FANTASMAS PORTEÑOS
Aunque buenos aires no cuenta con los castillos medievales a que son afectos los aparecidos, no son pocas las historias que circulan sobre su presencia.
Hay numerosos testimonios que relatan la visión de fantasmas que recorren las calles y habitan algunas casas de la ciudad.
El mas conocido es, quizás, el de Felicitas Guerrero.
La historia dice que era una de las mujeres más bellas de la sociedad porteña y fue casada a los 16 años con Martín de Álzaga, dueño de una de las fortunas más grandes del país. Este murió diez años mas tarde, por lo que Felicitas se convirtió en una joven viuda, bellísima y acaudalada, que despertó el interés de muchos jóvenes. Entre ellos, de Enrique Ocampo, quien al conocer las preferencias de la viuda por Samuel Sáenz Valiente, en la noche del 29 de enero de 1872, fue hasta la casa de Felicitas, la asesinó y luego se suicidó. En los jardines de lesa casa, en Barracas, los padres de la joven hicieron construir una iglesia, frente a cuyas rejas muchos vecinos dicen haber visto, en los aniversarios de su muerte, a Felicitas llorando desconsolada.
vestido de felicitas
Otro ejemplo de amor trágico convertido en mito urbano es el de Elisa Brown, hija del patriota Guillermo Brown. La joven estaba comprometida con el marino escocés Francis Frummond, quien falleció durante la guerra con el Brasil. Y aunque, dice la historia, Elisa recibió la noticia de su muerte sin derramar una sola lágrima, meses después se vistió con el traje de novia que no había podido usar y se internó en el río. Algunos aseguran que su fantasma acostumbra deambular por el barrio de La Boca.
Si de lugares se trata, hay varios “encantados” en la ciudad: cuentan que el predio donde está actualmente el Banco Nación se utilizó como enterratorio y que por allí suelen vagar almas en pena y una niña fantasmal, y se dice que en las cercanías del Museo Fernández Blanco, donde funcionaba en la época colonial el mercado de esclavos, suelen deambular algunos de sus espíritus. También circulan varias historias sobre aparecidos en la línea A de subterráneo, la más antigua de la ciudad, en la plaza Roberto Arlt y en la plaza Las Heras, donde funcionaba la penitenciaria nacional.
Tumba de Elisa Brown
Entre los cementerios, quizás el de la Recoleta cuenta con mas leyendas fantasmales. Y Rufina Cambaceres es una de las apariciones más famosas.
Dentro del cementerio se alza una escultura que inmortaliza a la joven hija del escritor argentino Eugenio Cambaceres, quien con sus ácidas obras desnudó hipocresías de la alta sociedad de fines del 1800, y al que se repudió por haberse casado con una bailarina italiana, Luisa Baccichi, a quien la “gente bien” apodaba “La Bachicha”.
El matrimonio tuvo una única hija y cuando Cambaceres murió, Luisa y la joven Rufina quedaron solas, con un palacete en la calle Montes de Oca, entre otros bienes. La niña desarrolló un carácter introvertido y solitario que se profundizó cuando su madre, cuatro años después de la muerte de Cambaceres, se convirtió en la amante del futuro presidente Hipólito Yrigoyen.
Para entonces Rufina tenía catorce años, era hermosa y muchos jóvenes rondaban la casona de Montes de Oca, pero ella mostraba indiferencia. El 31 de mayo de 1902 Rufina cumplía 19 años, su madre había organizado una gran fiesta y luego escucharían música lírica en el Colón. Cuando finalizó el festejo y debían partir hacia el teatro, Luisa escuchó el alarido aterrador de una de las mucamas, corrió a la habitación de Rufina y la encontró tendida en el suelo, rígida, muerta.
Un médico confirmó que había sido un síncope. Al día siguiente, Luisa e Hipólito Yrigoyen, la sepultaron en la Recoleta. Poco más tarde, el cuidador de la bóveda de los Cambaceres, avisó el macabro hallazgo del ataúd de Rufina abierto y con la tapa rota.
La versión oficial sugirió un robo, ya que la niña había sido enterrada con sus mejores joyas; pero Luisa vivió el resto de su vida torturada por la convicción de que su hija había sufrido un ataque de catalepsia y fue sepultada viva. Pues la leyenda cuenta que arañando, golpeando las paredes del féretro, logró salir y ver el cementerio desierto. Pero las puertas de la bóveda estaban cerradas.
Entonces, víctima de la desesperación, volvió a morir realmente de un ataque al corazón...Por eso, una estatua de lánguido art noveau, la representa con una mano aferrada a la reja de la bóveda, o como tratando de abrir inútilmente el picaporte de una puerta...Rufina Cambaceres esconde una pena de amor que seguramente terminó con su vida a corta edad.
Muchas historias se cuentan sobre la vida de la joven: que murió de catalepsia, que era la dama de blanco, etc. Sin embargo, lo que parece más cercano a la realidad es que el día en que Rufina cumplía 19 años, mientras se arreglaba para asistir a una función de teatro, su amiga íntima le reveló un secreto que tuvo guardado durante mucho tiempo. El novio de la niña, era también el amante de su bella madre.
El impacto de la confesión de su amiga le ocasionó un ataque al corazón y murió. Quién fue el caballero que rompió su corazón? El único presidente soltero que tuvo la Argentina: don Hipólito Yrigoyen, quien después de un tiempo, tuvo un hijo con la viuda de Cambaceres. “Lo único que deseo para mi entierro es no ser enterrado vivo”. (Lord Chesterfield).
En una esquina de la sección13, está la bóveda de Rufina Cambaceres al lado de la de su familia que ostenta el nombre de Antonino Cambaceres (1823 – 1888), tío de Rufina.
Su presencia se asocia con “la dama de blanco”, una historia que circula, con variantes, en muchos cementerios. Tiene como protagonista a un joven que en una fiesta conoce y se enamora de una bella muchacha de vestido blanco y a quien, mas tarde, al acompañarla a su casa, le presta su abrigo. Al día siguiente, el muchacho vuelve a la casa de la joven para verla, pero los padres le informan, sorprendidos, que ella había muerto tiempo atrás. Como el enamorado no acepta esa verdad, lo acompañan hasta el cementerio para convencerlo mostrándole la tumba. Al llegar, descubren sobre la lapida el abrigo que el muchacho le había prestado a la joven la noche anterior.
Espero que les haya gustado

