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Usuario (Argentina)
Soberbios, poco imaginativos, corruptos, incapaces. Por alguna razón estuvieron a cargo de fuerzas armadas en famosos conflictos armados. Publio Quntilio Varo Guerras germanas “Varo llegó pobre a la rica provincia de Siria y volvió rico de la pobre de Siria”, dijo un historiador sobre este personaje. El año 9 d.C., Varo tenía a su disposición varias legiones del mejor ejército de la historia, el ejército imperial romano, y se ocupó de cometer todos los errores necesarios para caer en la trampa que Arminio, su “amigo” (Varo desoyó las sucesivas advertencias de una posible traición) le tendió en el bosque de Teutoburgo. Una miríada de soldados germanos, poco entrenados y con ninguna oportunidad de hacer frente a los romanos en una batalla convencional, masacró a las tropas en una de las emboscadas más notables de la historia. Las legiones que Varo llevó a la aniquilación nunca fueron repuestas, y hasta el fin de sus días, el Emperador Augusto se levantaba en la noche gritando: “¡Quntilio Varo, devuélveme mis legiones!”. Varo no podía escucharlo, sus huesos estaban junto a los de sus soldados en el bosque germano. Arminio, verdugo de Varo y sus legiones Douglas Haig Primera Guerra Mundial “El carnicero del Somme” es el sobrenombre de este general de caballería. Ser un “carnicero” puede ser señal de un general cruel y despiadado hacia el enemigo, pero Haig se ganó el título de carnicero de sus propias tropas. Creyendo que dos semanas de bombardeo a las trincheras alemanas a las orillas del río Somme había debilitado sus posiciones, y prendido al manual de tácticas del siglo XIX, la siguiente fase del plan de Haig era mandar una masiva carga de infantería con bayonetas a través de tierra de nadie para tomar las trincheras devastadas. Sin embargo, el bombardeo no había afectado a las posiciones alemanas, bien seguras en sus surcos de tierra y refugios de concreto. Los valientes soldados debieron caminar a ritmo de marcha, hombro con hombro, a través de un campo de minas, alambre de púas, y todo bajo fuego de ametralladoras. Durante la mañana, 6000 soldados ingleses habían caído, pero Haig pensaba que al menos, su sacrificio estaba cerca de agotar las posiciones enemigas. Mandó nuevas cargas, incluso ordenó a sus amadas unidades de caballería a bajar de la montura y sumarse a la refriega. Durante el primer día de la batalla del Somme, Haig perdió más de 12000 hombres. El peor día del ejército británico en toda su historia. Arthur Percival Segunda Guerra Mundial Nunca el rol de comandante en jefe le quedó tan grande a alguien. Percival, un feo y enclenque general de escritorio que jamás había comandado tropas en batalla, había sido promovido a General en jefe de las fuerzas británicas en Malasia porque la mayoría de los generales capaces estaban siendo utilizados en la guerra en Europa y el norte de África. Sin embargo, la inteligencia británica ya había recolectado mucha evidencia de la posibilidad de una invasión japonesa, algo que Percival decidió ignorar. Cuando su jefe de artillería, el brigadier Simpson, le aconsejó armar playas vitales y ciudades, Percival se negó diciendo que eso alertaría a las poblaciones locales y sería un golpe negativo a la moral de los soldados. ¡Alta facha, papá! Cuando los japoneses, a cargo del gran General Tomoyuki Yamashita, invadieron Malasia, la única defensa preparada eran acorazados británicos que fueron presa fácil de los bombarderos nipones. Los japoneses fueron capaces de atravesar la isla de Malasia en bicicleta, a través de las rutas comerciales sin tener que traspasar verdaderos obstáculos. En poco más de un mes, con un tercio de los hombres que tenía Percival a su disposición, Yamashita había conquistado Malasia y Singapur. Tomoyuki Yamashita Redvers Buller Guerra de los Boers “Excelente Mayor, Coronel mediocre, espantoso general”. Este fue el veredicto que sufrió el obeso general Buller, cuya labor como oficial había sido ejemplar en las guerras contra los zulúes. Pero cuando estuvo al frente de las fuerzas británicas contra los Boers, pareciera que Buller sucumbió a la presión. Enfrentado a un ejército de granjeros y cazadores, Buller pareció no comprender que las tácticas convencionales de caballería e infantería no aplicaban y en Spion Kop llevó a su ejército a la mitad de un valle rodeado de colinas desde donde los francotiradores Boers se hicieron un festín. “Estos Boers no saben luchar como verdaderos hombres, siempre salen huyendo sobre sus ponys”, fue lo único que atinó a decir. Pero sus hombres no lo vieron del mismo modo. Haciendo un juego de palabras con su nombre lo apodaron “Reverse Buller” (reverse=revés). Douglas MacArthur Segunda Guerra Mundial y Guerra de Korea Ser un maestro de las relaciones públicas y la autopromoción no hace necesariamente a un buen general. Los americanos lo ven como el gran héroe de la guerra del pacífico, aunque la mayoría de las victorias decisivas de la guerra ante Japón corresponden a su colega de la marina, el Almirante Chester Nimitz. Después de Pearl Harbour, los japoneses asaltaron las Filipinas, y si bien todo se hizo a velocidad relámpago, Doug no hizo absolutamente nada efectivo para evitar pérdidas innecesarias. Como general en jefe de las fuerzas del archipiélago, Doug decidió desplegar sus fuerzas insuficientes a lo largo de distintos puntos en dónde creía que los japoneses podían desembarcar, debilitando cualquier capacidad de respuesta, en vez de fortificar la base americana y tratar de retirar las tropas salvando miles de vidas. Poco después de comenzado el ataque, Doug se dio cuenta que todo está perdido y huyó, subiéndose a un acorazado y dejando a casi toda sus fuerzas desplegadas a merced del invasor. De vuelta en Washington, hizo lobby con su amigo, el presidente Roosevelt, para que le dieran la medalla del Congreso por su “heroica resistencia”. Años más tarde, estuvo a cargo del desembarco de las tropas americanas en Korea, y cuando la guerra se empantanó, llegó a proponer un bombardeo nuclear. Afortunadamente, Harry Truman lo echó del cargo. Joseph Hooker Guerra Civil Norteamericana Segundo General en Jefe de las fuerzas de la Unión, fue designado por el presidente Abraham Lincoln para reemplazar a otro legendario incompetente, el General Mcclellan. Las palabras de Hooker al presidente fueron: “Mis planes son perfectos, que Dios tenga misericordia del General Lee, porque yo no voy a tenerla”. Unos meses más tarde, Hooker fue rodeado por un ejército menor y derrotado humillantemente en Chancellorsville por el General Robert Lee y “Stonewall” Jackson. Robert E. Lee Zinovy Petrovich Rozhestvensky Guerra Ruso-japonesa El único caso de un líder naval en esta lista. Haber sufrido la peor derrota en la historia de la Guerra naval, en el estrecho de Tsushima, perdiendo 38 de sus 40 acorazados, es, más que nada, mérito del vencedor, el legendario Almirante japonés Heihachiro Togo. La incompetencia de Rozhestvensky viene de antes de la batalla. Su única reforma importante al mando de la flota del báltico (la tercera más grande de la tierra) había sido pintar de dorado las chimeneas de sus naves (que las hizo fácilmente localizables al fuego enemigo en Tsushima). Cuando la flota rusa fue aniquilda en Port Arthur en 1904, el Zar tuvo que mandar a la armada del báltico para reemplazar a la ya inexistente flota del pacífico, pero para eso, tenían que dar la vuelta a medio mundo. Togo Heihachiro Aun así, podrían haber llegado antes, de haber podido usar el canal de Suez, a cargo de un aliado de Rusia, Gran Bretaña. Sin embargo, a poco de zarpar, pasando por el mar del norte, uno de los acorazados abrió fuego y hundió un buque de bandera inglesa, creyendo que se trataba de un navío nipón disfrazado para atacarlos. Sí... supusieron que había un navío japonés en el Mar del Norte. Esa era la calidad de los oficiales rusos. Gran Bretaña estuvo a punto de declararle la guerra a Rusia, pero terminó bloqueándoles el uso del canal de Suez. Rozhestvensky tuvo que navegar a través de las costas Africanas y la India para llegar a la zona de conflicto, sólo para ser interceptadas en Tsushima cuando las tropas en tierra ya habían sido derrotadas en Mukden. Bartolomé Mitre Guerras civiles de la Confederación Argentina, Guerra del Paraguay o de la Triple Alianza. De todas las áreas destacadas en la que este notable personaje de la historia argentina se desempeñó (historiador, político, periodista, traductor) en la que fue definitivamente un incapaz fue en la que él estaba más orgulloso: en la de militar. A pesar de que, supuestamente, estudió teoría militar en Montevideo, Mitre nunca entendió que las tácticas Napoleónicas de la guerra europea no podían aplicarse al pie de la letra en las Pampas, y fue una y otra vez burlado y rodeado por las montoneras federales, como en la Batalla de Cepeda, contra Urquiza. Mitre reclamaba haber tenido una labor decisiva en Caseros al frente de un escuadrón de artillería, aunque no hay ninguna evidencia fuera de su relato al respecto, y a pesar de que en resa batalla la artillería no cumplió ninguna labor significativa. La única gran Victoria de Mitre fue en la batalla de Pavón, cuando luego de haber derrotado a la caballería de Buenos Aires, y quedando el centro expuesto, Urquiza, misteriosamente, dio la orden de retirada, ante los ruegos de su lugarteniente, López Jordán, que gritaba: “General, deme 300 hombres y termino esta batalla”. Mitre no estaba presente para su gran victoria. Creyéndose derrotado (lo estaba), ya había huido a San Nicolás. Una semana después, en la mesa de negociaciones, Buenos Aires se alzaba con la victoria. Durante la Guerra del Paraguay, Mitre fue elegido como general en jefe de las fuerzas de la Triple Alianza. Siguieron cinco años de encarnizadas batallas y la falta de una ventaja clara. El clavo en el bahúl de Mitre como general fue la batalla de Curupaití, donde falló en coordinar un asalto anfibio y de infantería y llevó a una verdadera masacre de sus tropas, deteniendo las acciones por casi tres años. Mitre fue relevado de su cargo y reemplazado por el notable estratega brasileño, el Duque de Caxias. Un año después de que tomara el mando, la guerra había terminado en victoria para la Triple Alianza y aniquilación de la población masculina paraguaya. En los años subsiguientes, prestó sus habilidades a otras notables derrotas, entre ellas, la revolución de 1874 y la del parque de 1890.

Un velatorio cambia la vida de un artista. El velatorio es el de su musa, pero lo que realmente devasta su vida es conocer allí, en pleno velatorio, a una joven que le dirá a la cara lo que piensa de su arte. Y es entonces cuando el mundo del artista se desmorona por completo… Por eso le hemos pedido a Mariano Díaz Barbosa, autor de La mediocridad y sus dones, que analice el alma y sentir de esta novela a través de algunas frases extractadas por él mismo. A ver qué te parece la selección: «Un libro sobre la belleza de lo que está a punto de derrumbarse, para los que creen que todavía vale la pena leer una novela con prosa poética». «Un pintor, su mirada, su forma de construir, de dar vida a su obra y destruirse a sí mismo en el camino». «Una musa fallida, una musa enferma, un pintor fallido, un pintor condenado y la pregunta: ¿Por qué seguir creando, por qué seguir haciendo arte en un mundo en que ya no parece necesario?» «Un hombre que pinta un cuadro, un velorio, dos personas tomando mate debajo de una parra, caminatas por el puerto, amanecer en un delta y algunas cosas más, como un romance inmoral, la belleza en la fealdad, el arte maldito, la enfermedad, la muerte y la locura». «Un libro que no busca enseñar, que no busca dar a entender, que no tiene respuestas, que no cuenta una historia particularmente importante y compleja. Un libro que no tiene miedo de admitir que miente, y quizás, por eso, es despiadadamente honesto». En definitiva, una obra que, como su mismo autor califica, ahonda en la superficialidad del arte, en el concepto de la creación, y que trasciende a ambos para encontrar el verdadero motivo de la creación; y si, realmente, todos poseemos el don de crear. Lo que no siempre es así… Fuente: https://www.edicioneslacre.com/mas-curiosidades-de-la-mediocridad-y-sus-dones-de-mariano-diaz-barbosa/ «La mediocridad y sus dones —comienza contándonos su autor, Mariano Díaz Barbosa—, versa sobre un pintor que, a través de un personaje de artista torturado y una pintura caótica y mediocre, ha logrado cierto éxito en el establishment artístico. Al comienzo de la novela recuerda la experiencia infantil que hizo que se dedicara a la pintura, y luego, en el tiempo presente, al comenzar un nuevo cuadro, entiende que su trabajo ya no lo apasiona, que no cree en él, que no sabe cómo plasmar su visión del mundo. Ya no cree. Al enterarse de la muerte de su antigua modelo y amante —prosigue Mariano Díaz Barbosa—, va al velatorio y conoce a la hija de la difunta. Se llama Friné y es una jovencita que, al hablar de arte, parece tener un conocimiento, una cultura que supera por mucho sus años. Cuando el protagonista le muestra su nuevo cuadro, ella lo destruye verbalmente; se atreve a decirle que su arte es una farsa, que no representa lo que él es ni tampoco lo que busca plasmar. Allí comienza una relación extraña, conflictiva (sino perturbadora) entre ambos, y lo que él protagonista vive y padece quedará plasmado, indeleblemente, en su obra, la única auténtica que es capaz de lograr. No es sólo el cuadro mismo, en el centro de la obra, lo que depende de las pasiones y relaciones entre los personajes, también el desarrollo de la trama. Porque ésta es una novela de personajes, climas y caracteres. No es una novela en la que los personajes están al servicio de la trama, si no lo contrario, aunque también hay una buena dosis de humor e ironía». En consecuencia, Mariano Díaz Barbosa siente que «ésta es una novela para los lectores que valoran no sólo el hecho narrativo, sino la prosa y la forma de la escritura. El estilo es rico en imágenes y asociaciones sensibles y tiene un cierto barroquismo que va degradándose hasta el final, en que, a tono con la evolución mental del personaje, el lenguaje se hace fragmentario, reducido a las sensaciones más básicas: el color, el tacto, los olores. Los elementos básicos de la realidad». A modo de curiosidad, los dos principales lugares en que transcurre la novela son Buenos Aires —«ciudad que la impregna toda, aunque nunca es referida explícitamente», confiesa el autor—, y el Tigre, un barrio en el límite Metropolitano de Buenos Aires y su provincia. «El campo donde vivía cuando la escribí», precisa. "La mediocridad y sus dones" está disponible por Mercado Libre: https://articulo.mercadolibre.com.ar/MLA-740960552-la-mediocridad-y-sus-dones-_JM
