La pobre Helen recorría los suburbios perdida. Todos los rostros le eran ajenos. La ciudad es tan diferente del estanque. Éstas no fueron sus únicas desdichas, sino que además tenía una patita lastimada (no una hijita, sino su miembro inferior). Los intuitivos policías se dieron cuenta al verla que estaba extraviada.
Además, los agentes de la ley interpretaron que se trataba de una mascota ya que el aspecto y los modales del ave permitían observar que era muy apreciada y cuidada. Por este motivo, la policía dio intervención a la RSPCA, un organismo de protección de los animales domésticos. Esta institución pegó carteles anoticiando a la comunidad el extravío de Helen. De inmediato, los preocupados dueños de la pata se cruzaron con el cartel y fueron a buscarla.
Tracy Topham se presentó en la comisaría y con lágrimas en los ojos vio como el cabo de guardia abría el calabozo para liberar a Helen. Luego de abrazarse y de demostrarse su mutua estima, la propietaria dijo "creí que nunca más la vería, pero en cuanto vi el cartel corrí a buscar a mi Helen".
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