamente rumores, luego verdaderas psicosis. Hasta hoy, existen numerosos testimonios al respecto.
Casos similares en Francia. La bestia del Gévaudan no es el único animal que sembró el terror en Francia, y podemos citar a la bestia de Evreux (1633-1634), la bestia de Brive (1783), la bestia del Cézailler (1946-1951). Sin embargo, las más feroces parecen haber sido le bestia del Auxerrois y la del Vivarais. La primera surgió en 1731 y el número de victimas se elevó a 28. Se la describe como un tigre o, más bien, un lobo. En cuanto a la bestia del Vivarais, causa estragos entre 1809 y 1816 en el Gard. También se la describe como un lobo, pero tendría el tamaño de un asno, con un pelaje pardo, una crin negra, largas orejas y grandes ubres. Es tan audaz que ingresa, incluso, a las casas. Ninguna de estas bestias ha sido muerta o capturada.
Los destripadores de ganado americanos . En 1973, en el Medio Oeste norteamericano, se descubren los cadáveres de decenas de bovinos. El elemento más chocante es la naturaleza de las mutilaciones. A las bestias les fueron cortadas las orejas, los labios, las ubres y la cola, y los ojos les fueron sacados en la mayoría de los casos con una precisión quirúrgica. A algunas incluso se les extirparon los órganos internos, y a los cuerpos de ciertas bestias se les extrajo toda su sangre. Finalmente, lo más increíble es el descubrimiento de los intestinos de una vaca, retirados por un agujero hecho en el flanco del animal y colocados al lado de la cabeza. Sin embargo, nadie puede dar una explicación racional a estos fenómenos. Algunos mencionan la intervención de OVNIS, otros hablan de crímenes rituales perpetrados por sectas satánicas. Y la masacre continúa hasta hoy: 12.000 bovinos han sido muertos sin que la policía haya podido detener a ningún sospechoso, y tampoco se ha encontrado ninguna huella en el suelo al lado de los animales mutilados.
Las diez tribus perdidas
¿Qué fue de los hijos de Israel?
Los libros históricos de la Biblia relatan que los asirlos deportaron a diez de las doce tribus que formaban el pueblo hebreo cuando invadieron el reino de Israel, entre 724 y 721 antes de Cristo. Nadie sabe qué se hicieron esas diez tribus y, desde la Antigüedad hasta el siglo XIX, numerosos viajeros declararon haberlas encontrado.
En 930 antes de Cristo, el reino de David y de Salomón se dividió en dos estados: el reino de Israel, al norte, constituido por diez tribus, y el reino de Judá, al sur, donde se reunieron las otras dos tribus. Israel cayó en 721 antes de Cristo bajo el dominio asirio y sus habitantes fueron exiliados en Jalaj, en el Jabor, río de Gozán, y en las ciudades de los medos (II Reyes, 17).
Entonces desaparecieron de la historia. El pasaje de Crónicas (I, 5, 26) precisa que las diez tribus "permanecieron en Asiria hasta el día de hoy". Las profecías de Isaías (11, 11), Jeremías (31, 8) y Ezequiel (37, 19), un siglo después de los hechos, son claras sobre este punto: se pensaba entonces que las tribus vivían lejos, esperando el día en que los hijos de Israel fueran nuevamente reunidos.
