animaxg2
Usuario (Argentina)
Hola les quería compartir una anécdota que me ocurrió hace ya varios años… Resulta que yo tenía un amigo medio rayado que insistía cotidianamente en poner en riesgo nuestras vidas, ya que el era inmortal y siempre salía ileso… Pero yo en cambio, como todo secuaz, siempre terminaba con riesgo de amputación al concluir la osada jornada. En esta ocasión ocurrió lo siguiente… Eran algo así como las 9 de la noche de un domingo… Habíamos acompañado a la novia de mi amigo a su casa, esta vivía pasando las vías del tren así que debíamos atravesarlas. Al regresar, luego de dejar a la minita en su posilga llena de Kukas, notamos que pasaba un tren de carga, pero a muy baja velocidad. Logramos deducir que esto se debía a que las vías estaban siendo reparadas en ese tramo. Yo no hice demasiado hincapié en ese detalle, pero pude vislumbrar en el rostro de mi amigo una expresión que demandaba mi complicidad para realizar alguna audaz hazaña. No tardó en comunicarme lo que se le había ocurrido y pronto mi respuesta fue ‘’estas loco’’… Luego de amedrentarme con descalificativos que aluden a la homosexualidad, termino por convencerme… ¿Qué era lo que me proponía? Simple, aprovechar la baja velocidad de la locomotora para subirnos en el último vagón y disfrutar de un paseo gratuito, además según los cálculos del pibe podríamos bajar cerca de su casa y ahorrarnos la caminata de vuelta, ya que la minita vivía en una punta de la ciudad y mi amigo en la otra (y yo era alto gil que lo acompañaba). En cuestión de segundos el tren nos pasó por delante hasta colocarnos el último vagón frente a nuestras narices, fue en ese momento que mi amigo sale corriendo y se sube sin mucho esfuerzo. Yo lo seguí de muy mala gana, sabía que esto no acabaría bien, pero no dude demasiado… Cuando quisimos acordar, ahí estábamos, sobre el tren, paseando como polisones a unos 20 km por hora, disfrutando el paisaje que nos brindaban los oscuros descampados de los barrios suburbanos bajo el manto de la nocturnidad. Nos sentíamos seguros de estar sobre el vagón ya que de otra manera bien podríamos haber sido ultrajados por delincuentes considerando el sitio y la hora en la cual nos encontrábamos… Así que todo se torno muy divertido, imaginen, éramos privilegiados, dos pibes de 14 o 15 años recorriendo los sitios más recónditos de la ciudad sin ser descubiertos y con la inmunidad de ir sobre un vagón de tren. Pronto me amigue con el plan de mi camarada, después de todo no había sido tan mala idea, ¿qué podría pasarnos?... Ahí estábamos, contemplando cómodamente la penumbra de los suburbios, autos con la luz baja que frenaban sospechosamente entre los arbustos, gente reunida en un descampado, casillas abandonadas con aspecto tétrico… todo eso y más podíamos observar sin temor a ningún peligro y disfrutando del sosiego que brindaba el ligero andar de la maquinola… De golpe la calma empieza a desvanecerse, el chofer del tren comienza a acelerar considerando que ya había dejado atrás el trayecto en reparación… Yo entré en pánico, le dije a mi amigo que deberíamos bajar antes de que acelere más. El con aires de despreocupación me dijo ‘’tranquilo, ahora no podemos bajar, nos vamos a hacer mierda, esperemos a que desacelere’’ y prosiguió a poner música con su prototipo de smartphone del 2010… Yo no podía calmarme y pronto contagié el pánico a mi compañero, nos dimos cuenta de que el tren no iba a bajar la velocidad ya que nos estábamos acercando al último cruce urbano, una avenida circunvalación que bordea la ciudad al noreste… Esto significaba que ya estaríamos entrando en zona rural y ahí la cosa se complicaría más… Pronto la situación se volvió caótica, la velocidad de la locomotora iba en aumento, las luces de la circunvalación se veían más cercanas, pronto saldríamos de la ciudad rumbo la estación más cercana; en este caso se trataba de un pueblito perteneciente al partido a unos 60 km. Debíamos saltar… de otro modo la situación solo empeoraría al pasar los minutos. Había tres opciones: La primera era saltar y hacernos bosta contra el empedrado de las vías lo antes posible, la segunda era debatir acerca de que haríamos para zafar y de todos modos terminaríamos saltando pero en el medio del campo, la tercera sería quedarnos sin hacer nada y esperar hasta llegar al pueblito terminando a la deriva muy lejos de casa y sin un mango). Pronto mi amigo dijo ‘’hay que saltar ahora, antes de pasar el cruce’’, sus palabras me aterrorizaron porque, si bien yo quería bajarme de inmediato de ese vagón, sabía que eso involucraría una gran dosis de valor y adrenalina. También me preocupaba que mi amigo salte pero yo no lo logre y quede solo viajando, yo sabía que el lo haría en cualquier momento, siempre era de actuar sin pensar… a mi me costaría más dar el salto. Estuvimos unos minutos debatiendo acerca del modo de bajar, si lo hacíamos por la parte de atrás del vagón rodaríamos sin control sobre las puntiagudas piedras, pero si saltábamos hacia un costado correríamos el riesgo de caer sobre algún tronco u otra cosa afilada ya que los matorrales impedían visualizar un buen aterrizaje. Mi compañero no lo pensó más y se dispuso a saltar, se sentó en el borde de la parte de atrás del vagón mirando hacia las vías, tomó aire, me miró, me dijo ‘’no tardes en saltar’’ y se tiró… Pude ver como rodaba de espalda dando vueltas carnero en dirección opuesta a su salto, inercia pura… me aterroricé, no pude ver si había sobrevivido ya que en un segundo quedó varios metros atrás. Fue ahí cuando comprendí la velocidad a la que nos movíamos, sin perder más tiempo procedí a imitar a mi amigo sin saber cual sería el resultado final de todo esto… me senté en el borde, por un segundo pensé en tirarme al revés, mirando el vagón… pronto esa idea desapareció cuando me visualicé a mi mismo con el rostro desfigurado (imaginen)… como venía diciendo, me senté en el borde, respiré y salté… Recuerdo haber caído de pie, sorprendido pensé ‘’lo logré y sin un rasguño’’… pero de golpe sentí una fuerza inmensa que me arrojaba de espaldas para acabar sufriendo las mismas leyes físicas aplicadas a mi compañero… rodé hacia atrás pegando unos cuatro o cinco giros, no recuerdo haber sentido los golpes, no me dolía nada, supongo que la adrenalina estaba haciendo efecto. Cuando dejé de girar quedé en una posición en la cual mi cabeza y espalda reposaban sobre las piedras, mientras que mis piernas se encontraban en el aire, casi podía besarme los dedos de los pies… En cuanto pude me puse de pie, verifiqué que todo esté en su lugar y me dirigí al encuentro con mi camarada… Ahí estaba el descostillado de la risa, doblado sin poder respirar a causa de tal jolgorio. Al verlo me contagié de su estado y ambos sin mediar palabras acabamos tendidos en el piso manifestando mediante risas lo divertida y cómica que era nuestra situación. El me pregunto si estaba bien, yo le dije que si y devolví la pregunta, el asintió y dijo ‘’bueno casi’’ mientras me mostraba una enorme ampolla de sangre que emergía de su mano cual tumor cutáneo… Ambos sabíamos que eso no era grave y alegres de haber resultado ilesos emprendimos el camino a su casa que, acorde a sus cálculos previos, nos había quedado bastante cerca.

