InicioCiencia EducacionGrandes Enigmas de la Humanidad. Parte 3.
Continúo con mi serie de posts dedicados a los enigmas que han puesto a prueba las creencias, la imaginación, la inteligencia y la razón de los humanos a lo largo de miles de años. Bestias aterradoras, mitos y leyendas fascinantes, inexplicables sucesos paranormales y toda clase de misterios que han rodeado decenas de civilizaciones desde el principio de los tiempos serán los enigmáticos temas que despertaran nuestra curiosidad.

Taringueros, a mi personalmente no me gustan los posts donde las imágenes no aparecen y en su lugar esta esa fea X roja, así que cuando vean eso en mis posts no duden en escribirme un MP diciéndome donde esta la susodicha X para hacer la corrección necesaria o simplemente haciéndome cualquier sugerencia, algunas imágenes corresponden a antiguos grabados o pinturas que merecen ser vistos.

En este post veremos:

*La gran serpiente de mar
*El Vudú
*La mascara de hierro
*El ataque a Pearl Harbor
*Matusalén




Grandes Enigmas de la Humanidad
Parte 3


La gran serpiente de mar
Un navío dispara sobre dos animales marinos gigantes

En julio de 1897, la cañonera francesa Avalanche , que estaba patrullando en el norte de la bahía de Along, en el Tonkin, trata de matar a dos serpientes de mar. Es la primera vez que un navío de guerra dispara un cañonazo en contra de una de estas criaturas que se cuentan entre los más famosos enigmas de la zoología.
La Avalanche no es el primer buque en descubrir tales animales en la bahía de Along, pero es el único que lo encuentra tres veces en ocho meses y su experiencia constituye uno de los testimonios más importantes en favor de la existencia de la gran serpiente de mar.


La Serpiente, dibujo a la aguada de Víctor Hugo (Paris, casa de Víctor Hugo).


Un misterio de múltiples identidades
Después de un profundo estudio del tema que le dio renombre mundial en los años sesenta, un zoólogo belga, el doctor Bernard Heuvelmans piensa que detrás del nombre genérico "serpiente de mar" se disimulan diferentes tipos de animales gigantes, demasiado escasos y veloces para que haya sido posible alguna vez capturar alguno. Habría cinco tipos de animales cuyo movimiento ondulatorio vertical los clasifica entre los mamíferos. Dos serían pinnípedos (tipos llamados cuello largo y caballo marino), tres serian cetáceos (llamados multijoroba, multialeta y super-nutria) acercándose a los arcocetáceos, (fósiles que se conocen por su cuello delgado). Vendría después un reptil (llamado "saurio oceánico", que puede ser un cocodrilo gigante o un saurio de la antigüedad, ambos sobrevivientes de la prehistoria. En fin, encontraríamos unos tipos de anguilas gigantes, única especie de la que se haya capturado un individuo en estado de larva y que medía 2 metros de largo.


Primer encuentro
Revelado en la edición del 5 de marzo de 1898 del Courrier d'Haiphong (Correo de Haiphong), el pleito del teniente de navío Lagrésille y de su tripulación con los monstruos marinos comienza en julio de 1897 durante una patrulla frente a la bahía de Along.
Si se cree en la declaración del oficial, dos animales de más de veinte metros y de un diámetro de dos a tres metros aparecieron repentinamente en la superficie del agua.
Contrariamente a las serpientes, se desplazan con ondulaciones verticales. Inmediatamente Lagrésille hace alistar uno de los cañones de repetición del buque y ordena un disparo a 600 metros. El tiro es ligeramente corto y los animales, asustados, vuelven a sumergirse resoplando ruidosamente y dejando en la superficie un remolino similar al de una rompiente. Los testigos tienen el tiempo de observar la pequeña dimensión de sus cabezas.


Serpiente de mar o cardumen de delfines... Una explicación posible a los anillos que los marineros divisaron. (Ilustración del siglo XIX)


El retorno de los monstruos
La segunda observación se revela mucho más tormentosa. El 15 de febrero de 1898, mientras la Avalanche atraviesa la bahía de Fai-tsi-loung, al norte de la bahía de Along, dos bestias parecidas a las del primer encuentro se perfilan en el mar. Esta vez Lagrésille no duda y enfila tras ellas. A 300 ó 400 metros del blanco, los cañones de repetición disparan y registran a lo menos dos tiros en el blanco, en uno de los animales, sin embargo, aparentemente, ninguno lo deja herido, uno de los animales desaparece en las profundidades y la Avalanche trata de dar un espolonazo a otro, pero éste es demasiado rápido. La cañonera lo persigue entre las islitas de Fai-tsi-loung. La cacería dura, en vano, una hora y media, durante la cual los marinos franceses pueden observar a su gusto el animal. Su tamaño se acerca a los treinta metros, su piel es gris y lisa, sus aletas son negras y cada una de sus emersiones es precedida de un chorro de agua vaporizada, producido por la violencia de su respiración.
Su cabeza se parece a la de una foca, pero es dos veces más grande, y una cresta en forma de dientes de sierra sigue la línea de su lomo.


Serpiente de mar, según Gesner, 1598.

