Gatos en la historia. [+Datos curiosos sobre los felinos].
Contenido del post:
Origen del gato.
Domesticación del gato.
Usos del gato.
Aparición de las razas.
Fotos de mi nueva gatita. (Es un plus[?])
La historia del gato se define sobre todo por la percepción que el hombre tiene del pequeño felino. Se cree que la domesticación del gato comenzó entre el 7500 y el 7000 a. C. La visión que el hombre tiene del gato difiere totalmente de una época a otra, yendo desde el Antiguo Egipto, cuando lo veneraban, hasta la Edad Media, cuando los quemaban en las hogueras.
La historia del gato a lo largo de décadas ha sufrido constantes cambios motivados principalmente por las creencias religiosas del momento, el entorno social y cultural o el contexto histórico donde ubicarlo.
Origen del gato.
Los carnívoros actuales comparten un antepasado común que probablemente esté relacionado con los miacis. Estos pequeños carnívoros de los bosques aparecieron hace alrededor de 60 millones de años y tenían la velocidad y la talla de las jinetas actuales, con un cuerpo alargado y una larga cola. Quedan pocos fósiles en el hemisferio norte.
El origen de los felinos está mal documentado en el registro de los fósiles ya que los antepasados de los félidos vivían normalmente en zonas tropicales, que no ofrecen buenas condiciones de fosilización. Las especies desaparecidas consideradas más cercanas al antepasado de los felinos serían el proailurus (pequeño carnívoro europeo y arborícola aparecido hace 40 millones de años) y el pseudaelurus que vivía hace de 9 a 20 millones de años en Europa y en Asia, y de los que se apartaron los felinos actuales hace 10,8 millones de años.
Durante el oligoceno, los félidos se repartieron en dos subfamilias. La primera era de la clase Nimravidae, y la segunda de la Felidae. Es en ésta última clase donde se encuentra el antepasado común de los félidos actuales, el proailurus. Durante el mioceno, los descendientes de éste último, los pseudaelurus, se diversificaron y entraron en África y América.
Unos diez millones de años a. C. formaron la raíz de los félidos modernos, favorecidos por las estepas y las sabanas, ricas en presas herbívoras. Es en esta época cuando aparecieron los félidos de caninos largos, que vivirían hasta el año 10 000 a. C. El linaje de pequeños y grandes felinos aparece hace cinco millones de años; originarios de Asia, se dispersan por todo el mundo en el plio-pleistoceno, excepto en Australia y Madagascar.
El gato doméstico pertenece al género Felis desde que Carl von Linneo describió por primera vez en 1758 como Felis catus en la trigésima edición de Systema naturae, pero su posición en la clasificación de los seres vivos cambió mucho.
Domesticación del gato.
Los primeros descubrimientos paleontológicos sitúan los primeros focos de domesticación del gato en Egipto hacia el 2000 a. C., pero el descubrimiento en 2004 de los restos de un gato al lado de los de un humano en una tumba en Chipre aplaza el inicio de esta relación de 7500 a 7000 años a. C. El gato descubierto presenta una morfología muy cercana a la del gato salvaje africano, sin las modificaciones del esqueleto debidas a la domesticación: se trataba de un gato acostumbrado, más que domesticado. La cohabitación de los gatos y los hombres empezó probablemente con el aparición de la agricultura: el almacenaje del cereal atrajo a los ratones y a las ratas, que a su vez atrajeron a los gatos, sus depredadores naturales.
El estudio realizado por Carlos Driscoll sobre 979 gatos permitió determinar el origen probable del gato doméstico: es en el Creciente fértil donde los felinos y los hombres habrían establecido contacto. Hubo cinco domesticaciones distintas del gato del desierto, hace entre 8000 y 10 000 años.
El gato doméstico no es la única especie entre los Felinae usada como animal de compañía, el gato del desierto y el puma yagouaroundi están o estuvieron domesticados para cazar ratones y ratas.
La domesticación del gato se debe a que lo peditaron muy bien, y así sigue en las generaciones siguientes.
Egipto.
Los antiguos egipcios usaban para llamar al gato la onomatopeya « miou», cuya transcripción es miw en masculino y miwt para el femenino (el español usa también este tipo de onomatopeya, que se encuentra en el verbo maullar).