La siguiente foto fue tomada en algún momento entre 1864 y 1867 en Nagasaki. Allí vemos en el centro a un occidental, Guido Herman Fridolin Verbeck (1830-1898) y uno de sus hijos junto a una plantilla de imponentes jóvenes samuráis, todos ellos sus estudiantes. La foto es notable por varias razones. En ella, poco antes de desaparecer, aparece fijada, con espadas y todo, una casta guerrera que había gobernado Japón desde hacía ochocientos años. También, aparece entre ellos un occidental, contratado para enseñar a estos guerreros los modos y costumbres del mundo moderno y occidental que Japón había dejado fuera de sus fronteras, celosamente cerradas, por doscientos cincuenta años. Pero además, muchos de los samuráis presentes son figuras importantes para el entonces presente y futuro de su país, samuráis que luego dejarían sus armas para protagonizar uno de los proyectos de modernización más radicales y traumáticos de la Historia. No muchas imágenes reúnen a tantas personas célebres en un instante. ¿Quiénes? Paso a enumerar sólo algunos de los notables que aparecen en la foto. Además, agregaré algunas referencias que hay de estos hombres en la cultura popular y medios audiovisuales. Esta persona aparece en los libros de historia como Kido Takayoshi(1833-1877), aunque en ese momento su nombre era Kogoro Katsura Takayoshi/Katsura fue el jefe de los Ishin Shishi (anti-shogún) del clan Choshuu, y después de la restauración Meiji (1868), sería uno de los pilares políticos del nuevo gobierno. No sólo escribió el primer antecedente constitucional moderno de Japón, el "Gokajo no Goseimon" o Carta de Juramento, sino que fue mentor del joven emperador Meiji e integró la primera misión dimplomática japonesa al exterior. Kogoro Katsura en sus épocas de líder del clan Choshuu. Kido Takayoshi, cada vez menos samurái, con vestimenta occidental, luego de la restauración. En Taringa!, donde el interés por manga y animé es tan importante, podemos ver algunas representaciones de este personaje en los medios audiovisuales. Kogoro Katsura, representado en el manga y anime "Ruorouni Kenshin" (Samurai X) Este personaje de arriba es Ryoma Sakamoto (1836-1867), uno de los nombres centrales de la restauración Meiji. Sakamoto era de la isla de Shikoku y servía al clan Tosa. Si bien en sus comienzos fue un ardiente defensor de la consigna de expulsar a los occidentales del Japón, con el tiempo se fue moderando su posición, hasta que al final, intento buscar una salida negociada al shogunato en 1867, evitando una guerra. La propuesta naufrago con su asesinato en 1867. Sakamoto es además, recordado como el padre de la marina japonesa, por hacer creado la primera flota de barcos modernos al servicio de la alianza de Choshuu, Satsuma y Tosa. Ryoma es otro personaje que suele aparecer representado en películas y animés, que suelen aprovechar su legendaria personalidad afable y buen humor, además del revólver que solía llevar oculto en su kimono. Este personaje no es otro que Saigo Takamori (1828-1877): Si el nombre no les dice mucho, podemos agregar que es recordado como "El último samurái" e inspiró, en una película que suele aparecer recurrente en estos temas, a este personaje: Saigo era de Satsuma, y tras varias idas y vueltas políticas, se hizo cargo del ejército de la alianza Satsuma-Choshuu, o Satcho, y luego el ejército imperial. Llegó a ser Mariscal, pero luego de la restauración, enojado con el rumbo que tomaba el nuevo gobierno, se rebeló contra el gobierno y lideró la última guerra de los samuráis, la guerra de Seinan, o Revuelta de Satsuma, en 1877. Luego de fracasar, cometió seppuku en su última batalla. Saigo nunca usó armadura samurái, excepto quizás, en algún desfile, y sus ejércitos usaban armas de fuego y cañones. Sin embargo, hay que reconocer que siguió fiel al código del samurái cuando muchos de sus anteriores camaradas hacían todo lo posible por borrar ese legado. Pero, podemos decir que el Saigo guerrero, se parecía más a esto: Su estatua, con un perro que simboliza su lealtad, es una de las atracciones más visitadas en el parque de Ueno, escenario de una de sus mayores victorias como general. Como era de esperarse, no podía faltar en el mundo del anime: El siguiente, irónicamente, junto a Saigo: Se trata de Tshimichi Okubo (1830-1878), y digo "irónicamente", porque si hay un responsable de todos los hechos que llevaron a Saigo a rebelarse en 1877, fue él. Okubo era de Satsuma, y su labor en la restauración fue, como el de Kido Takayoshi, más político que militar. Fue la mente maestra en negociar el apoyo de la casa imperial a la causa de Satcho en la batalla de Toba-Fushimi y la caída del shogunato. Durante el primer gobierno Meiji, fue el ministro del Interior, casi la mano maestra del gobierno, y responsable de las leyes que decretaron la prohibición de los samuráis a portar espadas, el corte de la coleta y el fin de los privilegios de casta. Muchos no se lo tomaron con alegría, y un año después de la muerte de Saigo, fue asesinado por ex-samuráis mientras viajaba en carruaje. Los amantes del animé podrán recordar que su asesinato marca un giro importante en Samurai X: Estas dos fotos muestran la mutación del Okubo real en esos años: En el manga ya mencionado, Okubo es mostrado en una luz muy positiva, aunque en otra de nuestras fuentes, podemos ver que inspiró a un personaje menos halagador: Este muchacho aquí, es Takasugi Shinsaku (1839-1867) . Si Saigo había sido la "pata" militar de Satsuma, Shinsaku lo fue de Choshuu. Shinsaku fue responsable de crear la primera fuerza militar eficiente que combinaba las armas modernas, rifles y cañones, con métodos tradicionales de lucha. Esa milicia, llamada Kiheitai, fue la base del después ejército imperial, sin embargo, no pudo ver los frutos de su trabajo, y murió de tuberculosis en 1867, con sólo veintiocho años. Tkasugi es otro invitado frecuente al mundo del animé: Por último, tenemos a Ito Hirobumi (1841-1909): Personaje decisivo del paso a la modernidad en Japón, Hirobumi representó junto a Aritomo Yamagata, una segunda línea de notables de la restauración Meiji. Fue cuatro veces primer ministro de Japón, y el responsable de la Constitución de 1880. Uno de los responsables de la política exterior Japonesa del período, fue asesinado en 1909 por un nacionalista coreano, no muy feliz por la ocupación nipona de su país. Conclusión Una foto que captura el instante en que dos mundos y dos tradiciones se reunieron en una sola imagen, para la Historia.

La historia de la guerra nos ha dado todo tipo de historias extrañas, pero raramente en la historia, un enfrentamiento involucrando en al menos uno de los bandos una estructura militar, ha enfrentado a seres humanos con una especie animal. Por supuesto, el bando militarmente organizado iba del lado de los seres humanos, aunque, viendo los resultados, no podemos más que reconocer la notable acción llevada a cabo por el bando animal, que logró forzar a una reitrada general del bando humano. Hablamos de la gran Guerra del Emú, que tuvo lugar en Australia en 1932. Época Después de terminada la Primera Guerra Mundial, en 1918, el gobierno australiano otorgó a sus veteranos tierras en el oeste árido del país. Los nuevos granjeros encontraron difícil la tarea de sembrar en una tierra tan poco apta, pero por un tiempo lograron subsistir, hasta la caída de la Bolsa de Wall Street en 1929 y la subsiguiente gran depresión, que ocasionó un descenso catastrófico en el precio de los cereales. Frente a esto, el gobierno prometió subsidiar la producción de cereales en el oeste, pero con las arcas vacías, nunca cumplió. A esto se sumó un hecho inesperado. Una plaga de Emúes. El emú: un bicho jodido. El Emú (Fuente: wikipedia --- Ni en pedo me pongo a buscar un libro de ornitología) El emú (Dromaius novaehollandiae) es un ave no voladora originaria de Australia, emparentada al avestruz. Llega a medir dos metros y a pesar 45 kg. Con un plumaje castaño y miembros traseros musculosos, el emú es increíblemente rápido, tiene una aceleración notable, y, especialmente, es bastante agresivo. Al oeste de la frontera Resulta que los emúes se dieron cuenta que en las plantaciones en el oeste de Australia tenían comida fácil, y empezaron a romper los alambrados. Lo poco que dejaban, era al mismo tiempo arrasado por especies menores (como conejos) que aprovechaban los huecos abiertos por el ave autóctona. Llamado a las armas. Frente a la devastación, los veteranos se reunieron con el ministro de defensa, Sir George Pearce, y le sugirieron que, siendo personal entrenado en el uso de armas, y recordando el efecto devastador de las ametralladoras en Gallipoli, ellos podían ocuparse del problema si el gobierno les otorgaba armamento. El ministro, inquieto con la idea de armar civiles, pero también de dejar a sus héroes de guerra a la buena de Dios, llegó a un arreglo con ellos. Él mandaría un batallón del ejército a ocuparse del problema si los veteranos accedían a hospedar al personal militar en sus haciendas. Sir George Pearce, ministro de defensa de Australia. El comienzo de las acciones La misión fue asignada al Mayor G.P.W. Meredith del Séptimo de artillería Pesada del Ejército, con unos pocos hombres a su cargo, Ametralladoras Lewis y 10,000 rondas de artillería. Las tropas de Meredith llegaron a destino en octubre de 1932, pero las operaciones se vieron retrasadas por la caída de lluvias hasta el 2 de noviembre. Esta imagen no tiene nada que ver con el post, pero no encontré ninguna foto del mayor Meredith. Primera batalla Meredith no tenía verdadero conocimiento de la psicología del enemigo, porque su entrenamiento miliar se había basado principalmente en la lucha contra otros seres humanos, y todos saben que el Arte de la Guerra radica en conocer al enemigo y conocerse a sí mismo. El plan era que los granjeros intentaran arriar una bandada hacia el alcance de fuego de las Lewis. El 2 de noviembre a la mañana, los granjeros localizaron una bandada cerca de uno de los campos e intentaron llevarlos hacia la emboscada. Sin embargo, los Emúes resultaron estaban renuentes a actuar como vacas, ovejas y demás animales domésticos y simplemente se dispersaron y salieron corriendo. Un soldado, molesto por la cobardía del enemigo, decidió disparar doce rondas, para encontrarse con que la agilidad del emú terminaba por esquivar cada disparo y poner en peligro más a los propios granjeros que a las aves. Cuando Meredith pidió el informe de bajas, el soldado respondió que había bajado: “un número de aves”. Segundo día Seguro de la superioridad táctica del Homo Sapiens Sapiens, Meredith planeó una emboscada para el 4 de noviembre. Tomando el modelo de Gallipoli, que tanto había costado a los australianos, Meredith ubicó una ametralladora cerca de una represa cercana. Cuando una bandada de mil emúes se acercó a beber, la ametralladora abrió fuego. Desgraciadamente, el soldado a cargo había olvidado limpiar el arma, y luego de matar doce aves, el arma se atascó. Para cuando lograron liberar el mecanismo, los emúes ya habían huido del lugar. Reconstrucción (parcial y poco fidedigna) del combate. Subsiguientes acciones Los emúes, entendiendo la superioridad táctica y estratégica del enemigo, optaron por una táctica de guerrilla. Los próximos días, los emúes empezaron a dejarse ver sólo para huir y dispersarse en el momento en que los soldados intentaban dispararles con las Lewis. Recibiendo un informe de los locales de que al sur los Emúes eran bastante más mansos, Meredith se dirigió hacia allí, sólo para encontrarse que un emú manso sigue siendo una criatura bastante inmanejable. El último intento de forzarlos a una confrontación directa se dio cuando Meredith intentó aplicar tácticas de artillería móvil. Desgraciadamente, las ametralladoras Lewis no son móviles, entonces, se optó por montarlas sobre la caja de dos camiones rurales manejados por agricultores locales. Como muchas veces en la historia de la guerra, lo que funcionaba bien en el papel, fue más difícil de aplicar en la realidad. En el suelo árido y accidentado del oeste de Australia (sin nada parecido a una carretera a miles de km.) los camiones se tambaleaban de tal modo que apuntar o simplemente tratar de lograr la mínima estabilidad para disparar, hizo que la operación fracasara estrepitosamente. Retirada El 8 de noviembre, luego de recibir informes de que las acciones habían logrado solamente exterminar “algunos pájaros”, el Parlamento votó por firmar un armisticio (unilateral, porque los emúes son una especie salvaje que no sabe leer ni escribir) y ordenar una retirada. Meredith llevó a cabo una ordenada retirada, y aunque no había logrado quebrar la moral del enemigo, si había logrado preservar su división y volver sin bajas. Unos días después, Meredith declaró: “Si tuviéramos una división con la capacidad de soportar fuego enemigo como estos pájaros, podríamos afrontar a cualquier ejército del mundo. Son como los Zulúes, a los que ni siquiera las cargas de metralla podían parar”. Hasta hoy, el reclutamiento de emúes para el ejército no ha tenido éxito.. Tal es su inquebrantable espíritu. Resultados Más tarde ese año, se volvieron a destinar divisiones del ejército a la zona, esta vez mejores preparadas. Para fin de año, el costo en vidas (emúes) era de más de 986, con 2,500 aves heridas. Sin embargo, para el final de diciembre, las noticias de la guerra llegaron al Reino Unido, donde grupos conservacionistas protestaron al parlamento en contra del exterminio de una especie tan valiosa como exótica. Para 1934, las acciones agresivas de todo tipo contra el Emú, cesaron completamente. Legado El fracaso del ejército australiano en contrarrestar la plaga de emúes es único en la historia. Por única vez, una especie salvaje había logrado confrontar y poner en retirada a un ejército moderno integrado por seres humanos. Este post está dedicado a los emúes que dieron su vida en esta gesta heroica.
