FUENTE:
http://www.mind-surf.net/drogas/alcohol.htm
DATOS GENERALES
Origen
Pan y cerveza para un día». Esta sencilla anotación pertenece a la lista de gastos de una familia que habitaba en la Mesopotamia asiática 3000 años antes de Cristo. La lista está considerada como el texto más antiguo que se conserva. Los antiguos egipcios bendecían a Osiris por el regalo de la cebada y tenían destilerías de cerveza desde hace seis mil años. Los griegos y los romanos de la época clásica agradecían a Dionisio o a Baco por la creación de la vid y el «vino divino». Cuando el Capitán Cook navegó por los mares del Sur a mediados del siglo XVI halló que los polinesios tomaban kava, una bebida alcohólica que fermentaban de una especie de pimienta. Bernal Díaz del Castillo, cronista de la llegada de los españoles a Tenochtitlan, aseguró que el territorio de la Nueva España, estaba «lleno de magueyes (plantas grandes y carnosas), de los cuales hacen su vino»
Etimología
Los árabes utilizaron la apalabra alkuhl para nombrar al "espíritu" que se apodera de todo aquel que se atreve a abusar de los productos fermentados
QUÍMICA
Identifición
El alcohol es un líquido incoloro y volátil que está presente en diversas bebidas fermentadas, en concentraciones que van desde el 5 hasta el 20%, como es el caso de la cerveza y los vinos.
Algunos de estos fermentos se destilan por medio de un alambique para aumentar su concentración etílica hasta un 40%; así es como se producen el tequila, el whisky, el vodka, el ron, la ginebra, el anís, etc
Composición
El nombre químico del alcohol es etanol o alcohol etílico.
Dependiendo del género de bebida que lo contenga, el alcohol aparece acompañado de distintos elementos químicos que lo dotan de color, sabor, olor y otras características
Formas de adulteración
El contenido de alcohol etílico en una bebida que no se haya sometido a controles de calidad y sanidad, puede estar diluido o rebajado con metanol, un alcohol derivado de la madera que al metabolizarse ocasiona ceguera permanente.
FARMACOLOGÍA
Mecanismo de acción y formas de empleo
El alcohol se ingiere por vía oral. El tiempo que pasa desde el último trago hasta que se alcanzan las concentraciones máximas en la sangre varía de 25 hasta 90 minutos. Cuando el etanol alcanza el cerebro actúa como un depresor primario y continuo del Sistema Nervioso Central. La estimulación aparente es en realidad un resultado de la depresión de los mecanismos de control inhibitorio del cerebro. Como ocurre con la mayoría de las drogas, sus efectos dependen de la dosis. Los centros superiores se deprimen primero afectando el habla, el pensamiento, la cognición y el juicio. A medida que la concentración alcohólica aumenta, se deprimen también los centros inferiores afectando la respiración y los reflejos espinales, hasta llegar a la intoxicación alcohólica que puede provocar un estado de coma.
Usos terapéuticos
Durante la Edad Media el alcohol se utilizó como remedio para prácticamente todas las enfermedades; de hecho en galés la palabra whisky significa "agua de vida". No obstante hoy se reconoce que el alcohol tiene un valor terapéutico extremadamente limitado. En el mercado existen concentrados metilados de alcohol con aplicaciones industriales y médicas. En el primer caso se utiliza como solvente o diluyente en la manufactura de pinturas y otros productos. En usos médicos se emplea externamente para desinfectar la piel debido a su acción bactericida; también se usa para curar algunas lesiones de la piel y para disminuir la sudoración.
Dosificación
Las concentraciones de alcohol difieren de una bebida a otra, es por ello que a nivel médico, las dosis suelen medirse en función de los porcentajes que una persona llegue a acumular en su torrente sanguíneo. De esta manera se considera que las dosis bajas fluctúan entre 0.02 y 0.06 %, mientras que las dosis letales sobrepasan el 0.50%. En términos cotidianos, la cantidad de alcohol suele medirse a través del número ingerido de copas, vasos, latas, botellas, etc. En personas que no han adquirido tolerancia hacia el alcohol, se puede hablar en términos de "tragos", esto es, de la cantidad contenida en el tipo de recipiente en el que suele tomarse la bebida. Para el vino por ejemplo, una dosis baja es de una copa, una dosis media va de dos a tres copas y una dosis alta sobrepasa las cuatro copas. En el caso una cuba preparada con ron y refresco de cola, un vaso es una dosis baja, dos o tres representan una dosis media y más de cuatro son ya una dosis alta. El cuerpo humano sólo puede metabolizar de 10 a 15 ml de alcohol por hora. Concentraciones mayores se consideran letales.
Efectos psicológicos y fisiológicos
Contrariamente a lo que la mayoría de las personas creen, el alcohol no es un estimulante, sino un depresor del sistema nervioso central. Según lo explica un experto en neuropsicofarmacología como es el Dr. Simón Brailowsky, las personas que suelen atribuirle al alcohol un aumento en su capacidad mental verificable en su capacidad de hacer mejor ciertas cosas como hablar, bailar o crear, están equivocados. Lo que ocurre en realidad es que bajo los efectos del alcohol, estas personas gozan de un lapso de desinhibición provocada por la depresión de mecanismos inhibitorios. Al disminuir la inhibición, los mecanismos de control momentáneamente ceden paso a la excitación.
A nivel psicológico, las dosis bajas producen la sensación de elevar el estado de ánimo y relajar a la persona. A nivel físico, un poco de alcohol aumenta la frecuencia cardiaca, dilata los vasos sanguíneos, irrita el sistema gastrointestinal, estimula la secreción de jugos gástricos y la producción de orina. Las dosis medias alteran el habla, el equilibrio, la visión y el oído. Se tiene una sensación de euforia y se pierde de la coordinación motora fina, por lo que ya no es aconsejable conducir un automóvil ni manejar cualquier tipo de maquinaria. En dosis altas, los síntomas anteriores se agudizan y se alteran las facultades mentales y del juicio. Si el individuo continúa bebiendo puede ocurrir una pérdida del control motor en la que se requiere ayuda para poder moverse y hay una evidente confusión mental. A partir de una concentración sanguínea equivalente a beber más de 10 tragos sin descanso alguno, puede ocurrir una intoxicación severa; cualquier otro aumento en las concentraciones puede provocar desde inconsciencia hasta coma profundo y muerte por depresión respiratoria.
En términos acumulativos, el consumo inmoderado irrita el estómago y produce gastritis, daña el corazón al producir trastornos del ritmo cardiaco e incluso insuficiencia cardiaca; daña también el hígado, cuya consecuencia es la tan conocida cirrosis, una enfermedad causada por la pérdida de células hepáticas que disminuye la producción de bilis. Esto genera otros síntomas como mala digestión, pérdida de peso, constipación, etc. En lo que se refiere al sistema nervioso, el abuso de esta droga puede ocasionar serios trastornos mentales como pérdida de la memoria, deterioro del aprendizaje, inflamación de los nervios, e incluso el llamado síndrome de Korsakoff, un estado psicótico caracterizado por la pérdida de la realidad (cuando al cuadro se unen desnutrición y deficiencias vitamínicas crónicas).
