¿Los animales en cautividad se aburren?
nvestigadores de la Universidad de Guelph (Canadá) han sido los primeros en demostrar empíricamente que los animales en cautividad pueden aburrirse como ostras. Sus conclusiones se publican en la revista PLOS One.
Está más que demostrado que vivir en entornos que nunca cambian y de los que es absolutamente imposible escapargenera un tremendo aburrimiento en humanos, que necesitan sentirse motivados. ¿Pero se puede es esta afirmación aplicable también a animales que viven en jaulas como los hámster y otras mascotas? La nueva investigación revela que los animales en espacios confinados y vacíos buscan con avidez la estimulación, y se acercan a cualquier objeto que se les ofrezca tres veces más rápido incluso si les da miedo, síntomas que denotan un aburrimiento. Además comen más golosinas que los que habitan en espacios con abundantes estímulos. Y cuanto más tiempo pasan despiertos pero sin hacer nada, más rápido responden en el instante en que se coloca en su hábitat cualquier estímulo nuevo. “No podemos medir la experiencia subjetiva de lo que supone para estos animales el aburrimiento, pero sí podemos afirmar que cuando se les proporcionan estímulos los buscan con muchas más ganas y a más velocidad que otros que viven en libertad o en espacios más amplios y con múltiples estímulos”, asegura Rebecca Meagher, coautora del estudio, que concluye junto a sus compañeros que es un claro síntoma de tedio.
Los investigadores aseguran que se sabe muy poco a nivel científico sobre el aburrimiento, a pesar de que está asociado con muchas consecuencias adversas para la salud y el bienestar.
¿Por qué cuando tenemos prisa nos equivocamos más?
De acuerdo con un estudio que acaba de publicar la revista Neuron, cuando tomamos decisiones rápidas el cerebro funciona de manera diferente, lo que nos induce a cometer más errores.
Analizando la actividad de neuronas individuales durante el proceso de toma de decisiones en una serie de experimentos con primates, los autores del trabajo comprobaron sus reacciones en dos juegos con recompensa, uno de ellos en los que la rapidez de la respuesta era clave para ganar y otro en la que lo importante era la precisión de la contestación. Así fue como descubrieron la actividad neuronal en la corteza prefrontal en juegos como el conocido Pasapalabra, en los que la velocidad prima, es previa incluso a que se conozca la cuestión que se plantea. En el segundo tipo de juegos, por el contrario, la actividad neuronal no se incrementa hasta que se planteaba la pregunta, aunque sea la misma que en el caso anterior. En otras palabras, el cerebro no emplea el mismo proceso cada vez que tomamos decisiones.
De los resultados de la investigación se deduce que, “ante idéntica información, el cerebro realiza un análisis distinto si está bajo estrés de velocidad o bajo estrés de precisión”, afirma Jeffrey Shall, coautor del estudio. “Hay muchas situaciones en la vida en que el coste de no actuar es más elevado que el de equivocarse; por ejemplo, si hay que decidir si cerrar o no un reactor nuclear en caso de que sospeche que el núcleo se funde, prefiero actuar rápido y equivocarme”, reflexiona el investigador.
¿Qué diferencias hay entre huracán, tifón y ciclón?
Cuando sobre las aguas de los trópicos tiene lugar una depresión meteorológica que da lugar a una violenta tormenta con vientos sostenidos que alcanzan o superan los 120 km/h se dice que se ha formado un ciclón tropical.
Cuando esto sucede en el Océano Atlántico Norte, el Mar de Caribe, el norte del Pacífico este y el golfo de México se denomina huracán. En el Pacífico oeste y en el océano Índico se les conoce con el nombre de tifones.
¿Por qué se nos pega la cortina de la ducha al cuerpo?
