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Grandes comediantes

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El fin de este post es rescatar del injusto olvido a grandes comediantes del teatro y el cine nacional, que no tienen, en la actualidad, el reconocimiento que merecen. quizás opacados por la efímera fama de los mediáticos de turno.

FRANCISCO ÁLVAREZ



Francisco Álvarez, el gran capocómico argentino

Desconocido para las jóvenes generaciones, nunca es tenido en cuenta cuando se recuerda a los más importantes cómicos argentinos, a pesar de haber sido uno de los mejores que hemos tenido.
Afortunadamente a veces se suelen ver algunas de sus películas en canal Volver.
Francisco Álvarez nació en Buenos Aires en 1892, y falleció en Lanús el 21 de abril de 1960. Sus restos reposan en el Cementerio de la Chacarita, en el Panteón de Actores.
Trabajó en más de cincuenta películas:
(International Movies Data Base www.imdb.com)


PEPE IGLESIAS, "El Zorro"



José Ángel Iglesias Sánchez, conocido artísticamente como Pepe Iglesias, "El Zorro", nació el 7 de febrero de 1915 en Buenos Aires, y falleció de un ataque cardíaco en Santiago de Chile, el 4 de marzo de 1991. Su popularidad se dio en todos los países de habla hispana.
Trabajó en cine, teatro y televisión, pero el ámbito donde cimentó su fama fue la radio.
Comenzó en Radio El Mundo haciendo imitaciones y creando personajes con su voz. Brilló en las décadas del ’40 y ’50.
Filmografía: (International Movies Data Base www.imdb.com )


SUSANA BRUNETTI



Susana Brunetti nació en Buenos Aires en 1941, y falleció de cáncer a los 33 años en la misma ciudad, el 20 de junio de 1974. Actriz de comedia, vedette, fue partenaire de todos los grandes cómicos de la época. Su éxito más importaante en la TV llo logró con "Gorosito y Sra.", junto a Santiago Bal. También intervino en el film basado en el cuento de Jorge Luis Borges "El hombre de la esquina rosada", de René Mugica, junto a actores de la talla de Susana Campos y Francisco Petrone. Su filmografía incluye: (International Movies Data Base www.imdb.com)



Fidel Pintos, el gran sanatero


Monsieur Canesú


Peluquero Fidel Pintos y Bombero Alberto Olmedo. Detrás: Javier Portales y Jorge Porcel


¿Cómo no recordar a aquel genio fundador de la oratoria nacional, a aquel de quien la clase dirigente aprendió cómo hablar horas sin decir nada pero dando la apariencia de estar hablando de algo capital? Señoras, señores, Fidel... Pintos.

EL NACIMIENTO DE UNA NARIZ

Fidel PintosFidel Pintos nació el 28 de agosto de 1905 en la ciudad de Buenos Aires, más precisamente en el Bajo Belgrano. Tenía seis hermanos, y como es frecuente en los porteños amantes del fútbol, dividía su corazón entre el club de su barrio, el sufrido Defensores de Belgrano, y un equipo de la Primera División, en su caso el poderoso River Plate, que en la década del '30 inauguraría su estadio en las inmediaciones. ¿Señas particulares? Una narizota llamativa, de la que él mismo luego sabría reírse con elegancia: "un domingo fui a la cancha de San Lorenzo y al salir un policía me pidió documentos. Le entrego la libreta y me dice 'éste no es usted, no se parece en nada'. Lo que sucede - le contesté al agente - es que la nariz sigue en la otra página, a la vuelta..."

Comenzó a trabajar a los 14 años, como cadete del Banco Holandés. El joven Fidel, empero, tenía más vocación por el teatro que por las diligencias, algo que a sus padres no les gustaba demasiado. Dos de sus hermanos eran empleados del Correo Argentino, y a través de ellos ingresó a la institución. Trabajó en la sucursal de San Isidro y luego en el Correo Central, hasta que en 1933 perdió su empleo junto con otros miles, merced a un eufemismo tan miserable como "racionalización del personal". Los cesantes eran miles y miles, y la miseria y el hambre hacían estragos: unos pocos años después, un informe del Ejército argentino decía que casi la mitad de los jóvenes que se presentaban a cumplir con el servicio militar obligatorio debían ser dados de baja por no ser físicamente aptos. No por nada a la década del '30, en Argentina, se la conoce como la Década Infame.