Ingerido por mujeres embarazadas el alcohol puede afectar al feto y producir malformaciones o retardo mental irreversible.
Potencial de tolerancia y dependencia
El uso continuo o frecuente induce un tipo especial de tolerancia que se atribuye al aumento de la cantidad y actividad de la enzima corporal encargada de metabolizar el alcohol. El tejido nervioso también se acostumbra de cierta forma a la presencia continua del etanol y el usuario va adaptándose a los cambios inducidos sobre el habla, la visión y el control motor. No obstante, esta adaptación desaparece en cuanto la concentración etílica alcanza niveles suficientes en el fluido sanguíneo (lo que acontece frecuentemente en casos de abuso).
El consumo inmoderado de alcohol provoca una dependencia física intensa. Cuando a lo largo de varios meses el organismo ha sido acostumbrado a ingerir por lo menos tres litros de cerveza o medio litro de licor fuerte todos los días, la supresión alcohólica puede presentar diversas manifestaciones que van desde ansiedad y temblores, irritabilidad e hiperactividad crecientes, hasta el temible delirium tremens: una psicosis orgánica grave que usualmente se manifiesta entre las 24 y las 72 horas posteriores a la ingestión de la última copa, aunque en ocasiones puede ocurrir hasta 7 o 10 días después. Se caracteriza por confusión mental, temblores, hiperagudeza sensorial, alucinaciones visuales (por lo general de serpientes, arañas o cualquier otro bicho), deshidratación, trastornos de la presión sanguínea, convulsiones y anormalidades cardiovasculares.
¿Qué hacer en caso de emergencia?
La intoxicación por alcohol se manifiesta por confusión, mareo, náuseas y vómito. Esto indica que se ha llegado a una concentración de 0.14 o 0.15% de alcohol en la sangre. Indica también que la mayoría de los consumidores de alcohol sufren intoxicaciones, aunque difícilmente las vean como tales y sólo se preocupen por curse "la cruda" del día siguiente.
La sobredosis etílica se caracteriza por depresión general, piel fría y pegajosa, respiración lenta y ruidosa, dilatación de las pupilas, taquicardia, estupor y síndrome de choque; síntomas que sin asistencia profesional conducen al coma y la muerte, por lo que deben considerarse como urgencia médica. En instalaciones clínicas se aplica respiración artificial cuando ésta se halla deprimida, el estómago suele vaciarse mediante aspiración, teniendo cuidado de prevenir la aspiración pulmonar y se aplica hemodialisis o diálisis peritoneal.
Ante cualquier sospecha de que la intoxicación pueda deberse a metanol y no a alcohol etílico es necesario buscar ayuda médica, provocar el vómito lo antes posible y hacer que la persona ingiera cualquier bebida que contenga alcohol etílico (no alcohol de uso externo o industrial), para que el hígado metabolice éste y no el metanol. Con ello se impide que se forme el metabolito que daña el nervio óptico. Esta medida puede salvar la vista del intoxicado.
HECHOS INTERESANTES
Régimen legal actual
Cualquier bebida alcohólica es legal y se vende libremente entre la población adulta, que debe consumirlo fuera de la vía pública. Los fabricantes están obligados a advertir a sus clientes sobre los peligros para la salud y a recomendar el consumo moderado
Alcohólicos notorios
En su Historia de las drogas, Jean-Louis Brau (2) cuenta que Alejandro Magno era alcohólico y murió de dipsomanía; que el emperador Tiberio bebía tanto, que le apodaron "biberrius"; que la tribu de Efraín fue acusada de intemperancia por Jesús debido a sus excesos alcohólicos; y que entre los reyes, generales, sacerdotes y papas alcohólicos, se encontraban Alejandro V, Sixto V, Nicolás V y León X.
Tanto los griegos como los romanos consideraban los excesos cometidos con el alcohol como síntomas de la debilidad, de la falta de auto control e indolencia moral de la persona que los cometía y su reacción era el escarnio o la marginación social. La cultura occidental continúo observando a los bebedores como débiles de carácter y tratándoles como tales hasta que la era católico-cristiana trajo con sigo el apelativo de pecado y maldad asociado a este y todo tipo de excesos
Alcohólicos Anónimos
No fue sino hasta la década de los cincuenta, cuando la American Medical Association clasificó al alcoholismo como una enfermedad, y éste empezó a conocerse como una combinación de alergia física al alcohol acompañada de una compulsión por ingerirlo. Se le empezó a dar el cariz de una enfermedad "compulsiva y mortal, que no respeta género, edad o condición social".. Se dijo que era pronosticable, progresiva y finalmente fatal si se dejaba sin tratamiento. Los investigadores intentaron aislar variables genéticas y químicas hasta encontrar lo que ahora se denomina "tendencia al alcoholismo". A quienes sufrían la adicción se les ofreció la esperanza de que su enfermedad mortal podría tratrse con éxito por medio de la abstinencia.
En esta época surgió el grupo de autoayuda llamado Alcohólicos Anónimos, cuyo número de socios creció rápidamente y cuyo programa de recuperación se extendió a todo el mundo. Una frase popular entre los grupos de recuperación era: "No somos mala gente que trata de ser buena; somos gente enferma que trata de curarse."
Muchas personas de todas condiciones sociales, aliviadas al pensar que estaban enfermas en lugar de ser malas, comenzaron a relatar sus historias personales públicamente con la intención de dar confianza y ayudar a los demás. Entre los más famosos alcohólicos anónimos se encontraban estrellas de cine como Lisa Minelli, modistos, damas de sociedad, médicos, políticos, profesionistas de todas clases e incluso la mujer de un presidente de los Estados Unidos.
El programa de recuperación de Alcohólicos Anónimos consta de doce pasos que en su momento lograron mejores resultados que la mayoría de las formas de terapia conocidas para ayudar a los adictos a abandonar el alcohol. El sistema no sólo funciona basándose en la abstinencia total del alcohol día por día, sino que se concentra activamente en un esquema sofisticado y detallado de asistencia personal durante las 24 horas del día para ayudar a la gente a superar las crisis y elevar su calidad de vida mediante la sobriedad y la madurez espiritual.
