InicioInfoHistoria de las Religiones 12: Israel contemporaneo
La sinagoga y el culto
Historia de las Religiones 12: Israel contemporaneo
Para satisfacer las necesidades de la comunidad
La sinagoga ha sido, durante siglos, la asamblea de los creyentes, el hogar, punto de encuentro, centro de reunión y de oración, tanto como la patria del pueblo judío en el destierro.

El término griego "sinagoga" (compuesto de la partícula syn, con, y el verbo ago, actuar) traduce el concepto hebreo de beit ha knesset o "casa de la reunión" e incluye las acepciones de asamblea religiosa y edificio donde ésta se celebra. Las sinagogas, además de lugares de oración y culto, sirven también, según la tradición rabínica, "para satisfacer todas las necesidades de la comunidad".

Aunque no se conocen con exactitud sus orígenes históricos, es opinión unánime entre los estudiosos que pueden situarse, en términos generales, al menos como lugar de culto organizado, en la época del exilio de Babilonia, donde ejercieron el papel de templo sin el ritual de los sacrificios.

Hay testimonios escritos de la existencia de sinagogas ya desde la época de Esdras (siglo IV antes de nuestra era) y puede asumirse que se consolidaron como institución firme de uso consagrado bajo los gobernantes asmoneos (siglos II-I antes de nuestra era), con la decidida colaboración de los fariseos. En tiempos de Jesús existían sinagogas en numerosas poblaciones de Palestina, a las que acudían regularmente los fieles los sábados.

La arquitectura sinagogal
En el aspecto arquitectónico, es probable que en sus inicios las sinagogas apenas se diferenciaran de los edificios comunes. Con el paso del tiempo, fueron adquiriendo características que facilitaban el cumplimiento de sus objetivos como centros religiosos. En términos generales, el estilo arquitectónico de las sinagogas se adaptaba al predominante en sus respectivas regiones. La decoración podía consistir en relieves en piedra con motivos geométricos (pentagramas, hexagramas) y vegetales (granadas), aunque no faltan los motivos zoomorfos y antropoformos. Así lo testifica el descubrimiento de las espléndidas pinturas murales del siglo III a.C. en la sinagoga de Dura-Europos, en la orilla occidental del curso medio del Éufrates, con treinta frescos divididos en tres hileras sobre temas bíblicos. Las sinagogas de Toledo y Córdoba muestran la influencia del arte árabe español.

La disposición del espacio interior se subordina a su función de centro de oración y enseñanza. La construcción se orienta hacia Jerusalén, es decir, para las comunidades judías de Europa, hacia el este. En la pared oriental se abre un nicho en el que se instala el "arca" o armario donde se depositan los rollos de la Ley. Este espacio, llamado "santo", está separado por un velo del resto del edificio. En un lugar algo elevado, junto al "santo", se coloca el pupitre (bema) para el lector y un sitial honorífico ("cátedra de Moisés" para el presidente de la asamblea. A lo largo de las paredes laterales se colocan bancos para los fieles. En los servicios sinagogales actuales ha desaparecido la asignación de dos espacios distintos para hombres y mujeres.

La liturgia sinagogal
La liturgia sinagogal se inicia con la recitación de la semá ("escucha..." y de algunas oraciones, seguida de la lectura de algunos pasajes de la Ley y los Profetas. Este servicio de lectura tiene un cierto sello democrático. Puede ejercerlo cualquier persona capacitada para hacerlo según las reglas establecidas. Acabada la lectura, sigue su exposición, generalmente bajo la forma de exhortación piadosa. La asamblea finaliza con la fórmula de bendición: "Que Yahvé te bendiga y te guarde; que ilumine Yahvé su rostro sobre ti y te sea propicio; que Yahvé te muestre su rostro y te conceda la paz", tomada del capítulo sexto del Libro de los Números.