El gato tenían asignada una función social muy importante, se encargaba de exterminar todo tipo de roedores que saqueaban las cosechas de los habitantes del Antiguo Egipto; también su presencia hacía alejar a serpientes y otros reptiles abundantes en la época. Sus recursos procedían en buena medida de las tierras cultivadas, por ejemplo, los cereales, que tras su recolección, se almacenaban en graneros. Es obvio, que en esos lugares, no era de extrañar la abundante presencia de ratas y ratones, además, se construían diques y canales, que servían para hacer llegar el agua del Nilo a toda su población, dando lugar al deambular continuo de serpientes y otros animales peligrosos para la población; por otra parte, el gato también fue utilizado como auxiliar en la practica de la caza, sus funciones consistían en recoger las piezas abatidas y entregárselas a sus dueños, dato que llama poderosamente la atención si tenemos en cuenta que esa labor siempre se ha encomendado a los perros.
La domesticación del gato tuvo lugar en Egipto durante el 3º milenio a. C. Se convirtió en un animal de compañía apreciado por su dulzura, su gracia y su indolencia, pero el gato es sobre todo un animal protector. Al cazar pequeños roedores, protege los silos donde los egipcios guardaban su cosecha (sobre todo el trigo), recurso vital para este pueblo de agricultores. Al cazar ratas, el gato elimina un vector de enfermedades graves (como la peste). Además, al cazar serpientes (sobe todo víboras cornudas), hace más seguros los alrededores de los hogares próximos a donde establece su territorio.
En la historia de Egipto, los gatos eran animales muy protegidos, no se le permitía el castigo, de hecho maltratarlo podía llevar aparejado la pena de muerte, incluso, en situaciones de peligro, se salvaba primero al gato antes que al propio humano. Existía la creencia que poseían cualidades mágicas, precisamente por la facultad de dilatar las pupilas o que sus ojos brillen en la oscuridad; la muerte de un gato suponía un auténtico duelo, se realizaban ceremonias solemnes, eran momificados y merecedores de grandes funerales a modo de ofrenda para sus dioses.
Esta tendencia a venerar a los animales se encontraba ya en el antiguo Egipto. Antes, los sacerdotes consagraban sus atenciones al león, pero éste era feroz y pesado, y el gato no tuvo problemas para imponerse. Aunque en esa época no estaba perfectamente domesticado, se mostraba al menos más dócil. Además, los sacerdotes señalaron que con el paso de las generaciones, el pequeño felino aceptaba cada vez mejor al hombre y se dejaba incluso acariciar.
La primera consagración del gato tuvo lugar cuando la diosa Bastet, símbolo de la fecundidad y de la belleza, se representó con una cabeza de gato. La diosa simbolizaba la luz, el calor y la energía solar, pero también, debido a sus rasgos felinos, representaba el misterio, la noche y la luna. Además, se pensaba que ayudaba a la fecundidad de hombres y animales, que curaba enfermedades y que velaba las almas de los muertos. Así se puede entender que las leyes del faraón impusieran una protección rigurosa para los gatos. Quien matara a uno de los pequeños felinos se arriesgaba a la pena de muerte. Se cuenta que un dignatario romano que mató accidentalmente a un gato fue linchado por la población a pesar de la petición de calma del faraón, deseoso sobre todo de que Roma no interviniese en su territorio.
Imagen de la diosa Bastet.
Estatua de la diosa Bastet.
Los faraones también consideraban sagradas a las serpientes, a las vacas y a los peces, pero el gato seguirá siendo sin embargo el más sagrado de todos. El culto y la preocupación por el bienestar del gato se transmitirá de padre a hijo. Los funerales de los gatos se colmaban de todos los honores de estado y la familia a la que pertenecía guardaba luto y se afeitaba las cejas. Cuanto más rica era la familia, más importantes eran los funerales y más suntuoso era el sarcófago. Acompañaban al gato ratones embalsamados. En 1890 se descubrieron en Tell Basta, la antigua Bubastis, en otro tiempo capital de Egipto, más de 300 000 momias de gatos. Estaban aún guardadas en sus pequeños cofres de madera esculpida o rodeadas de juncos colorados y entrelazados. Los cuerpos estaban envueltos en bandas de colores ricos y variados, y tenían la cara cubierta con una máscara sobre la que se podía distinguir el hocico, los ojos, las orejas y los bigotes.