Cuando nos duchamos, el plástico de las cortinas de la ducha suele resultar absorbido hacia el interior del plato de ducha o la bañera y se adhiere a nuestro cuerpo. Este molesto fenómeno podría explicarse por la diferencia de presión que aparece debido a que el aire es más ligero cuando está húmedo o caliente (dentro de la ducha), y tiende a elevarse, mientras que al otro lado de la cortina es más frío, seco y pesado, de modo que se desplaza hacia dentro por la diferencia de presión. Cuanto más elevada sea la temperatura del agua, más intenso será este fenómeno, sugieren los científicos.
Por otro lado, David Schmidt, de la Universidad de Massachusetts (EE UU), obtuvo hace poco un IgNobel –premio a las investigaciones más absurdas del año- por llegar a la conclusión de que el proceso se explica en parte mediante el denominado efecto Bernoulli, el mismo que ayuda a entender cómo vuela un avión: cuando un fluido se acelera (las gotas de agua que lanza la alcachofa de la ducha, en este caso) la presión cae, y la diferencia de presión frente al exterior causaría el movimiento de la cortina.
¿Por qué los chicles y los caramelos de menta nos hacen sentir frío?
Se debe al mentol, un compuesto presente de modo natural en la menta y ampliamente utilizado en caramelos y chicles mentolados, así como en pastas de dientes. El frío activa unos receptores llamados TRPM8, que también se activan con el mentol y “engañan” al cerebro haciéndole creer que en nuestra boca ha bajado la temperatura.
Por si fuera poco, la activación de estos receptores provocada por el frío moderado o algunos agonistas desensibiliza las neuronas sensoriales, impidiendo la transmisión de otros estímulos. Esta propiedad es la responsable de que el mentol se utilice aplicado sobre la piel en forma de cremas como antiprurítico -es decir, para aliviar el picor- y como analgésico.
La capsaicina, ingrediente activo del picante del chile, produce justamente el efecto contrario debido a que activa el receptor TRP-V1, vinculado a la percepción del calor. Por eso cuando tomamos algo aderezado con picante sentimos que la temperatura asciende.
¿Qué pasó con la cápsula de Felix Baumgartner?
Para realizar su salto estratosférico, Felix Baumgartner ascendió 39.045 metros gracias al mayor globo de helio jamás construido. El aventurero viajaba a bordo de una pequeña cápsula que portaba material técnico de gran valor y cuya construcción duró cinco años.
Una vez que Baumgartner completó su misión y que el equipo de control comprobó que el globo y la cápsula se encontraban en un área abierta apropiada para el descenso, se procedió a separar a ambos mediante control remoto. La cápsula llevaba incorporado su propio paracaídas, que se desplegó parcialmente y le permitió bajar a una velocidad de unos 36 kilómetros por hora. Cuando la cápsula se encontraba a 20.000 metros de altura, la cubierta del paracaídas se desplegó completamente y el equipo descendió más lentamente, de forma que se evitó tanto el balanceo como un aterrizaje con gran impacto que dañara el material de la cápsula.
La cápsula cayó en una zona llana, a unos 88 kilómetros de donde lo hiciera Baumgartner pocas horas antes. Por otro lado, el globo cayó unos 15 minutos después de la cápsula, a unos 11 kilómetros de la misma.
El equipo encargado de la recogida del material estaba formado por doce personas, cinco camiones y un vehículo todoterreno. Los técnicos dicen haber escuchado, mientras esperaban la caída de la cápsula, cómo Baumgartner rompía la barrera del sonido. "Escuchamos un ruido similar al de una explosión sónica", ha explicado Jon Wells, jefe del equipo. "Muchos de nosotros hemos trabajado en temas aeroespaciales, y conocemos bien ese sonido. Fue increíble".
En estos momentos la cápsula y el globo ya se encuentran en el centro de operaciones de la misión en Lancaster, California. Los datos tomados por los sensores de la cápsula serán analizados en los próximos meses, y esta información se compartirá con la comunidad científica.
¿Las células se comen a sí mismas cuando se estresan?