Mariano Díaz Barbosa, "hoy siento que la palabra escritor me queda muy grande" Por Gloria de Castro para la revista digital "Imprescindibles" Mariano, ¿quién es Mariano Díaz Barbosa? A veces me hago la misma pregunta, y no es una broma. Creo que por desesperante que sea no hallar la respuesta, lo más terrible de todo sería, en definitiva, hallarla. Creo que los peores errores que cometí en mi vida los cometí al tratar de forzar una respuesta tratando de construir un yo que seguramente era una idea de Yo con la que creía poder satisfacer mis dudas sobre yo mismo, y en verdad sólo eran inquietudes parciales. El Yo, la identidad, como quieran llamarlo, no puede definirse, es algo que sucede en el devenir de la persona, la inmovilidad sería condenarse a un punto sin salida. Supongo que a la larga uno va respondiendo algunas cuestiones, algunas inquietudes y descubriendo otras. No cancelemos nuestras posibilidades en una definición, que siempre es parcial. Hoy, simplemente, creo haber descubierto que lo peor de todo sería tomarme a mí mismo con demasiada seriedad. El resto lo iremos viendo. ¿Cuándo, como o dónde te das cuenta de que quieres dedicarte a escribir? Y ¿qué te aporta esta? Siempre supe que quería ser artista, pero hoy siento que aún la palabra “escritor” me queda demasiado grande, o le tengo miedo. Si ser escritor fuera sólo escribir, entonces habría millones de escritores, si ser escritor fuera vivir de lo que uno escribe, entonces habría muy pocos, y muchos de los que quedarían afuera igual merecerían ser llamados escritores. Entonces no sé si soy escritor. Si sé que la escritura ocupa bastante, si no de mi tiempo, de mis inquietudes. Estudias Filosofía y cine, carreras completamente diferentes, o ¿no? ¿qué sacas de cada una para escribir? ESTUDIÉ Filosofía y Cine, ya no lo hago. La Carrera de Filosofía me enseñó que no soporto pensar sin pasión, y me ayudó a descubrir que soy una persona irremediablemente estética. Nunca podría haber sido un Filósofo en el sentido de Kant o Hegel, un constructor de sistemas, frío y desapasionado. Descubrí que la Filosofía de ese tipo me aburría dolorosamente, y que Kierkegaard y aquellos pensadores que se jugaban hasta la cordura en su pensamiento me interesaban mucho más. No puedo soportar un libro de Filosofía que no tenga vitalidad en la prosa, que no tenga algún tipo de fuerza estética. Incluso si hasta odio lo que el pensador diga, con que me conmueva, eso lo justifica para mí. El Cine en general y el Guión en particular me sirvieron en dos sentidos muy distintos. Me di cuenta de que escribir guiones concentraba mucha de mi atención en aspectos en que como escritor de literatura nunca había reparado mucho: en el mecanismo, la estructura del relato. Quien quiera escribir guiones debe olvidarse de buscar la aceptación del Otro en la belleza de las palabras que utilice, el guión es una de las formas de escritura más técnicas, estructuradas y precisas que existe. Todo, cada palabra que uno escribe significa una enorme cantidad de dinero para la producción, y además, el guión, a diferencia de la poesía, debe optar siempre por la claridad y desterrar toda forma de ambigüedad. Dejar al equipo técnico múltiples interpretaciones sobre una escena es quizás lo más peligroso que puede hacer un guionista. Otro hecho fascinante del guión es que uno debe aprender a pensar la narración en imágenes y sonidos, y no en palabras. Y eso es muy valioso para la escritura literaria, porque una vez que uno deja de necesitar las palabras para explicar imágenes, puede liberarlas y, a la hora de escribir literatura, valerse de ellas para la construcción de un nuevo sentido, o, si somos afortunados, a la destrucción de todos los que existan. En cierto modo, la escritura cinematográfica liberó mis palabras de los significados más próximos anclados a ellas. Has escrito guiones para corto y mediometrajes, reseñas literarias, artículos, en 2013 el poemario “Para que nada sea”, y próximamente “La compañía de los hombres”, ¿en qué genero te mueves como pez en el agua”? En ninguno. Creo que la mayor fuerza de lo que hago surge en que siempre me arrastro con mucho esfuerzo. ¿Qué pasa por tu cabeza ahora que has publicado tu primer poemario y estás a punto de publicar otro nuevo libro? ¿sientes que el cordón umbilical que os unía se rompe o se convierte en otro tipo de relación? Bueno, el nuevo libro no es un poemario, es un libro de relatos. Creo que lo que pasa por mi cabeza es preocupación, siento que aquellos poemas que publiqué y estos relatos que publicaré son cosas que me costaron mucho esfuerzo y que no sé si los dejé ir para que quedaran olvidados en algún cajón, no sé si eso que es tan importante para mí (porque tristemente no puedo dejar de involucrarme demasiado en lo que escribo) realmente ha significado algo para alguen además de mí. Es triste pensar que uno escribe para que el resultado caiga en el olvido. Supongo que es inevitable. Con respecto a la rotura del cordón umbilical, la imagen suele usarse como una forma de liberación, de crecimiento de la persona, de abandonar el cuerpo de la madre. Quizás esa expresión tan freudiana también describa un hecho violento, bastante traumático. Cuando al fin salió el libro, me sentía eufórico, pero el desprenderse de esos poemas también fue un hecho violento, súbito. Un trauma necesario. ¿Cómo te llegaron esos primeros poemas? y el título “Para que nada sea”, ¿de dónde nace? No me sentía capaz de crear nada. Me sentía acorralado por una imposibilidad patológica de crear un lenguaje y una forma de expresión nuevas, y entonces sólo me quedaba tratar de desandar los sentidos ya existentes, la amalgama de las palabras, y hoy en día (al menos la Filosofía del siglo XX más o menos nos dejó en ascuas con eso) las cosas no son sin las palabras, o en verdad sólo hay lenguaje y realmente no tenemos muy en claro si hay cosas por fuera del lenguaje, por lo tanto, desandar el sentido de las palabras era también destruir el armazón de las cosas. Como soy tan terriblemente desmesurado, no podía ponerme un objetivo simple, y empecé por destruir el Yo en el primer poema y acabé intentando ir al fondo con una destrucción de todo lo demás. No lo logré, por supuesto, pero ese esfuerzo es lo que está en el poemario y por eso al final pide lo necesario “para que nada sea”. Esa es la justificación del título que se me acaba de ocurrir. La verdad es que es el último verso del libro y sonaba muy interesante. “Soy todas las personas que van muriendo a mis pasos. / Soy todas mis posibilidades que cancelé. / Soy hasta que llegue la hambruna. / Mi muerte es mi hambruna. / Mi muerte será la única que no pueda matar. “Es un fragmento de Poema voraz de ese citado poemario, ¿la muerte es el fin de todo o el inicio de algo nuevo? La muerte es el fin de todo en el sentido de que todo tiende hacia la muerte (ahí me sale otra vez, tengo la espina filosófica clavada y pienso en “fin” en el sentido griego de Theos), si todo se quedara en lo que es o en el mero hecho de existir, nada se movería y la vida sería de una quietud insoportable. Entonces sólo quedan dos caminos, ser otra cosa, y en eso nos pasamos nuestra vida, o dejar de ser. Todas las cosas luchan por lo primero y sucumben en lo segundo. Si hay vida después de la muerte, no es una respuesta que me crea capaz de responder, no me meto con la fe, no sólo no la desprecio, creo que hay algo en mí que todavía no ha renunciado al misterio, así que no me pronuncio, soy un verdadero cobarde existencial. Pero volviendo a lo anterior: cada vez que cambiamos el Yo anterior deja de ser, necesariamente muere, entonces toda nuestra vida es dejar muertos atrás. Me ha parecido leer por face que en julio se presentará ese segundo libro “La compañía de los hombres” ¿De dónde viene el título? Háblanos de él, haces una selección de esas historias, ¿se queda alguna en el camino, cómo descartas? El título viene porque supongo que en todos los relatos flota una especie de enrarecimiento de la relación del Yo con lo Otro, que ya de por sí es angustiante. Soy alguien al que le gusta estar solo, pero no podría soportar una vida sin familiares ni amigos. Hay una dialéctica muy contradictoria, paradójica, en la relación que tenemos con los otros, no queremos que nos abandonen pero tampoco soportamos que no respeten nuestra intimidad, o nuestros momentos de recogimiento. Creo que la palabra neurótico ya habrá llegado a la mente de muchos de los que estén leyendo esto. Con respecto a la selección, no fue muy consciente. Puse los cuentos que me parecía que daban una mayor idea de los climas que trabajo pero que también mostraran una versatilidad de estilos. ¿Cómo te inspiras? ¿a qué hora, por la mañana o por la noche? ¿Cómo te llega? ¿planificas tus historias? No podría planificar mucho las cosas, me impondría a mí mismo tantas trabas que no podría nunca terminar de escribir. Más que inspiración, escribo por obsesión, se me mete tanto una idea en la cabeza que no la puedo abandonar hasta que la escriba. Son sólo esas ideas las que me motivan a escribir, y por eso es que quizás no escribo tanto como otras personas que conozco. Soy más naturalmente activo (al menos mentalmente) a la noche. ¿A qué escritor admiras desde siempre? ¿qué obra te habría gustado escribir? A Marcel Proust. Creo que cuando terminé de leer “En busca del tiempo perdido” sentí que no podría nunca escribirse nada nuevo después de eso. ¿Has llegado a tu destino o todavía te queda mucho camino que recorrer? Me contradeciría enormemente con todo lo anterior si dijera que creo tener un destino. No lo tengo. Creo que tengo la posibilidad de seguir caminando, aunque no sepa si el camino es mucho o poco. Con eso es suficiente. ¿Qué planes futuros tienes? Quisiera tener la posibilidad de poder llegar a más gente con lo que hago, en el sentido que hubo personas que se comunicaron conmigo y me preguntaron cómo podían conseguir mi libro anterior y no tenía forma de hacérselos llegar. Es triste eso, saber que no hay espacios de distribución suficientes, sentir que a uno le cortan las vías de comunicación por simplemente no tener algo tan ridículo como un nombre. Porque la calidad de lo que hacés sólo se puede juzgar después de la lectura, pero pareciera que ya fuiste juzgado antes de que se te ocurriera dar a publicidad tu trabajo. Mi otra ambición sería publicar una novela que tengo conmigo desde hace algún tiempo, pero temo mucho desprenderme de ella para ver que no pueda llegar más que mi círculo íntimo. Aquí no hablamos de fama, hablamos de la necesidad de comunicar, que es la razón por la cual se publica. Muchas gracias Mariano, para terminar, ¿cuál es tu artista imprescindible? Johann Sebastian Bach. No sólo es imprescindible, es necesario. Muchas gracias a ustedes. Saludos. El link a la nota: http://www.revistaimprescindibles.com/entrevistas/mariano-diaz-barbosa

Este post trata sobre los primeros años de la campaña de Aníbal en Italia como ejemplo de su genio militar. Contar toda la Segunda Guerra Púnica requeriría de varios posts. Introducción Es el dos de Agosto del 216 a.C. En el sur de la península itálica, cerca de la guarnición de Cannas, cientos de cuervos oscurecen el cielo sobre lo que empezó siendo un campo de batalla y terminó siendo el campo de una masacre. 70 mil romanos están por morir o esperan ser muertos. Los carniceros son hombres de varias nacionalidades, tribus y religiones, pero el conquistador es uno sólo, un general Cartaginés de nacimiento e hispánico por adopción, tiene un ojo muerto y en el otro brilla, como en su apellido, un relámpago. Se llama Aníbal Barca, y ha invadido Roma pasando por los Alpes, ha destruido tres ejércitos romanos incluyendo este último, el más grande jamás congregado por Roma, 86 mil hombres y dos cónsules. 70 mil están muertos o esperan la muerte, porque la gran mente militar de todas las épocas ha llevado a cabo una maniobra con su ejército de 35 mil que sería una obra de arte si las consecuencias no fueran tan sangrientas, aunque qué obra de arte no encierra intenciones igual se sanguinarias en su interior; Aníbal las ha llevado a cabo con toda la genial literalidad que hará que su maniobra sea estudiada hasta hoy. Ya nada lo separa de Roma y la victoria. Catorce años después, en los campos de Zama, cerca de su Cártago natal, Aníbal es derrotado por uno de los hombres que sobrevivió a esa jornada del 216 a. C. Seguirán el exilio y el suicidio para no caer en manos de su eterna rival, la Roma que una vez tuvo a sus pies. Las razones por las cuales Aníbal no marchó a Roma después de Cannas se hunden en la Historia. Tito Livio y Polibio lo acusan de haber sido demasiado cauteloso, o indeciso. Increíble en alguien a quien describen casi como inhumano, más allá de que a regañadientes sus páginas chorrean admiración por el genio y la osadía del general. ¿Es duda, indecisión? Otorguémosle a ese hombre que no dudo ni ante los Alpes ni ante 86 mil hombres que no hayan sido ninguna de las dos. ¿Puede ser que lo que Aníbal buscaba era la rendición de Roma, someterla al mismo tratamiento que Roma le propinó a Cártago luego de la primer guerra Púnica, y no su destrucción? Aníbal Barca (247-183 a.C.) El Personaje No daremos por cierta la definición que hace el historiador del enemigo de los defectos morales de Aníbal: “una crueldad inhumana, una perfidia peor que la púnica, una falta absoluta de honestidad y de franqueza, ningún temor a los dioses, ningún respeto por lo jurado, ningún escrúpulo religioso” (Tito Livio,libro XXI). Las tres últimas quedan refutadas por Livio mismo cuando retrata a Aníbal en su entrada en escena: “Aníbal, cuando tenía nueve años, al pedir de su padre Amílcar (…) en el momento en que estaba ofreciendo un sacrificio (…) fue acercado al altar y con la mano sobre el víctima obligado a jurar que tan pronto como pudiera se convertiría en enemigo del pueblo romano”. Las páginas de Livio cuentan de que sólo un temor cierto a los dioses y a lo religioso (no romanos, claro está) y una fidelidad de hierro a lo jurado llevarían a que Aníbal dedicara su vida a cumplir esa promesa. No parece creíble que Aníbal quisiera perdonar a Roma. Cartago había sido humillada en la primera guerra Púnica, le habían quitado Cerdeña y Sicilia, le habían desmantelado su flota (su orgullo) y habían obligado a su padre Amílcar a rendirse sin haber perdido una sola batalla. Luego de la muerte de Amílcar, que había fundado la colonia Cartaginesa en Hispania (dos de las ciudades que fundó Amílcar en España son Cartago nova, hoy la Cartagena española y una ciudad que llevaba el nombre de su familia, Barcino, que con los siglos sería Barcelona) y casi había anexado a todas las tribus locales al poder africano, Aníbal tomaba el lugar de su padre. Todos ven en él la misma furia, la misma mirada. Aníbal vive como sus soldados, lucha desde el frente, duerme en el suelo, come el rancho militar. Ha nacido para honrar su apellido, Barca (relámpago). Tito Livio (59 a.C.