El Diccionario del Diablo. Humor Ácido del Bueno.
El Diccionario del Diablo (The Devil's Dictionary en inglés) es una recopilación satírica de 998 definiciones corrosivas escrito de 1881 a 1906 por Ambrose Bierce.
Inicialmente, ha sido publicado en fragmentos en diversos periódicos durante más de veinte años, al finalizar se recopiló una versión completa en 1911. El contenido buscaba diversos argumentos escritos a modo satírico.1 El libro fue conocido desde la Guerra de Secesión.
Su primera traducción francesa data de 1955. Fue traducido por Jacques Papy, e incluye un prefacio de Jean Cocteau. Actualmente, la traducción francesa más popular es la de Bernard Sallé, a partir de la edición definitiva de 1911, que data de 1989.
Algunas definiciones:
Amistad, s. Barco lo bastante grande como para llevar a dos con buen tiempo, pero a uno solo en caso de tormenta.
Aborígenes, s. Seres de escaso mérito que entorpecen el suelo de un país recién descubierto. Pronto dejan de entorpecer; entonces, fertilizan.
Africano, s. Negro que vota por nuestro partido.
Espalda, s. Parte del cuerpo de un amigo que uno tiene el privilegio de contemplar en la adversidad.
Duelo, s. Ceremonia solemne previa a la reconciliación de los enemigos. Para cumplirla satisfactoriamente, hace falta gran habilidad; si se practica con torpeza, pueden sobrevenir las más imprevistas y deplorables consecuencias. Hace mucho tiempo, un hombre perdió la vida en un duelo.
Dictador, s. Mandatario de un país que prefiere la pestilencia del despotismo a la plaga de la anarquía.
Cerebro, s. Aparato con que pensamos que pensamos. Lo que distingue al hombre contento con “ser” algo del que quiere “hacer” algo. Un hombre de mucho dinero, o de posición prominente, tiene por lo común tanto cerebro en la cabeza que sus vecinos no pueden conservar el sombrero puesto. En nuestra civilización y bajo nuestra forma republicana de gobierno, el cerebro es tan apreciado que se recompensa a quien lo posee eximiéndolo de las preocupaciones del poder. Y esto último, síntesis y clave del trastrueque universal.
Economía, s. Compra del barril de whisky que no se necesita por el precio de la vaca que no se tiene.
Evangelista, s. Portador de buenas nuevas, particularmente (en sentido religioso) las que garantizan nuestra salvación y la condenación del prójimo.
Mitología, s. Conjunto de creencias de un pueblo primitivo relativas a su origen, héroes y dioses, por oposición a la historia verdadera, que inventa más tarde.
Famoso, adj. Notoriamente miserable.
Fanático, adj. Dícese del que obstinada y ardorosamente sostiene una opinión que no es la nuestra.
Frontera, s. En Geografía política, línea imaginaria entre dos naciones que separa los derechos imaginarios de una, de los derechos imaginarios de la otra.
Homeopatía, s. Escuela de medicina que está a mitad de camino entre la alopatía y la Ciencia Cristiana. Esta última es muy superior a todas las otras, pues puede curar enfermedades imaginarias, cosa que resulta imposible a las demás.
Pagano, s. Ser descarriado que incurre en la locura de adorar lo que puede ver y sentir.
Impunidad, s. Riqueza.
Político, s. Anguila en el fango primigenio sobre el que se erige la superestructura de la sociedad organizada. Cuando agita la cola, suele confundirse y creer que tiembla el edificio. Comparado con el estadista, padece la desventaja de estar vivo.
Prerrogativa, s. Derecho de un soberano a obrar mal.
Prójimo, s. Aquél a quien no está ordenado amar como a nosotros mismos, pero que hace todo lo posible para que desobedezcamos.
Reina, s. Mujer que gobierna el reino cuando hay un rey, y por medio de quien el reino es gobernado cuando no lo hay.
República, s. Entidad administrativa manejada por una incalculable multitud de parásitos políticos, lógicamente activos pero fortuitamente eficaces.
Rezar, v. i. Pedir que las leyes del universo sean anuladas en beneficio de un solo peticionante, confesadamente indigno.
Religión, s. Hija del Temor y la Esperanza, que vive explicando a la Ignorancia la naturaleza de lo Incognoscible.
—¿Cuál es tu religión, hijo? —preguntó el arzobispo de Reims.
—Perdón, monseñor. —replicó Rochebriant— Me siento avergonzada de ella.
—¿Entonces, por qué no te vuelves ateo?—¡Imposible! El ateísmo me avergonzaría.
—En ese caso, señor, debería usted convertirse al protestantismo.
Wall Street, s. Símbolo de pecado expuesto a la execración de todos los demonios. Que Wall Street sea una cueva de ladrones, es una creencia con que todo ladrón fracasado sustituye su esperanza de ir al cielo.