En situaciones de estrés, las células pueden llegar a digerir sus propios orgánulos. Este proceso se denomina autofagia, que significa "comerse a sí mismo". Mediante el catabolismo de los componentes celulares se obtiene energía, lo que permite la supervivencia de la célula en un periodo de ayuno. Así, la autofagia regulada garantiza la síntesis y el reciclaje de los componentes celulares.
Científicos alemanes acaban de descubrir que la autofagia se regula mediante un «freno molecular» cuyo objetivo es evitar que se pierda el control de este proceso, interrumpiéndolo cuando deja de ser necesario, según exponen en la revista Cell Death & Differentiation.
Dentro de la célula, existen mecanismos por los cuales los componentes celulares de grandes dimensiones destinados a la degradación y posterior reciclaje son encerrados en una pequeña vesícula, denominada autofagosoma, que se fusiona con otra pequeña vesícula y se desencadena la digestión de su contenido.
Los científicos probaron a inducir el mecanismo de autodigestión manteniendo a las células en ayuno o simulando una infección. Así descubrieron que las células, de forma simultánea a empezar a "comerse a sí mismas", activaban también moléculas que inhibían la autofagia, "como una especie de freno de emergencia que impide que la autofagia se descontrole", comentaron los científicos. La proteína p38 formaba parte del proceso, pasaba a la superficie del autofagosoma y, una vez allí, alteraba la molécula Atg5, bloqueando el paso final de la autofagia, que implica la creación de la vesícula. La autofagia se inhibe y la célula activa el mecanismo molecular de freno. Un fallo en este mecanismo desencadenaría la aparición de enfermedades, de ahí su importancia.
¿Es mejor caminar o correr bajo la lluvia?
Si nos sorprende en mitad de la calle un aguacero y no llevamos paraguas, ¿es mejor caminar o correr si pretendemos mojarnos lo menos posible? Es la pregunta que se hizo Franco Bocci, de la Universidad de Brescia (Italia). Según expone el investigador en la revista European Journal of Physics, tanto la dirección y la intensidad en la que sopla el viento como la estatura y la complexión física de la persona influyen en la respuesta.
En la mayoría de casos, la respuesta general es que hay que correr lo más rápido que se pueda. Pero esa solución cambia en el caso de que haya ráfagas de viento o de que la persona sea bastante delgada, en cuyo caso no conviene correr tanto.
Y si el viento sopla desde atrás, la velocidad óptima será exactamente la misma que la del viento.
¿Por qué el sonido de la tiza contra la pizarra nos provoca malestar?
Analizando cómo reacciona el cerebro cuando alguien hace chirriar tiza sobre una pizarra, un equipo de científicos de la Universidad de Newcastle ha descubierto que se debe a una interacción entre la región del cerebro que procesa el sonido (corteza auditiva) y la amígdala, estructura cerebral que procesa las emociones. Concretamente, cuando a nuestro oído llegan sonidos desagradables, la amígdala modula a la corteza auditiva aumentando la intensidad de su actividad y generando emociones desagradables. En otras palabras, la parte emocional del cerebro modifica la percepción de los sonidos, de forma que nuestro cerebro “escucha con más intensidad” un chirrido que nos causa dentera que el agradable flujo del agua en un río, por ejemplo.
En su estudio, los investigadores establecieron también un ranking de los sonidos que más nos desagradan. Los primeros puestos los ocupan, en este orden, los que producen un cuchillo rozando una botella, un tenedor arañando un cristal, la tiza en la pizarra, frotar una regla con una botella, las uñas de las manos sobre una pizarra, el grito de una mujer y el sonido de una radial cortando, por ejemplo, una baldosa. Los sonidos considerados menos desagradables fueron un aplauso, la risa de un bebé, un trueno y el flujo del agua, según publican los autores en Journal of Neuroscience.