Como consecuencia de la destrucción del primer Templo de Jerusalén (587 a.C.), con la consiguiente desaparición de los sacrificios y de las funciones sacerdotales, la liturgia judía se concentró en la lectura e interpretación de los libros sagrados. De aquí se siguió, necesariamente, una revalorización de la Palabra, la doctrina y los "doctores", en detrimento del sacrificio y el sacerdocio. La situación se afianzó aún más durante los largos siglos de diáspora tras la destrucción del segundo Templo (70 d.C.). El culto se desarrolló en las sinagogas. Una de las preocupaciones básicas de las comunidades judías de la diáspora era construir en sus lugares de residencia una sinagoga donde poder congregarse para los servicios del culto. Puede afirmarse que sin sinagogas estas comunidades no hubieran podido conservar su identidad -religiosa y nacional- en el mar de los pueblos circundantes. De ellas puede decirse, en sentido estricto, que fueron, durante milenios, la patria de los judíos errantes. Contribuyó poderosamente a la eficacia de esta función de preservación de su conciencia de pueblo singular el hecho de que la administración de las sinagogas estuvo siempre, incluso bajo los gobernantes cristianos o musulmanes, en manos de las autoridades judías. Ser expulsado de la sinagoga equivalía en la práctica a un edicto de destierro del judaísmo.

Además de esta función de hogar cálido de la cultura y la espiritualidad judías, las sinagogas fueron el centro de irradiación del monoteísmo hacia el exterior mediante una labor de captación de prosélitos. La homilía que seguía a la lectura de los textos sagrados puso en manos de los apóstoles de Jesús una oportunidad y un instrumento de valor incalculable para difundir, a través de las sinagogas, el mensaje del cristianismo.

En la actualidad, las sinagogas están por lo general orientadas en dirección a Jerusalén. Al fondo del local se encuentra el tabernáculo, el arca santa que contiene los rollos de la Ley. Delante del tabernáculo pende una lamparilla constantemente encendida, en recuerdo de la luz perpetua que brillaba en el templo de Jerusalén. Un candelabro de lámparas en línea recuerda el candelabro de siete brazos que con frecuencia constituye el símbolo del judaísmo. El ministro oficiante se coloca frente a una mesa elevada sobre una plataforma que equivale al altar en otras confesiones religiosas. El culto es presidido por un rabino y cantado por un ministro oficiante. Un comité de notables de la comunidad se hace cargo de la administración de la sinagoga.

El Holocausto de la Alemania nazi

El mayor crimen de la historia conocida
El Holocausto o "solución final", es decir, la fría, deliberada y despiadada determinación de los dirigentes de la Alemania nazi de exterminar a la raza judía ha sido la más dantesca implantación del horror que la mente humana ha podido concebir y una de las páginas más sombrías de la historia de la humanidad.

Las comunidades judías de la diáspora han oscilado, a lo largo del tiempo, entre la tendencia a la asimilación con las lenguas y culturas de su entorno y el deseo de mantenerse fieles a los usos y las creencias de los antepasados. Gracias a esta voluntad, han logrado preservar su identidad y singularidad.

Pero justamente esta singularidad, esta fidelidad a prácticas y cultos distintos de los de las poblaciones circundantes, les hacía aparecer a los ojos de los restantes ciudadanos como un grupo extraño, cerrado, incomprensible. De aquí se derivaban fácilmente sentimientos de rechazo y hostilidad, acentuados, en el cristianismo, por la acusación de "pueblo deicida", porque sus antepasados condenaron a muerte a Jesús, el Hijo de Dios.

Esta animadversión, acentuada en Europa a partir de la época de las Cruzadas, se tradujo en leyes y disposiciones discriminatorias contra los judíos. Se les obligó a vivir en barrios separados (ghettos) y a llevar sobre los vestidos señales que les identificaban como hebreos. Al prohibírseles los oficios laborales normales, se vieron forzados a concentrarse en actividades prestamistas, añadiendo así nuevo combustible a la hoguera de la envidia y del resentimiento de los cristianos. Un inevitable mecanismo psicológico desplazaba sobre las comunidades judías la responsabilidad de las catástrofes naturales, las epidemias y las crisis económicas, y las convertía en fácil blanco de la ira y la frustración populares. Durante la Edad Media fueron frecuentes en toda Europa los estallidos de violencia y las matanzas de judíos. Con el advenimiento de los Estados modernos se avivó el sentimiento antisemita, porque constituían un cuerpo extraño dentro de las sociedades en busca de homogeneidad nacional. Fueron expulsados de Inglaterra en 1290, de Francia en 1394, de España en 1492 y de Portugal en 1496. En el siglo XIX, esta hostilidad difusa subió un nuevo y peligrosísimo escalón al teñirse de xenofobia y racismo.