Hola gente como andan… hoy les traigo otra historia que espero les divierta… Sin más que decir, aquí vamos. Corría el mes de diciembre del año 2010, las clases habían terminado y el verano se avecinaba. Yo había dejado atrás las malas compañías amistosas para reencontrarme con viejos amigos del barrio pero las marcas del pasado se veían manifiestas en mi epidermis. Tenía un par de tatuajes caseros en las piernas que me recordaban cotidianamente lo toxicas que son algunas personas y lo influenciable que puede llegar a ser uno con tal de encajar hasta el punto de arrastrarse hacia la decadencia, siguiendo al ‘’líder’’ como si se tratase de un juego híbrido entre el ‘’Simon dice’’ y la ‘’ruleta rusa``. Estos dibujos mal hechos que pigmentaban de forma desprolija los costados de mis gemelos eran un símbolo de lo que no debía volver a hacer en mi vida si quería conservar mi integridad y afán de progreso. Pero bueno, lo hecho, hecho está y borrarlos con cirugía láser lejos de evaporar mis acciones pasadas, solo iba a hacer desaparecer los garabatos subcutáneos y el dinero de mi vieja. Lo importante era que ya no pertenecía a los ‘’mala fama’’ y podía volver a rodearme de gente que no estaba dispuesta a apuñalarte por un cruce de miradas desafortunado. Me encontraba en el anteúltimo año de secundaria, a punto de rendir la única materia aplazada en ese año: matemáticas, y mi vieja estaba al pie del cañón para asegurarse de que me fuese bien. Ella era profesora de matemáticas y por eso se me hacía imposible escapar de su presencia en esta situación que me acontecía, ella iba a ser quién me prepararía para dar el examen y eso significaba aguantarme los regaños y las tiradas de oreja que formaban parte de su particular método pedagógico. Pero lo último que yo tenía ganas de hacer en esos cálidos días cargados de novedades era encerrarme a estudiar, las renovadas amistades me garantizaban momentos muy agradables con gente nueva: cervezas en la vereda al atardecer, asados en el balneario a la noche, largas charlas hasta la madrugada contemplando las estrellas y fumando un cigarro. Uno de mis viejos amigos, con el cual retomé relación, también había incursionado en el mundo de las compañías turbias pero se había alejado un tanto antes que yo. Además de compartir la infancia y miles de anécdotas, también teníamos en común las marcas en la piel, él se había iniciado en esta práctica motivado por la misma persona que yo. Por este motivo éramos el centro de atención en el nuevo grupo y algunos anhelaban imitar nuestras pasadas acciones al deslumbrarse con las historias que les contábamos con una exageración brutal. Estas nuevas personas eran distintas a las que acostumbraba frecuentar, eran pibes tranquilos que no se metían en líos y por eso pasamos a convertirnos en líderes por nuestra experiencia en el rubro del vandalismo. Pero en fin, no teníamos intención de llevarnos por delante a nadie, solo queríamos pasarla bien y disfrutar del verano, cabe destacar que en el nuevo grupo había pibas, así que todo era más interesante aún. Un día Un pibe del grupo, fascinado por nuestros tatuajes , me pidió que le haga uno; olvide decirles que yo conocía perfectamente la técnica y me había convertido en un experto, es más, la mayoría de los mamarrachos míos y los de mi amigo eran obra de mis manos. La técnica consistía en lo siguiente, solo hacia falta una aguja, tinta china y un poco de hilo. Se debía enrollar el hilo en la aguja formando un pequeño ovillo y dejando sobresalir una punta de menos de 2mm. Este ovillo servía de tope para que la aguja no se entierre por demás y a su vez acumulaba la tinta para luego liberarla tras el pinchazo. Yo había sofisticado el método mecanizando el artefacto, pero intimidaba demasiado y la mayoría optaban por no exponerse a el. Cuando este muchacho me pidió que estampase su pierna con la inicial de su nombre al principio me negué, tenía una mala experiencia con esto de ser ele hereje en cuestión; pero al final me convenció. Así que una tarde nos juntamos en la casa de otro pibe, y ya con todos los elementos necesarios emprendí la riesgosa tarea. Preparé la aguja, la empape en tinta, esterilicé la zona con alcohol, creo que no hizo falta afeitar ya qué el muchacho era bastante lampiño; y comencé a pinchar… Tres o cuatro pinchazos fueron suficientes para que mi paciente se sintiera en una película de SAW, de inmediato empezó a sangrar y se impresionó tanto que me tuve que detener. Solo había alcanzado a dibujar una pequeña línea de 1cm y al parecer eso sería todo por ese día. Me alivié de saber que ya no me pediría que lo vuelva a intentar y también me sentí libre de culpas por no haberle arruinado la pierna, después de todo, esa pequeña marca a penas se veía. Pasaron algunos días desde aquella ocasión, yo me encontraba encerrado en mi casa subordinado por las exigencias de mi vieja para que me ponga a estudiar; cuando de repente llaman a la puerta. Era el pibe del tattoo fallido acompañado de mi amigo de la infancia y otro pibe más, ni bien abrí la puerta me comunicaron cual sería el plan para esa calurosa tarde. Resulta que habían contactado a un tipo que se dedicaba a hacer tatuajes caseros pero con una maquina bastante sofisticada, y lo mejor de todo era que no cobraba sino que lo hacía de onda. Me resulto absurdo que alguien que no conocíamos pudiera ofrecer ese servicio sin pedir nada a cambio pero no me quería perder ningún detalle así que sin dudar me sumé a la travesía del día. Le dije a mi mamá que saldría a despejarme un rato y que volvería pronto para seguir resolviendo logaritmos e identidades trigonométricas, olvidé mencionar que el examen era al otro día. Mientras nos dirigíamos al sitio en donde se llevaría a cabo el acto, pude hacer que me ampliaran la información. Resulta que el tipo era conocido de un conocido de un amigo del pibe y se había ofrecido a socorrer su petición por mera buena voluntad; el