Los resultados podrían ayudar a explicar enfermedades como la hiperacusia, un síndrome que produce una disminución de la tolerancia a sonidos normales y naturales del ambiente, o la misofonia (literalmente “odio a los sonidos”), que se manifiesta como un fuerte enojo causado por los sonidos que originan otras personas al comer, sorber, masticar chicle o incluso respirar. También ayudarán a entender por qué la migraña agudiza la percepción de los aspectos desagradables de los sonidos.
¿Es idéntica la velocidad del sonido en toda la atmósfera?
Lo cierto es que no. La velocidad con que se propaga el sonido no solo depende del medio en que lo hace -el aire, en el caso de la atmósfera, sino también de la temperatura, que a su vez varía con la altura.
Así, si bien se considera que en la atmósfera terrestre la velocidad del sonido ronda los 1.235 kilómetros por hora (20ºC a nivel del mar), a 0ºC es de 1193 km/h y si nos situamos a 11.000 o 20.000 metros sobre la superficie terrestre, la velocidad del sonido se reduce a 1062 km/h.
¿Bailar tiene ventajas evolutivas?
Entre nuestros ancestros, aquellos homínidos “danzarines” que eran capaces de coordinar con elegancia sus movimientos corporales durante los bailes rituales obtuvieron algún tipo de ventaja evolutiva frente a quienes contaban con “dos pies izquierdos”, según concluían Marcel Zentner y sus colegas de la Universidad de York, que hace poco publicaron un estudio sobre la predisposición innata al baile en humanos en la revista PNAS.
Estudios genéticos posteriores parecen apoyar su hipótesis. Concretamente, una investigación dada a conocer en PLoS Genetics en la que se comparaba el ADN de bailarines experimentados con el de personas que nunca habían practicado la danza reveló que solo los primeros mostraban diferencias importantes en dos genes asociados con las habilidades sociales y la capacidad de comunicación. Además, en la sangre de los profesionales de la danza se detectaron niveles de serotonina y de hormona arginina-vasopresina más altos. Todo apunta a que no es casualidad que estas dos sustancias estén vinculadas tanto al baile como al bienestar, el buen humor, la destreza para la comunicación y la afectividad.

nvestigadores de la Universidad de Guelph (Canadá) han sido los primeros en demostrar empíricamente que los animales en cautividad pueden aburrirse como ostras. Sus conclusiones se publican en la revista PLOS One.
Está más que demostrado que vivir en entornos que nunca cambian y de los que es absolutamente imposible escapargenera un tremendo aburrimiento en humanos, que necesitan sentirse motivados. ¿Pero se puede es esta afirmación aplicable también a animales que viven en jaulas como los hámster y otras mascotas? La nueva investigación revela que los animales en espacios confinados y vacíos buscan con avidez la estimulación, y se acercan a cualquier objeto que se les ofrezca tres veces más rápido incluso si les da miedo, síntomas que denotan un aburrimiento. Además comen más golosinas que los que habitan en espacios con abundantes estímulos. Y cuanto más tiempo pasan despiertos pero sin hacer nada, más rápido responden en el instante en que se coloca en su hábitat cualquier estímulo nuevo. “No podemos medir la experiencia subjetiva de lo que supone para estos animales el aburrimiento, pero sí podemos afirmar que cuando se les proporcionan estímulos los buscan con muchas más ganas y a más velocidad que otros que viven en libertad o en espacios más amplios y con múltiples estímulos”, asegura Rebecca Meagher, coautora del estudio, que concluye junto a sus compañeros que es un claro síntoma de tedio.
Los investigadores aseguran que se sabe muy poco a nivel científico sobre el aburrimiento, a pesar de que está asociado con muchas consecuencias adversas para la salud y el bienestar.
¿Por qué cuando tenemos prisa nos equivocamos más?
De acuerdo con un estudio que acaba de publicar la revista Neuron, cuando tomamos decisiones rápidas el cerebro funciona de manera diferente, lo que nos induce a cometer más errores.
