El viejo monasterio de Iona y el "cristianismo celta".

Al oeste de Escocia palpita una isla: Iona, del grupo de las Hébridas. Lugar de encuentro de la cultura celta, cristiana y vikinga. En 563, San Columba (521-571), monje gaélico, fundó allí un monasterio. La Abadía de Iona se convirtió entonces en foco irradiador de la evangelización cristiana de Escocia; es decir: de dominación religiosa de una tierra más para la Iglesia católica de Roma.

En los pupitres del scriptorium de la abadía, se especula que nació el célebre Libro de Kells, un manuscrito iluminado, ilustrado, con letras decorativas, con detalles de espirales y vegetales, de los últimos años del siglo VIII; al que le siguió la Crónica de Irlanda, de alrededor el 740.
La Abadía conoció la era del grito vikingo. En los comienzos del siglo IX, en 806, los vikingos desembarcaron allí. Querían oro. Decapitar sacerdotes. Gran placer les daba ese uso de sus espadas o hachas sobre los servidores del dios moribundo en la cruz. Todos los monjes murieron. Luego, los guerreros del Norte también fueron manipulados por los sacerdotes: reemplazaron a Odín por Cristo.
La abadía, convertida en monasterio benedictino, terminó sus días al llegar la Reforma anglicana en el siglo XVI. Hoy pertenece a la Iglesia de Escocia.
Iona recibe los atardeceres y ocasos en su cercanía al mar, a las rocas y el viento. Y en la isla se construyó una necrópolis para más de cuarenta reyes de Escocia, como Kenneth I, Donald II, Malcolm I, Duncan I, Macbeth y Donald III… Sí, Macbeth, el asesino de Duncan, el instrumento maquiavélico de la tragedia shakespereana.
Las cruces celtas salpican la abadía. Los ecos de un particular cristianismo celta. Otro cristianismo distinto al de Roma. El dios cristiano celta estaba más fundido con la porosidad de la materia, el sudor de los animales, los colores de la naturaleza.
Quizá por eso dentro de ese cristianismo céltico, como el que se conoció en Iona, una vez el teólogo irlandés Escoto Erígena (810-877 d-c), pensó que dios y el mundo son una misma gota de lluvia.
Una recomendación sobre el tema: Jean Markale, El cristianismo celta, José Olañeta Editor.
Por Esteban Ierardo