A qué fue Lanata a Venezuela
El periodista Jorge Latana, emblemático vocero de los medios hegemónicos en la Argentina, fue enviado por el grupo Clarín-Canal 13-TN a cubrir las elecciones realizadas el domingo último en Venezuela, pero como de antemano sabía que el presidente Hugo Chávez iba a ser reelecto, de lo que menos escribió o habló fue de los comicios que, efectivamente, ratificaron la adhesión de aquel pueblo caribeño a su actual Jefe de Estado.
Ni antes, durante, y mucho menos después de la elección venezolana Lanata se refirió ciertamente a ese acto tan significativo, como es el de la expresión de la voluntad popular, base sustancial de cualquier sistema democrático. Sólo recurrió y aludió a subterfugios, a anécdotas y vaticinios catastróficos para el caso de que el ganador no fuera Chávez, y, por último, armó el circo de su “demora” en el aeropuerto de Caracas, como para tener de qué hablar cuando volviera, ya que de la elección en sí continúa sin decir nada.
Pero bueno, como había sido jugosamente viaticado para su “paseo” electoral, y para justificar esos gastos algo escribió. Por ejemplo, el domingo, cuando nueve de once encuestadoras de opinión vaticinaban el seguro triunfo “chavista”, y apenas dos se inclinaban por un parejo desenlace entre el actual presidente y el candidato opositor Henrique Capriles Radonski, Lanata publicó en Clarín que “las encuestas pronostican un empate técnico y dejan la suerte electoral librada al voto independiente”.
Y añadía que, según “dicen aquí” (por Caracas), había “un satélite por el que Chávez vigilará a los que voten en su contra. Dicen, también, que los lugares de votación tienen cámaras donde espían a la gente. Dicen que un grupo secreto de hackers rusos espía el sistema. Dicen que un cable submarino conecta Caracas con La Habana, y que así los cubanos podrán meterse en el comicio para votar a favor de Chávez”.
Puras sandeces de su torcida inventiva, para no decir que “casi 19 millones de venezolanos decidirán si Chávez continúa al frente del país o si lo reemplazan por Capriles”, como enviaron en su reportes los periodistas de los diarios imparciales y verdaderamente independientes.
El enviado de Clarín-Canal13-TN tampoco mencionó que “un total de 245 de observadores internacionales vigilarán el proceso comicial”, ni describió que “de las misiones internacionales, la principal es la de la Unasur, que está conformada por 39 técnicos de sus países miembros como Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador o Perú”, y que estaba “encabezada por Carlos Álvarez, secretario general de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI)”.
Lanata decía que “el fantasma de la violencia vuela sobre Caracas como un pájaro negro”, que “no descartan escarceos antes de saberse los resultados” y remató su comentario citando a un supuesto “joven opositor” (porque él no se anima), señalando que en Venezuela “les dice a la gente que si no tienen luz no se preocupen, que es un apagón revolucionario”, concluyendo que “esta noche (por la del sábado), aquí, va a ser difícil conciliar el sueño”.
Y el lunes, como todavía se negaba a admitir la victoria de Chávez, descaradamente, Lanata publicó en Clarín: “Cuando esta edición gane la calle, la mitad de Venezuela va a festejar. No importa demasiado cuál mitad. Será la mitad más uno la que festeje. Escribo estas líneas en Caracas, a las cuatro y media de la tarde cuando todavía no cayó el chaparrón diario, los comicios cerraron formalmente y telegramas de boca de urna circulan en twitter pese a la prohibición de difundir resultados”.
En ningún momento, y pese a que tenía información, Lanata escribió que “un 55 por ciento de los venezolanos respaldó al presidente Chávez y le permitirá alcanzar las dos décadas en el poder, en unos comicios con una participación récord superior al 80 por ciento, y en los que Capriles obtuvo el 44,39 por ciento”, como informaron la generalidad de los medios libres.
Engañosamente (para sí mismo), e increíblemente, el conductor de “Periodismo para todos”, el lunes último –insistimos, cuando desde las 23 del día anterior, en la Argentina, se conocían los resultados de la elección), firmó que “la tarde (del comicio venezolano) transcurrió entre los porcentajes de un cabeza a cabeza: Capriles ganaba por un punto, Chávez por tres, y así…”. Y en el colmo de sus “fantasías”, deslizó que, en la conferencia de prensa, apenas cerradas las urnas, “Chávez lucía calmado y lejos del triunfalismo. Muchos periodistas extranjeros (él en primer término) interpretaron su prudencia a los datos de una elección peleada”.
Seguía sin admitir que Chávez había acumulado más de un millón y medio de votos más que su oponente, como obcecadamente seguirá negando que ese pintoresco presidente le cambió la vida y les dio mayor protagonismo social a millones de venezolanos, que puso a la pobreza en el centro del debate público, cambiando una sociedad mayoritariamente clasista y racista, por una comunidad con inclusión y más igualitaria.
Y como no pudo volverse con la derrota “chavista”, conjeturando una transpolación de su imaginaria “debacle” venezolana al modelo de contención social con crecimiento y desarrollo de Cristina Kirchner en la Argentina -como Clarín-Canal 13-TN-, Lanata urdió lo de la “demora” en la salida de su avión, lo que muy pocos le creyeron porque la mayoría de los foristas en la página web del propio Clarín le descubrieron su treta. “¿Cómo un periodista tan sagaz va a llevar un supuesto y tan trascendente material para describir los ‘horrores’ de Chávez, tan ligeramente en su computadora de mano, sin hacer copias para enviarlas a través de otras personas, y en otro vuelo…?”, se preguntaban los más ingenuos. Como, seguramente, la mayoría de los lectores –sobre todo los de Clarín- se estarán interrogando “¿a qué fue Lanata a Venezuela…?”.
