Una reflexión para compartir con hijos,
hermanos, maridos y amigos
hermanos, maridos y amigos
Joaquín tiene 35 años y es profesor de secundaria en un colegio de Managua. Su buena apariencia, su rol como educador inteligente y su trato amigable despiertan la admiración entre sus estudiantes. Algunas alumnas han mostrado mucho interés en atraer su atención. Una hasta le confesó que está enamorada de él.
Joaquín se siente halagado. Dejó de ver a esta muchacha como una alumna y fantaseó con la posibilidad de tener sexo con ella. La idea le resulta excitante. Quiere contar el asunto a sus amigos para provocar envidia y demostrar sus cualidades de galán.
Pablo es un comerciante de Jinotega, de unos cuarenta años. Todos los días pasa por una calle de la ciudad rumbo a su tienda. Una muchacha de 16 años desde la puerta de su casa siempre le dice: “Adiós, amor” y le sonríe. Pablo no le responde y sigue caminando.
Hace poco le contaron que la muchacha anda diciendo que él es gay, porque no le hace caso. Pablo ahora quiere demostrarle que él es muy hombre, y está pensando cómo llevársela a un lugar privado, sin que los padres de ella se den cuenta.
Luis acaba de celebrar las bodas de plata con su esposa y está por cumplir 50 años. Para su cumpleaños algunos de sus amigos están planeando darle una sorpresa: contratar una muchacha de 17 años para que Luis tenga sexo con ella.
Una responsabilidad personal
Joaquín, Pablo y Luis deben tomar decisiones importantes respecto a su comportamiento sexual. Los tres tienen posibilidades de acostarse con muchachas que son todavía adolescentes. Joaquín goza del prestigio y la admiración como profesor. Pablo es un comerciante exitoso. Luis tiene el dinero para pagar por sexo.
Si estuvieras en el lugar de uno de ellos, ¿qué harías? En este artículo compartimos información y reflexiones que esperamos te ayuden a responder a esta pregunta.
Antes que nada debemos recordar que si un adulto tiene relaciones sexuales con personas menores de 18 años está cometiendo un delito, según el Código Penal de Nicaragua. Si tiene relaciones sexuales con una adolescente, aunque sea con el consentimiento de ella, comete uno o varios delitos sexuales que tienen pena de cárcel. Aun si luego se casa con la muchacha, esa relación sigue siendo un delito.
Respetarlas por conciencia
No es suficiente abstenerse de relaciones sexuales con adolescentes por temor a la ley. Es importante comprender por qué no debemos establecer este tipo de relaciones y estar convencido de que no hacerlo es lo correcto.
Cuando éramos niños, nos dijeron que los hombres de verdad son bravos a las mujeres y que lo correcto es tener muchas novias y luego llevarlas a la cama. El concepto de sexo que nos inculcaron fue el de la penetración, de metérsela. O sea, poner el pene dentro de la vagina de la mujer. Una vez logrado esto ya podíamos declarar que nos habíamos descuerado. Con esto el adolescente demostraba su hombría.
También se nos ha dicho que todos los hombres tenemos más necesidades sexuales que las mujeres, que debemos estar siempre dispuestos al sexo. Se nos inculcó que debemos aprovechar cualquier oportunidad para acostarnos con una mujer, sin que importara el color, el tamaño o incluso la edad de ella.
La adolescente como fruto codiciado
Muchos están acostumbrados a ver a todas las mujeres, en especial adolescentes y jóvenes, como objetos que pueden usar para el placer sexual de ellos.
En las calles, bares, los círculos de amigos y hasta en el trabajo, algunos hombres hablan de las más jóvenes y adolescentes como carne fresca. O sea, como si fuesen un objeto comestible. El hombre adulto que años atrás, en su adolescencia, tenía que demostrar su hombría acostándose con cualquier mujer, debe seguir demostrando su hombría acostándose con jovencitas.
La pregunta clave: ¿qué ando buscando?
Joaquín, Pablo, Luis y cualquier hombre que se sienta tentado a tener relaciones sexuales con adolescentes debe preguntarse: ¿qué ando buscando? ¿Por qué quiero tener sexo con esta muchacha?
Si somos sinceros con nosotros mismos es posible que descubramos varios motivos para hacerlo, y no todos tienen que ver con el deseo sexual. Puede ser por quererse sentir atractivo y apreciado, lucirse ante los amigos, sentirse como un maestro que enseña en la cama o por querer fregar a la muchacha.
Algunos hombres también dicen que buscan estas relaciones, porque las consideran más excitantes y placenteras sexualmente. Por su corta edad y menor experiencia la muchacha cree que debe hacerle caso al hombre, él tiene más poder que ella y puede controlarla. Domina completamente la relación, le dice a la chavala qué hacer y cómo.
¿Qué hay de nuestros sentimientos?
A menudo sentimos que no estamos a la altura de aquella imagen de hombre poderoso que la sociedad nos impuso. Aunque aparentemos lo contrario, en el fondo nuestra autoestima puede estar baja, porque no nos sentimos lo suficientemente exitosos, atractivos, fuertes y machos.
Entonces, las relaciones sexuales con adolescentes pueden darnos, aunque sea temporalmente, la sensación de valor o de poder que hemos perdido. Nos decimos internamente que “todavía podemos”, que “seguimos siendo jóvenes”, que “valemos”, o cosas por el estilo.
Algunos hombres pueden sentirse tan mal con ellos mismos, tan lastimados internamente por experiencias en su vida pasada, que usan el sexo como un arma para hacer daño y desahogar su enojo contra las mujeres o contra el mundo entero.
Reconocer estos impulsos, deseos y razones es el primer paso para el cambio. Cuando llegamos a tener conciencia de nuestros impulsos y deseos que pueden causar daño a otras personas, sin querer justificarlos ni negarlos, es posible que podamos superarlos. Es decir, llegaremos a pasar por encima de ellos y a cultivar deseos sexuales más satisfactorios y sanos.
En conclusión, si como adultos queremos disfrutar de nuestras relaciones sexuales, definitivamente nos conviene buscar otra persona adulta para hacerlo.