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Habanos: el arte de elaborar y disfrutar el tabaco.

Info1/3/2014
Hola gente de T!, hoy ya a dos meses de no fumar un solo cigarro me dieron ganas de subir algo que es mucho mas interesante que el antes mencionado. Los habanos van más allá de un vicio, es un hobbie, un arte, o quizá para muchos llega a ser una terapia.
Ahora paso a dejarles un poquito de información e historia del tabaco y la elaboración de habanos no con la animosidad de incitar al consumo de el mismo sino para saber un poco más sobre algo que forma parte de la cultura Americana casi que milenaria.


Habanos: el arte de elaborar y disfrutar el tabaco.

HISTORIA

El tabaco es una planta originaria de América del Sur, se dice que llega a Cuba entre los dos mil o tres mil años antes de nuestra era. Los aborígenes cubanos (en su mayoría compuesto por el llamado indio Taíno) eran fieles consumidores de tabaco; para ellos era como una especie de medicina e imprescindible para acompañar ceremonias sociales, políticas y religiosas, por lo que formaba parte de sus principales cultivos.
A la llegada de los españoles a Cuba, la planta de tabaco se extiende por el mundo, desencadenándose instantáneamente una fuerte pasión por él; España cuenta con el mayor número de adeptos. Luego se extendió a otras partes de Europa, donde se establecieron las más serias sanciones hacia el tabaco. Curiosamente, mientras más lo prohibían más se expandía su terreno de empleo con fines medicinales.



Plantío de tabaco en cuba



El rey Felipe V impuso el 11 de abril de 1717 un monopolio real del tabaco que se cultivaba en Cuba, decisión que ha pasado a la historia con el nombre de "Estanco del Tabaco".
Era cultivado exclusivamente por hombres libres, lo cual fue posible gracias a los inmigrantes españoles que dieron origen al campesinado cubano.
El siglo XIX reafirmó en las Antillas la producción de tabaco: ya para 1859 había cerca de 10.000 vegas y unas 1.300 fábricas en la capital.
La falsificación del habano cubano comenzó temprano. Esto hizo que los empresarios agrupados en la Unión de Fabricantes de Tabaco de La Habana obtuvieran por Real Orden de 27 de marzo de 1889 el derecho de garantizar la procedencia de sus producciones mediante una precinta cuyo uso se reservaba en exclusiva a los dueños de fábricas. Esa precinta fue sustituida el 16 de julio de 1912 por una precinta de garantía del gobierno de Cuba, creada por una ley impulsada por el parlamentario Luis Valdés Carrero, que había llegado a la Cámara de Representantes desde las filas de los tabaqueros.
La industria tabacalera cubana se reorganizó a partir de 1827. Había entonces dos tipos de tabacos. Los llamados de «regalía», de mayor calidad y alto precio, y los «de millar común», inferiores y baratos. La reorganización de la industria hizo que los productores prestaran mayor atención a los tabacos de «regalía». Se registraron las primeras marcas para amparar el producto y empezó a prestarse especial atención al habano destinado a la exportación.
En 1810 abrió sus puertas la fábrica de Bernardino Rencurrel, en la calle Muralla esquina a Oficios que es la fábrica habanera más antigua de que se tienen noticias. Con el tiempo surgieron marcas como Partagás, H Upmann, La Corona, Por Larrañaga, El Fígaro, La Reforma, La Africana y muchas otras. En los comienzos de la industria solo existía el tabaco parejo con la perilla torcida en forma de cola de cerdo. Se le llamaba de «rabo de cochino».

Forma torcida con que a veces se remata la perilla en algunos cigarros Premium. También se le llama moño o moñito, y en inglés "pig tail"



Esa forma de hacer subsistió hasta 1845. La sustituyó la perilla llamada de «ojo de perdiz», redonda y pegada primero con almidón, luego con engrudo de harina y finalmente con goma tragacanto.
La competencia entre las marcas y los caprichos de los fumadores propiciaron el surgimiento de distintos tipos de vitolas. Se dividieron estas en parejas y figuradas. Las primeras tienen forma cilíndrica. Las otras, llamadas también ahuevadas, adoptan ciertos abultamientos en el centro o en los extremos.
Vitolas comunes en el siglo XIX fueron las denominadas federales, novedades, imperiales, liliputanas, brevas, Londres, Reina María... Otra se denominó Victoria.


