Contenido
Los Protocolos es una obra de ficción, escrita intencionalmente para culpar a los judíos de una variedad de males. Los que la distribuyen afirman que documenta una conspiración judía para dominar el mundo. Pero la conspiración y sus presuntos lideres, los sabios de Sión, nunca existieron.
En la Biblioteca del Museo Británico se conservan 43 ediciones distintas. El ejemplar ruso de 1905 se encuentra con el número 3296 d. 17, y lleva el sello de entrada «British Museum, 10 de agosto de 1906».[8] [9] El libro ruso es un ejemplar en octavo, encuadernado en piel negra y consta de 417 páginas. Los Protocolos forman en esta obra sobre el Anticristo de Serge Nilus el Apéndice XII bajo el título «El Anticristo como posibilidad política inmediata». Los protocolos de los sabios de Sión", 1902-1903 r. r.
El texto está dividido en 24 «protocolos» que —según el periódico Morning Post de 17 de julio de 1920—, comprenden aproximadamente 20 000 palabras y corresponden a las páginas 305 a la 417, es decir, 112 páginas.
Orígenes y contenido
Si bien ha sido muy leído y citado por sectores antisemitas, su verdadera autoría resulta confusa. La teoría más aceptada dice que fue obra de los servicios secretos zaristas, que buscaban desacreditar a la izquierda bolchevique acusándolos de colaborar con la conspiración judía expresada en el libro (Marx, Trotsky y Kérensky, por ejemplo, eran de ascendencia judía). Los teóricos de la conspiración señalan generalmente que estas reuniones se habrían llevado a cabo en el Primer Congreso Sionista de Basilea (Suiza), del 20 al 31 de agosto de 1897, presidido por Theodor Herzl.[4] Sin embargo, no hay evidencias que demuestren la existencia de este congreso.
Por otra parte jamás existió una organización llamada «Los sabios de Sión» o «Los ancianos de Sión». Sin embargo, y sin que exista un ápice de evidencia para probarlo, se ha mantenido empecinadamente que estos textos eran las actas de esa inexistente organización.
En diciembre de 1901, un oscuro personaje conocido como Sergei Nilus afirmó haber traducido al ruso unos textos que en conjunto tituló Los protocolos de los sabios de Sión. Durante los primeros quince años, los Protocolos tuvieron escasa influencia. A partir de 1917 vendieron millones de ejemplares en más de veinte idiomas.[cita requerida]
Maurice Joly
La mayor parte de los escritos en los Protocolos fueron plagiados del libro Dialogue aux enfers entre Machiavel et Montesquieu (‘diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu’), escrito por el autor satírico francés Maurice Joly en el año 1864. Joly se ocupó de realizar ataques políticos sobre las ambiciones de Napoleón III utilizando a Maquiavelo como una sinopsis diabólica en el infierno como un extra de sí mismo para poder así emitir su opinión acerca de Napoleón. Joly mismo parece haberse tomado en préstamo material de una popular novela de Eugène Sue, Los misterios de las personas, en la que los conspiradores fueron jesuitas. Los judíos no aparecen en ninguno de los dos trabajos. Puesto que era ilegal criticar a la monarquía, Joly imprimió el folleto en Bélgica y luego trató de pasarlo de contrabando a Francia. La policía confiscó el mayor número de copias. Joly fue juzgado el 25 de abril de 1865, y condenado a 15 meses de prisión. Joly se suicidó en 1878.
Hermann Goedsche
La novela de Hermann Goedsche, Biarritz, escrita en 1868, fue la otra fuente para inspirar al escritor de los Protocolos. En el capítulo «El cementerio judío de Praga y el consejo de representantes de las doce tribus de Israel», Goedsche escribió acerca de una reunión nocturna entre los miembros de una misteriosa cabala rabínica, que describía cómo a la media noche, el Diablo aparecia ante los que se habian reunido en nombre de las Doce Tribus de Israel para planificar una «conspiración judía». Su representación es también similar a la escena de Joseph Balsamo, de Alexandre Dumas (padre), donde Cagliostro y compañía tramaron el asunto del collar de diamantes.
Como Biarritz apareció casi al mismo tiempo que Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, es muy posible que Goedsche se inspirara en el panfleto de Joly, especialmente en el que detalla los resultados de la reunión secreta.