El antisemitismo nazi
Los sentimientos antisemitas tuvieron un excelente caldo de cultivo en la Alemania derrotada en la primera guerra mundial y encontraron en el partido nacionalsocialista liderado por Hitler uno de sus más duros núcleos de cristalización.

Para el racismo patológico de la Alemania nazi el judaísmo era un bacilo incrustado en el tejido de la raza aria, que debía ser eliminado a toda costa. Esta voluntad de aniquilación fue una de las causas principales del ataque alemán contra Rusia. Se estima que en los seis meses transcurridos desde el estallido de la guerra, en junio de 1941, hasta finales de aquel mismo año, fueron pasados por las armas 500 000 judíos rusos.

El 31 de julio de 1941, el dirigente nazi Hermann Goering mencionó por primera vez a Reinhard Heydrich las palabras fatídicas: Gesamtlösung (solución global) y Endlösung (solución final) para resolver el problema judío. La "solución" consistía en "la eliminación biológica planificada de la raza judía en los territorios del Este".

Las cifras derivadas de esta demencial decisión son aterradoras. De los casi nueve millones de judíos que vivían en los territorios europeos ocupados por las tropas nazis en 1941, en los primeros meses de 1945 habían sido asesinados casi seis millones. Su distribución por naciones ofrece las siguientes cifras:

Polacos 2 600 000
Rusos 750 000
Rumanos 750 000
Húngaros 402 000
Checoslovacos 277 000
Alemanes 180 000
Holandeses 106 000
Lituanos 104 000
Franceses 83 000
Letones 70 000
Griegos 65 000
Austríacos 65 000
Yugoslavos 60 000
Búlgaros 40 000
Belgas 28 000
Italianos 9 500

En el caso francés consta el dato de que al menos 6 000 de los asesinados eran niños menores de seis años.
Curiosamente, los lugares más seguros para los judíos del continente europeo fueron España y Portugal.

Pero más espeluznante incluso que el número de las víctimas fue el método elegido para su eliminación. Tras varios ensayos con prisioneros de guerra, se optó por la eliminación en cámaras de gas mediante zyklon-B. A los condenados se les conducía a estas cámaras -situadas bajo prados de césped esmeradamente cuidados-, asegurándoles que se trataba de instalaciones de baño. Una vez dentro, y herméticamente cerrado el recinto, los vigilantes arrojaban los cristales de zyklon por las chimeneas. Las escenas siguientes eran el horror en su estado más espeluznante. Los desdichados se precipitaban contra la enorme puerta de hierro, gritaban y se aplastaban unos a otros. Al cabo de 25 minutos, bombas aspirantes eliminaban los gases. Luego, grupos especiales limpiaban con mangueras las heces y la sangre y, mediante garfios, separaban el amasijo de cadáveres para iniciar la repulsiva tarea de "recuperación de elementos útiles": se arrancaban las piezas de oro de las dentaduras y se ponían aparte los cabellos para colchones y la grasa para fabricar jabón. A continuación, los cadáveres eran trasladados a hornos crematorios y los restos calcinados eran reducidos a cenizas, que se arrojaban a la corriente de los ríos. Ocurría a veces que, por las necesidades de ahorro de la maquinaria militar germana, las cantidades de zyklon eran insuficientes para matar a todo el grupo, y los supervivientes eran incinerados vivos.

De Auschwitz dijo Rudolf Hess que era "la mayor instalación de aniquilamiento humano jamás inventada".