Un almuerzo agitado
El 26 de febrero de 1898, Lagrésille invita a bordo al comandante Joannet y nueve oficiales del acorazado Bayard . La víspera, en una recepción, se había burlado de él y de su historia. Durante el almuerzo, mientras la cañonera navega nuevamente por la bahía de Fai-tsi-loung, un marinero corre a avisarles que dos "serpientes de mar" están a la vista. La Avalanche persigue una de ellas durante 35 minutos y Lagrésille y sus invitados pueden observarla claramente a unos 200 metros. Dos de los oficiales poseen una cámara fotográfica, pero la demora en armarlas permite al animal alejarse demasiado como para que logren una fotografía nítida.
De vuelta a bordo del Bayard , el comandante Joannet pone al corriente al almirante de la Bédolliere , quien envía un telegrama al gobernador general Paul Doumer, futuro presidente de la república, para informarle de lo observado y de su intención de organizar una batida con cañoneras y lanchas de vapor para tratar de capturar uno de los animales. Pero unos incidentes fronterizos con China le impiden poner en marcha su proyecto: las serpientes de mar, una vez más, llevan su secreto a las profundidades del mar...


Un extraño y gigantesco despojo sacado del mar por unos pescadores japoneses, cerca de las costas de Nueva Zelanda, año 1977


Monstruos a profusión
Desde la antigüedad, los marineros no dejaron de enfrentarse a la serpiente de mar. Pero, hasta el siglo XVI, la mayoría de los relatos son poco precisos. Algunos de los encuentros recientes son a veces extraordinarios.
¿En familia? En 1876, el vapor británico Néstor, divisa en el estrecho de Malaca un monstruo de una longitud impresionante de unos 65 metros, cuya cola cilíndrica mediría, 45 metros... Tales cifras hacen pensar que la tripulación en realidad vio a un adulto con sus pequeños nadando en fila uno detrás del otro.
Torpedeado. El 30 de julio de 1915, el submarino alemán U-28 hundió al vapor británico Iberia. El barco explota a una profundidad de entre 100 y 200 metros, y una especie de cocodrilo gigante de unos 20 metros de largo es eyectado al aire junto con restos y desechos del barco, para luego caer al mar retorciéndose.
Abordado. El 30 de diciembre de 1947, el barco americano Santa Clara choca a la altura de Carolina del Norte con un animal en forma de anguila de unos quince metros de largo, que se hunde después de haberse retorcido unos instantes en un gran charco de sangre.
Encuentro bajo el mar. En octubre de 1969, el submarino de bolsillo Alvin se encuentra cara a cara, frente a las costas de las Bermudas, a 270 metros de profundidad, con un animal grande con cabeza de reptil, un largo cuello y aletas. La bestia desaparece antes de poder ser filmada.
Sobre el puente de un pesquero. El 10 de abril de 1977, el pesquero japonés Zuigo Maru, iza a bordo un despojo monstruoso de más de diez metros, no lejos de Nueva Zelanda. Exhala un olor tan fétido que el comandante ordena lanzarlo de vuelta al mar. Las fotografías muestran un animal de cuello largo y una gran cola que recuerdan a un plesiosauro. Es la noticia de primera plana en Japón, y la bestia inspira, incluso, un personaje de tira cómica.




El vudú
Culto mágico y muertos vivos

Incluso en nuestros días, el vudú sigue vivo en Haití, sobre todo en los estratos populares de la sociedad. Fascina con sus ritos mágicos y con los zombis, que son personas muertas que unos hechiceros llamados "boko" pretenden poder sacar de sus tumbas para hacer de ellos sus esclavos.
En 1980, el extraño caso de un campesino haitiano llamado Clairvius Narcisse llamó la atención de algunos investigadores sobre un tema que estaba hasta entonces relegado al campo de la superstición.

El "polvo que fabrica zombis"
Algunos investigadores han supuesto que los hechiceros haitianos utilizaban un polvo especial para transformar a sus víctimas en zombis. Este veneno era vertido a menudo en un zapato o en la espalda de una persona para que su piel quedara impregnada. Según el Dr. Wade Davis, de la Universidad de Harvard, estaría hecho con huesos humanos reducidos a polvo y sacados de un cadáver, dos lagartijas recién muertas, los huesos secos de un sapo grande, el Bufo marinus , que es muy venenoso y los restos de un gusano. Se agregarían también algunas plantas; como una especie de albizzia, que contiene saponina, la que puede perturbar la respiración, el pois gratter y dos peces de mar, como el pez globo que contiene tetrodo toxina. Los animales se asan y luego se muelen en un mortero con los demás ingredientes y, finalmente, se pasa todo por un cedazo. La tetrodo toxina provoca una parálisis que produce inmovilidad total durante la cual la frontera entre la vida y la muerte se vuelve incierta, aun para los médicos más experimentados. Para Davis, el "boko" utilizaría una ayuda material, el veneno, que aumentaría sutilmente el temor de la víctima, pero que funcionaría aún mejor si ella está persuadida de que su torturador posee estos poderes y cree realmente en el vudú.