Gatos momificados.
Con independencia de la veneración y protección que se daba a este felino, existían criaderos de gatos con la finalidad de seleccionar ejemplares que luego iban a ser sacrificados y momificados en fiestas populares, para así encomendarlos a sus dioses. Estos rituales suponían la muerte del gato, pues aunque se prohibía a la población el castigo del animal, los titulares de esos criaderos estaban autorizados para sacrificarlos, dato un poco negativo en la historia del gato en el Atiguo Egipto.
El respeto de los egipcios hacia los gatos se demostró en el año 525 a. C., cuando los persas asediaban Pelusio en vano. Cambises II tuvo entonces la idea de atar gatos en los escudos de los 600 soldados. Los egipcios no se atrevieron a contraatacar por miedo a herir a los gatos, por lo que la ciudad cayó en manos del invasor persa.
El culto a Bastet empezó a decaer a partir del 350 a. C., y desapareció totalmente en el 390 bajo orden de un decreto imperial. Subsisten, sin embargo, muchas pinturas murales que relatan las diferentes etapas de la vida del gato en la sociedad egipcia, en especial la expuesta en el British Museum de Londres, que representa un gato acompañando a su dueño en la caza y teniendo inmovilizados a dos pájaros mientras tiene un tercero en la boca.
Cuando moría un gato lo momificaban y lo enterraban con ratones para que tuviera alimento durante su viaje al otro mundo. En Tell Basta (Bubastis) se encontraron los cadáveres momificados de más de 300.000 gatos.
Cuando nacía un niño se consagraba a un gato determinado y el muchacho llevaba durante toda su vida una medalla con la efigie gatuna.
Cuando los egipcios iban a cazar no llevaban perros, llevaban gatos.
Colocaban estatuas de gatos en las entradas de sus casas para impedir la entrada a los malos espíritus.
Cuando el gato de la familia moría, los integrantes se rasuraban las cejas y guardaban luto por el animal hasta que les volvieran a crecer.
Griegos.
en esta población el gato no tuvo el alcance y protagonismo que gozó en el Antiguo Egipto, tan si quiera se le otorgaría el papel de cazador, para tal fin ya contaban con otro mamífero carnívoro, la garduña.
Téngase en cuenta que en la historia de Grecia, sus habitantes vivían del comercio marítimo, la agricultura era también un medio de vida importante, pero insuficiente, en ocasiones tenía que importar alimentos de otros países, quizás por ello la necesidad de protección de las cosechas antes posibles roedores no sería tan acentuada como en Egipto.
Los griegos vivían sin grandes lujos, eran pocas las familias adineradas, se consideraba al gato como un animal venido de Egipto, población rica, de gran desarrollo, en consecuencia respetada, con lo que se le dio más bien cierto valor económico, incluso posibilitaba su intercambio comercial.
En la mitología griega y desde el punto de vista de la historia del gato destaca la transformación de la diosa Artemisa en una gata para huir del temido Pitón.
Según la leyenda, los egipcios rechazaban las peticiones apremiantes de los griegos para comerciar con los gatos, a los que veneraban como a dioses. Los griegos decidieron entonces robar los gatos. Cogieron al menos seis parejas y las llevaron a Grecia. Algunos meses después nacieron las primeras camadas, y algunos años después, los criadores pudieron vender gatos a los Romanos, a los Galos y a los celtas. La especie se extendió poco a poco por todos los países mediterráneos. En Grecia, antes de la llegada del gato, la garduña, la comadreja y la mofeta se ocupaban de desratizar y proteger las cosechas. La acogida del gato fue más bien moderada. Aunque no los adoraban como los egipcios, los griegos adoptaron al animal, reconociendo su don como cazador, pero reconociendo también que era más agradable para la convivencia, ya que era más bonito, refinado, dócil y limpio que las mofetas y las garduñas. El gato se usaba a veces como animal de compañía, aunque los griegos preferían al perro. El gato era en principio un juguete, un regalo caro traído de Egipto para ofrecerlo a las cortesanas.
