InicioInfoMutantes entre nosotros parte 1

FUENTE: http://www.bibliotecapleyades.net/retorno_brujos/retorno_brujos07j.htm
El retorno de los brujos (original "Le Matin des Magiciens" es el título de un libro publicado en 1960, subtitulado "Una introducción al realismo fantástico". Lo escribió Louis Pauwels en colaboración con Jacques Bergier y trataba temas entonces novedosos: supuestos fenómenos parapsicológicos, civilizaciones desaparecidas, el esoterismo y su conexión con el nazismo, etc






DESVARÍO SOBRE LOS MUTANTES






El niño astrónomo. — Un acceso de fiebre de la inteligencia. — Teoría de las mutaciones. — El mito de los Grandes Superiores. — Los Mutantes entre nosotros. — Del Horla a Leonard Euler. — ¿ Una sociedad invisible de Mutantes? — Nacimiento del ser colectivo. — El amor a lo que vive.

En el transcurso del invierno de 1956, el doctor J. Ford Thompson, psiquiatra del servicio de educación de Wolverhampton, recibió en su gabinete a un muchachito de siete años que preocupaba a sus padres y a su preceptor.

«Evidentemente, no tenía a su disposición las obras de los especialistas —escribe el doctor Thompson—. Y, si las hubiese tenido, ¿habría podido siquiera leerlas? Sin embargo, conocía las respuestas justas a problemas de astronomía de extremada complejidad.»

Impresionado por el examen de este caso, el doctor resolvió investigar sobre el nivel de inteligencia de los escolares y comenzó el examen de cinco mil niños en toda Inglaterra, con la ayuda del «Consejo Británico de Investigaciones Médicas», de los médicos de Harwell y de numerosos profesores de universidades. Después de dieciocho meses de trabajos, le pareció evidente que se producía «un brusco acceso de fiebre de la inteligencia».

«De los últimos noventa niños de siete a nueve años que interrogamos, veintiséis tenían un cociente intelectual de ciento cuarenta, lo que equivale al genio, o poco menos. Creo —prosigue el doctor Thompson— que el estroncio noventa, producto radiactivo que penetra en el cuerpo, puede ser responsable de ello. Este producto no existía antes de la primera explosión atómica.»

Dos sabios americanos, C. Brooke Worth y Robert K. Enders, en una importante obra titulada The Nature of Living Things, creen poder demostrar que la agrupación de los genes sufre actualmente una perturbación y que, por el efecto de influencias todavía misteriosas, está apareciendo una nueva raza de hombres, dotada de poderes intelectuales superiores. Se trata, naturalmente, de una tesis que hay que acoger con reservas. Sin embargo, Lewis Terman, después de haber estudiado durante treinta años a los niños prodigio, llega a las siguientes conclusiones:

«La mayoría de los niños prodigio perdían su cualidad al pasar a la edad adulta. Ahora parece que se convierten en adultos superiores, con una inteligencia sin parangón posible con los humanos de tipo corriente. Tienen una actividad treinta veces mayor que un hombre normal bien dotado. Su "índice de logros" está multiplicado por veinticinco. Su salud es perfecta, así como su equilibrio sentimental y sexual. En fin, se libran de las enfermedades psicosomáticas y, particularmente, del cáncer.»

¿Es esto cierto? Lo seguro es que asistimos a una aceleración progresiva, en el mundo entero, de las facultades mentales, en correspondencia, por lo demás, con las facultades físicas. El fenómeno es tan claro, que otro sabio americano, el doctor Sydney

Pressey, de la Universidad de Ohio, acaba de formular un plan para la instrucción de los niños precoces, capaz, según él, de proporcionar trescientas mil altas inteligencias por año.

¿Se trata de una mutación en la especie humana? ¿Asistimos a la aparición de seres que se nos parecen exteriormente y que son, sin embargo, distintos? Éste es el formidable problema que vamos a estudiar. Lo cierto es que asistimos al nacimiento de un mito: el del mutante. El nacimiento de este mito, en nuestra civilización técnica y científica, no puede carecer de significación y de valor dinámico
Antes de abordar este tema, conviene observar que el acceso febril de la inteligencia, comprobado entre los niños, trae consigo la idea sencilla, práctica, razonable, de un mejoramiento progresivo de la especie humana por la técnica. La técnica deportiva moderna ha demostrado que el hombre posee recursos físicos que aún están lejos de agotarse. Los experimentos en curso sobre el comportamiento del cuerpo humano dentro de los cohetes interplanetarios han revelado una resistencia insospechada. Los supervivientes de los campos de concentración pudieron medir la extrema posibilidad de defensa de la vida y descubrir recursos considerables en la acción recíproca de lo psíquico y lo físico. En fin, en lo que atañe a la inteligencia, el próximo descubrimiento de técnicas mentales y productos químicos capaces de activar la memoria, de reducir a poco más que nada el esfuerzo de aquélla, nos abre perspectivas extraordinarias. Los principios de la ciencia no son en modo alguno inaccesibles a un espíritu normal.