Goedsche, un reaccionario de las Revoluciones de 1848, perdió su puesto de trabajo en el servicio postal de Prusia después de la creación de pruebas para implicar al líder demócrata Benedict Waldeck de conspirar contra el rey. Después de su despido, Goedsche comenzó una carrera como columnista conservador, al tiempo de su producción de obra literaria bajo el seudónimo de Sir John Retcliffe. Goedsche fue espía de la policía secreta de Prusia.
El documento y la teoría de la conspiración [editar]La creación de este documento se ha señalado como un claro ejemplo de la persistencia de las teorías conspirativas que, en una coyuntura política de crisis social, avivan los prejuicios y las fobias al proporcionar una coartada ideológica para el antisemitismo. Así, entre otras acciones, este falso texto inspiró la masacre de 60 000 judíos (a los que se responsabilizó de la Revolución de 1917) a manos de las autoridades bielorrusas.
Los Protocolos en la propaganda nazi (años 1930-1940)
Los Protocolos también pasaron a ser parte de la propaganda nazi para justificar la persecución de los judíos. Se convirtió en lectura obligatoria para los estudiantes alemanes. En El holocausto: la destrucción del pueblo judío en Europa (1933-1945), Nora Levin afirma que «Hitler utilizó los Protocolos como un manual en su guerra de exterminio de los judíos»:
A pesar de las pruebas concluyentes de que los Protocolos eran una burda falsificación, tenían gran popularidad y grandes ventas en los años veinte y treinta. Se tradujeron a todos los idiomas de Europa y se vendían ampliamente en los países árabes, Estados Unidos e Inglaterra. Pero fue en Alemania, después de la Primera Guerra Mundial, que tuvieron su mayor éxito. Allí se utilizaron para explicar todos los desastres que ocurrieron en el país: la derrota en la guerra, el hambre, la inflación destructiva.
A partir de agosto de 1921, Hitler comenzó a incorporarlos en sus discursos, y fueron tema de estudio en las aulas alemanas después de que los nazis llegaran al poder. En el apogeo de la Segunda Guerra Mundial, Joseph Goebbels (ministro de propaganda nazi) proclamó: «Los protocolos de los sionistas son tan actuales hoy como lo fueron el día en que fueron publicados por primera vez».[20] En las palabras de Norman Cohn, esto sirvió para los nazis como «autorización del genocidio».
Análisis
Una lectura del panfleto permite deducir que se trata de una fabricación poco lúcida:
Posee un carácter autoinculpatorio (es decir, el narrador —un supuesto anciano de Sión— se culpa a sí mismo de los males del mundo).
Carece totalmente de raíces lingüísticas y culturales judías (no parece escrito por un judío). Aunque durante todo el texto se mencione la palabra goim, usada por los judíos para referirse a los gentiles.[21]
Con todo, el mito traspasó las fronteras de Rusia, y aún hoy en día hay quienes todavía consideran que la organización secreta es real[cita requerida] debido a que piensan que algunos de los planes referidos en los protocolos se han cumplido.[cita requerida]
Pruebas de un plagio
En 1921, tiempo en que los protocolos eran ampliamente difundidos por el multimillonario estadounidense Henry Ford y cobraban más popularidad, un miembro de la redacción del diario Times de Londres, Philip Graves, quien se encontraba entonces en Estambul, encontró por casualidad a un misterioso ruso que encubrió su identidad con el nombre de «Mr. X»[22] el cual le entregó una copia gastada de un libro en francés titulado Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, o la política de Maquiavelo en el siglo XIX. El autor («un contemporáneo») era anónimo.
El 16, 17 y 18 de agosto de 1921, el Times de Londres publicó una serie de artículos en donde se informaba que «los Protocolos [...] son sólo un torpe fraude producido por un plagiario inconsciente que parafraseó un libro publicado en Bruselas en 1865».
Comparacion de los «Diálogos»
Los «protocolos» 1 a 19 siguen de cerca el orden de los capítulos 1 a 17 del Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, con algunas excepciones. En algunos lugares, el plagio es irrefutable.
Otro ejemplo es la referencia al Dios hindú Vishnú, que aparece exactamente dos veces en los Diálogos en el infierno y en los Protocolos.