-17 d.C.) La segunda guerra Púnica Cártago firma un tratado con Roma estableciendo como límite de la expansión cartaginesa el Ebro. Podemos imaginar el digusto de Aníbal frente al arreglo que hizo el senado a sus espaldas, pero no importa, sabe que dos imperios en expansión están destinados a chocar, sabe que sólo puede quedar uno en pie, sabe que llegado el momento el quemaría Roma hasta las cenizas como muy probablemente lo harían los romanos si existiera una segunda guerra Púnica. Aníbal es un gran militar: sabe esperar. La cosa se precipita cuando Aníbal sitia Sagunto, dentro del límite fijado. Aníbal conoce a los Romanos, sabe cómo suelen entrar en guerra. Los romanos se declaran aliados de los Saguntinos, y cualquier acto contra ellos es un acto contra Roma. Aníbal podría haber claudicado de ser diplomático, pero él no ha reunido un ejército para colonizar, él ha reunido al ejército de su padre para cumplir su promesa ante la víctima del sacrificio. Aniquila Sagunto. Los romanos mandan a un emisario a Cartago que exclama la terrible frase: “entre los pliegues de mi toga está la posibilidad de la guerra o de la paz”. Los políticos Cartagineses, muchos de ellos lo suficientemente humillados y empobrecidos por el tratado de rendición, se ponen de pie y gritan: “¡Guerra!” Aníbal tiene lo que deseaba. No puede llegar a Roma por Sicilia, la armada Romana ahora es más poderosa que la Cartaginesa. Debe ir por tierra. Reúne a sus soldados, infantería Libia que esgrime la temible Falcata (una espada curvada hacia delante para despedazar), hispánicos de espadas cortas y puntiagudas, honderos salvajes de las baleares, la mejor caballería de la época, los númidas, que montan a pelo desde antes de saber caminar y atacan utilizando la sorpresa y la falsa retirada; por supuesto, están sus legendarios elefantes. Aníbal llega a Galia, pero sus tropas de reconocimiento le dicen lo que intuía, el camino está cerrado por el experimentado Cónsul Publio Cornelio Escipión, que sabe que tiene el terreno a su favor. La ruta de invasión de Aníbal Batalla de Tesino Pero Aníbal lo tomará por sorpresa. Planea una empresa que de lograrla lo dejará en la memoria de la humanidad por siempre. Cruzará la muralla protectora de Italia, los Alpes. En una travesía infernal, dónde mueren miles, el ejército de Aníbal (sólo un gran general puede inspirar a las tropa a llevar a cabo algo semejante) supera los pasos helados en pleno invierno, con elefantes y caballos. Del otro lado está la gloria eterna de destruir Roma. Si lo logra, no hay nada que lo prive de tener su venganza. Aníbal emerge de la muralla de piedra con sus elefantes y su ejército, los Galos Cisalpinos se le unen al sólo verlo. Son guerreros feroces, que supieron saquear Roma en el 380 a.C., esgrimen hachas y espadas largas, son grandes caballeros y miden cerca de un metro noventa de promedio. Odian a los romanos que han aprendido a vencerlos casi tanto como Aníbal. Publio Cornelio Escipión se pregunta si Aníbal ya ha vuelto a Hispania. Cree que los romanos son simplemente mejores. Con su hijo Publio Cornelio el joven, un adolescente y una tropa de tres mil de caballería se dirige a Roma a dar su informe. En Tesino, Aníbal los aguarda con sus invencibles jinetes Númidas. La tropa del Cónsul es aniquilada, éste apenas se salva debido al arrojo de su hijo, que no olvidará nunca a ese hombre, Aníbal, que no le teme a la muerte. Batalla de Trebbia El cónsul que había sido enviado al sur a cubrir la ruta de Sicilia, Tiberio Sempronio Longo sabe que le queda un mes como Cónsul. Quiere, como buen romano, la gloria. Aníbal maneja una red de espionaje brillante tanto en la capital como en las ciudades menores. Sabe que Longo es imprudente y arrojado. Los dos ejércitos acampan a las orillas del río Trebbia. Longo tiene el doble de hombres y mucha confianza. Aníbal conoce a Longo. A la noche envía escaramuzadores para que crucen el río y ataquen el campamento romano. Longo entra en cólera. Cruza el río con el ejército formado para la batalla en la maniobra estándar de los romanos. A los costados la caballería, en el centro las legiones en perfecta coordinación, con escudos ovalados, cotas de malla, jabalinas (pilum) y sus temibles gladius (espadas cortas para apuñalar). Aníbal aparenta darle lo que quiere. En el centro la infantería, a los costados la caballería. Pero antes de mandar a los escaramuzadores, Aníbal dio la orden a su hermano Magón de que se ocultara con tres mil hombres a un costado del campo de batallas, en un pastizal. Los romanos cargan de frente. Aníbal presiona los flancos enemigos con una carga de elefantes (los caballos y hombres romanos no los habían visto jamás) seguida de su caballería númida y Gala. Los jinetes romanos huyen. Sin embargo, Longo cree estar cerca de lo que buscaba, el centro cartaginés retrocede y está a punto de romperse. Longo da la señal para que la infantería presione aún más. Ahora, las tropas de Magón han dejado de estar a un costado del campo de batalla para estar a la retaguardia de los romanos. Da la orden. Los romanos son atrapados por la caballería a los costados y sorprendidos por Magón por la retaguardia. Es el fin. Longo es una de las víctimas. Las bajas romanas son enormes, pero hubieran sido mayores de no ser porque la presión terrible de la legión logró romper el centro Cartaginés para que al menos unos miles escaparan. Galos, Hispánicos, Númidas y Libios aclaman a su general. La campaña del Arno En Roma nombran a dos nuevos cónsules, Gémino y Flaminio. Ambos plantean una buena estrategia, la que habían planeado Escipión y Longo, sólo que el segundo se apresuró a romper. Además, el terreno de Toscana es propicio. Flaminio cubrirá la rivera del Arno, Gémino la costa oriental. Aníbal deberá toparse con alguno de los dos, y el otro aprovechará para flanquearlo. Pero parece que no conocen a Aníbal. El hombre que ha cruzado los Alpes no teme pasar por los pantanos inhóspitos de la rivera del Arno. Es una experiencia terrible. Mueren cientos de hombres, y los elefantes que quedaban. Aníbal sufre una infección y pierde la visión en un ojo. Pero al final cruzan, y Aníbal gira hacia la posición de Gémino. Como conocía a Longo, Aníbal conoce a Gémino. Sabe que es un hombre cauteloso, buen soldado, pero le falta astucia. Sabe que lo más seguro es refugiarse en una fortaleza como Arrecio a esperar a Gémino. Aníbal tiene que hacerlo salir de Arrecio antes de que Gémino llegue. La campaña de Aníbal por Toscana y el cruce de los pantanos ha durado varios meses. El tiempo para los cónsules es de seis meses. Flaminio no puede esperar para siempre, por cauteloso que sea. Aníbal utiliza algo que los romanos nunca manejaron, la psicología. Inicia una campaña de terror e incendio de campos y poblados alrededor de Arrecio, lo suficiente para que Flaminio pueda ver el humo desde su posición fortificada. Es una batalla que si la gana, Aníbal sabe que tendrá la mitad de la batalla con las armas ganada. Al final, Flaminio no puede evitarlo, sale a la caza de Aníbal. Su ejército es más grande, pero no se puede confiar. Sabe que debe esperar el momento justo. Emboscada en el Lago Trasimeno Al pasar junto al lago Trasimeno, Aníbal encuentra la posición que buscaba. Cerca de la madrugada, entre la niebla del lago, las legiones de Flaminio marchan preocupadas. Hay un camino estrecho entre el lago y una colina. Flaminio da la orden de armar el campamento, y como buen militar, manda una patrulla de reconocimiento al frente. Un tiempo después, la patrulla vuelve al galope, mermada. Del otro lado han visto el campamento de Aníbal. Fueron atacados por los cuerpos de centinela. Flaminio sabe que si no actúa Aníbal cargará contra ellos, y si actúa rápido puede sorprenderlo antes de que esté preparado para dar batalla. Da la orden de marcha. A medio camino, aparecen las luces del campamento de Aníbal del otro lado. Flaminio lo tiene donde lo quería y da la orden de ataque. En ese momento, se siente un temblor a un lado del camino. A través de la niebla, se materializa el grueso del ejército cartaginés que desciende por la colina para chocar contra la fila de Flaminio atrapado entre la colina y el lago. Muchos legionarios ni siquiera tienen las armas en las manos. Aníbal había dejado un señuelo del otro lado de cruce. Los cartagineses barren la línea romana. Muchos saltan al lago y se hunden por el peso de las armaduras. Flaminio muere en la batalla. Es la emboscada más genial de todos los tiempos. Un mensajero llega al foro y da la noticia: “hemos perdido en la gran batalla”. Se ordena a Gémino regresar con sus hombres a proteger la ciudad. La dictadura del retardador Aníbal sabe que no puede sitiar la ciudad con un ejército consular y 500 mil ciudadanos con capacidad de empuñar las armas. La segunda guerra Púnica entra en un tiempo muerto. La república debe recurrir por primera vez en su historia a la medida que más odian, la negación de su republicanismo. Nombran a un dictador, un hombre al que se le da la suma del poder público por seis meses en caso de extrema gravedad. Se llama Quinto Fabio Máximo, un militar experimentado y sabio. Máximo recurre a la estrategia más lúcida. Evita confrontar con Aníbal. Reúne un ejército gigantesco, más de sesenta mil, pero no va a la batalla. Los romanos lo desaprueban, pero él tiene el puño de hierro. Combatir de frente es the roman way, pero Máximo se niega. En su lugar lleva a cabo una estrategia de tierra arrasada. Todos los campos que no están para cosecha son incendiados, se llenan los graneros de las ciudades y se raciona. Estas estrategias de guerra basadas en no luchar directamente, sino en cambio acosar al enemigo y desgastarlo (como la de Barclay de Tolly en 1812 cuando Napoleón invadió Rusia) aún hoy siguen llamándose "Tácticas fabianas", en honor a Fabio Máximo. Aníbal y su ejército empiezan a languidecer al vagar por el Lazio. Máximo lleva a cabo táctica de guerrilla, acosa la retaguardia de Aníbal. El gran general sabe que si no logra una gran victoria o si no obtiene provisiones empezarán las deserciones. En un duelo más mental que militar, Aníbal saquea la campiña romana, pero en un golpe de brillante astucia, destruye todo menos las propiedades de Máximo, alimentando así la impopularidad y la sospecha que en Roma pesan sobre el dictador. Quinto Fabio Máximo (280-203 a.C.) Máximo se ganar el apodo de "Cuntactor" (El retardador). Pero su táctica está dando resultado. En un momento Aníbal logra quebrar el rodeo del dictador y logra escapar al sur. En el peor de sus momentos, no sabe que se aproxima la batalla que lo dejará en los libros de Historia. El ejército Cartaginés saquea el pueblo y la guarnición de Cannas. Está cerca del Adriático, en medio de un terreno escarpado. Es una manobra fruto de la desesperación. Aníbal ha quedado atrapado entre el río Ofanto y las colinas circundantes. La única salida conduce hacia el ejército del Retardador. Sin embargo, los seis meses de gracia han terminado para Máximo. Ha logrado reunir y armar un ejército terrible de 86 mil hombres, pero no puede hacerse cargo de él. Es removido de su cargo y llegan a las sillas curules Emilio Paulo y Terencio Varrón. Ya no irán cada uno con su ejército, los dos comandarán (día por medio cada uno) ese enorme yunque para terminar con la pesadilla de Aníbal de una vez por todas. Cannas, obra maestra dela guerra Aníbal debe haber pensado que en ese momento se definiría si la que terminaría en cenizas sería Roma o Cartago. Sabe que de tener la oportunidad Roma terminará. Sabe que si falla será Cartago. No hay en él dudas, como dicen Polibio y Livio. Ambos historiadores caracterizan a Paulo como un hombre cauto y sabio, y a Varrón como estúpido e imprudente. Lo cierto es que Paulo es abuelo de Emiliano Escipión, quien en la tercera guerra Púnica destruirá Cártago, así que es lógico que quede como el bueno. Varrón ha estudiado las batallas anteriores. Sabe que en Trebbia un ejército menor logró romper el centro de Aníbal. Sabe que en el terreno de Cannas, estando Aníbal arrinconado y sin elefantes, no puede haber sorpresa en la retaguardia ni en los flancos. Sabe que si logra contener la poderosa caballería Gala y Númida será cuestión de tiempo para que colapse el centro enemigo. El día que Varrón está a cargo, el mega ejército cruza el Ofanto y le cubre la única salida a los invasores. Aníbal coloca a la caballería gala en el flanco izquierdo a cargo de Asdrúbal, y a la númida en el derecho a cargo de Hannón. Forma la infantería de una manera extraña, en forma de cuarto creciente, con el centro hacia delante y las puntas hacia atrás. En el centro coloca a los contingentes galos e hispánicos. A los costados (los vértices de las medialunas) los veteranos del norte de África, su infantería más disciplinada, que queda detrás de los galos e hispanos. Aníbal y Magón se colocan entre ellos para liderarlos. Del otro lado, Varrón forma su caballería en los flancos, y en el centro la formación homogénea de legionarios. Varrón lidera el flanco izquierdo de la caballería, en la cual sirve el joven Escipión, dispuesto a vengar lo de Tesino. Paulo lidera la infantería. Varrón da la orden de que los legionarios cierren formación para hacer de ariete, como en Trebbia, contra el centro enemigo. Sorpresivamente, la primera acción de la batalla de Cannas la da Aníbal, que está a la defensiva. La caballería ataca los flancos romanos. Los galos chocan contra el flanco derecho, los númidas contra el izquierdo. Varrón y Escipión se desesperan al ver que los númidas no intentan vencerlos, golpean y retroceden, golpean y retroceden. Varrón desea aniquilarlos de una vez. El ariete romano, 70 mil hombres de inercia chocan contra los galos e hispanos. Las jabalinas y luego los gladius aniquilan la primera línea. Aníbal los arenga a mantener la posición, pero es imposible, poco a poco retroceden. Paulo ve con esperanza que el centro cartaginés se va a deshacer. Mientras, Varrón trata de mantener el orden de sus jinetes, muchos salen en persecución de los númidas y son aniquilados cuando éstos dan la media vuelta. En el otro lado, la caballería gala pulveriza al flanco derecho. Paulo, siempre atento, mira con preocupación que puedan presionar el lado derecho del ariete, pero algo sucede. Asdrúbal no da esa orden, da la señal de que cabalguen hacia el frente. La caballería da gira por la retaguardia de la formación romana y cabalga hacia el flanco izquierdo, Varrón queda atrapado en una maniobra de pinzas entre los galos y númidas y se da a la retirada. Escipión huye también. Nunca olvidará lo que vería después. La infantería romana hace retroceder el centro Cartaginés. En ese momento, la medialuna pierde su forma, el centro retrocede y la formación de ariete entra en un embudo, la coherencia de la legión se pierde, y con ello el poder de la embestida. En ese momento Aníbal da la señal. Los Libios, con sus escudos y falcatas, que no habían entrado en batalla (estaba a los lados y detrás de los galos e hispanos) se mueven hacia los costados de la formación romana, que no tiene más la caballería cubriéndolos. Paulo entra en pánico, da la orden de retirada. En ese momento, la caballería gala y númida reaparece y cierra la trampa por la retaguardia. 70 mil romanos quedan rodeados por los cuatro lados. Aníbal no tomará prisioneros. En el atardecer rojo de Cannas, Aníbal tiene ante sí la destrucción de Roma. Algo sucede en él, algo que quizás haya estado nadando en su ojo muerto. Algo que nunca sabremos. La gloria tiene sabor amargo Corre el año 183 a.C. Aníbal mezcla en una copa el veneno que llevaba en su anillo de hierro. Está en de huésped en la corte del rey Prusias, en Libisa, que lo ha traicionado entregándolo a sus enemigos eternos, pero Aníbal, como su padre que prefirió saltar a un río que ser tomado prisionero, optará por la muerte. En esos últimos momentos en que siente el gusto amargo de la gloria marchita, quizás haya visto el atardecer rojo, los colmillos nevados de los Alpes que se incrustan en el cielo, los cuervos que vuelan en picada sobre los despojos de tantos ejércitos romanos, la cabeza de su hermano Asdrúbal siendo lanzada en su campamento por sus enemigos, los llantos de las vírgenes vestales barriendo los templos con sus cabellos, la mirada cruel de su padre frente al altar de sacrificio, Sagunto en llamas, los anillos de los senadores en el jarrón que Magón lleva como muestra de la hazaña a casa, la traición de Masinissa, la entrevista con Escipión el joven con la mezcla de odio y admiración mutua, el intento desesperado de dar batalla en Zama, las carcajadas en el senado que ocultaban las lágrimas de su corazón. Ante todo, habrá vuelto a escuchar lo que le dijo Maharbal esa tarde del 216 a.C., ese atardece rojo: “Aníbal, sabes como obtener la victoria, pero no sabes como aprovecharla” Cuando los legionarios entran, Aníbal ya ha dejado este mundo. En el año 200 d.C., cuando los bárbaros vuelven a incursionar dentro del territorio romano, Septimio Severo hará que coloquen una nueva plancha de mármol sobre la tumba de Aníbal, quizás para evitar que vuelva reencarnado en los nuevos invasores. Todos los siglos hasta el fin del imperio, las niñeras romanas asustarán a los niños con la promesa de que Aníbal regresará por ellos si no son obedientes. Tito Livio estaba equivocado, Aníbal nunca olvidó su juramento de ser la peor pesadilla de los romanos, aún después de su muerte.. Publio Cornelio Escipión "Africanus" (236-183 a.C.)
