Localizada en Puerto Rico, en la isla de Vieques, existe un cuerpo de agua poco profundo con una estrecha ensenada llamada Bahía Mosquito, también conocida como “La bahía luminiscente” En cada litro de agua marina de la bahía existen 190.000 organismos unicelulares fosforescentes que brillan en cuanto se les agita. Se trata de un mecanismo de defensa; el fulgor tiene como misión aturdir a cualquier depredador que moleste a los diminutos dinoflagellata. Dinoflagelados los hay por todo el Caribe, pero aquí se reproducen y viven como si celebraran un congreso permanente. El resultado es que al caer la noche, la bahía se convierte en una gigantesca luciérnaga cada vez que algo agita la superficie de sus aguas calmas, ya sea un pez en busca de comida, el motor de una embarcación o los muchos curiosos que acuden a observar el fenómeno y se bañan en sus aguas, convertidos con el agitar de brazos y piernas en una especie de bombilla viviente.
La especie de dinoflagelado responsable de la bioluminiscencia en Puerto Mosquito es Pyrodinum bahamenses. La combinación de los factores de temperatura, nutrientes, material orgánico y el intercambio entre las aguas de la bahía y la del mar afuera, dan como resultado la formación de un medioambiente único del fenómeno bioluminiscente.
Cuando el número de bañistas es alto en una noche sin luna, estos organismos producen luz más que suficiente para leer.
Nadar en la Bahía Mosquito hará que tus piernas y brazos se vean bañados en luz verdeazulada. Si dejás de moverte la luz se hará más tenue y al final desparecerá por completo, pero cada vez que inicies el movimiento comenzará de nuevo. Lo mismo le ocurirá a tu kayak, que irá dejando una estela luminosa a su paso. Además se pueden divisar grandes criaturas; cuando las mantas rayas o las grandes medusas entran en el manglar, se las ve rodeadas de delicados anillos de luz. Si tomas un puñado de agua entre tus manos, podrás ver al plancton luminoso escurriéndose entre tus manos. Y la salinidad del agua es tan alta que se puede flotar en posición vertical.
Se llega a bordo de unos barcos que parten a diario desde Fajardo, en la isla grande. También se puede tomar una avioneta que da el salto en apenas 15 minutos de vuelo. Suficientes para apreciar desde esa posición privilegiada las siluetas perfectas de las islas, la cubierta de selvas verdes y la quietud de unos perfiles donde parece imposible que se pudiera romper el hechizo del paraíso.
Nadie diría, desde esta vista de pájaro, que Culebra y Vieques fueron durante 60 años un campo de tiro de la Marina estadounidense.
El 5 de noviembre de 1940, el Congreso norteamericano aprobó la instalación de bases navales en dos islotes puertorriqueños: Culebra y Vieques. Dos terceras partes de ambas islas fueron expropiadas y utilizadas como blanco de tiro por las cañoneras y cruceros. Las plantaciones de azúcar se cerraron y 3.000 de los 9.000 viequenses y una proporción similar de los casi 6.000 habitantes de Culebra tuvieron que emigrar ante la falta de trabajo. El resto fue reubicado en las pocas áreas civiles que quedaron. La ocupación exaltó la fibra más patria de los puertorriqueños, que casi desde el mismo momento iniciaron un levantamiento popular contra el uso militar de sus islas. Murales pintados por todo el país y un campo de cruces en Vieques con los nombres de los fallecidos por accidente, o manifestaciones callejeras contra las bases atestiguan aún aquella lucha. En la década de los setenta, la presión popular logró que los militares abandonaran Culebra, pero no fue hasta el 2003 cuando la Marina de EE UU abandonó Vieques.
¿Qué encontraron en aquellas dos terceras partes de sus islas cercadas por el ejército? Como por suerte o desgracia la historia se escribe con renglones cargados de ironía, el uso restringido como área castrense hizo que buena parte de las playas y manglares de Culebra y Vieques se mantuviera casi intacta, si exceptuamos los puntos concretos donde caían las bombas. Hoy, las antiguas zonas militares de Vieques se han reconvertido en refugio de vida silvestre y sus visitantes pueden descubrir a pie manglares, grandes palmerales, formaciones coralinas, bahías y playas en estado casi virginal.