UNA HORTALIZA QUE HAGA REÍR

Fidel quedó en la calle, pero paradójicamente, perder el trabajo lo empujó en el camino de la actuación. Integraba el grupo teatral "Churrinche", de Domingo Sapelli, y para ganarse unos pesos animaba bailes y presentaba orquestas de tango. A veces se olvidaba lo que tenía que decir y salía del paso con las primeras palabras que le venían a la mente. Los que no prestaban atención a las palabras del presentador no notaban nada raro, porque el tono era serio, formal, el adecuado: los que lo escuchaban raramente entendían mucho más que el nombre del número que seguía a continuación. Un día de 1938, en uno de esos shows, faltó un recitador que estaba en el programa, y Fidel salió del paso hablando de malvones, de glicinas, de ladrillos, de tango y de muchas cosas que nadie entendió pero que causaron mucha gracia.

Un tiempo después, Fidel presentaba a una orquesta en el auditorio de la entidad gremial de los choferes de tranvías y colectivos, la UTA. A medianoche bajó al bar a tomar algo y se prendió en una charla en la que no dijo absolutamente nada inteligible, pero su semblante y su actitud transmitían el convencimiento de que estaba expresando ideas de lo más importantes. Los parroquianos se veían tan divertidos que llamaron la atención del cantinero, que le ofreció a Fidel pagarle el doble de lo que le pagaban por presentar a la orquesta por una hora de actuación. Había nacido la sanata, que según los diccionarios del lunfardo (el argot de Buenos Aires) es una "forma de hablar confusa, incomprensible, en la que se expone un argumento sin sentido ni ideas claras".

Pocos trabajos más difíciles y más nobles había en aquella Argentina que hacer reír a la gente. El propio Fidel acuñó una bella frase que habla de esa dificultad y de la dignidad del oficio: "uno pica una cebolla y se pone a llorar; tráigame usted una hortaliza que me haga reír".

UN PORTEÑO DE LEY

En los años '40, Fidel llegó al teatro de revistas, rubro en el que tuvo la suerte de vivir su era dorada, que llegó hasta mediados de los '70. Actuó en las principales salas: el Teatro Maipo, el Casino, el Comedia, el Nacional, en cabarets como Marabú y Tabarís y hasta en el famoso "colmao" El Tronío.

Sobre el final de la década comenzó a actuar en Radio Callao y, en 1948, participó en su primer película, "Novio, marido y amante", protagonizada por Enrique Serrano. Sus dos primeros papeles protagónicos llegarían en 1951, con "La vida color de rosa" y "El hermoso Brummel".

Fidel como "Mesié Canesú"En la buena, Fidel no se olvidaba de las malas que había pasado: como una vez dijera, "un actor es un señor que hoy come faisán y mañana se come las plumas". Fidel se había hecho en una escuela dura, y tal vez esa sea la razón de sus cualidades poco menos que de hombre renacentista: también reveló ser un buen compositor musical ("músico de oreja", se definía). Así lo atestiguan sus valses ("Náufrago", grabado por Mercedes Simone y por Alberto Marino; "Te vi partir", por Hugo del Carril; "Andate", por Horacio Guarany) y el tango "Una copa más" y el bolero "Evocación tropical", en ambos casos compartiendo la autoría con Manuel Flores y Carlos Bahr.