Además de mencionar a Vishnú, improbable en la literatura religiosa judía, y la falta de citas talmúdicas que se prevé en el mismo, referencias textuales al «Rey de los Judíos», la semi-mesiánica idea que conlleva fuertes connotaciones de Jesús, sugieren que el autor no estaba muy bien versado en la cultura judía, ya que este término se ha evitado en la tradición judía desde el cisma entre el judaísmo y el cristianismo.
Una vez que Philip Graves Times reveló la medida de la similitud entre los dos textos, se hizo evidente que los Protocolos no son un documento auténtico.
Philip Graves se dio cuenta inmediatamente del parecido extraordinario entre estos Diálogos de Joly y los Protocolos de Nilus. Había párrafos enteros que habían sido copiados literalmente, mutatis mutandis por el cambio entre diálogo (entre los dos franceses) y monólogo (del «sabio de Sión»).
Graves había hecho un descubrimiento de la mayor importancia. En tres largos artículos publicados en el Times de Londres de los días 16 a 18 de agosto de 1921, reveló la verdad sobre la falsedad de los Protocolos.
Graves demostró que el autor, quizás el mismo Nilus, había simplemente plagiado los Diálogos de Jolý, cambiando el original y agregando material (en parte copiado de Goedsche, otro autor antisemita de mediados del s. XIX) para servir a sus propósitos.
En total hay más de 160 pasajes en los Protocolos (correspondientes a un 40% del texto total), que están evidentemente basados en pasajes en Joly. En nueve de los capítulos, el texto copiado alcanza a más del 50%.
Hay que señalar que a veces Nilus se equivoca, pierde el hilo y no entiende quién está hablando, ya que mezcla los juicios contradictorios de los dos personajes de la obra de Joly.
Cita en latín
Un detalle interesante de los Protocolos, es la única cita en latín:[23] Per me reges regnant (‘por mí los reyes reinan’). Es una cita bíblica del libro de los Proverbios (8, 15, pero extraída de la Vulgata (la traducción católica de la Biblia). Es inconcebible que en el Congreso Sionista de Basilea, donde muchos (si no todos) los participantes hablaban o entendían el hebreo, el conferenciante hubiera tenido que recurrir a una traducción católica de la Biblia, en vez de citar el original hebreo: Bi melajim imlejú (‘por mí los reyes reinan’). Aunque debe recordarse que el texto de los protocolos no sería el conjunto de las actas originales del congreso en sí, sino una simple traducción de las supuestas actas originales hecha por un cristiano (Sergei Nilus).
Comentario a los Protocolos
En enero de 1938 el sacerdote católico francés Pierre Charlés publicó en la revista Nouvelle Revue Théologique un artículo comentando la influencia de los Protocolos en el sempiterno antisemitismo europeo:
Si se los toma como un programa, los Protocolos [...] son sólo una serie de divagaciones sin importancia, que delatan a cada momento la incoherencia del redactor y su ignorancia de las nociones más elementales. Nadie podría jamás llevar a ejecución ese programa, porque hormiguea de contradicciones y de visible insania. Está comprobado que estos Protocolos son una falsificación, plagiada torpemente a partir de la obra satírica de Maurice Jolý y compuesta con el fin de hacer odiosos a los judíos, excitando contra ellos las pasiones irreflexivas y ciegas de las personas más ignorantes.
El Congreso Sionista de Basilea (Suiza) de 1897 no tuvo absolutamente nada que ver con la composición del panfleto ruso. Se puede discutir sobre el fin perseguido por el autor de la falsificación. Parece, en verdad, que debe relacionárselo con la situación interna de Rusia y con el manifiesto zarista del 30 de octubre del mismo año. Pero no queremos examinar este punto para no mezclar conjeturas con esta conclusión de por sí clara.
El odio es como la legendaria túnica envenenada de Deyanira, de la que su esposo Hércules nunca logró desprenderse. El odio es el tesoro que el hombre más ferozmente guarda; y el hombre lapida con rabia a aquellos que intentan arrebatárselo.
Opinión y la influencia del texto en los antisemitas
Adolf Hitler
Su lectura por parte de Adolf Hitler, evidenciada en Mi lucha, fue determinante para avivar los prejuicios fanáticos del futuro dictador.