Analizando la actividad de neuronas individuales durante el proceso de toma de decisiones en una serie de experimentos con primates, los autores del trabajo comprobaron sus reacciones en dos juegos con recompensa, uno de ellos en los que la rapidez de la respuesta era clave para ganar y otro en la que lo importante era la precisión de la contestación. Así fue como descubrieron la actividad neuronal en la corteza prefrontal en juegos como el conocido Pasapalabra, en los que la velocidad prima, es previa incluso a que se conozca la cuestión que se plantea. En el segundo tipo de juegos, por el contrario, la actividad neuronal no se incrementa hasta que se planteaba la pregunta, aunque sea la misma que en el caso anterior. En otras palabras, el cerebro no emplea el mismo proceso cada vez que tomamos decisiones.
De los resultados de la investigación se deduce que, “ante idéntica información, el cerebro realiza un análisis distinto si está bajo estrés de velocidad o bajo estrés de precisión”, afirma Jeffrey Shall, coautor del estudio. “Hay muchas situaciones en la vida en que el coste de no actuar es más elevado que el de equivocarse; por ejemplo, si hay que decidir si cerrar o no un reactor nuclear en caso de que sospeche que el núcleo se funde, prefiero actuar rápido y equivocarme”, reflexiona el investigador.
¿Qué diferencias hay entre huracán, tifón y ciclón?
Cuando sobre las aguas de los trópicos tiene lugar una depresión meteorológica que da lugar a una violenta tormenta con vientos sostenidos que alcanzan o superan los 120 km/h se dice que se ha formado un ciclón tropical.
Cuando esto sucede en el Océano Atlántico Norte, el Mar de Caribe, el norte del Pacífico este y el golfo de México se denomina huracán. En el Pacífico oeste y en el océano Índico se les conoce con el nombre de tifones.
¿Por qué se nos pega la cortina de la ducha al cuerpo?
Cuando nos duchamos, el plástico de las cortinas de la ducha suele resultar absorbido hacia el interior del plato de ducha o la bañera y se adhiere a nuestro cuerpo. Este molesto fenómeno podría explicarse por la diferencia de presión que aparece debido a que el aire es más ligero cuando está húmedo o caliente (dentro de la ducha), y tiende a elevarse, mientras que al otro lado de la cortina es más frío, seco y pesado, de modo que se desplaza hacia dentro por la diferencia de presión. Cuanto más elevada sea la temperatura del agua, más intenso será este fenómeno, sugieren los científicos.
Por otro lado, David Schmidt, de la Universidad de Massachusetts (EE UU), obtuvo hace poco un IgNobel –premio a las investigaciones más absurdas del año- por llegar a la conclusión de que el proceso se explica en parte mediante el denominado efecto Bernoulli, el mismo que ayuda a entender cómo vuela un avión: cuando un fluido se acelera (las gotas de agua que lanza la alcachofa de la ducha, en este caso) la presión cae, y la diferencia de presión frente al exterior causaría el movimiento de la cortina.
¿Por qué los chicles y los caramelos de menta nos hacen sentir frío?
Se debe al mentol, un compuesto presente de modo natural en la menta y ampliamente utilizado en caramelos y chicles mentolados, así como en pastas de dientes. El frío activa unos receptores llamados TRPM8, que también se activan con el mentol y “engañan” al cerebro haciéndole creer que en nuestra boca ha bajado la temperatura.
Por si fuera poco, la activación de estos receptores provocada por el frío moderado o algunos agonistas desensibiliza las neuronas sensoriales, impidiendo la transmisión de otros estímulos. Esta propiedad es la responsable de que el mentol se utilice aplicado sobre la piel en forma de cremas como antiprurítico -es decir, para aliviar el picor- y como analgésico.
La capsaicina, ingrediente activo del picante del chile, produce justamente el efecto contrario debido a que activa el receptor TRP-V1, vinculado a la percepción del calor. Por eso cuando tomamos algo aderezado con picante sentimos que la temperatura asciende.
¿Qué pasó con la cápsula de Felix Baumgartner?
