LA segunda guerra mundial llego hasta Argentina y Uruguay si no lo sabias y te interesa tomate un tiempito y lee el post!!!
El Acorazado de bolsillo "Admiral Graf Spee", buque de guerra alemán que desplazaba 10.000 toneladas, fue construido bajo los términos del Tratado de Versalles. En su momento era considerado una obra maestra de la ingeniería naval y pertenecía a la misma clase que el "Admiral Sheer", el "Lützow" y el "Deuschtland". El acorazado alemán resultó con 56 muertos y 20 impactos que causaron daños relativamente menores pero mermaron su provisión de municiones. Se dirigió hacia el Río de la Plata y entró al puerto de Montevideo, Uruguay. El gobierno uruguayo ofreció una estadía de 72 horas, que emplearía para la reparación de la nave con sus propios medios o la internación, mientras hábiles maniobras diplomáticas inglesas y alemanas buscaban sacar mayor partido a la situación. El comandante Langsdorff del "Admiral Graf Spee" al cumplirse el plazo y presionado además por Hitler de no dejar el buque en un puerto afín a Inglaterra, levó anclas y se remontó hacia la salida donde le esperaban tres cruceros ingleses. Repentinamente el acorazado desembarcó a su tripulación y voló por los aires. Los restos del Graf Von Spee descansan a 32 m de profundidad, semienterrados en el cieno, y hay proyectos de reflotarlo. En 2004 se extrajo de las profundidades, la torreta de control de tiro y un cañon, y en 2005 se extrajo el aguila de bronce, con la svastica que portaba en la popa (la unica que se ha recuperado de toda la flota alemana).
Adolf Hitler quedó impactado cuando en 1934, siendo Canciller, asistió a un ejercicio de fuego del acorazado Deutschland, en el Mar Báltico. Desde aquel entonces asoció el poderío del Reich a esas grandes naves. Por ello se negaba a enfrentarse a su pérdida. Sin embargo, en los primeros meses de la guerra, tuvo que registrar la pérdida del Admiral Graf Spee, el más moderno de los tres acorazados de bolsillo construidos por Alemania después del Tratado de Versalles. El hundimiento del Admiral Graf Spee fue un drama que se desarrolló entre el 13 y el 17 de diciembre de 1939 en la desembocadura del Río de la Plata, ante la costa neutral de Uruguay.
Ese 17 de diciembre, el Admiral Graf Spee zarpó poco después de las 18H00. No quedaban más que dos horas para que el plazo acordado por el gobierno del Uruguay expirara. El buque de guerra avanzó lentamente por el estrecho canal en dirección a alta mar. Ahí los esperaban las naves inglesas. Los espectadores del muelle de Montevideo, esperaban asistir, de lejos, desde luego, al raro espectáculo de un combate naval. Tras la estela del acorazado marchaba el transporte alemán Tacoma, refugiado en el puerto uruguayo desde el comienzo de las hostilidades. Luego de franquear las aguas jurisdiccionales ambas naves pararon máquinas.
Aparecieron dos remolcadores que provenían de Buenos Aires y una serie de embarcaciones menores que iban y venían del acorazado al transporte. Luego, a las 19H55, una enorme columna de llamas brotó repentinamente del Admiral Graf Spee. Al cabo de unos instantes una fuerte explosión se escuchó. El Graf Spee había explotado: los alemanes habían hundido su buque. La noticia voló como un reguero de pólvora por todo el mundo. De inmediato se formularon y se formulan hasta hoy, múltiples preguntas para explicar tal desenlace: ¿Por qué había tomado el capitán de navío Hans Langsdorff la decisión de destruir su buque que, innegablemente, debió hacérsele muy penosa, en lugar de enfrentarse con el adversario? El 21 de agosto de 1939, lunes, el acorazado Admiral Gran Spee zarpó del puerto de Wilhelmshaven para dirigirse hacia el nordeste. Como la guerra no había sido declarada a nadie llamó la atención la salida del acorazado. Pero pasados algunos días, comenzaron a preguntarse el destino de la nave, no entró a ningún puerto ni ancló en ninguna rada. El Almirantazgo británico recibió un despacho que decía: “Uno o dos acorazados, han abandonado los puertos alemanes y no han podido después ser localizados en ninguna parte”. Al Alto Mando inglés dispuso numerosas unidades de la Home Fleet para apostarse en los pasos entre Groenlandia, Islandia, las Shetland y las Orcadas; la orden era abrir bien los ojos. Sin embargo, montaron guardia inútilmente, pues ninguno señaló buque de guerra extranjero. El “Admiral Graf Spee y el Deutschland, habían franqueado el paso y se desvanecieron en la inmensidad del océano. Batalla del río de La Plata El comandante de guardia, sorprendido de ver mástiles y no humo, ordenó despertar al capitán de navío Hans Langsdorff. Se creyó cuando se acercaban que se trataba de un crucero y dos destructores.