Composición de una vitola



Colección de vitolas


En 1900 inició sus actividades la Havana Commercial Co., entidad conformada por empresarios norteamericanos y británicos y que pronto fue conocida, popularmente, como El Trust. Otra empresa foránea comenzó a moverse asimismo en la capital de la Isla, la Cuban Land & Leaf Tobacco Co. La primera pretendía adquirir el monopolio de la manufactura del tabaco, en tanto que la otra perseguía igual propósito con los cultivos.
Esas intenciones se frustraron ante la tozuda negativa de los vegueros a vender sus tierras y de los industriales a desprenderse de sus fábricas. Con todo, las marcas de tabaco de la época se agruparon en dos bandos: las que pertenecían al Trust y las que siguieron en manos de sus propietarios, con lo que la exportación del torcido se dividió aproximadamente en dos mitades.
Las peculiaridades de cada mercado y el gusto de los fumadores hicieron que el habano, distinguido ya por su procedencia, comenzara a clasificarse a partir de la zona donde había sido cosechado. Varias zonas de cultivo existen en Cuba. La de Vuelta Abajo corresponde a la región más occidental de la provincia de Pinar del Río. Parte de una línea imaginaria, trazada de norte a sur, desde Consolación hasta Río Hondo, pasando por Herradura, y la conforman Consolación del Norte, Mantua, Pinar del Río, Viñales, Guane, San Juan y Martínez, San Luis y Consolación del Sur. Este territorio se subdivide a su vez en cinco subzonas: Costa Norte, Lomas, Llano, Remates-Guane y Costa Sur. Los términos de San Juan y Martínez y San Luis corresponden al Llano, y allí se encuentran las más afamadas vegas de tabaco del mundo.
La zona de Semi Vuelta se ubica asimismo en la provincia pinareña, desde Herradura hasta Las Martinas, en tanto que la zona de Partido se localiza en La Habana. Forman parte de ella los territorios de Alquízar, Bejucal, Caimito del Guayabal, Güines, Güira de Melena, La Salud, Madruga, San Antonio de los Baños y Santiago de las Vegas y también los de Guanajay y Artemisa.
La zona tabacalera más extensa es la de Vuelta Arriba o Remedios. Se extiende por regiones de las tres provincias centrales y llega a Ciego de Ávila y Camagüey. A la zona de Oriente corresponden las áreas de Alto Songo, Bayamo, Jiguaní, Mayarí y Sagua de Tánamo.
El tabaco cosechado en cada una de esas zonas tiene sus peculiaridades. En Vuelta Abajo se obtienen las capas más finas para las vitolas de alta calidad. La Semi Vuelta produce buenos capotes. Las producciones de la Vuelta Arriba, muy solicitadas por el mercado norteamericano antes de la implantación del bloqueo, siguen teniendo demanda en el exterior y en el comercio nacional, al igual que las cosechas de la zona de Oriente.
Aparece el cigarrillo
Al extenderse por el mundo el hábito del tabaco, las preferencias establecieron modalidades diversas para su consumo. El rapé y la pipa predominaron en los primeros tiempos. Más tarde, el tabaco torcido. Hubo momentos en que estuvo muy en boga la costumbre de masticar las hojas, bien en su estado natural o en forma de rollos o tabletas llamadas andullo, que no era otra cosa que hojas de tabaco prensadas a la que se añadía alguna que otra sustancia. Sería el cigarrillo el último hijo del tabaco en hacer su aparición.

Rapé o tabaco de aspirar.



Tabaco y pipa


Habanos: el arte de elaborar y disfrutar el tabaco.

CULTIVO

Cuba está situada muy cerca del Trópico de Cáncer, con una humedad relativa del 79% y una temperatura media de 25 ºC; recibe un régimen de lluvias que favorecen principalmente a la región occidental del país, donde se encuentran las mayores vegas de tabaco de Cuba.
Si a este clima le sumamos las características del suelo de Cuba, es decir, la composición química y propiedades agrícolas que distinguen a las zonas tabacaleras y la experiencia y el cuidado que los torcedores ponen al hacer el producto cubano podemos fácilmente entender el porqué del éxito del habano.
El cultivo comienza en el semillero, área donde se depositan las semillas con las condiciones óptimas para su germinación y desarrollo antes de trasladarlas al campo; aquí permanecen cerca de 40 días. En el mes de octubre se realiza la posterior siembra por etapas. Para recolectar la hoja, se espera un período desde los 45 a 80 días en que se plantó.
Luego de pasar por estos pasos, el tabaco es llevado a los lugares de ensarte para el posterior proceso de desecación y fermentación. En las escogidas es trabajado por hábiles manos generalmente femeninas, buscando con esto la suavidad y delicadeza en la selección y clasificación para beneficiar cada hoja recolectada.





Hobbies

ARMADO O TORCIDA DEL HABANO

Todos los Habanos, salvo algunas excepciones, se hacen de la misma forma en que históricamente se han confeccionado por los Torcedores y Torcedoras, cuyas experimentadas manos no pueden ser igualadas por máquina alguna.
Como herramientas sólo usan: una tabla de madera, dos cortadores (la chaveta y un pequeño casquillo), una guillotina, un pomo de goma vegetal natural insípida e incolora, el cepo (para verificar longitud y diámetro del puro), y lo más importante la destreza de sus manos.
Hay cuatro categorías de Torcedores, y sólo al de mayor categoría se le permite confeccionar los Habanos de mayor tamaño y de mayor complejidad.
Hacen falta muchos años para alcanzar la cima de este tradicional arte, donde solo una cosa ha cambiado con el tiempo: en la actualidad la gran mayoría de los Torcedores son mujeres, es decir Torcedoras.
Es tradición que un lector acompañe con su lectura a los Torcedores en su trabajo, bien sea leyendo el periódico o bien novelas escogidas por elección popular.

En primer lugar, la Torcedora pone ante sí las dos, o a veces tres, medias hojas que forman el capote, colocadas en forma tal que la cara posterior de la hoja donde están más pronunciadas las venas quede hacia adentro cuando realiza el torcido del puro.
La moja les concede la condición óptima que se requiere para el despalillo y la escogida y para así poder cumplir su objetivo final de envolver el puro.
Acto seguido, agrupa las hojas de la tripa, doblando y alineando cada hoja para asegurar el ininterrumpido paso del humo en el puro terminado. Todas las hojas se colocan con los extremos de la hoja de sabor menos fuerte hacia lo que será la punta encendida del puro. Así el sabor se intensificará a medida que se fuma. La hoja con el sabor más fuerte y con una combustión más lenta, ligero, se sitúa siempre en el medio de las otras hojas.


Ahora la Torcedora forma el bonche, enrollando las hojas de tripa con el capote, de acuerdo al diámetro preciso del Habano que se esté realizando. El torcido comienza en lo que será la boquilla (parte por la que se encenderá el puro).
La compresión de la tripa debe ser igual en todos los puntos. La cabeza del bonche se corta con ayuda de la guillotina.
La Torcedora confecciona los bonches y los prensa durante al menos 30 minutos en un molde de madera para darles forma.
A continuación, la Torcedora prepara la mitad de la hoja de capa, aún húmeda, para que se ajuste perfectamente a la forma del bonche. La sitúa sobre la tabla con la cara que más pronunciadas tenga las venas hacia arriba, dejando que el lado más suave esté visible en la parte externa del puro.


El bonche se pone sobre la hoja de capa y se envuelve en ella, situando la punta de la hoja de la capa en la boquilla o pie del puro. Con destreza, la punta de los dedos estira y endereza con gran cuidado la hoja en la medida en que el bonche se envuelve en la capa. El estirado de la hoja tiene que ser perfecto.
A continuación viene el gorro. Primero se corta una sección, llamada "bandera", de la hoja sobrante de la capa. Esta se envuelve alrededor de la perilla para cerrar la punta y asegurar la capa.
Para darle el toque final, se corta con el casquillo un pequeño disco en la hoja de capa y se pega sobre la bandera con goma vegetal.
Por último, el puro se corta con la guillotina al tamaño deseado y así concluye el trabajo.






fumar habanos

EL ARTE DE FUMAR HABANOS

Saborear un buen cigarro puro es comparable a catar un buen vino; así, los fumadores expertos hablan de "degustar" el sabor del humo, ya que las glándulas gustativas son el mejor conductor del placer de un puro. Una calada, en la que se paladean la complejidad y la lograda combinación de los sabores presentes en un cigarro puro, es comparable al placer que provoca un vino excelente o una comida exquisita.

Los clubes y bares de puros y habanos están floreciendo en las principales ciudades del mundo. Londres, por su capacidad de comercio y consumo, es la meca. La prohibición de fumar en los sitios públicos de Estados Unidos ha ocasionado un crecimiento explosivo de los locales para puros. Sobre ellos actúa como faro la revista Cigar Aficionado, con una tirada mensual de 750.000 ejemplares. En Europa, donde las opiniones sobre el fumar son más liberales, los pocos clubes que existen siempre han sido para el verdadero goce de los puros, más que un refugio de activistas de la causa. Dondequiera que Ud. se encuentre, no le tomará mucho tiempo apreciar que el amante de los puros y habanos vive y convive en ambientes de camaradería. Ese ambiente es mucho más amable, más culto y más perfumado, que el de los fumadores de cigarrillos.


Hacer un buen corte no es una mera cuestión estética, sino que es fundamental a la hora de fumar un habano, pues será determinante para la correcta combustión del habano, lo que redundará en apreciar de forma adecuada todo el sabor del puro.


Forma correcta de realizar el corte


Hobbies
Distintos tipos de cortapuros


El encendido del puro.

Encender un puro requiere de paciencia y debemos utilizar un fósforo (cerilla) de vara larga y, preferiblemente, de madera, un mechero de gas e incluso hay personas muy sibaritas que utilizan la corteza de cedro, como fósforo. Eso si, nunca se deben utilizar llamas no inodoras, como un mechero de gasolina, por ejemplo. Eso nos estropearía el sabor y el aroma del habano.
Una vez que tenemos la llama, se debe, con paciencia, mantener el puro cerca de la llama, e irlo girando de forma progresiva para un encendido uniforme de toda la superficie del puro. El puro se debe mantener en posición de 90º (grados) con respecto a la llama, e ir aspirando poco a poco para que la llama llegue al puro y quede perfectamente encendido. A mayor grosor del puro, mayor tiempo de encendido se requiere.

Si queremos comprobar que el puro está perfectamente encendido, solamente tenemos que soplar ligeramente la parte encendida del habano y comprobar que se pone incandescente toda la superficie.

Si se apaga el habano, tendremos que repetir la operación de encendido del mismo, descrita con anterioridad, para devolverle un encendido uniforme y seguir disfrutando de su sabor y aroma. Lo que si debemos tener en cuenta, es sacudir bien la ceniza que pudiera tener, antes de proceder de nuevo a su encendido.

Fumando y disfrutando de un buen habano.

Después de una buena elección, un corte perfecto y un buen encendido, ya solo nos queda disfrutar de su sabor y aroma.

El puro, no es un cigarrillo, por lo que aspiramos el humo, pero no lo tragamos, sino que lo dejamos en la boca para “’paladearlo” apreciando todos los matices que nos de sus características especiales (cada habano es un mundo en función de los tabacos empleados para su elaboración).

Si acompaña al puro con una buena copa de coñac, no es muy correcto mojar el puro en el coñac (costumbre que tienen algunas personas). Esto varía, indudablemente, el sabor del habano, y es casi un pecado para los fumadores profesionales de puros.

Con respecto a la ceniza, al no ser un cigarrillo, como dijimos al principio, no debe estar constantemente dando golpecitos al puro para tirar la ceniza sobrante. Es mejor dejarla que se vaya formando lentamente, e incluso tratar de que caiga ella misma por su propio peso (aunque se puede ayudar con algún pequeño golpecito). Si el puro es de una gran calidad, dejará una ceniza bastante firme y por lo tanto, larga.

El sabor del puro se va haciendo más intenso ( y algo más amargo) a medida que se va consumiendo. Dependiendo del tamaño del puro, se suele fumar únicamente tres cuartas partes del mismo, ya que al final los sabores se vuelven demasiado fuertes, y pueden estropearnos el paladar de las mejores caladas anteriores del habano. El habano no se apaga “estrujándolo” contra el cenicero como un cigarrillo cualquiera. No, se debe dejar apagar de forma natural. Lo que los entendidos comentan con cierta jocosidad: “hay que dejarlo morir dignamente”.

Nada más encender el puro y dar sus primeras caladas, los aromas que desprende una hoja bien curada siempre constituye un anticipo de los sabores que posteriormente se disfrutarán.

Para “gozar” de un buen habano hay que tomarse su tiempo. El sabor de los puros se va intensificando por fases y es una pena dejar un puro a la mitad, lo que no daría lugar a disfrutar plenamente de sus características.

Conservación de los puros.

Sin lugar a dudas la mejor forma de conservar un puro es utilizar los humidores, recipientes especiales para que los puros tengan su temperatura ideal y su grado de humedad ideal. Otra forma relativamente barata, son los tubos, que cierran el puro en una faja de madera y lo conservan dentro de unas condiciones bastante óptimas de conservación.

Si no contamos con un humidificador, lo mejor es comprar solamente los puros que vayamos a consumir en un corto periódo de tiempo y no comprar más puros para almacenarlos.
Las condiciones ideales para un puro es una temperatura de 20-21º (grados) y una humedad de un 70%, aproximadamente.

Vamos a ver algunas leyendas sobre los habanos y su verdad o falsedad.

La gente comenta que un buen habano debe quemarse de forma uniforme. Esta afirmación no es del todo correcta, ya que a veces, aunque para la “tripa” se usen buenas hojas de tabaco, las condiciones en las que se fuma un puro pueden ser muy variables y el habano puede quemarse de forma desigual (por ejemplo, cuando se fuma un habano al aire libre).

Los puros oscuros son de sabor más fuerte que los puros claros. Esta afirmación es totalmente falsa, ya que la capa externa, nada tiene que ver con el contenido del capote y la tripa del puro. Es, como si dijéramos, simplemente la “carrocería” externa del puro, que nada tiene que ver con el “motor” del mismo. El sabor fuerte o suave de un puro depende de la composición de tabaco que lleve la “tripa”. Lo mismo ocurre con el tamaño de los puros, que no guarda relación alguna con su sabor o aroma.

Un puro sólo sabe bien si se enciende con cerillas de madera. Eso es falso. Se puede en cender con cualquier sistema que no de olor alguno (llama inodora). Dicen los tabaqueros cubanos “que la candela no tiene sabor”.





fumadores

Bueno amigos, espero les haya resultado interesante y a quién le parezca agradable o llamativa la practica de fumar habanos se lo recomiendo por encima de fumar cigarrillos como un animal durante todo el día, esto es realmente muy placentero (al menos a mi paladar)
Abrazo!!
!



habanos
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m@maurimaurimauri1/3/2014+0-0
muchas gracias!
A@Alcrapone_121/3/2014+0-0
Buen post amigo.

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