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La Malvinas Asesinas

Info10/14/2008



Las Malvinas asesinas



Entre la medianoche del 1º de abril y el 14 de junio de 1982 la República Argentina libró una contienda armada con el Reino Unido de la Gran Bretaña. Aunque ninguno de los dos gobiernos declaró formalmente la guerra, ésta se libró intensamente con el empleo de elementos importantes de las fuerzas de aire, mar y tierra de los dos países, en el escenario geográfico de los archipiélagos en disputa -las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur-, aunque el escenario casi exclusivo de las operaciones fue el primero de ellos, su espacio aéreo y los mares vecinos. El conflicto tuvo amplias implicancias mundiales y, además de las muy sensibles pérdidas de vidas humanas y de recursos materiales, tuvo consecuencias de todo tipo. Los antecedentes históricos han sido reseñados en páginas anteriores. El acuerdo de comunicaciones de 1971 había abierto una instancia nueva en el marco de un mundo en el que el colonialismo tradicional parecía pasado de moda. Sin embargo, para 1981 las negociaciones se habían estancado hacia varios años. Las investigaciones
sobre el tema indican que desde fines de ese año la cúpula militar, en el marco de la transición Viola, Galtieri, reflotó antiguos planes de origen naval.

El nuevo presidente hizo cuestión central de su gobierno la recuperación de las islas con lo que, de haber tenido éxito en cumplir un viejo anhelo nacional, hubiera "quitado todas las banderas" a los políticos, diría luego. Era una manera de ganar espacio elevando una causa fuertemente arraigada en el sentir popular. De haber tenido éxito, el Proceso pudo obtener una salida concertada, tal vez con el mismo Galtieri al frente. (Entre otras cosas, pudo suponerse, un éxito en una "guerra limpia" -?- blanquearía las secuelas de la "guerra sucia".) A fines de febrero de 1982 tuvo lugar una nueva ronda de negociaciones entre los delegados argentinos (que no estaban al tanto de los plazos perentorios para obtener resultados positivos que se fijaba la Junta Militar) y del Reino Unido. La
cancillería argentina desautorizó el tono cordial del comunicado conjunto y señaló que el país se reservaba el derecho "de elegir libremente el procedimiento que mejor consulte a sus intereses". Un muy reducido grupo de altos oficiales había sido secretamente encomendado por la junta para preparar planes de ocupación de las islas si no se lograba en las negociaciones un resultado rápido y
concreto. Para el gobierno conservador de Margaret Thatcher, en tanto, la cuestión de las "islas Falkland" era un asunto totalmente secundario.
En marzo una operación de un empresario argentino para el desguace de instalaciones balleneras en las Georgias -acción autorizada en principio por los británicos pero ligada probablemente a una operación secreta de la Armada argentina- generó una serie de incidentes que aceleró la escalada. Entonces la junta aceleró la operación militar prevista inicialmente para mayo o julio. Subestimó totalmente la posible reacción británica y evaluó en forma totalmente equivocada -casi ingenua- los reales intereses de los Estados Unidos, sobreestimando el valor de sus relaciones con el gobierno de Reagan. Londres, por su parte, parece haber subestimado la probabilidad de una acción militar argentina hasta que fue demasiado tarde.
El 26 la junta dio orden a sus fuerzas de invadir Malvinas y otras islas en disputa. Cuando el gobierno inglés tuvo elementos suficientes para apreciar la amenaza, se movió con rapidez: se licitó la intervención de los EUA, apeló al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, movilizó sus propias fuerzas. En las últimas horas del 1° de abril, Reagan se comunicó telefónicamente con Galtieri
y lo instó a renunciar a toda acción de fuerza. Galtieri o no entendió el mensaje o no quiso (o ya no podía) detener las cosas: cerca de la medianoche una fuerza conjunta abrumadoramente superior al destacamento de marines que guarnecía Stanley tras un breve combate (que solamente cobró victimas entre los argentinos) el día 2 conquistó los objetivos previstos. Había comenzado la guerra que el brigadier Rubén O. Moro, en una detallada crónica, califica como "inaudita". A grandes rasgos este choque bélico internacional (el primero efectivamente librado por la Argentina en más de cien años) puede dividirse en tres etapas: la primera entre el desembarco argentino y el 30 de abril. En el terreno diplomático está dominada por la mediación norteamericana personalizada en