Vuelto a la vida
Narcisse se había presentado dieciocho años antes, el 30 de abril de 1962 en el hospital Albert Schweitzer de Deschapelles, quejándose de fiebre y dolores. Su estado empeoró y, el 2 de mayo, fue declarado muerto por dos médicos en presencia de su hermana Angelina. El cuerpo fue dejado en la cámara de frío del hospital hasta ser enterrado, el 3 de mayo, en un cementerio de su aldea. Diez días más tarde, se colocó una lápida recordatoria en su tumba.
En 1980, Angelina se encontró con un hombre que se presentó diciendo que era su hermano muerto. Le dijo que había sido transformado en zombi a causa de un problema de sucesión con otro de sus hermanos, quien le habría pagado a un "boko" para ello. Recordaba su "agonía", los llantos de Angelina y la impresión que había tenido como de flotar por encima de su cuerpo. Enseguida, lo habían sacado del ataúd y después de su "resurrección" lo habían llevado a los alrededores de Cap Haitien y obligado a trabajar durante dos años como obrero agrícola en una plantación, junto a otros zombis.

Aunque se había dado cuenta de su situación, no podía reaccionar y vivía como en un sueño, bajo la impresión de que los acontecimientos se movían en cámara lenta. Podía comer normalmente pero la sal le estaba prohibida. La muerte de su amo libera a los zombis de la fuerza que los mantiene de alguna forma prisioneros y Narcisse no podía pensar en volver a su aldea natal hasta la muerte de su hermano ya que sentía todavía mucho miedo de él. No quiso nombrar a los que lo habían sacado del cementerio y mantenido en esclavitud.
El asunto tuvo tal resonancia que, en 1981, un equipo de la BBC fue enviado al lugar para efectuar una investigación. Lamarque Douvon, director del centro de psiquiatría y neurología de Puerto Príncipe, que se interesaba desde los años 50 en el vudú, decidió verificar las declaraciones de Narcisse.
Junto a su familia, preparó una serie de preguntas cuyas respuestas sólo podían conocer ellos, con el fin de confundir a un eventual impostor. Sin embargo, Narcisse respondió correctamente a todo, convenciendo a Douvon de que este fenómeno era real. Sin embargo, como ni su familia ni los habitantes de su aldea querían volver a verlo, Narcisse fue admitido en la clínica de Douvon y, después, en una misión bautista.


Peregrinaje vudú a la cascada "Salto del Agua", en Ville Bonheur (Ciudad Felicidad), en Haití



Un lado negro y uno blanco. De acuerdo con su maquillaje, el hechicero vudú puede ser maléfico o bienhechor.


El culto vudú
Según el culto vudú, un dios, llamado también "Gran Maestro", que está por encima de todo, ha creado a unos espíritus, los "loa", para servir a los hombres. Después del bautizo católico, el adepto se pone bajo la protección de su "loa raíz" una especie de espíritu tutelar de la familia. Más tarde, es revestido con una nueva personalidad durante una ceremonia de iniciación y debe servir al "loa maestro en jefe", quien de ahí en adelante dirige su vida. La toma de posesión del maestro se realiza en una ceremonia donde algunos animales, especialmente aves, son inmolados, los oficiantes son el "uga", sacerdote vudú, o "mambo" si se trata de una mujer, el "boko" o mago que puede hacer tanto el bien como el mal, y el "loup-garou" o hechicero, Todos ellos son inseparables.

Los zombis
Uno de los aspectos más controvertidos del vudú se refiere naturalmente a la existencia de los zombis y muchos científicos tratan a las personas afectadas como enfermos mentales. En su lugar de origen, el zombi es objeto de temor y también de piedad, ya que su calvario es visto como una maldición. Sucede, a veces, que a los difuntos se les corta la cabeza para que no se transformen en zombis.
Pareciera que existen tres clases de zombis. El "zombi astral", elemento del alma que puede ser transmutado según la voluntad de quien la posee; el "zombi cadáver", zombi de carne y hueso que se puede hacer trabajar, y el "zombi sabana", antiguo zombi que ha vuelto al estado de ser vivo. Estudios recientes, como el realizado por el Dr. Wade Davis de la Universidad de Harvard, autor de un libro muy completo sobre el tema, publicado en 1985 y titulado Vudú, han demostrado que es posible llegar a detener casi completamente el ritmo cardiaco de un ser vivo y darle la apariencia de un muerto, utilizando ciertas sustancias. Luego, el hechicero y sus ayudantes esperan que la familia haya partido después del entierro, exhuman el cuerpo de su ataúd y se apoderan del difunto.
Davis notó también que aquellos que se transformaban en zombis eran personas a quienes se reprochaba algún comportamiento censurable (problemas de tierras, ambición excesiva, seducción de la mujer de otro hombre, difamación) y que eran juzgados por sociedades secretas haitianas llamadas Bizango. Así, por ejemplo. Narcisse tenía efectivamente un litigio de sucesión con su hermano y éste parece haberle hecho pagar caro por ello.

