¿Recuerdas qué alimento le compraba el abuelo al canario de la familia? No, no era alpiste. Se trataba de unas semillas algo más grandes, redondeadas y brillantes. Eran cañamones, es decir, semillas de marihuana. No es que el abuelo dopara al canario para que cantara mejor; las semillas de marihuana que se usan para la alimentación (tanto de aves como de humanos) no contienen THC, así que no son psicoactivas.
Pero en la semilla del cáñamo se encuentra una maravilla: todos los aminoácidos esenciales y valiosos ácidos grasos, los que conocemos como omega-3 y 6. O sea, proteína vegetal completa, de la mejor calidad, y las grasas más sanas. Así que el canario cantaba más que ninguno porque estaba bien alimentado, no porque su avícola alma se viera elevada por arte y gracia del THC.
No sólo son las semillas lo que se aprovecha como alimento de la planta del cáñamo. El aceite que se extrae de ellas tiene grandes propiedades nutricionales, de las semillas puede hacerse harina y existen también en el mercado muchos productos elaborados a partir del cáñamo: galletas, chocolatinas, infusiones, pasta, salsas...
¿Qué nos aporta?
La semilla del cáñamo es rica en proteínas, ácidos grasos esenciales, vitaminas, minerales y enzimas. Tiene sabor a fruto seco, algo similar a la nuez, y con ella se pueden elaborar leche, yogur, aceite, mantequillas..., obteniendo las mismas propiedades en diferentes texturas. El 30 % de la semilla es aceite, que contiene ácidos grasos esenciales -que el cuerpo humano es incapaz de fabricar, así que deben obtenerse mediante la dieta- en una proporción ideal. También contiene un 25 % de proteína de una alta digestibilidad. Proporciona minerales: magnesio, fósforo, potasio, azufre. Es una muy buena fuente de manganeso, que precisamente ayuda a metabolizar los ácidos grasos esenciales. Para ser una semilla, contiene además bastante cinc, calcio, hierro y vitamina A. Contiene mucha fibra dietética. Veamos, una a una, cuáles son las ventajas de ingerir estos nutrientes.
Grasas sanas
Las grasas son moléculas complejas compuestas de ácidos grasos. Usamos las grasas como combustible, como componente de estructuras celulares o como fuente de sustancias esenciales.
También proporcionan una capa de aislamiento bajo la piel. No todas las grasas son iguales: las hay saturadas, monosaturadas y poliinsaturadas, además de las grasas trans. La dieta occidental actual contiene un exceso de grasas, y lo peor es que se trata de grasas de la peor calidad: las grasas saturadas. Existe otra distinción respecto a la salud de las grasas: las grasas cocinadas saturan y obstruyen. Las grasas crudas, que comemos a partir de las semillas, frutos secos, aceites, aguacates..., no producen ese efecto. Es más, pueden ayudar incluso a perder peso y a reducir el colesterol.
Un aceite bien proporcionado
Proporción de ácidos grasos esenciales del cáñamo:
Ácido linolénico (LNA, familia omega-3) = 20%
Ácido linoleíco (AL, familia omega-6) = 60% Proporción 1:3
Más del 75 % de las grasas que contiene el cáñamo son poliinsaturadas. A partir de las grasas poliinsaturadas fabricamos sustancias que controlan numerosas funciones, y se dividen en dos familias: los omega-3 y los omega-6. Los dos deben adquirirse a través de los alimentos, y en una proporción adecuada. Los aceites suelen ser sus mejores fuentes, y el de cáñamo contiene tanto omega-3 como omega-6, y en la proporción ideal: 1:3.
Comparación con otros aceites
Proporciones de omega-3 y omega-6:
Aceite de cáñamo 1:3
Aceite de lino 1:4
Aceite de colza 2:1
Aceite de soja 8:1
A partir de los ácidos grasos esenciales linoleico (de la familia omega-6) y alfalinolénico (de la familia omega-3) producimos otros ácidos grasos esenciales (AGE), que activan múltiples funciones. Los AGE son grasas que el cuerpo humano necesita para construir membranas celulares, mantener la función celular, mantener el equilibrio hormonal, mantener el buen estado y nivel de hidratación de la piel y el pelo, y mantener una buena salud y bienestar general.