¿Tuvo el pueblo alemán conocimiento de esta siniestra actividad de sus dirigentes? Y si lo tuvo, ¿tenía la posibilidad de evitarla, de modo que su pasividad le convertía en cómplice o responsable de este sobrecogedor genocidio? Probablemente, la respuesta a estas preguntas es negativa. Consta que en una reunión con los Gauleiters (gobernadores militares) de los territorios ocupados, el 29 de mayo de 1944, Himmler les advirtió: "Ahora ustedes lo saben todo [sobre el genocidio judío], pero es mejor que se lleven a la tumba este secreto".

Datos y obras sobre el Holocausto

Antisemitismo: Desde tiempos inmemoriales, doctrina hostil a los judíos. La Alemania nazi fue la que llevó más lejos el antisemitismo, pero en todos los países de Europa se produjeron brotes de violencia por esta causa. Son hitos históricos en este sentido la expulsión de los judíos de España por los Reyes Católicos en el siglo XV, el "caso Dreyfus" en Francia en el XIX, y el fascismo internacional de la primera mitad del siglo XX.

Auschwitz: (en polaco, Oswiecim). Campo de exterminio nazi, tal vez el más tristemente famoso de la historia del Holocausto. Situado cerca de Cracovia, se han conservado parte de sus instalaciones (cámaras de gas, hornos crematorios, etc.) para que sirvan de ejemplo de los horrores que la humanidad debe evitar.

Baeck, Leo: Rabino, filósofo y teólogo, en 1905 publicó su obra fundamental, Esencia del judaísmo. Años más tarde, fue líder de los judíos alemanes durante la persecución nazi. Sobrevivió a las penalidades del campo de concentración de Theresiendstadt, donde escribió varias obras, como Este pueblo: Israel, el significado de la existencia judía, que recupera la tradición teológico-filosófica de Hermann Cohen, de quien fue discípulo.

Belzec: Campo de exterminio nazi situado cerca de la frontera entre Polonia y Ucrania. En él, como en casi todos los campos de exterminio, fueron eliminados tanto judíos como eslavos, gitanos, homosexuales, comunistas y enfermos mentales.

Bergen-Belsen: Campo de exterminio nazi situado en el norte de Alemania.

Buchenwald: Campo de concentración nazi situado cerca de Leipzig.

Dachau: Campo de concentración nazi situado en el sur de Alemania.

Diáspora: Dispersión del pueblo judío por todo el mundo, a lo largo de los siglos. Su última manifestación, provocada de modo abrupto y trágico por el Holocausto en Alemania y Europa Oriental, llevó a muchos al Estado de Israel, creado en 1948.

Frank, Anna: Judía holandesa que murió durante la ocupación nazi, a los 16 años y tras haber escrito un conmovedor diario que expresa, desde el inocente punto de vista de una adolescente, la barbarie nazi. El Diario de Anna Frank han tenido millones de lectores.

Ghetto de Varsovia: En 1943, Hitler envió a sus tropas para ocupar la capital polaca, esperando no encontrar resistencia. Sin embargo, con métodos improvisados y apenas armados, los hombres y mujeres del ghetto judío de Varsovia resistieron heroicamente a los ejércitos alemanes durante un mes, lo cual se convirtió en un símbolo de lucha para la futura Israel.

Judaísmo del Holocausto y la Redención: Según Jacob Neusner, tendencia unificadora de los judíos del siglo XX. Por encima de ideologías o variantes doctrinales, están unidos por la experiencia (en carne propia o en la de familiares) del Holocausto nazi y por la Redención, que sería la creación del Estado de Israel.

Kaddish: Oración hebrea en homenaje a los muertos.

Kristalnacht: En alemán, "noche de los cristales", momento en que se llevó a cabo (noviembre de 1938) la quema de sinagogas, tiendas y casas de judíos alemanes.

Levi, Primo: Escritor judeo-italiano interesado en los campos nazis y autor de la conocida novela La tregua.

Madjanek: Campo de exterminio nazi situado cerca de la frontera entre Polonia y Ucrania. La mayoría de sus víctimas reposan en el cementerio judío de Lublin, junto al cual se erigió la Izba Pamieci (en polaco, Cámara de la memoria), un complejo arquitectónico diseñado por Stanislaw Machnik que recuerda a las víctimas del Holocausto.

