La dimensión de Simeone ya había sido subrayada en este mismo espacio y hubiera sido injusto subordinarla al desenlace de las competencias. Con Liga o sin Liga, con Champions o sin Champions, el Cholo consolidó sus virtudes punto por punto y ya es, de un modo inobjetable, un entrenador metido en la elite de la elite. Y eso con 44 años, es decir, a una edad en la que muchos aspirantes a DT hacen los palotes o están a años luz de las grandes gestas. Inmenso, el Cholo. Pero, ¿qué decir del Tata Martino? ¿Nos sumaremos al carnaval de la época que encuentra siempre, pero siempre, al que gana como al más listo del barrio y al que pierde como al más dormido? El ancho mundo del fútbol está más cruel que nunca. Cruel al interior del fútbol y cruel en su caja de resonancia. En ese sentido las redes sociales son un extraordinario puente democrático que, al tiempo, fomenta que cualquiera en posesión de una herramienta tecnológica, y detrás de un nick, se sienta el ángel exterminador capaz de aplastar, humillar y ningunear al más pintado. Va de suyo que Martino es hoy el plato preferido de caníbales variopintos y por eso cabe, más que nunca, reponer su humildad, su honestidad y su grandeza. El tipo habrá chocado la Ferrari (aunque atenuantes tuvo unos cuantos y declinó ponerlos sobre la mesa), pero supo cultivar la dignidad de decir públicamente que no dio la talla. ¿A cuántos gurúes de la dirección técnica hemos escuchado admitir una cosa semejante? Silencio de radio.
No todos los entrenadores se ganan un lugar en la carpeta del Barcelona como Martino supo ganárselo. Y no todos, más bien pocos, son cabales y caballeros como lo ha sido el Tata barranca abajo.
WALTER VARGAS - WVARGAS@OLE.COM.AR
