Fue niña prodigio y creció hasta convertirse en una de las actrices más bellas y talentosas de su generación. Levantó la estatuilla del Oscar por su papel de sufrida esposa de Russell Crowe en “Una mente brillante”, con quien repite dupla ahora en la bíblica “Noé”. Una charla exclusiva con Rumbos.
Tiene sus películas prestigiosas como Réquiem por un sueño, La casa de arena y niebla, Pollock, Diamante de sangre y Una mente brillante, por cuyo estupendo papel obtuvo un Oscar y un Globo de Oro en 2002. Y también están Laberinto y Erase una vez en América, sus primeras películas, cuando tuvo su aparición rutilante, impactante, gracias a una figura de curvas insinuantes y un rostro que, decir perfecto es poco.
Estamos hablando de Jennifer Connelly, la actriz que en este momento está promocionando Aloft, la película que protagoniza, y que dirige Claudia Llosa, la misma peruana que en 2009 ganó el Oso de Oro por La teta asustada. Nacida en Nueva York hace 43 años, Connelly suele apoyar con entusiasmo este tipo de producciones de aires y presupuestos más “independientes”, que precisan más de su capacidad para interesar a los medios de comunicación que las superproducciones en las que también participa. Entre ellas se cuenta Noé, el ambicioso y polémico filme –recién estrenado– en el que Jennifer Connelly se pone en la piel de la esposa del personaje bíblico, interpretado por su amigo Russell Crowe.
"Laberinto" Con apenas 15 años y junto a David Bowie, en una película icónica de la década de 1980.
Un asistente acompaña al cronista de Rumbos hasta la mesa donde está sentada la bella Jennifer y, antes de marcharse, pone las reglas del juego: “Argentina, cinco minutos”. Luego, se acerca otro colaborador que “sugiere” nada de preguntas personales, o principalmente remitirse a la película en cuestión. Límites que suelen acompañar a cualquier entrevista con un personaje de Hollywood, pero que afortunadamente no suelen respetarse del todo.
Jennifer Connelly está todavía hablando con otro periodista. Se la puede ver de frente, está a unos tres metros. Su rostro resplandece. Esa sonrisa blanca, esos labios rojos, un lunar “a lo Leonor Benedetto” y un par de ojos hipnotizantes que confirman que son los más hermosos de Hollywood. Se pone de pie, estrecha la mano y se dirige hacia la mesa cinco. Camina, observa al interlocutor, luego el cartelito agachando la cabeza, lee, se sorprende… “¿De Argentina? ¿Viniste de tan lejos?”, propone el primer contacto, como para romper el hielo.
Connelly es delgadita, tiene piernas largas y muy flaquitas y es más baja de lo que da en pantalla. También es simpática, mueve mucho las manos al hablar y mira a los ojos. Sabe que en ese terreno ella tiene el poder. En Aloft, la neoyorquina pone su talento al servicio de una película que trata sobre el reencuentro de una madre y su hijo, separados por un accidente en el pasado. “Apenas leí el guión, supe que quería involucrarme en este proyecto. Fue una experiencia fantástica, inolvidable”, responde la primera pregunta, de temática casi rigurosa.
"Noé": En la piel de la mujer del personaje bíblico.
Y fuiste dirigida por una mujer, toda una rareza en tu filmografía...
Sí, creo que sólo dos veces me dirigió una directora. Pero en esta ocasión, con Claudia Llosa, fue espectacular. Ella tiene tremenda sensibilidad. No sé, será que venimos de lugares distintos.
En la Argentina hay directoras importantes. Celina Murga compitió en la última edición del Festival de Berlín. Y, además, están Lucía Puenzo, Lucrecia Martel... ¿Aceptarías un papel, viajarías a Sudamérica?
Si la propuesta me interesa, viajo al Polo, ja. En este momento estoy en una etapa de mi vida y de mi carrera en la que priorizo hacer cosas nuevas, experiencias diferentes, conocer a través del trabajo culturas lejanas... Si bien no es fácil trasladarme, porque tengo tres hijos, y los viajes largos en avión me ponen muy nerviosa, siempre se puede planear. ¿Por qué no Argentina?
Decís que estás en una etapa de cosas nuevas. ¿Cómo es eso?
Antes iba a lo seguro, a nombres conocidos, rodajes en Nueva York o Los Angeles, pero ahora entendí que es tiempo de arriesgar. Experiencias como ésta que viví haciendo la película de Claudia Llosa me permiten disfrutar más del cine y, también, explorar otras sensaciones como actriz.
