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Mariano Díaz Barbosa, "hoy siento que la palabra escritor me queda muy grande"






Por Gloria de Castro para la revista digital "Imprescindibles"



Mariano, ¿quién es Mariano Díaz Barbosa?


A veces me hago la misma pregunta, y no es una broma. Creo que por desesperante que sea no hallar la respuesta, lo más terrible de todo sería, en definitiva, hallarla. Creo que los peores errores que cometí en mi vida los cometí al tratar de forzar una respuesta tratando de construir un yo que seguramente era una idea de Yo con la que creía poder satisfacer mis dudas sobre yo mismo, y en verdad sólo eran inquietudes parciales. El Yo, la identidad, como quieran llamarlo, no puede definirse, es algo que sucede en el devenir de la persona, la inmovilidad sería condenarse a un punto sin salida. Supongo que a la larga uno va respondiendo algunas cuestiones, algunas inquietudes y descubriendo otras. No cancelemos nuestras posibilidades en una definición, que siempre es parcial. Hoy, simplemente, creo haber descubierto que lo peor de todo sería tomarme a mí mismo con demasiada seriedad. El resto lo iremos viendo.


¿Cuándo, como o dónde te das cuenta de que quieres dedicarte a escribir? Y ¿qué te aporta esta?


Siempre supe que quería ser artista, pero hoy siento que aún la palabra “escritor” me queda demasiado grande, o le tengo miedo. Si ser escritor fuera sólo escribir, entonces habría millones de escritores, si ser escritor fuera vivir de lo que uno escribe, entonces habría muy pocos, y muchos de los que quedarían afuera igual merecerían ser llamados escritores. Entonces no sé si soy escritor. Si sé que la escritura ocupa bastante, si no de mi tiempo, de mis inquietudes.


Estudias Filosofía y cine, carreras completamente diferentes, o ¿no? ¿qué sacas de cada una para escribir?


ESTUDIÉ Filosofía y Cine, ya no lo hago.

La Carrera de Filosofía me enseñó que no soporto pensar sin pasión, y me ayudó a descubrir que soy una persona irremediablemente estética. Nunca podría haber sido un Filósofo en el sentido de Kant o Hegel, un constructor de sistemas, frío y desapasionado. Descubrí que la Filosofía de ese tipo me aburría dolorosamente, y que Kierkegaard y aquellos pensadores que se jugaban hasta la cordura en su pensamiento me interesaban mucho más. No puedo soportar un libro de Filosofía que no tenga vitalidad en la prosa, que no tenga algún tipo de fuerza estética. Incluso si hasta odio lo que el pensador diga, con que me conmueva, eso lo justifica para mí.

El Cine en general y el Guión en particular me sirvieron en dos sentidos muy distintos. Me di cuenta de que escribir guiones concentraba mucha de mi atención en aspectos en que como escritor de literatura nunca había reparado mucho: en el mecanismo, la estructura del relato. Quien quiera escribir guiones debe olvidarse de buscar la aceptación del Otro en la belleza de las palabras que utilice, el guión es una de las formas de escritura más técnicas, estructuradas y precisas que existe. Todo, cada palabra que uno escribe significa una enorme cantidad de dinero para la producción, y además, el guión, a diferencia de la poesía, debe optar siempre por la claridad y desterrar toda forma de ambigüedad. Dejar al equipo técnico múltiples interpretaciones sobre una escena es quizás lo más peligroso que puede hacer un guionista.

Otro hecho fascinante del guión es que uno debe aprender a pensar la narración en imágenes y sonidos, y no en palabras. Y eso es muy valioso para la escritura literaria, porque una vez que uno deja de necesitar las palabras para explicar imágenes, puede liberarlas y, a la hora de escribir literatura, valerse de ellas para la construcción de un nuevo sentido, o, si somos afortunados, a la destrucción de todos los que existan. En cierto modo, la escritura cinematográfica liberó mis palabras de los significados más próximos anclados a ellas.



Has escrito guiones para corto y mediometrajes, reseñas literarias, artículos, en 2013 el poemario “Para que nada sea”, y próximamente “La compañía de los hombres”, ¿en qué genero te mueves como pez en el agua”?


En ninguno. Creo que la mayor fuerza de lo que hago surge en que siempre me arrastro con mucho esfuerzo.


¿Qué pasa por tu cabeza ahora que has publicado tu primer poemario y estás a punto de publicar otro nuevo libro? ¿sientes que el cordón umbilical que os unía se rompe o se convierte en otro tipo de relación?


Bueno, el nuevo libro no es un poemario, es un libro de relatos. Creo que lo que pasa por mi cabeza es preocupación, siento que aquellos poemas que publiqué y estos relatos que publicaré son cosas que me costaron mucho esfuerzo y que no sé si los dejé ir para que quedaran olvidados en algún cajón, no sé si eso que es tan importante para mí (porque tristemente no puedo dejar de involucrarme demasiado en lo que escribo) realmente ha significado algo para alguen además de mí. Es triste pensar que uno escribe para que el resultado caiga en el olvido. Supongo que es inevitable. Con respecto a la rotura del cordón umbilical, la imagen suele usarse como una forma de liberación, de crecimiento de la persona, de abandonar el cuerpo de la madre. Quizás esa expresión tan freudiana también describa un hecho violento, bastante traumático. Cuando al fin salió el libro, me sentía eufórico, pero el desprenderse de esos poemas también fue un hecho violento, súbito. Un trauma necesario.


¿Cómo te llegaron esos primeros poemas? y el título “Para que nada sea”, ¿de dónde nace?