Para realizar su salto estratosférico, Felix Baumgartner ascendió 39.045 metros gracias al mayor globo de helio jamás construido. El aventurero viajaba a bordo de una pequeña cápsula que portaba material técnico de gran valor y cuya construcción duró cinco años.
Una vez que Baumgartner completó su misión y que el equipo de control comprobó que el globo y la cápsula se encontraban en un área abierta apropiada para el descenso, se procedió a separar a ambos mediante control remoto. La cápsula llevaba incorporado su propio paracaídas, que se desplegó parcialmente y le permitió bajar a una velocidad de unos 36 kilómetros por hora. Cuando la cápsula se encontraba a 20.000 metros de altura, la cubierta del paracaídas se desplegó completamente y el equipo descendió más lentamente, de forma que se evitó tanto el balanceo como un aterrizaje con gran impacto que dañara el material de la cápsula.
La cápsula cayó en una zona llana, a unos 88 kilómetros de donde lo hiciera Baumgartner pocas horas antes. Por otro lado, el globo cayó unos 15 minutos después de la cápsula, a unos 11 kilómetros de la misma.
El equipo encargado de la recogida del material estaba formado por doce personas, cinco camiones y un vehículo todoterreno. Los técnicos dicen haber escuchado, mientras esperaban la caída de la cápsula, cómo Baumgartner rompía la barrera del sonido. "Escuchamos un ruido similar al de una explosión sónica", ha explicado Jon Wells, jefe del equipo. "Muchos de nosotros hemos trabajado en temas aeroespaciales, y conocemos bien ese sonido. Fue increíble".
En estos momentos la cápsula y el globo ya se encuentran en el centro de operaciones de la misión en Lancaster, California. Los datos tomados por los sensores de la cápsula serán analizados en los próximos meses, y esta información se compartirá con la comunidad científica.
¿Las células se comen a sí mismas cuando se estresan?
En situaciones de estrés, las células pueden llegar a digerir sus propios orgánulos. Este proceso se denomina autofagia, que significa "comerse a sí mismo". Mediante el catabolismo de los componentes celulares se obtiene energía, lo que permite la supervivencia de la célula en un periodo de ayuno. Así, la autofagia regulada garantiza la síntesis y el reciclaje de los componentes celulares.
Científicos alemanes acaban de descubrir que la autofagia se regula mediante un «freno molecular» cuyo objetivo es evitar que se pierda el control de este proceso, interrumpiéndolo cuando deja de ser necesario, según exponen en la revista Cell Death & Differentiation.
Dentro de la célula, existen mecanismos por los cuales los componentes celulares de grandes dimensiones destinados a la degradación y posterior reciclaje son encerrados en una pequeña vesícula, denominada autofagosoma, que se fusiona con otra pequeña vesícula y se desencadena la digestión de su contenido.
Los científicos probaron a inducir el mecanismo de autodigestión manteniendo a las células en ayuno o simulando una infección. Así descubrieron que las células, de forma simultánea a empezar a "comerse a sí mismas", activaban también moléculas que inhibían la autofagia, "como una especie de freno de emergencia que impide que la autofagia se descontrole", comentaron los científicos. La proteína p38 formaba parte del proceso, pasaba a la superficie del autofagosoma y, una vez allí, alteraba la molécula Atg5, bloqueando el paso final de la autofagia, que implica la creación de la vesícula. La autofagia se inhibe y la célula activa el mecanismo molecular de freno. Un fallo en este mecanismo desencadenaría la aparición de enfermedades, de ahí su importancia.
¿Es mejor caminar o correr bajo la lluvia?
Si nos sorprende en mitad de la calle un aguacero y no llevamos paraguas, ¿es mejor caminar o correr si pretendemos mojarnos lo menos posible? Es la pregunta que se hizo Franco Bocci, de la Universidad de Brescia (Italia). Según expone el investigador en la revista European Journal of Physics, tanto la dirección y la intensidad en la que sopla el viento como la estatura y la complexión física de la persona influyen en la respuesta.