problema era que vivía muy lejos, en una zona no muy recomendada para transitar. Ese detalle me lleno de intranquilidad, tenía experiencia metiéndome en sitios recónditos y hostiles y temía volver a caer en alguna trampa para idiotas; pero seguí caminando junto a ellos a pesar de que el camino ya auguraba un mal resultado. Comenzamos a transitar alejados barrios con ranchos deteriorados, calles de tierra llenas de baches y terrenos baldíos muy descuidados; yo me arrepentía de no haber preguntado antes la ubicación del lugar, de haber sabido me hubiese vestido de otra forma para camuflarme en el entorno. Yo tenía puesto una remera que básicamente decía ‘’cáguenme a palos’’ por sus colores y estampado, en ese entonces recuerdo que se discriminaba mucho por la ropa y llevar una prenda del bando contrario podía condenarte a muerte. Ante esta situación optamos en usar las remeras del revés, es decir con las costuras para afuera y de esta manera ocultar un poco nuestro look la clase alta. Y así fue como tras una larga, calurosa y polvorienta caminata llegamos a nuestro objetivo, con las etiquetas de la remera para afuera y una mueca de incertidumbre. Estábamos frente en una especie de desarmadero de autos, nos rodeaban jaurías de perros sarnosos y agresivos, éramos intimidados por quienes transitaban en bicicletas recién robadas rumbo a conseguir su dosis diaria de paco; pero ahí estábamos, acompañando a nuestro amigo en su capricho. Pronto nos encontramos con la persona que buscábamos, un flaco con pinta de buen pibe y facha de skater o algo así. Debo reconocer que su aspecto me dio cierta calma, no parecía ser un asesino serial ni un secuestrador, así que tal vez saldríamos de esa situación sin correr riesgos. Pero toda esa tranquilidad se evaporó cuando me enteré que no era el quién tatuaría a mi amigo, sino que este pibe era quién nos guiaría hacia la guarida del verdadero tatuador. Deduje que si necesitábamos llegar hasta ese hostil basural para encontrar a quién nos llevase al verdadero sitio, dicho lugar debía ser una especie de selva impenetrable llena de peligros. Podría haber puesto la excusa del estudio para volverme a mi casa, pero sinceramente me daba miedo volverme solo, así que seguí adelante con el grupo. Tras adentrarnos más y más por los más recónditos huecos de los suburbios, pudimos encontrar la vivienda del susodicho en cuestión. Era la única casa en varias cuadras a la redonda, más que una casa se veía como un ranchito en medio de un baldío rodeado de arbustos. Aplaudimos para ser escuchados ya que no nos atrevíamos a avanzar sin consentimiento por miedo a recibir un balazo, y del interior del rancho emergió una mina de unos 30 años (en realidad tal vez tenía mucha menos edad, pero el deterioro de vivir en esas condiciones dificulta deducir con exactitud). La mina nos dio la señal para que ingresemos y tras esquivar algunos arbustos llegamos a la puerta de la choza. El piso era de tierra, las paredes sin revocar y no tenía más de dos ambientes; pero se podía observar un televisor LSD alimentado por una antena de DirecTV y un gran equipo de música que se saturaba con una cumbiancha de lo más desagradable. Entramos y ahí estaba el tipo, sentado en la mesa, acondicionando la maquinola y ojeando un libro con diseños para tatuar. Nos presentamos, no recuerdo su nombre y dudo haber dicho el mío; en realidad el resto de nosotros no éramos protagonistas de esa situación por lo cual no hacía falta entablar diálogo, quién debía socializar era el pibe que se iba a someter al antihigiénico proceso. De inmediato se dispuso a elegir el diseño que se perpetuaría en la piel y al decidirse con uno se dispusieron a comenzar. Yo observaba la maquinita y notaba una gran similitud con el invento mío, por lo que no anticipé un buen resultado, pero di por muerto a nuestro camarada cuando noté que utilizaría una aguja usada para pincharlo. No dije nada al respecto por miedo a ofender, cualquier comentario acerca del peligro de no cambiar la aguja podría tomarse como un insulto hacia la salud e higiene del tipo. Por suerte el tatuador tomo conciencia de esto y antes de pinchar por primera vez a mi amigo le pidió a su concubina que traiga una aguja nueva. La mujer acudió a su petición, buscó en un mueble y tras encontrar lo que buscaba se acerco nuevamente con el artilugio punzante, mientras se pinchaba el dedo con el para verificar su eficacia. Al fin y al cabo mi amigo no contaría con el lujo de no contagiarse sida, pero bueno, todo tiene su precio. La mina le entrego la aguja al tipo, este la ensambló con la máquina de manera muy rústica y le suministró corriente eléctrica mediante un tomacorrientes que chispeaba ante el más mínimo movimiento. El escenario era deplorable, mi amigo corría riesgo de muerte pero no había marcha atrás, después de haberle hecho perder tanto tiempo al tipo, cancelar el plan hubiese sido un buen motivo para despertar su furia. Y así fue como comenzó la acción, la aguja se introducía en la pierna de mi amigo dejando un surco de tinta que complementaba al pequeño trazo hecho por mí. Pronto todo empezó a tomar forma y esos trazos se convirtieron en un pintoresco diseño que conformaba una letra ‘’C’’ de aspecto gótico. Cuando estuvieron de acuerdo con el resultado dieron por concluido el proceso y tras un intercambio de elogios y agradecimientos todos nos despedimos con un apretón de manos, al final el tipo era buena gente, seguramente en su próximo raid delictivo evitaría asaltarnos… Al salir de la choza vimos que había anochecido, ahora tendríamos que atravesar la jungla bajo el manto de la nocturnidad. Por suerte logramos llegar sanos y salvos cada cual a su casa, aunque mi integridad física volvía a correr peligro… ahí estaba mi mamá, esperándome para amasijarme a palos por haberme ausentado toda la tarde a horas de rendir el examen… Al final me fue como el culo y arrastré la materia hasta el año siguiente.