También parece que una toma adecuada y continuada de AGE puede no sólo prevenir, sino retrasar o aliviar ciertas dolencias como las derivadas del síndrome premenstrual. También se ha comprobado que la presencia de AGE ayuda a recuperarse antes de un esfuerzo muscular y a que luego no sintamos «agujetas». Por eso las barritas de cá ñamo se están comercializando también como ayuda para los deportistas.
Las grasas del cáñamo son, por tanto, grasas buenas, que todos deberíamos incluir en la dieta, sin miedo a pasamos. Estas grasas reducen el colesterol y limpian las arterias, al contrario que las grasas saturadas o las trans, cuyo consumo debe evitarse porque conducen precisamente a las enfermedades coronarias. Las trans principalmente en las de origen animal (carnes rojas, embutidos...) y en la bollería industrial.
¿Qué pasa si nos faltan?
Se calcula, según la dieta occidental general, que actualmente la proporción de estos ácidos en nuestra alimentación es de 25:1. Efectos del desequilibrio entre ambos se acaban percibiendo en la salud.
La deficiencia de omega-6 puede provocar: caída de pelo, eccemas, degeneración del hígado, problemas de comportamiento, degeneración del riñón, sequedad de los conductos auditivos y de las glándulas salivares, infecciones frecuentes, mala cicatrización, esterilidad masculina, abortos no deseados, artritis, problemas circulatorios, crecimiento retardado, excesiva sudoración acompañada de sed,...
La deficiencia de omega-3 puede ocasionar: crecimiento retardado, debilidad general, pérdida de la visión, problemas de aprendizaje, descoordinación motora, sensación de hormigueo en las extremidades, problemas de comportamiento, triglicéridos altos, presión sanguínea elevada, inflamación de los tejidos, edema, piel seca, deterioro de las funciones mentales, metabolismo lento.
Proteínas de calidad
Otro de los grandes aportes que nos ofrece el cáñamo nutricional son las proteínas. Las proteínas están compuestas por unidades llamadas aminoácidos. Cuando ingerimos proteínas, nuestro cuerpo debe descomponerlas en aminoácidos para poder digerirlas. Esta descomposición de las proteínas la realizan unos enzimas del páncreas.
Hay proteínas más y menos digestibles, y las que aporta el cáñamo son muy fáciles de asimilar por el cuerpo humano. Además son muy completas, es decir, de gran calidad. La calidad de una proteína se puede medir por la cantidad de aminoácidos esenciales que contiene. Existen nueve aminoácidos esenciales -es decir, que el cuerpo humano no puede fabricar por sí mismo, y debemos obtenerlos mediante los alimentos, igual que en el caso de algunos ácidos grasos esenciales- y la semilla del cáñamo los contiene todos.
Otros alimentos que contienen los nueve aminoácidos esenciales son: col, plátanos, pepinos, berenjena, tomates, girasol, sésamo. Otras buenas fuentes de proteínas vegetales de calidad son el tofu, la quinoa, las semillas de calabaza, el queso fresco, el brécol y las espinacas crudas.
Gracias a las proteínas realizamos todas las funciones básicas de nuestro organismo. Si ellas no estuvieran presentes, ninguna función sería posible.
Abundante fibra
La semilla de cáñamo contiene un 36 % de fibra, un contenido alto. Incluir abundante fibra en la dieta ayuda a vigorizar el movimiento intestinal. Cuanto menos tiempo permanezcan los alimentos en digestión en los intestinos, menos restos potencialmente tóxicos albergaremos.
Las digestiones lentas favorecen la creación de gases, inflamación... La fibra mantiene controladas las bacterias intestinales indeseables, favorece los microorganismos beneficiosos, y reduce la cantidad de grasa que se absorbe durante la digestión.
Las frutas y las verduras, los cereales integrales, son ricos en fibra. Para conseguir una dosis extra de fibra en la dieta, muele en un molinillo de café un puñado de semillas de cáñamo y mézclalas con zumos de frutas, cereales, yogur...
Alimento-medicina
El aceite que se obtiene al prensar las semillas del cáñamo tiene propiedades medicinales, precisamente por su contenido en ácidos grasos esenciales. La deficiencia de éstos se ha relacionado con problemas en la piel, el síndrome premenstrual, irregularidad en la menstruación, problemas de ansiedad y depresión... Usualmente se tratan estos desarreglos con otras grasas consideradas «saludables»: aceite de hígado de bacalao, de lino, de girasol, de onagra... Pero ninguno presenta unas proporciones tan equilibradas como el cáñamo.