La ruta del exilio para los habitantes de Israel, expulsados por los ejércitos asirios, bajo relieve asirio (Londres, British Museum)
Israel cautivo
En el año doce de Ajaz, rey de Judá, comenzó a reinar Oseas, hijo de Elá, en Samaria sobre Israel. Reinó nueve años. Hizo mal a tus ojos de Yahvé aunque no como los reyes de Israel que le precedieron. Salmanasar, rey de Asiria, subió contra Oseas: Oseas se le sometió y le pagó tributo. Pero el rey de Asiria descubrió que Oseas conspiraba, pues había enviado mensajeros a So, rey de Egipto, y nos había dejado de pagar tributo al rey de Asiria, como lo venía haciendo cada año: el rey de Asiria lo detuvo y lo encadenó en la cárcel. El rey de Asiria subió por toda la tierra, llegó a Samaria y la asedio durante tres años. Fue en el noveno año de Oseas, el rey de Asiria tomó Samaria y deportó a los israelitas a Asiria: los estableció en Jalaj, en el Jabor, río de Gozán, y en las ciudades de los medas (...) Deportó Israel de su sierra a Asiria, hasta el día de hoy. El rey de Asiria hizo venir gentes de Babilonia, de Kutá, de Avvá, de Jumat y de Sefarváyim y los estableció en las ciudades de Samaria en lugar de los israelitas, ellos ocuparon Samaria y se establecieron en sus ciudades. Sucedió que cuando comenzaron a establecerse allí no veneraban a Yahvé y Yahvé envió contra ellos, leones que mataron a muchos. Entonces dijeron al rey de Asirla:"Las gentes que has hecho deportar para establecerlas en las ciudades de Samaria no conocen el culto del dios del país (...) El rey de Asiria dio esta orden: "Haced partir allá a uno de los sacerdotes que deporté de allí que vaya y habite allí y les enseñe el culto del dios del país. El Libro de los Reyes, II 17.
Un regreso anunciado
Durante la Antigüedad y en el período del segundo Templo de Jerusalén, nadie dudaba de la existencia de las diez tribus. El testamento de los doce patriarcas consideró su existencia como un hecho y en el siglo IV antes de Cristo, en su quinta visión, Esdras (IV, 13, 34) describió: "una multitud pacífica son las diez tribus que fueron llevadas prisioneras lejos de su país". Algunos textos dan por hecho que las diez tribus están ahora más allá del Eufrates. La tradición atribuye su imposibilidad de reunirse con sus hermanos al hecho que las dos tribus del reino de Judá fueron dispersadas a través del mundo. Las diez tribus fueron exiliadas más allá del misterioso río Sambation, cuya travesía sólo es posible el día del sabat. Además, según el Talmud de Jerusalén, los exiliados fueron divididos en tres grupos iguales y cada uno tomó una dirección diferente.
Desde la Edad Media hasta nuestros días, varios viajeros y exploradores declararon haber encontrado a las diez tribus perdidas. En el siglo IX después de Cristo apareció un hombre, Eldad ha-Dani, que aseguró ser miembro de la tribu de Dan y conocer cuatro de las diez tribus. Otro aventurero, David Reuveni, pretendió ser el hermano de José, rey de las tribus de Rubén, de Gad y de la semi-tribu de Manasés, que se habían instalado en Khaybar en esa época, en Arabia.
El nombre de Khaybar está sin duda inspirado en Jabor, ciudad evocada en la Biblia. Finalmente, en 1173, el viajero Benjamín de Tudela describió largamente a las tribus perdidas. Según él, cuatro de ellas, las de Dan, Aser, Zabulón y Neftalí, se habrían instalado en la ciudad de Nishapur, en Asia, donde habrían sido gobernadas por su propio príncipe José Amarkala el Levita.
De Etiopía a América
En Etiopía viven los falashas, población negra de religión judaica. La primera mención conocida de su existencia está en dos Cartas de Jerusalén de Obadiah de Bertinoro, en 1488 y 1489. En 1528, el cabalista Abraham Levi el Viejo vio en ellos a los descendientes de las tribus perdidas. ¿Tenía razón? Es poco probable: Etiopia y Egipto tuvieron siempre estrechas relaciones, y los hebreos son desde hace mucho tiempo, numerosos en Egipto: posiblemente algunos de ellos convirtieron a un grupo de etíopes al judaísmo. La hipótesis más fantástica fue emitida en el siglo XVII por el viajero originado de Amsterdam. Aaron Levi de Monteamos. De regreso de un viaje a Sudamérica, relató que, en la cordillera de los Andes, unos indios lo recibieron recitando el Shema oración compuesta por tres versículos de la Torá.
Manasés ben Israel, rabino de Amsterdam, fue conquistado por el relato de Montezinos. En 1652 publicó una obra, Esperanza de Israel en la que escribió «Las Indias del oeste están habitadas desde hace mucho tiempo por una parte de las diez tribus que pasaron del otro lado de Tartarie por el estrecho de Anian, (actual estrecho de Bering).