Hola gente aca les dejo una pequeña historia de virginidad absoluta Tenía más o menos 16 años, me había puesto de novio con una piba muy fea que no me gustaba, era medio turra y bailaba en una comparsa de barrio. Pero yo quería debutar y para lograr eso estaba dispuesto a garcharme a cualquier mono que no tuviese palanca. Con la mina nos veíamos seguido pero yo andaba bastante lenteja y si bien le metía mano e insinuábamos él tema, nunca lo hacíamos de manera seria como para concretar de una ves por todas. La mina tenía mal aliento, era grosera y poco femenina, además se vestía horrible... nada apropiado para un ario caballero de piel suave como lo era yo. Creo que por eso postergaba la remojada. Una noche andábamos dando vueltas con uno amigos y nos cruzamos a una piba en un quiosco, la mina era una turra conocida que buscaba engrosar su prontuario y no hacía asco a nada por lo cual, después de un intercambio e comentarios picantes, se ofreció para chapar con alguno de nosotros... yo hice el sacrificio por el grupo, ya que los otros se negaban argumentando que ese buzón era un caldo de cultivo por la degustación constante que hacía la mina. En pocas palabras, si te la chapabas te tragabas altos garzos ajenos. A mi no me importo y a pesar de tener novia, fui y me la comí sin arrepentimientos... Pasaron un par de días y yo fui a encontrarme con mi novia sin manifestar ningún remordimiento. Luego de una tarde a puro franeleo sin remojada, decidí volver a mi casa y seguir conservando mi virginidad mientras pasaba el resto del día en taringa. Pero pronto mi tranquilidad sería corrompida al oír sonar el timbre... Decidí ir a atender a pesar de no esperar visitas y al abrir la puerta me encontré con una sorpresa, era uno de mis amigos acompañado de su novia y la piba que días atrás me había agarrado... No me quedó otra opción que chapármela ahí nomás y con un poco de pudor por haber sido visto por los vecinos, exigí que nos retiremos de inmediato sin entender mucho la situación. En cuanto pude le pregunte a mi amigo medio en secreto que mierda estaba pasando, porqué me había traído hasta mi casa a esta promiscua y con que finalidad... el fue breve, me dijo: ''ella es tu nueva novia, yo la convencí y ahora vamos a casa para que te la garches'' Me sorprendí y medio que me puse nervioso, no estaba preparado, venía de ver a mi novia y ahora resulta que tenía dos... No me resistí y enfrenté la situación como todo lince macho alfa, agarré a mi nueva lincesa de la cintura y caminamos así hasta la casa de mi amigo que ahora era una especie de telo gratuito. Cuando llegamos nos sentamos los cuatro en la cama de mi amigo, yo empece a chapar con la mina mientras le metía mano por debajo de la remera, no tenía ni puta idea de lo que estaba haciendo pero no quería parecer quedado así que iba para delante... Recuerdo a mi amigo diciéndome que salía de guatemala y me metía en guatepeor... Hijo de puta, el que me había metido en eso había sido el. Cuando mi amigo noto que ya estábamos a punto caramelo, procedió a dejarnos solos, me dejo unos forros arriba del escritorio y se marchó a la otra pieza con su chica. Ahí estaba yo, a solas con una turra dispuesta a entregar todo, si no debutaba ese día no debutaba más... tiré a la mina en la cama, me le puse arriba y seguimos besándonos cada ves más apasionadamente, pero al parecer a mi cuerpo se le estaba olvidando algo muy importante... Si señores, el amigo no se despertaba y yo no podía avanzar si eso no sucedía... Eran mis putos nervios, me estaba autosaboteándo como siempre; pasaban los minutos y cada ves veía mas lejana la posibilidad de obtener firmeza e internamente me resigne como si fuese un viejo de sesenta que se olvido el viagra en el otro pantalón. Besaba a la mina como si fuese un robot, sin sentir nada, no podía relajarme y solamente estaba esperando el momento en el que ella se pare y se valla, exponiendo mi impotencia ante los demás y mancillando mi hombría hasta un punto sin retorno. Pero no iba a permitir que eso sucediera y como si fuese el último As bajo la manga, procedí a sacarme la ropa... no alcancé a sacarme la remera cuando la mina de golpe se paro me dijo que se tenía que ir... No le insistí en quedarse ya que ahora sería ella la que arrugaba y mi hombría no sería puesta en juego. Nos despedimos sin mediar palabras, la acompañe a la puerta y con un beso pusimos fin a esa extraña y fugaz relación... jamás la volví a ver y siempre me quedó la duda de si se fue porque no le gustó o porque estaba más nerviosa que yo. Al oír la puerta mi amigo salió para ver, y al contarle lo que había sucedido no puso en duda mi masculinidad. Al no volver a ver a la mina no me quedó otra que optar por debutar con mi novia como debía ser, pero ella no me gustaba para nada y si no lo había conseguido con la otra piba que estaba mucho más buena, menos podría hacerlo con este adefesio. Hubo momentos en los cuales me resigne y pensé en morir virgen, no me molestaba serlo, lo que si me molestaba era que los demás lo supieran ya que siempre era expuesto por mi condición cuando se tocaba el tema. Pero el día menos pensado mi amigo organizó otro escenario para que yo pueda mojar el ganso. Convenció a mi novia de ir a su casa y sin avisarme nada a mi hizo que nos encontráramos allí. No había forma de no hacerlo, estábamos ahí hablando de sexo, mi amigo nos ofrecía la habitación y ella me tiraba palos continuamente aludiendo a mi lentitud. Ella decía ser virgen pero ante semejante actitud puse en duda esa cuestión. Ya humillado y apurado por la mina no me quedó otra opción que hacerme el cogedor y llevarla en brazos a la habitación como si fuese nuestra luna de miel. Yo le había mentido a ella acerca de mi virginidad así que debía esforzarme para mantener esa farsa en pie. Una vez en la habitación comencé a desvestirla mientras ella me preguntaba si estaba seguro de lo que hacía... yo no decía nada y me enfocaba en que el amigo se mantuviese como debía. Prono llegó el momento clave, debía colocarme el forro y hacerle ver las estrellas... pero nuevamente los nervios hicieron de las suyas convirtiendo la tarea de ponerme el condón, en algo parecido a pinchar una piñata con una soga. Una vez más no había forma de despertar al susodicho y tras varios intentos me terminé resignando... en un momento le dije que se ponga arriba, ella contestó ''arriba no me gusta''. Gracias a esa respuesta termine de darme cuenta de que, lejos de ser virgen, ella ya hasta tenía pose preferida. No hubo caso, y todo empeoró cuando empecé a notar que mi amigo estaba expectante detrás de la puerta lanzando gritos de aliento cada tanto. Tras intentar largo rato, pude ponerme el forro y hurgar un poco, pero era como revolver el estofado con una bolsa de nailon. Terminé de resignarme y opte por decirle a mi novia que no iba a poder porque me distraía que nos estén espiando... ella entendió y me dijo que le gustaría volver a intentarlo pero en un lugar más apto. Me alegró su comprensión y, al ver que ella no quería que yo la pase mal, le hice una petición; le pedí que no dijera nada y que finjamos haberlo hecho. Ella me dijo que sí, y empezó a gemir para reafirmar el engaño. Mi amigo que escuchaba detrás de la puerta comenzó a exclamar todo tipo de sonidos eufóricos al ver que mi debut había sido un éxito. Yo me saqué el forro y escupí dentro para simular semen y salí de la habitación con la frente en alto como macho ponedor. Nunca nadie se enteró de la verdad, pero por precaución dejé de ver a mi novia hasta que la hice desaparecer de mi vida y de mi entorno... Mi vida cambió desde ese momento, ya no sufría cuando hablaban de sexo en reuniones, pero siempre temía cruzarme a mi ex y que por despecho me mandase al frente... gracias a dios nunca sucedió y al poco tiempo pude debutar en primera sin comerme el banco.