− Ingerir regularmente cáñamo -su aceite en ensaladas, semillas como aderezo de mueslis, o aplicado externamente sobre la zona de la piel afectada, hidrata la piel y alivia los eccemas. La marca de cosmética natural BodyShop tiene toda una línea de cremas y productos hidratantes a base de cáñamo.
− Las enfermedades cardiovasculares son de las que más se padecen hoy en el mundo, en parte debido a un exceso de colesterol LDL que contribuye, junto con el tabaco, el alcohol, las grasas saturadas y el sedentarismo, a obstruir las arterias. Los ácidos grasos omega-3 y omega-6, que el aceite de cáñamo contiene en una excelente proporción, ayudan a rebajar los niveles de colesterol LDL en la sangre.
− El cáñamo es bueno para los desórdenes de hiperactividad, que cada vez presentan más niños. Estudios científicos han hallado una relación entre los niños hiperactivos y dosis bajas de omega-3 y 6. 6
− Pérdida de peso. Aumentar el consumo de EFA (ácidos grasos esenciales) hasta que constituyan el 12-15 % del total de la comida diaria hará que nuestro metabolismo se acelere. Esto da como resultado una reacción termogénica que hace que se quemen las grasas y se pierda peso.
− Los ácidos linoleico y linolénico también acortan sustancialmente el tiempo que requieren para recuperarse los músculos fatigados después del ejercicio, pues facilitan la conversión de ácido láctico en agua y dióxido de carbono. .
− Los ácidos grasos esenciales ayudan al sistema inmunitario a resistir y combatir infecciones.
Consumo
Semilla y aceite La mejor manera de obtener regularmente las propiedades del cáñamo de la forma más intacta es por las semillas. Las encontrarás enteras y también descascarilladas. Estas últimas son más blandas, saben mejor y tienen los nutrientes más concentrados que las enteras. Sin embargo, la cáscara de las semillas alberga mucha fibra, necesaria si no estamos acostumbrados a tomar gran cantidad de vegetales, ensaladas, frutas...
Tanto un tipo de semilla como el otro son excelentes para espolvorear sobre ensaladas, por ejemplo. O quizá prefiramos un aliño más untuoso; el aceite es entonces lo más recomendable. El aceite de cáñamo tiene un sabor intenso y es de color verde oscuro debido a su contenido en clorofila. Se debe consumir crudo, sin calentar, y mantener en un sitio fresco y en una botella de cristal oscuro para que no le dé la luz. Se recomienda tornar de una a dos cucharadas diarias, que pueden disolverse en un zumo de frutas o verduras, corno aliño de ensaladas o añadido a la comida. Si lo mezclamos con comida cocinada, debemos esperar a que la comida se enfríe para añadir el aceite.
Por el equilibrio entre sus omegas, el aceite de cáñamo puede tomarse indefinidamente. Otros aceites con una relación entre omegas más desequilibrada, corno es el caso del lino, a la larga pueden aumentar la deficiencia del ácido graso que se encuentra en menor proporción. Es decir, que la abundancia de uno de los omegas puede repercutir cada vez más en la escasez del otro.
Tomar en frío
Cuando los aceites, de cáñamo u otros, se exponen a altas temperaturas, luz y calor, corno en el caso de los fritos, se oxidan rápidamente y por tanto pueden llegar a ser nocivos, sobre todo si esta técnica de cocción es la que más usamos. Saltear de forma rápida, a muy alta temperatura, corno en el caso del wok chino, permite que la destrucción de nutrientes -tanto del aceite como del alimento que cocinamos afecte sólo a la parte más externa de la comida, manteniendo el interior con sus propiedades nutricionales más intactas, es decir, más parecidas a como sería el alimento crudo, la forma en que se encuentra en su máximo esplendor. Puestos a freír, esta técnica es una de las mejores opciones.
Pero en general no es recomendable freír con aceite de cáñamo. De hecho, no es aconsejable que ningún aceite llegue a más de 95ºC, porque los ácidos grasos esenciales que puede contener se deterioran. El aceite más recomendable para calentar es el de oliva.
¿Cuánto tomar?