Con el paso del tiempo se ha convertido en libro de texto entre los grupos de ultraderecha, compartiendo estantería en las librerías dedicadas a este tipo de literatura con panfletos supremacistas blancos y obras en las que se niega el holocausto judío a manos de los nazis. En el interés nazi en extender el antisemitismo, se imprimieron cientos de miles de copias y se repartieron por muchos hogares (se dice que sólo la Biblia podía competir en número de ejemplares) y en las Juventudes Hitlerianas se hizo lectura obligatoria.
El propio Goebbels, en sus diarios, reflexiona sobre su utilidad como vehículo de propaganda antisemita y refiere que Hitler creía en su autenticidad (quedando claro que él mismo y otros sí tenían noticia de que se trataba de una falsificación).[cita requerida]
Henry Ford
El magnate automovilístico estadounidense Henry Ford financió varias ediciones del folleto ruso y creó una revista (The Dearborn Independent) dedicada a denunciar la supuesta existencia de un «peligro judío».
Luego reunió sus artículos de investigación antisemita en un extenso libro en cuatro volúmenes titulado El judío internacional, con el que pretendió demostrar a través de diversos ejemplos la veracidad de los Protocolos. Este libro no tuvo mucho éxito en EE. UU., sin embargo se popularizó rápidamente en Europa, donde fue traducido a 16 idiomas (entre ellos el alemán, por Theodor Fritsch) y, en 1922, se habían superado las 22 ediciones.
Acerca de los Protocolos en sí, en una entrevista publicada el 17 de febrero de 1921 en la revista New York World, Ford dijo: «La única declaración que voy a hacer respecto a los Protocolos es que encajan con lo que está ocurriendo. Tienen 16 años y encajan con la situación mundial hasta este momento».
Tanto la extensa obra de Henry Ford como Los protocolos de los sabios de Sión se volvieron elementos indispensables dentro de la propaganda antisemita de Hitler. No se conoce la razón del antisemitismo de Ford.
Uso contemporáneo
Al mismo tiempo que Los protocolos mantienen su popularidad en algunos países, desde la derrota de la Alemania Nazi en la segunda guerra los gobiernos y líderes políticos de la mayor parte del mundo han evitado sostener que Los protocolos representa una evidencia real de una conspiración judía. Sin embargo, este mito de una supuesta conspiración judía internacional, lejos de mitigarse con el paso del tiempo, continúa proliferando en lugares donde prima el antisemitismo. Uno de estos lugares es Oriente Medio, donde un gran número de regímenes y líderes árabes y musulmanes los consideran auténticos.
En países islámicos
En los países islámicos existe un público excepcionalmente receptivo a este mensaje. Innumerables discursos políticos, editoriales, y hasta dibujos animados se derivan de los Protocolos.[3] Debido a ello, las versiones en árabe de los Protocolos se han multiplicado, y son difundidas por diversos medios, desde fotocopias hasta Internet, pasando por textos académicos o la televisión por satélite. En 2002, la televisión estatal de Egipto trasmitió una miniserie basada sobre los Protocolos, un evento condenado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos.[3] En textos oficiales educativos elaborados por la ANP egipcia, se llegan a citar como referencia para «explicar» la política de Israel.[24] Los Protocolos llegan a ser citados para explicar teorías alrededor de hechos como el 11-S o el asesinato del primer ministro libanés.[25] Hamas, la organización palestina, se apoya en parte sobre los Protocolos para justificar sus actos de terrorismo contra civiles israelíes.[3]
Los respaldos pasados al texto de los presidentes Gamal Abdel Nasser y Anwar Sadat de Egipto, del presidente Arifs de Iraq, del rey Faisal de Arabia Saudita, y del coronel Muammar al-Gaddafi de Libia reciben hoy un eco en las más contemporáneas declaraciones desde el Gran Muftí de Jerusalén, el sheik Ekrima Sa'id Sabri, y Hamas hasta las realizadas por el ministro de educación de Arabia Saudita.
Tratamiento del texto en otras obras [editar]"La conspiración",[27] obra póstuma del dibujante y guionista de cómics Will Eisner, es una novela gráfica acerca de Los protocolos de los sabios de Sión desde su creación hasta la actualidad y cómo los han usado diversas asociaciones antisemitas. Will Eisner falleció en enero de 2005, poco después de la publicación de su novela gráfica que debía suponer, como escribió su autor en el prólogo, "un clavo más que hundir en el ataúd de ese aterrador fraude vampírico".