Mauthausen: Campo de concentración nazi situado entre Austria y la República Checa.
Psicoanálisis: Escuela de psicología y psiquiatría fundada por Sigmund Freud. Muchos de sus continuadores han sido hebreos y algunos de ellos, como Eugene Heimler, Viktor Frankl o Bruno Bettelheim, fueron supervivientes de los campos nazis, lo cual les hizo desarrollar sus estudios teniendo en cuenta su experiencia en situaciones límite. El psicoanálisis ha sido también una vía de escape para muchos pacientes que conocieron el horror.

Schindler, Oskar: Nombrado por Israel "persona justa" en la década de 1950, Schindler fue un empresario alemán que trasladó sus fábricas a Cracovia y consiguió salvar a cientos de trabajadores judíos de los campos de exterminio. Su figura se hizo célebre a raíz de una excelente película del director de origen judío Steven Spielberg.

Singer, Isaac Bashevis: Escritor polaco que obtuvo el premio Nobel de Literatura en 1978 escribiendo en yiddish, cuando esta lengua estaba prácticamente muerta. Emigrado a Estados Unidos en 1935, conoció en los años siguientes a muchos judíos que huían del Holocausto. Muchas de sus obras hablan del tema con gran lucidez. Su novela póstuma, Sombras sobre el Hudson, es básica para comprender las distintas posturas (sionismo, ortodoxia, comunismo, ultracapitalismo, agnosticismo y ateísmo) que los judíos han adoptado tras el Holocausto: uno de los personajes de la novela, Anna Makaver, afirma:
"-¡Oh, no soporto que me hablen de Dios! Después de lo ocurrido en Europa, me indigna que se pronuncie esa palabra, porque si Dios realmente existe y permitió todo aquello, es aún peor que si no existiera."
Las obras de Singer son importantes para entender la cultura judaica, tanto la anterior al Holocausto (sus cuentos y leyendas de inspiración jasídica) como la posterior.

Treblinka: Campo de exterminio nazi situado cerca de la frontera entre Polonia y Bielorrusia. En él la resistencia moral judía fue tan enconada que se ha convertido en uno de los símbolos de la lucha por la dignidad del pueblo hebreo.
Sobibor: Campo de exterminio nazi situado cerca de la frontera entre Polonia y Ucrania.

Wiesel, Elie: Escritor que popularizó el concepto de Holocausto (que significaba "sacrificio u ofrenda con fuego" referido a la muerte de seis millones de judíos durante la persecución nazi. Él mismo fue superviviente de un campo de exterminio.

Yad Va-Shem: Instituto de estudios del Holocausto, fundado en 1957 en Jerusalén, con el objeto de recopilar todo lo concerniente a tan trágico hecho de la historia del pueblo judío.

El judaísmo en la actualidad
religion
Entre la identidad nacional y la espera mesiánica
En el Estado hebreo, objetivo último del sionismo, se diluye el fenómeno religioso del judaísmo abrahámico como componente esencial de la nacionalidad judía.

La nostalgia por la patria, el deseo de retorno a la tierra prometida, ha ardido como una llama inextinguible en el alma de los judíos diseminados por la tierra. La espeluznante experiencia vivida bajo el terror nazi convirtió aquel anhelo en una necesidad existencial, apremiante e irrefrenable. Era indispensable disponer de un territorio propio, gobernado por autoridades judías, con leyes judías, donde guarecerse de las atrocidades, saqueos, humillaciones y matanzas del pasado.

Estas aspiraciones, durante muchos siglos más bien nostálgicas por inalcanzables, comenzaron a adquirir cuerpo y expresión concreta en el movimiento sionista organizado y encauzado por el periodista vienés Theodor Herzl. En 1896 publicó su libro programático Der Judenstaat (El Estado judío). En 1898 se celebró en Basilea el primer congreso sionista y se pusieron los cimientos de un hogar nacional judío, aunque por razones tácticas no se mencionaba aún la creación de un Estado judío soberano e independiente.