Sin embargo, se encuentra la huella del gato en algunas representaciones griegas que muestran cierta animosidad hacia los pequeños felinos, como es el caso del zócalo de una estatua que data del 480 a C., que representa a unos griegos azuzando a un perro contra un gato, que tenía las orejas bajas y el lomo erizado. A pesar de la acogida más bien tibia que el gato tuvo por parte de los griegos, éste consiguió que lo aceptaran y que poco a poco lo apreciaran. En las fábulas de Esopo no aparece el gato, sino la comedreja.
Se cuenta que una joven griega, que tenía muchas ganas de tener un gato egipcio, rompió con su prometido ya que éste se negaba a ir a Egipto a buscarle uno, y se buscó un novio nuevo que sí aceptó.
Roma.
El gato en Roma no era un animal cercano al hombre. La palabra feles (substantivo femenino) hace referencia a los felinos de pequeño tamaño, en especial el gato montés. El equivalente al gato doméstico actual (animal casero que caza ratones) era la mustela o comadreja. En las fábulas de Esopo no aparece, por tanto, el gato, sino la comadreja; si bien reelaboraciones muy tardías cambiaron la comadreja por el gato y así, de manera apócrifa, apareció la fábula de los ratones y el cascabel del gato. Solo unos pocos autores clásicos latinos mencionan el gato feles: Plauto (un par de veces), Columela y Plinio el Viejo, aparte del fabulista Fedro.
Fedro, en su fábula II 4, habla de una feles en un contexto alejado de la ciudad (en un bosque y junto a un águila y una jabalina). El apéndice de Perotti incluye otra fábula con gatos. Según Eulogio Baeza Angulo (Fábulas esópicas de Fedro, Alma Mater, Madrid, 2011, p. 26B), "la comadreja y la serpiente común eran los animales que los romanos utilizaban normalmente para tener sus casas libres de ratones". De este modo, "el gato doméstico, de origen egipcio, fue importado con posterioridad".
Mosaico de Pompeya.
Asia.
fue admirado por su gran belleza, también se le asignó el papel de exterminio de roedores, no obstante, la concepción del gato era variante dependiendo de la época y el contexto histórico, así, en alguna parte de la historia se consideró al gato como un animal benéfico que atraía la prosperidad, la buena fortuna, incluso se decía que alejaba los demonios, en otros tiempos, en cambio, se pensaba justamente lo contrario.
China.
Asia emprende muy buenas relaciones comerciales con Europa. El gato se intercambia con finas sedas y de esta forma llega a China. Los primeros rastros de gato que se encuentran en China datan de la dinastía Han, alrededor de 1000 años a. C.
El animal fue acogido calurosamente, por su belleza y su don cazando ratones. Se convierte en símbolo de paz, de fortuna y de serenidad de la familia. En esta época, el gato es un animal doméstico reservado a las mujeres, se le da el poder de atraer la mala suerte y de alejar a los demonios con la ayuda de sus ojos brillantes. La divinidad agreste Li-Show tenía la apariencia de un gato.
Japón.
Los gatos llegaron a Japón en el siglo VI al mismo tiempo que la doctrina budista, pero su introducción real data del 19 septiembre de 999, fecha del aniversario del emperador Ichijo, al que le regalaron un gato por sus trece años. La imagen del gato evolucionó mucho en Japón, donde será considerado a veces portador de buena suerte por su pelaje de concha de tortuga, y otras veces maléfico por su cola ahorquillada. El éxito del gato es tan importante en el país que una ley del siglo XVIII prohibió el encarcelamiento y el comercio del animal. Algunas historias cuentan que los japoneses mimaban tanto a sus gatos que éstos dejaron de cazar ratones, que llegaron a proliferar hasta tal punto que los japoneses tuvieron que pintar gatos en las paredes de sus casas para cazar a los roedores.
El gato está bien representado en el arte japonés, primero bajo los trazos de una concha de tortuga blanca, y después cada vez más como gatos blancos sin cola: el bobtail japonés. Hubo grandes pintores ilustres en la representación de gatos, como Utagawa Hiroshige o Utagawa Kuniyoshi. Utamaro relaciona siempre a los gatos con las mujeres hermosas, relación que se encuentra en poemas japoneses, donde el gato está estrechamente asociado a las gracias de la mujer. Símbolo de la sensualidad y del deseo, el gato representa igualmente el encanto de la decadencia.