Te banco Porque te llamás Miguel Porque sos alto dolape y sin embargo tenes alta facha Porque Tenías pelo y soportaste la quimio como un campeón Porque en tus tiempos libres sos proctólogo Porque no te cabe una Porque sos todo un agente 007 Porque hasta Mandy te quiee imitar Porque fomentas el pogo mas grande del mundo y la misa ricotera Porque te disfrazaste de pelado Porque te hiciste viejo antes que los otros pibes Porque la croteaste un tiempo Porque tuviste una bendición con ''5'' y no te hiciste cargo Porque a veces te pinta ''Robertear'' Porque tu papa es alto bigote Porque sos fácil de dibujar Porque de pibe laburaste en esta serie y nadie se acuerda Y ya tenías alto levante Porque te moviste a Rosita de pasión de sábado para que los pibes entren gratis Porque sabias tipear YECGAA Porque tuviste un papel en los XMEN Porque te r cabe el marrón Porque seguro sos pariente de estos Por todo eso y mucho más SOS UN GROSO
Si te gusta el durazno bancate la pelusa, si te gusta la almeja bancate la merlusa... si te gusta el pan dulce comete la... eee... ¿cacusa? Si te gusta acosar bancate a la minusa link: <iframe width="560" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/MMjc_OaQrfw" frameborder="0" allowfullscreen></iframe> link: <iframe width="560" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/Ljm1DnKD8EY" frameborder="0" allowfullscreen></iframe>
Hola gente, aquí les traigo otra peculiar historia que nadie va a creer pero que es cierta y me sucedió hace algunos años en unas vacaciones. Era el verano del 2011, me había ido de vacaciones con dos amigos al pintoresco pueblito de Claromecó y quienes han experimentado irse con amigos a la costa, podrán confirmar que lo único que importa es salir, tomarse todo y garchar. Si bien este viaje me dejó muchas historias para contar, hoy opto por abocarme solo a la que a continuación daré cuerpo. En fin, aquí va... Luego de un largo viaje por fin nos habíamos acomodado en el camping esquivando la administración para pagar menos de lo que debíamos, habíamos comido e ido a la playa a disfrutar del sol y el mar. Para la tardecita ya estábamos de nuevo en el camping listos para cenar alguna polenta mal cocida y comenzar los preparativos para nuestra primera noche de fiesta. Nos duchamos, tomamos algo como para entonarnos y salimos a recorrer la pequeña variedad de antros que el pueblito costero nos ofrecía. Luego de ingresar en un par de bares y alguna disco, decidimos volvernos caminando en pedo por la costanera, bajo la lluvia que nos regalaba esa primer noche, contemplando el tormentoso paisaje en donde los rayos podían verse desaparecer en el horizonte donde se une el cielo y el mar; cabe destacar que debíamos recorrer la ciudad de punta a punta para ir del centro al camping o viceversa. La primer noche no había sido lo mejor, pero era solo el principio de lo que se vendría, así que sin quejarnos nos dormimos esperando el siguiente día. El segundo día fue como el primero, un día de playa, alimentación escasa, alguna vuelta al centro y al atardecer la vuelta al camping seguida de la preparación para la noche. Esa noche uno de mis amigos no quiso salir así que esta vez solo seríamos dos los que nos aventurásemos en el mundo nocturno. Fuimos a un bar que se encontraba sobre la playa al otro lado de la ciudad, de aspecto rústico y muy buena pinta. Este lugar tenía un peculiar método de cobro, no pagabas entrada al ingresar, sino que le daban a cada persona una especie de ''chequera'' y te explicaban su función. El concepto era el siguiente, ese cartoncito que te daban tenía una especie de cuadro de doble entrada con varias columnas y casilleros, en la columna de la izquierda estaban los nombres de todas las bebidas que ofrecía la barra y a la derecha de cada trago varios cuadritos para completar. Cuando consumías algo el de la barra en lugar de cobrarte, marcaba con una cruz en el casillero correspondiente. Al salir del bar debías pasar por la boletaría en donde calculaban lo que había consumido y te cobraban, luego sellaban tu chequera como ''pagada'' y de esa forma te ibas sin que los de seguridad te caguen a trompadas. Otro detalle acerca de este sistema es que si no consumías nada tendrías que pagar diez mangos al salir, este monto se anulaba si lo superabas en gastos de la barra... Para que me entiendan les dejo un ejemplo: La cerveza estaba $7, si solo consumías una cerveza pagabas $17 ($10 de la entrada + $ 7 la cerveza), pero si consumías dos cervezas solo pagabas $14 ya que al superar el precio de la entrada, este monto se anulaba ($7 + $7 = $14). Como última aclaración, es importante mencionar que si no presentabas la chequera a la salida, debías pagar un monto exorbitante que triplicaba la cantidad que yo había llevado para sobrevivir toda la semana. Esto era para evitar avivadas, ya que luego de llenar la chequera cualquiera pensaría en tirarla argumentando haberla perdido. En fin, este extraño sistema te obligaba a estar atento y a ser precavido durante toda la noche, básicamente guardabas el cartoncito entre los huevos para no perderlo. Pero ¿qué pasaría si por arte de magia tuvieses dos chequeras? He aquí lo interesante de mi historia. Esa noche luego de haber consumido lo mínimo (2 cervezas), decidimos sentarnos y pasar la noche de manera tranquila ya que era un día de semana y queríamos guardar plata para el finde. De golpe mi amigo me mira y me dice ''vamos al baño que te quiero mostrar algo'', (imaginarán lo primero que pensé). Lo miré de manera extraña y luego de dudarlo accedí a acompañarlo, una vez ahí metió su mano en el bolsillo, yo lo miraba con la seguridad de que haría asomar la nutria y justo cuando estuve apunto de marcharme, dejó ver lo que quería mostrarme. Era una chequera casi vacía, la había encontrado debajo de la mesa en la cual estábamos sentados... no hicieron falta las palabras, nos miramos con complicidad, sonreímos y nos retiramos del tocador antes de que alguien sospeche de nuestra sexualidad. Imagínense, dos adolescentes cargados de hormonas, en un boliche de la costa, con barra libre... -Para el que no entendió, al tener una chequera extra podríamos saturar una hasta llenar todos los casilleros, luego tirarla y salir con la otra pagando a penas unos pesos.