A veces pasa: estás viendo una película, todo viene más o menos bien, y de repente ¡Zap! ocurre algo que te dan ganas de cachetearte la frente. Estos son cinco ejemplos de esos incómodos momentos que todos tuvimos que vivir alguna vez. De todas formas, aclaremos algo: no estamos hablando de escenas que den vergüenza intencionalmente. Es decir, en esta lista no aparecerá Larry David, ni Jerry Seinfeld, ni Sacha Baron Cohen, tres tipos que logran incomodar al espectador, cada uno con métodos diferentes, pero todos con igual eficacia. No, lo que vamos a ver son escenas que nos matan de vergüenza ajena sin querer. Quién sabe qué pasó por la mente del director o del actor en ese momento, en que decidieron que si, que eso es lo que se debe hacer, regalándonos un fragmento de purísima verguenza ajena e indignación. El sombrerero loco (Alicia en el país de las maravillas) El baile del Sombrerero Loco al final de la batalla en “Alicia en el País del Bodrio” de Tim Burton. Seguida del aún más ridículo baile de la propia Alicia. Impresionante. Vergüenza ajena en grado supremo. ¡Santos Bati-créditos, Batman! (Batman y Robin) Recordemos la escena: Batman y Robin están hechizados por Hiedra Venenosa y comienzan a poner precio a su amor. Los millones comienzan a saltar, hasta que el mismísimo Bruce Wayne saca una tarjeta de crédito a nombre de Batman y dice que nunca sale sin ella ¿Por qué un banco le daría a alguien sin identidad conocida una tarjeta de crédito?, en caso de falta de pagos ¿a quién se le reclama?, ¿por qué un vigilante nocturno necesitaría una tarjeta de crédito?, ¿no podría Bruce Wayne comprar todo lo que necesite durante el día, y de noche dedicarse a combatir el crímen? Si Batman es buscado por prácticamente toda la policía (salvo por el bueno de Gordon) lo más inteligente no es dejar rastros crediticios a nombre de BATMAN, por lo que esta, definitivamente, es una de las escenas más vergonzosas en toda la historia del cine, desde los mismísimos hermanos Lumière hasta nuestros días. Spider-Man, el ganador, (Spider Man 3) Spider-Man 3 está mal en tantos sentidos que ni siquiera podemos dedicarle una nota entera, pero si hay algo que colmó e hizo que todo lo del vaso caiga sobre nuestras piernas es, definitivamente, el momento Fiebre de Sábado por la Noche que Peter Parker protagoniza. Vamos a ser claros, Peter Parker ES un payaso, en el comic lo demuestra todo el tiempo, al igual que en los dibujos animados y en otras adaptaciones, pero no es un imbécil. Es el payaso querible y perdedor, no el que cree que es un ganador en todos los rubros en los que aparece. Por suerte eso no fue algo permanente, sino un extraño (extrañísimo) efecto que su nuevo traje-simbionte (más conocido como lo-que-te-transforma-en-Venom) le provoca a su personalidad. Hubieramos preferido que salga a asesinar cachorros antes que verlo rebajado en esa situación. Megatron es psicopateado por una modelo (Transformers: El lado oscuro de la luna) Megatron, el conquistador de mundos, el destructor de vidas, el malo más malo de los Decepticons pasó unos momentos bastante duros en la tercera entrega de la saga. Primero, lo vemos en soledad, escondiéndose (si es que un robot gigante puede hacer eso) en la meseta africana, soñando que los animales son sus esclavos. La locura cibernética le pegó pésimo, y mucho más después de aliarse al viejo Sentinel Prime. En un momento de debilidad, la mismísima Carly (Rosie Huntington-Whiteley) logra acercarse a él y convencerlo de que está siendo usado, que él es el glorioso Megatron y que nadie puede pasarle por encima. El Megatron que todos conocemos hubiera aplastado a la blonda modelo, pero este no, se sentó a escucharla. Las palabras de una humana le pegaron en el orgullo, y tampoco es que le haya dado un discurso motivacional, solo saltó por la primera chicana que le presentaron. Más que verguenza ajena, nos defrauda. Mega, te teníamos más duro. El musical del Hombre de Piedra (La historia sin fin 3) La historia sin fin, una de las sagas más maravillosas de nuestra niñez, fue completamente arruinada, en todo sentido, por la tercera entrega. La primera y la segunda mantuvieron un argumento sólido, marionetas mágicas, personajes creíbles y enemigos tan terribles como misteriosos. En la tercer película, los malos son… abusones de secundaria liderados por Jack Black. El mundo de Fantasía se ve poco y nada y la mayoría del tiempo ocurren cosas sin demasiado sentido. Pero sin dudas, el colmo es el destino del Hombre de Piedra, convertido en estrella de televisión (Si, hay televisión en Fantasía) , que nos regala una versión asquerosa de Born to be Wild. Ese es el momento en que uno adelanta la película para pasar el mal trago, solo para darse cuenta que, si en verdad quiere pasarse el mal trago, debería sacarla y tirarla desde el edificio más alto que encuentren. Las muertes de los Fett (Star wars) Dentro de la saga de Star Wars, los Fett tienen un lugar bastante privilegiado. El primero en orden cronológico según el universo Star Wars es Jango, es nada más ni nada menos que el modelo para los clones, más tarde conocidos como troopers del Imperio. Su hijo, Boba, se convirtió en uno de los cazarecompensas más duros de la galaxia, logrando capturar, por ejemplo, al escurridizo Han Solo para Jabba the Hutt. Pero ambos tuvieron una muerte indigna, lejos de la altura de lo que merecerían, según el cariño que los fans de la saga le tienen. Al primero (de nuevo, cronológicamente) lo vence Mace Windu en el campo de batalla, y casi sin presentar pelea, dos o tres sablazos al aire para esquivar las balas y ¡paff! decapitado. Ahora, la muerte de Boba si da ganas de romperse algo contra la cabeza: fue accidental. Han Solo intenta rescatar a su amigo Chewie, y por fuerza bruta y sin querer, enciende el jetpack del cazarecompensas. Así, cae derechito a la boca del Sarlacc. Ojo, para muchos aquí no murió Boba, sino que- y según el universo expandido de Star Wars, que ocupa novelas, comics y videojuegos- logró salir del estómago del monstruo y, años después, volvería a vengarse de Han. Todo bien, pero aunque no haya muerto, caer así en la boca de un monstruo, haciendo que tu rival te humille, y sin querer, debería ser suficiente para que Boba se abra una parrilla en lugar de seguir con el trabajito de mercenario.
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