El comandante Langsdorff ordenó cubrir puestos de combate; creía tener a la vista la avanzada de protección de un convoy. Como el Graf Spee era superior a esas naves y estaban acordes con las directivas dadas, decidió combatir, para luego hundir el convoy. Pronto Langsdorff descubrió su error: el pretendido crucero era un buque de 10.000 toneladas, inferior al acorazado alemán únicamente en el calibre de su artillería: seis piezas de 203 mm contra otras tantas de 280 mm. Los otros dos navíos que se habían tomado por destructores, eran cruceros ligeros que disponían entre ambos ¡dieciséis cañones de 152 mm!.
Langsdorff tenía frente a él a la fuerza naval del comodoro Harwood y los tres buques eran los cruceros Exeter, Ajax y Achilles. Harwood decido dividir sus fuerzas para atacar al acorazado alemán desde diversos puntos y dispersar los fuegos del mismo. Langsdorff decidió aplastar a sus adversarios uno a uno, y concentró sus fuegos sobre el más poderoso y peligroso de ellos: el crucero pesado Exeter. A las 06H16 del 13 de diciembre de 1939, fueron disparados los primeros fuegos desde los montajes triples de 280 mm del Admiral Graf Spee y tres minutos después fueron contestados por el Exeter. La distancia se había acortado sensiblemente y no rebasaba de 15.000 metros. Las dos naves intercambiaban un rápido y nutrido fuego. El Exeter fue tocado y advertido por el Admiral Graf Spee, por las llamas y la densa humareda que salía de él. Algunos proyectiles del Exeter, también habían tocado al acorazado alemán. El primero destruyó completamente la cocina, destruyó la red de agua potable de la nave. Otros disparos dieron en el compartimiento de torpedos, averiaron el puesto de dirección de tiro antiaéreo y demolieron algunos camarotes. Hubo muertos y heridos. Pero los daños en el Admiral Graf Spee eran mínimos comparados con el infierno desencadenado en el Exeter. En menos de una hora, recibió más de cien proyectiles, cinco de sus seis piezas fueron silenciadas. El comodoro Harwood, que había efectuado una vasta maniobra con el Ajax y el Achilles, se acercó a toda velocidad para participar en el combate y socorrer a su buque en peligro. La primera salva que hizo, impacto en el Admiral Graf Spee, destruyendo una pieza de 150 mm y matando a todos sus servidores. A pesar de la superioridad de fuego del acorazado alemán, los dos cruceros ligeros ingleses, acribillaron al acorazado. Langsdorff decidió concentrar sus fuegos sobre los cruceros ligeros Ajax y Achilles, que no encontraban a más de 8.000 metros. Otro disparo del acorazado dio de lleno en las dos torres de popa; las cuatro piezas de 152 mm., fueron silenciadas. Finalmente los cruceros ingleses se apartaron.
Luego de salir del alcance de los poderosos cañones de 180 mm del acorazado, el comodoro Harwood decidió seguir al acorazado, tratando no perderlo de vista. La trampa de Montevideo El Almirantazgo inglés se convenció que la fuerza de Harwood no podría impedir que el acorazado se abriera paso hacia el océano y decidió reemplazar al Exeter con el pesado Cumberland, desde las Islas Falkland (Islas Malvinas) el que navegando a toda velocidad, no podría ganar la embocadura del río de la Plata antes del día 17 de diciembre, es decir, tres días más tarde.. La fuerza compuesta por el Renown y el Ark Royal, muy superior al Admiral Graf Spee, se encontraba a la altura de Pernambuco, 2.500 millas al norte y antes de llegar a la desembocadura del río de la Plata, tenía que reabastecerse de combustible, por lo que su intervención, antes de una semana, estaba descartada. La delegación diplomática inglesa en Montevideo, hizo circular falsos rumores, amenazas e intimidaciones, que llevaron a Langsdorff a tomar torpes decisiones. En el puerto de Montevideo, por otro lado, las reparaciones del “Admiral Graf Spee, fueron saboteadas, retrasando ex profeso las mismas, con el fin de retener en puerto a la nave de guerra alemana, hasta la llegada de las naves ingleses que ya estaban en camino o el mayor tiempo posible, incluso lograr su internamiento al cumplirse el plazo dado por el gobierno uruguayo. El Alto Mando Naval alemán a cargo del almirante mayor Erich Raeder, evaluaba la situación de Montevideo a la luz de los informes del capitán de navío Hans Langsdorff y los informes de inteligencia.
