InicioInfo¿Te cuesta perdonar? Pasá.
Mientras dejás que carguen las imágenes, tenés que saber que este post tiene un trasfondo cristiano. Sin embargo, no importa cuál sea tu ideología o creencia, te puede enseñar mucho. Es un post informativo y no para debatir temas de religión. Si te gusta perder el tiempo, poné mensajes para armar bardo que yo te los borro. El perdón, ¿qué es? Es eximir a alguien de toda deuda, culpa o responsabilidad ante algo que hizo a propósito o no. Es darle una nueva oportunidad para que empiece de nuevo. Hay tres conceptos errados de perdón: -Perdonar no es olvidar, Porque tarde o temprano el recuerdo vuelve y la herida se abre otra vez sin importar si se había sanado bastante. -Perdonar no es ignorar, Es decir, hacer como que nada pasó. Porque te tragás todos los malos sentimientos de la ofensa y a la larga tiene peores consecuencias. -Perdonar no es reclamar. No podés decirle a alguien que lo perdonás echándole en cara todo lo malo que hizo o poniéndole condiciones. ¿Por qué es difícil perdonar? Porque la persona ofendida piensa que el agravio cometido contra sí misma es muy grande para que merezca perdón. A veces tiene razón. Otras veces no queremos reconocer, por orgullo, que no es para tanto. Porque perdonar significa dejar de reclamar una compensación y tomar una actitud humilde ante el ofensor. ¿Por qué debo perdonar? Para sacar de tu mente y tu corazón esas cadenas que te recuerdan el pasado y no te dejan sonreír al futuro. Dios sabe que el perdón es bueno para vos, y por eso manda a perdonar aunque Él también sabe y ha dicho que no es sencillo. Quizá hay alguien a quien amás y estés ofendido con esa persona. ¿No sería más felíz la vida si te reconciliaras? Y ojo también que a veces el no pedir perdón o no perdonar, hace que la gente termine abandonada. ¿Por donde empiezo? No vayas a arreglar tus cuentas con alguien que está enfurecido o si vos lo estás. Eso es lo mismo que intentar reparar un motor caliente; primero tenés que dejar que se enfríe. Y no esperes los mejores resultados siempre. A veces el otro no te perdona o no se disculpa como querías. Igual, te corresponde hacer tu parte. No tengas una mirada superficial. Yo suelo hablar del “síndrome de la carta” (naipe). ¿Viste un naipe? Bueno, cuando era chico, mi tío que trabajaba en un lugar donde los fabricaban, me contó todo el proceso. Y no era un proceso sencillo. Bueno, cuando vemos a la gente, vemos la imagen que tenemos delante, como si miráramos un naipe. La llenamos de prejuicios ya solo por la forma de vestir o su apariencia física y no nos damos cuenta que detrás de esa “foto” hay toda una historia escondida, o todo un proceso. El “síndrome de la carta” y el juego del precio. Pensalo así: trae a tu memoria esa persona con la que te sentís enojado/a. Pensá en tu mamá, tu papá o tu hermano. Pensá en un amigo. Bueno, ahora imaginátelos de chicos, en varias etapas de sus vidas. Tratá de entrar en sus mentes. ¿Cuánto sufrieron? ¿Cuántos sueños se les pincharon como a vos? Vos fuiste descubriendo el dolor, ¿qué te hace pensar que ellos no? A lo mejor tus padres son malos padres porque sufrieron en sus hogares, quizá cayeron en el alcoholismo porque hubo cosas demasiado trágicas que no soportaron. Quizá alguno de tus hermanos te trató mal porque tenía una visión errada de la vida, o un amigo tuyo del alma. Ahora imaginate un precio al que me podrías vender a esa persona. Ponele un monto en dinero, digamos, si yo fuera un hombre rico y te ofreciera comprarla. ¿Cuánto me darías? No trates de bromear al respecto. No me la venderías porque en el fondo de tu corazón vos esperás que esa persona cambie, porque la amás. Y te va a costar creerlo pero a veces el decir “te perdono” le puede cambiar la vida a esa persona. Ya veremos un ejemplo al finalizar. Mis propios errores. Otra cosa que tenés que aprender