¿A quién pertenece un idioma?
¿Es un lenguaje propiedad de sus hablantes, o de la humanidad en su conjunto? ¿Hay que pedir permiso a las autoridades políticas de algún sitio antes de traducir una obra a otro idioma? ¿Es una forma de colonialismo introducir en un pueblo, vía su lenguaje, nuevas herramientas e ideas? ¿Debe una herramienta de comunicación tener propietarios, o sólo custodios? Son cuestiones de fondo que acaba de sacar a la luz un grupo de líderes tribales Mapuches, que han reprochado a Microsoft haber traducido Windows a uno de sus idiomas (el Mapuzugun o Mapudungun) sin consultarles antes.
Los Mapuches, cuya ferocidad en el combate aprendieron a temer tanto los Incas como los colonizadores españoles y los gobiernos independientes criollos durante siglos, incluso han acusado de piratería intelectual a Microsoft. Que, predeciblemente, argumenta que su intención no era más que facilitar a los mapuches el acceso a la sociedad de la información, como ya lo hiciera traduciendo su software al Mohawk, Quechua e Inuktitut, entre otros idiomas autóctonos americanos. En el caso del idioma de los Mapuches la cosa se complica, ya que carece de lenguaje escrito; o, mejor dicho, tiene 4 escrituras diferentes. Activistas mapuches han levado el caso a los tribunales en Chile, y se muestran dispuestos a llegar al Tribunal Supremo si hiciera falta. Los Mapuches forman aproximadamente el 4% de la población de Chile, y más del 66% de ellos hablan este idioma. Que, al parecer, sus líderes tribales consideran propiedad privada. Aunque quizá no esté de más consultar a los hablantes, sobre todo cuando una lengua tiene varias escrituras alternativas. La pregunta clave: ¿es el lenguaje una seña de identidad privativa, o una forma de comunicar? ¿Excluye, o incluye? Complicada cuestión...
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