La cantidad diaria recomendada de ácido linoleico es de entre el 3 % y el 6 % de las calorías totales (recuérdense topes de calorías según hombre-mujer, sedentarismo, deporte...). Esto supone entre 9 y 18 gramos diarios, dependiendo de cada uno. Para mantener la proporción 3:1, deberíamos tomar también entre 3 y 6 g de ácido linolénico (1%-2% de las calorías totales). Hay algunas barritas de cáñamo tipo snack, corno la 9bar, que se comercializa en España, que contienen más de 11 gramos de ácido linoleico. Ingerir uno de estos productos a diario, u otros con unas proporciones similares que nos hagan más fáciles los cálculos, es algo muy recomendable.
Dosis diarias
Semilla de cáñamo descascarillada: 1-3 cucharadas diarias
Semilla entera: 2-4 cucharadas diarias
Aceite de cáñamo: 2-4 cucharadas diarias
Leche de cáñamo: 1-2 vasos diarios
Barritas de cáñamo: 1 -2 de 50 g al día
Además puedes incorporar a tu dieta pan de cáñamo, helados de cáñamo, salsas de cáñamo... como sustitutos de tus productos habituales.
Conservación
Guardar todos los productos derivados del cáñamo en lugar oscuro, fresco y seco. Las grasas se oxidan fácilmente por acción del aire y de la luz. El peligro entonces es que se vuelvan rancias, por la multiplicación de radicales libres. Un buen producto de cáñamo debería respetar estas condiciones en todo su proceso de elaboración.
En el caso del aceite, particularmente sensible a las alteraciones por la luz y el aire, prefiere aquellos que estén envasados en recipientes oscuros. Para que el aceite mantenga todas sus propiedades beneficiosas debe ser de primera presión (cuanto más refinado, menos propiedades conserva), y obtenido a la temperatura más baja posible. En el caso del aceite de cáñamo, a esta 7temperatura adquirirá un sabor anuezado y un color tirando a castaño, mientras que si se ha elaborado a mayor temperatura, tendrá menos gusto a nuez y su color será más verde y oscuro.
El efecto es diferente al de fumar
¿Qué diferencia hay entre liarse un porro y tomar una cucharada de pasta de hashish, o de mantequilla de marihuana? Pues varias. Por ejemplo, la rapidez con la que se nota el efecto psicoactivo de la hierba. Si fumamos un porro, enseguida notaremos los efectos, al cabo de diez minutos a lo sumo. La marihuana comida es más lenta en su reacción; puede pasar hasta una hora antes de que notemos el colocón. Pero, eso sí, una vez ha subido... Además de ser más potente, dura más; puede llegar a durar 4 o 5 horas. El efecto más álgido se da durante la primera hora después de notar los primeros efectos, es decir, unas dos horas después de haber comido la marihuana.
Otra de las diferencias entre fumar y comer marihuana: no sólo es el tiempo, sino el tipo de colocón. Hay quien asegura que el efecto de comer marihuana se parece más al de los ácidos que al de la hierba fumada, aunque eso puede depender de la dosis, un punto en el que hay que ser prudente.
Otra cuestión importante es que al comer marihuana en vez de fumarla nos evitamos todos los efectos nocivos de inhalar el humo. Esto es especialmente interesante para las personas que padecen de alguna enfermedad respiratoria. Hasta ahora, estas personas podían recurrir a los vaporizadores para obtener los efectos beneficiosos o psicoactivos del cannabis, pero es una opción poco placentera; ni se saborea la hierba liada, ni se aprovecha para elaborar una de las suculentas recetas que permite la cocina del cannabis.
Aparte de estos casos especiales en los que resultan evidentes las ventajas de comer marihuana 10frente a fumarla, en general cualquier consumidor aprovechará más el cannabis comido que fumado. Se calcula que al fumar marihuana sólo de un 20 % a un 60 % del THC de la hierba llega a los pulmones. De esta cantidad, no toda puede retenerse; alguien muy habituado retendrá unas tres cuartas partes, pero el resto se pierde también. Así que entre una cosa y otra, al fumar marihuana se asimila realmente algo más de un tercio del THC. Al ingerir la planta, si se ha elaborado de forma adecuada, todos los componentes son absorbidos y pasan a la sangre a través de los intestinos. Algunas sustancias que se pierden al quemarse permanecen en la hierba cocinada.
Cómo integrarla en la cocina
Para cocinar pueden usarse las hojas de la planta. Una costumbre habitual de los cultivadores es guardar las flores de la planta para fumar (los cogollos) y usar las hojas para la cocina del cannabis. Incluso muchos cultivadores desprecian las hojas, y aunque éstas contienen mucho menos THC que los cogollos, también lo contienen y puede sacarse un gran partido de él en la cocina. Fumar las hojas, en cambio, no añadirá más que aspereza a un buen porro de hierba. Así pues, la olla parece su mejor fin.