El movimiento sionista partía del principio de que la "cuestión judía" es una cuestión nacional que no puede solucionarse en el destierro, sino que requiere, ineludiblemente, el asentamiento del pueblo judío en un territorio concreto y propio que, por razones históricas, no puede ser otro que Palestina. Para el sionismo, los judíos son un pueblo que, por los avatares de la historia, ha sido privado de algunos de los elementos esenciales definidores de una nación (una tierra, una lengua, unas estructuras políticas y jurídicas propias), y es preciso reconquistarlos. El manifiesto sionista declaraba en términos expresos que se trataba de un movimiento netamente político.

El sueño se hizo realidad con la proclamación del Estado hebreo, el 14 de mayo de 1948.

El Estado hebreo
El nuevo Estado se convirtió rápidamente en polo de atracción de numerosos judíos de todas las regiones del mundo. Al asentarse en Israel, los componentes de esta masa de emigrantes aportaban su propia cultura, sus usos y costumbres, sus convicciones. Así, junto a personas profundamente creyentes, había otras indiferentes en cuestiones religiosas, agnósticas e incluso declaramente ateas. Las estructuras políticas del moderno Estado de Israel son homologables con las de cualquier democracia occidental. El país es gobernado por un parlamento elegido por votación popular. No es una teocracia.

Esta situación plantea inexorablemente la pregunta de en qué consiste ser judío hoy o, en otros términos, qué cualidades han de confluir en un individuo para ser judío.

Según el Talmud, es judío quien nace de madre judía o abraza la religión yahvista. Esta doble condición era de índole estrictamente religiosa en los días en que fue redactada esta ley, porque era impensable que el nacido de madre judía no siguiera su misma religión. La situación es distinta en la actualidad. Un nacido de madre judía puede ser religioso, pero también puede no serlo. Además, una persona convertida al judaísmo puede proceder de otras etnias. Desaparece, por tanto, el gran elemento de identificación de la nación judía del pasado.

Incluso dentro de los grupos religiosos y genuinos descendientes de padres hebreos las divergencias son profundas y, no pocas veces, radicales. A muy grandes rasgos, pueden señalarse dos corrientes religiosas: los asquenazes (judíos alemanes, polacos y rusos), que conservan en parte el yiddish como lengua propia, y los sefardíes, descendientes de judíos españoles, que han hablado, durante siglos, en los países de su dispersión tras la expulsion de la península Ibérica, el ladino (castellano antiguo con fuerte presencia de hebraísmos y vocablos hebreos).

Ortodoxos reformistas y radicales
Dentro de estos grupos religiosos tienen distinta intensidad el peso de la religión y el carácter vinculante de las tradiciones, con repercusiones directas sobre la concepción del moderno Estado de Israel y su legislación. Para los ortodoxos reformistas, la Biblia es un libro en el que hombres impregnados del espíritu divino han expresado la vivencia de su encuentro con la divinidad. Adoptan, por tanto, una actitud independiente respecto del sentido literal de estas doctrinas y reclaman el derecho a modificarlas y darles expresiones nuevas según las cambiantes circunstancias. Rechazan el carácter obligatorio de las leyes ceremoniales o las aceptan sólo en la medida en que responden a las situaciones concretas de las comunidades.

Los judíos ortodoxos radicales, por el contrario, afirman que la Torah es la revelación escrita de Dios, mientras que el Talmud es la consignación de la otra gran fuente de la revelación, también divina, transmitida durante generaciones por vía oral. Ambas son obligatorias y sus preceptos son inalterables. Mantienen el carácter vinculante de la legislación mosaica como base insustituible de la estructura del Estado, consideran irrenunciable la circuncisión, el descanso sabático riguroso, las normas sobre pureza ritual, las reglas sobre los alimentos permitidos y prohibidos y las prescripciones ceremoniales.

Esta visión radical de la ultraortodoxia no considera que el Estado judío, en su forma actual, sea el cumplimiento de las esperanzas bíblicas. Para ellos, el reino prometido llegará al final de los tiempos y será implantado, de acuerdo con las profecías, no por el poder de los hombres, sino por la poderosa intervención de Dios.