Manasés ben Israel (siglo XVII)
Las tribus encontradas
Evidentemente, ninguna exploración posterior confirmó este sueño. En su Viaje a Jerusalén, publicado en Glasgow en 1786, el inglés Richard Burton (Nathaniel Crouch) vio en los indios de Norteamérica a las diez tribus perdidas.
Los arqueólogos del siglo XX y el estudio de los textos asirios permiten restablecer hoy la verdad. En 721 antes de Cristo, Samaria fue conquistada por el rey asirio Sargón, sucesor de Salmanasar V, evocado en la Biblia. Deportó efectivamente una parte de la población a Asiria y la reemplazó por gente de Mesopotamia. Sin embargo, contrariamente a los relatos de la tradición hebraica, las diez tribus no desaparecieron en el exilio. Por otra parte, la Biblia evoca recurrentemente las numerosas poblaciones que permanecieron en Israel. Sólo una pequeña parte de los hebreos fue obligada a partir a Asiria; 27.280 personas en cuatro años, según los archivos de Sargón. Sin embargo, se trataba de las clases dominantes: sacerdotes, funcionarios, intelectuales, aunque eran minoría, inspiraban la cultura y la política.
Por esta razón fueron reemplazados por la administración asiria. Por lo tanto, no hubo una deportación física masiva ni la desaparición de las tribus, pero las clases dominantes desplazadas se fundieron rápidamente con la población de las grandes ciudades asirias. Esta técnica de dominación mediante el desplazamiento de las elites en los países conquistados y su asimilación es un procedimiento utilizado en varias ocasiones por el imperio asirio.
La visión de Ezequiel, el sueño de la reunión de las diez tribus de Israel, un siglo después de su dispersión. Fresco del siglo III d.C. (Siria. Sinagoga de Doura-Europos.
Los primeros tiempos de los hebreos
La historia de los hebreos comienza con Abraham, un sumerio que deja la ciudad de Ur con su clan hacia 1700 antes de Cristo. Se instala en Cana, con el paso de los siglos, el clan se convierte en una poderosa tribu seminómada que mantiene buenas relaciones con Egipto. Sin embargo, hacia 1675 antes de Cristo, los faraones fueron derrocados por la invasión de los hicsos. Los hebreos se unen a los invasores y se instalan en Egipto. Cuando los hicsos son repelidos, en 1580 antes de Cristo, los hebreos, culpables de traición a los ojos de los egipcios, son mantenidos en cautiverio. Alrededor de dos siglos más tarde, probablemente durante el reinado de Akenatón, dejan Egipto bajo el mando del noble egipcio de origen judío, Moisés, quien fue el primero en codificar verdaderamente la religión hebrea. Conquistaron y colonizaron Cana, de donde expulsaron a las tribus semitas autóctonas. Instalaron una democracia tribal, reemplazada en 1020 antes de Cristo por una monarquía. Después del reinado de Salomón (970-930 a.C.), el reino se dividió en dos: Israel y sus diez tribus al norte, Judá y sus dos tribus al sur. Los dos estados fueron sacudidos por graves crisis políticas; en el norte, estas crisis facilitaron la invasión asiria, que sucedió después del 724 antes de Cristo.
La fortuna más grande del mundo
Rico como Creso el lidio
"Rico como Creso": la expresión parece tan antigua como el mundo... Sin embargo, corresponde a una realidad indiscutible, la increíble e incomparable riqueza de Creso, rey de lidio, que fue un personaje histórico. Pero el destino de este hombre célebre recuerda además la moraleja de una fábula: el dinero no hace la felicidad...
Casi todo lo que sabemos acerca de Creso es gracias a las Historias de Heródoto. Este historiador vivió en la época en que se disputaban las últimas guerras médicas (490 al 479 antes de Cristo); testigo esencial del conflicto entre los griegos y el imperio persa de Jerjes, su objetivo es rastrear la génesis de este enfrentamiento. Remontando el tiempo a través de leyendas y testimonios recogidos durante sus viajes, evoca la vida de Creso, primer rey de Asia Menor que trató de someter a los pueblos griegos. Según el "Padre de la Historia", el origen de las guerras médicas reside, efectivamente, en la pretensión por parte de los persas de controlar Jonia, es decir, la costa (con las ciudades como Éfeso o Mileto) y las islas (Quío, Samos) al sur de Asia Menor.
