Hoy les voy a contar mi experiencia con una celebridad allá por el año 2011.
En Canal 10 se estaba emitiendo la comedia "Porque te quiero así", donde actuaron personalidades como Florencia Peña, Ruben Rada, Cristina Morán, Noelia Campos, entre otros.
El programa tuvo un éxito relativo, pero lo renovaron para el otro año, con un pequeño recambio de actores. Yo me enteraba de todo esto de primera mano, ya que hice alguna changuita de reposición de baldosas en la zona y me hice amigo de un flaco que fumaba en la puerta de Lorenzo Carneli.
El recambio de los actores fue lo que originó esta triste historia de amor.
El flaco que fumaba en la puerta me contaba sobre la gente del canal. Que Traverso era un vejiga, que Blanca Rodríguez le hacía honor al nombre al esnifar a lo Scarface en los cortes comerciales de Subrayado, que la gorda de Caleidoscopio era buena onda o que todos se agarraban un huevo cuando Humberto de Vargas pasaba cerca.
Un día me comentó que en el apartamento de Catherine Fulop tenían un problemita de humedad en el baño, a lo que contesté que estaba disponible por cualquier cosa. Nunca pensé que me iban a llevar ese mismo día a hacer la reparación.
Catherine nunca estuvo en la semana que me llevó hacer el laburo, pero si llegó el día que terminé para pagarme y darme las gracias. La verdad les digo muchachos, es tanto o más bonita que en la tele o en Notiblog.
Nada. Me pagó y me dio las gracias. Me fui pateando piedras pensando en lo boludo que fui al no decirle nada sobre lo bonita que era, y que estaría dispuesto a dejar de ser chavista con tal de que me regale una sonrisa. Pero me cagué y no le dije nada.
No era que pensara que tuviera una oportunidad con ella, pero creo que me agarré como una obsesión por escuchar su acento y verla caminar de nuevo. Pero cuando menos lo pensé se presentó una oportunidad única.
Hubo un cóctel en el canal y la mina había ido en taxi para poder tomarse unos tragos, con la mala suerte de que se comió un paro de taxi. Hubo un tiroteo en el Punta Carretas entre dos homeopáticas y un tachero que pasaba comió plomo por el marote.
La mina estaba desesperada. Evidentemente no sabía como volver a su casa y sus compañeros de laburo la dejaron tirada ya que todos habían agarrado viaje con alguna escort con más oficio que la venezolana.
Me ofrecí a llevarla en mi moto. Sabía que me iba a decir que si, estaba muy desesperada por volver a su casa. Se sentó de costado como en las películas, me tomó de la cintura y la llevé en un corto viaje hasta su apartamento.
Obviamente cuando llegué a la puerta la despedí como un caballero esperando señales que me permitieran tomar el primer paso, pero nada.
Me besó dulcemente la mejilla y se ganó la entrada al edificio a paso de murga... pero dejó la puerta abierta.
¡Era la señal! Ella tenía claro que me acordaba dónde era su casa, la tenía servida en bandeja. Mi cabeza iba a 1000 por hora por lo que me tranquilicé antes de entrar, aunque nunca dejé de imaginarme lo que me esperaba una vez que llegara a la puerta del apartamento.
Encadené la hondita y me dispuse a entrar al edificio. Fue cuando sentí que alguien me abrazaba de atrás. Era Jorge Esmoris, que nó solo me embutió como a una butifarra, sino que tuve que bancarme sus chistes pelotudos durante el coito
En Canal 10 se estaba emitiendo la comedia "Porque te quiero así", donde actuaron personalidades como Florencia Peña, Ruben Rada, Cristina Morán, Noelia Campos, entre otros.
El programa tuvo un éxito relativo, pero lo renovaron para el otro año, con un pequeño recambio de actores. Yo me enteraba de todo esto de primera mano, ya que hice alguna changuita de reposición de baldosas en la zona y me hice amigo de un flaco que fumaba en la puerta de Lorenzo Carneli.
El recambio de los actores fue lo que originó esta triste historia de amor.
El flaco que fumaba en la puerta me contaba sobre la gente del canal. Que Traverso era un vejiga, que Blanca Rodríguez le hacía honor al nombre al esnifar a lo Scarface en los cortes comerciales de Subrayado, que la gorda de Caleidoscopio era buena onda o que todos se agarraban un huevo cuando Humberto de Vargas pasaba cerca.
Un día me comentó que en el apartamento de Catherine Fulop tenían un problemita de humedad en el baño, a lo que contesté que estaba disponible por cualquier cosa. Nunca pensé que me iban a llevar ese mismo día a hacer la reparación.
Catherine nunca estuvo en la semana que me llevó hacer el laburo, pero si llegó el día que terminé para pagarme y darme las gracias. La verdad les digo muchachos, es tanto o más bonita que en la tele o en Notiblog.
Nada. Me pagó y me dio las gracias. Me fui pateando piedras pensando en lo boludo que fui al no decirle nada sobre lo bonita que era, y que estaría dispuesto a dejar de ser chavista con tal de que me regale una sonrisa. Pero me cagué y no le dije nada.
No era que pensara que tuviera una oportunidad con ella, pero creo que me agarré como una obsesión por escuchar su acento y verla caminar de nuevo. Pero cuando menos lo pensé se presentó una oportunidad única.
Hubo un cóctel en el canal y la mina había ido en taxi para poder tomarse unos tragos, con la mala suerte de que se comió un paro de taxi. Hubo un tiroteo en el Punta Carretas entre dos homeopáticas y un tachero que pasaba comió plomo por el marote.
La mina estaba desesperada. Evidentemente no sabía como volver a su casa y sus compañeros de laburo la dejaron tirada ya que todos habían agarrado viaje con alguna escort con más oficio que la venezolana.
Me ofrecí a llevarla en mi moto. Sabía que me iba a decir que si, estaba muy desesperada por volver a su casa. Se sentó de costado como en las películas, me tomó de la cintura y la llevé en un corto viaje hasta su apartamento.
Obviamente cuando llegué a la puerta la despedí como un caballero esperando señales que me permitieran tomar el primer paso, pero nada.
Me besó dulcemente la mejilla y se ganó la entrada al edificio a paso de murga... pero dejó la puerta abierta.
¡Era la señal! Ella tenía claro que me acordaba dónde era su casa, la tenía servida en bandeja. Mi cabeza iba a 1000 por hora por lo que me tranquilicé antes de entrar, aunque nunca dejé de imaginarme lo que me esperaba una vez que llegara a la puerta del apartamento.
Encadené la hondita y me dispuse a entrar al edificio. Fue cuando sentí que alguien me abrazaba de atrás. Era Jorge Esmoris, que nó solo me embutió como a una butifarra, sino que tuve que bancarme sus chistes pelotudos durante el coito