Obra de Utagawa Hiroshige.
Sin embargo, hay también una versión sombría e inquietante del gato, resultante de la tradición popular. Por ejemplo Aïnous, el gato resucitado, el gato nacido de las cenizas de un monstruo, y el de Okabe, de dos colas. Pierre Loti evoca igualmente en sus Japoneries d'automne un corro de gatos que se reunían en una jardín aislado en las noches de invierno, bajo la luz de la luna.
La leyenda del gato-vampiro de Nabeshima, muy contada durante la era Edo, pone en escena un gato demonio o un gato vampiro atacando a la familia Nabeshima.
India.
En la India, el gato es honrado como en Egipto, y la diosa de la fecundidad, Satí, tiene la apariencia de un gato, igual que Bastet. Hay pequeñas estatuas hechas de cerámica que muestran esta honra. Se instalaban en ellas pequeñas lámparas de aceite para asustar a los ratones por la noche, de la misma forma que los ojos del gato se iluminan por la noche. Esta facultad se usó también para alejar a los malos espíritus. Los budistas aprecian la capacidad de meditación del gato, sin embargo, éste no forma parte de los cánones del budismo. Ésta exclusión resulta de un incidente sucedido a un gato que se quedó dormido durante los funerales de Buda.
Mundo Árabe.
No existen vestigios negativos sobre este animal, incluso se relatan historias del propio Mahoma familiarizado y gran amante de estos felinos.
En principio, la imagen de los gatos es positiva en el islam por el afecto que sentía Mahoma por ellos, ya que su gata Muezza lo salvó de la mordedura de una serpiente. Otra historia cuenta que un día Muezza se quedó dormida al lado del profeta en su cama. Cuando éste se tenía que levantar, como no quería despertar a la gata, cortó un trozo de su túnica, sobre la que reposaba el animal. Hay muchas otras historias sobre el gato en el Corán y, tradicionalmente, los musulmanes querían conservar a los gatos. Además, maltratar a un gato se consideraba un grave pecado en el islam.
Edad media.
El gato tiene buena reputación en la Europa de la baja Edad Media, sobre todo en el campo, donde los campesinos lo aprecian por su talento como cazador, en especial en las cuadras y en los almacenes. A pesar del juicio de la iglesia católica,3 que lo consideraba una criatura demoníaca, los conventos y los monasterios los usaban para acabar con los roedores. Los irlandeses creían incluso que los alimentos que entraban en contacto con un gato, al igual que con otros animales, ya no se podían comer y se volvían impuros. Las penitenciarías ponían castigos que iban desde el ayuno hasta varios días a dieta severa a base de pan y agua para los que comieran cualquier alimento o líquido que hubiera estado en contacto con un animal. De la misma manera, la iglesia desaprobó un exceso de familiaridad con los animales y en especial con el gato, que es el único animal que tenía acceso a toda la casa.
La Iglesia, lo considera un ser demoníaco, ya que se creía que era compañero inseparable de brujas, por eso la Inquisición admitía su sacrificio, sobre todo en fiestas populares, incluso había recompensas por el apreso y muerte a estos mininos, eso supuso que la población de felinos mermara considerablemente. Por esa razón existen en la historia medieval muchos datos negativas sobre el gato doméstico.
La estrecha mentalidad de la época hace que en algunos escritos aparezca el diablo en forma de gato, de hecho, su habilidad al caer en posición equilibrada desde las alturas y tener menos posibilidades de accidentarse que otro animal, su hábitos nocturnos, los ojos tan brillantes en la oscuridad o su carácter independiente, se consideraba como obra maligna del diablo, incluso se decían autenticas brutalidades, a modo de ejemplo, cabe señalar la referencia que se hacía sobre la facultad de dar origen a fenómenos meteorológicos como las tormentas.