Los tres primeros pasos del programa de recuperación son los siguientes:
1. Admitimos que somos impotentes ante el alcohol, que nuestra vida se nos escapa.
2. Llegamos a la creencia de que un Poder mayor que nosotros puede llevarnos a la salud.
3. Tomamos la decisión de poner nuestras vidas y nuestra voluntad en manos de Dios, tal como entendemos a Dios. (Ver más en Adicciones)
El programa estimula a la gente a ser honesta consigo misma y con los demás, haciendo lo posible por corregir el "naufragio del pasado", pero centrándose también en las oportunidades y bendiciones del momento presente, consagrándose a no crear personalmente más dificultades. También motivan a la gente para que practique la oración y la meditación, ofreciendo la posibilidad de ver su problema como un "despertar espiritual" en el que su íntima exposición al dolor y las secuelas de la adicción puedan convertirse en un servicio para los demás.
Bill Wilson, cofundador de Alcohólicos Anónimos, habla y escribe con elocuencia sobre el alcoholismo y la necesidad de una dimensión espiritual en la recuperación. La transformación de Wilson se inició en la habitación de un hospital en la que recibía tratamiento después de una de sus muchas recaídas. Según cuenta, se dabatía entre la muerte o la locura y en su terrible desesperación gritó: "¡Haré lo que sea, lo que sea! ¡Si hay un Dios dejad que lo vea!" Estas son sus palabras:
De repente, mi habitación se llenó de una indescriptible luz blanca. Me vi embargado por un éxtasis más allá de toda descripción... Estaba arriba de la cima de una montaña, en la que soplaba un gran vendaval, un viento no de aire sino de espíritu, que con gran fuerza sopló a través de mí. Entonces se produjo el resplandeciente pensamiento: ¡Eres un hombre libre'... Me embargó una profunda paz... y me volví muy conciente de una Presencia que semejaba un verdadero océano de espíritu viviente. Yacía en las orillas de un nuevo mundo... Por primera vez sentí que realmente existía. Supe que era amado y que podía amar. (11)
Desde ese día Bill Wilson ya no volvió a beber y poco después cofundó Alcohólicos Anónimos. Sin embargo, Wilson tuvo sus dudas sobre la validez de la experiencia y cuando su mente comenzó a cuestionar lo que le había ocurrido, se lo explicó a su médico preguntándole: "¿Doctor, eso fue real? ¿Estoy cuerdo?" Su doctor, William Duncan Silkworth había leído acerca de las experiencias cercanas a la muerte y fue capaz de tranquilizar a Wilson con respecto a su cordura, alentándole a consolidar su nueva conciencia y sobriedad.
¿Quién no recuerda a Eliot Ness?: la Ley Seca y sus consecuencias
El caso de la prohibición del alcohol en los Estados Unidos es uno de los más conocidos y documentados. La vieja y chauvinista serie de Los Intocables ilustra con bastante fidelidad la creación de las primeras mafias dedicadas a usufructuar la ilegalización de una droga. Sin embargo, un análisis menos anecdótico de la llamada Ley Seca, nos permitirá asomarnos a otra clase de intereses involucrados en torno a cualquier prohibición.
Gracias al tráfico de esclavos, el cultivo del tabaco, la importación de especias y manufacturas del lejano Oriente y la industria manufacturera que a partir de 1820 observó un crecimiento espectacular, la Unión Americana comenzó a perfilarse como la superpotencia económica que es ahora. No obstante, junto con este grandioso despegue fueron surgiendo cinturones de relativa miseria en torno a los principales núcleos urbanos.
Entre los primeros pobladores, estas condiciones suscitaron una preocupación y una desconfianza que fueron creciendo conforme la inmigración avanzaba en los estados sureños, conforme la criminalidad pudo asociarse a la alteración de la conciencia, y conforme el gusto por ésta pudo atribuirse a los recién llegados. Así pues, durante la segunda mitad del siglo XIX, los sectores más conservadores de la sociedad se dieron a la tarea de organizar distintas asociaciones promotoras de la templanza y el deber cristiano.
En 1869 se fundó el Prohibiton Party, que pronto logró controlar varios senados y ligas dedicadas a la defensa del decoro y la sobriedad como la Women's State Temperance Society. Ligas que coincidían en temer "la degradación etílica de América". En 1873 surgió la Vice Suppression Society y en 1895 la Anti-Saloon League, que rápidamente alcanzó millones de asociados al proponer el cierre de los salones "para acabar con la embriaguez, el juego y la fornicación".
Todas estas agrupaciones tienen en común su aversión por el alcohol y otras drogas psicoactivas a las que relacionan con ciertos grupos étnicos. Grupos a quienes se atribuyen problemas como el desempleo, la sedición y la violencia. En el caso concreto del alcohol, el estigma recayó sobre los inmigrantes italianos e irlandeses y, en menor medida, sobre los judíos.
Tal como lo advierte el jurista y filósofo español Antonio Escohotado (6), la invención decisiva de este periodo es la penitenciaria, algo desconocido hasta entonces en todo el ámbito occidental, donde lo único que se utiliza entonces es la detención preventiva antes de la celebración del juicio.
El primer centro penitenciario se funda gracias a una sociedad filantrópica cuáquera cuya meta es "lograr la salvación por el aislamiento en una celda, la oración y la abstinencia total de bebidas alcohólicas".
El aumento en los niveles de alcoholismo en aquel entonces coincide con la implementación de nuevas condiciones de vida tales como: turnos de doce horas siete días a la semana en instalaciones insalubres, hacinamiento en suburbios miserables, indefensión ante cualquier mano de obra dispuesta a trabajar por menos salario, segregación por razones étnicas o nacionales, etc. No obstante, en el nuevo sistema penitenciario, la orientación segregativa e institucional se combina con el convencimiento de que las nuevas condiciones de vida no son un factor determinante del alcoholismo sino al revés. Estando así las cosas, no resulta sorprendente que en 1914 el Congreso norteamericano reciba un pliego con seis millones de firmas recabadas por las agrupaciones conservadoras pidiendo la Ley Seca.
Hasta estos momentos sólo habían aparecido los intereses ideológicos y económicos de las comunidades que, al buscar mano de obra barata, se vieron afectados por las condiciones que ellos mismos propiciaron; pero a partir del pliego petitorio comienzan a surgir otro tipo de intereses: los intereses del estamento médico. Durante todo el siglo pasado, no había droguería que no contemplara entre sus existencias varias bebidas alcohólicas porque no había terapeuta (con o sin título) que no incluyera al alcohol entre sus recetas. Sin embargo, en 1916 la Pharmacopeia of the USA comienza por borrar el whisky y el coñac de su lista de drogas medicinales y un año después, la Asociación Farmacéutica retira de la Pharmacopeia todas las bebidas alcohólicas. A simple vista, esto podría interpretarse como la aceptación expresa de médicos y farmacéuticos sobre los efectos nocivos del alcohol y su inutilidad terapéutica, pero como pronto se verá, aquí hay algo más en juego.