De todos modos, los cogollos también pueden ser aptos para la cazuela, pero debemos ser conscientes de que son más potentes (cuidado con la dosis) y, si no los cultivamos nosotros mismos, más caros. Lo mismo pasa con el hachís.
No podemos usar la hierba o el hachís sin prepararlos antes, no serviría de nada porque se encuentran en una forma no activa oralmente. Lo que conviene al cocinar es que los cannabinoides que están en los tricomas de la marihuana (entre ellos el psicoactivo THC) pasen a la comida. Para eso hay que tener en cuenta que los cannabinoides están contenidos en una base de aceite. Lo que es necesario al cocinar es reventar estas capsulitas (tricomas) y conservar la base aceitosa. En el caso de la marihuana hay que hacerlo en una base grasa, como mantequilla o aceite, o alcohólica.
Es una gran diferencia con otro tipo de drogas, las alcaloides. Sus sustancias psicoactivas pueden disolverse y emplearse después en agua, cosa que sería totalmente ineficaz con la marihuana. Por ejemplo, si hacemos una infusión de hojas de marihuana en agua hirviendo, no obtendremos un té psicoactivo, sino agua caliente con sabor cannábico. Por eso, como veremos, siempre hay que incorporar algún elemento graso en las recetas (aceite, leche, mantequilla). Ahí las sustancias psicoactivas quedan fijadas y a punto para que tu sistema digestivo pueda aprovecharlas.
El hachís puede usarse directamente en cualquier receta, sin necesidad de transformarlo antes 11en harina, mantequilla o extracto, como sucede con la hierba. Esto es así por su naturaleza resinosa; el material graso lo lleva ya incorporado. Para que sea más manejable y fácil de incorporar a las recetas, sólo debes disolverlo en un poco en aceite, mantequilla o agua calientes.
Temperatura de cocción y cantidad de comida Hay todavía dos condicionantes más que hay que tener en cuenta en la cocina cannábica: la temperatura y la cantidad (que no es lo mismo que la dosis de hierba empleada). No es conveniente usar el cannabis a altas temperaturas, porque igual que se destruyen los ácidos grasos y las vitaminas de cualquier aceite al cocinarlo, algunos cannabinoides se alteran también por efecto del calor. Pero hasta cierto punto, calentar la marihuana o el hachís es necesario para que sus compuestos se activen y queden disueltos en la base grasa o alcohólica. Por eso, al cocinar con cannabis, es mejor hacerlo durante más tiempo a menor temperatura, que no poco tiempo a alta temperatura. Intenta no superar los 150°C y evita el microondas. La cantidad de comida que ingieras junto al cannabis marcará también una diferencia. Las dosis de hierba empleadas son siempre las mismas: son fijas por persona y se refieren al total; es el máximo que puedes tomar cada vez. Por tanto, cuanta más comida tomes, menos efecto surtirá la hierba.
Lo más aconsejable es comer un solo plato cannábico de las recetas que se ofrecen en el libro. No intentes hacer todo un menú cannábico (con entrante, plato principal y postre). Los postres suelen ser el tipo de receta más empleada: poca cantidad de comida que se come de una sola vez (una galleta, un bombón, un pedazo de tarta). Puedes preparar una receta de postre y tomarla por sí sola, sin que esté al final de una comida: tomar recetas cannábicas con el estómago vacío y sin mezclar con demasiada comida es la mejor manera de vivir los efectos con la mayor intensidad.
Dosis
Es una cuestión crucial en la cocina del cannabis. Hay que ir con cuidado tanto con la cantidad que. se utiliza en cada receta como con la cantidad de comida con marihuana que se ingiere. Es muy típico el caso de las galletas de marihuana; como el efecto no se nota de inmediato, es fácil darse un atracón de galletas antes de notar que nos hemos pasado.
El colocón de marihuana comida puede llegar a ser muy fuerte, mucho más potente que si nos pasamos fumando. En dosis muy altas, los efectos pueden parecerse más al de los hongos psilocibes. Si esto te suena interesante, adelante, pero recuerda que los efectos pueden sorprenderte, y ten el detalle de explicar bien a los demás invitados al banquete, si los hay, qué están comiendo. Puede que no a todo el mundo le apetezca pasar por una experiencia así.