Orígenes africanos del vudú
En el Togo y en el antiguo Dahomey, el término vudú se utilizaba para referirse a unas divinidades que representaban a las fuerzas de la naturaleza. Los hombres las invocaban para obtener felicidad en su vida y también cumplían un papel importante en la prevención y en la curación do las enfermedades. En el siglo XVI se inició el comercio de esclavos africanos hacia Haití. Ellos llegaban con sus tradiciones y sus costumbres y, a pesar de las campañas efectuadas por la Iglesia, los cultos africanos permanecieron vivos, al igual que en el Brasil, donde se llaman candombe o macumba y en el Caribe. El vudú, sin embargo, recibió algunas influencias del cristianismo y las adaptó. Así, por ejemplo, algunos espíritus corresponden a santos católicos. Estas modificaciones lo han alejado del culto original venido de África.




La máscara de hierro
Un prisionero sin rostro

El origen de una leyenda que encendió la imaginación de novelistas y dramaturgos es un extraño prisionero a quien Luis XIV prohibió todo contacto con el mundo.
Revelado por Voltaire e inmortalizado por Alejandro Dumas, el "hombre de la máscara de hierro" es aún hoy en día un misterio: ¿quién era, y qué hizo para ser aislado de esa manera?.
Antiguo mosquetero de confianza del rey y de su ministro Louvois, Benigno de Saint-Mars es, en 1665, comandante de la Fortaleza de Pignerol, en los Alpes. Tiene a su cargo varios prisioneros, entre ellos, el antiguo ministro Fouquet y el duque de Lauzun, Saint-Mars deja Pignerol en 1681 y asume la comandancia del Fuerte de Exilies: dos prisioneros le siguen. Cuando, en 1687, se convierte en gobernador de la isla Santa Margarita, frente a Cannes, lleva a uno de los dos hombres consigo. El individuo es escondido en un carruaje cerrado recubierto de molesquín.

En 1698, Saint-Mars es nombrado comandante de la Bastilla, un prisionero lo acompaña todavía. Para preservar su anonimato, Saint-Mars le cubre el rostro con una máscara de terciopelo con articulaciones de metal: la "máscara de hierro". Cuando el cautivo muere en 1703, es enterrado con un nombre ficticio (Marchiali) en el cementerio de San Pablo de Paris.


¿Quién fue el hombre de la máscara de hierro?


El caso revelado por Voltaire
En su obra El siglo de Luis XIV, publicada en 1751, Voltaire es el primero en evocar el caso de la máscara de hierro. "Se envió, con máximo secreto, al castillo de la isla Santa Margarita, en el mar de Provenza, a un prisionero desconocido, de estatura fuera de lo común, joven y de la más bella y fina estampa. Durante el viaje, el prisionero llevaba una máscara cuya mentonera tenía resortes de acero, que le permitían comer con la máscara puesta. Había órdenes de matarlo si se descubría. Permaneció en la isla hasta que un oficial de confianza, llamado Saint-Mars, alcaide de Pignerol, designado alcaide de la Bastilla el año 1690, fue a buscarlo a la isla Santa Margarita y lo condujo a la Bastilla, siempre enmascarado. El marqués de Louvois fue a verlo a la isla antes del traslado. El desconocido fue llevado a la Bastilla, donde se le alojó espléndidamente No se le negaba nada de lo que pedía. Su mayor gusto era por la ropa de una fineza extraordinaria y por los encajes. Tocaba la guitarra. Se le daba la mejor comida y el alcaide rara vez se sentaba delante de él."


Los cinco de Pignerol
El hombre de la máscara es seguramente uno de los prisioneros que Saint-Mars tiene a su cargo cuando dirige Pignerol, al comienzo de su carrera.
Dos de ellos son hombres famosos: el rico y astuto ministro Fouquet, encarcelado por Luis XIV, celoso del fasto del personaje o sinceramente convencido de su corrupción, y el caprichoso duque de Lauzun, mariscal de campo del rey, comprometido en intrigas amorosas. Ninguno de los dos puede ser el de la máscara de hierro: Fouquet muere en 1680, Lauzun es liberado poco antes de la partida del alcaide.
En los últimos meses de la estadía de Saint-Mars en Pignerol, cinco prisioneros ocupan los calabozos de la imponente fortaleza, uno de ellos es un monje condenado por haber estafado a varias doncellas de la corte pretendiendo haber encontrado la piedra filosofal. Otro, Dubreuil, es un oficial acusado de espionaje y traición. Un tercero Matthioli, es un conde italiano súbdito del duque de Mantua, que intentó engañar a Luis XIV en una negociación. El cuarto, La Rivière, es el lacayo de Fouquet, mantenido prisionero después de la muerte de su amo: el intrigante ministro pudo haberle revelado peligrosos secretos. El quinto, Eustaquio Dauger, o d'Auger, es un joven caballero de la corte acusado de estar involucrado en el caso de los venenos.


La máscara de hierro en la Bastilla, grabado de 1789- 1790 (Paris, Museo Carnavalet.)