Ahora bien, el reino de Creso, ubicado en Lidia, es vecino de esa región. Y por supuesto, el rey Creso desea extender su poder. Por ello es considerado por Heródoto como "el primer bárbaro en haber atacado injustamente a los griegos, en haber obligado a algunos a pagarle tributo y en haber convertido a otros en sus vasallos..."
Creso el hombre de la formidable fortuna; detalle de una pintura de Claude Vignon (Tours, Museo de Bellas Artes).
La caída de Creso
"De este modo los persas se apoderaron de Sardes y tomaron a Creso vivo luego de un reinado de 14 años; de acuerdo a lo predicho por el oráculo, había puesto fin a un gran imperio: el suyo. Los persas que lo capturaron lo llevaron donde Ciro, quien hizo encender una gran hoguera sobre la cual ordenó colocar a Creso cargado de cadenas y a 14 jóvenes lidios junto a él. Probablemente quería sacrificados en honor a algún dios en reconocimiento por la victoria, o cumplir con algún voto, por lo menos eso hizo, según cuentan, y Creso estaba de pie sobre la hoguera cuando le vino a la mente, a pesar de la horrorosa situación, que un dios le había dictado a Solón estas palabras: "Ningún ser vivo es feliz". Con este pensamiento y con un profundo suspiro y en un gemido, rompió su largo silencio y gritó tres veces: "Solón". Ciro lo escuchó y mandó a preguntar por medio de sus intérpretes a qué ser invocaba. Los intérpretes se acercaron para interrogado: apurado por responder, Creso les dijo: "Es el hombre con quien yo habría querido ver conversar a los reyes, al precio de una enorme fortuna". Heródoto, Historias (I,86)
El pecado del antepasado
A estos hechos objetivos se agrega el relato de una leyenda. Si Creso se convierte en rey de Lidia en 561, se debe a que su tataratatarabuelo Gyges, guardia del rey Candaulo, asesinó a su amo y usurpó el poder desposando a la reina.
Pero el oráculo de Delfos reveló que los descendientes de Candaulo se vengarían en la quinta generación: esta generación es la de Creso. Este parece no temer a la predicción, que no puede ignorar. Su ambición devoradora sólo es comparable a sus capacidades: emprende una serie de expediciones exitosas contra las ciudades griegas jónicas e insulares. De este modo, logra anexar inmensos territorios a su reino. Pillajes, tesoros, tributos, impuestos, venta de ciudadanos como esclavos: así comienza la fortuna de Creso. Su capital, Sardes, se convierte en una ciudad prestigiosa. Ordena construir palacios suntuosos y distribuye a destajo subsidios y prebendas para atraer a gran cantidad de artistas, filósofos y poetas. Las riquezas lidias parecen inagotables; en materia financiera, Creso impone su ley en toda la cuenca mediterránea. Acuñar moneda en el mundo antiguo es una prerrogativa especialmente política, que manifiesta la soberanía de cada estado. Ahora bien, las finanzas de Creso son tan superiores a las del resto de las potencias, que su padrón monetario se impone en todas partes. De este modo, se consagra su reputación de hombre poderoso y especialmente como el más rico de su época.
Creso y Solón, pintura de F. Francken (Viena, Kunsthistorisches Museum)
Una advertencia premonitoria
¿Le hace perder la cabeza su fortuna ilimitada? Creso se considera el más grande y el más feliz de los hombres y lo proclama...
Recibe su primera advertencia cuando se presenta en Sardes un personaje atraído por las fiestas de la corte: el famoso legislador Solón, considerado el padre fundador de la democracia ateniense. Creso, no sin ingenuidad, lo invita a conocer su palacio y le muestra sus tesoros y sus riquezas. Luego le pregunta: "¿Conoces al hombre más feliz del mundo?", el sabio ateniense le responde: "Puedo ver que eres sumamente rico y ejerces tu reinado sobre numerosos soberanos; pero no puedo responderte sin haber sabido antes que tu muerte fue bella. Ya que el hombre rico no es más feliz que el hombre que vive el momento, si el destino no lo acompaña para que termine su carrera en plena prosperidad. En todas las cosas es necesario considerar el fin, ya que a gran cantidad de hombres el cielo les mostró la felicidad, para luego aniquilarlos completamente...
