dijo:Un hombre en su lecho de muerte reunió a su abogado, su doctor y el sacerdote de su parroquia y les entregó a cada uno un sobre con $25,000 en efectivo. A cada uno le hizo prometer que tras su muerte pondrían los tres sobres en su ataud, ya que quería tener suficiente dinero en la otra vida. Una semana más tarde el hombre murió. En el velorio, el abogado, el doctor y el cura depositaron un sobre en el ataud y se despidieron de su amigo. Casualmente, los tres se encontraron meses después. El cura, sintiéndose culpable, confesó que el sobre sólo contenía $10,000, ya que pensó que en lugar de desperdiciar ese dinero, podía aprovecharlo para una buena obra. El doctor, conmovido por la sinceridad del cura, confesó que él también se había quedado con parte del dinero y que el sobre sólo contenía $8,000. Para entonces el abogado estaba que expoltaba de ira. Dijo que estaba profundamente desilusionado del comportamiento de sus dos amigo. Y añadió: "Yo soy el único que respetó la promesa que hicimos a nuestro amigo. Quiero que sepan que el sobre que puse en el ataud contenía la cantidad completa. ¡De hecho, mi sobre contenía mi cheque personal por los $25,000!
dijo:Un ingeniero muere y como debe ser, llega al cielo. Toca la puerta del paraíso y sale San Pedro: "¡Hola!, ¿tú a qué te dedicabas en vida?" "¿Yo?, soy ingeniero." "¿Ingeniero? mmm... no, ésos no entran aquí, no estás en la lista." Como no el quedaba de otra, el ingeniero fue a tocar a las puertas del infierno: "Hola, vengo porque no me aceptaron en el cielo." "Ah ¿no? ¿y qué eres?" "Soy ingeniero." "¿Ingeniero? ¡pasa, pasa!" Después de estar varios meses soportando el calor, la peste a azufre, las largas caminatas, y demás inconvenientes del infierno, el ingeniero decidió hacer algunas mejoras, así que al poco tiempo el infierno contaba ya con aire acondicionado, ventiladores para sacar el espantoso olor, escaleras eléctricas, etc. Al cabo de un año, cuando Dios no oía ninguna queja del infierno, habló para ver como andaban las cosas: "Hola Satanás." "Hola Dios." "¿Cómo van las cosas?" "Uy, van de maravilla, con aquel ingeniero que mandaste..." "¿INGENIERO?, eso debe estar mal, te ordeno que me lo regreses, fue un error." "Ah no, eso sí no, el ingeniero es mío." "¡O me lo regresas o te demando!" Se oye la risa burlona de Satanás: "¡Ja ja ja!... ¿demandarme? ¿Y de dónde vas a sacar a un abogado para eso?"