Langsdorff envió un telegrama, en donde concluía: “Me propongo avanzar hasta el límite de las aguas jurisdiccionales. Si es posible abrirme paso hacia Buenos Aires, librar combate con el resto de mis municiones. Para el caso en que tal tentativa condujera a la destrucción cierta del Graf Spee sin proporcionarle la oportunidad de causar daños al enemigo, pregunto si ha de hundirse el navío en el estuario del Plata, aunque los fondos en él son insuficientes, o bien debe permitirse su internamiento, Comandante Graf Spee. La respuesta de Raeder dejaba prácticamente en completa libertad de acción al comandante del Admiral Graf Spee, salvo en lo referente a la internación en Montevideo. La última frase decía: Procure que la destrucción sea total si se ve usted obligado a hundir su barco. Raeder. El día 17 de diciembre de 1939 a las 19H55 el Admiral Graf Spee explotó. De acuerdo a las instrucciones de Raeder, en su última comunicación a Langsdorff el buque había sido destruido completamente. Previamente el capitán de navío Hans Langsdorff había preparado cuidadosamente el paso de su tripulación a Buenos Aires, donde iba a ser internada. El 19 de diciembre se dirigió nuevamente a sus hombres, terminó diciendo: La opinión pública discutirá seguramente durante mucho tiempo a fin de averiguar si estábamos equivocados o teníamos razón de destruir nuestro buque, si no hubiera sido más heroico ofrecer de nuevo combate al enemigo y que éste acabara con la muerte de los marinos. Lo habríamos hecho sin murmurar una sola palabra y con alegría. Por mi parte facilitaré la prueba de que eso no ha ocurrido por falta de valor personal”. Los hombres del “Admiral Graf Spee”, no comprendieron sus palabras, hasta el día siguiente, 20 de diciembre, en que se encontró al capitán de navío Hans Langsdorff, muerto en su habitación. Se había suicidado de un tiro de revólver. Con anterioridad había escrito una carta, dirigida al embajador de Alemania en Buenos Aires, que dice: “Excelencia: Después de haber luchado largo tiempo, he tomado la grave decisión de hundir el acorazado Admiral Graf Spee, a fin de que no caiga en manos del enemigo. Estoy convencido de que, en estas circunstancias, no me quedaba otra resolución que tomar después de haber conducido mi buque a la “trampa” de Montevideo. En efecto, toda tentativa para abrir un camino hacia alta mar estaba condenada al fracaso a causa de las pocas municiones que me quedaban. Una vez agotadas esas municiones, sólo en aguas profundas podía hundir el buque a fin de impedir que el enemigo se apoderara de él. Antes de exponer mi navío a caer parcial o totalmente en manos del enemigo, después de haberse batido bravamente, he decidido no combatir, sino destruir su material y hundirlo… Desde un principio he aceptado sufrir las consecuencias que implicaba mi resolución. Para un comandante que tiene sentido del honor, se sobreentiende que su suerte personal no puede separarse de la de su navío… Ya no podré participar activamente en la lucha que libra actualmente mi país. Sólo puedo probar con mi muerte que los marinos del Tercer Reich están dispuestos a sacrificar su vida por el honor de su bandera. A mí sólo corresponde la responsabilidad del hundimiento del acorazado Admiral Graf Spee. Soy feliz al pagar con mi vida cualquier reproche que pudiera formularse contra el honor de nuestra Marina. Me enfrento con mi destino conservando mi fe intacta en la causa y el porvenir de mi Patria y de mi Führer. Dirijo esta carta a Vuestra Excelencia en la calma de la tarde, después de haber reflexionado tranquilamente, para que usted pueda informar a mis superiores y, si es necesario, desmentir los rumores públicos. Capitán de navío Langsdorff Comandante del acorazado Admiral Graf Spee”.