Corría el año 1561 y hace cien que todo gobierno central y orden habían desaparecido del Japón. En una tierra de relieves tortuosos, de terremotos y tifones, de grandes señores de la guerra que luchan sin cesar uno contra otro, donde la traición es orden del día y donde los grandes clanes son destruidos sin más de cada día, dos hombres, dos samuráis, dos de los generales invictos del sol naciente se encontraban, cara a cara, en una batalla apocalíptica en lo que hoy es Nagano. Los personajes Takeda Shingen (usaremos el orden de la onomástica japonesa, primero el nombre del clan o familia, y luego el nombre de pila) nació en 1521 en la provincia de Kai, hijo del Señor regional, Takeda Nobutora. Si bien el clan Takeda era uno destacado de la región central de la isla de Honshu (la gran isla del Japón), fue Shingen quien llevó a su clan a su máxima gloria. Como buen Samurái, en su carácter se entremezclaban dotes refinadas y cultas como otras más sangrientas y despiadadas. Gran poeta y músico, a los veintiún años hereda el liderazgo del clan y muestra ser un estratega consumado, así como un notable organizador del ejército. La revolución militar del clan Takeda significó la creación de una caballería que se convertiría en leyenda. Si bien la figura del Samurái siempre estuvo vinculada al caballo, los arqueros montados significaban más luchar individualmente orbitando alrededor de las formaciones de infantería en la batalla. Takeda Shingen Shingen creó una caballería organizada en formaciones predeterminadas, las verdaderas primeras cargas de infantería que aterrorizaron a los enemigos de Takeda. Filas completas de caballeros con lanzas haciendo de martillo contra el yunque de las complejas formaciones de infantería samurái. Shingen tenía veinticuatro generales que, como funcionaría siglos después el ejército de Napoleón, comandaban grandes ejércitos con capacidad de maniobra individual, al mismo tiempo que respondían rápidamente en la cadena de mando al líder del clan. Blasón (mon) del Clan Takeda Shingen, al mismo tiempo brutal y sabio, se sentaba en su puesto de mando en el centro de las formaciones, con su armadura roja de penacho blanco y su tessen (bastón de mando de acero), y su presencia bastaba para dotar a sus hombres de una energía salvaje en la batalla. Rojo era el color del clan Takeda, y su blasón eran cuatro rombos agrupados para formar un rombo mayor, representación su lema (tomado del Arte de la Guerra de Tsun Tzu) “Veloz como el viento, sereno como el bosque, feroz como el fuego, inmóvil como la montaña”. Shingen fue apodado El tigre de Kai. Estatua de Takeda Shingen con su bastón de mando o Tessen. Uesugi Kenshin fue una de las paradojas más inquietantes del Japón. Religioso y guerrero, al mismo tiempo monje y samurái. Si alguna vez el honor del samurái existió en la era de los estados en guerra (sengoku Jidai) fue Kenshin quién mejor lo expresó. Capaz de salvar a sus peores enemigos si consideraba que la batalla no era justa, era un guerrero terrible en el campo de batalla. Uesugi Kenshin Kenshin nació en 1530, en la provincia de Echigo, en un momento en que el clan Uesugi luchaba por sobrevivir. Su padre había muerto en una campaña fallida en una provincia vecina, y su hermano mayor y heredero había tomado el mando del clan acuciado por todos los frentes luego de la derrota. Kenshin fue destinado a un templo, donde vivió desde los siete a los catorce años. Pero una lucha de facciones dentro del propio clan llevó a que muchos de los principales generales de Uesugi lo reclamaran como líder. Harukage, su hermano mayor, no demostraba ser un buen líder, y Kenshin se vio obligado a entrar en guerra contra su propia sangre. En la batalla resultante, Kenshin demostró ser un general superior, y su facción resultó triunfante. Mon del clan Uesugi Kenshin nunca se perdonó del todo la muerte de su hermano, obligado a cometer seppuku, luego de la derrota. Varias veces las terribles decisiones que el sobrevivir a una era de guerra total imponía a los grandes señores lo llevaron a querer retirarse a una vida de monje, retirado de la violencia y traición de todos los días. Pero la sangre de un guerrero corría por sus venas. Sus proezas en el campo de batalla fueron tales que sus seguidores llegaron a considerarlo un avatar o encarnación del dios budista de la guerra, Bishamonten. Buscando conciliar tantas contradicciones, Kenshin se consagró al celibato y a una vida monástica, se rapó la cabeza (por eso solía luchar con el velo blanco que usaban los monjes guerrero del Japón) pero siguió manteniendo las armas del samurái. Incluso el nombre que eligió al convertirse era el de un guerrero. El hasta entonces Nagao Kagetora se llamaría Kenshin, “corazón de espada” en Japonés. Estatua de Uesugi Kenshin Tan temido como soldado, fue respetado y querido como líder. Uesugi Kenshin fue un notable administrador, y el nivel de vida en Echigo mejoró notablemente durante su gobierno. Incluso solía decir que los agricultores eran el verdadero tesoro de su feudo, y que el deber del guerrero en una época de guerra era protegerlos. Al mismo tiempo, su retiro a la vida religiosa no le fue fácil a un hombre eminentemente sensual, y nunca pudo vencer su amor por el sake (bebida alcohólica tradicional) Solía liderar sus ejércitos desde el frente, con su armadura y su velo de monje. Estratega audaz, siempre trataba de ser el primero en actuar y adelantarse a las decisiones de sus rivales. Kenshin fue apodado “El dragón de Kai”. Cara a cara Hacemos aquí una pequeña referencia a la mitología china. Recordamos que en la tradición del Ying y el Yang, el tigre y el dragón son los dos opuestos siempre en conflicto, el dragón siendo puro Yang, potencia, fuerza brutal activa desatada. El tigre es Ying, la fuerza pasiva que espera agazapada el movimiento de su rival y salta súbitamente a la acción. No es casual que los protagonistas de esta historia fueran apodados Tigre y Dragón. Ambos habían conquistado a sus vecinos, y siendo Kai y Echigo dos feudos cercanos, el tigre y el dragón estaban destinados a enfrentarse. Conflicto En septiembre de 1561 Kenshin invadió Shinano con 13.000 hombres. Al ser Shinano un feudo que lindaba con Kai, Shingen se vio obligado a dejar su tierra con 20.000 hombres. Kawanakajima era una encrucijada en donde Uesugi y Takeda ya se habían enfrentado anteriormente en reyertas menores. Sobre Kawanakajima Shingen tenía una fortaleza, el castillo de Kaizu, con sólo 150 hombres, pero brillantemente defendido, al estar flanqueado por un río (el Chikuma) y una montaña, Saijoyama, por lo cual sólo podía ser atacado desde un lugar. Kenshin fingió intentar un sitio poniendo su campamento en el monte Saijoyama. Kenshin sabía, por su red de espías, que Shingen se dirigía hacia allí con un gran ejército, así que tomo una posición alta desde la que la legendaria caballería Takeda fuera de poca utilidad. Al llegar al castillo de Kaizu, Shingen reunió a sus veinticuatro generales. Su principal estratega, Yamamoto Kansuke, sugirió usar la llamada táctica del pájaro carpintero. El pájaro carpintero golpea el tronco de un árbol por un lado, forzando a los insectos a salir por otro lugar, y luego los captura por allí. Kansuke sugirió dividir las fuerzas, superiores en número, en dos. 8.000 hombres atacarían de noche el monte Saijoyama, forzando al ejército de Uesugi a dejar la posición y dirigirse a la llanura de Kawanikajima, donde la principal fuerza de Takeda los esperaría en formación kakuyoku o Ala de grulla. Esta formación (todas las formaciones militares del período eran complejísimas) consistía en dejar una primera compañía en el centro (compuesta de lanceros y arcabuceros a los lados) para contener al enemigo mientras las “alas” de la grulla a los lados lo rodeaban. Kakuyoku o "formación alas de grulla" La batalla Así comenzaba el duelo mental de los dos generales. Masanobu Kosaka, general de Shingen, dejó el castillo de Kaizu a la noche con 8.000 y se dirigió al monte Saijoyama a resguardo de la oscuridad. En la noche, ocurrió algo que todavía es materia de debate. Se dice que Kenshin observó un movimiento de antorchas en el castillo de Kaizu. Se ha dicho también que la notable red de espías de Uesugi le informó del movimiento de tropas enemigo. Fuera como fuere, Kenshin debió hacer una de las apuestas más fuertes de la historia del período Sengoku. Decidió abandonar el campamento y bajar del monte Saijoyama con destino a la llanura. Era una maniobra peligrosa, de ser detectado podía alertar al ejército en el castillo, y así quedar atrapado entre las dos fuerzas de Takeda. La disciplina del ejército de Uesugi fue puesta a prueba. En la completa oscuridad, se dice que incluso poniendo pedazos de tela en las pezuñas de los caballos, Kenshin lideró el descenso nocturno del monte. A la mañana, Shingen dejó el castillo y al llegar a la llanura de Kawanakajima se horrorizó al encontrar los 13.000 hombres de Uesugi listos para la batalla. Shingen sólo tenía 12.000 hombres sin formar. La apuesta consistía en velocidad contra resistencia, dragón (yang) contra tigre (ying). Kenshin tenía que aprovechar la ventaja táctica y de números para vencer a Shingen antes de que la fuerza de 8.000 a cargo de Masanobu Kosaka bajara de la montaña. Shingen tenía que contener el ataque de Kenshin hasta entonces. Shingen se sentó sobre una silla portátil en forma de cruz en el centro de su formación defensiva, a la vista de todos. Eligió la formación ala de grulla, pero no con la intención de rodear a Uesugi, sino de que la formación central adelantada pudiera contener a la punta de lanza del ejército Uesugi, y al mismo tiempo que pudiera retroceder sin perder la formación. Kenshin eligió su mejor formación ofensiva, Kuruma gakari (algo así como rotación de una rueda). Esta táctica sigue siendo un misterio. Aparentemente era una formación circular que en su rotación hacía que las fuerzas que entraban en combate siempre estuvieran frescas, mientras que la parte atacada siempre era la misma. Sin embargo, no se conocen planos de cómo pudo haberse visto o funcionado, ya que era una táctica secreta sólo conocida por los generales de Uesugi. Cada vez que Kenshin había usado el Kuruma Gakari, las líneas del ejército enemigo se habían roto. Pero este no era cualquier ejército, era el Takeda, famoso por su ferocidad y disciplina. El general destinado por Shingen para el centro de la formación ala de grulla fue nada menos que su hermano, Takeda Nobushige. En la primera oleada del Kuruma Gakari, loa vanguardia de Uesugi estaba a cargo de Kakizaki Kageie. El choque fue brutal, y si bien la defensa de Takeda se mantuvo, las bajas fueron terribles, y en un momento el hermano de Shingen calló mientras luchaba valientemente. El gran estratega del clan, Yamamoto Kansuke, sintiéndose culpable por la falla de la estrategia de dividir el ejército, lideró una carga tratando de rescatar a Nobushige. Habiendo fallado, Kansuke cargó directamente contra la vanguardia de Uesugi y fue acribillado por sus arcabuceros. Más allá de las pérdidas, la línea de Takeda se mantuvo. La muerte de Yamamoto Kansuke El tigre y el dragón Sabiendo que era cuestión de tiempo para que los 8000 hombres restantes de Takeda llegaran desde el monte Saijoyama, Kenshin decidió tomar el asunto en sus manos. Kenshin desenvainó su espada y se puso en el centro de la formación de rueda para una carga definitiva. Aquí se produjo uno de los momentos legendarios de la era Sengoku. Mientras la carga feroz de los Uesugi, liderada por Kenshin en persona, se abría paso por las fuerzas extenuadas de Takega, uno de los generales le sugirió (con buen juicio) a Shingen que se retirara a la seguridad del castillo. Shingen le respondió: “de ninguna manera, esta es la batalla más importante de mi vida”. La carga de Kenshin se abrió paso, y en un momento, encontró una brecha en la formación que dejaba el camino libre al puesto de mando de Shingen. La táctica más vieja de la guerra, matar al rey. Kenshin y sus guerreros más cercanos galoparon a Shingen. Shingen, que estaba dando órdenes, no tuvo tiempo de sacar su espada. Kenshin y Shingen, el dragón y el tigre, estaban por primera y última vez, frente a frente. Kenshin atacó desde el caballo con su espada, y Shingen atajó el espadazo con lo único que tenía a mano, su bastón de mando, su tessen. Luego Kenshin dio un segundo espadazo que rompió el bastón de Shingen y le produjo una herida en el hombro. Al fin, un soldado de Shingen logró asestarle un lanzazo al caballo de Kenshin, que escapó del lugar rodeado de sus hombres. La confrontación personal de Kenshin y Shingen. Final Así terminó la batalla de Kawanakajima. El grupo de 8000 hombres a cargo de Kosaka llegó al campo de batalla y atacó la retaguardia de Kenshin, que resistió valientemente liderada por Kagemochi Amakazu. Kesnhin debió abandonar el ataque y socorrer la retaguardia. Al final del día, nadie había ganado claramente. Kenshin había superado la táctica de Shingen, había vencido en el duelo y la apuesta de los generales, pero debió retirarse. Shingen había evitado la caída del castillo y la invasión de Kenshin a través de Shinano, pero había perdido generales y a su hermano en la batalla. Kenshin perdió 3000 hombres y Shingen más de 4000. La tasa de mortalidad fue de arriba del 20%, una de las batallas más sangrientas de la historia del Japón. Epílogo Kenshin Uesugi y Takeda Shingen nunca fueron conquistados, siguieron siendo una espina en el zapato de aquellos que quisieran unificar el país del sol naciente hasta el final de sus días. En 1572, el futuro Shogún Tokugawa Ieyasu intentó invadir el territorio de Shingen y sufrió su peor derrota en Mikatagahara a manos del viejo general. Ieyasu escapó de la muerte a duras penas y aprendió a no volver a apresurarse a entrar en batalla. En 1578, Oda Nobunaga, que ya gobernaba la mitad del Japón, invadió la provincia de Echigo con 48000 hombres y sufrió una derrota catastrófica en Tedorigawa a manos de Kenshin y sus 30000 soldados. En los años finales, surgió una admiración mutua entre Kenshin y Shingen, el tipo de respeto que sólo dos rivales que entienden el genio del otro pueden sentir. Un momento especial fue cuando los distintos clanes que circundaban Kai (feudo sin salida al mar) decidieron bloquear las rutas comerciales de Shingen, esperando que la falta de sal hiciera que el viejo tigre sucumbiera al hambre. Cuando todo estaba perdido, Shingen recibió una caravana de sal que le había mandado nada menos que Kenshin, salvando así a los Takeda de la caída. Los distintos jefes de clan le preguntaron a Kenshin por qué había salvado a su gran enemigo. Kenshin respondió: “Las guerras se ganan con espadas y lanzas, no con arroz y sal”. Takeda Shingen murió en 1573. Se dice que Kenshin lloró la pérdida de su rival. Kenshin Uesugi murió de cáncer de estómago en 1578, poco después de haber vencido a Nobunaga. Su poema final dice: “Incluso una vida de prosperidad no es más que una copa de sake/ Cuarenta y nueve años pasaron como un sueño. / No sé qué es la vida, tampoco la muerte/ año tras año, nada más que un sueño. / Más allá de las puertas del cielo o el infierno, estoy de pie/ y la luz de la luna asoma libre de las nubes del apego.” La falta de estos generales permitió que, primero Nobunaga, luego Hideyoshi y Ieyasu, pudieran unir el país bajo su puño de hierro. Shingen y Kenshin pelearon cientos de batallas, contra otros y muchas veces contra sí mismos, y nunca fueron conquistados. Se encontraron una sola vez, en una llanura en Shinano, en septiembre de 1561, y desde entonces, el tigre y el dragón no han dejado de rugir en la tierra del sol naciente.