No me sentía capaz de crear nada. Me sentía acorralado por una imposibilidad patológica de crear un lenguaje y una forma de expresión nuevas, y entonces sólo me quedaba tratar de desandar los sentidos ya existentes, la amalgama de las palabras, y hoy en día (al menos la Filosofía del siglo XX más o menos nos dejó en ascuas con eso) las cosas no son sin las palabras, o en verdad sólo hay lenguaje y realmente no tenemos muy en claro si hay cosas por fuera del lenguaje, por lo tanto, desandar el sentido de las palabras era también destruir el armazón de las cosas. Como soy tan terriblemente desmesurado, no podía ponerme un objetivo simple, y empecé por destruir el Yo en el primer poema y acabé intentando ir al fondo con una destrucción de todo lo demás. No lo logré, por supuesto, pero ese esfuerzo es lo que está en el poemario y por eso al final pide lo necesario “para que nada sea”.

Esa es la justificación del título que se me acaba de ocurrir. La verdad es que es el último verso del libro y sonaba muy interesante.



“Soy todas las personas que van muriendo a mis pasos. / Soy todas mis posibilidades que cancelé. / Soy hasta que llegue la hambruna. / Mi muerte es mi hambruna. / Mi muerte será la única que no pueda matar. “Es un fragmento de Poema voraz de ese citado poemario, ¿la muerte es el fin de todo o el inicio de algo nuevo?


La muerte es el fin de todo en el sentido de que todo tiende hacia la muerte (ahí me sale otra vez, tengo la espina filosófica clavada y pienso en “fin” en el sentido griego de Theos), si todo se quedara en lo que es o en el mero hecho de existir, nada se movería y la vida sería de una quietud insoportable. Entonces sólo quedan dos caminos, ser otra cosa, y en eso nos pasamos nuestra vida, o dejar de ser. Todas las cosas luchan por lo primero y sucumben en lo segundo. Si hay vida después de la muerte, no es una respuesta que me crea capaz de responder, no me meto con la fe, no sólo no la desprecio, creo que hay algo en mí que todavía no ha renunciado al misterio, así que no me pronuncio, soy un verdadero cobarde existencial. Pero volviendo a lo anterior: cada vez que cambiamos el Yo anterior deja de ser, necesariamente muere, entonces toda nuestra vida es dejar muertos atrás.







Me ha parecido leer por face que en julio se presentará ese segundo libro “La compañía de los hombres” ¿De dónde viene el título? Háblanos de él, haces una selección de esas historias, ¿se queda alguna en el camino, cómo descartas?


El título viene porque supongo que en todos los relatos flota una especie de enrarecimiento de la relación del Yo con lo Otro, que ya de por sí es angustiante. Soy alguien al que le gusta estar solo, pero no podría soportar una vida sin familiares ni amigos. Hay una dialéctica muy contradictoria, paradójica, en la relación que tenemos con los otros, no queremos que nos abandonen pero tampoco soportamos que no respeten nuestra intimidad, o nuestros momentos de recogimiento. Creo que la palabra neurótico ya habrá llegado a la mente de muchos de los que estén leyendo esto.

Con respecto a la selección, no fue muy consciente. Puse los cuentos que me parecía que daban una mayor idea de los climas que trabajo pero que también mostraran una versatilidad de estilos.



¿Cómo te inspiras? ¿a qué hora, por la mañana o por la noche? ¿Cómo te llega? ¿planificas tus historias?


No podría planificar mucho las cosas, me impondría a mí mismo tantas trabas que no podría nunca terminar de escribir. Más que inspiración, escribo por obsesión, se me mete tanto una idea en la cabeza que no la puedo abandonar hasta que la escriba. Son sólo esas ideas las que me motivan a escribir, y por eso es que quizás no escribo tanto como otras personas que conozco.

Soy más naturalmente activo (al menos mentalmente) a la noche.



¿A qué escritor admiras desde siempre? ¿qué obra te habría gustado escribir?


A Marcel Proust. Creo que cuando terminé de leer “En busca del tiempo perdido” sentí que no podría nunca escribirse nada nuevo después de eso.


¿Has llegado a tu destino o todavía te queda mucho camino que recorrer?



Me contradeciría enormemente con todo lo anterior si dijera que creo tener un destino. No lo tengo. Creo que tengo la posibilidad de seguir caminando, aunque no sepa si el camino es mucho o poco. Con eso es suficiente.


¿Qué planes futuros tienes?


Quisiera tener la posibilidad de poder llegar a más gente con lo que hago, en el sentido que hubo personas que se comunicaron conmigo y me preguntaron cómo podían conseguir mi libro anterior y no tenía forma de hacérselos llegar. Es triste eso, saber que no hay espacios de distribución suficientes, sentir que a uno le cortan las vías de comunicación por simplemente no tener algo tan ridículo como un nombre. Porque la calidad de lo que hacés sólo se puede juzgar después de la lectura, pero pareciera que ya fuiste juzgado antes de que se te ocurriera dar a publicidad tu trabajo.

Mi otra ambición sería publicar una novela que tengo conmigo desde hace algún tiempo, pero temo mucho desprenderme de ella para ver que no pueda llegar más que mi círculo íntimo. Aquí no hablamos de fama, hablamos de la necesidad de comunicar, que es la razón por la cual se publica.



Muchas gracias Mariano, para terminar, ¿cuál es tu artista imprescindible?


Johann Sebastian Bach. No sólo es imprescindible, es necesario. Muchas gracias a ustedes. Saludos.




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