-¿Desde que gobernamos hay más gente feliz o triste?
-Triste, y mucha gente.
-Entonces, que el impuesto sea a la tristeza.
-La cultura cambia. Recuerde que el agua y el aire no eran considerados mercancía hasta que contaminamos todo y pudimos venderlos envasados. ¿Quedará algún nicho de mercado?
-Y, lo dudo. Salvo que cobren por la actividad neuronal, ja.
-Usted es un gran comerciante.
-Los vamos a atacar y los destruiremos, sucias ratas.
-Pero, justo que les íbamos a inaugurar una plaza en su honor.
-Ah, si es así, retiro lo dicho.
-Al que evada semejante cantidad de divisas, habría que darle cadena perpetua.
-Mi señor, usted está primero en la lista de evasores.
-Veo que no fui lo suficientemente cínico, querido amigo. Se entiende, quiero creer, que yo estaría excluido de esa normativa.
-La música popular está en franca decadencia. Es obvio que tiende cada vez más a la estupidez.
-Disculpe, señor empresario. Pero lo que siempre se degrada es la música hecha por la industria. El pueblo, sigue ejecutando sus mejores versos.