el secretario de Estado Alexander Haig, por la acción del Consejo de Seguridad de la ONU (donde los británicos obtuvieron el voto de la resolución 502 que demandaba el retiro de las fuerzas argentinas y la posterior celebración de negociaciones) y otras reacciones diplomáticas en el mundo: el bloque soviético mantuvo una actitud formalmente prescindente, la Comunidad Europea aprobó sanciones contra la Argentina, la OEA -con oposición norteamericana- apoyó el reclamo de soberanía nacional, sin avalar expresamente la ocupación por las armas. En el terreno militar las Junta Militar reforzó la guarnición de las islas, al tiempo que reservaba fuerzas para contener una posible acción hostil de Chile (cuyo gobierno dio apoyo encubierto a los británicos); del otro lado se organizó una poderosa expedición que incluyó finalmente alrededor de un centenar de naves y transportes. En la Argentina la noticia de la recuperación de lar islas (también desembarcaron tropas en las Georgias y Sandwich) lije recibida primero con sorpresa y luego generó una ola de entusiasmo que, pese a las reservas políticas hacia la dictadura, envolvió a sectores mayoritarios de la
dirigencia política, social, religiosa, empresarial y a nutridas multitudes que se manifestaron en las calles. Esa primera etapa finalizó con e1 6acaso de la "misión Haig" y con la rápida recuperación de las Georgias por las fuerzas británicas. El fin de la misión Haig tuvo uva ominosa consecuencia para la Argentina: EUA declaró su apoyo al Reino Unido y oficializó su colaboración logística. La segunda
etapa abarca del 1° a1 21 de mayo: en lo militar se centra en el exitoso intento británico de superar la oposición aeronaval argentina -no sin pagar su precio en hombres y unidades perdidos- y establecer una "cabeza de puente". El episodio más dramático (y el más costoso desde el punto de vista de la pérdida de vidas) lite e1 hundimiento del crucero ARA "General Belgrano" por un submarino nuclear de ataque, el 2 de mayo y litera de la "zona de exclusión" declarada por Londres. En el plano diplomático tuvieron lugar gestiones por medio del gobierno del Perú (instancia anulada por el hundimiento del "Belgrano", la OEA y la ONU. Resultaron inútiles: el gobierno de Thatcher buscaba la victoria militar y el de Galtieri insistía en la necesidad de obtener la transferencia de soberanía o seguridades para lograrla en un plazo preciso. El periodo final abarca del 1° de mayo al 14 de junio: en el campo diplomático -ya claramente estéril- se registran los esfuerzos de la diplomacia argentina para obtener el apoyo de los No Alineados reunidos en La Habana (Galtieri declaró que "en caso de necesidad Argentina recibirá la mano de quien se la quiera dar" y su canciller se reunió
cordialmente con Fidel Castro, en un gesto impensado solamente unas semanas antes). También tuvieron lugar algunos intentos del secretario general de la ONU, el peruano Javier Pérez de Cuéllar.
En el orden militar lo más destacado fueron los combates aeronavales en el estrecho de San Carlos y otros lugares y el avance de los paracaidistas y marines británicos contra las fuerzas terrestres argentinas que guarnecían Darwin-Goose Green (posición que cayó en los últimos dios de mayo) y, finalmente, Puerto Argentino (nombre dado a Stanley después del 2 de abril), donde se libraron las últimas batallas. En esos días visitó la Argentina el papa Juan Pablo II (que días antes había estado en Gran Bretaña). El 14 de junio, el general Mario B. Menéndez, gobernador militar de Malvinas -pese a las instancias de Galtieri para que continuara la lucha- firmó la rendición de sus fuerzas ante el general Jeremy Moore y la bandera del Reino Unido volvió a flamear sobre la antigua posesión colonial. En el orden mundial, la rápida, eficiente e implacable reacción militar de Inglaterra fue una demostración de fuerza que consolidó no solamente al gobierno conservador de Margaret Thatcher, sino también su alianza con los Estados Unidos y, por ende, la fortaleza de la OTAN. Anotó en sus Memorias el entonces secretario de Estado norteamericano: (...) Las Malvinas no era un problema aislado (...). Margaret Thatcher (...), casi mesiánicamente, lo tomó como una prueba de la fibra y decisión occidentales (...).
Era de vital importancia que el error argentino (sic) fuera señalado claramente para impedir que una potencia mayor lo volviera a cometer en un tema de mayor trascendencia que produjera consecuencias aún más graves. Si Gran Bretaña hubiera sucumbido ante esta agresión minúscula, hubiera sido, según palabras que me diera la Sra. Thatcher, como propagar por todo el mundo una señal
de consecuencias devastadoras...".





























































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