Graf Spee y la Batalla del Río de la Plata:
El Acorazado de bolsillo "Admiral Graf Spee", buque de guerra alemán que desplazaba 10.000 toneladas, fue construido bajo los términos del Tratado de Versalles. En su momento era considerado una obra maestra de la ingeniería naval y pertenecía a la misma clase que el "Admiral Sheer", el "Lützow" y el "Deuschtland". El acorazado alemán resultó con 56 muertos y 20 impactos que causaron daños relativamente menores pero mermaron su provisión de municiones. Se dirigió hacia el Río de la Plata y entró al puerto de Montevideo, Uruguay. El gobierno uruguayo ofreció una estadía de 72 horas, que emplearía para la reparación de la nave con sus propios medios o la internación, mientras hábiles maniobras diplomáticas inglesas y alemanas buscaban sacar mayor partido a la situación. El comandante Langsdorff del "Admiral Graf Spee" al cumplirse el plazo y presionado además por Hitler de no dejar el buque en un puerto afín a Inglaterra, levó anclas y se remontó hacia la salida donde le esperaban tres cruceros ingleses. Repentinamente el acorazado desembarcó a su tripulación y voló por los aires. Los restos del Graf Von Spee descansan a 32 m de profundidad, semienterrados en el cieno, y hay proyectos de reflotarlo. En 2004 se extrajo de las profundidades, la torreta de control de tiro y un cañon, y en 2005 se extrajo el aguila de bronce, con la svastica que portaba en la popa (la unica que se ha recuperado de toda la flota alemana).
Adolf Hitler quedó impactado cuando en 1934, siendo Canciller, asistió a un ejercicio de fuego del acorazado Deutschland, en el Mar Báltico. Desde aquel entonces asoció el poderío del Reich a esas grandes naves. Por ello se negaba a enfrentarse a su pérdida. Sin embargo, en los primeros meses de la guerra, tuvo que registrar la pérdida del Admiral Graf Spee, el más moderno de los tres acorazados de bolsillo construidos por Alemania después del Tratado de Versalles. El hundimiento del Admiral Graf Spee fue un drama que se desarrolló entre el 13 y el 17 de diciembre de 1939 en la desembocadura del Río de la Plata, ante la costa neutral de Uruguay.
Ese 17 de diciembre, el Admiral Graf Spee zarpó poco después de las 18H00. No quedaban más que dos horas para que el plazo acordado por el gobierno del Uruguay expirara. El buque de guerra avanzó lentamente por el estrecho canal en dirección a alta mar. Ahí los esperaban las naves inglesas. Los espectadores del muelle de Montevideo, esperaban asistir, de lejos, desde luego, al raro espectáculo de un combate naval. Tras la estela del acorazado marchaba el transporte alemán Tacoma, refugiado en el puerto uruguayo desde el comienzo de las hostilidades. Luego de franquear las aguas jurisdiccionales ambas naves pararon máquinas.
Aparecieron dos remolcadores que provenían de Buenos Aires y una serie de embarcaciones menores que iban y venían del acorazado al transporte. Luego, a las 19H55, una enorme columna de llamas brotó repentinamente del Admiral Graf Spee. Al cabo de unos instantes una fuerte explosión se escuchó. El Graf Spee había explotado: los alemanes habían hundido su buque. La noticia voló como un reguero de pólvora por todo el mundo. De inmediato se formularon y se formulan hasta hoy, múltiples preguntas para explicar tal desenlace: ¿Por qué había tomado el capitán de navío Hans Langsdorff la decisión de destruir su buque que, innegablemente, debió hacérsele muy penosa, en lugar de enfrentarse con el adversario? El 21 de agosto de 1939, lunes, el acorazado Admiral Gran Spee zarpó del puerto de Wilhelmshaven para dirigirse hacia el nordeste. Como la guerra no había sido declarada a nadie llamó la atención la salida del acorazado. Pero pasados algunos días, comenzaron a preguntarse el destino de la nave, no entró a ningún puerto ni ancló en ninguna rada. El Almirantazgo británico recibió un despacho que decía: “Uno o dos acorazados, han abandonado los puertos alemanes y no han podido después ser localizados en ninguna parte”. Al Alto Mando inglés dispuso numerosas unidades de la Home Fleet para apostarse en los pasos entre Groenlandia, Islandia, las Shetland y las Orcadas; la orden era abrir bien los ojos. Sin embargo, montaron guardia inútilmente, pues ninguno señaló buque de guerra extranjero. El “Admiral Graf Spee y el Deutschland, habían franqueado el paso y se desvanecieron en la inmensidad del océano. Batalla del río de La Plata El comandante de guardia, sorprendido de ver mástiles y no humo, ordenó despertar al capitán de navío Hans Langsdorff. Se creyó cuando se acercaban que se trataba de un crucero y dos destructores.
