El Viento y los Vientos
En fin, nada cambia.
Pasa el tiempo, pasan las noticias, pero este planeta sigue siendo un gran árbol que se tambalea constantemente hacia un lado y hacia otro, pero que no termina de decidirse, pero esto es porque quien tiene el poder y la fuerza, el viento, no modifica sus planes. Ahora vengo por el norte, mañana vendré por el sur o quizás suroeste, pero tranquilidad, volveré al igual que hoy para golpear de nuevo por el norte no vaya a ser que mis cambios de dirección provoquen sublevaciones innecesarias.
Podemos decir que el viento normalmente al populacho no nos afecta directamente. Sólo lo tenemos en cuenta cuando viene con fuerza con ganas de impedir que sigamos un camino, ese que hemos decidido por gusto o por necesidad, seguramente sin haberlo meditado mucho, pero no por eso menos gustoso o menos necesario. Y es que rara vez nos topamos con el viento que nos empuja hacia el objetivo que tenemos en mente. También solemos dar con vientos bruscos, vientos que aparecen de la nada y nos agitan violentamente, vientos que de primeras nos parece que llegan única y exclusivamente para fastidiar, para molestarnos. Es cierto que estos, que suelen ser pocos, vienen para descolocarnos, en ese momento olvidamos que hay más allá de este viento que ha venido de golpe y lo primero que sale de nuestras bocas es una queja, un rechazo a la agresión. El problema es que antes de protestar no valoramos la calidad de esa brusquedad, su naturaleza y sus pretensiones. Y es que este viento brusco puede ser el viento del cambio, el que al terminar deja tras de sí la auténtica calma, la libertad pura, pero éste tras recibir insultos en tiempo record cesa y vuelve todo a la rutina ventosa aparentemente beneficiosa, pero completamente llena de incomodidades e injusticias. Hay que ser capaces de comprender antes de rechazar.
El refranero popular nos recuerda que Marzo es ventoso y Abril lluvioso, pero está demostrado que se intercambian roles, como los vecinos que se prestan la sal, porque en realidad no nos importa lo que le adjudican a cada mes lo que importa es lo que ocurre en ellos. Y es más que cierto que unos vientos, que a pesar de que la única flor que lleva el viento, en realidad los vientos, por apellido se la rosa, aparecieron y trajeron claveles un Abril de hace más de 30 años, y esto no ocurrió nada fue lejos, lástima que al otro lado de la frontera no llegaron esos nuevos vientos y lástima que la flecha de la veleta que nos enseñaba el sentido de esos vientos con claveles acabara marcándonos el signo contrario. Fueron vientos revueltos aquellos que aunque no pudieron acabar con toda la suciedad, al menos se llevaron consigo el polvo más sucio.
Otra sentencia refranera dice que quien siembra vientos recoge tempestades. Pero, ¿es esto cierto? ¿Estamos recogiendo tempestades de nuestro viento sembrado? Más bien son tempestades fruto de lo que unos sembraron y nos ordenaron a otros recoger, eso sí, los beneficios siguen siendo para el sembrador y no para el recolector.
Es muy posible que con estas líneas no diga nada comprensible, también es viable que lo haya dicho todo. Y es que las palabras se las sigue llevando el viento.
En fin, nada cambia.
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