Si vas con cuidado, no tendrás ningún problema y podrás compartir unas buenas risas con tus amigos, o un agradable momento de introspección contigo mismo o con quien quieras.
La potencia final de una receta depende de tres factores:
− El tipo de hierba utilizada: ya sabemos que no toda la marihuana es igual. Si la hemos cultivado en casa con todas las atenciones, quizá nuestros esfuerzos se hayan visto recompensados con una hierba excelente, muy activa. En cambio todos nos hemos encontrado también con algunos fiascos... Bueno, pues esto hay que tenerlo en cuenta frente a los fogones. Ante la duda, una breve cata fumada nos iluminará sobre el grado de «peligrosidad» de nuestro principal ingrediente.
− La cantidad de hierba que usemos en la receta: estamos hablando de cantidades muy pequeñas, de 0,5 a 2 gramos de hoja por persona, y de 0,15 a 0,5 gramos si usamos cogollos o hachís bueno.
− La constitución y experiencia del comensal: como es lógico, a menos peso y experiencia fumando marihuana, más prudentes deberemos ser con la dosis.
Dosis por persona
Hoja de calidad media: de 0’5 a 2 gramos.
Cogollo o hachís de calidad media: de 0’15 a 0’5 gramos.
Mantequilla y aceite de marihuana: de 2’5 a 10 gramos. Algo más que media cucharada de postre.
Recuerda que la dosis total varía según la receta, el número de comensales, la experiencia cannábica de los mismos y la potencia del colocón que queramos experimentar.
Preparaciones básicas
Lo más práctico es tener listo un par de preparaciones básicas, en las que la marihuana ya se encuentre en su forma activa y en la forma más sencilla para incorporarla después a muchas recetas. Estas preparaciones son: harina, extracto, concentrado y mantequilla.
Harina de marihuana
Puede hacerse de hojas o de cogollos. El principal requisito es que la marihuana esté bien seca. Si no es así, si no está crujiente cuando la prensas entre los dedos, puedes acabar de secarla en el horno. A no más de 100°C, un tiempo aproximado pueden ser 15 minutos. ¡Cuidado que no se te queme la hierba!
En el caso de las hojas, debes hacer un concienzudo trabajo de limpieza: separar las hojas de los tallos y ramitas, que se desechan. Luego sólo hay que moler las hojas, por ejemplo en una picadora. Si luego pasas la harina por un molinillo de café, obtendrás un polvo muy fino que es mejor para cocinar. Si quieres, puedes tamizar la harina para acabar de eliminar restos indeseables, en el caso de que hayas usado hojas. La harina puede guardarse en la nevera o el congelador.
Ten en cuenta que las recetas que elabores a partir de la hoja de marihuana tendrán un característico color verde. Si usas menos hierba de la que figura en una receta, deberás reemplazar la cantidad que falte para llegar a la cantidad total con harina de cereal (de trigo, de maíz...). También si en una receta has sustituido la harina de hojas por mantequilla o aceite de marihuana, acuérdate de añadir la cantidad equivalente de harina de cereal.
Extractos
Hacer un extracto significa liberar el THC de los tricomas de la marihuana y fijarlo en una sustancia adecuada. En el caso del cannabis, esta sustancia puede ser aceite (o una sustancia grasa como la mantequilla) o alcohol. De esta manera obtenemos un líquido muy potente que luego podemos usar fácilmente en un gran número de recetas, bebidas... Los extractos, a diferencia de lo que ocurre con la cocina con hojas, no aportan el color verde intenso a la receta.
Resulta práctico, ya que nos ponemos, hacer bastante cantidad y usarlos como comodín para numerosos platos. Se puede conservar en la nevera o el congelador.
Mantequilla de marihuana
Ingredientes:
100 g de hoja de marihuana
1 y ¼ 1 de agua
500 g de mantequilla (Por cada 50 g más de hoja añade 100 g de mantequilla y 250 mI de agua)
Pon en una cazuela todos los ingredientes y llévalo a ebullición. Tapa y déjalo hervir a fuego lento entre una hora y media y dos horas, removiendo de vez en cuando. Retira la mezcla del fuego cuando veas que ha ligado (agua, mantequilla y hojas ya son uno), pero aún es líquida. Cuela la mezcla. Lo que te interesa es el líquido filtrado. Exprime bien las hojas para sacarles todo su contenido, toda la mantequilla que hayan absorbido.