En 1950, en Radio Callao, daba vida a dos personajes, Churrinche y el recordado Mesié Canesú (imagen), su primer gran éxito: un modisto afrancesado y bastante chanta, de léxico rebuscado y cursi y una irrefrenable tendencia a dar consejos absurdos. Canesú pasó de Callao a Radio Splendid, se emitió durante ocho años y cesó el día en que falleció su libretista, Manuel Meaños. Todavía se recuerdan las palabras de despedida del modisto a sus imposibles admiradoras: "besitos, besitos a todas ¡leonas mías!".

En 1959, en "Calle Corrientes", alumbró a otro de sus personajes radiales más populares, Placé, un porteño simpático, fanático de las carreras de caballos, que siempre tenía la "precisa" pero que nunca salía de perdedor, y que solía decir: "yo fumo un paquete de rubios y otro de negros. Para cambiar de tos, ¿sabés?"

LOS AÑOS SESENTA

Los '60 son los años de Fidel, como todo el mundo sabe... Llega a la TV con "Viva contento", por Canal 7, en 1962. Pero su mejor época en la televisión llegaría un poco después, del brazo de los hermanos Gerardo y Hugo Sofovich en la primera época de "Operación Ja Ja". Los papeles más recordados son tres:

* el profesor Fidelius, un adivino cuya bola mágica era capaz de cualquier disparate. Su incondicional ayudante era el Hermano Pequeninus (Eddie Pequenino), y es un remoto precedente del memorable y mucho más zarpado Manosanta de uno de sus amigos y protegidos: Alberto Olmedo.

* el peluquero Don Mateo (¡sí, el mismo sketch que Gerardo Sofovich ha reciclado de todas las maneras posibles durante cuarenta años!). El cliente era nada menos que Javier Portales, y los papeles secundarios eran un lujo. Todos los programas aparecían un lustrabotas, interpretado por Juan Carlos Altavista, y un treintañero Jorge Porcel que le traía ofertas "pulenta, pulenta" a Portales con la idea de sacarle un peso (por ejemplo, pasajes a las Cataratas del Iguazú para lavarse la cabeza...). También actuaban Jorge Luz, María Rosa Fugazot y Carlos Carella y, cada vez que alguien decía casualmente la palabra "fuego", entraba un bombero demencial accionando un extinguidor: Alberto Olmedo. Comparen con las reediciones posteriores, incluso con la de Porcel como Don Mateo y Rolo Puente como el cliente, que solía ser bastante graciosa. [Nótese que la foto de la derecha incluye a Fidel Pintos, Olmedo, Gardel - desde el cuadro - Portales y Porcel. ¡Ésas son delanteras, fiera!]

* el integrante de la barra de café de "Polémica en el bar" (¡sí, el otro sketch que Gerardo Sofovich ha reciclado de todas las maneras posibles durante cuarenta años!). Fidel integró la que se reconoce unánimemente como la mejor de todas las (muy variadas) mesas: la que compartiera con Porcel, Altavista, Portales y Adolfo García Grau. Su capacidad para la sanata adquirió aquí ribetes de leyenda: entre susurros, frases entrecortadas e inentendibles y palabras grandilocuentes, Fidel podía acreditarse, con tono catedrático, haber descubierto a Guillermo Vilas, o dado el empujón decisivo a Carlos Monzón, o haber tenido sentada en la falda a Sofía Loren. Se hizo tan popular a lo largo de los años que el presidente Juan Domingo Perón, en 1973, lo parafraseó en un discurso ante la CGT sobre el tema de las paritarias: "yo aquí podría decir como Fidel Pintos: 'la inventé yo''' .(Al programa siguiente, Pintos, en vez de sentarse a la mesa común, se sentó solo en un rincón y no le prestaba atención a sus compañeros...). Otra aparición notable, en el sketch, sucedía cuando se desataba la inevitable y esperada pelea final entre Altavista y García Grau, que era interrumpida, de manera no menos esperada, por Fidel Pintos, que amagaba sacar una pistola que nunca se vio y que todos reputaban otra de sus invenciones. El rostro serio e imperturbable de Fidel en esa situación era más gracioso que cualquier mueca.