Debido al espíritu libertario de los pioneros, una ley que prohibiera el consumo de cualquier bien o producto no podía aprobarse sin modificar la Constitución, por lo que los prohibicionistas se vieron en la necesidad de "enmendar" su Carta Magna para permitir el recorte de las libertades civiles. De esta manera, en 1919, cuando entra en vigor la Enmienda XVIII que permite aprobar la llamada Ley Volstead o Ley Seca, la venta y la fabricación de todo tipo de alcohol se castiga con multa y prisión. Sólo el vinagre y la sidra quedan exentos, mientras que se autoriza la utilización del vino "para la santa misa" y (aquí viene lo interesante el "uso médico" de las demás bebidas alcohólicas.
Nos es de extrañarse pues, que al año siguiente la Asociación Farmacéutica vuelva a incluir nueve clases de alcohol en la Pharmacopeia. Casualmente las más apreciadas por los bebedores estadounidenses. En cuanto la Ley Seca entra en vigor miles de médicos, dueños de droguerías y farmacéuticos solicitan licencias para recetar y vender bebidas alcohólicas.
Lo que acontece a continuación en el territorio estadounidense resulta obvio:
En 1923, a tres años de la prohibición, hay ya todo un sindicato del crimen organizado que irá afianzándose durante los años sucesivos.
En 1928, a ocho años de la prohibición, hay más de 100,00 terapeutas inscritos en el registro especial para expender alcohol y están ganando el equivalente al 100% de lo no percibido por el Tesoro por concepto de impuesto sobre alcohol.
En 1932, a doce años de la prohibición, hay ya casi 30,000 personas muertas por beber alcohol metílico y otras adulteraciones venenosas, y hay 100,000 consumidores con lesiones permanentes como ceguera o parálisis.
Lo siguiente también es obvio: en 1933, al cumplirse los trece años de vigencia de la prohibición, la Enmienda XVIII es derogada por la Enmienda XXI: vuelven a admitirse la fabricación, el tráfico y el consumo público del alcohol, convencida la nación de que la Ley seca, lejos de rendir los resultados esperados, provocó una abrumadora corrupción, injusticia, hipocresía, la creación de grandes cantidades de nuevos delincuentes y la fundación del crimen organizado.
La mayoría de los consumidores no tienen problemas de abuso
Por sus características desinhibitorias, se cree que el alcohol posee un mayor riesgo de alentar los actos de violencia o criminalidad que la mayoría de las sustancias actualmente prohibidas, no obstante, el etanol, como todas las drogas legales e ilegales, es consumido con mesura por la gran mayoría de las personas. En opinión de muchas personas el hecho de que unos pocos abusen de su consumo y entren en una dinámica autodestructiva no justifica su prohibición para la mayoría consumidora sin problemas de abuso.
En la actualidad se calcula que dos tercios de la población adulta de los países occidentales consumen alcohol en forma ocasional y alrededor del 12% de los usuarios pueden ser considerados "grandes bebedores". Según se asienta en el conocido manual farmacológico de Goodman y Gillman (10), el riesgo de dependencia o abuso del alcohol en la vida de un individuo se estima alrededor del 13% siendo mucho mayor para los hombres que para las mujeres.
El alcoholismo como emergencia espiritual
Para los investigadores Christina y Stanislav Grof, cofundadores de la Psicología Transpersonal, el alcoholismo y cualquier tipo de drogadicción pueden considerarse como una forma extrema de de emergencia espiritual.
En su interesante libro La tormentosa búsqueda del ser, los autores distinguen entre un emerger y una emergencia espiritual en función de la rapidez y la intensidad de un cambio radical de conciencia que puede experimentar una persona. Para ellos un emerger espiritual se define como "el proceso de despertar espiritual" tan sutil y gradual que prácticamente resulta imperceptible:
Tras un periodo de meses o años, una persona mira hacia atrás y se da cuenta de que se ha producido un cambio profundo en su comprensión del mundo, valores, normas éticas y estrategias vitales. Este cambio puede iniciarse con la lectura de un libro que contiene un mensaje tan claro y convincente que es imposible ignorarlo. A uno le queda un anhelo por conocer y experimentar más; luego, coincidiendo con ello, el autor del libro visita la ciudad para dar una conferencia. Lo que lleva a la persona a asociaciones con otras personas que comparten su emoción, luego ald escubrimiento de otros libros y a asistir a más charlas y talleres. Ha empezado el viaje espiritual... (11)
Por contraposición, una emergencia espiritual ocurre cuendo el emerger espiritual es muy rápido y espectacular "y lo que es un proceso natural puede convertirse en una crisis". Según describen los Grof, las personas que sufren tales crisis se ven bombardeadas con experiencias internas que cambian de un modo abrupto sus viejas creencias y su modo de vivir y sus relaciones con la realidad varían con rapidez:
De repente se sienten incómodos en su anterior mundo familiar y pueden encontrar difícil el dar respuesta a las exigencias de la vida cotidiana. En el aspecto físico pueden experimentar poderosas energías que circulan a través de su cuerpo y les producen temblores incontrolables. Temerosos y planteaando resistencias, pueden dedicar mucho tiempo y esfuerzos a controlar lo que parece ser un acontecimiento interno que los supera. Pueden verse empujados a hablar sobre sus experiencias e introspecciones con cualquiera que esté a su alcance, dando la sensación de estar fuera de la realidad, de estar desmembrados o ser mesiánicos. (11)
No obstante, los Grof sostienen que un proceso de emergencia espiritual es "por su naturaleza potencialmente curativo y transformador" ya que la activación de la psiquie que caracteriza dichas crisis involucra un despeje radical de viejos recuerdos e impresiones traumáticas. Sin embargo, para que este potencial se manifieste, es necesario que el proceso no se vea interrumpido sino apoyado por amigos, familiares y profesionales que lo entiendan como tal y que no lo clasifiquen como una enfermedad mental y lo traten con antipsicóticos.
Desde esta óptica, el alcoholismo y cualquier tipo de drogadicción pueden considerarse como una forma extrema de de emergencia espiritual. Según explican Grof en "La adicción como emergencia espiritual", quinto capítulo de La tormentosa búsqueda del ser (11), para muchas personas, "un repentino y profundo despertaar espiritual" desencadena una vida de sobriedad y un giro radical respecto a las que hayan sido sus consideraciones espirituales previas. Aseguran que cuando una persona "toca fondo", casi por regla general tiene la oportunidad de llevar una vida más elevada a partir del acontecimiento que suscita este hecho.