El fiel prisionero.
En 1681, Saint-Mars llega a Exilies con dos de sus prisioneros. No los llama de otra manera que no fuera "los dos de la torre de abajo". Sin embargo, por la correspondencia del comandante se puede averiguar que Matthioli y Dubreuil permanecieron por algún tiempo en Pignerol después de la partida de Saint-Mars y que el monje muere allí. Por lo tanto, "los dos de la torre de abajo" son La Rivière y Dauger.
Uno de ellos, enfermo, muere en 1686: se trata muy probablemente de La Rivière, aquejado de un mal que lo inmovilizaba a menudo, incluso cuando servía a Fouquet. El sobreviviente es, entonces, forzosamente, Dauger. Esta certeza es reforzada por una carta del hijo del marqués de Louvois que, en 1691 habla a Saint-Mars del prisionero que tiene a su cuidado "hace más de veinte años": sólo la fecha de encarcelación de Dauger corresponde.
En 1694, Malthioli y Dubreuil se reúnen con Saint-Mars en Santa Margarita. El italiano muere pocos meses más tarde. Cuando asume su cargo en la Bastilla, en 1698, Saint-Mars parte de Santa Margarita con los dos sobrevivientes: uno está enmascarado, el otro es Dubreuil, que es dejado en el fuerte de Lyon. Nuevamente, el hombre de la máscara no puede ser sino Eustaquio Dauger.

Eustaquio Dauger
Desde su encarcelación en 1669, Dauger es objeto de una atención constante. Su nombre no es citado más que a su llegada y, en adelante, cuando un importante ministro de Luis XIV, como Louvois, inquiere sobre su estado, lo hace hablando a Saint-Mars del "prisionero de la torre de abajo" o de "vuestro antiguo prisionero". Por otra parte, las instrucciones de Louvois son claras: se debe mantener al hombre en secreto y asegurarse que no tenga ninguna comunicación con el exterior. Saint-Mars le lleva personalmente las comidas: ni siquiera sus centinelas pueden acercársele. Este enclaustramiento absoluto parece significar que Dauger guarda un secreto terrible. En 1675, Louvois acepta que éste sirva de lacayo a Fouquet en reemplazo de La Rivière, a menudo enfermo. Contacto sin riesgo. Fouquet está también condenado de por vida e incomunicado del mundo.

Aún permanecen dos enigmas: ¿cuáles son esos terribles secretos y por qué Dauger es encarcelado con tantas precauciones en vez de ser simplemente asesinado? La hipótesis preciada por los novelistas que el hombre de la máscara de hierro fue un hermano de Luis XIV no puede ser defendida seriamente. Después de los estudios de un historiador del siglo XX (M. Duvivier), la carrera de Dauger es bien conocida y nada permite relacionar su personaje a la familia real. Queda el hecho que se creyó necesario no sólo aislarlo para impedirle revelar lo que fuera, sino que se cuidó de esconder también su rostro, que debió contener un secreto en sí mismo...

Las antiguas hipótesis
La máscara que cubría la cara del prisionero de Saint-Mars alimentó muchas hipótesis. Sería para disimular un parecido con un gran personaje que se le habría impuesto al cautivo llevar la máscara, al tiempo que se le trataba con las mayores consideraciones. A partir del siglo XVIII, se propusieron varias identidades. La más famosa es la aventurada por Voltaire y retomada por Alejandro Dumas, autor de la novela El vizconde de Bragelone: el hombre de la máscara de hierro sería un medio hermano mayor de Luis XIV, fruto de las relaciones adúlteras entre Ana de Austria y el conde de Buckingham. Sin embargo, también habría podido ser un gemelo del Rey Sol; su hermano menor nacido de un matrimonio secreto entre Ana y Mazarino; un hijo natural del rey Carlos II de Inglaterra... o incluso el escritor Molière, quien, después del Tartufo, ¡habría sido víctima de la venganza de los devotos!




El ataque japonés a Pearl Harbor
¿Fue una trampa tendida por Roosevelt?

El 7 de diciembre de 1941, un sorpresivo ataque efectuado por la aviación japonesa destruyó la escuadra norteamericana del Pacífico, en su base de Pearl Harbor. La facilidad con que logró el éxito hizo surgir una duda:
¿Roosevelt habría dejado deliberadamente el camino libre a los japoneses a fin de vencer las reticencias de los norteamericanos a entrar en la guerra?

A las 07:55 hora local, en la quietud de la mañana dominical, la gente se despierta lentamente en la base norteamericana de Pearl Harbor, situada en la isla de Cahu, en el corazón del archipiélago de Hawai. Repentinamente, un zumbido atronador rompe la calma y un diluvio de hierro y fuego cae del cielo: 183 aviones japoneses están bombardeando la base.

La guerra se transforma en un conflicto mundial
Después de la eliminación, en 1939, de Polonia, 1940 es un año de guerras relámpago en Europa occidental. Pero en 1941 la guerra se transforma realmente en un conflicto mundial. Ante la resistencia de Gran Bretaña, Hitler cambia de estrategia y para ayudar a los italianos, envía en marzo a África al Afrika Korps del general Römnel. Invade Yugoslavia y Grecia en abril y, por sobre todo, pone en marcha el 22 de junio el plan Barbarroja y ataca a la Unión Soviética. En forma paralela, los Estados Unidos se comprometen y prestan un apoyo cada vez más activo a Gran Bretaña, a la que entregan material bélico gracias a una ley sobre préstamo y arrendamiento. El 14 de agosto de 1941. Churchill y Roosevelt firman la Carta del Atlántico. El ataque japonés a Pearl Harbor termina por globalizar el conflicto. De ahora en adelante, una Gran Alianza une a los Estados Unidos con el Reino Unido y la Unión Soviética en contra de los poderes del Eje.