¿Aspectos que se perciben con el paso del tiempo?
Probablemente. Aunque cueste asumirlo, shit (se ríe), estoy más grande. Pero al mismo tiempo estoy mucho más segura y me siento plena como actriz.
¿La edad es determinante en Hollywood? ¿Cuál es tu vivencia a los 43 años?
En Hollywood y en muchos lugares donde uno tiene el cuerpo como herramienta. Pero yo estoy tranquila, con mi familia como prioridad y con trabajos futuros por hacer y estrenar. Por otra parte, te darás cuenta de que yo hago más trabajos fuera de la gran industria, cada vez con más frecuencia noto que el cine “indie” es lo mío...
¿Y a vos te preocupa haber superado los 40?
Pero cómo... ¿No era que los 40 eran los nuevos 30? (ríe con ganas, abre la boca, brilla). La verdad es que yo siento que estoy en mi mejor momento, personal y profesional. Es cierto que mi documento dice un número, pero me siento bastante sólida… (más risas)
"UNA MENTE BRILLANTE": El filme por el que obtuvo el Oscar en 2002
Como una suerte de guardaespaldas que cuida la integridad de su cliente, uno de los “ángeles” (como se los llama a quienes están en cuestiones burocráticas como en este caso el cronómetro) empieza a hacer mohínes por detrás de Connelly. Extiende su pulgar, índice y mayor, a lo Marcel Marceau modula “three minutes”, que repite de manera clownesca hasta que Jennifer lo mira y asiente.
¿Repetirías tu trayectoria como actriz o cambiarías algo?
Soy feliz con lo que hago, con lo que hice. Desde los once años (debutó con el legendario Sergio Leone en Erase una vez en América, una espectacular película sobre la mafia judía en Estados Unidos en la que volvía loco de amor a Robert De Niro) que hago películas. Esto es mi vida, he hecho cosas buenas y cosas malas, no es ninguna novedad.
Y te ganaste un Oscar por “Una mente brillante” (2002)...
Me siento una privilegiada. No puedo creer que me hayan dado el Oscar, nunca pensé en que podría ganar uno...
¿Francamente te sorprendió?
Aún al día de hoy es la sorpresa más grande y también la más grata que me dio la profesión. Había ganado el Globo de Oro el mes anterior, que fue otra gran satisfacción, pero no esperaba el Oscar. Es más, suponía que podía tener más chances con Réquiem por un sueño, que fue en 2001.
Ese año lo ganó Julia Roberts, casi una intocable para Hollywood…
Ella hizo un trabajo excelente en Erin Brockovich, pero creo que Ellen Burstyn, la protagonista de Réquiem por un sueño estuvo maravillosa y yo hubiera votado por ella.
La prensa suele rescatar y elogiar tus trabajos pero cuestiona las películas en las que estás...
Ah sí, ¿por qué? (Jennifer no se molesta en absoluto).
¿No lo sentís así?
Para nada, no me parece... Es un poco caprichoso eso de que “la prensa cuestiona las películas…”. Como te decía antes, estoy en una etapa de la vida de tranquilidad, de reflexión y estoy convencida de que el éxito, al menos yo, lo mido en función de cómo me siento cuando termino un rodaje...
¿Nada que objetarte, entonces?
(Vuelve a sonreír con encanto y profesionalismo) Amo mi oficio, estoy satisfecha con mi carrera, de mis elecciones y todavía tengo mucho por delante...
Como trabajar bajo las órdenes de tu marido, Paul Bettany, en el filme “Shelter”…
Sí, Paul escribió el guión y me dirigirá. Será su primera experiencia detrás de cámaras y una linda aventura que discutiremos en casa durante el desayuno y en la cena, ja. Pero me está matando, tuve que bajar varios kilos, porque interpreto a una mendiga que vive en Nueva York y se enamora de un musulmán que también vive en la calle.
El reloj ya se pasó un minuto del previsto. Lo que es casi un drama para la organización. “Please, no more questions”, repite un moreno alto, al tiempo que Jennifer se pone de pie, se despide con dos besos y estrechando firme su diestra. Sonriente y cálida, sigue su derrotero por las mesitas restantes. Se terminó una grata charla, aunque escasa con Connelly, la cual, al menos, sirvió para ratificar que sigue siendo el rostro más bello de Hollywood. •
Y fuiste dirigida por una mujer, toda una rareza en tu filmografía...