Las primeras persecuciones comenzaron en el Vº siglo, San Patricio y después el papa Gregorio Magno declararon su cariño hacia el gato. En esta época se pueden ver gatos en las representaciones de Santa Ágata y Santa Gertrudis. El gato se beneficiaba de cierto respeto en el siglo XI cuando llegaron a Europa las primeras hordas de ratas negras para devorar los cereales y la fruta
Desgraciadamente, la renovación de los cultos paganos después de la peste negra y el resurgimiento del culto de Freyja, la diosa germano-escandinava de la fecundidad, hacia la mitad del siglo XIV, provocó la pérdida de los gatos, que desde entonces se asoció a cultos infernales, debido a su antigua adoración por parte de los paganos y sobre todo por el reflejo de la luz en sus ojos, que se creía que eran las llamas del infierno. En la simbología medieval, el gato se asociaba a la mala suerte y al mal, y dado que era negro, también se asociaba al disimulo y a la feminidad. Su comportamiento sexual muy expresivo, su gran necesidad de dormir, considerada pereza, y sus vagabundeos han contribuido a forjar una imagen negativa. Era el animal del diablo y de las brujas. Se le atribuían poderes sobrenaturales, como la facultad de tener siete vidas. En el caso de los gatos negros, color que se asociaba al diablo, una única mancha blanca en el pecho o en el cuello les concedía clemencia, ya que se consideraba que era una manifestación divina.
La inquisición, el Papa Inocencio VII y su edicto de 1484 hicieron que se sacrificaran gatos para las fiestas populares, lo que marcó un gran período de persecución para el felino. Este edicto tuvo un impacto importante en las clases populares y luego se extendió a la nobleza.
Se consideraba que el diablo se disfrazaba de gato en sus visitas a la tierra, y fue condenado al igual que sus maestros, los brujos y las brujas. Según ciertas fuentes, fueron muchos los que se quemaron vivos en las plazas públicas. Otras afirman, sin embargo, que las grandes investigaciones realizadas en los archivos invalidan esta hipótesis. Las condenas de gatos a la hoguera serán insignificantes al igual que las de gallos y se encontrarán más de sapos o de lobos.
En Inglaterra, bajo el reinado de María Tudor, se queman gatos como señal de la herejía protestante, mientras que bajo el de Isabel I, se queman como señal de la herejía católica.
La inquisición reunía en la misma hoguera a los herejes, a las brujas, a los asesinos y a los gatos en la noche de San Juan. En las grandes plazas de los municipios, los lugareños erigían hogueras en las que echaban a los gatos que habían capturado. Fue así como el gato estuvo ausente en la gran peste negra del siglo XIV. Las creencias duraron varios siglos, alimentadas por los hombres de la iglesia, los soberanos y los príncipes.
Sin embargo, el Renacimiento significó un cierto cambio en la suerte de los gatos, especialmente debido a su acción preventiva contra los roedores, devoradores de las cosechas. Habrá que esperar hasta 1648 para que el rey Luis XIV, gran amante de los gatos, prohibiera quemar a los gatos en la hoguera de la noche de San Juan, ya que calificaba esta tradición de bárbara y primitiva. Sin embargo, no fue hasta la revolución francesa cuando las hogueras se consideraron unánimemente supersticiones y actos de crueldad.
En el siglo XVIII.
Es aceptado nuevamente como animal de utilidad o provecho, ya que se encargaría de acabar con la plaga de ratas pardas que tantos estragos estaba causando en la población, no olvidemos la lacra de la peste negra.
Sería a partir del siglo XIX cuando definitivamente es acogido otorgándole la condición de animal de compañía, ganando cierta simpatía y popularidad entre el público en general. El trabajo en la creación de nuevas razas por parte de criadores, la difusión cultural de las asociaciones felinas o las múltiples exhibiciones de razas de gatos, ha convertido a este animal en un ser hogareño, alejándolo de esa función social de antaño como era la caza de roedores; incluso en muchos países el número de gatos domésticos supera ya al de los perros, el desplazamiento es progresivo y afecta cada vez más a otras áreas geográficas, sin lugar a dudas un nuevo cambio en la historia de este magnifico felino.
Época moderna.