y aceptar es un principio bíblico que nos enseña que “todos ofendemos muchas veces y de muchas maneras”. Si vos pensás que merecés perdón, ¿porqué los otros no? Con algo que decís sin querer, o hacés, podés ofender a la otra persona. Así de humano sos, comprensiblemente; los demás también. A veces el perdón requiere una fuerza mayor. Hay un punto donde si no sos creyente no te puedo ayudar pero igual consideralo. Sólo cuando entendés que Dios te ha perdonado cosas más graves vos podés perdonar las cosas menores. Es decir, Dios tiene el poder de perdonar toda tu vida de principio a fin. ¿No te corresponde a vos perdonar aun la ofensa más grande? Si querés hablar sobre este tipo de perdón, mandame un mensaje privado. No demores, es importante. Porque una persona madura sabe perdonar y pedir perdón. Retener la culpa, la ira y/o el conflicto en sí no te beneficia en nada. La vida es corta. ¿Y si se te perdiera de pronto la oportunidad de resolver el asunto y tener tu conciencia en paz? Pensalo. El tiempo y la consecuencia. Decirte que perdones es fácil pero sé que llevar esto a la práctica no lo es. Sobre todo cuando el daño o la ofensa son grandes o hay cosas que arreglar. A mi abuela la mató un conductor ebrio. Yo lo perdoné, pero eso no significó que él no debió rendir cuentas ante la justicia. Quizá fuiste víctima de una violación; esos casos requieren perdón pero también requieren ayuda profesional. Lo importante es que hagas madurar tu entendimiento hasta que comprendas que el permanecer en ese estado de resentimiento o culpa no te hace bien y con los años traerá peores consecuencias. “Mientras callé, se envejecieron mis huesos, en mi gemir todo el día”, dice un personaje bíblico. Es hora de reflexionar y dejar caer las cargas. Sin duda hay gente que amás que necesita tu abrazo, y vos también. Jorge Guinzburg Alguien contaba que cuando supo que el cáncer de próstata lo llevaría a la muerte, empezó a contactarse por varios medios con gente con la que tenía diferencias para arreglar el conflicto. Y se fue en paz. No es por ser trágicos; es parte de la vida: ¿hasta cuándo vas a vivir? No importa qué tan joven seas, tu existencia puede estar en su ocaso. El tener las cuentas a cero, te hace estar en paz. Y sobre todo con aquellas personas que por su edad van primero al partir de este mundo. Josh McDowell Si querías saber cómo puede cambiar tu vida el perdón, tenés que saber que este hombre, cuando era joven y estaba en la universidad, presumía de su intelecto. Él era ateo, pero investigaba acerca de temas bíblicos. La cuestión es que escondía un secreto: su padre era alcohólico al extremo y lo odiaba por eso. Tenía mucha vergüenza de que la gente lo viera ebrio y un par de veces lo quiso matar envenenándole las bebidas. Un día cuando Josh finalmente reconoció el mensaje del evangelio, fue hasta donde su padre y le dijo que él lo perdonaba, y que lo amaba. Su padre le preguntó cómo era posible y Josh sólo dijo que Dios le había dado el poder, un poder incomprensible, para poder perdonarlo y amarlo. Podés leer este testimonio en el libro de Josh McDowell, “Evidencia que exige un veredicto” (disponible en PDF). Ahí no terminó la historia. Su padre se convirtió a Cristo y comenzó a dar testimonio en su pueblo, a vista del asombro de la gente por semejante transformación, los últimos seis meses que le quedaron de vida. No titubees. Perdonar cambia vidas. Bueno. Es todo por lo pronto. Cualquier pregunta sobre el tema será respondida pero si querés, mandame un Mensaje Privado y veré cómo puedo ayudarte. ------------------------------------------------------- Otro post que puede interesarte: Angeles y Demonios - Cosas que no sabías. http://www.taringa.net/posts/info/15475429/Angeles-y-Demonios---Cosas-que-no-sabias_.html ¡Gracias por pasar!
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