El comandante Langsdorff ordenó cubrir puestos de combate; creía tener a la vista la avanzada de protección de un convoy. Como el Graf Spee era superior a esas naves y estaban acordes con las directivas dadas, decidió combatir, para luego hundir el convoy. Pronto Langsdorff descubrió su error: el pretendido crucero era un buque de 10.000 toneladas, inferior al acorazado alemán únicamente en el calibre de su artillería: seis piezas de 203 mm contra otras tantas de 280 mm. Los otros dos navíos que se habían tomado por destructores, eran cruceros ligeros que disponían entre ambos ¡dieciséis cañones de 152 mm!.
Langsdorff tenía frente a él a la fuerza naval del comodoro Harwood y los tres buques eran los cruceros Exeter, Ajax y Achilles. Harwood decido dividir sus fuerzas para atacar al acorazado alemán desde diversos puntos y dispersar los fuegos del mismo. Langsdorff decidió aplastar a sus adversarios uno a uno, y concentró sus fuegos sobre el más poderoso y peligroso de ellos: el crucero pesado Exeter. A las 06H16 del 13 de diciembre de 1939, fueron disparados los primeros fuegos desde los montajes triples de 280 mm del Admiral Graf Spee y tres minutos después fueron contestados por el Exeter. La distancia se había acortado sensiblemente y no rebasaba de 15.000 metros. Las dos naves intercambiaban un rápido y nutrido fuego. El Exeter fue tocado y advertido por el Admiral Graf Spee, por las llamas y la densa humareda que salía de él. Algunos proyectiles del Exeter, también habían tocado al acorazado alemán. El primero destruyó completamente la cocina, destruyó la red de agua potable de la nave. Otros disparos dieron en el compartimiento de torpedos, averiaron el puesto de dirección de tiro antiaéreo y demolieron algunos camarotes. Hubo muertos y heridos. Pero los daños en el Admiral Graf Spee eran mínimos comparados con el infierno desencadenado en el Exeter. En menos de una hora, recibió más de cien proyectiles, cinco de sus seis piezas fueron silenciadas. El comodoro Harwood, que había efectuado una vasta maniobra con el Ajax y el Achilles, se acercó a toda velocidad para participar en el combate y socorrer a su buque en peligro. La primera salva que hizo, impacto en el Admiral Graf Spee, destruyendo una pieza de 150 mm y matando a todos sus servidores. A pesar de la superioridad de fuego del acorazado alemán, los dos cruceros ligeros ingleses, acribillaron al acorazado. Langsdorff decidió concentrar sus fuegos sobre los cruceros ligeros Ajax y Achilles, que no encontraban a más de 8.000 metros. Otro disparo del acorazado dio de lleno en las dos torres de popa; las cuatro piezas de 152 mm., fueron silenciadas. Finalmente los cruceros ingleses se apartaron.
Luego de salir del alcance de los poderosos cañones de 180 mm del acorazado, el comodoro Harwood decidió seguir al acorazado, tratando no perderlo de vista. La trampa de Montevideo El Almirantazgo inglés se convenció que la fuerza de Harwood no podría impedir que el acorazado se abriera paso hacia el océano y decidió reemplazar al Exeter con el pesado Cumberland, desde las Islas Falkland (Islas Malvinas) el que navegando a toda velocidad, no podría ganar la embocadura del río de la Plata antes del día 17 de diciembre, es decir, tres días más tarde.. La fuerza compuesta por el Renown y el Ark Royal, muy superior al Admiral Graf Spee, se encontraba a la altura de Pernambuco, 2.500 millas al norte y antes de llegar a la desembocadura del río de la Plata, tenía que reabastecerse de combustible, por lo que su intervención, antes de una semana, estaba descartada. La delegación diplomática inglesa en Montevideo, hizo circular falsos rumores, amenazas e intimidaciones, que llevaron a Langsdorff a tomar torpes decisiones. En el puerto de Montevideo, por otro lado, las reparaciones del “Admiral Graf Spee, fueron saboteadas, retrasando ex profeso las mismas, con el fin de retener en puerto a la nave de guerra alemana, hasta la llegada de las naves ingleses que ya estaban en camino o el mayor tiempo posible, incluso lograr su internamiento al cumplirse el plazo dado por el gobierno uruguayo. El Alto Mando Naval alemán a cargo del almirante mayor Erich Raeder, evaluaba la situación de Montevideo a la luz de los informes del capitán de navío Hans Langsdorff y los informes de inteligencia.