El periodista Jorge Latana, emblemático vocero de los medios hegemónicos en la Argentina, fue enviado por el grupo Clarín-Canal 13-TN a cubrir las elecciones realizadas el domingo último en Venezuela, pero como de antemano sabía que el presidente Hugo Chávez iba a ser reelecto, de lo que menos escribió o habló fue de los comicios que, efectivamente, ratificaron la adhesión de aquel pueblo caribeño a su actual Jefe de Estado.
Ni antes, durante, y mucho menos después de la elección venezolana Lanata se refirió ciertamente a ese acto tan significativo, como es el de la expresión de la voluntad popular, base sustancial de cualquier sistema democrático. Sólo recurrió y aludió a subterfugios, a anécdotas y vaticinios catastróficos para el caso de que el ganador no fuera Chávez, y, por último, armó el circo de su “demora” en el aeropuerto de Caracas, como para tener de qué hablar cuando volviera, ya que de la elección en sí continúa sin decir nada.
Pero bueno, como había sido jugosamente viaticado para su “paseo” electoral, y para justificar esos gastos algo escribió. Por ejemplo, el domingo, cuando nueve de once encuestadoras de opinión vaticinaban el seguro triunfo “chavista”, y apenas dos se inclinaban por un parejo desenlace entre el actual presidente y el candidato opositor Henrique Capriles Radonski, Lanata publicó en Clarín que “las encuestas pronostican un empate técnico y dejan la suerte electoral librada al voto independiente”.
Y añadía que, según “dicen aquí” (por Caracas), había “un satélite por el que Chávez vigilará a los que voten en su contra. Dicen, también, que los lugares de votación tienen cámaras donde espían a la gente. Dicen que un grupo secreto de hackers rusos espía el sistema. Dicen que un cable submarino conecta Caracas con La Habana, y que así los cubanos podrán meterse en el comicio para votar a favor de Chávez”.
Puras sandeces de su torcida inventiva, para no decir que “casi 19 millones de venezolanos decidirán si Chávez continúa al frente del país o si lo reemplazan por Capriles”, como enviaron en su reportes los periodistas de los diarios imparciales y verdaderamente independientes.
El enviado de Clarín-Canal13-TN tampoco mencionó que “un total de 245 de observadores internacionales vigilarán el proceso comicial”, ni describió que “de las misiones internacionales, la principal es la de la Unasur, que está conformada por 39 técnicos de sus países miembros como Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador o Perú”, y que estaba “encabezada por Carlos Álvarez, secretario general de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI)”.
Lanata decía que “el fantasma de la violencia vuela sobre Caracas como un pájaro negro”, que “no descartan escarceos antes de saberse los resultados” y remató su comentario citando a un supuesto “joven opositor” (porque él no se anima), señalando que en Venezuela “les dice a la gente que si no tienen luz no se preocupen, que es un apagón revolucionario”, concluyendo que “esta noche (por la del sábado), aquí, va a ser difícil conciliar el sueño”.
Y el lunes, como todavía se negaba a admitir la victoria de Chávez, descaradamente, Lanata publicó en Clarín: “Cuando esta edición gane la calle, la mitad de Venezuela va a festejar. No importa demasiado cuál mitad. Será la mitad más uno la que festeje. Escribo estas líneas en Caracas, a las cuatro y media de la tarde cuando todavía no cayó el chaparrón diario, los comicios cerraron formalmente y telegramas de boca de urna circulan en twitter pese a la prohibición de difundir resultados”.
En ningún momento, y pese a que tenía información, Lanata escribió que “un 55 por ciento de los venezolanos respaldó al presidente Chávez y le permitirá alcanzar las dos décadas en el poder, en unos comicios con una participación récord superior al 80 por ciento, y en los que Capriles obtuvo el 44,39 por ciento”, como informaron la generalidad de los medios libres.
Engañosamente (para sí mismo), e increíblemente, el conductor de “Periodismo para todos”, el lunes último –insistimos, cuando desde las 23 del día anterior, en la Argentina, se conocían los resultados de la elección), firmó que “la tarde (del comicio venezolano) transcurrió entre los porcentajes de un cabeza a cabeza: Capriles ganaba por un punto, Chávez por tres, y así…”. Y en el colmo de sus “fantasías”, deslizó que, en la conferencia de prensa, apenas cerradas las urnas, “Chávez lucía calmado y lejos del triunfalismo. Muchos periodistas extranjeros (él en primer término) interpretaron su prudencia a los datos de una elección peleada”.
Seguía sin admitir que Chávez había acumulado más de un millón y medio de votos más que su oponente, como obcecadamente seguirá negando que ese pintoresco presidente le cambió la vida y les dio mayor protagonismo social a millones de venezolanos, que puso a la pobreza en el centro del debate público, cambiando una sociedad mayoritariamente clasista y racista, por una comunidad con inclusión y más igualitaria.
Y como no pudo volverse con la derrota “chavista”, conjeturando una transpolación de su imaginaria “debacle” venezolana al modelo de contención social con crecimiento y desarrollo de Cristina Kirchner en la Argentina -como Clarín-Canal 13-TN-, Lanata urdió lo de la “demora” en la salida de su avión, lo que muy pocos le creyeron porque la mayoría de los foristas en la página web del propio Clarín le descubrieron su treta. “¿Cómo un periodista tan sagaz va a llevar un supuesto y tan trascendente material para describir los ‘horrores’ de Chávez, tan ligeramente en su computadora de mano, sin hacer copias para enviarlas a través de otras personas, y en otro vuelo…?”, se preguntaban los más ingenuos. Como, seguramente, la mayoría de los lectores –sobre todo los de Clarín- se estarán interrogando “¿a qué fue Lanata a Venezuela…?”.