El éxito del programa hizo crecer aún más el respeto por Fidel. Cuando, en 1968, los Sofovich pensaron en que, en cada programa, uno de los integrantes del elenco presentara a los demás, fue la lógica primera elección. Claro que en el tercer programa, el elegido fue Olmedo, quien para esa circunstancia inventó al recordado Rucucu, y el rol dejó de ser rotativo...

Disco de Chistes hoy casi inhallableOlmedo era un gran admirador de Fidel, y ambos tenían una relación casi de padre a hijo. Ambos también grabaron a dúo un hoy inhallable disco de chistes pícaros para Microfón (imagen). Pintos le vendió a Olmedo su primer quinta de fin de semana, dándole las llaves antes de empezar a hablar de plata, y fue el padrino de bautismo de Javier, el cuarto de los hijos del Negro. Algunos gestos y trucos actorales de Pintos son perceptibles en Olmedo, en especial en el justamente célebre sketch de Borges y Álvarez que Olmedo jugara con Portales en los años '80, y en el inolvidable discurso que Olmedo hace, como candidato a vicegobernador en las fraudulentas elecciones de la década del '30, en la película "Las mujeres son cosa de guapos", discurso que de tan sanatero bordea el dadaísmo inconsciente.

Otra consecuencia del éxito televisivo fue un reverdecimiento de los laureles de Fidel como actor de cine: de esta época, entre otras, son "La cigarra está que arde" y "Coche cama alojamiento" (1967), "Villa Cariño está que arde" y "Corazón contento" (1968) y "El hombre del año" (con Olmedo, 1970). También tiene pequeños papeles en las películas de los Sofovich (en "Los caballeros de la cama redonda", filme inaugural del dúo Porcel - Olmedo, en "Los vampiros los prefieren gorditos", donde hace de absurdo capataz de la estancia de Portales) y, como en "Corazón contento" (donde acompañaba a Palito Ortega) tiene un rol secundario en una película de otro cantante popular de la época: es el recordado portero venal de "Quiero llenarme de ti", el éxito cinematográfico de Sandro de 1969. Inolvidable su frase cuando percibe la coima por dejar pasar a las chicas a ver al astro: "soy un sentimental..."

¿FIDEL? LO INVENTÉ YO

Fidel ganó en 1970 el Premio Martín Fierro a la mejor actuación humorística en TV. En los años posteriores seguía en "Operación Ja Ja", en el teatro de revistas, en el cine, en la radio (por Splendid hacía "Discosanatas en alta Fidel... idad y Pintos... fonía", con libros de Víctor Harriague), disfrutaba de la compañía de su esposa María Claudina, de su hijos y de sus nietas. En 1974 había estrenado dos películas (la ya citada "Los vampiros..." e "Intimidades de una cualquiera", de la dupla Isabel Sarli - Armando Bó) y estaba en plena actividad cuando lo sorprendió la muerte, el 11 de mayo. Desde entonces, su cuadro preside las cada vez más gastadas mesas de "Polémica en el bar", y hay quien dice que su sonrisa gardeliana es cada año más sanateada.


ADOLFO STRAY



Stray haciendo referencia a su condicion de judio terminaba sus programas televisivos con una muletilla que decia " Hay tres cosas que no puedo decir Goivos, joives y noive" relacionadas a las palabras huevos, jueves y nueve.

Algunos decian que lo del nueve era por el canal que lo cobijaba donde hacia sus representaciones, el canal nueve pertenecia al Zar de la television Alejandro Romay , que ademas promocionaba a los artistas argentinos poniendo la mayoria de sus programaciones producciones locales y pocas en latadas

Los artistas del canal nueve tenian amplia accion de trabajo en el teatro, Romay tambien era dueño de varios teatros ,

Lo del jueves era por su dia de presentacion en el aire casi en aquella epoca no se usaban las videograbaciones y para Stray era un excelente entrenamiento actoral previo a sus presentaciones teatrales , El teatro de revista era sus especialidad , Stray siempre trabajo compartiendo cartelera con importantes fuguras nacionales

Lo de huevo habia varias interpretaciones , algunas relacionadas con que era algo que le gustaba comer pero que su enfermedad se lo prohibia ( le fue amputada una pierna y aun asi seguia actuando) .