El judaísmo puro aguarda, pues, expectante, con la mirada y la esperanza abierta al futuro, la llegada de los días escatológicos del Mesías prometido.

Datos del judaísmo contemporáneo

Asquenaze: En la Edad Media, decíase de los judíos que habitaban Europa Central y Oriental. Su lengua era el yiddish y su legado se ha mantenido en algunas zonas de Europa (aunque mucho menos tras el Holocausto), América (EE.UU. y también el Cono Sur) y el moderno Estado de Israel. Hoy en día son un 70 % de los judíos del mundo y el yiddish se ha ido recuperando como lengua escrita, sobre todo desde la entrega del premio Nobel de Literatura en 1978 al escritor polaco-estadounidense Isaac Bashevis Singer, gran divulgador de la tradición jasídica.

Balfour: Declaración promovida en 1917 por el científico Chaim Weizmann, en la que el gobierno británico apoyaba oficialmente la pretensión sionista de establecer una patria judía en Palestina, que en aquel entonces formaba parte del tambaleante imperio turco. Dos años después se adhirió a ella el presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson.

Buber, Martin: Filósofo y teólogo judío de origen austriaco. Gran estudioso de la Biblia y exponente del sionismo, aunque lo invistió de un cariz marcadamente filantrópico: sus nociones de cooperación y fraternidad provienen de la tradición jasídica.

Cohen, Hermann: Filósofo y teólogo alemán del siglo XIX. Eminentemente neokantiano, consideraba el judaísmo una religión afín a la razón y era contrario al sionismo. Su pensamiento ha ejercido una gran influencia en el mundo hebreo contemporáneo.
Eliezer, Israel ben: (véase Jasídico).

Gurion, David Ben: Líder político que en 1948 proclamó el Estado de Israel, con el beneplácito de la ONU, en la ciudad de Tel Aviv.

Herzl, Theodor: (véase Sionismo).

Intifada: Movimiento de liberación islámico surgido en las zonas ocupadas por Israel desde la guerra de los Seis Días (1967).

Jasídico: Movimiento fundado en Polonia, en el siglo XVII, por Israel ben Eliezer, llamado por sus seguidores Baal Shem Tov ("Buen Maestro de Renombre". Sus tesis contrarias a la rigidez intelectual de la tradición rabínica atrajeron a gran cantidad de fieles, especialmente entre los hebreos de clase humilde. La sencilla piedad y la alegría de vivir defendidas por los jasidim (jasídicos) se extendieron por toda Europa Oriental y aunque su influencia decreció en el siglo XX, ha llegado hasta nuestros días, especialmente entre los judíos de origen ruso, bielorruso, polaco, húngaro y ucraniano que emigraron a Estados Unidos.

Judaísmo liberal: Tendencia nacida en el siglo XIX y desarrollada especialmente en el XX. Se contrapone al judaísmo unitario y al conservador. Se trata de una discreta observancia de las leyes de la Torah por parte de muchos individuos, que la adaptan a un pensamiento no categórico y personal. Probablemente procede del carácter ecléctico del siglo que ha dado conocidos intelectuales hebreos de muy distinta orientación ideológica: agnósticos, socialistas y, en algunos casos, hasta ateos.

Judaísmo ortodoxo: Tendencia surgida en el siglo XIX que pretende conjugar el respeto sagrado a la Torah con un modo de vida justo, pero adaptado a la vida moderna. Por ejemplo, los judíos pueden llevar las mismas ropas que los no judíos, pues son sus creencias las que los diferencian, no su aspecto físico, y también pueden llevar una vida secular mientras no se aparten de las normas, que son inmutables. En el siglo XX, paradójicamente, se llama ortodoxos a los judíos que visten de forma explícitamente hebraica (de negro, con filacterias y sombrero, el pelo de las sienes crecido) y acuden al Muro de las Lamentaciones a leer y comentar fragmentos de la Torah; es decir, se identifica con el judaísmo ultraconservador.