Lealo completo Aqui .
El Diccionario del Diablo (The Devil's Dictionary en inglés) es una recopilación satírica de 998 definiciones corrosivas escrito de 1881 a 1906 por Ambrose Bierce.
Inicialmente, ha sido publicado en fragmentos en diversos periódicos durante más de veinte años, al finalizar se recopiló una versión completa en 1911. El contenido buscaba diversos argumentos escritos a modo satírico.1 El libro fue conocido desde la Guerra de Secesión.
Su primera traducción francesa data de 1955. Fue traducido por Jacques Papy, e incluye un prefacio de Jean Cocteau. Actualmente, la traducción francesa más popular es la de Bernard Sallé, a partir de la edición definitiva de 1911, que data de 1989.
Algunas definiciones:
Amistad, s. Barco lo bastante grande como para llevar a dos con buen tiempo, pero a uno solo en caso de tormenta.
Aborígenes, s. Seres de escaso mérito que entorpecen el suelo de un país recién descubierto. Pronto dejan de entorpecer; entonces, fertilizan.
Africano, s. Negro que vota por nuestro partido.
Espalda, s. Parte del cuerpo de un amigo que uno tiene el privilegio de contemplar en la adversidad.
Duelo, s. Ceremonia solemne previa a la reconciliación de los enemigos. Para cumplirla satisfactoriamente, hace falta gran habilidad; si se practica con torpeza, pueden sobrevenir las más imprevistas y deplorables consecuencias. Hace mucho tiempo, un hombre perdió la vida en un duelo.
Dictador, s. Mandatario de un país que prefiere la pestilencia del despotismo a la plaga de la anarquía.
Cerebro, s. Aparato con que pensamos que pensamos. Lo que distingue al hombre contento con “ser” algo del que quiere “hacer” algo. Un hombre de mucho dinero, o de posición prominente, tiene por lo común tanto cerebro en la cabeza que sus vecinos no pueden conservar el sombrero puesto. En nuestra civilización y bajo nuestra forma republicana de gobierno, el cerebro es tan apreciado que se recompensa a quien lo posee eximiéndolo de las preocupaciones del poder. Y esto último, síntesis y clave del trastrueque universal.
Economía, s. Compra del barril de whisky que no se necesita por el precio de la vaca que no se tiene.
Evangelista, s. Portador de buenas nuevas, particularmente (en sentido religioso) las que garantizan nuestra salvación y la condenación del prójimo.
Mitología, s. Conjunto de creencias de un pueblo primitivo relativas a su origen, héroes y dioses, por oposición a la historia verdadera, que inventa más tarde.
Famoso, adj. Notoriamente miserable.
Fanático, adj. Dícese del que obstinada y ardorosamente sostiene una opinión que no es la nuestra.
Frontera, s. En Geografía política, línea imaginaria entre dos naciones que separa los derechos imaginarios de una, de los derechos imaginarios de la otra.
Homeopatía, s. Escuela de medicina que está a mitad de camino entre la alopatía y la Ciencia Cristiana. Esta última es muy superior a todas las otras, pues puede curar enfermedades imaginarias, cosa que resulta imposible a las demás.
Pagano, s. Ser descarriado que incurre en la locura de adorar lo que puede ver y sentir.
Impunidad, s. Riqueza.
Político, s. Anguila en el fango primigenio sobre el que se erige la superestructura de la sociedad organizada. Cuando agita la cola, suele confundirse y creer que tiembla el edificio. Comparado con el estadista, padece la desventaja de estar vivo.
Prerrogativa, s. Derecho de un soberano a obrar mal.
Prójimo, s. Aquél a quien no está ordenado amar como a nosotros mismos, pero que hace todo lo posible para que desobedezcamos.
Reina, s. Mujer que gobierna el reino cuando hay un rey, y por medio de quien el reino es gobernado cuando no lo hay.
República, s. Entidad administrativa manejada por una incalculable multitud de parásitos políticos, lógicamente activos pero fortuitamente eficaces.
Rezar, v. i. Pedir que las leyes del universo sean anuladas en beneficio de un solo peticionante, confesadamente indigno.
Religión, s. Hija del Temor y la Esperanza, que vive explicando a la Ignorancia la naturaleza de lo Incognoscible.
—¿Cuál es tu religión, hijo? —preguntó el arzobispo de Reims.
—Perdón, monseñor. —replicó Rochebriant— Me siento avergonzada de ella.
—¿Entonces, por qué no te vuelves ateo?—¡Imposible! El ateísmo me avergonzaría.
—En ese caso, señor, debería usted convertirse al protestantismo.
Wall Street, s. Símbolo de pecado expuesto a la execración de todos los demonios. Que Wall Street sea una cueva de ladrones, es una creencia con que todo ladrón fracasado sustituye su esperanza de ir al cielo.
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