Otras malas lenguas lo relacionaban con su vida teatral de revistas rodeada de exhuberantes bataclanas y un ambiente que en aquellas epocas era muy licencioso .

Adolfo Stray era sinonimo de revista teatral, y sinonimo de Capocomico.


MARCOS ZUCKER - actor con mayusculas




A travez del cine la television o el teatro este artista fue un actor con mayusculas , dueño de una gran sensibilidad sufrio los embates de la dictadura.

Actuo junto a grandes leyendas de la escena nacional , mostrando en sus ultimos años un perfil sencillo propio de los grandes.

Marcos Zucker andaba por la vida con esa mueca de gracia tan suya y una pena en el alma.

Más de una vez —y muchas fueron, luego de la desaparición de uno de sus tres hijos durante la dictadura— deseó su propia muerte.

Y se animó a dibujarla en el aire con frases como

"El día que me vaya, pocos se darán cuenta, serán unos cinco o seis... "

"No es que no me sienta querido, es que los que podrían llorarme ya no están."

"Para ese día no querré lágrimas: me gustaría un aplauso cerrado"

A unos meses de esas palabras, Zucker murió en su casa de Barrio Norte, cuando un paro cardíaco le frenó la vida, que ya andaba a paso lento, con 82 años y una pena de ésas que no se olvidan.

Con un cuadro clínico que cada tanto lo sorprendía con dolencias cardíacas e intestinales, el actor había sido internado varias veces desde hacía cuatro años antes de morir.

Durante la última entrevista con Clarín bromeaba sobre las cinco pastillas que debía tomar y su vieja medida diaria de whisky que ya no debía tomar.

Su médico de cabecera se la había prohibido a principios del 2000.

Zucker se ufanaba de que el líquido no bajara la línea de birome que su mujer había grabado sobre el vidrio a modo de control.

"Okey, el alcohol lo entrego, las "chuchis" no. No se puede vivir sin vicios",

Sostenía el hijo de inmigrantes polacos, criado en las calles empedradas del Abasto.

Cuando hablaba de las "chuchis", hablaba de las carreras de caballos. "Su perdición", acotaba en medio tono Susana, su mujer desde hacía 10 años.

Apostar por un galope desenfrenado era parte de su rutina diaria y no siempre pasaba luego por ventanilla.

"Debe ser feo ser siempre un ganador",

tiraba como chascarrillo repetido.Chascarrillo, por otra parte, que usó más de una vez en los últimos años, cuando conseguir trabajo como actor le costaba más de la cuenta.

Muchos "no", varios bolos (mínimas apariciones en pantalla) y algún que otro papel chico, como el "viejo buenazo" que le tocó en "Angel, la diva y yo", la película de Pablo Nissenson.

Para esa misma época, mediados del 2000, también lo llamó Víctor Laplace para que formara parte del elenco de su opera prima, "El mar de Lucas": en ese papel "decía algo así como acá, a cuatro cuadras.

Respondía eso."Era chiquito, pero era trabajo".

En 76 años de carrera, su mejor época laboral la vivió en los 60, cuando el teatro, el cine y la TV lo tenían en varios elencos simultáneamente.

Su mayor huella la dejó su paso por "La tuerca", con una nutrida galería de personajes y un animarse a probar suerte con la improvisación en cámara, que por aquellos años era toda una osadía. Y él supo salir airoso.

Así como rápidamente encontraba un título de programa o de película para recordar sus éxitos, tampoco le quitaba el cuerpo a hablar de sus malos tragos en la actuación:

"Cuando me sacaron de "Cebollitas" (2000) me sentí mal. La falta de respeto me duele. Y que los productores jóvenes no conozcan a los actores de mi generación no es culpa nuestra", se quejó más de una vez.