SHALOM
Los Protocolos es una obra de ficción, escrita intencionalmente para culpar a los judíos de una variedad de males. Los que la distribuyen afirman que documenta una conspiración judía para dominar el mundo. Pero la conspiración y sus presuntos lideres, los sabios de Sión, nunca existieron.
En la Biblioteca del Museo Británico se conservan 43 ediciones distintas. El ejemplar ruso de 1905 se encuentra con el número 3296 d. 17, y lleva el sello de entrada «British Museum, 10 de agosto de 1906».[8] [9] El libro ruso es un ejemplar en octavo, encuadernado en piel negra y consta de 417 páginas. Los Protocolos forman en esta obra sobre el Anticristo de Serge Nilus el Apéndice XII bajo el título «El Anticristo como posibilidad política inmediata». Los protocolos de los sabios de Sión", 1902-1903 r. r.
El texto está dividido en 24 «protocolos» que —según el periódico Morning Post de 17 de julio de 1920—, comprenden aproximadamente 20 000 palabras y corresponden a las páginas 305 a la 417, es decir, 112 páginas.
Orígenes y contenido
Si bien ha sido muy leído y citado por sectores antisemitas, su verdadera autoría resulta confusa. La teoría más aceptada dice que fue obra de los servicios secretos zaristas, que buscaban desacreditar a la izquierda bolchevique acusándolos de colaborar con la conspiración judía expresada en el libro (Marx, Trotsky y Kérensky, por ejemplo, eran de ascendencia judía). Los teóricos de la conspiración señalan generalmente que estas reuniones se habrían llevado a cabo en el Primer Congreso Sionista de Basilea (Suiza), del 20 al 31 de agosto de 1897, presidido por Theodor Herzl.[4] Sin embargo, no hay evidencias que demuestren la existencia de este congreso.
Por otra parte jamás existió una organización llamada «Los sabios de Sión» o «Los ancianos de Sión». Sin embargo, y sin que exista un ápice de evidencia para probarlo, se ha mantenido empecinadamente que estos textos eran las actas de esa inexistente organización.
En diciembre de 1901, un oscuro personaje conocido como Sergei Nilus afirmó haber traducido al ruso unos textos que en conjunto tituló Los protocolos de los sabios de Sión. Durante los primeros quince años, los Protocolos tuvieron escasa influencia. A partir de 1917 vendieron millones de ejemplares en más de veinte idiomas.[cita requerida]
Maurice Joly
La mayor parte de los escritos en los Protocolos fueron plagiados del libro Dialogue aux enfers entre Machiavel et Montesquieu (‘diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu’), escrito por el autor satírico francés Maurice Joly en el año 1864. Joly se ocupó de realizar ataques políticos sobre las ambiciones de Napoleón III utilizando a Maquiavelo como una sinopsis diabólica en el infierno como un extra de sí mismo para poder así emitir su opinión acerca de Napoleón. Joly mismo parece haberse tomado en préstamo material de una popular novela de Eugène Sue, Los misterios de las personas, en la que los conspiradores fueron jesuitas. Los judíos no aparecen en ninguno de los dos trabajos. Puesto que era ilegal criticar a la monarquía, Joly imprimió el folleto en Bélgica y luego trató de pasarlo de contrabando a Francia. La policía confiscó el mayor número de copias. Joly fue juzgado el 25 de abril de 1865, y condenado a 15 meses de prisión. Joly se suicidó en 1878.
Hermann Goedsche
La novela de Hermann Goedsche, Biarritz, escrita en 1868, fue la otra fuente para inspirar al escritor de los Protocolos. En el capítulo «El cementerio judío de Praga y el consejo de representantes de las doce tribus de Israel», Goedsche escribió acerca de una reunión nocturna entre los miembros de una misteriosa cabala rabínica, que describía cómo a la media noche, el Diablo aparecia ante los que se habian reunido en nombre de las Doce Tribus de Israel para planificar una «conspiración judía». Su representación es también similar a la escena de Joseph Balsamo, de Alexandre Dumas (padre), donde Cagliostro y compañía tramaron el asunto del collar de diamantes.
Como Biarritz apareció casi al mismo tiempo que Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, es muy posible que Goedsche se inspirara en el panfleto de Joly, especialmente en el que detalla los resultados de la reunión secreta.