Así resulta que los lugares más insospechados, tales como celdas, callejones, hospitales, los lavabos de un bar o el suelo de la propia casa, pueden presenciar crisis transformativas de enrome magnitud: "Sea cual sea el camino, muchas personas que han conocido las profundidades del alcoholismo y la adicción a las drogas, han tocado fondo y han despertado a una nueva vida, desarrollan algún tipo de relación con un Poder Superior definido por ellos mismos: una comunidad de personas, el Yo interno, la fuerza creativa o Dios." (11)
Según sus observaciones existen dos conexiones entre el despertar espiritual y la dependencia química
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=B3_zDiC6QDY
DATOS GENERALES
Origen
Pan y cerveza para un día». Esta sencilla anotación pertenece a la lista de gastos de una familia que habitaba en la Mesopotamia asiática 3000 años antes de Cristo. La lista está considerada como el texto más antiguo que se conserva. Los antiguos egipcios bendecían a Osiris por el regalo de la cebada y tenían destilerías de cerveza desde hace seis mil años. Los griegos y los romanos de la época clásica agradecían a Dionisio o a Baco por la creación de la vid y el «vino divino». Cuando el Capitán Cook navegó por los mares del Sur a mediados del siglo XVI halló que los polinesios tomaban kava, una bebida alcohólica que fermentaban de una especie de pimienta. Bernal Díaz del Castillo, cronista de la llegada de los españoles a Tenochtitlan, aseguró que el territorio de la Nueva España, estaba «lleno de magueyes (plantas grandes y carnosas), de los cuales hacen su vino»
Etimología
Los árabes utilizaron la apalabra alkuhl para nombrar al "espíritu" que se apodera de todo aquel que se atreve a abusar de los productos fermentados
QUÍMICA
Identifición
El alcohol es un líquido incoloro y volátil que está presente en diversas bebidas fermentadas, en concentraciones que van desde el 5 hasta el 20%, como es el caso de la cerveza y los vinos.
Algunos de estos fermentos se destilan por medio de un alambique para aumentar su concentración etílica hasta un 40%; así es como se producen el tequila, el whisky, el vodka, el ron, la ginebra, el anís, etc
Composición
El nombre químico del alcohol es etanol o alcohol etílico.
Dependiendo del género de bebida que lo contenga, el alcohol aparece acompañado de distintos elementos químicos que lo dotan de color, sabor, olor y otras características
Formas de adulteración
El contenido de alcohol etílico en una bebida que no se haya sometido a controles de calidad y sanidad, puede estar diluido o rebajado con metanol, un alcohol derivado de la madera que al metabolizarse ocasiona ceguera permanente.
FARMACOLOGÍA
Mecanismo de acción y formas de empleo
El alcohol se ingiere por vía oral. El tiempo que pasa desde el último trago hasta que se alcanzan las concentraciones máximas en la sangre varía de 25 hasta 90 minutos. Cuando el etanol alcanza el cerebro actúa como un depresor primario y continuo del Sistema Nervioso Central. La estimulación aparente es en realidad un resultado de la depresión de los mecanismos de control inhibitorio del cerebro. Como ocurre con la mayoría de las drogas, sus efectos dependen de la dosis. Los centros superiores se deprimen primero afectando el habla, el pensamiento, la cognición y el juicio. A medida que la concentración alcohólica aumenta, se deprimen también los centros inferiores afectando la respiración y los reflejos espinales, hasta llegar a la intoxicación alcohólica que puede provocar un estado de coma.
Usos terapéuticos
Durante la Edad Media el alcohol se utilizó como remedio para prácticamente todas las enfermedades; de hecho en galés la palabra whisky significa "agua de vida". No obstante hoy se reconoce que el alcohol tiene un valor terapéutico extremadamente limitado. En el mercado existen concentrados metilados de alcohol con aplicaciones industriales y médicas. En el primer caso se utiliza como solvente o diluyente en la manufactura de pinturas y otros productos. En usos médicos se emplea externamente para desinfectar la piel debido a su acción bactericida; también se usa para curar algunas lesiones de la piel y para disminuir la sudoración.
Dosificación
Las concentraciones de alcohol difieren de una bebida a otra, es por ello que a nivel médico, las dosis suelen medirse en función de los porcentajes que una persona llegue a acumular en su torrente sanguíneo. De esta manera se considera que las dosis bajas fluctúan entre 0.02 y 0.06 %, mientras que las dosis letales sobrepasan el 0.50%. En términos cotidianos, la cantidad de alcohol suele medirse a través del número ingerido de copas, vasos, latas, botellas, etc. En personas que no han adquirido tolerancia hacia el alcohol, se puede hablar en términos de "tragos", esto es, de la cantidad contenida en el tipo de recipiente en el que suele tomarse la bebida. Para el vino por ejemplo, una dosis baja es de una copa, una dosis media va de dos a tres copas y una dosis alta sobrepasa las cuatro copas. En el caso una cuba preparada con ron y refresco de cola, un vaso es una dosis baja, dos o tres representan una dosis media y más de cuatro son ya una dosis alta. El cuerpo humano sólo puede metabolizar de 10 a 15 ml de alcohol por hora. Concentraciones mayores se consideran letales.
Efectos psicológicos y fisiológicos
Contrariamente a lo que la mayoría de las personas creen, el alcohol no es un estimulante, sino un depresor del sistema nervioso central. Según lo explica un experto en neuropsicofarmacología como es el Dr. Simón Brailowsky, las personas que suelen atribuirle al alcohol un aumento en su capacidad mental verificable en su capacidad de hacer mejor ciertas cosas como hablar, bailar o crear, están equivocados. Lo que ocurre en realidad es que bajo los efectos del alcohol, estas personas gozan de un lapso de desinhibición provocada por la depresión de mecanismos inhibitorios. Al disminuir la inhibición, los mecanismos de control momentáneamente ceden paso a la excitación.
A nivel psicológico, las dosis bajas producen la sensación de elevar el estado de ánimo y relajar a la persona. A nivel físico, un poco de alcohol aumenta la frecuencia cardiaca, dilata los vasos sanguíneos, irrita el sistema gastrointestinal, estimula la secreción de jugos gástricos y la producción de orina. Las dosis medias alteran el habla, el equilibrio, la visión y el oído. Se tiene una sensación de euforia y se pierde de la coordinación motora fina, por lo que ya no es aconsejable conducir un automóvil ni manejar cualquier tipo de maquinaria. En dosis altas, los síntomas anteriores se agudizan y se alteran las facultades mentales y del juicio. Si el individuo continúa bebiendo puede ocurrir una pérdida del control motor en la que se requiere ayuda para poder moverse y hay una evidente confusión mental. A partir de una concentración sanguínea equivalente a beber más de 10 tragos sin descanso alguno, puede ocurrir una intoxicación severa; cualquier otro aumento en las concentraciones puede provocar desde inconsciencia hasta coma profundo y muerte por depresión respiratoria.
En términos acumulativos, el consumo inmoderado irrita el estómago y produce gastritis, daña el corazón al producir trastornos del ritmo cardiaco e incluso insuficiencia cardiaca; daña también el hígado, cuya consecuencia es la tan conocida cirrosis, una enfermedad causada por la pérdida de células hepáticas que disminuye la producción de bilis. Esto genera otros síntomas como mala digestión, pérdida de peso, constipación, etc. En lo que se refiere al sistema nervioso, el abuso de esta droga puede ocasionar serios trastornos mentales como pérdida de la memoria, deterioro del aprendizaje, inflamación de los nervios, e incluso el llamado síndrome de Korsakoff, un estado psicótico caracterizado por la pérdida de la realidad (cuando al cuadro se unen desnutrición y deficiencias vitamínicas crónicas).