Sí, creo que sólo dos veces me dirigió una directora. Pero en esta ocasión, con Claudia Llosa, fue espectacular. Ella tiene tremenda sensibilidad. No sé, será que venimos de lugares distintos.
En la Argentina hay directoras importantes. Celina Murga compitió en la última edición del Festival de Berlín. Y, además, están Lucía Puenzo, Lucrecia Martel... ¿Aceptarías un papel, viajarías a Sudamérica?
Si la propuesta me interesa, viajo al Polo, ja. En este momento estoy en una etapa de mi vida y de mi carrera en la que priorizo hacer cosas nuevas, experiencias diferentes, conocer a través del trabajo culturas lejanas... Si bien no es fácil trasladarme, porque tengo tres hijos, y los viajes largos en avión me ponen muy nerviosa, siempre se puede planear. ¿Por qué no Argentina?
Decís que estás en una etapa de cosas nuevas. ¿Cómo es eso?
Antes iba a lo seguro, a nombres conocidos, rodajes en Nueva York o Los Angeles, pero ahora entendí que es tiempo de arriesgar. Experiencias como ésta que viví haciendo la película de Claudia Llosa me permiten disfrutar más del cine y, también, explorar otras sensaciones como actriz.
¿Aspectos que se perciben con el paso del tiempo?
Probablemente. Aunque cueste asumirlo, shit (se ríe), estoy más grande. Pero al mismo tiempo estoy mucho más segura y me siento plena como actriz.
¿La edad es determinante en Hollywood? ¿Cuál es tu vivencia a los 43 años?
En Hollywood y en muchos lugares donde uno tiene el cuerpo como herramienta. Pero yo estoy tranquila, con mi familia como prioridad y con trabajos futuros por hacer y estrenar. Por otra parte, te darás cuenta de que yo hago más trabajos fuera de la gran industria, cada vez con más frecuencia noto que el cine “indie” es lo mío...
¿Y a vos te preocupa haber superado los 40?
Pero cómo... ¿No era que los 40 eran los nuevos 30? (ríe con ganas, abre la boca, brilla). La verdad es que yo siento que estoy en mi mejor momento, personal y profesional. Es cierto que mi documento dice un número, pero me siento bastante sólida… (más risas)
Tiene sus películas prestigiosas como Réquiem por un sueño, La casa de arena y niebla, Pollock, Diamante de sangre y Una mente brillante, por cuyo estupendo papel obtuvo un Oscar y un Globo de Oro en 2002. Y también están Laberinto y Erase una vez en América, sus primeras películas, cuando tuvo su aparición rutilante, impactante, gracias a una figura de curvas insinuantes y un rostro que, decir perfecto es poco.
Estamos hablando de Jennifer Connelly, la actriz que en este momento está promocionando Aloft, la película que protagoniza, y que dirige Claudia Llosa, la misma peruana que en 2009 ganó el Oso de Oro por La teta asustada. Nacida en Nueva York hace 43 años, Connelly suele apoyar con entusiasmo este tipo de producciones de aires y presupuestos más “independientes”, que precisan más de su capacidad para interesar a los medios de comunicación que las superproducciones en las que también participa. Entre ellas se cuenta Noé, el ambicioso y polémico filme –recién estrenado– en el que Jennifer Connelly se pone en la piel de la esposa del personaje bíblico, interpretado por su amigo Russell Crowe.
"Laberinto" Con apenas 15 años y junto a David Bowie, en una película icónica de la década de 1980.
Un asistente acompaña al cronista de Rumbos hasta la mesa donde está sentada la bella Jennifer y, antes de marcharse, pone las reglas del juego: “Argentina, cinco minutos”. Luego, se acerca otro colaborador que “sugiere” nada de preguntas personales, o principalmente remitirse a la película en cuestión. Límites que suelen acompañar a cualquier entrevista con un personaje de Hollywood, pero que afortunadamente no suelen respetarse del todo.
Jennifer Connelly está todavía hablando con otro periodista. Se la puede ver de frente, está a unos tres metros. Su rostro resplandece. Esa sonrisa blanca, esos labios rojos, un lunar “a lo Leonor Benedetto” y un par de ojos hipnotizantes que confirman que son los más hermosos de Hollywood. Se pone de pie, estrecha la mano y se dirige hacia la mesa cinco. Camina, observa al interlocutor, luego el cartelito agachando la cabeza, lee, se sorprende… “¿De Argentina? ¿Viniste de tan lejos?”, propone el primer contacto, como para romper el hielo.