Los estragos de la peste negra ayudaron a la rehabilitación del gato y empieza a considerarse animal familiar en los textos a partir del siglo XVII. Gracias a los descubrimientos científicos de mitad del siglo XIX, y a los inicios de la explicación de la naturaleza y de la transmisión de las enfermedades por los microbios y no por las brujas, se demuestra que el gato es un ejemplo de higiene ya que se lava hasta veinte veces al día.
El don que tiene el felino para cazar ratones vuelve a ser apreciado, y el primer felino vendido en Paraguay será intercambiado por un lingote de una libra de oro.
Usos del gato.
Durante la Edad Media, además de para cazar ratones, el gato se usa para varios fines, sobre todo médicos y alimenticios. La medicina medieval utilizó diferentes partes de los gatos para preparar ungüentos y medicamentos. Los excrementos de los gatos entran frecuentemente en la preparación de recetas para disminuir la caída del cabello o para curar la fiebre o la epilépsia. La grasa y la médula del gato se encuentran en los preparados para curar la artritis y otras dolencias articulares como la gota, y la carne se usaba para curar los dolores de espalda o para tratar las hemorroides. Algunos tratados de medicina precisan incluso el color del gato que hay que usar dependiendo de si el origen de la enfermedad es caliente o frío. Se aconseja usar un gato negro si el origen de la enfermedad es caliente, mientras que si es frío se aconseja un gato blanco.
En los períodos de hambre o de sitio se comía la carne de gato. Era un recurso que tenía la ventaja de ser barato y fácil de encontrar. Comer gato, sin embargo, se consideraba una brutalidad cuando se hacía por gusto y no por necesidad, al menos en Francia. Parece que en España se comían gatos de forma más regular, fuera de los períodos de hambre. Hay recetas de roti de cerdo editadas por Ruperto de Nola, autor del primer libro de cocina en español y cocinero del rey de Napoles.
El gato doméstico ha sido también usado por su piel durante la Edad Media. Las pieles que provenían de gatos se destinaban sobre todo al pueblo y no a la nobleza ya que eran baratas e iguales en calidad a las de conejo, cordero y zorro. Se hacían con ellas mantas, alfombras o cojines para sillas. Los peleteros, comerciantes de pieles, cazaban gatos en la calle o recogían sus cadáveres antes de descuartizarlos y revender sus pieles. Era normal que se aconsejase a los dueños quemar el pelo de sus gatos para que vagabundearan menos y no fueran capturados por un peletero.
Aparición de las razas.
El primer inventario de razas de gato fue efectuado por el naturalista sueco Linneo, en él distingue cuatro grandes razas de felinos: Catus domesticus, Catus angorensis, Catus hispanicus y Catus coeruleus. Esta clasificación permanecerá hasta la mitad del siglo XIX, cuando la felinotecnia moderna, en Inglaterra, modificó este orden. El tratado de zootecnia especial de Cornevin de 1897 añade a la lista una raza de gato chino de orejas caídas, que se parecía al Scottish Fold, pero que ya ha desaparecido, una raza de Japón que se parecía al actual bobtail japonés, y una raza sin cola, llamada hoy en día Gato Manx.
La raza española desapareció a principios del siglo XX, y se incorporó al gato doméstico. Pero se añadieron las razas persa y abisinio. El número de razas no dejó de aumentar hasta ahora, ya que pasamos de tener 8 razas en 1900 a tener de 25 a 30 en 1989, y cerca de cien a día de hoy.
Las exposiciones y los concursos desempeñaron un papel importante en el desarrollo de las razas. La primera exposición felina se celebró en Winchester, Inglaterra, en 1598, por la Saint-Gilles, sin embargo, la primera exposición felina moderna organizó en el Crystal Palace de Londres, en 1871, Harrison Weir. Se reunieron más de 170 gatos, repartidos en las categorías British Shorthair y Persa. Esta exposición marca el inicio de la definición de los estándares de las razas. En Francia, la primera exposición fue organizada por el Cat Club en 1925.
En EEUU fue la exposición del Madison Square Garden de Nueva York en 1898 la que las hizo populares, e hizo que se extendieran a Australia, a Canadá, a Nueva Zelanda, a Sudáfrica, a Japón y a Europa. Las exposiciones se interrumpieron durante la Segunda Guerra Mundial pero se recuperaron progresivamente para finalmente multiplicarse y democratizarse.