El 21 de junio de 1582, mientras las llamas consumían el templo de Honnou-ji a las afueras de Kioto, desde dentro se podía oír el mitad recitado mitad cantado pasaje de una famosa pieza de teatro noh: 50 años son la vida de un hombre ¿quién hay que viva Sin tener que morir un día? La persona que cantaba entre las llamas había estado a punto de unir todo Japón bajo su espada, cuando todo se había derrumbado en el último momento. Perfil Oda Nobunaga nació en la provincia de Owari, centro-este de la isla grande (Honshu) de Japón el 23 de junio de 1534. Había recibido el nombre de Kippoushi (los samuráis se cambiaban el nombre al ser iniciados en las armas a los quince años) y era hijo del Señor (Daimyo) Oda Nobuhide. Sus incios no fueron prometedores. El joven Kippoushi era conocido por su conducta bizarra, se reía a voz viva en los momentos menos oportunos, hablaba un japonés informal y hasta ofensivo, le ponía apodos a todo el mundo y nunca usaba ninguno de los sufijos necesarios en la forma en que en Japón uno debe dirigirse a alguien (-san, -sama), usaba kimonos de colores llamativos, muchas veces sin siquiera la hakama (el pantalón ancho formal) y solía bailar y cantar partes de obras de teatro como en haría en su último día. Esto, en el heredero de un Señor y en una sociedad de formalidades complejas, era casi inaceptable. El joven llegó a ser conocido como baka-Dono (señor idiota) u Owari no Outsuke(el tonto de Owari). Guerras y más guerras Blasón (mon) del Clan Oda Mientras el futuro Nobunaga avergonzaba a su familia, Owari no estaba desconectado de la realidad política de su tiempo. Era la era Sengoku, la era del país en guerra. Todo orden o gobierno central se había demsmoronado hacia 1460, y Japón estaba disgregado en Feudos gobernados por señores de la guerra que se mataban, aliaban y traicionaban uno a otro sin lograr nunca desequilibrar la balanza caótica del poder. Daimyo de la era sengoku y sus territorios Owari limitaba con dos tierras, Mikawa, gobernada por la pequeña familia Matsudaira, y Sunpu, en mano de los poderosos Imagawa. Los Imagawa eran una rama que decendía del legendario clan Minamoto, el clan que había detentado el título de Shogún en el siglo XII d.c., así que eran candidatos al cargo, pero para eso tenían que llegar a Kioto, hogar del Emperador. Estos tres territorios con sus clanes estaban sobre la ruta principal de Japón, Tokkaido, así que, de ser capaz de someter a los demás, uno podía ir a Kioto, el problema era que su tierra natal quedaría desprotegida a la rapiña de los otros, cosa decisiva para que ningún guerrero pudiera firmemente expandir su territorio en ese estado de cosas. Cuando un conflicto estalló entre los Oda y los Imagawa, los hijos menores, los Matsudaira, quedaron a la buena de Dios. El jefe del clan decidió jurar fidelidad a los imagawa, pero para eso, se le reclamó que mandara a su heredero, un niño llamado Takechiyo, como rehén de la casa de Imagawa. Para hacer las cosas un poco más complicadas, la caravana que llevaba a Takechiyo Matsudaira fue interceptada por los Oda, y el niño fue llevado como prenda de guerra del padre de Nobunaga. Ese fue el primer encuentro entre dos personajes trascendentes en la historia del Japón. Poco después de una larga y compleja negociación (y de que Takechiyo se salvara de ser pasado por las armas varias veces), el niño pudo ser llevado al líder a Imagawa Yoshimoto, principal enemigo de los Oda. El niño cambio su nombre al llegar a los quince años por Motoyasu (el kanji moto tomado de su “padre adoptivo”, Yoshimoto). Imagawa Yoshimoto Crisis en Oda En 1551 murió Oda Nobuhide, y en su velorio, el Tonto de Owari se comportó de tal manera que abochornó a todos. La cosa llegó a tal punto que su tutor, Hirate Masahide, uno de los ancianos del clan, se presentó ante el joven Nobunaga con una venda atada en el vientre. Lo reprendió de una manera especialmente severa, y luego de eso, se desató la venda y dejó caer sus intestinos a través del corte que se había hecho con su espada. Masahide tenía sesenta años, así que esto dice algo de la resistencia y fuerza de este hombre, y el seppuku de protesta de su mentor afectó profundamente a Nobunaga. Se dice que lloró varios días, y si bien nunca dejó de ser excéntrico, algo había cambiado en él. Sin embargo, el comportamiento de Nobunaga tuvo consecuencias aún más graves. Su hermano menor, Nobuyuki, viendo que la mitad del clan no creía que el tonto de Owari fuera capaz de gobernar, se reveló intentando llevarlo al poder. No ahondaremos mucho en esta parte de la historia, pero Nobunaga se reveló como un general capaz y valiente, y para 1559, había vencido a toda oposición. Su hermano se suicidó, y el comportamiento de Nobunaga fue todavía más inesperado. Con una mezcla de crueldad y sabiduría, eliminó a los elementos más traicioneros de la facción de su hermano, pero perdonó a algunos como su fiel Samurái Shibata Katsuie, que desde entonces sería uno de los mejores generales de Nobunaga. Shibata Katsuie Amigos y consejeros Es momento de nombrar a algunas personas que fueron importantes en la vida de Oda Nobunaga. Ikeda Tsuneoki fue su hermano de leche. La madre había sido la matrona del niño Kippoushi, así que se criaron juntos y solían jugar en un río cerca de Okehazama, lugar importante para nuestra historia. Ikeda estuvo en todas las campañas de Nobunaga, y fue siempre guerrero de su séquito personal. Ikeda Tsuneoki en sus últimos años. Mori Ranmaru fue paje de Nobunaga, y es recordado como uno de los máximos ejemplos de lealtad de la tradición Samurái, de hecho, murió protegiendo a Nobunaga durante el incendio en el incidente de Honnou-ji. Mori Ranmaru Pero hay dos figuras igual de importantes en la vida de Nobunaga, y en una época en que las mujeres estaban en un segundo plano de la vida cultural (y siendo aún Japón una cultura profundamente patriarcal) estas señoras deben haber sido realmente extraordinarias. Nouhime (la Dama Nou), o simplemente Kichou, fue la esposa de Nobunaga. En su matrimonio arreglado el amor no fue ninguna prioridad, era hija de Saitou Dosan, el Señor de Mino, una tierra que limitaba con Owari, así que el matrimonio sirvió como alianza de ambos clanes. Sin embargo, la belleza e inteligencia de esta mujer llevó a que el propio Nobunaga dijera que tenía la belleza de una diosa y la inteligencia de un genio. De Kichou se ha especulado que fue llevada a Owari para servir de espía para su padre. Sin embargo, Nobunaga terminaría siendo fiel a ella y su alianza en un momento, y se dice que su actuación ese día hizo que Kichou terminara estando por siempre agradecida hacia él. Nouhime o Kichou Pero por lejos la mujer más importante en la vida de Nobunaga fue su hermana Oichi. Tan bella como Kichou, Oichi era la única persona capaz de seguirle el paso a su hermano, tenaz, astuta a la altura de Nobunaga. Su actuación en la campaña de su hermano e incluso para la historia de Japón terminaría siendo trascendente. Oichi Batalla de Okehazama, la gran apuesta La sangría del clan Oda en 1559 terminaría siendo aprovechada por el poderoso vecino, el clan Imagawa. Yoshimoto, su líder, reunió un ejército de 30.000 hombres y armó una maniobra de pinzas con el ahora jefe del clan Matsudaira, Motoyasu (su antiguo rehén), que con sus 15.000 hombres, y tan sólo con quince años, mostró tener pasta de notable comandante y capturó una de las principales fortalezas de Oda. En completa crisis, mientras los 25.000 hombres del cuerpo principal se dirigían a la fortaleza central de Oda, Nobunga reunió a sus principales generales. Allí estaban Shibata Katsuie, el antiguo samurái de su hermano, Niwa Nagahide, hombre conocido por su juicio y sabiduría tanto en la batalla como en la administración, Sassa Narimasa y Maeda Toshiie, un hombre tan pintoresco como Nobunaga, maestro en el uso de la lanza y de una forma tan desprolija de vestirse y con el cabello largo y desordenado (Nobunaga, con su estilo habitual, le decía Inu o perro), llegaría a ser uno de los señores feudales más poderosos de Japón. Niwa Nagahide Maeda Toshiie El consejo de los generales era predecible: refugiarse en la fortaleza y rogar que el sitio se prolongue lo suficiente como para que Imagawa se canse y decida realizar el viejo sueño de viajar a Kioto y hacerse Shogún. Pero si hay algo que Nobunaga no era es cauto ni conservador. Nobunaga, que solía avergonzar y alarmar a sus samuráis por ir a los pueblos y juntarse con la gente común, tenía una gran relación con los plebeyos, y una gran red de espías e informantes entre ellos. Muchos de ellos, que realmente simpatizaban y estaban dispuestos a luchar por su señor, le habían informado de los movimientos del ejército grande de Imagawa, que había hecho su campamento en la cuesta de Okehazama, el lugar donde Nobunaga y Tsuoneoki Ikeda solían jugar de niños, y conocían de memoria. Nobunaga sugirió aprovechar el momento y atacar, para horror de sus generales. En uno de los más memorables discursos de la historia militar frente a un mal momento, Nobunaga dijo: ¿Qué ganamos si hacemos lo que Katsuie dice? ¿Nos quedamos en el castillo? Quizás ganemos una semana, diez días. Estamos casi perdidos… nuestro destino es interesante. Las posibilidades son mínimas, pero también es la chance de una vida. No podemos desaprovecharla. ¿Realmente quieren pasar el resto de sus vidas rezando por longevidad? ¡Vivimos para morir! El que esté conmigo, que venga a la batalla mañana, el que no, que se quede donde esté y me vea ganarla. Estatua de Nobunaga Nobunaga logró reunir 3500 hombres y salió por la noche del castillo. Sólo los más valientes, los más leales o los más desesperados iban con él. A la mañana, recibió el informe de sus espías de que el campamento de 25000 de Yoshimoto descansaba, que muchos habían estado bebiendo y que la alerta y el orden era mínimos. Para asegurarse (y esto muestra que Nobunaga no era un inconsciente) mando a 500 de sus hombres a un templo que era visible desde Okehazama. Llevaban todos los estandartes que había podido conseguir, más que los hombres que los llevaban, y simularon tomar posición allí. Nobunaga condujo los 3000 restantes por otro pasaje que conocía de memoria, sobre el río. En ese momento estalló una tormenta, y Nobunaga aprovechó el momento para dar su golpe. Cuando los 3000 hombres de Nobunaga cayeron sobre el campamento de Imagawa, muy pocos tenían las armas en las manos. Fue una masacre. La confusión era tal, que Imagawa Yoshimoto salió de su tienda creyendo que había estallado una pelea de borrachos. Se encontró con un lanzazo en el vientre. Yoshimoto sacó su espada y cortó la lanza, pero luego fue rematado por un espadazo de Mori Shinsuke, que llevó su cabeza a Nobunaga. En un solo día, Nobunaga había hecho una apuesta y había ganado todo el territorio de Imagawa y destruido al clan enemigo de Oda. Consecuencias de la batalla La batalla de Okehazama pudo a Oda Nobunaga en el mapa de los grandes Dainyos, los Señores de la guerra, lo hizo una fuerza a ser reconocida en el equilibrio de poder, y eso en uno de los territorios que llevaban a Kioto era bastante. Nobunaga volvió a mostrarse sabio con los vencidos. Si del clan Imagawa borró hasta las cenizas, con el antiguo rehén, Motoyasu Matsudaira, Nobunaga fue contemporizador. Sabía que el joven, que había mostrado enorme talento, ahora tenía un ejército pero no peso propio como Dainyo. Nobunaga selló una alianza con él que duraría hasta la muerte del vencedor de Okehazama, y para sellar el arreglo, Motoyasu se cambió el nombre a Tokugawa Ieyasu, uno de los personajes más importantes del Japón (si alguno está deseoso de saber más de él, lo remito al texto Tokugawa Ieyasu el guerrero paciente http://www.taringa.net/posts/info/16228840/Tokugawa-Ieyasu-El-guerrero-paciente.html ). Entre las personas que se destacaron en Okehazama había un hombre de origen campesino, un antiguo buscavidas que había entrado al servicio de Nobunaga y era su portador de sandalias. Su nombre era Kinoshita Tokichiro, un muchacho feo, delgado y encorvado, a quien Nobunaga llamaba saru (mono), por su aspecto poco elegante. Sin embargo, Nobunaga lo hizo samurái y lo aceptó entre su círculo íntimo, y esta es una de las claves para entenderlo. Nobunaga nunca hizo demasiado caso de los prejuicios sociales o de casta a la hora de buscarse subordinados. Tokichiro se cambió el nombre a Hashiba Hideyoshi, otro de los tres personajes que forjarían el Japón de los siglos por venir. Tokugawa Ieyasu Toyotomi Hashiba Hideyoshi La conquista de Mino Mino era gobernada por Saitou Dosan, padre de Nouhime y suegro de Nobunaga, un hombre que venía también de un bajo extracto social pero había llegado a gobernar una provincia. Sin embargo, Dosan sufrió un golpe de estado a cargo de nada menos que su hijo, Saitou Yoshitatsu, y murió en batalla. Nobunaga había tratado de auxiliar a su suegro, pero no había llegado a tiempo, y eso hizo que Kichou o Nouhime se sintiera agradecida hacia él. En 1561, Yoshitatsu murió, y a cargo del clan Saitou quedó su hijo Tatsuoki, que mostró no ser ni muy capaz ni como soldado ni como gobernante. Uno puede imaginar la situación: un grupo de generales que venían de derrocar a su señor a cargo de un nuevo señor muy poco eficaz. Saitou Dosan La situación era tentadora para Nobunaga, y teniendo a su lado a la hija del fallecido Dosan, tenía hasta algún viso de legalidad. La conquista de Mino representa la entrada de Hideyoshi como uno de los subordinados más valiosos de Nobunaga. Hideyoshi era un buen general escaramuzas, el tipo que uno mandaría a preparar el terreno de una batalla; pero su verdadero talento era el de la estratagema política, la diplomacia y la intriga. Las fuerzas de Oda había sido rechazadas por tres años por los Saitou, así que Nobunaga buscó los talentos de Hideyoshi