El nombre de Albert Einstein nos suele evocar la imagen de un simpático y agradable “genio”, que revoluciono nuestros conceptos del espacio, el tiempo, la energía, la masa y el movimiento. La revista “Time” le nombro “personaje del siglo”, e incluso en el lenguaje coloquial, “Einstein” se ha incorporado como sinónimo de una extraordinaria inteligencia. Mucha gente cree que Albert Einstein ha sido la mente más brillante en la historia de la Humanidad.
Esta imagen popular de Einstein ha sido ampliamente fomentada por los medios de comunicación y forma parte de los libros de texto de nuestros hijos, además de contar con la bendición, quien calla otorga, de gran cantidad de historiadores y científicos. Sin embargo, cuando se toma la molestia de estudiar los trabajos escritos por sus contemporáneos, la imagen que surge ante nosotros, es muy distinta. Es la imagen de un plagiador, que copio, manipulo y se valió de sus contactos y de su condición de judío, para ser “elevado a los altares”.
Seguramente el mas famoso “trabajo” de Einstein fue “su” teoría de la relatividad, publicada en 1905 en la revista alemana de física, “Annalen der Physik”. El texto de Einstein fue publicado sin ningún tipo de referencia, un hecho, que en su día, su amigo y premio Nóbel de física, Max Born, encontró extraño y preocupante. En 1955, antes de la Conferencia Internacional de la Relatividad, el propio Born afirmaría:
“Lo mas llamativo, es que no contiene ni una sola referencia a toda la literatura anterior. Da la impresión de que se trata de un trabajo nuevo. Pero es que, tal y como he intentado explicar, eso no es verdad.”
Aunque el texto publicado por Einstein en 1905 no tiene referencias, es tan sorprendentemente similar a un trabajo realizado el año anterior por Hendrik Lorentz, que tanto Walter Kaufmann como Max Planck, sintieron la necesidad de señalar públicamente que Einstein se había limitado a realizar una reinterpretación metafísica y una generalización de la teoría científica presentada por Lorentz, algo, que por otro lado, ya había realizado el científico francés Henri Poincare. Como Charles Nordman, astrónomo del observatorio de Paris señalo en su día:
“Es realmente Henri Poincare, el gran francés cuya muerte ha dejado un vació que nunca podremos llenar, el que debe recibir el merito de haber demostrado, con la mayor lucidez y la mas prudente de las audacias, que el tiempo y el espacio, como ahora sabemos, solo pueden ser relativos. La verdad que unas cuantas citas de sus obras no estarían fuera de lugar. Ellas nos demostrarían que el merito de la mayoría de los descubrimientos y avances que actualmente son atribuidos a Einstein, son en realidad obra de Poincare.”
Einstein llego a reconocer esta verdad, pero justifico su plagio, de un modo bastante arrogante, en otro articulo publicado en “Annalen der Physik” en 1907:
“Parece que la naturaleza del trabajo que realizo, ya ha sido, en parte, solucionado por otros autores. A pesar de esto, y dado que estas cuestiones pueden abordarse desde un nuevo punto de vista, creo que tengo el derecho a pasar por alto el estudio profundo de esa pedante literatura, sobre todo, por que creo que existen lagunas que pueden ser cubiertas por otros autores. Como ya ha ocurrido con mi primer trabajo sobre la relatividad, a través de los encomiables esfuerzos del sr. Planck y del sr. Kaufmann.”
El primero en deducir la serie completa de ecuaciones de la teoría General de la Relatividad fue David Hilbert, algo que el propio Einstein se vio obligado a reconocer en 1916, después de haberlo plagiado en 1915. En una conferencia pronunciada el 24 de agosto de 1920 en Berlín por el físico Ernst Gehrcke, este se enfrento públicamente a Einstein, que se encontraba presente, y le acuso de plagiar los formalismos matemáticos de Lorentz para la teoría de la relatividad, los conceptos del espacio y del tiempo de Palagyi, la geometría no euclidiana de Varicak y la solución matemática del problema del perihelio de Mercurio publicado por Gerber en 1898. Finalmente, Gehrcke, se dirigió personalmente a Einstein, y ante todos los presentes, pronuncio la celebre frase del cuento del Hans Chritian Andersen, “el emperador no tiene ropa”, frase que se utiliza para indicar, que sólo porque todo el mundo crea que algo es verdad, no significa que lo sea.
El 27 de agosto, Einstein publicaba su respuesta en el “Berliner Tageblatt und Handels-Zeitung”, la cual, posteriormente, seria traducida al ingles para el libro “La teoría de la Relatividad de Albert Einstein” publicada por Gerald E. Tauber:
“…Gerber, dio con la formula correcta para calcular el perihelio de Mercurio antes que yo. Pero los expertos están de acuerdo en que la derivación de Gerber esta mal de lado a lado, por lo que la formula no puede ser obtenida a través de las principales hipótesis de Gerber. El trabajo del sr, Gerber es, por lo tanto, un intento teórico, fallido y completamente inútil.
Mantengo que la teoría de la relatividad general ha proporcionado la primera explicación del perihelio de Mercurio. Y si, originalmente, no mencione el trabajo de Gerber, se debió a que lo desconocía cuando escribí mi trabajo sobre el tema, pero aun cuando hubiera sido consciente de su existencia, no habría tenido ninguna razón para mencionarlo.”
El hecho de que Einstein fue un plagiador, es de común conocimiento entre la comunidad científica. Lo que no es tan conocido es que las fuentes que Einstein copio, tampoco eran, en gran medida, originales. En 1919, el matemático y físico ingles Harry Bateman, publico un articulo en el “Philosophical Magazine”, para intentar conseguir, sin mucho éxito, que se reconociera su trabajo y esfuerzos. Bateman escribiría:
“La aparición del reciente articulo del dr. Silberstein sobre la Relatividad General, sin contar con la Hipótesis de la Equivalencia, me anima a reafirmarme en mi opinión sobre este tema. Yo tenia derecho a presentarlo como mi trabajo, debido a que mi teoría de la relatividad general se publico antes que las de Einstein y Kottler, lo cual parece haber sido pasado por alto en las mas recientes publicaciones sobre el tema.”
Hoy en día ya existen varios libros que revelan como Einstein se aprovecho del trabajo de sus contemporáneos, y demuestran que jamás podría haber extraído sus propios conclusiones sin un conocimiento previo de los trabajos que copio, pero que, convenientemente, se olvido de mencionar.
Las numerosas citas de los contemporáneos de Einstein dejan claro que eran totalmente conscientes de sus plagios. Solo hay que poner cara a cara los trabajos de Einstein y de sus predecesores, para darnos cuenta que llego a copiar literalmente sus palabras. También existen pruebas sustanciales que indican que lo primero que Einstein copio, fueron los trabajos de su primera esposa, la serbia Mileva Maric.
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