Connelly es delgadita, tiene piernas largas y muy flaquitas y es más baja de lo que da en pantalla. También es simpática, mueve mucho las manos al hablar y mira a los ojos. Sabe que en ese terreno ella tiene el poder. En Aloft, la neoyorquina pone su talento al servicio de una película que trata sobre el reencuentro de una madre y su hijo, separados por un accidente en el pasado. “Apenas leí el guión, supe que quería involucrarme en este proyecto. Fue una experiencia fantástica, inolvidable”, responde la primera pregunta, de temática casi rigurosa.
"Noé": En la piel de la mujer del personaje bíblico.
Y fuiste dirigida por una mujer, toda una rareza en tu filmografía...
Sí, creo que sólo dos veces me dirigió una directora. Pero en esta ocasión, con Claudia Llosa, fue espectacular. Ella tiene tremenda sensibilidad. No sé, será que venimos de lugares distintos.
En la Argentina hay directoras importantes. Celina Murga compitió en la última edición del Festival de Berlín. Y, además, están Lucía Puenzo, Lucrecia Martel... ¿Aceptarías un papel, viajarías a Sudamérica?
Si la propuesta me interesa, viajo al Polo, ja. En este momento estoy en una etapa de mi vida y de mi carrera en la que priorizo hacer cosas nuevas, experiencias diferentes, conocer a través del trabajo culturas lejanas... Si bien no es fácil trasladarme, porque tengo tres hijos, y los viajes largos en avión me ponen muy nerviosa, siempre se puede planear. ¿Por qué no Argentina?
Decís que estás en una etapa de cosas nuevas. ¿Cómo es eso?
Antes iba a lo seguro, a nombres conocidos, rodajes en Nueva York o Los Angeles, pero ahora entendí que es tiempo de arriesgar. Experiencias como ésta que viví haciendo la película de Claudia Llosa me permiten disfrutar más del cine y, también, explorar otras sensaciones como actriz.
¿Aspectos que se perciben con el paso del tiempo?
Probablemente. Aunque cueste asumirlo, shit (se ríe), estoy más grande. Pero al mismo tiempo estoy mucho más segura y me siento plena como actriz.
¿La edad es determinante en Hollywood? ¿Cuál es tu vivencia a los 43 años?
En Hollywood y en muchos lugares donde uno tiene el cuerpo como herramienta. Pero yo estoy tranquila, con mi familia como prioridad y con trabajos futuros por hacer y estrenar. Por otra parte, te darás cuenta de que yo hago más trabajos fuera de la gran industria, cada vez con más frecuencia noto que el cine “indie” es lo mío...
¿Y a vos te preocupa haber superado los 40?
Pero cómo... ¿No era que los 40 eran los nuevos 30? (ríe con ganas, abre la boca, brilla). La verdad es que yo siento que estoy en mi mejor momento, personal y profesional. Es cierto que mi documento dice un número, pero me siento bastante sólida… (más risas)
"UNA MENTE BRILLANTE": El filme por el que obtuvo el Oscar en 2002
Como una suerte de guardaespaldas que cuida la integridad de su cliente, uno de los “ángeles” (como se los llama a quienes están en cuestiones burocráticas como en este caso el cronómetro) empieza a hacer mohínes por detrás de Connelly. Extiende su pulgar, índice y mayor, a lo Marcel Marceau modula “three minutes”, que repite de manera clownesca hasta que Jennifer lo mira y asiente.
¿Repetirías tu trayectoria como actriz o cambiarías algo?
Soy feliz con lo que hago, con lo que hice. Desde los once años (debutó con el legendario Sergio Leone en Erase una vez en América, una espectacular película sobre la mafia judía en Estados Unidos en la que volvía loco de amor a Robert De Niro) que hago películas. Esto es mi vida, he hecho cosas buenas y cosas malas, no es ninguna novedad.
Y te ganaste un Oscar por “Una mente brillante” (2002)...
Me siento una privilegiada. No puedo creer que me hayan dado el Oscar, nunca pensé en que podría ganar uno...
¿Francamente te sorprendió?