Ingerido por mujeres embarazadas el alcohol puede afectar al feto y producir malformaciones o retardo mental irreversible.
Potencial de tolerancia y dependencia
El uso continuo o frecuente induce un tipo especial de tolerancia que se atribuye al aumento de la cantidad y actividad de la enzima corporal encargada de metabolizar el alcohol. El tejido nervioso también se acostumbra de cierta forma a la presencia continua del etanol y el usuario va adaptándose a los cambios inducidos sobre el habla, la visión y el control motor. No obstante, esta adaptación desaparece en cuanto la concentración etílica alcanza niveles suficientes en el fluido sanguíneo (lo que acontece frecuentemente en casos de abuso).
El consumo inmoderado de alcohol provoca una dependencia física intensa. Cuando a lo largo de varios meses el organismo ha sido acostumbrado a ingerir por lo menos tres litros de cerveza o medio litro de licor fuerte todos los días, la supresión alcohólica puede presentar diversas manifestaciones que van desde ansiedad y temblores, irritabilidad e hiperactividad crecientes, hasta el temible delirium tremens: una psicosis orgánica grave que usualmente se manifiesta entre las 24 y las 72 horas posteriores a la ingestión de la última copa, aunque en ocasiones puede ocurrir hasta 7 o 10 días después. Se caracteriza por confusión mental, temblores, hiperagudeza sensorial, alucinaciones visuales (por lo general de serpientes, arañas o cualquier otro bicho), deshidratación, trastornos de la presión sanguínea, convulsiones y anormalidades cardiovasculares.
¿Qué hacer en caso de emergencia?
La intoxicación por alcohol se manifiesta por confusión, mareo, náuseas y vómito. Esto indica que se ha llegado a una concentración de 0.14 o 0.15% de alcohol en la sangre. Indica también que la mayoría de los consumidores de alcohol sufren intoxicaciones, aunque difícilmente las vean como tales y sólo se preocupen por curse "la cruda" del día siguiente.
La sobredosis etílica se caracteriza por depresión general, piel fría y pegajosa, respiración lenta y ruidosa, dilatación de las pupilas, taquicardia, estupor y síndrome de choque; síntomas que sin asistencia profesional conducen al coma y la muerte, por lo que deben considerarse como urgencia médica. En instalaciones clínicas se aplica respiración artificial cuando ésta se halla deprimida, el estómago suele vaciarse mediante aspiración, teniendo cuidado de prevenir la aspiración pulmonar y se aplica hemodialisis o diálisis peritoneal.
Ante cualquier sospecha de que la intoxicación pueda deberse a metanol y no a alcohol etílico es necesario buscar ayuda médica, provocar el vómito lo antes posible y hacer que la persona ingiera cualquier bebida que contenga alcohol etílico (no alcohol de uso externo o industrial), para que el hígado metabolice éste y no el metanol. Con ello se impide que se forme el metabolito que daña el nervio óptico. Esta medida puede salvar la vista del intoxicado.
HECHOS INTERESANTES
Régimen legal actual
Cualquier bebida alcohólica es legal y se vende libremente entre la población adulta, que debe consumirlo fuera de la vía pública. Los fabricantes están obligados a advertir a sus clientes sobre los peligros para la salud y a recomendar el consumo moderado
Alcohólicos notorios
En su Historia de las drogas, Jean-Louis Brau (2) cuenta que Alejandro Magno era alcohólico y murió de dipsomanía; que el emperador Tiberio bebía tanto, que le apodaron "biberrius"; que la tribu de Efraín fue acusada de intemperancia por Jesús debido a sus excesos alcohólicos; y que entre los reyes, generales, sacerdotes y papas alcohólicos, se encontraban Alejandro V, Sixto V, Nicolás V y León X.
Tanto los griegos como los romanos consideraban los excesos cometidos con el alcohol como síntomas de la debilidad, de la falta de auto control e indolencia moral de la persona que los cometía y su reacción era el escarnio o la marginación social. La cultura occidental continúo observando a los bebedores como débiles de carácter y tratándoles como tales hasta que la era católico-cristiana trajo con sigo el apelativo de pecado y maldad asociado a este y todo tipo de excesos
Alcohólicos Anónimos
No fue sino hasta la década de los cincuenta, cuando la American Medical Association clasificó al alcoholismo como una enfermedad, y éste empezó a conocerse como una combinación de alergia física al alcohol acompañada de una compulsión por ingerirlo. Se le empezó a dar el cariz de una enfermedad "compulsiva y mortal, que no respeta género, edad o condición social".. Se dijo que era pronosticable, progresiva y finalmente fatal si se dejaba sin tratamiento. Los investigadores intentaron aislar variables genéticas y químicas hasta encontrar lo que ahora se denomina "tendencia al alcoholismo". A quienes sufrían la adicción se les ofreció la esperanza de que su enfermedad mortal podría tratrse con éxito por medio de la abstinencia.
En esta época surgió el grupo de autoayuda llamado Alcohólicos Anónimos, cuyo número de socios creció rápidamente y cuyo programa de recuperación se extendió a todo el mundo. Una frase popular entre los grupos de recuperación era: "No somos mala gente que trata de ser buena; somos gente enferma que trata de curarse."
Muchas personas de todas condiciones sociales, aliviadas al pensar que estaban enfermas en lugar de ser malas, comenzaron a relatar sus historias personales públicamente con la intención de dar confianza y ayudar a los demás. Entre los más famosos alcohólicos anónimos se encontraban estrellas de cine como Lisa Minelli, modistos, damas de sociedad, médicos, políticos, profesionistas de todas clases e incluso la mujer de un presidente de los Estados Unidos.
El programa de recuperación de Alcohólicos Anónimos consta de doce pasos que en su momento lograron mejores resultados que la mayoría de las formas de terapia conocidas para ayudar a los adictos a abandonar el alcohol. El sistema no sólo funciona basándose en la abstinencia total del alcohol día por día, sino que se concentra activamente en un esquema sofisticado y detallado de asistencia personal durante las 24 horas del día para ayudar a la gente a superar las crisis y elevar su calidad de vida mediante la sobriedad y la madurez espiritual.