- Bueno, continuando... nos sentamos en una mesa que en pocos minutos quedo repleta de bebidas a medio tomar, teníamos un pedo terrible así que comenzamos a invitar tragos a las chicas. A la mesa ahora se habían sumado tres minusas que se partían de lo buenas que estaban, eran de esas que en condiciones normales no te dan ni la hora, pero en ese momento ahí estaban, riéndose y emborrachándose con nosotros. Con mi amigo nos mirábamos mientras repetíamos a coro el estribillo de una canción de una bandita que tocaba ese día, no conocíamos la letra pero la entonábamos con balbuceos por la euforia que manifestábamos. Les decíamos a las chicas ''¿Qué quieren tomar?, vallan a la barra y pidan lo que quieran'' ellas se volvían locas, pensarían que estaban con los pibes mas ricachones del bar y sin dudarlo iban y venían con dos vasos cada una. Fue cuestión de tiempo para que nos comamos a esas lincesas, ya a esa altura yo a penas podía caminar y el lenguaje ya no era algo que manejara de forma fluida pero, como las minas estaban peor, no fue necesario el chamullo... cabe destacar que estas minas no solo estaban buenas, sino que también eran dos o tres años mayores y de clase alta... por lo cual ese levante era todo un logro para dos pibes muertos de hambre que no pagaban ni el camping y que habían cenado polenta cruda. Ahí estaba yo, chapando con una de ellas, mi amigo se había ido a otro sector con su presa, mientras nosotros estábamos desparramados en la mesa, recuerdo que nos tropezamos y tiramos varias botellas que se rompieron. No puedo contarles con mucho detalle todas las secuencias de esa noche ya que mi estado era deplorable, sí se que en un momento nos encontrábamos con mi chica en un rincón medio oscuro del bar dejando fluir la lujuria que nos provocaba la ebriedad, cuando de repente nos dimos cuenta de que no quedaba bien manifestar en público semejante calentura. Le pregunté si quería irse del lugar y ella me dijo que sí, pero que antes debía avisar a su hermana, que si bien había estado con nosotros en la mesa, no se había sumado al jolgorio como las otras dos. Lo primero que pensé fue ‘’ me voy con las hermanitas y me armo alta fiesta’’, así que accedí a recorrer el boliche en busca de ella para poder irme con ambas. De paso buscaría a mi amigo para comunicarle mi retirada. Al encontrar a la susodicha, luego de dar mil vueltas abrazado a mi lincesa, le comentamos nuestra idea y lejos de involucrarse en la festichola, asumió su rol de hermana mayor y, como si se tratase de una milica, comenzó a cagarme a pedos por haberle dejado el cuello lleno de marcas a su hermanita. Me echaba la culpa de que su hermana ese en ese estado, yo me defendía argumentando que mi vulnerabilidad era aún mayor. Enseguida apartó a su hermana de mis brazos y se la llevó a la salida mientras la regañaba, justo pude visualizar a mi amigo y su chica, así que lo llamé y nos fuimos los cinco luego de pagar los pocos pesos que figuraban en nuestras chequeras originales. Ahí estábamos, todos afuera del bar, encandilados por las luces del amanecer, la hermana mayor seguía gruñendo por lo sucedido y sostenía que ellas estaban vacacionando con sus padres y no podían aparecer llenas de marcas al almuerzo familiar. Pero las otras no se arrepentían para nada de haber pasado tan hermosa velada junto a nosotros. Yo creo que la reacción de la mayor fue por no haber ligado nada, pero en fin… no garchamos pero la pasamos más que bien. Al llegar al camping le comunicamos lo sucedido a nuestro amigo, el que se había quedado, y entre incredibilidad y envidia tuvo que digerir la idea de que se perdió de una de las mejores noches de su vida; y que encima había una tercera mina que necesitaba de alguien que la acompañe. Si él no se hubiese quedado durmiendo, era más que seguro que la poníamos los tres. Algo que no dije fue lo que pasó con la chequera reventada, la verdad nunca lo supe… mi amigo le perdió el rastro cuando ligó con la mina… supusimos que el barman nos la canceló por exceso y que luego mi amigo la desechó… tengo vagos recuerdos de que en un momento se nos advirtió del gasto que estábamos efectuando, supongo que nuestra apariencia levantaba sospecha… En fin, eso no importa, lo que si importa es lo siguiente… ¿Quién carajo habrá sido el desgraciado que perdió la chequera y que nos regalo semejante noche?... Donde quiera que estés GRACIAS

Ocurrió en la ciudad de Azul (ubicada a 40km de Olavarría), un dolape cara rota se calzó los lentes y salió a pasear para movilizar a la chusma. Un tipo hizo alarde de su parecido con el extravagante cantante al salir luqueado como el famoso a recorrer las calles del centro de la ciudad de Azul, a horas del recital que se realizó en Olavarría. El hombre se sentó a tomar un café en un bar concurrido y se tomó fotos con los fanáticos que, sin dudarlo ni por un segundo, lo confundieron con el Indio. Una divertida anécdota para ponerle un poco de humor a la tragedia que este descomunal show acarreo con su inigualable movilización de masas.

Hola gente, en este post les traigo una pequeña reflexión que hice acerca de un tema poco tratado… aquí va… A lo largo de nuestras vidas, desde pequeños, atravesamos ciertas situaciones que nos marcan para siempre, que significan un quiebre; momentos bisagra que nos hacen cambiar, que nos convierten en personas más aptas, más seguras de si mismas, o por el contrario, nos afectan de manera negativa. Estas situaciones, lejos de pasar desapercibidas como conflictos internos, pasan a convertirse en tópicos de las charlas sociales. Hay varios ejemplos que les puedo enumerar y cada uno se puede asociar a una etapa de la vida. Por ejemplo, sin siquiera ser conscientes, todos hemos transitado el épico momento en el cual damos nuestros primeros pasos o decimos nuestras primeras palabras; este hecho es tan significativo que se pone en boca de todos cuando ocurre y se transforma en el tema central de las charlas de mamás primerizas que se corren carrera para ver cual fue el niño más precoz. Otro ejemplo que se me viene a la mente es el siguiente: Quienes venimos de familias que festejan la navidad, de pequeños fuimos víctimas del engaño masivo que Papa Noel representa, todos creímos en él hasta una cierta edad, la gran mayoría fuimos estafados con esa mentira que nos hacía creer en la magia y nos daba un motivo para celebrar las fiestas en esa etapa de la vida en la que no somos lo suficiente autónomo como para desarrollar gustos u opiniones. ¿Y cual es el momento importe al que hago alusión? Nada más y nada menos que el instante en el cual nos enteramos de la verdad detrás de esa ilusión… Cuando nos enteramos que Papá Noel no existe una gran parte de nuestro escueto mundo infantil se desmorona convirtiéndonos en personitas más maduras con una cierta actitud de frialdad hacia todo el panorama navideño… Este tema se convierte en una gran tendencia a la hora de entablar conversaciones entre infantes… Quienes ya no creen sienten cierta superioridad ante la vulnerabilidad de aquellos que aun siguen embaucados. Para continuar puedo saltarme varios años, básicamente toda la infancia ya que, a menos que hayan sufrido algún trauma específico, no pasa demasiado en esos años en los que somos pequeños entes sin vos ni voto. Es por eso que me remito a la adolescencia, etapa en la cual nos iniciamos por primera vez en casi todo lo que nos marca para siempre… Como tópico de las charlas de pubertos podemos encontrar una amplia variedad que engloba desde nuestra primera borrachera o nuestro primer beso. Es innegable que estas temáticas representan una gran porción de las charlas adolescentes ya que marcan la vida de un joven y definen varios aspectos de su personalidad. Una vez más, quién haya experimentado dichas hazañas de manera más precoz adquiere inmediatamente el respeto y reconocimiento de los demás. Siguiendo con esta lista de momentos importantes de la vida, puedo enumerar aquel que pasa a formar parte de un gran porcentaje del pensamiento y conversación de un adolescente, me refiero al debut sexual. Este magnífico hecho, lejos