Goedsche, un reaccionario de las Revoluciones de 1848, perdió su puesto de trabajo en el servicio postal de Prusia después de la creación de pruebas para implicar al líder demócrata Benedict Waldeck de conspirar contra el rey. Después de su despido, Goedsche comenzó una carrera como columnista conservador, al tiempo de su producción de obra literaria bajo el seudónimo de Sir John Retcliffe. Goedsche fue espía de la policía secreta de Prusia.
El documento y la teoría de la conspiración [editar]La creación de este documento se ha señalado como un claro ejemplo de la persistencia de las teorías conspirativas que, en una coyuntura política de crisis social, avivan los prejuicios y las fobias al proporcionar una coartada ideológica para el antisemitismo. Así, entre otras acciones, este falso texto inspiró la masacre de 60 000 judíos (a los que se responsabilizó de la Revolución de 1917) a manos de las autoridades bielorrusas.
Los Protocolos en la propaganda nazi (años 1930-1940)
Los Protocolos también pasaron a ser parte de la propaganda nazi para justificar la persecución de los judíos. Se convirtió en lectura obligatoria para los estudiantes alemanes. En El holocausto: la destrucción del pueblo judío en Europa (1933-1945), Nora Levin afirma que «Hitler utilizó los Protocolos como un manual en su guerra de exterminio de los judíos»:
A pesar de las pruebas concluyentes de que los Protocolos eran una burda falsificación, tenían gran popularidad y grandes ventas en los años veinte y treinta. Se tradujeron a todos los idiomas de Europa y se vendían ampliamente en los países árabes, Estados Unidos e Inglaterra. Pero fue en Alemania, después de la Primera Guerra Mundial, que tuvieron su mayor éxito. Allí se utilizaron para explicar todos los desastres que ocurrieron en el país: la derrota en la guerra, el hambre, la inflación destructiva.
A partir de agosto de 1921, Hitler comenzó a incorporarlos en sus discursos, y fueron tema de estudio en las aulas alemanas después de que los nazis llegaran al poder. En el apogeo de la Segunda Guerra Mundial, Joseph Goebbels (ministro de propaganda nazi) proclamó: «Los protocolos de los sionistas son tan actuales hoy como lo fueron el día en que fueron publicados por primera vez».[20] En las palabras de Norman Cohn, esto sirvió para los nazis como «autorización del genocidio».
Análisis
Una lectura del panfleto permite deducir que se trata de una fabricación poco lúcida:
Posee un carácter autoinculpatorio (es decir, el narrador —un supuesto anciano de Sión— se culpa a sí mismo de los males del mundo).
Carece totalmente de raíces lingüísticas y culturales judías (no parece escrito por un judío). Aunque durante todo el texto se mencione la palabra goim, usada por los judíos para referirse a los gentiles.[21]
Con todo, el mito traspasó las fronteras de Rusia, y aún hoy en día hay quienes todavía consideran que la organización secreta es real[cita requerida] debido a que piensan que algunos de los planes referidos en los protocolos se han cumplido.[cita requerida]
Pruebas de un plagio
En 1921, tiempo en que los protocolos eran ampliamente difundidos por el multimillonario estadounidense Henry Ford y cobraban más popularidad, un miembro de la redacción del diario Times de Londres, Philip Graves, quien se encontraba entonces en Estambul, encontró por casualidad a un misterioso ruso que encubrió su identidad con el nombre de «Mr. X»[22] el cual le entregó una copia gastada de un libro en francés titulado Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, o la política de Maquiavelo en el siglo XIX. El autor («un contemporáneo») era anónimo.
El 16, 17 y 18 de agosto de 1921, el Times de Londres publicó una serie de artículos en donde se informaba que «los Protocolos [...] son sólo un torpe fraude producido por un plagiario inconsciente que parafraseó un libro publicado en Bruselas en 1865».
Comparacion de los «Diálogos»
Los «protocolos» 1 a 19 siguen de cerca el orden de los capítulos 1 a 17 del Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, con algunas excepciones. En algunos lugares, el plagio es irrefutable.
Otro ejemplo es la referencia al Dios hindú Vishnú, que aparece exactamente dos veces en los Diálogos en el infierno y en los Protocolos.