Los tres primeros pasos del programa de recuperación son los siguientes:
1. Admitimos que somos impotentes ante el alcohol, que nuestra vida se nos escapa.
2. Llegamos a la creencia de que un Poder mayor que nosotros puede llevarnos a la salud.
3. Tomamos la decisión de poner nuestras vidas y nuestra voluntad en manos de Dios, tal como entendemos a Dios. (Ver más en Adicciones)
El programa estimula a la gente a ser honesta consigo misma y con los demás, haciendo lo posible por corregir el "naufragio del pasado", pero centrándose también en las oportunidades y bendiciones del momento presente, consagrándose a no crear personalmente más dificultades. También motivan a la gente para que practique la oración y la meditación, ofreciendo la posibilidad de ver su problema como un "despertar espiritual" en el que su íntima exposición al dolor y las secuelas de la adicción puedan convertirse en un servicio para los demás.
Bill Wilson, cofundador de Alcohólicos Anónimos, habla y escribe con elocuencia sobre el alcoholismo y la necesidad de una dimensión espiritual en la recuperación. La transformación de Wilson se inició en la habitación de un hospital en la que recibía tratamiento después de una de sus muchas recaídas. Según cuenta, se dabatía entre la muerte o la locura y en su terrible desesperación gritó: "¡Haré lo que sea, lo que sea! ¡Si hay un Dios dejad que lo vea!" Estas son sus palabras:
De repente, mi habitación se llenó de una indescriptible luz blanca. Me vi embargado por un éxtasis más allá de toda descripción... Estaba arriba de la cima de una montaña, en la que soplaba un gran vendaval, un viento no de aire sino de espíritu, que con gran fuerza sopló a través de mí. Entonces se produjo el resplandeciente pensamiento: ¡Eres un hombre libre'... Me embargó una profunda paz... y me volví muy conciente de una Presencia que semejaba un verdadero océano de espíritu viviente. Yacía en las orillas de un nuevo mundo... Por primera vez sentí que realmente existía. Supe que era amado y que podía amar. (11)
Desde ese día Bill Wilson ya no volvió a beber y poco después cofundó Alcohólicos Anónimos. Sin embargo, Wilson tuvo sus dudas sobre la validez de la experiencia y cuando su mente comenzó a cuestionar lo que le había ocurrido, se lo explicó a su médico preguntándole: "¿Doctor, eso fue real? ¿Estoy cuerdo?" Su doctor, William Duncan Silkworth había leído acerca de las experiencias cercanas a la muerte y fue capaz de tranquilizar a Wilson con respecto a su cordura, alentándole a consolidar su nueva conciencia y sobriedad.
¿Quién no recuerda a Eliot Ness?: la Ley Seca y sus consecuencias
El caso de la prohibición del alcohol en los Estados Unidos es uno de los más conocidos y documentados. La vieja y chauvinista serie de Los Intocables ilustra con bastante fidelidad la creación de las primeras mafias dedicadas a usufructuar la ilegalización de una droga. Sin embargo, un análisis menos anecdótico de la llamada Ley Seca, nos permitirá asomarnos a otra clase de intereses involucrados en torno a cualquier prohibición.
Gracias al tráfico de esclavos, el cultivo del tabaco, la importación de especias y manufacturas del lejano Oriente y la industria manufacturera que a partir de 1820 observó un crecimiento espectacular, la Unión Americana comenzó a perfilarse como la superpotencia económica que es ahora. No obstante, junto con este grandioso despegue fueron surgiendo cinturones de relativa miseria en torno a los principales núcleos urbanos.
Entre los primeros pobladores, estas condiciones suscitaron una preocupación y una desconfianza que fueron creciendo conforme la inmigración avanzaba en los estados sureños, conforme la criminalidad pudo asociarse a la alteración de la conciencia, y conforme el gusto por ésta pudo atribuirse a los recién llegados. Así pues, durante la segunda mitad del siglo XIX, los sectores más conservadores de la sociedad se dieron a la tarea de organizar distintas asociaciones promotoras de la templanza y el deber cristiano.
En 1869 se fundó el Prohibiton Party, que pronto logró controlar varios senados y ligas dedicadas a la defensa del decoro y la sobriedad como la Women's State Temperance Society. Ligas que coincidían en temer "la degradación etílica de América". En 1873 surgió la Vice Suppression Society y en 1895 la Anti-Saloon League, que rápidamente alcanzó millones de asociados al proponer el cierre de los salones "para acabar con la embriaguez, el juego y la fornicación".
Todas estas agrupaciones tienen en común su aversión por el alcohol y otras drogas psicoactivas a las que relacionan con ciertos grupos étnicos. Grupos a quienes se atribuyen problemas como el desempleo, la sedición y la violencia. En el caso concreto del alcohol, el estigma recayó sobre los inmigrantes italianos e irlandeses y, en menor medida, sobre los judíos.
Tal como lo advierte el jurista y filósofo español Antonio Escohotado (6), la invención decisiva de este periodo es la penitenciaria, algo desconocido hasta entonces en todo el ámbito occidental, donde lo único que se utiliza entonces es la detención preventiva antes de la celebración del juicio.
El primer centro penitenciario se funda gracias a una sociedad filantrópica cuáquera cuya meta es "lograr la salvación por el aislamiento en una celda, la oración y la abstinencia total de bebidas alcohólicas".
El aumento en los niveles de alcoholismo en aquel entonces coincide con la implementación de nuevas condiciones de vida tales como: turnos de doce horas siete días a la semana en instalaciones insalubres, hacinamiento en suburbios miserables, indefensión ante cualquier mano de obra dispuesta a trabajar por menos salario, segregación por razones étnicas o nacionales, etc. No obstante, en el nuevo sistema penitenciario, la orientación segregativa e institucional se combina con el convencimiento de que las nuevas condiciones de vida no son un factor determinante del alcoholismo sino al revés. Estando así las cosas, no resulta sorprendente que en 1914 el Congreso norteamericano reciba un pliego con seis millones de firmas recabadas por las agrupaciones conservadoras pidiendo la Ley Seca.
Hasta estos momentos sólo habían aparecido los intereses ideológicos y económicos de las comunidades que, al buscar mano de obra barata, se vieron afectados por las condiciones que ellos mismos propiciaron; pero a partir del pliego petitorio comienzan a surgir otro tipo de intereses: los intereses del estamento médico. Durante todo el siglo pasado, no había droguería que no contemplara entre sus existencias varias bebidas alcohólicas porque no había terapeuta (con o sin título) que no incluyera al alcohol entre sus recetas. Sin embargo, en 1916 la Pharmacopeia of the USA comienza por borrar el whisky y el coñac de su lista de drogas medicinales y un año después, la Asociación Farmacéutica retira de la Pharmacopeia todas las bebidas alcohólicas. A simple vista, esto podría interpretarse como la aceptación expresa de médicos y farmacéuticos sobre los efectos nocivos del alcohol y su inutilidad terapéutica, pero como pronto se verá, aquí hay algo más en juego.