Deja reposar el líquido hasta que la mantequilla se separe del agua. Mételo así en la nevera o el congelador. Cuando la mezcla esté fría, la mantequilla se habrá solidificado totalmente sobre el agua, que no debe llegar a congelarse. Ahora puedes extraerla fácilmente. El agua no sirve para 14nada. Si quieres guardar la mantequilla de forma más cómoda, déjala entibiar y moldéala en forma de bloque. Consérvala en la nevera o congela una parte.
Ciento veinticinco gramos de esta mantequilla de marihuana equivalen a un poco más de 25 gramos de hoja. Por tanto, divide entre 5 la cantidad de mantequilla que vayas a usar en una receta para saber a cuántos gramos de hoja equivale. O, lo que es lo mismo, si partes de una receta calculada con harina de hoja y quieres emplear mantequilla, multiplica por cinco los gramos necesarios.
Aceite de marihuana
Ingredientes:
100 g de hoja de marihuana.
¼ 1 de agua.
500 mI de aceite
Sigue el mismo proceso que para hacer la mantequilla, pero para enfriar el líquido cuando lo hayas hervido, filtrado y dejado reposar, mételo en el congelador en vez de en la nevera. Debes dejar que el agua se congele para poder separar mejor el aceite. Una vez hecho todo este proceso guarda el aceite en la nevera.
El grado de concentración es igual que el de la mantequilla. Una dosis individual tanto de mantequilla como de aceite es una cucharadita de postre, rasa.
Alcohol de marihuana
El alcohol es, además de las grasas, el otro gran diluyente de los tricomas ricos en THC. A partir del alcohol puedes hacer extracto de marihuana (que no sirve para cocinar, tiene todavía una alta concentración de alcohol) o concentrado, que es el que se usa en cocina.
Para hacer extractos y concentrados de alcohol hay que eligir licores de alta graduación (ron, vodka, whisky, ginebra...). Son, sin lugar a dudas, los más eficaces. Aunque si hay algún otro licor que se encuentre entre tus bebidas favoritas, puedes usado también, claro, sólo que no será tan eficaz. En todo caso, el proceso es el mismo sea cual sea la graduación:
Pon 100 g de hoja de marihuana en un bol grande y cúbrelas con 1 litro del alcohol que hayas elegido.
Remueve bien la mezcla, asegúrate de que las hojas quedan en el fondo, tápalo y déjalo reposar como mínimo dos días. Luego cuela la mezcla, exprimiendo las hojas a conciencia, y guarda el líquido resultante en una botella.
Yo te recomendaría que además le pusieras en un lugar bien visible una etiqueta de advertencia, o el símbolo de alta tensión, pues acabas de fabricar un elixir potente que debe tomarse con mucha moderación. ¡Toma una sola copa de este licor! Si aumentas la dosis, no conseguirás multiplicar los efectos psicoactivos, sino la sensación de mareo, que es el efecto que produce mezclar grandes cantidades de marihuana y alcohol.
Concentrado de marihuana
El concentrado, que se hace también a partir del alcohol, es el que se usa en cocina. Su nivel de alcohol es mucho menor que en el extracto, lo que está más concentrada es la marihuana.
Para hacer el concentrado, empezamos de la misma manera que con el extracto: disponemos 100 g de hoja de marihuana en un bol y las cubrimos con 1 litro del alcohol elegido.
Removemos, tapamos y lo dejamos reposar dos días como mínimo. Pero pasado este tiempo, en vez de filtrarlas y envasadas, lo que hacemos es quitar la tapa y dejar la mezcla al aire durante toda una noche. El líquido debe reducirse a la mitad. Entonces sí lo filtramos y exprimimos bien las hojas. Deberemos tener medio litro de concentrado. En este punto, el volumen de alcohol se habrá evaporado tanto que ya podemos calentarlo sin peligro de incendio. Calienta el medio litro de concentrado a fuego lento, hasta que se reduzca a la mitad, y tienes el resultado final, que es un cuarto de litro de concentrado de gran potencia. Piensa que media cucharadita de postre de este líquido equivale a 1 g de hoja.
Respeta las dosis y sé preciso en las mediciones, por tu bien.
Fuente: RevistaNaturalWay
Si me decís que interesa el tema, seguiré ampliando el post para poner recetas concretas!!