Un ataque fulminante
El pánico reemplaza a la incredulidad y la sorpresa es total. Bajo las bombas y los torpedos, los acorazados, cruceros y destructores de la flota norteamericana en el Pacifico, se incendian o zozobran. La aviación queda atrapada en tierra, impotente, mientras los hangares y los estanques estallan. A las 18:45, una segunda oleada, originada por 170 atacantes toma el relevo. El balance es desastroso; 2.403 muertos y 1178 heridos, 18 buques fuera de combate y 159 aviones destruidos.
Con pérdidas muy pequeñas, Japón lograr realizar exitosamente el ataque por sorpresa más formidable de todos los tiempos. Es un plan increíblemente audaz del almirante Isoroku Yamamoto, un ataque a 5.500 kilómetros de Japón contra la base enemiga mejor protegida de todo el Pacifico; esta "locura" ha tenido un éxito total gracias a una minuciosa preparación de la aviación y de los servicios de inteligencia.
Es verdad que la suerte ha jugado también un buen papel, al igual que la negligencia de los norteamericanos.


El presidente Roosevelt. ¿Tanto quiso vencer el aislacionismo norteamericano al punto de utilizar a Pearl Harbor como un cebo?


Sospechosas negligencias de los militares norteamericanos
En el lugar de los hechos, el general Short y el almirante Kimmel advertidos de una posible ofensiva nipona, no piensan que Pearl Harbor pueda ser el blanco escogido. Por negligencia, abandonan la vigilancia por radar y no cambian ninguna de sus rutinas; la flota regresa a la base cada fin de semana, como de costumbre. Además, los dos hombres no congenian y no intercambian información.
En Washington sucede algo similar, Se ha descifrado el código secreto de las japoneses y se sabe que preparan algo, pero los servicios de inteligencia no se coordinan entre sí, más bien tienen celos unos de otras y, sobre todo, no logran separar lo verdadero de lo falso: los japoneses se han transformado en los maestros en el arte de la desinformación. Finalmente, si bien las autoridades responsables norteamericanas no desconocen las políticas expansionistas de Japón, saben también de su debilidad económica y piensan que no tendrá la osadía de atacar directamente a los Estados Unidos.
En el peor caso si es que esta locura tentara a los japoneses, las Filipinas serían seguramente el blanco amenazado y no Pearl Harbor. Por esta razón, aun cuando el general Marshall fue informado una hora y media antes de la operación, que se preparaba un ataque inminente en contra de una base norteamericana, no previno en primer lugar a Pearl Harbor. Como todos los demás, no quiso creer en la increíble verdad.
Tantas torpezas acumuladas despiertan pronto las sospechas y, terminada la guerra, algunos partidarios del aislacionismo acusan al presidente Roosevelt de haber utilizado a la escuadra de Pearl Harbor como un cebo para atraer un ataque japonés y forzar a su país a entrar en la guerra. Y así nace la teoría de la duplicidad de Roosevelt. Los japoneses habrían caído en una trampa y la opinión pública norteamericana, reticente, habría sido enfrentada a un hecho consumado.


7 de diciembre de 1941, 07.55 horas: los japoneses, bajo el mando del almirante Yamamoto, atacan la base norteamericana de Pearl Harbor.


El mito de la provocación
En realidad, Roosevelt ya se había comprometido deliberadamente con la guerra al suministrar ayuda a Gran Bretaña, aunque para él el frente europeo era prioritario y no tenía interés alguno en participar los hechos en el Pacífico. Sin ceder ante Japón, había buscado, hasta entonces, ganar tiempo.
Por su lado, Japón había hecho lo mismo durante bastante tiempo, aunque tratando de hacer avanzar a sus peones lo más lejos posible. El gobierno nipón había firmado un pacto tripartito con Alemania e Italia, porque vio ahí el medio para proseguir su política de conquistas territoriales en China y en el sudoeste asiático así lo que buscaba era disuadir a los Estados Unidos a fin que no se opusieran a sus intereses imperialistas. Sin embargo, cuando en julio de 1941 el ejército japonés ocupó el sur de Indochina, los norteamericanos reaccionaron inmediatamente cortándoles el aprovisionamiento de petróleo. Cada uno buscaba hacer ceder al adversario sin entrar en un conflicto abierto. Japón se da cuenta que no puede lograr sus fines sin que Washington reaccione. Entonces decide precipitar los hechos, y se lanza en un conflicto que considera inevitable, empleando para ello el efecto sorpresa.
Pearl Harbor fue un éxito táctico indiscutible. Pero, más allá de eso, al provocar al gigante norteamericano, el almirante Yamamoto selló, a su pesar, el final del conflicto mundial.