Debido al espíritu libertario de los pioneros, una ley que prohibiera el consumo de cualquier bien o producto no podía aprobarse sin modificar la Constitución, por lo que los prohibicionistas se vieron en la necesidad de "enmendar" su Carta Magna para permitir el recorte de las libertades civiles. De esta manera, en 1919, cuando entra en vigor la Enmienda XVIII que permite aprobar la llamada Ley Volstead o Ley Seca, la venta y la fabricación de todo tipo de alcohol se castiga con multa y prisión. Sólo el vinagre y la sidra quedan exentos, mientras que se autoriza la utilización del vino "para la santa misa" y (aquí viene lo interesante el "uso médico" de las demás bebidas alcohólicas.
Nos es de extrañarse pues, que al año siguiente la Asociación Farmacéutica vuelva a incluir nueve clases de alcohol en la Pharmacopeia. Casualmente las más apreciadas por los bebedores estadounidenses. En cuanto la Ley Seca entra en vigor miles de médicos, dueños de droguerías y farmacéuticos solicitan licencias para recetar y vender bebidas alcohólicas.
Lo que acontece a continuación en el territorio estadounidense resulta obvio:
En 1923, a tres años de la prohibición, hay ya todo un sindicato del crimen organizado que irá afianzándose durante los años sucesivos.
En 1928, a ocho años de la prohibición, hay más de 100,00 terapeutas inscritos en el registro especial para expender alcohol y están ganando el equivalente al 100% de lo no percibido por el Tesoro por concepto de impuesto sobre alcohol.
En 1932, a doce años de la prohibición, hay ya casi 30,000 personas muertas por beber alcohol metílico y otras adulteraciones venenosas, y hay 100,000 consumidores con lesiones permanentes como ceguera o parálisis.
Lo siguiente también es obvio: en 1933, al cumplirse los trece años de vigencia de la prohibición, la Enmienda XVIII es derogada por la Enmienda XXI: vuelven a admitirse la fabricación, el tráfico y el consumo público del alcohol, convencida la nación de que la Ley seca, lejos de rendir los resultados esperados, provocó una abrumadora corrupción, injusticia, hipocresía, la creación de grandes cantidades de nuevos delincuentes y la fundación del crimen organizado.
La mayoría de los consumidores no tienen problemas de abuso
Por sus características desinhibitorias, se cree que el alcohol posee un mayor riesgo de alentar los actos de violencia o criminalidad que la mayoría de las sustancias actualmente prohibidas, no obstante, el etanol, como todas las drogas legales e ilegales, es consumido con mesura por la gran mayoría de las personas. En opinión de muchas personas el hecho de que unos pocos abusen de su consumo y entren en una dinámica autodestructiva no justifica su prohibición para la mayoría consumidora sin problemas de abuso.
En la actualidad se calcula que dos tercios de la población adulta de los países occidentales consumen alcohol en forma ocasional y alrededor del 12% de los usuarios pueden ser considerados "grandes bebedores". Según se asienta en el conocido manual farmacológico de Goodman y Gillman (10), el riesgo de dependencia o abuso del alcohol en la vida de un individuo se estima alrededor del 13% siendo mucho mayor para los hombres que para las mujeres.
El alcoholismo como emergencia espiritual
Para los investigadores Christina y Stanislav Grof, cofundadores de la Psicología Transpersonal, el alcoholismo y cualquier tipo de drogadicción pueden considerarse como una forma extrema de de emergencia espiritual.
En su interesante libro La tormentosa búsqueda del ser, los autores distinguen entre un emerger y una emergencia espiritual en función de la rapidez y la intensidad de un cambio radical de conciencia que puede experimentar una persona. Para ellos un emerger espiritual se define como "el proceso de despertar espiritual" tan sutil y gradual que prácticamente resulta imperceptible:
Tras un periodo de meses o años, una persona mira hacia atrás y se da cuenta de que se ha producido un cambio profundo en su comprensión del mundo, valores, normas éticas y estrategias vitales. Este cambio puede iniciarse con la lectura de un libro que contiene un mensaje tan claro y convincente que es imposible ignorarlo. A uno le queda un anhelo por conocer y experimentar más; luego, coincidiendo con ello, el autor del libro visita la ciudad para dar una conferencia. Lo que lleva a la persona a asociaciones con otras personas que comparten su emoción, luego ald escubrimiento de otros libros y a asistir a más charlas y talleres. Ha empezado el viaje espiritual... (11)
Por contraposición, una emergencia espiritual ocurre cuendo el emerger espiritual es muy rápido y espectacular "y lo que es un proceso natural puede convertirse en una crisis". Según describen los Grof, las personas que sufren tales crisis se ven bombardeadas con experiencias internas que cambian de un modo abrupto sus viejas creencias y su modo de vivir y sus relaciones con la realidad varían con rapidez:
De repente se sienten incómodos en su anterior mundo familiar y pueden encontrar difícil el dar respuesta a las exigencias de la vida cotidiana. En el aspecto físico pueden experimentar poderosas energías que circulan a través de su cuerpo y les producen temblores incontrolables. Temerosos y planteaando resistencias, pueden dedicar mucho tiempo y esfuerzos a controlar lo que parece ser un acontecimiento interno que los supera. Pueden verse empujados a hablar sobre sus experiencias e introspecciones con cualquiera que esté a su alcance, dando la sensación de estar fuera de la realidad, de estar desmembrados o ser mesiánicos. (11)
No obstante, los Grof sostienen que un proceso de emergencia espiritual es "por su naturaleza potencialmente curativo y transformador" ya que la activación de la psiquie que caracteriza dichas crisis involucra un despeje radical de viejos recuerdos e impresiones traumáticas. Sin embargo, para que este potencial se manifieste, es necesario que el proceso no se vea interrumpido sino apoyado por amigos, familiares y profesionales que lo entiendan como tal y que no lo clasifiquen como una enfermedad mental y lo traten con antipsicóticos.
Desde esta óptica, el alcoholismo y cualquier tipo de drogadicción pueden considerarse como una forma extrema de de emergencia espiritual. Según explican Grof en "La adicción como emergencia espiritual", quinto capítulo de La tormentosa búsqueda del ser (11), para muchas personas, "un repentino y profundo despertaar espiritual" desencadena una vida de sobriedad y un giro radical respecto a las que hayan sido sus consideraciones espirituales previas. Aseguran que cuando una persona "toca fondo", casi por regla general tiene la oportunidad de llevar una vida más elevada a partir del acontecimiento que suscita este hecho.
Así resulta que los lugares más insospechados, tales como celdas, callejones, hospitales, los lavabos de un bar o el suelo de la propia casa, pueden presenciar crisis transformativas de enrome magnitud: "Sea cual sea el camino, muchas personas que han conocido las profundidades del alcoholismo y la adicción a las drogas, han tocado fondo y han despertado a una nueva vida, desarrollan algún tipo de relación con un Poder Superior definido por ellos mismos: una comunidad de personas, el Yo interno, la fuerza creativa o Dios." (11)
Según sus observaciones existen dos conexiones entre el despertar espiritual y la dependencia química
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=B3_zDiC6QDY