de quedar relegado a la intimidad de cada quién, se convierte en noticia masiva y tema de conversación que propicia el intercambio de opiniones y testimonios; quién no logra incursionar eficazmente en tiempo y forma en dicha práctica, es recluido y estigmatizado, mientras que quienes mojan el ganso a corta edad son vistos de manera eróica por sus colegas. Podría seguir enumerando muchos más ejemplos pero me estoy desviando del punto y no los quiero aburrir. Si nos fijamos bien y hacemos memoria de nuestras experiencias personales, podemos notar que existe una coincidencia, un factor común que relaciona a todos estos acontecimientos y a su repercusión social. Me refiero concretamente a que siempre que se hace eco de algo así, o se rememoran ciertas temáticas en alguna charla entre amigos o familiares, surge un interrogante que parece ser definitivo a la hora de juzgar la capacidad de cada ser humano, y éste es ¿A qué edad?, ¿A qué edad aprendiste a caminar?, ¿A qué edad dejaste de creer e Papa Noel?, ¿A qué edad te emborrachaste por primera vez?, ¿A qué edad diste tu primer beso?, ya la clásica ¿A qué edad LA PUSISTE?. Es partir de esta conclusión que se desencadena el punto focal de mi reflexión: ¿Por qué nadie habla de la primera vez que te limpiaste el culo solo después de cagar? Si hablamos de momentos que representan un quiebre en nuestra vida, no podemos dejar afuera el instante en el cual debutamos en el mundo de la lijada anal. ¿A caso es justo relegar este avance vital a la intimidad sin hacer alarde?, ¿a caso es poco mérito lograr semejante emancipación?... Les comento que no es poca cosa, gestionar y ejecutar la autolimpieza del caquero no es algo para tomar a la ligera, esta práctica no solo requiere entrenamiento sino que conlleva el derrumbe de muchos temores… Pónganse a pensar y recuerden aquel momento en el cual solitos decidieron que ya era hora y, envolviéndose la mano entera en papel, se lanzaron a escarbar en aquel recóndito sitio para retirar el restante de materia fecal… ¿No hallaron el sentido de la libertad al por fin librarse del tormento que significaba depender de alguien para que te evacue la zanja? Recuerdan esos viejos tiempos en donde debían aguantar las ganas por no estar en casa, o esas esperas en el baño con la caca cartapesteada en el ojete por esperar a que mamá se desocupe y acuda a nuestro llamado… Si había visitas debías ponerte en evidencia si tenías que cagar ya que desde el trono gritabas a viva vos ‘’mamáaa, ya estáaa’’ al culminar. Pareciera que todos nos olvidamos de la importancia de ese logro y censuramos el tema sin compartir la experiencia en charlas de amigos… Hemos convertido en tabú todo aquello que involucre la actividad excretora y nos negamos el mérito que merecemos por semejante hazaña a tan corta edad. Así que les digo… eliminemos el tabú y permitámonos el gusto de poder hablar con libertad acerca del tema, compartamos anécdotas y experiencias, convirtamos en tópico este memorable acontecimiento tan o más importante que cualquier otra primera vez… Hablemos a diestra y siniestra y enorgullezcámonos de nuestra precocidad en cuanto a la iniciación en esta necesaria y liberadora práctica. Animémonos a preguntarle a la gente a que edad se franelearon el hoyo por primera vez, como quién pregunta acerca de la pérdida de la virginidad. Gracias por leer
Hola gente, les quiero contar la triste situación por la cual estoy pasando... Resulta que yo era un lince ponedor, macho alfa pecho peludo que tenía una hermosa lincesa con la cual compartir sus días. Era muy feliz y sentía que me podía llevar al mundo por delante... Pasaron 5 años y como pasa siempre, todo lo bueno llega a su fin... la relación era buena pero por cuestiones ajenas a nuestros sentimientos, tuvimos que separarnos... Al principio me sentía bien, pensaba que podría levantare a cualquier pendeja que se me cruzara, tenía el ego inflado por tantos años de garche y vida de pareja, pensaba que cualquier minita quedaría admirada por mis encantos de pibe con experiencia, ya que en 5 años te volvés un experto en la materia del amor, además que ya adquirís mucha destreza en el arte de ponerla. Pero nada salió como esperaba... el tiempo pasaba y seguíamos muy pegados con mi ex lincesa, no podíamos separarnos más allá de que geográficamente estábamos en sitios distintos... los dos estábamos de acuerdo en que si ya no íbamos a estar juntos, lo mejor sería cortar del todo la relación, o por lo menos ir haciéndolo de a poco... Empezamos por cambiar las fotos del Facebook y todo eso, yo solo tenía fotos con ella, así que tuve que improvisar algunas fotos solo para dar a entender a las minusas que estaba disponible... pasaban los días y yo siempre volvía a escribirle a mi ex para charlar, por suerte habíamos terminado de forma pacífica e íbamos a intentar ser amigos... Es más, en el acuerdo de amistad estaba permitido vernos cada tanto pero sin involucrar sentimientos románticos, pero este acuerdo se fue desmoronando cuando notamos que era imposible vernos sin que pase nada. Por otra parte, para estrenar mi soltería salí un par de veces a bailar, aunque lo único que conseguía era acordarme de ella y volverme medio en pedo casi llorando... Para completarla, esta ruptura amorosa coincidió con el alejamiento de mis amigos así que estaba más solo que lombriz solitaria... Por suerte mi hermana me invitaba a salir con sus amigas y amigos así que podía despejarme un poco. Pero el tiempo pasaba y yo seguía igual, siempre recaía en enviarle mensajes a mi ex o llamarla, hasta que un día ella se canso y me dijo que ya no era bueno hablar si queríamos hacer cada cual su vida... eso me devastó pero no me quedó otra que aceptar la cruda realidad. Mi mundo estaba desmoronado... se acercaba navidad y yo no estaría con ella intercambiando regalos ni brindando por nuestro amor, también pasaría año nuevo y yo no tendría a nadie a quién besar bajo la lluvia de luces que nos brinda el espectáculo de fuegos artificiales. Pasó navidad y por suerte me permitió llamarla, todo parecía estar bien cuando ella me hablaba y me bastaba solo eso para poder tener ganas de seguir adelante... Unos días antes de año nuevo tuvimos una discusión telefónica, yo le empecé a hacer planteos que no me correspondían y ella opto por cortar todo tipo e comunicación... se aisló, me amenazaba con bloquearme de todos lados si le llegaba a hablar o insistir... Yo no quería perder todo rastro así que acepte dejarla ir... Ya frustrado y habiendo aceptado que no la volvería a ver, opté por rehacer mi vida sin pensar en nadie... me hice wathsapp, me saqué un par de fotos ''facheras'' y comencé a agregar minitas al face... para colmo no podía hacerme una cuenta de Instagram por la precariedad de mi teléfono, y aquí en mi ciudad es muy usado para el levante ya que Facebook no o usa nadie... Pero cuando me disponía a chamuyar me parecía estar incursionando en una disciplina desconocida... tantos años de noviazgo, en lugar de hacerme un hábil conquistador, me habían hecho olvidar por completo como se le habla a una mujer sin empezar la frase con un ''¿como estás amor?'' Opté por postergar el levante