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Casi me mato - Cap.1

Humor2/26/2017
Hola les quería compartir una anécdota que me ocurrió hace ya varios años…
Resulta que yo tenía un amigo medio rayado que insistía cotidianamente en poner en riesgo nuestras vidas, ya que el era inmortal y siempre salía ileso… Pero yo en cambio, como todo secuaz, siempre terminaba con riesgo de amputación al concluir la osada jornada.
En esta ocasión ocurrió lo siguiente…
Eran algo así como las 9 de la noche de un domingo… Habíamos acompañado a la novia de mi amigo a su casa, esta vivía pasando las vías del tren así que debíamos atravesarlas. Al regresar, luego de dejar a la minita en su posilga llena de Kukas, notamos que pasaba un tren de carga, pero a muy baja velocidad. Logramos deducir que esto se debía a que las vías estaban siendo reparadas en ese tramo. Yo no hice demasiado hincapié en ese detalle, pero pude vislumbrar en el rostro de mi amigo una expresión que demandaba mi complicidad para realizar alguna audaz hazaña.
No tardó en comunicarme lo que se le había ocurrido y pronto mi respuesta fue ‘’estas loco’’… Luego de amedrentarme con descalificativos que aluden a la homosexualidad, termino por convencerme… ¿Qué era lo que me proponía? Simple, aprovechar la baja velocidad de la locomotora para subirnos en el último vagón y disfrutar de un paseo gratuito, además según los cálculos del pibe podríamos bajar cerca de su casa y ahorrarnos la caminata de vuelta, ya que la minita vivía en una punta de la ciudad y mi amigo en la otra (y yo era alto gil que lo acompañaba). En cuestión de segundos el tren nos pasó por delante hasta colocarnos el último vagón frente a nuestras narices, fue en ese momento que mi amigo sale corriendo y se sube sin mucho esfuerzo. Yo lo seguí de muy mala gana, sabía que esto no acabaría bien, pero no dude demasiado… Cuando quisimos acordar, ahí estábamos, sobre el tren, paseando como polisones a unos 20 km por hora, disfrutando el paisaje que nos brindaban los oscuros descampados de los barrios suburbanos bajo el manto de la nocturnidad.
Nos sentíamos seguros de estar sobre el vagón ya que de otra manera bien podríamos haber sido ultrajados por delincuentes considerando el sitio y la hora en la cual nos encontrábamos… Así que todo se torno muy divertido, imaginen, éramos privilegiados, dos pibes de 14 o 15 años recorriendo los sitios más recónditos de la ciudad sin ser descubiertos y con la inmunidad de ir sobre un vagón de tren. Pronto me amigue con el plan de mi camarada, después de todo no había sido tan mala idea, ¿qué podría pasarnos?...
Ahí estábamos, contemplando cómodamente la penumbra de los suburbios, autos con la luz baja que frenaban sospechosamente entre los arbustos, gente reunida en un descampado, casillas abandonadas con aspecto tétrico… todo eso y más podíamos observar sin temor a ningún peligro y disfrutando del sosiego que brindaba el ligero andar de la maquinola…
De golpe la calma empieza a desvanecerse, el chofer del tren comienza a acelerar considerando que ya había dejado atrás el trayecto en reparación… Yo entré en pánico, le dije a mi amigo que deberíamos bajar antes de que acelere más. El con aires de despreocupación me dijo ‘’tranquilo, ahora no podemos bajar, nos vamos a hacer mierda, esperemos a que desacelere’’ y prosiguió a poner música con su prototipo de smartphone del 2010…
Yo no podía calmarme y pronto contagié el pánico a mi compañero, nos dimos cuenta de que el tren no iba a bajar la velocidad ya que nos estábamos acercando al último cruce urbano, una avenida circunvalación que bordea la ciudad al noreste… Esto significaba que ya estaríamos entrando en zona rural y ahí la cosa se complicaría más… Pronto la situación se volvió caótica, la velocidad de la locomotora iba en aumento, las luces de la circunvalación se veían más cercanas, pronto saldríamos de la ciudad rumbo la estación más cercana; en este caso se trataba de un pueblito perteneciente al partido a unos 60 km. Debíamos saltar… de otro modo la situación solo empeoraría al pasar los minutos. Había tres opciones: La primera era saltar y hacernos bosta contra el empedrado de las vías lo antes posible, la segunda era debatir acerca de que haríamos para zafar y de todos modos terminaríamos saltando pero en el medio del campo, la tercera sería quedarnos sin hacer nada y esperar hasta llegar al pueblito terminando a la deriva muy lejos de casa y sin un mango).
Pronto mi amigo dijo ‘’hay que saltar ahora, antes de pasar el cruce’’, sus palabras me aterrorizaron porque, si bien yo quería bajarme de inmediato de ese vagón, sabía que eso involucraría una gran dosis de valor y adrenalina. También me preocupaba que mi amigo salte pero yo no lo logre y quede solo viajando, yo sabía que el lo haría en cualquier momento, siempre era de actuar sin pensar… a mi me costaría más dar el salto. Estuvimos unos minutos debatiendo acerca del modo de bajar, si lo hacíamos por la parte de atrás del vagón rodaríamos sin control sobre las puntiagudas piedras, pero si saltábamos hacia un costado correríamos el riesgo de caer sobre algún tronco u otra cosa afilada ya que los matorrales impedían visualizar un buen aterrizaje.
Mi compañero no lo pensó más y se dispuso a saltar, se sentó en el borde de la parte de atrás del vagón mirando hacia las vías, tomó aire, me miró, me dijo ‘’no tardes en saltar’’ y se tiró… Pude ver como rodaba de espalda dando vueltas carnero en dirección opuesta a su salto, inercia pura… me aterroricé, no pude ver si había sobrevivido ya que en un segundo quedó varios metros atrás. Fue ahí cuando comprendí la velocidad a la que nos movíamos, sin perder más tiempo procedí a imitar a mi amigo sin saber cual sería el resultado final de todo esto… me senté en el borde, por un segundo pensé en tirarme al revés, mirando el vagón… pronto esa idea desapareció cuando me visualicé a mi mismo con el rostro desfigurado (imaginen)… como venía diciendo, me senté en el borde, respiré y salté… Recuerdo haber caído de pie, sorprendido pensé ‘’lo logré y sin un rasguño’’… pero de golpe sentí una fuerza inmensa que me arrojaba de espaldas para acabar sufriendo las mismas leyes físicas aplicadas a mi compañero… rodé hacia atrás pegando unos cuatro o cinco giros, no recuerdo haber sentido los golpes, no me dolía nada, supongo que la adrenalina estaba haciendo efecto. Cuando dejé de girar quedé en una posición en la cual mi cabeza y espalda reposaban sobre las piedras, mientras que mis piernas se encontraban en el aire, casi podía besarme los dedos de los pies… En cuanto pude me puse de pie, verifiqué que todo esté en su lugar y me dirigí al encuentro con mi camarada… Ahí estaba el descostillado de la risa, doblado sin poder respirar a causa de tal jolgorio. Al verlo me contagié de su estado y ambos sin mediar palabras acabamos tendidos en el piso manifestando mediante risas lo divertida y cómica que era nuestra situación. El me pregunto si estaba bien, yo le dije que si y devolví la pregunta, el asintió y dijo ‘’bueno casi’’ mientras me mostraba una enorme ampolla de sangre que emergía de su mano cual tumor cutáneo… Ambos sabíamos que eso no era grave y alegres de haber resultado ilesos emprendimos el camino a su casa que, acorde a sus cálculos previos, nos había quedado bastante cerca.
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