Intro
Como todos ustedes sabrán, amantes del buen vivir, el mes pasado se realizó en París la Reunión Anual de Catadores de Vinos, en dicho evento las bodegas más importantes del mundo estuvieron presentes, con stands que proporcionaron sus más finos y caros productos.
Como no podía ser de otra manera, nosotros mandamos a un corresponsal a cubrir dicho evento, pero no volvió y ni si quiera llamó, así que no sabemos que fue lo que pasó, la familia tampoco sabe nada, INTERPOL ya lo está buscando.
Pero nosotros no somos improvisados en esto y por la falla de un corresponsal irresponsable no íbamos a dejarlos con las manos vacías, así que estuvimos en Paso del Rey en la “Degustación Anual de Vinos en Cajita de la Zona Oeste”, mandamos a un corresponsal con la guita justa para el bondi y el tren para asegurarnos que vuelva.
Crítica
Año tras año aumenta considerablemente en nuestro país el número de boludos que toman vino y que, por ende, creen saber desde como debe cultivarse una uva hasta como debe ser agarrada la copa, pasando por como debe ser embotellado el vino o como debe de ser guardado.
Presentamos a continuación, una gráfica que ilustra lo mencionado:
Los datos que pueden verse claramente reflejados en el gráfico anterior están basados en los índices oficiales proporcionados por el INDEC (Instituto Nacional De Etílicos Cómodos), y la columna correspondiente al año 2006 es una proyección, dado que aun no se ha realizado la encuesta de este año.
Lo cierto es que cada vez es más frecuente que, en reuniones, uno escuche comentarios como: “Mmmm... tiene corcho de plástico, no debe ser muy bueno”, o “¡Mirá que color, que consistente!”, o “Uhmmm... se le siente el gusto a roble... que delicia”.
La gilada está a full y todos hablan, todos miran el vino, todos lo huelen, todos van al supermercado y se pasan 40 minutos mirando y eligiendo vinos. ¡Por favor, a dónde hemos llegado!...
Pero nosotros sabemos que la posta está en los vinos en cajita. ¡Que la gilada caretee agarrando las copitas con tres dedos!, nosotros vamos a donde está la acción: la Degustación Anual de Vinos en Cajita de la Zona Oeste, que esta vez se realizó en Paso del Rey ya que, después de los incidentes ocurridos el año pasado, el intendente de Morón no quiso repetir como anfitrión de la degustación.
Si bien este evento ocurrió dentro de nuestro país, por momentos, la sensación fue otra: me tomé el 1 hasta Liniers, me bajé y me sorprendí enormemente, ¡había más bolivianos que en la popular de Boca! Me pareció impresionante, por unos momentos creí que me encontraba en La Paz o en Cochabamba, después de que salí del asombro me tomé el Sarmiento, aunque antes de eso 7 pendejos se me tiraron encima, me cagaron a palos, me afanaron la guita que tenía para volver y me escupieron mientras me gritaban: “puto”. Dentro de todo, tuve suerte: ya había sacado el boleto ida y vuelta y no se lo llevaron.
Finalmente pude arribar al lugar, cuando hice mi ingreso diciendo: "hola, soy el Beto" el evento ya había comenzado, era evidente que los catadores habían entrado en acción hacía rato, imagino eso dado que muchos estaban tirados en el piso, inconscientes y el suelo estaba minado de vómitos de todo tipo: algunos patinosos, otros pegajosos, algunos líquidos y otros bien espesos.
El aroma de aquel sitio era indescriptible: los olores de las diversas variedades de vinos en cajita mezclado con el de los innumerables vómitos tornaba la atmósfera en “apenas respirable” y con consecuencias pulmonares irreversibles. Pero eso no parecía importarle a absolutamente nadie. Quiero agregar, como hecho anecdótico, que también había en el lugar un señor mayor que, sin ninguna explicación, se dedicó toda la degustación a escupir sus mucosidades en vasos ajenos, por lo que hubo que andar toda la noche tapando los vasitos con la mano en los momentos que uno no estaba bebiendo.
El hecho concreto es que yo pensaba realizar una crítica completa sobre todos los stands, luego de haber degustado en todos ellos, pero la verdad es que después del segundo vaso de vino perdí la visión, comencé a sudar frío y se me aflojaron las piernas... lo siguiente que recuerdo es estar tirado a un costado de la autopista, en el acceso oeste, totalmente desnudo y a un camionero al lado que, subiéndose los pantalones, me decía: “pibe, tu culo es una manteca”.
Por suerte ese señor fue muy amable, me recogió y me llevo a mi casa.
Ahora puedo ver, aunque de un solo ojo, el otro aun no lo puedo abrir.
Beto Medina.