Si se descarga al cerebro del estudiante del enorme esfuerzo de memoria que debe realizar será totalmente posible enseñar la estructura del núcleo y de la tabla periódica de los elementos a los alumnos de segunda enseñanza y hacer comprender la relatividad y los quanta a un bachiller. Por otra parte, cuando los principios de la ciencia se propaguen de una manera masiva por todos los países, cuando se centuplique el número de los investigadores, la multiplicación de las ideas nuevas, su mutua fecundación, sus relaciones multiplicadas, producirán el mismo efecto que un aumento en el número de genios. Mejor aún, pues el genio es a menudo inestable y antisocial. Es probable, por lo demás, que una ciencia nueva, la teoría general de la información, permita en fecha próxima precisar cuantitativamente la idea que exponemos aquí de un modo cualitativo. Repartiendo equitativamente entre los hombres los conocimientos que ya posee la Humanidad, y fomentados los intercambios de manera que produzcan combinaciones nuevas, se aumentará el potencial intelectual de la sociedad humana con la misma rapidez y seguridad que si multiplicamos el número de genios.

Esta visión debe ser mantenida paralelamente a la visión más fantástica del mutante.

Nuestro amigo Charles Noël Martin, en una extraordinaria comunicación, reveló los efectos acumulativos de las explosiones atómicas. Las radiaciones producidas en el curso de los experimentos desarrollan sus efectos en proporción geométrica. La especie humana se arriesgaría, pues, a ser víctima de mutaciones desfavorables. Además, desde hace cincuenta años el radio se utiliza en todo el mundo sin un serio control. Los rayos X y ciertos productos químicos radiactivos se explotan en múltiples industrias. ¿En qué proporción y cómo afecta esta radiación al hombre moderno? Nada sabemos del sistema de las mutaciones. ¿No podrían producirse así mutaciones desfavorables? Al hacer uso de la palabra en una conferencia atómica de Ginebra, Sir Ernest Rock Carling, patólogo al servicio del Home Office, declaró:

«Así podemos esperar que, en una proporción limitada de casos, estas mutaciones produzcan un efecto favorable y creen un niño genial. Aun a riesgo de provocar la extrañeza de la honorable concurrencia, afirmo que la mutación que nos dará un Aristóteles, un Leonardo da Vinci, un Newton, un Pasteur o un Einstein, compensará sobradamente los efectos menos afortunados en los otros noventa y nueve casos.»

Ante todo, una palabra sobre la teoría de las mutaciones.

A finales de siglo, A. Weismann y Hugo de Vriés renovaron la idea que se tenía de la evolución. El átomo, cuya realidad empezaba a descubrirse en el campo de la física, se había puesto de moda. Aquéllos descubrieron «el átomo de herencia» y lo localizaron en los cromosomas. La nueva ciencia de genética así creada actualizó los trabajos realizados en la segunda mitad del siglo XIX por el monje checo Gregor Mendel. Hoy parece indiscutible que la herencia es transformada por los genes. Éstos están fuertemente protegidos contra el medio exterior. Sin embargo, parece que las radiaciones atómicas, los rayos cósmicos y ciertos venenos violentos, como la colquicina, pueden alcanzarlo o hacer doblar el número de cromosomas. Se ha observado que la frecuencia de las mutaciones es proporcional a la intensidad de la radiactividad. Ahora bien, la radiactividad es hoy treinta y cinco veces superior a lo que era a principios de siglo. Luria y Debruck, en 1943, y Demerec, en 1945, nos proporcionaron ejemplos precisos de selección entre las bacterias por mutación genética por efecto de los antibióticos. En estos trabajos, vemos cómo se opera la mutación-selección tal como la había imaginado Darwin. Los adversarios de la tesis de Lamarck, Mitchurin y Lissenko, sobre la herencia de los caracteres adquiridos, parecen, pues, tener razón. Pero, ¿se puede generalizar pasando de las bacterias a las plantas, a los animales y al hombre? No nos parece dudoso. ¿Existe un control de mutaciones genéticas en la especie humana? Sí. He aquí un caso cierto:

Este caso está sacado de los archivos del hospital especial inglés de enfermedades infantiles, de Londres. El doctor Louis Wolf, director de este hospital, calcula que nacen en Inglaterra treinta mutantes fenilcetónicos por año. Estos mutantes poseen genes que no producen en la sangre determinados fermentos que actúan en la sangre normal. Un mutante fenilcetónico es incapaz de disociar la fenilalanina. Esta incapacidad hace al niño vulnerable a la epilepsia y al eccema, provoca en él una coloración gris cenicienta del cabello y hace al adulto propenso a las enfermedades mentales. Cierta raza fenilcetónica, al margen de la raza humana normal, vive, pues, entre nosotros... Aquí se trata de una mutación desfavorable: pero, ¿por qué negar la posibilidad de mutaciones favorables? Los mutantes podrían tener en su sangre productos susceptibles de mejorar su equilibrio físico y de aumentar su coeficiente de inteligencia muy por encima del nuestro. Podrían llevar en sus venas sedantes naturales que los pusieran al abrigo de los choques psíquicos de la vida social y de los complejos de angustia. Formarían, pues, una raza diferente de la humana y superior a ella. Psiquiatras y médicos observan lo que funciona mal. ¿Cómo observar lo que funciona más que bien?

En el orden de mutaciones hay que distinguir varios aspectos. La mutación celular que alcanza a los genes, que no tiene descendencia, nos es conocida en su forma desfavorable: el cáncer, la leucemia, son mutaciones cehilares. ¿Hasta qué punto se podrían producir mutaciones celulares favorables, generalizadas en todo el organismo? Los místicos nos hablan de la aparición de una «carne nueva», de una «transfiguración».


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