Ataques por sorpresa y provocaciones Ataque sorpresivo.
Ya en febrero de 1904, el Japón Imperialista rehúsa todo entendimiento con Rusia para compartir las zonas de influencia en el Extremo Oriente y envía a su flota a atacar por sorpresa, en medio de la noche, a la flota rusa fondeada en Port-Arthur. Los japoneses aseguran así su dominio en una guerra que termina pronto, en 1905, con la derrota de Rusia, que es humillada y pasa a ser el primer país colonizador vencido por una nación no occidental.
Pretexto. En 1898, los Estados Unidos, al ver amenazados sus intereses en Cuba por los colonos españoles de la isla, toman como pretexto la explosión del acorazado Maine en la rada de La Habana para atacar a los españoles. La derrota de estos últimos provoca el fin del imperio colonial español, la independencia de Cuba y el progresivo aumento de la influencia de Estados Unidos en todo el continente americano.
Provocación. Para justificar la invasión de Polonia por el ejército alemán, los servicios especiales nazis organizan en forma minuciosa un incidente fronterizo el 31 de agosto de 1939. Hombres disfrazados con el uniforme polaco simulan atacar una estación de radio alemana en Gleiwitz para calificar enseguida la acción, con todo el peso de la propaganda hitleriana, como una provocación polaca que requiere un severo castigo.




Matusalén
Una larga vida de 969 años

La muerte es, sin duda, la más terrible de las barreras a las que el hombre se ve enfrentado. Así también, uno de sus más antiguos combates ha sido tratar de retrasar el instante fatídico.
Es por esto que, según las épocas, el hombre se volvió hacia prácticas mágicas, luego hacia el ocultismo. En nuestros días, la ciencia tomó el relevo. Pero la imaginación humana también se alimentó de relatos cuyos personajes vivían indefinidamente.




Fragmentos de la Danza de la muerte de Lübeck


“Viejo como Matusalén”
La longevidad atribuida a Matusalén, uno de los patriarcas antediluvianos del Génesis, es también proverbial. De hecho, los 969 años que le atribuyen los escribas en las Escrituras constituyen casi la única información que se tiene sobre este personaje, le confieren una especie de récord, puesto que cuentan que su bisabuelo, Adán, vivió 930 años, su abuelo, Set, 912 años, y su padre Henoch, 305 años. Sin embargo, este último no murió sino que fue "llevado" por Dios después de una vida perfecta. Al hijo de Matusalén, Lamech, le confieren sólo 177 años, pero la descendencia recuperó su vigor con Noé, el héroe del Diluvio, que murió a los 950 años. Esa es la leyenda. Existen dos hipótesis sobre la interpretación de estas longevidades fabulosas que no son, por lo demás, contradictorias. La primera supone que los años concedidos a los patriarcas son, en realidad, el número de meses de sus vidas; se obtiene de esta manera alrededor de 77 años para Adán, 76 para Set, más o menos 81 años para Matusalén, 30 años de existencia terrestre para Henoch y 79 años para Noé. En cambio, según este cálculo, Lamech habría vivido apenas quince años.
Los escribas habrían efectuado esta conversión con el fin de exaltar a estos hombres dignos de admiración. Según otra teoría desarrollada por los especialistas de la Biblia, estas vidas sobrenaturales habrían sido inventadas para establecer genealogías sin lagunas que cubrieran con pocos nombres largos períodos prehistóricos. Esta manera de proceder se repite con el sacerdote caldeo Beroso, quien en su historia de Babilonia, escrita alrededor de 280 años antes de Cristo, afirma que los reinados de los diez reyes de las épocas fabulosas no abarcan menos de... 432.000 años.


Las edades del hombre, litografía de 1906 (París Museo de las Artes y Tradiciones Populares)


Historias de inmortales
El lema de la inmortalidad, o en su defecto el de la longevidad extrema, obsesionó la imaginación del hombre desde los tiempos más antiguos. Ya, en la mitología asirobabilónica, en la Epopeya de Gilgamesh, en el tercer milenio antes de Cristo, se evoca la posibilidad. Atraviesa discretamente la historia de la literatura hasta el siglo XIX, luego se desarrolla en el seno de una corriente fantástica que lo trata en general como una maldición. Obras importantes como El judío errante , de Eugène Sue (1845), el ciclo de She, La-que-debe-ser-obedecida, de sir Henry Rider Haggard (1887-1923), Drácula, de Bram Stoker (1897), o series muy populares en su época, tales como la consagrada al enigmático Dr. Nikola de Guy Boothby (1895-1905), ilustran la búsqueda de un sueño que revela, a fin de cuentas, una pesadilla física y mental. En el siglo XX la evolución de la ciencia ofrece nuevos recursos. Pero la literatura sigue dominada por la idea que una longevidad extrema no procura más que aburrimiento y que ésta no se adquiere sino que al precio de compromisos moralmente inaceptables: así el sabio Fausto no duda en pactar con el diablo a cambio de una nueva juventud. Este mito se repite en la época contemporánea por ejemplo, en El Maestro y Margarita , novela del escritor soviético Mikhail Boulgakov (1891-1940), inédita hasta 1966. La moraleja de estas obras es la misma: no se puede ir impunemente contra las leyes de la Naturaleza...