Además de mencionar a Vishnú, improbable en la literatura religiosa judía, y la falta de citas talmúdicas que se prevé en el mismo, referencias textuales al «Rey de los Judíos», la semi-mesiánica idea que conlleva fuertes connotaciones de Jesús, sugieren que el autor no estaba muy bien versado en la cultura judía, ya que este término se ha evitado en la tradición judía desde el cisma entre el judaísmo y el cristianismo.
Una vez que Philip Graves Times reveló la medida de la similitud entre los dos textos, se hizo evidente que los Protocolos no son un documento auténtico.
Philip Graves se dio cuenta inmediatamente del parecido extraordinario entre estos Diálogos de Joly y los Protocolos de Nilus. Había párrafos enteros que habían sido copiados literalmente, mutatis mutandis por el cambio entre diálogo (entre los dos franceses) y monólogo (del «sabio de Sión»).
Graves había hecho un descubrimiento de la mayor importancia. En tres largos artículos publicados en el Times de Londres de los días 16 a 18 de agosto de 1921, reveló la verdad sobre la falsedad de los Protocolos.
Graves demostró que el autor, quizás el mismo Nilus, había simplemente plagiado los Diálogos de Jolý, cambiando el original y agregando material (en parte copiado de Goedsche, otro autor antisemita de mediados del s. XIX) para servir a sus propósitos.
En total hay más de 160 pasajes en los Protocolos (correspondientes a un 40% del texto total), que están evidentemente basados en pasajes en Joly. En nueve de los capítulos, el texto copiado alcanza a más del 50%.
Hay que señalar que a veces Nilus se equivoca, pierde el hilo y no entiende quién está hablando, ya que mezcla los juicios contradictorios de los dos personajes de la obra de Joly.
Cita en latín
Un detalle interesante de los Protocolos, es la única cita en latín:[23] Per me reges regnant (‘por mí los reyes reinan’). Es una cita bíblica del libro de los Proverbios (8, 15, pero extraída de la Vulgata (la traducción católica de la Biblia). Es inconcebible que en el Congreso Sionista de Basilea, donde muchos (si no todos) los participantes hablaban o entendían el hebreo, el conferenciante hubiera tenido que recurrir a una traducción católica de la Biblia, en vez de citar el original hebreo: Bi melajim imlejú (‘por mí los reyes reinan’). Aunque debe recordarse que el texto de los protocolos no sería el conjunto de las actas originales del congreso en sí, sino una simple traducción de las supuestas actas originales hecha por un cristiano (Sergei Nilus).
Comentario a los Protocolos
En enero de 1938 el sacerdote católico francés Pierre Charlés publicó en la revista Nouvelle Revue Théologique un artículo comentando la influencia de los Protocolos en el sempiterno antisemitismo europeo:
Si se los toma como un programa, los Protocolos [...] son sólo una serie de divagaciones sin importancia, que delatan a cada momento la incoherencia del redactor y su ignorancia de las nociones más elementales. Nadie podría jamás llevar a ejecución ese programa, porque hormiguea de contradicciones y de visible insania. Está comprobado que estos Protocolos son una falsificación, plagiada torpemente a partir de la obra satírica de Maurice Jolý y compuesta con el fin de hacer odiosos a los judíos, excitando contra ellos las pasiones irreflexivas y ciegas de las personas más ignorantes.
El Congreso Sionista de Basilea (Suiza) de 1897 no tuvo absolutamente nada que ver con la composición del panfleto ruso. Se puede discutir sobre el fin perseguido por el autor de la falsificación. Parece, en verdad, que debe relacionárselo con la situación interna de Rusia y con el manifiesto zarista del 30 de octubre del mismo año. Pero no queremos examinar este punto para no mezclar conjeturas con esta conclusión de por sí clara.
El odio es como la legendaria túnica envenenada de Deyanira, de la que su esposo Hércules nunca logró desprenderse. El odio es el tesoro que el hombre más ferozmente guarda; y el hombre lapida con rabia a aquellos que intentan arrebatárselo.
Opinión y la influencia del texto en los antisemitas
Adolf Hitler
Su lectura por parte de Adolf Hitler, evidenciada en Mi lucha, fue determinante para avivar los prejuicios fanáticos del futuro dictador.