En la mayoría de casos, la respuesta general es que hay que correr lo más rápido que se pueda. Pero esa solución cambia en el caso de que haya ráfagas de viento o de que la persona sea bastante delgada, en cuyo caso no conviene correr tanto.
Y si el viento sopla desde atrás, la velocidad óptima será exactamente la misma que la del viento.
¿Por qué el sonido de la tiza contra la pizarra nos provoca malestar?
Analizando cómo reacciona el cerebro cuando alguien hace chirriar tiza sobre una pizarra, un equipo de científicos de la Universidad de Newcastle ha descubierto que se debe a una interacción entre la región del cerebro que procesa el sonido (corteza auditiva) y la amígdala, estructura cerebral que procesa las emociones. Concretamente, cuando a nuestro oído llegan sonidos desagradables, la amígdala modula a la corteza auditiva aumentando la intensidad de su actividad y generando emociones desagradables. En otras palabras, la parte emocional del cerebro modifica la percepción de los sonidos, de forma que nuestro cerebro “escucha con más intensidad” un chirrido que nos causa dentera que el agradable flujo del agua en un río, por ejemplo.
En su estudio, los investigadores establecieron también un ranking de los sonidos que más nos desagradan. Los primeros puestos los ocupan, en este orden, los que producen un cuchillo rozando una botella, un tenedor arañando un cristal, la tiza en la pizarra, frotar una regla con una botella, las uñas de las manos sobre una pizarra, el grito de una mujer y el sonido de una radial cortando, por ejemplo, una baldosa. Los sonidos considerados menos desagradables fueron un aplauso, la risa de un bebé, un trueno y el flujo del agua, según publican los autores en Journal of Neuroscience.
Los resultados podrían ayudar a explicar enfermedades como la hiperacusia, un síndrome que produce una disminución de la tolerancia a sonidos normales y naturales del ambiente, o la misofonia (literalmente “odio a los sonidos”), que se manifiesta como un fuerte enojo causado por los sonidos que originan otras personas al comer, sorber, masticar chicle o incluso respirar. También ayudarán a entender por qué la migraña agudiza la percepción de los aspectos desagradables de los sonidos.
¿Es idéntica la velocidad del sonido en toda la atmósfera?
Lo cierto es que no. La velocidad con que se propaga el sonido no solo depende del medio en que lo hace -el aire, en el caso de la atmósfera, sino también de la temperatura, que a su vez varía con la altura.
Así, si bien se considera que en la atmósfera terrestre la velocidad del sonido ronda los 1.235 kilómetros por hora (20ºC a nivel del mar), a 0ºC es de 1193 km/h y si nos situamos a 11.000 o 20.000 metros sobre la superficie terrestre, la velocidad del sonido se reduce a 1062 km/h.
¿Bailar tiene ventajas evolutivas?
Entre nuestros ancestros, aquellos homínidos “danzarines” que eran capaces de coordinar con elegancia sus movimientos corporales durante los bailes rituales obtuvieron algún tipo de ventaja evolutiva frente a quienes contaban con “dos pies izquierdos”, según concluían Marcel Zentner y sus colegas de la Universidad de York, que hace poco publicaron un estudio sobre la predisposición innata al baile en humanos en la revista PNAS.
Estudios genéticos posteriores parecen apoyar su hipótesis. Concretamente, una investigación dada a conocer en PLoS Genetics en la que se comparaba el ADN de bailarines experimentados con el de personas que nunca habían practicado la danza reveló que solo los primeros mostraban diferencias importantes en dos genes asociados con las habilidades sociales y la capacidad de comunicación. Además, en la sangre de los profesionales de la danza se detectaron niveles de serotonina y de hormona arginina-vasopresina más altos. Todo apunta a que no es casualidad que estas dos sustancias estén vinculadas tanto al baile como al bienestar, el buen humor, la destreza para la comunicación y la afectividad.