Se sentía desplazado, aunque insistía en presentarse en las productoras cuando sabía que buscaban un abuelo.

Dueño de una memoria prodigiosa que sólo empezó a flaquear cuando cumplió los 80, recordaba con mucha precisión sus inicios en la actuación,



cuando apenas tenía 6 años: "Estaba en la compañía infantil de Angelina Pagano. Me acuerdo que en un patio criollo canté las estrofas de Garufa. Por eso los pibes del barrio me llamaban Garufa... Hasta que cumplí los 20 y eso ya sonaba feo".

Admirador de Carlos Gardel y bien entonado para entrarle —sólo en reuniones de amigos— al dos por cuatro, formó parte de esa compañía teatral hasta la adolescencia.

Luego se inclinó por el teatro de revista y bien entrada la década del 50 alternó con el cine y la televisión.

Varias estatuillas daban cuenta de sus cosechas en festivales y entregas de premios.

De todos, él siempre destacaba el Trinidad Guevara que recibió en 1998 y le valió —amén de la pensión vitalicia en pesos— una ovación de sus colegas durante más de cuatro minutos.

Hasta su paso por las películas de Laplace y Nissenson, había estado cuatro años sin trabajar. De ahí para acá tampoco pasaba letra ajena: sólo se lo veía en la televisión como invitado de los magazines de la tarde. Se lo solía presentar como "una gloria de la TV".

En una TV que, curiosamente, lo tenía de prestado.


ALFREDO BARBIERI



Alfredo Barbieri (Buenos Aires, 1923 - San Juan de Puerto Rico, 1985) fue un actor y comediante argentino. Fue padre de la actriz Carmen Barbieri.

Se constituyó en una de las grandes figuras del teatro porteño de revistas de la década de 1950 donde se destacó con sus fonomímicas junto a otro grande del género que fue Don Pelele con quién formó una dupla exitosa y memorable que arrasó con el público y las criticas y que en siglo XXI, son de culto. Luego de este arrasante éxito fueron convocados para realizar cine, filmando varias películas bajo la dirección de Enrique Carreras, dando comienzo al genero picaresco.

En dichas filmaciones incorporaron a otros dos genios del varieté, los hermanos Tono y Gogo Andreu, y aprovechando -al igual que los cinco grandes del buen humor- el boom del mambo, trajeron a otra bailarina despampanante de origen cubano que es Amelita Vargas.

La pareja que integró con Don Pelele se disolvió en 1966, luego siguieron caminos separados, tanto en cine donde trabaja junto a la genial Niní Marshall, como en televisión donde se lució no solo en Argentina sino también en Puerto Rico, donde falleció en 1985.

ENRIQUE SERRANO


Enrique Serrano con Niní Marshall

Enrique Serrano tenía luz propia y sus personajes siempre chantas, muchas veces falsos aristócratas, daban cuenta de una forma de tomarse la vida con poca solemnidad, siempre en función de darle felicidad al público. Compañero ideal de Niní Marshall, Paulina Singerman, Mirtha Legrand, Olga Zubarry, Zully Moreno y otras grandes estrellas.

La hija del legendario capocómico, Tina Serrano, recuerda que su padre empezó en el circo criollo muy joven, “una extraordinaria escuela en la que le pedían cinco cosas: saber tocar un instrumento musical, hacer algo –tipo malabares– con las manos, andar a caballo, usar el facón y dar un salto mortal. Tiempo después, hubo una ley que prohibió al circo criolloentrar a la Capital alegando que se trataba de marginales, gente de avería. Sin embargo, como decía mi padre: te exigían más que el Actor’s Studio. Lo del salto mortal es perfecto como metáfora porque cualquier forma de actuación es ponerse del otro lado.



Fuentes:
http://rescatedelolvido.blogspot.com
http://www.quintadimension.com/
http://www.teatro.meti2.com.ar/
http://es.wikipedia.org/
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