para debilitar las filas de sus enemigos ante el fallido nuevo Señor. A través de sobornos, extorsiones, ofertas tentadoras y demás agachadas, los generales de Mino fueron desertando uno a uno al lado de Oda. Pero había un hueso duro de roer, y era la principal fortaleza de los Saitou, el castillo de Inebayama, que había resistido todos los sitios a los que se había enfrentado. Aquí sucede una de las leyendas más extrañas de la era de los estados en guerra, la fortaleza de una noche de Hideyoshi. Era 1567, y casi todo mino había caído entre batallas y defecciones de generales. Tatsuoki Dosan sólo tenía su fortaleza, pero se la consideraba impenetrable y bien abastecida. Entonces, se dice que Nobunaga le encargó a Hideyoshi, que se llevaba a las maravillas con los campesinos y obreros del lugar, que contruyera un castillo en frente de Inebayama. Se dice que Hideyoshi lo hizo en una sola noche. Por supuesto, la leyenda es cuestionable. Se han sugerido todo tipo de hipótesis, desde que en verdad una noche es una exageración, y que el castillo se edificó con una rapidez pasmosa. Otra es que lo que se construyó en una noche fue un esqueleto de madera de la fortaleza que después fue terminada durante el sitio. La leyenda más espectacular (y digna de una película) es que la fortaleza fue edificada en un bosque, y cubierta por los árboles. Cuando estuvo completa, Hideyoshi dio la orden de cortal los árboles, y en minutos, un castillo apareció de la nada. Sea como haya sido, el resultado sobre la moral de los defensores del castillo fue catastrófico. En dos semanas Inebayama y los Dosan se habían rendido. Estatua de Nobunaga Consecuencias de la conquista de Mino Hideyoshi pasó a ser uno de los generales de Nobunaga, el que aportaba los aspectos que Nobunaga sabía que no eran su especialidad. Nobunaga no carecía de habilidad política, pero era ante todo un general, un guerrero, y sus razonamientos eran los de un estratega militar. Hideyoshi le aportó la habilidad de la negociación, de la conspiración e incluso del espionaje. Mino le aportó a Nobunaga una serie de samuráis que serían muy importantes en su campaña. Uno de ellos fue Mori Yoshinari, padre del futuro y leal paje de Nobunaga, Ranmaru. Otro fue Takenaha Hanbei, un notable estratega y táctico, que se dice que a través de un engaño logró tomar una fortaleza con sólo dieciséis hombres. Si Hanbei fue importante para Nobunaga, lo fue aún más para Hideyoshi, y se convirtió en el principal estratega del futuro unificador de Japón. También hubo otro general de Mino que se pasó al lado de Oda, se llamaba Akechi Mitsuhide. Takenaka Shigeharu o Hanbei Pero la conquista de Mino también marcó un cambio en la visión de Nobunaga. Si Okehazama representó su aparición en el mapa de grandes Señores, Mino fue el comienzo de un proyecto mucho más ambicioso. Nobunaga cambió el nombre de Mino al nombre que la región tiene hoy, Gifu. Los caracteres de Gifu, en chino, eran el lugar donde la dinastía Zhou había surgido para conquistar para expandirse por China en la antigüedad. Era una declaración que cualquier japonés mínimamente leído entendería. Además, Nobunaga empezó a sellar sus cartas y documentos con un lema: Tenka Fubu: “Todo el mundo por fuerza de las armas”. Nobunaga ahora buscaba ser un conquistador legendario. El sello con la señal "Tenka fubu" Aficiones y peculiaridades Retrato a lápiz de Nobunaga por el jesuita Giovanni Niccolo Que Nobunaga era una figura atípica entre los Señores Samurái de la era ha quedado establecido desde el principio del texto. Hay otros rasgos que contribuían a formar la excentricidad de este guerrero. Todos los misioneros Cristianios e historiadores japoneses nos dicen que Nobunaga era agnóstico, que no rendía culto ni a los dioses ni a Buda, algo sumamente extraño entre la cultura Samurái. Además, Nobunaga sentía fascinación por el Cristianismo y la cultura occidental. Nunca se convirtió ni amagó a hacerlo, pero favoreció la instalación de misiones jesuitas en la isla grande de Japón, Honshu, cuando hasta entonces habían estado limitadas al área de Nagasaki en Kyushuu (la isla más meridional). Se dice que Nobunaga gustaba del vino y solía vestirse para escandalizar a propios y extraños con ropas occidentales (del siglo XVII) e incluso usaba capas europeas sobre su armadura. Y en lo que a armaduras se refiere, se hizo hacer una que combinaba la pechera y el casco de las armaduras españolas con las articulaciones de brazos y piernas de la armadura japonesa de placas. Pero quizás el rasgo más importante que Nobunaga tomó de occidente fueron las armas de fuego: esto ya lo veremos. Sin embargo, su fascinación con occidente iba acompañada con rasgos netamente orientales. Reconocía la superioridad de las armas blancas japonesas, y era diestro con la katana y la naginata. Su afición al teatro Noh, la forma de teatro más antigua de Japón, ya fue contada. Además, era muy aficionado al sumo, y la tradición dice que su aporte a este legado cultural de Japón fue especialmente importante, ya que en una ocasión en que organizó un gran torneo de lucha, debido a que muchos combates ocurrían simultáneamente, se delimitaron áreas circulares que desde entonces forman el diámetro del círculo en que todavía hoy se realiza un encuentro de sumo. Ya habíamos dicho que Nobunaga no tuvo problemas con nombrar a un hijo de campesinos como Samurái, y otro ejemplo notable de este rasgo meritocrático de este personaje fue cuando los jesuitas portugueses llegaron a Gifu con un sirviente negro de Mozambique. Los japoneses nunca habían visto a un africano, y muchos hasta creyeron que era un engaño, un hombre pintado. Sin embargo, Nobunaga estaba impresionado por la altura y la fuerza física del hombre, y lo invitó a hablar con él por medio de un intérprete. A Nobunaga le agradó y le pidió a los jesuitas que le permitieran que fuera uno de sus guardaespaldas. Tiempo después, el africano salvó la vida de Nobunaga en una batalla, entonces, el gran Señor de Oda lo hizo Samurái y le dio el nombre de Yasuke. Yasuke fue el primer samurái no japonés, y estuvo con Nobunaga hasta el final. Estatua de Nobunaga con su armadura y casco occidentales y llevando un arcabuz. Política y el nuevo Shogún Para 1568, Nobunaga encontró una vía para darle legitimidad a su proyecto de coquista. Un miembro de la familia Ashikaga (que detentaba el cargo de Shogún) llegó a Gifu para pedirle a Nobunaga que lo llevara a Kioto y lo ayudara a tomar el cargo. A cambio, le daría su bendición en su cruzada de Tenka Fubu. La cosa no podía prometer más, pero entre Nobunaga y Kioto había un último obstáculo, dos clanes tradicionalmente aliados, los Azai y los Asakura. Tratando de hacer las cosas por el lado menos violento, Nobunaga organizó una alianza con los Azai casando a su hermana, Oichi, con la cabeza del clan, Azai Nagamasa. Los Oda eran ahora aliados de Azai y Asakura, y el camino a Kioto estaba libre. Poco después, Ashikaga Yoshiaki era nombrado Shogún, un cargo que para entonces había perdido todo poder real, casi tanto como el del Emperador. Pero Yoshiaki de decidió que él no iba a ser un títere de Nobunaga, y que quería jugar a la política. Poco después, el nuevo Shogún empezó a mandar cartas secretas a los distintos señores de la zona, cartas donde clamaba por la destrucción del Traidor Oda Nobunaga. Los primeros en levantarse en armas fueron los Asakura. Traiciones Azai Nagamasa Oda Nobunaga movilizó su ejército a través del territorio de su cuñado, Nagamasa, hacia la tierra de los Asakura. La campaña fue sangrienta, pero los Oda iban en camino a imponerse. Entonces sucedió la traición de los Azai. Las razones nunca quedaron claras, pero uno puede especular en este punto. Por empezar, los Azai habían sido aliados históricos de los Asakura. Incluso, uno puede suponer que frente a la movida política del Shogún, el lado que más sólo iba a quedar era el de Oda, y quedar pegado al traidor era un poco riesgoso. Por desgracia, parece que Nagamasa sentía verdadero cariño por Oichi, con la que ya había tenido varios hijos. Y aquí aparece la figura de Oichi, que tendrá un rol decisivo en esta guerra. Oichi escuchó de la traición de su marido, y se dice que ella le mandó un regalo a Nobunaga, una bolsa atada por los dos extremos. Nobunaga entendió rápidamente que el obsequio no era otra cosa que un mensaje en clave. Había en Japón una frase, "atrapado como un ratón dentro de un saco". Nobunaga entendió que los Azai ahora esperaban atacar la retaguardia de su ejército, estacionado en la tierra de Asakura, y cerrar una maniobra de pinzas. En ese momento ocurrió otra de las apuestas legendarias de la vida de este guerrero. Se dice que mientras los generales de Nobunaga organizaban una maniobra de repliegue, Nobunaga mismo, con sólo diez hombres y lo mínimo necesario, huyeron al galope a través de territorio enemigo hacia la seguridad de Gifu, antes de que alguien pudiese notar su ausencia. La legendaria apuesta fue un éxito, por poco. Se dice que durante el escape, un ninja trepado a un árbol disparó a Nobunaga, pero la bala fue detenida milagrosamente por su armadura de tipo occidental, dejándole apenas una herida leve. Cuando Azai Nagamasa llegó con su ejército al territorio de Asakura, esperaba hacer su propio Okehazama, tomar al ejército de Oda por sorpresa y tomar la cabeza de Nobunaga, pero se encontró con la retaguardia de Oda, a cargo de los escaramuzadores de Hideyoshi y una reserva a cargo de Akechi Mitsuhide. Y peor para él, llegaban los refuerzos a cargo de Tokugawa Ieyasu. Y por supuesto, Nobunaga ni siquiera estaba por allí. Y aquí podemos reconocerle a Ieyasu la lealtad a su alianza. Podría él mismo haberse plegado a la bendición del Shogún atacando Gifu y reclamándolo para él, y sin embargo fue al auxilio de su aliado. El repliegue de Oda fue exitoso, pero costó muchas vidas. A la alianza de Azai y Asakura se sumó una tercera fuerza aliada históricamente al shogunato de Muromachi: los monjes guerreros (sohei)del monte Hiei en Kioto. Estos eran guerreros temibles, monjes entrenados en la espartana disciplina monástica, que luchaban con armadura y la cara cubierta por un velo, formando verdaderos ejércitos. Su arma preferida era la alabarda japonesa, la naginata, una cuchilla curva sobre una larga hasta de madera. Batalla de Anegawa Cuando al final reunió sus tropas, Nobunaga no podía pensar en otra cosa que aniquilara los Azai. En 1570, las fuerzas de Oda/Nobunaga se enfrentaron a las de Azai/Asakura en la batalla de Anegawa, una de las más importantes de la era Sengoku. Disposicón de tropas en la batalla de Anegawa, en el oeste Tokugawa (rojo) y Asakura (azul), y en el este, Oda (rojo) y Azai (azul). Nobunaga tenía 28.000 hombres, Ieyasu 20.000. La alianza rival contaba con casi cuarenta mil hombres, y los separaba un río, el Anegawa (Ane y kawa = río). Oda había quedado en formación frente a los Asakura y Tokugawa frente a los Azai, pero como Nobunaga no sentía otra cosa que deseos de aplastar a su cuñado y a los Azai, Ieyasu cambió de lugar con Nobunaga. Los ejércitos se toparon uno contra el otro, y los Azai contuvieron a las fuerzas de Nobunaga, que empezó a tener problemas con el contraataque de su cuñado. Del otro lado, las fuerzas de Asakura se derrumbaron frente a la carga furiosa del mejor samurái de Ieyasu, Honda Tadakatsu (quizás el mejor samurái de la era Sengoku). La gran capacidad del líder de Tokugawa como general quedó demostrada cuando, una vez que el ejército de Asakura se derrumbó, Ieyasu ordenó que su ejército cayera sobre el flanco expuesto de los Azai, terminando la batalla. Para cualquier ejército victorioso y sediento de trofeos, mantener la disciplina y cambiar el rumbo es una prueba de eficacia y de autoridad de su general. Honda Tadakatsu La represalia de Nobunaga no se hizo esperar. Cuando el ejército vencedor cayó sobre la fortaleza de los vencidos, el final era imaginable. Y aquí entra nuevamente la figura de Oichi. Se dice que Nagamasa le había ofrecido a su esposa volver con su hermano y su clan luego de la traición, pero ella decidió permanecer en su deber de mujer samurái y esposa. Cuando el general de Nobunaga, Shibata Katsuie, logró entrar en la fortaleza de Azai, rescató a Oichi, que estaba a punto de matar a sus hijos y suicidarse. Shibata se casaría, luego, con Oichi. Años después, la tercera de las hijas de Oichi se casaría con Tokugawa Hidetada (hijo de Ieyasu) y sería madre del tercer Shogún del período Edo, Tokugawa Iemisu. Sohei o monje armado. Un año después de Anegawa, en 1571, Nobunaga se desquitó con los monjes guerreros, prendiendo fuego el monte Hiei y matando a todos dentro. Fue su acto más infame. 