Estas exposiciones fueron organizadas por federaciones, de las que una de las más antiguas es la británica GCCF fundada en 1910 por la fusión de National Cat Club y de Cat Club. En EEUU está la Cat Fancier Association, fundada en 1899. En el continente europeo, la Federación Internacional Felina es la más importante, fundada en 1949 por iniciativa del Cat club de París, que reagrupa la mayor parte de los países de la Europa continental.
Curiosidades de los felinos.
1. La leche para los gatos.
En un comienzo, los gatos preferían la leche por la crema que se formaba sobre ella, debido a la presencia de grasas. Pero la leche que actualmente se consigue en los supermercados está demasiado procesada, y no queda mucho de la grasa que tanto les servía para su organismo. Por supuesto que la siguen tomando, pero ya no es por el contenido alimenticio sino simplemente por el gusto, y aunque no lo creas, les es muy difícil de digerir.
Los pequeños mamíferos están preparados para procesar la lactosa, el azúcar en la leche, pero una vez destetados ya no poseen la enzima necesaria para esto. Es el motivo por el cual la leche puede causar dolor de estómago a un gato adulto.
2. De media, los gatos pasan 2/3 del día durmiendo.
3. Son capaces de reproducir 100 sonidos diferentes. Los perros sólo producen 10.
4. Los gatos no pueden ver algo que esté pegado a su nariz, tienen un punto ciego de visión en ese lugar.
5. Odian el agua porque su piel no les aisla bien cuando está mojada. Sin embargo, algunas razas del centro de Asia tienen una piel resistente al agua y aceptan de mejor grado que se les bañe.
6. Un gato no puede bajar de un árbol con la cabeza hacia abajo porque sus garras se giran en sentido contrario.
7. Su lengua no es capaz de diferenciar los sabores dulces, pero eso no significan que no vayan a intentar robarte los caramelos.
8. Las bolas de pelo que expulsan los gatos a través de sus gargantas se llaman tricobezoares.
9. Los gatos cazan aunque no tengan hambre, un comportamiento muy raro en el mundo animal.
10. No necesitan desordorante, pero sudan a través de las almohadillas de sus patas.
11. Los gatos empiezan a soñar a partir de la primera semana de vida.
12. Para ronronear, un músculo de la laringe abre y cierra el paso de aire 25 veces por segundo.
13. Los gatos mullen por varias razones: una de ellas es porque de bebés aprenden que amasando el pecho de su madre mientras maman, sale más leche; la otra es que al mullir, los gatos desprenden feromonas que dejan una huella de territorio, así se aseguran de que nos quede claro que ese cojín (o tú mismo) les pertenece.
14. Cuando los gatos frotan su cara contra tus piernas o contra cualquier otra cosa, no están regalando amor, están impregnando con feromonas esos lugares para marcar su territorio.
15. Un gato puede saltar 5 veces su altura de un sólo salto.
16. La mayoría de las hembras son diestras, mientras que los gatos machos suelen ser zurdos.
17. El cerebro de los gatos es biológicamente más parecido al de los humanos que al de los perros. Tenemos regiones idénticas que controlan las emociones.
18. La textura de la nariz de los gatos es única en cada individuo, igual que las huellas dactilares en los humanos.
19. En sólo siete años, una sola pareja de gatos y su descendencia podrían producir un asombroso total de 420.000 gatitos.
Mi nueva gatita.
Bueh, puede que acá se ponga un poco más boludo el post pero recientemente encontré (Bueh, mis hermanas encontraron) a una gatita bastante chiquita en el patio de mi casa, dentro de un caño.
No sé cuantos meses tiene, pero supongo que unos 4 meses. Ella parece un gato Bombay pero no creo que lo sea, seguro es una mezcla por una mancha blanca que hay en su pecho y sus ojos verdes.
Y se llama Luna, (Pero no hace caso cuando la llamo así[?]).
Nunca tuve gatos en mi vida, así que esto es nuevo. Es bastante raro que se la pase oliéndome, subiéndose al teclado y lamiéndome, pero me resulta muy tierna.
Bueno, hasta acá llegamos amigos. Espero que hayan disfrutado, gracias por leer.