Judaísmo reformado: Nacido al mismo tiempo que el judaísmo ortodoxo (siglo XIX), abandona la concepción mística de que los judíos son el pueblo elegido. De modo pragmático, los reformistas son conscientes de que el pueblo de Israel ya no tiene Estado y de que son tan sólo una opción religiosa minoritaria en muchos países, por lo que hay que adaptarse: el judaísmo es un producto de la historia y puede -y debe- cambiar con los tiempos. Ejerce una clara influencia en el judaísmo no dogmático y liberal del siglo XX.

Kibbutz: (plural, kibbutzim). Pequeñas explotaciones agrícolas en régimen de cooperativa, de clara inspiración socialista, que se fundaron en el nuevo Estado de Israel y que aún hoy están vigentes.

Muro de las Lamentaciones: Originalmente, parte del muro de Jerusalén en época romana. Hoy se ha convertido en un símbolo de la nueva Sión y a él acuden los hebreos a conmemorar desde fiestas sacras hasta acciones militares, como ocurrió al acabar la guerra de los Seis Días.

Rebbe: (a veces, abreviado Reb). Título de respeto que se da al rabino que lidera un grupo jasídico. También se aplicaba a los maestros de escuela primaria en Europa Oriental antes del Holocausto.
Rosenzweig, Franz: Filósofo y teólogo alemán, discípulo de Hermann Cohen y traductor de la Biblia. Escribió su obra máxima, La estrella de la redención, en las trincheras durante la primera guerra mundial.

Sefardíes o sefarditas: Originalmente, tras la diáspora medieval, nombre que se dio a los judíos que habitaban España, Portugal y algunas áreas del Mediterráneo. Hablaban ladino y hoy en día apenas quedan unos pocos descendientes (especialmente en Bulgaria y Turquía). De hecho, la última gran comunidad sefardí fue aniquilada en Tesalónica durante la segunda guerra mundial.

Sionismo: (del antiguo nombre de Israel, Sión). Originalmente, movimiento ideológico y político fundado por el periodista austriaco Theodor Herzl. El sionismo es un movimiento de emancipación que nació como respuesta al antisemitismo y las falsas promesas de las naciones; su principal objetivo era crear un estado judío en Palestina. Herzl murió en 1904, siete años después del Primer Congreso Sionista en Basilea y casi medio siglo antes de que fuera cumplido su sueño.

Universidad hebrea de Israel: Institución fundada en la década de 1950 por judíos procedentes de la diáspora. A su cargo ha estado, y sigue estándolo, gran parte del renacer de la cultura hebraica, del retorno del hebreo como lengua hablada y de la conservación de la historia y tradiciones sefardíes y askenazíes.

Del judaísmo al sionismo

Judaísmo
970-931 a.C.: Reinado de Salomón. Construcción del primer templo. A su muerte, cisma y establecimiento de los reinos de Israel al norte y de Judá al sur.
900-150 a.C.: Actividad de los profetas
Hacia 40: Aparición de la secta cristiana y escisión
70: Destrucción de Jerusalén por los romanos y diásporade los judíos por el imperio
1135-1204: Maimónides, principal teólogo judío, resume la fe judaica en trece artículos. Su credo reproduce las palabras de Moisés en el Sinaí
1492: Los judíos son expulsados de España. El antisemitismo, alentado por las religiones cristianas, es común en toda Europa

Sionismo
1800: Yehuda ben Salomón al-Kalai (1788-1878), Moises Hess (1812-1875) y Hirsch Kalischer (1795-1874) exponen por primera vez que el regreso por medios humanos a la tierrra de los antepasados no se opone a la voluntad de Dios
En 1882, el grupo "Bilú", compuesto por jóvenes judíos rusos, funda colonias de pioneros judíos en Palestina
1895 Theodor Herzl (1860-1904) publica El Estado judío
1897 se celebra el I Congreso Sionista en Basilea
1917, "Declaración de Balfour", piedra angular del Estado de Israel
1939-1945: el fascismo internacional se propone eliminar para siempre a la raza judía. Holocausto
1948, el mandato británico sobre Palestina, después de la segunda guerra mundial, facilita la creación del nuevo Estado de Israel contra los intereses de los palestinos que habitan en esta región.
Se asegura de este modo una interminable sucesión de guerras.

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