20.000 personas murieron chamuscadas en el monte Hiei. Incluso los señores samurái que habían peleado contra los ejércitos de monjes consideraban el quemar un monasterio ir demasiado lejos. Este hecho le ganó un nuevo apodo: Dairokuten Mao (Rey demonio del sexto cielo). Batalla de Nagashino Pero conquistar todo Japón hacía necesario enfrentarse con algunos de los guerreros más notables de la historia Samurái. En 1573, Tokugawa Ieyasu se enfrentó al Clan Takeda y sufrió una derrota catastrófica en Mikatagahara (este tema ya fue tratado en el artículo sobre Ieyasu). Vale decir que a cargo del Clan Takeda estaba Takeda Shingen, uno de los generales más notables de la historia de oriente (sobre Shingen, los remito al texto Batalla de Kawanakajima, el tigre y el dragón http://www.taringa.net/posts/info/18373565/Batalla-de-Kawanakajima---El-tigre-y-el-dragon.html ). Verdadero maestro de la guerra, había creado la caballería más temida de Japón, una que estaba a la altura de cualquiera de las caballerías del continente, y combinada con sus bien entrenadas maniobras de infantería hacían de su ejército una fuerza imbatible. Ieyasu escapó a duras penas de morir en la batalla. Shingen era además cuñado de Imagawa Yoshimoto, el antiguo enemigo caído en Okehazama. Takeda Shingen La suerte le sonrió a la alianza Nobunaga/Ieyasu más tarde ese año, cuando Takeda Shingen murió por la edad (el mito de que murió por el disparo de un francotirador está más ligado a la magistral película Kagemusha de Kurosawa que a otra cosa). El heredero de Shingen fue su hijo, Katsuyori, que no era ni la sombra de su padre. Sin embargo, el notable ejército Takeda seguía siendo el mismo. Para 1575, Shingen Katsuyori sitió una fortaleza de Ieyasu, el castillo de Nagashino. Estaba defendido por 5000 hombres, pero era una fortaleza notable, rodeada de la intersección de dos ríos y una montaña, sólo podía ser atacado por un lado. Katsuyori colocó a sus 20.000 hombres en el único lugar libre del castillo y esperó que el hambre rindiera a la guarnición. Sin embargo, ocurrió que uno de los defensores, un hombre llamado Suneamon se lanzó a las aguas y cruzó a nado uno de los ríos, sorteando de laguna manera las alarmas (sogas con campanitas) que los Takeda habían dejado para evitar que alguien escapara. Suneamon logró llegar ante Ieyasu y Nobunaga y pidió ayuda. Oda/Tokugawa reunieron un ejército conjunto de 38000. Se dice que Suneamon, casi tan notable como Filípides después de la batalla de Maratón, volvió a Nagashino e intentó cruzar nuevamente el río llevando provisiones, pero esta vez fue capturado. Suneamon fue crucificado, y Katsuyoti le dijo que si conminaba a los defensores del castillo a rendirse, le perdonarían la vida. Sin embargo, Suneamon gritó que a los defensores que venía un ejército en su auxilio, para luego ser atravesado a lanzazos. Arcabuceros en la batalla de Nagashino. A mitad de junio, el ejército de Oda/Ieyasu llegó a Nagashino, y sitió al ejército sitiador de Takeda, que quedó encerrado entre el ejército enemigo y la fortaleza. Nobunaga hizo construir una empalizada de bambú de tres capas, y detrás colocó a sus 3000 arcabuceros. Estos estaban mejor entrenados que los de 1573 y tenían el número para colocarse en líneas para la recarga. El arma de Katsuyori era la legendaria caballería de 5000 hombres de Takeda. El 28 de junio de 1575, Oda Nobunaga mandó a su caballería a los costados de la empalizada para que realizaran incursiones en la línea de Takeda, sirviendo de carnada. Takeda envió a su caballería y los arcabuceros abrieron fuego. Oleada tras oleada de cargas de caballería, el fuego concentrado detrás de la empalizaba se cobraba miles de víctimas de la caballería Takeda. Cuando los pocos sobrevivientes lograban llegar a la empalizada, Nobunaga daba la señal para que los arcabuceros abrieran líneas y los ashigaru, unidades de infantería ligera que usaban lanzas de tres metros llamadas yari formaran un cerco mortal. Al final, Nobunaga mandó a sus samurái de élite a que terminaran con lo poco que quedaba del ejército enemigo. El poderío de Takeda quedó desbastado para siempre, aunque el clan sobrevivió siete años más hasta su destrucción definitiva. La campaña contra Uesugi – batalla de Tedorigawa Con el poderío militar del clan Takeda destruido, sólo había un clan capaz de hacer frente a Nobunaga. Uesugi Kenshin ya tenía cuarenta y ocho años para 1577, y una enfermedad grave que poco a poco drenaba sus fuerzas (el análisis de los síntomas que Kenshin volcó en su diario han llevado a creer que padecía cáncer estomacal). Sin embargo, su magistral dominio de la táctica y el campo de batalla (que ya había demostrado en sus guerras contra Shingen) seguía estando intacto. Nobunaga tenía que enfrentarse con un general legendario y su ejército, algo que la muerte de Shingen le había ahorrado a la hora de enfrentar a Takeda. Uesugi Kenshin En esta ocasión, ni siquiera Nobunaga sería infalible. A orillas del río Tedori, el 13 de noviembre de 1577, 30.000 hombres de Uesugi y 40.000 de Oda se enfrentaron. Nobunaga tenía planeado recurrir a las armas de fuego, como en Nagashino, destruyendo al ejército de Kenshin desde el otro lado del río, pero Kenshin intuyó estó, y durante la noche llevó a cabo una finta, un movimiento lateral de tropas iluminadas por antorchas hizo creer a Nobunaga que kesnhin planeaba hacerlas cruzar el río por un lado para así tomarlo por sorpresa. A la mañana, creyendo que Kenshin tenía sus tropas divididas, Nobunaga mandó a Shibata Katsuie a cargar a través del río, y en ese momento Kenshin descubrió su trampa. Kenshin había hecho construir un dique en el Río Tedori, y dada la señal, hizo que abrieran las compuertas, arrasando la craga de Katsuie con el crecimiento de la corriente. Con milimétrica astucia, Kenshin esperó a que las aguas se detuvieran y mando a sus lanceros (ashigaru), los mejores de Japón, a disponer de la línea ofensiva rota de Nobunaga, que debió retroceder para evitar más pérdidas. Nuevamente, el destino favoreció a Nobunaga. Unos meses después, el 19 de abril de 1578, Uesugi Kenshin sucumbió a la enfermedad. Se dice que al entrarse, Nobunaga dijo: “ahora, el país es mío”, y quizás no hay mejor homenaje posible al genio de Kenshin como guerrero. Kenshin no tuvo hijos, como monje y sacerdote, había hecho voto de abandonar los placeres terrenales a favor de su camino como guerrero y gobernante. El clan Uesugi sufrió una guerra interna de la que resultó vencedor el sobrino de Kenshin, Kagekatsu, pero la sangría en sus ejércitos lo obligó a pactar con Nobunaga. Incidente de Honnou-Ji: el final Para 1582, el mismo año del final definitivo del clan Takeda, Nobunaga ya era dueño de más del 60% de la isla grande del Japón, y no había realmente ningún clan ni territorio capaz de resistir sus ejércitos. Después de ciento veinte años de guerras civiles y equilibrio de fuerzas, Nobunaga había roto ese equilibrio y sólo le faltaba terminar con resistencias muy inferiores a su fuerza. Mandó a sus principales generales a pacificar distintos puntos de Japón: en el sur, Hashiba Hideyoshi, Saru, enfrentaba al clan Mori, en el sudeste. Niwa Nagahide estaba por atacar la isla menor de las cuatro grandes de Japón, Shikoku, a cargo del clan Chosokabe. Su nuevo cuñado, Shibata Katsuie, estaba de campaña también al sur, en la provincia de Etchu. Hideyoshi estaba sitiando una de las principales fortalezas del clan Mori, y pidió refuerzos. Nobunaga respondió mandando un refuerzo de 13.000 hombres a cargo de Akechi Mitsuhide, uno que había mostrado ser uno de los sus más fieles colaboradores. Mientras Mitsuhide llevaba el cuerpo del ejército de Kioto, Nobunaga se retiró a pasar la noche en el templo de Honnou-ji, a las afueras de la capital, con su guardia personal y sus allegados más cercanos, entre ellos Ranmaru. El 21 de junio de 1582, al dejar Kioto y pasar por Honnou-ji con su ejército, Mitsuhide señaló el templo y dijo: “Nuestro enemigo está en Honnou-ji”. Akechi Mitsuhide Las razones de la traición se perdieron en la historia. ¿Era quizás demasiado tentador, tener el país servido en bandeja y el conquistador apenas resguardado? ¿Estaba enojado por alguna razón personal con Nobunaga, o no estaba conforme con la parte que le quedó de lo conquistado? No lo sabemos. Estampa que representa el asalto a Honnou-ji Cuando los soldados de Mitsuhide entraron al templo, los guardias de Nobunaga llevaron a cabo una defensa tan valiente como desesperada. Se dice que Ranmaru corrió a avisar a su Señor, que estaba durmiendo. La leyenda más romántica dice que incluso se le ofreció tratar de huir, haya sido como haya sido, Nobunaga tomó una naginata y salió de su cuarto en el kimono de dormir, al mismo tiempo furioso y exaltado, dando carcajadas y colocándose en primera fila, como samurái, dando su nombre e invitando al más valiente a atreverse a cobrar su cabeza. Sabía que estaba todo perdido, que su sueño de Tenka Fubu, de gloria de conquistador se estaba yendo, pero no iba a dejar de lado su gloria como soldado, y como artista, interpretando su papel hasta el final, un artista no como el que moría con Nerón, un artista porque un samurái era al mismo tiempo guerrero y artista, ambas cosas no iban separadas. Nobunaga luchó ferozmente, y cuando ya estaba herido de muerte, se retiró con Ranmaru y unos pocos hombres y prendió fuego el templo. No se sabe exactamente como murió. Unos dicen que se abrió el vientre entre las llamas. La leyenda menos posible, pero más propia de Nobunaga, dice que cantaba entre las llamas 50 años son la vida de un hombre… Tumba (Memorial) de Oda Nobunaga Valoración Hay tres unificadores de Japón, en este orden: Oda Nobunaga, Toyotomi (Hashiba) Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu. Se puede decir que el primero fue el más guerrero de los tres, que Hideyoshi fue el más político y maquinador, y que Ieyasu, y por eso fue el que se quedó con todo lo qye habían construido los otros, fue una síntesis, una cuidadosa mezcla de ambos. Poco después de la muerte de Nobunaga, con el destino del Clan Oda (y por extensión, la conquista del Japón, ya que Nobunaga había roto el equilibrio de fuerzas y era por lejos el Señor más poderoso del país) libre para quien se atreviera a tomarlo, Akechi Mitsuhide, que decía estar relacionado con los Ashikaga, se hizo nombrar Shogún. Tristemente para él, pasó a la historia con el apodo de “Shogún de los trece días”. Eso fue todo lo que duró. Hashiba Hideyoshi, aquel para quién Nobunaga había mandado refuerzos, se apresuró a firmar un pacto con el clan Mori y dirigió su ejército a Kioto, destruyendo al de Mitsuhide en la batalla de Yamazaki. El destino del traidor todavía es tema de polémicas. Poco después, Hideyoshi fue captando a los distintos generales de Nobunaga y venció a su mayor competidor, Shibata Katsuie, en la batalla de Shizugatake. Oichi se suicidó junto a su esposo, Katsuie, aunque como ya dijimos, sus hijos, y la tercera especialmente, sobrevivirían para tener descendencia de gran importancia en la historia nipona. Después de que Hideyoshi conquistara Japón, moriría en 1598, y el ascenso posterior de Ieyasu es un tema ya tratado en otro texto. Oda Nobunaga, el tonto de Owari, el rey demonio, es recordado como el más importante general de una época de grandes generales. Un personaje pintoresco y apasionante, paradójico y contradictorio, como lo somos todos, pero en especial, lo son los grandes hombres. Al mismo tiempo cruel y misericordioso, sanguíneo e iracundo como sabio, fue capaz de cometer masacres que lo hicieron temido en todo el país, como de perdonar a sus rivales cuando los encontraba valientes y los había visto luchar dignamente. Su arma siempre fue la astucia y la capacidad de adelantarse a sus enemigos, y tomar decisiones arriesgadas, haciendo grandes apuestas. Tampoco puede soslayarse el hecho de que nunca rompió una alianza ni traicionó a sus aliados. Con Nobunaga ocurre como con otras grandes figuras de la Historia, como Julio César o Alejandro. Cambio la historia de su país y de la guerra, pero murió en la plenitud, antes de lograr su cometido de formar un gobierno y asentarse en el poder para convertirse en un administrador, algo mucho menos atractivo que un conquistador. Al no conocer la decadencia, la decrepitud y la ancianidad, pasó por Japón como un incendio y murió en uno. De Oda Nobunaga no quedaron más que sus cenizas en el viento. Su destino, como el de los grandes héroes, algo de historia y de mito, está inscripto al comienzo del Heike Monogatari: En el sonido de las campanas del monasterio de Gion resuena la impermanencia de todas las cosas. En el color siempre cambiante del arbusto de Shara se recuerda la ley terrenal de que toda la gloria encuentra su fin. Como el sueño de una noche de primavera es el poder de los orgullosos. Como el polvo que dispersa el viento, así los fuertes desaparecen de la faz de la tierra.

El periodista del diario La Nación, Lucas Llach, se quiso hacer el aventurero y organizó una persecución de guanacos en Península de Valdés para matarlos por agotamiento. Llach publicó en Storify y en Twitter fotos suyas desnudo de la cintura para arriba en la llanura patagónica mostrándose como una especie de aventurero de vida al aire libre, y la frase: "Viernes 27 de Diciembre, Patatonia argentina, promediando una tarde con una temperatura arriba de los 35°, el paleo Lucas Llach, se propuso una persecución, a un Guanaco con el fin de proba la hipotesis que nosotros, humanos, tenemos mayor resistencia, que los animales de sangre caliente." Aquí el https://storify.com/krami14/lucasllach-vs-leguanaco También hay fotos en la cual se lo ve como el "retador" contra una manada de guanacos. Debido al quilombo que se armó en Valdés, el periodista económico decidió trasladar su "aventura" a Chile. Aquí el link "hunting the guanaco" sobre la aventura: https://docs.google.com/document/d/19-qtAYsWWW4mCJqVsDTHu-IW_kiDc8Wo_GpTRHIaxpg/mobilebasic?pli=1 Espero que nadie interprete este post como un "ataque a la libertad de expresión" sólo porque Llach es periodista, como si eso no lo salvara de ser un canalla y un estúpido. Más sobre Luquitas: http://www.lanacion.com.ar/autor/lucas-llach-318 https://twitter.com/lucasllach Aquí el link a la nota en El Diario de Madryn: http://eldiariodemadryn.com/2015/02/convocan-a-cazar-guanacos-persiguiendolos-hasta-matarlos-por-cansancio/ Península de Valdés es un área protegida, por lo tanto, Lucas Llach no sólo se hace el gil, además invitaba a cometer un delito.

Hola a todos. El lunes a la madrugada fui entrevistado por Martín Canullán en su programa "El mejor plan del mundo" (AM 1270), sobre mi primer libro. Les dejo las dos partes de la entrevista, si quieren chismosear. Un abrazo a todos los que escuchen. Mariano Díaz Barbosa Primera parte: Segunda parte: Fé de erratas: Está mal el flyer. La presentación es el martes 2 de Julio. Mismo lugar y misma hora. ¡¡¡Gracias!!!