Con el paso del tiempo se ha convertido en libro de texto entre los grupos de ultraderecha, compartiendo estantería en las librerías dedicadas a este tipo de literatura con panfletos supremacistas blancos y obras en las que se niega el holocausto judío a manos de los nazis. En el interés nazi en extender el antisemitismo, se imprimieron cientos de miles de copias y se repartieron por muchos hogares (se dice que sólo la Biblia podía competir en número de ejemplares) y en las Juventudes Hitlerianas se hizo lectura obligatoria.
El propio Goebbels, en sus diarios, reflexiona sobre su utilidad como vehículo de propaganda antisemita y refiere que Hitler creía en su autenticidad (quedando claro que él mismo y otros sí tenían noticia de que se trataba de una falsificación).[cita requerida]
Henry Ford
El magnate automovilístico estadounidense Henry Ford financió varias ediciones del folleto ruso y creó una revista (The Dearborn Independent) dedicada a denunciar la supuesta existencia de un «peligro judío».
Luego reunió sus artículos de investigación antisemita en un extenso libro en cuatro volúmenes titulado El judío internacional, con el que pretendió demostrar a través de diversos ejemplos la veracidad de los Protocolos. Este libro no tuvo mucho éxito en EE. UU., sin embargo se popularizó rápidamente en Europa, donde fue traducido a 16 idiomas (entre ellos el alemán, por Theodor Fritsch) y, en 1922, se habían superado las 22 ediciones.
Acerca de los Protocolos en sí, en una entrevista publicada el 17 de febrero de 1921 en la revista New York World, Ford dijo: «La única declaración que voy a hacer respecto a los Protocolos es que encajan con lo que está ocurriendo. Tienen 16 años y encajan con la situación mundial hasta este momento».
Tanto la extensa obra de Henry Ford como Los protocolos de los sabios de Sión se volvieron elementos indispensables dentro de la propaganda antisemita de Hitler. No se conoce la razón del antisemitismo de Ford.
Uso contemporáneo
Al mismo tiempo que Los protocolos mantienen su popularidad en algunos países, desde la derrota de la Alemania Nazi en la segunda guerra los gobiernos y líderes políticos de la mayor parte del mundo han evitado sostener que Los protocolos representa una evidencia real de una conspiración judía. Sin embargo, este mito de una supuesta conspiración judía internacional, lejos de mitigarse con el paso del tiempo, continúa proliferando en lugares donde prima el antisemitismo. Uno de estos lugares es Oriente Medio, donde un gran número de regímenes y líderes árabes y musulmanes los consideran auténticos.
En países islámicos
En los países islámicos existe un público excepcionalmente receptivo a este mensaje. Innumerables discursos políticos, editoriales, y hasta dibujos animados se derivan de los Protocolos.[3] Debido a ello, las versiones en árabe de los Protocolos se han multiplicado, y son difundidas por diversos medios, desde fotocopias hasta Internet, pasando por textos académicos o la televisión por satélite. En 2002, la televisión estatal de Egipto trasmitió una miniserie basada sobre los Protocolos, un evento condenado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos.[3] En textos oficiales educativos elaborados por la ANP egipcia, se llegan a citar como referencia para «explicar» la política de Israel.[24] Los Protocolos llegan a ser citados para explicar teorías alrededor de hechos como el 11-S o el asesinato del primer ministro libanés.[25] Hamas, la organización palestina, se apoya en parte sobre los Protocolos para justificar sus actos de terrorismo contra civiles israelíes.[3]
Los respaldos pasados al texto de los presidentes Gamal Abdel Nasser y Anwar Sadat de Egipto, del presidente Arifs de Iraq, del rey Faisal de Arabia Saudita, y del coronel Muammar al-Gaddafi de Libia reciben hoy un eco en las más contemporáneas declaraciones desde el Gran Muftí de Jerusalén, el sheik Ekrima Sa'id Sabri, y Hamas hasta las realizadas por el ministro de educación de Arabia Saudita.
Tratamiento del texto en otras obras [editar]"La conspiración",[27] obra póstuma del dibujante y guionista de cómics Will Eisner, es una novela gráfica acerca de Los protocolos de los sabios de Sión desde su creación hasta la actualidad y cómo los han usado diversas asociaciones antisemitas. Will Eisner falleció en enero de 2005, poco después de la publicación de su novela gráfica que debía suponer, como escribió su autor en el prólogo, "un clavo más que hundir en el ataúd de ese aterrador fraude vampírico".
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