Langsdorff envió un telegrama, en donde concluía: “Me propongo avanzar hasta el límite de las aguas jurisdiccionales. Si es posible abrirme paso hacia Buenos Aires, librar combate con el resto de mis municiones. Para el caso en que tal tentativa condujera a la destrucción cierta del Graf Spee sin proporcionarle la oportunidad de causar daños al enemigo, pregunto si ha de hundirse el navío en el estuario del Plata, aunque los fondos en él son insuficientes, o bien debe permitirse su internamiento, Comandante Graf Spee. La respuesta de Raeder dejaba prácticamente en completa libertad de acción al comandante del Admiral Graf Spee, salvo en lo referente a la internación en Montevideo. La última frase decía: Procure que la destrucción sea total si se ve usted obligado a hundir su barco. Raeder. El día 17 de diciembre de 1939 a las 19H55 el Admiral Graf Spee explotó. De acuerdo a las instrucciones de Raeder, en su última comunicación a Langsdorff el buque había sido destruido completamente. Previamente el capitán de navío Hans Langsdorff había preparado cuidadosamente el paso de su tripulación a Buenos Aires, donde iba a ser internada. El 19 de diciembre se dirigió nuevamente a sus hombres, terminó diciendo: La opinión pública discutirá seguramente durante mucho tiempo a fin de averiguar si estábamos equivocados o teníamos razón de destruir nuestro buque, si no hubiera sido más heroico ofrecer de nuevo combate al enemigo y que éste acabara con la muerte de los marinos. Lo habríamos hecho sin murmurar una sola palabra y con alegría. Por mi parte facilitaré la prueba de que eso no ha ocurrido por falta de valor personal”. Los hombres del “Admiral Graf Spee”, no comprendieron sus palabras, hasta el día siguiente, 20 de diciembre, en que se encontró al capitán de navío Hans Langsdorff, muerto en su habitación. Se había suicidado de un tiro de revólver. Con anterioridad había escrito una carta, dirigida al embajador de Alemania en Buenos Aires, que dice: “Excelencia: Después de haber luchado largo tiempo, he tomado la grave decisión de hundir el acorazado Admiral Graf Spee, a fin de que no caiga en manos del enemigo. Estoy convencido de que, en estas circunstancias, no me quedaba otra resolución que tomar después de haber conducido mi buque a la “trampa” de Montevideo. En efecto, toda tentativa para abrir un camino hacia alta mar estaba condenada al fracaso a causa de las pocas municiones que me quedaban. Una vez agotadas esas municiones, sólo en aguas profundas podía hundir el buque a fin de impedir que el enemigo se apoderara de él. Antes de exponer mi navío a caer parcial o totalmente en manos del enemigo, después de haberse batido bravamente, he decidido no combatir, sino destruir su material y hundirlo… Desde un principio he aceptado sufrir las consecuencias que implicaba mi resolución. Para un comandante que tiene sentido del honor, se sobreentiende que su suerte personal no puede separarse de la de su navío… Ya no podré participar activamente en la lucha que libra actualmente mi país. Sólo puedo probar con mi muerte que los marinos del Tercer Reich están dispuestos a sacrificar su vida por el honor de su bandera. A mí sólo corresponde la responsabilidad del hundimiento del acorazado Admiral Graf Spee. Soy feliz al pagar con mi vida cualquier reproche que pudiera formularse contra el honor de nuestra Marina. Me enfrento con mi destino conservando mi fe intacta en la causa y el porvenir de mi Patria y de mi Führer. Dirijo esta carta a Vuestra Excelencia en la calma de la tarde, después de haber reflexionado tranquilamente, para que usted pueda informar a mis superiores y, si es necesario, desmentir los rumores públicos. Capitán de navío Langsdorff Comandante del acorazado Admiral Graf Spee”.
Graf Spee y la Batalla del Río de la Plata: