Gracias a Dios que tu destino fue caer en Argentina para iluminarnos a unos pocos, lamento no haber nacido en tu epoca o no habernos cruzado en esta vida para poder intercambiar el poder de nuestra mente en una partida de ajedrez, aunque me imagino por todo lo que lei sobre vos, que hubiesemos hecho tablas, y vos, con 2 peones de mas en una misma linea.
En paz descanses Miguel, y que estes viviendo en el paraiso con las personas de tus sueños y el lugar que siempre deseaste imaginar.
El libro que dejaste escrito en esta vida con la historia de tu vida tus pensamientos y acciones, son una inspiracion para el futuro de este pais, y por sobre todo, el de mi familia.
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Miguel Najdorf
“Nací dos veces sin haber pasado por el requisito de la muerte; la primera, al igual que todo el mundo, y la segunda, a los 29 años, cuando llegué a la Argentina”, repetía don Miguel Najdorf, con su particular voz estridente y aguardentosa, para explicar uno de los capítulos clave de su vida de novela. La historia de un hombre que desafió al tiempo y eludió el infierno; el que nació dos veces y al que la muerte jamás podrá condenar al olvido. El patriarca del ajedrez argentino.
Su nombre original era Moisés Mendel (Mieczysław) Najdorf y había nacido en la localidad polaca de Grodzisk Mazowiecki, cerca de Varsovia, el viernes 15 de abril de 1910, en el seno de una familia judía.
A los 9 años aprendió a jugar ajedrez con el padre de un amigo, que era violinista de la Orquesta Filarmónica de Varsovia. A los 14 años comenzó a perfeccionar su juego con el maestro Akiba Rubinstein y seis años después ya era Maestro Internacional.
Su tutor fue el gran jugador ruso, nacionalizado primero polaco y luego francés, Savielly Tartakower, a quien siempre se refirió como su “maestro” y definió una vez como “un humanista, un fino humorista, un hombre de gran cultura, un ser extraordinario y un gran hombre en todos los aspectos”.
“Mi familia no veía con buenos ojos que me dedicase al ajedrez. Pero yo me gradué como profesor en matemáticas y logré ser tercer tablero de mi país en 1935”, contó Najdorf.
En 1936, Najdorf jugó con la selección polaca de ajedrez sus primeras Olimpíadas en Munich, ciudad alemana en una de cuyas cervecerías se había gestado años atrás el movimiento nazi, furiosamente antisemita. Polonia cosechó allí un gran éxito al conquistar la medalla de plata por equipos y Najdorf obtuvo la medalla de oro en su tablero, algo que lo llenó de orgullo por su condición de judío, teniendo en cuenta la ciudad y el país en el que se celebraron dichas Olimpíadas. Muy lejos estaba de sospechar el joven ajedrecista que los nazis se iban a tomar una cruel revancha poco tiempo después.
Najdorf continuó progresando en el juego ciencia hasta que, en septiembre de 1939, el estallido de la Segunda Guerra Mundial lo sorprendió en Buenos Aires, con 29 años, mientras representaba a Polonia como segundo tablero en las VIII Olimpíadas de Ajedrez.
El 1º de septiembre de aquel año la arrolladora maquinaria nazi liderada por Adolf Hitler había invadido Polonia y él para salvar su vida decidió quedarse en este país y adoptar la ciudadanía argentina.
Fue una decisión desgarradora: en la patria de Frédéric Chopin se quedaba toda su familia, que fue arrastrada por la barbarie nazi primero hacia el horror del gueto de Varsovia y luego a los infernales campos de exterminio.
Pocos días antes, en Varsovia, el llanto del adiós le había nublado las últimas imágenes de sus seres más queridos, sin imaginar que jamás volvería a verlos. Eran los rostros de su esposa Genia, su hija Lusia (de 3 años), sus padres Gdalik y Raissa, y sus cuatro hermanos (Jozek, Salek, Merik e Iacha). Al joven Najdorf también le quedó tan sólo el recuerdo de otros familiares y amigos que pocas semanas después de que él llegara a la Argentina comenzaron a padecer las penurias del gueto de Varsovia o el traslado final a un campo de concentración.
En un diabólico enroque del destino, Hans Frank, el mismo general nazi gobernador de Polonia que tres años atrás lo había condecorado con la medalla de oro por su desempeño en el primer tablero polaco durante las Olimpíadas de Ajedrez de Munich, fue el responsable del exterminio de toda su familia. Él le arrancó a Najdorf todos sus afectos.
“Después de la guerra volví a Polonia donde con la más intensa tristeza y dolor, constaté que había perdido a toda mi familia. Nadie sobrevivió en los campos de concentración nazis; ni mi mujer, ni mi pequeña de tres años, ni mi padre, ni mi madre. También murieron mis cuatro hermanos, mis tíos y mis primos. No me quedó ningún pariente”, contaría un desolado Najdorf.
“Por eso, cuando el corazón se hizo cicatriz, Najdorf se replanteó la siguiente jugada. «El ajedrez me enseñó a ganar y a perder, pero mi mejor jugada fue quedarme en la Argentina», fue la frase que utilizó para señalar cómo se escapó de los infiernos de Auschwitz y Treblinka”, señaló el año pasado el periodista especializado en ajedrez Carlos Ilardo en una nota publicada por el diario porteño La Nación.
Y enseguida Najdorf la enlazaba con otra historia. “Un día un amigo argentino me dijo: «Acá con lo que trabajás ganás para el puchero». En Polonia decíamos el pan. Así que pensé, puchero es más grande que pan, entonces me quedo a vivir en la Argentina” (Impecable respuesta....)y con una nueva sonrisa socarrona festejaba la ocurrencia.
Cuando Newell’s le abrió sus puertas.
Decidido a rebelarse ante el destino trágico, el joven ajedrecista cambió su nombre original por el de Miguel Najdorf y comenzó a recorrer la Argentina, su patria adoptiva, sólo con lo puesto, como un auténtico buscavidas, gambeteando la miseria y con la dificultad extra de no conocer el idioma. En ese marco, uno de los primeros lugares donde recibió el cobijo y el afecto necesarios para “nacer de nuevo” fue nada menos que el Club Atlético Newell’s Old Boys de Rosario.(de chico siempre quice ser de newels por los colores rojos y negros, pero elegi racing por los colores de mi patria :O )
Fue en nuestra institución donde Miguel Najdorf comenzó a enseñar ajedrez mientras vivía en una improvisada habitación debajo de una de las tribunas del viejo estadio del Parque de la Independencia.
Por eso se hizo leproso, fanático hincha de Newell’s, hasta el último día de su vida.
Y aunque su estadía en Rosario no fue muy prolongada, él jamás se olvidó del club que lo recibió con las puertas abiertas y le tendió una mano fraterna cuando, en la más absoluta soledad y padeciendo el cruel desarraigo, buscaba su lugar en el mundo para poder resurgir de sus cenizas como el ave Fénix.
Poco a poco Najdorf consiguió alejar de su vida el fantasma de la miseria. Se dedicó a la enseñanza del ajedrez viajando por distintas ciudades del país, entre ellas Rosario, donde recalaba en su querido Newell’s, y más tarde también incursionó en el comercio. Compraba mercadería variada en el barrio porteño de Once y luego la vendía en Liniers.( hay najdorf... las ideas que tirarias en estos tiempos con la mente productiva que te desarrollo esta ciencia..)
Paralelamente, y a pesar de que no fue un jugador de ajedrez de tiempo completo (ya que también comenzó a vender pólizas de seguros), Najdorf se convirtió en uno de los mejores ajedrecistas del mundo en las décadas de 1940 y 1950.
El Mago de las simultáneas a ciegas.
Por sobre todo, Miguel Najdorf se destacó en la modalidad de partidas simultáneas de ajedrez a ciegas, una actividad muy popular en aquellos tiempos. En octubre de 1943 estableció el primer récord mundial de esa especialidad, en la sede del Círculo de Obreros de Rosario, jugando de espaldas a las piezas contra 40 tableros. Les ganó a 36, empató con 1 y perdió sólo con 3.
Sin embargo, el anterior poseedor del récord, el belga George Koltanowski, quien había jugado 34 simultáneas en Escocia en 1937, alegó que en el lugar no hubo representantes internacionales para verificarlo.
Fue así que, en enero de 1947, en San Pablo, Brasil, y ante representantes internacionales, Najdorf superó su propio récord mundial al enfrentarse a 45 tableros (con un total de 83 participantes que eran relevados a medida que se cansaban). De los 45 tableros, Miguel venció a 39, hizo tablas con 4 y solamente perdió con 2. Aquella exhibición de simultáneas a ciegas comenzó el 25 de enero de 1947 a las 21 y finalizó al día siguiente a las 19.40. La hazaña demostró que Najdorf poseía una memoria prodigiosa, ya que le significó retener en su mente 1.440 posiciones, 2.880 escaques y cerca de 1.800 jugadas. Su notable récord aún permanece sin ser igualado.
De ese modo, con el ajedrez como vínculo publicitario, Najdorf intentó comunicarse con algún familiar sobreviviente del Holocausto. Y aunque la prensa de todo el mundo se hizo eco de aquella proeza, Miguel jamás recibió una señal de vida de alguno de los seres queridos que había dejado en Polonia al partir rumbo a Buenos Aires en 1939.
Con todo, nunca se dejó vencer por el desaliento y logró convertirse en un empresario exitoso con la venta de seguros de vida tras un paso fugaz por Venezuela. Amasó una fortuna, tuvo fe en nuevos sueños y una renovada esperanza de amor. Se casó con Adela y tuvo dos hijas, Mirta y Liliana, que más tarde extendieron la prosapia Najdorf con la llegada de cinco nietos: Facundo, Ezequiel, Alan, Yanina y Gastón.
Mientras tanto, sus éxitos en el ajedrez fueron una constante. Se convirtió en el jugador que más veces ganó el campeonato argentino, al triunfar en ocho oportunidades.
Ícono del ajedrez nacional, Najdorf ganó en total 52 torneos internacionales, entre ellos los de Hungría (1936), Buenos Aires (1941), Amsterdam (1950), Bled (1950), La Habana (1962 y 1964) y Mar del Plata (1961 y 1965).
Participó en varias Olimpíadas de ajedrez representando primero a Polonia y después a la Argentina. En total, Najdorf cosechó 11 medallas olímpicas. Siete las logró como integrante de las selecciones de Polonia primero y la Argentina después (cuatro de plata y tres de bronce). Cuatro las ganó como tablero individual: tres medallas de oro (en 1939, 1950 y 1952) y una de plata (1962).
Desde 1950 hasta 1976 defendió los tableros de la Argentina en 11 Olimpíadas y logró tres subcampeonatos olímpicos de ajedrez: en 1950, 1952 y 1954.
En 1970, a pesar de su edad avanzada, participó en el promocionado encuentro “URSS versus Resto del Mundo”, consiguiendo un meritorio empate con el ex campeón mundial Mijaíl Tal (con una partida perdida, una ganada y dos tablas).
A lo largo de su dilatada carrera, Najdorf también fue rival de 11 de los 19 campeones mundiales que suma toda la historia del ajedrez. Entre ellos, venció a los notables Mijaíl Botvínnik, Vassily Smyslov, Tigran Petrosian, Mijaíl Tal y Bobby Fischer.
El juego de Najdorf era creativo y agresivo. Su fuerza radicaba en el medio juego.
La variante Najdorf de la defensa siciliana es llamada así en su honor y también realizó contribuciones a la teoría y práctica de otras aperturas, como la defensa india de rey.
Defensa sicialiana, la mejor para las negras, defensa india, la mejor para blancas... a mi gusto.
Sentado frente al tablero de los grandes
Poco a poco, la figura de Miguel Najdorf adquirió dimensión mundial y traspasó las fronteras del tablero. Fue invitado por varias personalidades de la política y jugó partidas, entre otros, con el líder soviético Nikita Krushev, el primer ministro británico Winston Churchill, el líder revolucionario cubano Fidel Castro, el mariscal Tito de Yugoslavia, el presidente Juan Domingo Perón y el mítico guerrillero rosarino Ernesto Che Guevara.
Sobre sus partidas con los revolucionarios cubanos, Najdorf contaría después que quien acepto las tablas rápidamente fue Fidel. A Guevara le ofreció tablas, pero el Che no aceptó. “Y entonces le tuve que ganar…”, rememoró sonriendo.
Otra anécdota relata que Najdorf se encontraba de viaje cuando un pasajero se le acercó, lo saludó y dijo conocerlo. Entablaron una charla pero lamentablemente Najdorf no podía recordarlo. Sin embargo, cuando el hombre le relató que había participado en una de sus exhibiciones de simultáneas, Miguel le preguntó en qué tablero había jugado. Lo increíble es cuando le dijo el número de tablero, el maestro pudo recordar exactamente la partida y el momento en el que le dio jaque mate. Será por eso que acuñó una de sus frases célebres: “Frente al tablero no existe el apellido, sólo cuenta la posición”.
Otra de sus recordadas hazañas fue una exhibición simultánea (pero no a ciegas) en la ciudad bonaerense de Bahía Blanca contra 222 tableros. Esa vez derrotó a 202, empató con 12 y perdió con 8. En 1950 batió su propio récord de simultáneas tradicionales, jugando contra 250 tableros: ganó 226, hizo tablas con 14 y perdió 10.
También en 1950, cuando la Federación Internacional de Ajedrez (más conocida por Fide, del acrónimo de su nombre en francés: Fédération Internationale des Échecs) creó el sistema de títulos oficiales, Najdorf fue uno de los jugadores a los que se reconoció con la categoría de Gran Maestro Internacional. Ese mismo año disputó en Budapest, Hungría, el Torneo de Candidatos al título mundial, quedando en quinto lugar.
Tres años después, en 1953, en el Torneo de Candidatos de Zurich, Suiza, quedó sexto.
Sólo le faltó ser campeón mundial.
“Perdí la gran oportunidad de ser campeón mundial cuando la Fide no quiso cubrir conmigo la plaza a la que había renunciado el notable maestro neoyorquino Reuben Fine en el torneo de 1948. Luego participe en dos Torneos de Candidatos: en Budapest finalicé quinto y en Zurich terminé sexto”, recordó. Pero él se reía de ello: “El ajedrez me enseñó a perder, ¡si hasta Garry Kasparov perdió con las máquinas! (en referencia a la resonante derrota del campeón mundial ante la computadora Deep Blue de IBM, en febrero de 1996) No hay campeón que no sepa perder. Siempre dije que cada partida que pierdo se me cae un pelo, ¡imagínese cuántas partidas he perdido en mi vida!”, dijo Miguel Najdorf poco antes de morir.
Y cuando le preguntaron por la Argentina, no dudó: “Acá tuve la suerte de empezar de nuevo, aprender un idioma nuevo, adaptarme a una patria nueva. La mejor jugada que hice en mi vida fue quedarme en este país. Aquí formé mi hogar, tengo dos hijas, nietos… Significa que supe perder (brillante respuesta y analisis de su vida) pero que también tuve una vida muy feliz”.