Aún al día de hoy es la sorpresa más grande y también la más grata que me dio la profesión. Había ganado el Globo de Oro el mes anterior, que fue otra gran satisfacción, pero no esperaba el Oscar. Es más, suponía que podía tener más chances con Réquiem por un sueño, que fue en 2001.
Ese año lo ganó Julia Roberts, casi una intocable para Hollywood…
Ella hizo un trabajo excelente en Erin Brockovich, pero creo que Ellen Burstyn, la protagonista de Réquiem por un sueño estuvo maravillosa y yo hubiera votado por ella.
La prensa suele rescatar y elogiar tus trabajos pero cuestiona las películas en las que estás...
Ah sí, ¿por qué? (Jennifer no se molesta en absoluto).
¿No lo sentís así?
Para nada, no me parece... Es un poco caprichoso eso de que “la prensa cuestiona las películas…”. Como te decía antes, estoy en una etapa de la vida de tranquilidad, de reflexión y estoy convencida de que el éxito, al menos yo, lo mido en función de cómo me siento cuando termino un rodaje...
¿Nada que objetarte, entonces?
(Vuelve a sonreír con encanto y profesionalismo) Amo mi oficio, estoy satisfecha con mi carrera, de mis elecciones y todavía tengo mucho por delante...
Como trabajar bajo las órdenes de tu marido, Paul Bettany, en el filme “Shelter”…
Sí, Paul escribió el guión y me dirigirá. Será su primera experiencia detrás de cámaras y una linda aventura que discutiremos en casa durante el desayuno y en la cena, ja. Pero me está matando, tuve que bajar varios kilos, porque interpreto a una mendiga que vive en Nueva York y se enamora de un musulmán que también vive en la calle.
El reloj ya se pasó un minuto del previsto. Lo que es casi un drama para la organización. “Please, no more questions”, repite un moreno alto, al tiempo que Jennifer se pone de pie, se despide con dos besos y estrechando firme su diestra. Sonriente y cálida, sigue su derrotero por las mesitas restantes. Se terminó una grata charla, aunque escasa con Connelly, la cual, al menos, sirvió para ratificar que sigue siendo el rostro más bello de Hollywood. •
Y fuiste dirigida por una mujer, toda una rareza en tu filmografía...
Sí, creo que sólo dos veces me dirigió una directora. Pero en esta ocasión, con Claudia Llosa, fue espectacular. Ella tiene tremenda sensibilidad. No sé, será que venimos de lugares distintos.
En la Argentina hay directoras importantes. Celina Murga compitió en la última edición del Festival de Berlín. Y, además, están Lucía Puenzo, Lucrecia Martel... ¿Aceptarías un papel, viajarías a Sudamérica?
Si la propuesta me interesa, viajo al Polo, ja. En este momento estoy en una etapa de mi vida y de mi carrera en la que priorizo hacer cosas nuevas, experiencias diferentes, conocer a través del trabajo culturas lejanas... Si bien no es fácil trasladarme, porque tengo tres hijos, y los viajes largos en avión me ponen muy nerviosa, siempre se puede planear. ¿Por qué no Argentina?
Decís que estás en una etapa de cosas nuevas. ¿Cómo es eso?
Antes iba a lo seguro, a nombres conocidos, rodajes en Nueva York o Los Angeles, pero ahora entendí que es tiempo de arriesgar. Experiencias como ésta que viví haciendo la película de Claudia Llosa me permiten disfrutar más del cine y, también, explorar otras sensaciones como actriz.
¿Aspectos que se perciben con el paso del tiempo?
Probablemente. Aunque cueste asumirlo, shit (se ríe), estoy más grande. Pero al mismo tiempo estoy mucho más segura y me siento plena como actriz.
¿La edad es determinante en Hollywood? ¿Cuál es tu vivencia a los 43 años?
En Hollywood y en muchos lugares donde uno tiene el cuerpo como herramienta. Pero yo estoy tranquila, con mi familia como prioridad y con trabajos futuros por hacer y estrenar. Por otra parte, te darás cuenta de que yo hago más trabajos fuera de la gran industria, cada vez con más frecuencia noto que el cine “indie” es lo mío...
¿Y a vos te preocupa haber superado los 40?
Pero cómo... ¿No era que los 40 eran los nuevos 30? (ríe con ganas, abre la boca, brilla). La verdad es que yo siento que estoy en mi mejor momento, personal y profesional. Es cierto que mi documento dice un número, pero me siento bastante sólida… (más risas)