Los límites de la vida humana
De manera más comprobable, la historia nos da a conocer, de tiempo en tiempo a través de los siglos, la existencia de personas que sobrepasaron ampliamente la esperanza de vida de sus épocas.
Esta se ha alargado en proporciones extraordinarias desde la Prehistoria, pero el "despegue" esencial se produjo recién en el siglo XIX. De hecho, un hombre vive hoy en día tres veces más que el de Cromagnon. Por otra parte, las investigaciones recientes ubican la barrera biológica de la especie humana en alrededor de 110 años. Estimación que sufre excepciones: en 1958, un colombiano habría alcanzado la respetable edad de 160 años. Récord conmemorado por la Oficina de Correos colombiana con una estampilla que tenía por leyenda: "¡El hombre más viejo del mundo!"
Esta noción de barrera biológica fue dada a luz por un americano, el Profesor Leonard Hayflick: sus experiencias in vitro parecen probar que las células se comportan como si tuvieran una especie de reloj interno que determina de antemano durante cuánto tiempo vivirán y seguirán dividiéndose.


Ultima etapa de la vida, la vejez. Es bajo rasgos semejantes que se imagina a Matusalén... con 969 años, pintura de Durero (Florencia, Museo de los Oficios).


¿La ciencia versus el “reloj biológico”?
Si la noción de barrera biológica corresponde a una realidad, sólo la manipulación genética permitirá eludir el infranqueable obstáculo que representa hoy en día. ¿Alcanzará algún día la ciencia este resultado? Si así fuese, habrá puesto entonces un pie en un terreno hasta hoy reservado a lo divino. Por ahora, el hombre se contenta con explorar la vía del trasplante de órganos defectuosos por equivalentes artificiales. La miniaturización de la electrónica lo hace cada vez más factible y podemos imaginar que un día algunos conejillos de Indias podrán convertirse en "cyborgs", es decir en unos cerebros con envolturas totalmente artificiales y altamente desarrollados. En su libro Cuando el hombre se convierte en máquina (1971), el periodista científico americano David Rorvik presenta esta mutación como un gran paso adelante para la humanidad... o más bien hacia la inhumanidad, no pueden evitar de replicar algunos.

Magia, ocultismo y longevidad
Para luchar contra los estragos del tiempo en el organismo, los hombres se han visto tentados a menudo a recurrir a lo sobrenatural.
El vampirismo. Contrariamente a una idea preconcebida, el vampiro no es un difunto sino un "no-muerto" (ese es el sentido de nos-feratu), un ser inmovilizado en la frontera que separa la vida de la muerte. El vampiro ha adquirido la longevidad, a menudo contra su voluntad, al ser victima de otro vampiro. Esta forma de semi-mortalidad tiene todo de una condena y el "verdadero" vampiro es más cercano al monstruoso Nosferatu que al seductor Drácula, las dos caras dadas por el cine al mismo héroe del escritor Bram Stoker.
La Magia negra. Una longevidad deseada puede resultar de un pacto consumado con fuerzas oscuras. Se pretende que algunos grandes brujos de la macumba, la magia negra brasilera, hayan vivido más de dos siglos. Autores de ciencia ficción, como el americano Lovecraft, han Imaginado, por otra parte, una forma de "vampirismo" psíquico que permitiría a seres humanos envejecidos rejuvenecerse atiborrándose con la energía vital de personas jóvenes.
La Magia real. Esta es la de los grandes ocultistas, de los alquimistas. En efecto, la alquimia se presenta como una tentativa de reconquista a través del conocimiento de los antiguos secretos de los privilegios perdidos a causa del pecado original. Entre estos privilegios figura en primer lugar el de la inmortalidad. Durante siglos los alquimistas trataron entonces de reencontrar el secreto del elíxir de una larga vida, "el oro potable", que supuestamente les permitiría atravesar los siglos realizando su fin último: la transmutación del cuerpo y el retorno a la inmortalidad adámica. La tradición pretende que algunos alquimistas famosos como Nicolás Flamel, el conde de Saint-Germain, Artepio, el alquimista árabe de la Edad Media o Fulcanelli lograron esta transmutación.




Glosario

Saurio: Los lacertilios o lagartos (Lacertilia) son un suborden de reptiles e incluye la mayoría de los reptiles actuales, como los camaleones, las lagartijas, los lagartos y las iguanas, y algunas formas fósiles muy notables, como los mosasaurios del Cretácico Superior.
Espolonazo: Golpe dado con el espolón.
Albizzia: Albizia es un género de cerca de 150 especies de árboles y arbustos de rápido crecimiento, subtropicales y tropicales, en la Subfamilia de las Mimosoideae, leguminosas de la familia de las Fabaceae.
Saponina: Nombre común de varios glucósidos vegetales que, diluidos en agua, producen una espuma parecida a la de los jabones.
Grupo de compuestos jabonosos, tóxicos, presentes en muchas plantas.
Tetrodo toxina: Es una potente neurotoxina que se encuentra principalmente en las vísceras (por ejemplo, hígado, ovarios, testiculos) de muchas especies de peces tetraodóntidos y diodóntidos, como el pez globo
Inmolado: Sacrificar, degollando a la víctima. Dar la vida, bienes u honor por una persona o cosa.
Molesquín: Paño de algodón que se asemeja bastante al cuero.
Adámica: adj. adánico. Perteneciente o relativo a Adán, personaje bíblico.



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