virtual y aboqué todas mis esperanzas al levante bolichero... eso nunca falla ya que una vez que te entonás no te importa nada, Una noche mi hermana me invitó a salir con su grupo, luego de dudarlo acepté concurrir a la previa y de ahí en más, si la cosa estaba buena, decidiría ir al boliche o no. Resulta que me agarré un pedo terrible en la previa, estaba eufórico y sentía haber encontrado el remedio a tanto dolor y despecho amoroso... De un momento a otro, todos comenzaron a irse rumbo al bailongo, yo sin haber decidido que haría los seguí de todos modos. En el camino al baile, que por cierto quedaba a un par de decenas de cuadras, me crucé a un grupo de lincesas aparentemente colegialas que tenían más enfieste que Riki Fort en Meameeee. Gracias al descaro que me proporcionaba la embriaguez, me les acerqué y terminé dejando atrás a mi grupo, para continuar el camino con ellas. Tras risas y conversaciones efímeras que desaparecían de mis recuerdos apenas luego de ser efectuadas, terminé chapando con una mina con la cual caminaba abrazado… no se como pasó, tampoco recuerdo bien como fue, mi cerebro solo retuvo la información necesaria como para ser consciente de eso al otro día. Lo que aconteció luego de ese beso escueto y desinteresado, fue lo que me hizo dar cuenta de que el mundo es hostil y las personas son muy frías y sin sentimientos, atmósfera de la cual yo me encontraba absento gracias a la cálida coraza que proporciona la vida en pareja. Resulta que de la nada se entrometió entre la minusa y yo, una de las amigas, gorda y resentida, que nos separó y me empezó a amedrentar sosteniendo que me había comido a su novia lesbiana aprovechándome de su estado de inconsciencia temporal. Por supuesto no les creí el cuentito pero eso no importó en ese momento. En segundos me abandonaron y quedé solo, parado ahí en la desolada avenida, ahora debería transitar sin compañía el largo trayecto hasta la disco… En esta parte del relato hay una laguna ya que no puedo determinar con exactitud que fue lo que pasó luego de quedar varado… Retomo la historia según mi memoria me brinda los datos como para que, aunque sea, pueda formular un par de hechos; y lo siguiente que puedo contarles es que terminé caminando con un nuevo grupo de minusas. No se como ni cuando me cruce con ellas, pero si recuerdo que estas ya no eran hermosas lincesas escolares, sino que ya se trataba de adefesios pasados de kilos. No me debe haber importado eso en aquel momento, ya que caminé el resto del trayecto junto a ellas. Recuerdo que me pedían cigarrillos (olvidé contarles que recuperé el hábito del tabaco tras la ruptura) y yo me hacía el importante con un pucho en la boca que tardé 10 cuadras en encender… Dije muchas pavadas, creo que hasta compartí con ellas la historia de mi desgracia y, al igual que con el grupo anterior, todos los datos que me proporcionaron acerca de sus identidades se desvanecieron de mi memoria como un pedo dentro de una canasta. Caminamos bajo esas circunstancias hasta que por fin dimos con el antro… nos pusimos en la fila y esperamos a que avance… yo miraba la hora y notaba que eran casi las 5 am, en condiciones normales no hubiese garpado ni un centavo por una entrada a esas alturas de la noche… menos 70 mangos… Pero se ve que el apretujamiento de la hilera, sumado a que una de las minusas con las cuales venía me apoyaba el orto ya saben donde, generó en mí un deseo incontrolable por seguir de fiesta. Así que proseguí, pero cuando nos tocaba entrar el de seguridad hizo pasar a las minas primero dejándome solo otra vez… Pasaron dos o tres minutos y por fin me dejó entrar, desesperado fui en busca de las feitas como para arrasar con todo, pero se me dificultó hallarlas por la multitud que acudió al bailongo esa noche. Me crucé con mi hermana y sus amigos en varias ocasiones mientras merodeaba las instalaciones, y notaba su sorpresa al verme luego de mi larga ausencia, sabía que al otro día me invadirían las preguntas incómodas… En ese momento poco me importó y continué mi búsqueda, la cual estuvo plagada de extrañas charlas con desconocidos, saludos amigables con gente que si cruzo en la calle miro para otro lado, e intentos de levante más que patéticos. De repente, tras varias vueltas, di con el grupo de minusas y, como si se tratase de algo que correspondía hacer, tomé a la mina que me había lustrado el amigo con el orto, le dije vení conmigo y ella accedió. Nos fuimos a un rincón y chapamos unos segundos, hasta que me dí cuenta de que me estaba comiendo alto bagallo. De todas formas no me resultaba repugnante sino que me preocupaba la opinión de los demás, cabe destacar que ya había tenido fama de bichero, fama que había logrado erradicar gracias a mi largo noviazgo con una hermosa lincesa. Ante el terror hacia la condena social contrarrestada por mis propios deseos, decidí sugerirle a la mina irnos a un lugar más cómodo... debo haber pronunciado cualquier estupidez, me debo haber comportado como un ebrio asqueroso, porque la mina inmediatamente después de mi propuesta se marchó sin decirme siquiera su nombre… Seguro me lo había dicho pero ni lo retuve. En fin… ¿como concluye esta triste historia?... He aquí el desenlace… Al notar que nuevamente estaba solo como un miserable, decidí buscar a mi hermana y sus amigos, y así padecer los últimos minutos de la noche en compañía; y al cabo de un rato de haberlos encontrados, pudimos notar que las luces del boliche comenzaban a prenderse anticipando la finalización del jolgorio nocturno… Básicamente nos estaban echando, hasta ahí rendían los $70 mangos gastados… Al salir del establecimiento parecía ser mediodía, tengan en cuenta que eran las 7:30 am en pleno enero… La luminosidad exagerada dejaba notar los bochornosos vestigios de una noche de excesos y la devastada escena en donde todos caminaban medio tambaleantes con cara de zombie solo me recordaba a algún film apocalíptico. Yo solo repetía ‘’que desastre’’ y a medida que iba recuperando el habla podía pedirle por favor a mi hermana que nos vallásemos de ese sitio de una vez por todas. Al llegar a casa, ya en condiciones de consciencia estables, pude reflexionar acerca de lo sucedido y opté por retrasar el sueño para impedir el caótico despertar… Pero me gano por cansancio y en pocos minutos me sumergí en un transe que combina un estado de somnolencia con un coctel de imágenes al estilo flashbacks que aludían a secuencias de esa noche… Al despertar cerca del mediodía con esa espantosa sensación que te obliga a preguntarte ‘’¿Qué hice?’’ con tono de asco y autodesaprobación, combinada con vacío estomacal e intensa sed; solo me quedó prepararme para lo que sería un largo e insoportable domingo apto para el suicidio. Pero ustedes pensarán ‘’por lo menos intercambiaste saliva con dos minusas’’… pero debo decirles que no valió la pena, no pude apoderarme de ningún número, ni siquiera el nombre me dijeron… está claro que tampoco la puse y ni siquiera plante las bases como para un futuro garche… Pude rastrear a la fea días más tarde solo para confirmar que su aspecto era aún peor de lo que recordaba…y ¿saben qué es lo más triste? La agregue al Face y no me aceptó.