El ambiguo oráculo de la sacerdotisa
Luego de este episodio, efectivamente el destino parece ensañarse con Creso. Primero, un sueño le advierte que su hijo Atys, comandante de su ejército, morirá de un golpe de espada; a pesar de haber tomado todas las precauciones, la predicción se cumple: efectivamente Atys muere en un accidente de cacería.
Creso se ve obligado a tomar una decisión esencial. Frente al auge del Imperio persa de Ciro, duda entre la negociación y la lucha. Finalmente consulta al oráculo de Delfos, no sin haber cubierto antes el santuario con ofrendas: vasos y copas de oro, vestimentas y túnicas de púrpura, jarras y cráteras de plata e incluso 117 ladrillos de oro puro... Con esta ostentación de regalos, piensa que debe recibir la gracia del dios Apolo. Sin embargo, el oráculo es extremadamente ambiguo, ya que anuncia solamente que un poderoso imperio será vencido. ¿Cuál de ellos será? Creso se imagina de inmediato que se trata del imperio persa y lo ataca. Le va mal ya que poco después de los primeros combates en Timbrea, los persas toman sorpresivamente Sardes y Creso es hecho prisionero. Condenado a la hoguera, asistiendo al saqueo de su capital, puede meditar acerca de la advertencia del sabio Solón con respecto a la fragilidad de las fortunas humanas. Sin embargo, Ciro, intrigado al ver a su víctima murmurar el nombre de Solón mientras las llamas suben hacia él, ordena apagar el fuego para que le cuente la historia. Impresionado por este relato, Ciro salva a Creso por piedad, luego por amistad. Por supuesto que no le devuelve su trono, pero lo convierte en su consejero. El hombre más rico del mundo tuvo que pagar muy caro por la usurpación cometida por su antepasado...
Creso sobre su hoguera, vaso ático del siglo VI (Paris, Museo del Louvre). El rey destituido fue salvado en el último momento por el persa Ciro.
Fortunas célebres y escandalosas Durante la república romana.
En el siglo I antes de Cristo, Verres, propretor, es decir gobernador de Sicilia, practica el pillaje sistemático de los recursos de la provincia de la cual está encargado. Ayudado por legionarios, exige a los particulares enormes sumas de dinero, bajo pretexto de recaudar los impuestos del estado. Sus poderes judiciales le permiten hacer ejecutar a los recalcitrantes. Verres es también responsable de la expoliación de los edilicios religiosos y de los templos de la isla, los que despoja de sus estatuas y de sus obras de arte. Finalmente es condenado a devolver a los sicilianos el producto de una parte de sus robos.
En Francia, en el siglo XVII. El cardenal Mazarino acumula una fortuna fabulosa durante los 18 años que se mantiene a la cabeza del estado (1643- 1661). A su muerte, esta fortuna se eleva a 35 millones de libras, más de la mitad del presupuesto fiscal anual y mucho mayor que la de Richelieu, que sólo había dejado 22 millones de libras. Bajo pretexto de servir al rey, todo es bueno para hacer negocios: suministros para el ejército, inversiones en las colonias, préstamos muy lucrativos al estado (del cual es por otro lado el único dueño), tierras y cargos entregados por él mismo y revendidos posteriormente...
Entre las fortunas contemporáneas. La más célebre es, sin duda, la de John Rockefeller, quien murió en 1937 a la edad de casi cien años. Aprovecha el boom del último tercio del siglo XIX en la extracción y comercialización del petróleo. Su Standard Oil of New Jersey (y su brazo financiero, el Chase Manhattan Bank) se convierte en un imperio tan poderoso que la legislación americana antitrust lo fuerza a una división parcial en 1911; desde ese momento Rockefeller consagra parte de su fortuna a la filantropía y a la investigación médica, distribuyendo así antes de su muerte, más de 350 millones de dólares por intermedio de sus distintas fundaciones.
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